sábado, 9 de febrero de 2013

A piñón fijo (Napalm Death + Gruesome Stuff Relish + Skill to Kill, 08/02/2013, Sala Rock City, Valencia)

No cabe duda de que la ya no tan reciente sala Rock City está que se sale. Valencia pedía a gritos una sala donde la aparentemente poca movida del rollo que hay en esta ciudad (y que no se ofenda nadie, es lo que yo veo) se juntase fin de semana sí y fin de semana también para tener la oportunidad de desengrasar el cuello y airear los pelos con buen metal, aunque lo cierto es que hay conciertos de todos los estilos. Este fin de semana era particularmente especial por la venida de Napalm Death. Espero que poco a poco esta ciudad se incluya en las listas de las bandas para hacer una parada, los de la zona estamos hartos ya de que solo exista Barcelona, Madrid y Bilbao y que solo contadas giras vengan cerca, y me refiero a Valencia o Murcia (Alicante ya ni lo contamos porque, francamente, apesta). Y como se diría de un buen plato de restaurante, anoche contábamos con un plato principal (Napalm Death) y una guarnición que casaba perfectamente con él: Skill to Kill y Gruessome Stuff Relish. Rock City no es una sala enorme, ni siquiera grande, pero es acogedora, tiene una acústica bastante buena (basándome en los conciertos que he ido a la misma) y una decoración muy acorde a todos los estilos de música, desde el rock español, heavy metal del mundo o rock más clásico. Así que uno se siente en ella muy a gusto, pero sobre todo también de pensar en lo que están trabajando y el ritmo de bolos que llevan desde que abrieron puertas.

Skill to Kill. A priori, los menos esperados por mí por ser los que menos me atraían en cuanto a gustos musicales. El “core”, en general, no es lo mío, me resulta muy difícil de soportar y estos ondeaban la bandera del death core. Pero siempre es positivo intentar ver todos los grupos de cualquier concierto, así que nada más comenzar entramos a ver a los valencianos, con un público bastante aceptable en número para la hora que era (bastante pronto) y para ser el grupo encargado de abrir que además eran de “la terreta”. Por suerte para mi gusto, la cosa superó mis expectativas. Más parte death que core, así me lo pareció, porque esperaba más ritmos “saltimbanquis” y menos clasicismo. Lo cierto es que la actitud no me convenció en ningún momento, pero como ya digo porque no es mi estilo, pero es justo decir que la banda se portó muy bien sobre el escenario y sobre todo el frontman demostró estar puesto en tablas sin parar de moverse y animar a la destrucción mutua de los asistentes, saltando y doblegándose de aquí para allá y con una sorprendente facilidad para cambiar de registros vocales, desde los gritos más desgarradores a los más cavernosos. Los músicos de cuerda muy acompasados, sobre todo en los ritmos pesados a la hora de tirar de cuello y la batería, aunque fue el instrumento que peor sonó a mi entender, no le resta mérito al buen trabajo que hizo con el doble bombo. Incluso se vieron algunos wall of death entre la peña que poco a poco iba llenando la sala. Muy cañeros y, pese a todo, bastante gusto por el death metal, ritmos rápidos, guitarras pesadas y melodía que a veces recordaba al death melódico (como en el tema Our Fears). Aunque la estética no me guste, tengo que reconocer que lo pasé muy bien. Eché de menos unos solos más elaborados, una actitud más metalera, pero me encantaron algunos de sus ritmos de batería y algunos finales bastante brutos.

Gruesome Stuff Relish. Hace ya unas semanas, sobre todo para ponerme en situación, empecé a meterme en los tres álbumes de estos tíos asturianos, cuyo estilo viene a ser bastante acorde con los cabezas de cartel de anoche. Aquí no hay misterios. Nada de modernidades, cosas raras ni tecnicismos. Puro grindcore de sonido guarro y portadas old school que tiran para atrás. Por eso me interesaban especialmente, y tras refrescar el gaznate, mi colega Xuso (uno de los mejores compañeros de conciertos) y Santi, a quien no veía desde el Leyendas del Rock del año pasado, entramos y n os hicimos un hueco entre la ya apretada multitud. Y entramos deprisita, ya que no era el gaznate lo único que refrescamos sino también los huesos del frío tan animal que hacía. Mis colegas se habían llevado una buena impresión del concierto anterior, pero intuía que este también les iba a gustar mucho, como me pasó a mí. Y en verdad la imagen de alguno de sus componentes que llevaban era un tanto rara: Vaqueros, camisa a cuadros y gorra, más afín a líneas más modernas que a los crudos riffs que salían de sus guitarras. El comportamiento sobre el escenario fue bastante desgarbado y adecuado, pero se echó en falta algo más de comunicación. Costaba reconocer que hablamos de una banda de Asturias, ya que de lo poco que hablaron, la mitad lo hicieron en inglés, y esto último lo digo como curiosidad más que como algo negativo. De hecho, es una banda bastante internacional aunque sea injustamente desconocida en nuestro país. Rara vez sabemos apreciar lo bueno que tenemos. En lo referente al concierto en sí, fue sencillo: a cada ritmo rápido le seguía otro más rápido y brutal, siempre pisando el acelerador sin dar respiro. Tengo que decir que su sonido me confundió bastante al principio, quizá por la sala, quizá por la ecualización, lo cierto es que en disco suenan más sucios y feroces. No obstante, más que grindcore daba la impresión a veces de que estábamos disfrutando de algo más thrasher. De todas formas, entre los desgarrados berridos de su vocalista, acompañados muchas veces por el guitarra, quien también ponía el punto enérgico sobre las tablas, nos pusieron las pilas, dejándonos de estilos y ciñéndonos a lo que habíamos ido, a recibir manteca. Algo más de movimiento y un mejor sonido de batería (cuyo trabajo fue impecable, por otra parte) hubiesen sumado muchos enteros a la actuación que, a pesar de defectillos insustanciales, me gustó mucho, con mucha caña y duración justa para no saturar.

