martes, 1 de julio de 2014

To Hell... and Back Again!!! (Hellfest 2014, Clisson, Francia 20-Junio-2014)

Tal como indicaban las predicciones meteorológicas, nos enfrentábamos a un día caluroso (bastante) y sin ninguna nube en el cielo, por desgracia, por lo que se intuía una jornada bastante agotadora, combinada con un cartel que no daba tregua en el que iba a haber muy pocos momentos dedicados al descanso y muchos al castigo del cuello. Por suerte, y a pesar de la tajada que nos pillamos la noche anterior y de las pocas horas que dormimos, nos levantamos en un estado bastante aceptable para soportar toda la guerra que nos esperaba. Y menos mal, porque a las 9 y poco de la mañana ya era prácticamente imposible estar dentro de la tienda por las elevadas temperaturas. Pero allí estábamos, contra viento y marea, por fin en el soñado Hellfest, y de momento todo iba de maravilla. Ya estábamos listos para cuando empezaron las bandas a sonar, y la primera marcada en mi running order tenía especial peso, ya que se trataba de la única representación española que tuvo el cartel de este año, unos nunca mejor elegidos Angelus Apatrida que arrasan allá donde pisan. Esta edición del festival contó con muchas mejoras, pero también algunos cambios que enfadaron bastante al personal, el más destacado fue la escalera de tres pisos de subida y tres de bajada por la que se tenía que escalar para poder acceder al recinto de los conciertos, una medida que nunca logré entender, totalmente innecesaria y absurda, que ya nos dió bastante la lata nada más llegar, provocando más agotamiento si cabe.

Por desgracia, la cola para entrar, con toda la maraña humana intentando entrar de golpe a primera hora, dio al traste con nuestras ilusiones de verles entre las primeras filas; se alargó tanto que cuando entramos ya estaban tocando el último tema, que al contrario de lo que suele ser habitual (muchas veces suelen cerrar con Thrash Attack), se trató de Legally Brainwashed. Al menos me alegro de que la gente disfrutara de su concierto (yo personalmente ya me desquitaré a gusto en el Rock Fest Bcn). Para ser el primer grupo y tener que tocar a las 10:30 de la mañana, la asistencia era sorprendente y las ovaciones dejaban entrever que todo había salido a pedir de boca. Y es que estas son las bandas que debemos exportar, bandas con actitud y proyección, y no Mago de Oz y derivados.

Nada tan refrescante para esas horas en las que el calor todavía no era asesino pero ya empezaba a “apretar” como un concierto del más clásico Heavy Metal y además con una banda perfecta para empezar el día, una que lleva muchos años escapándoseme como Nightmare. Es curioso que, a pesar de jugar en casa, la afluencia de público era menor que en nuestros Angelus Apatrida, y más todavía cuando se trata de una banda que lleva más de tres décadas recorriendo los escenarios de todo el mundo, pero que nunca  han llegado a tener la distinción que merecen. Entre su discografía se encuentran excelentes álbumes, tan llenos de caña y buen hacer como “Cosmovisión”, “The Burden of God” o mi favorito, “Insurrection”. Jo Amore, su actual y más veterano vocalista, salió a por todas, igual que el resto de la banda, que mostraron una actitud dura e impecable durante todo el show, totalmente metidos en su concierto, juntándose continuamente codo con codo con sus instrumentos a todo volumen. No se puede negar la influencia que gente como Dio ha tenido sobre el vocalista francés, cuyos gestos, actuación y características vocales recuerdan mucho al pequeño gran hombre. Su última obra, “The Aftermath” fue la que más presente estuvo en el setlist desde el primer tema Bringers of a no Man’s Land, pero no fue hasta pasado un rato cuando realmente animaron a todo el mundo. Un par de temas de su “Insurrection” concretamente fueron los que más me ayudaron a entrar en calor (aunque esta expresión es un poco inadecuada jeje) The Gospel of Judas y especialmente la última Eternal Winter, aunque eché de menos Angels of Glass, que casi daba por hecho que tocarían. Me falta darle un repaso más en profundidad a su último disco, ya que los temas que sonaron me gustaron bastante.