Napalm Death. No se si es que no me he enterado de sus movidas, pero creo que hace unos años ya que los ingleses no nos visitaban. Antes de este verano, hacía la friolera de 10 años que no les veía en directo, pero en festivales europeos me dieron dos tazas. Ahora tocaba el revulsivo definitivo, Napalm Death por primera vez para mí en sala. Dentro el calor empezaba a ser notable, aunque el terrible frío que hacía fuera no se quedaba atrás. Más vale humo que escarcha, por lo que unos minutos antes de empezar la banda principal ya estábamos dentro y en posición correcta. La sala presentaba ya un lleno total, cosa que, a pesar de no ser demasiado grande, es siempre una buena señal de que la cosa ha funcionado. Pero aquí quienes tenían que funcionar eran Napalm Death, pioneros del grindcore, azote de oídos sensibles y por encima de todo, unos auténticos animales a todos los niveles, que están haciendo una extensa gira por nuestro país (esta noche en Barcelona, por ejemplo). Y lo único que no funcionó al principio del todo bien fue el bajo de Shane. Aguantó como pudo en la intro Circumspect y Errors in the Signal, un temazo impresionante que no puedo dejar de escuchar y resultó ser un bombazo en directo (como ya comprobé este verano) cambios de ritmo brutales, voz rabiosa y guitarras bastante altas… pero, insisto, un bajo con problemas que no pudo ir más allá de la primera canción. De hecho, Every Day Pox sonó sin bajo, aunque de acuerdo con la filosofía de la banda… ¿qué coño importa eso? Jeje. Tras un pequeño parón (cosa rara en ellos) ya empezaron en serio para no parar, y lo hicieron con algún temita más de su disco del 2012 “Utilitarian”, del que cayeron muchos temas, todos en la primera mitad del concierto. Fue a partir de este punto cuando el sonido encontró el punto justo; si al principio sonaba muy fuerte pero excesivamente saturado, fue mejorando considerablemente hasta estabilizarse, manteniendo la potencia de sonido con un poco más de claridad. The Wolf I Feed, por ejemplo ya sonó mucho mejor, incluso las voces limpias muy a lo Fear Factory. Tema con toques más actuales para dejar paso a alguna barbaridad auditiva de la talla de Mass Appeal Madness o Lucid Fairytale, mucho más clásicas y con sabor 100% death metal.

El gran Barney estuvo pletórico durante el concierto. Vocalmente se salió, pese a llevar varias noches casi empalmando conciertos, con rabia y fuerza, mucha profundidad en sus gritos y guturales y sobre todo, una auténtica bestia salvaje sobre un escenario en el cual le faltaba sitio, descontrolado, imparable, dando puñetazos al aire, castigando el cuello (y la garganta) como si los años no pasaran por él (y ya llevan 33 años repartiendo cera…). Y así continuó durante toda la noche hasta el final, sin pisar el freno, aunque eso sí, muy simpático y comunicativo con la peña, sonriente y hablando bastante en un español relativamente correcto (entendible, vamos), chocando manos, gastando bromas… como su pequeña broma / canción monosílaba de un segundo de duración You Suffer. El sonido más actual de Napalm Death brilló especialmente con On the Brink of Exctinction, de su penúltimo disco, potente y con  una batería en primer plano, uno de los instrumentos que más destacó del concierto, especialmente cuando Danny Herrera se ponía en plan burro con los blast beats, no había quien le tosiera, la brutalidad general era explosiva y la peña estaba repartiendo ostias como panes en las primeras filas. Al final cayó la esperada Suffer the Children, uno de sus temas más conocidos (en parte debido al videoclip tan guapo que tiene). Y otra que faltaba alarmantemente, If the Truth Were Known, único representante en el setlist (si no me equivoco) del “Harmony Corruption” del que eché de menos bastantes temas. No es que dejaran atrás sus primeros tiempos ni mucho menos (de los dos primeros cayeron muchos temas, de hecho), pero fue al final cuando los fans de sus primeros tiempos pudimos disfrutar de lo lindo (más todavía). Los bises, cuatro o cinco temitas y a continuación de su versión en plan bestiajo de los Dead Kennedys, Nazi Punk Fuck Off, pareció más un recordatorio del Scum que otra cosa, ya que se basaron enteramente en este primer disco. Life? Destructiva y súper agresiva, la imprescindible Scum para machacar más todavía nuestros cerebros y 4 minutos, que es lo que dura aproximadamente Siege of Power, que fueron de lo mejor de toda la noche. Un gran sabor de boca, un concierto brutal y unas ganas tremendas de concierto saciadas por una noche donde no hubo concesiones a melodías ni a riffs elegantes, solo brutalidad y sonido atronador.

Y esta noche, repetimos con Hamlet, misma ciudad, misma sala, con una gira muy especial. Gracias a Xuso (en toda su salsa con sus queridos Napalm Death) y a Santi (al que veré esta misma noche allí si no pasa nada) por acompañarme ahí a muerte.

_|,,| JaviMetal (Is The Law) |,,|_

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