Seguidamente, y tras problemillas inesperados, tuvimos que salir casi corriendo al supermercado de nuevo, lo que provocó que me perdiera un par de actuaciones que tenía programadas, como Crossfaith (recomendados por mi colega Haku) y Fueled by Fire, una banda en la que tenía especial interés.

Entre el camino de ida y de vuelta no se pudo hacer nada por remediarlo, pero por suerte sí llegamos a tiempo de ver a las leyendas inglesas Satan que surgieron de la nueva ola británica de bandas de Heavy Metal y llevan desde los primerísimos 80 dando caña sobre los escenarios, eso sí, con algún largo periodo de descanso y con bastantes pocos discos en su haber, por lo que a pesar de su larga carrera nunca llegaron a destacar entre la gran oleada de la época, aunque si que influyeron estilísticamente en algunas bandas posteriores. La cuestión es que el pasado año sorprendieron a propios y extraños con un nuevo álbum llamado “Life Sentence”. De todas formas, es su fantástico “Court in the Act” el que más gustó a sus fans y no tan fans allá en Francia, comenzando con la gran Trial by Fire que levantó las primeras pasiones (y polvareda, aunque no tanta). Era extraña la sensación de que mucha gente ni sabía de la existencia del grupo, aunque en las primeras filas sí que se vivía bastante alboroto. Para mí fue todo un privilegio verles, especialmente teniendo en cuenta que siguen funcionando prácticamente con la formación original, todos ellos en bastante buena forma. Brian Ross, por ejemplo, no ha perdido el registro para poder seguir haciendo esos tremendos agudos puntuales y poder sobrevivir a ese calor con guantes de cuero, y su último disco suena tan clásico como el primero. Alternaron básicamente temas de su primer y último disco, y en cuanto a estilo y caña apenas hubo diferencia, aunque sí en cuanto al reconocimiento de los temas por parte de los fans, obviamente. Algunos como Time to Die o Twenty Twenty Five no estuvieron nada mal. Quizá les faltó animar el cotarro con algún detalle visual, ya que como banda estuvieron un poco secos y el horario tampoco les ayudó a remediarlo.

Lo que esperaba de los Toxic Holocaust en directo, después de haber repasado unos cuantos discos, es justo lo que me encontré. A las 14:30 aproximadamente asomaron las napias por el Mainstage 2 decididos ya a derribar cualquier intento de mantener la calma entre el público. Su speed / thrash despiadado no conoce ni siquiera los medios tiempos, se pueden contar con los dedos de una mano aquellos temas en que levantaron el pie del acelerador. Su actuación fue sorprendente, pero no por estilo o por no esperar tanta caña burra, si no por la actitud y empuje que demostraron durante los escasos 45 minutos de concierto. Metal Attack empezó pegando fuerte, una declaración de sus principios y estilo transformado en un auténtica paliza de Metal sin concesiones, abrazando la bestialidad en otros cortes como su reciente Awaken the Serpent o las devastadoras 666 o War is Hell (este mismo infierno que ahora mismo vivíamos). Pese a la relativa juventud de la banda, han pisado los escenarios de casi todo el mundo, y Joel Grind, al frente de las voces y guitarra líder, se destapó como un frontman excelente, cargando con gran parte del peso de la banda en directo (parecía incluso que iba a su rollo por momentos) mientras que la parte rítmica del grupo no dejaba de mostrar un aspecto rudo y más desmadrado conforma sonaban temas del calibre de Wild Dogs o Death Brings Death. Sin demasiadas explicaciones ni parones, exprimieron a gusto el escaso tiempo del que disponían, estuvieron salvajes y rabiosos, y a estas alturas del día tal nivel te deja destrozado. El final con Bitch y la antirreligiosa Nuke the Cross fue de los momentos más intensos de todo el día, aunque tanta tralla hacía casi confundir unos temas con otros.

Unos días antes de cerrar el cartel definitivo, hubo unos cuantos bailes y cancelaciones / sustituciones de bandas. Una de ellas fueron estos Powerman 5000 una banda que me era totalmente desconocida, aun así me aerqué a verles, ya que además  actuaban tras esos bestiales Toxic Holocaust. Se podría decir que es una banda que no cuajaba del todo entre el estilo de aquel día, bastante clásico, pero puestos a abrir la mente por unos minutos, decidí intentar disfrutar al máximo de su tiempo, y a buen seguro que lo hice más de lo que pensaba. Fue un show bastante espectacular, no a nivel de parafernalia o decorado, pero sí a nivel de músicos, ya que el movimiento y energía sobre el escenario fue sobresaliente, a destacar el batería y su peculiar forma de hacer malabares con los palos, una forma muy llamativa de tocar y una buena pegada. Me llamó la atención que la mayoría de miembros del grupo son de origen asiático salvo su frontman y vocalista Spider One, que es conocido a parte de por la banda por ser el hermano de Robert Bartleh Cummings (más conocido como Rob Zombie). Y es que de hecho los parecidos entre el estilo de ambas bandas es bastante evidente, metal industrial con bastantes simples y extrañas melodías. De todas formas el concierto fue bastante más instrumental de lo que pensaba, sin demasiadas partes electrónicas por suerte para mí, pero muy bailable. La prueba es que casi nadie dejó de brincar en todo el concierto, lo cual dice mucho a favor de la banda. Al no ser precisamente uno de mis estilos, no puedo hablar demasiado del setlist, pero sí se tocaron Super Villain o ya casi al final uno de sus temas versioneados más populares llamado Relax. Hay que añadir a todo esto que gozaron de un sonido que rozó la perfección.

Este no ha sido un buen año para los conciertos, sobre todo por falta de pasta. Una de las bandas que más rabia me dio perderme en su venida a Valencia fueron los australianos Destroyer 666, una banda que me ha sido encarecidamente recomendada, sobre todo para ver en directo. Por su música sabía que no me iban a fallar, a pesar de que fue el primer concierto que vimos en el escenario Temple, una de las carpas cubiertas donde el sonido siempre suele ser bastante irregular, especialmente para los grupos de black / thrash como era el caso, pero black / thrash del bueno, con dos cojones, y una actitud demoledora que ya demostraron desde el principio. Llegamos con un par de temas de retraso, pero todo lo demás fue un auténtico placer. Guitarras en alto, luces por doquier, melenas desbocadas y un sonido muy auténtico, aunque muy sucio y saturado como para conocer todos los temas. La banda no paró de hacernos ver que, a pesar de su lejana procedencia, se han sabido ganar el éxito dentro del circuito a base de actitud auténtica y mucha, mucha mala hostia, con sus riff asesinos y su mortal batería. Con temacos como Satan’s Hammer o Black City – Black Fire, un aura extrema, mucha rabia acumulada, una voz oscura y llena de ira, y sobre todo muchas reminiscencias de black metal y un hambre voraz de escenario, se ganaron a todo el público de principio a fin. Me encantaron, y me arrepentí más todavía de no poder haberlos visto en un concierto propio con hora y media mínimo por delante.

El cambio de última hora, que intercambiaba a Death Angel por Trivium a última hora del día, nos dio una oportunidad perfecta en forma de un par de horas para poder comer y no caer de rodillas ante el intenso calor que reinaba en todo el recinto. Trivium nunca me han gustado, pero desafortunadamente hubo dos perdidas importantes como Hail of Bullets o Impaled Nazarene (a los cuales vi hace un año aproximadamente en Valencia). Ya ligeramente descansados en el camping, teníamos que hacernos a la idea de que, una vez volviéramos a entrar, ya no saldríamos hasta terminar la jornada, por lo que hicimos acopio de provisiones para no morir de inanición y nos adentramos otra vez entre la muchedumbre.

Rob Zombie era una opción a descartar en principio. Su música realmente no me ha interesado nunca, no soy amigo de los sonidos industriales ni de las extravagancias excesivas en directo. De todas formas, ya llevaba un par de horas sin conciertos y el mono rápidamente empezó a picar, al igual que empecé a notar una sensación que no me gusta nada en los festivales: estar demasiado tiempo parado. Con el concierto empezando a medio camino, pude escuchar con horror como desafinaba el vocalista, como no daba un solo tono a derechas, aunque preferí esperar a estar en la zona de conciertos para juzgar correctamente la actuación. La realidad, una vez allí fue que, a parte de que estaba terriblemente masificado, la música enmascaraba bastante las carencias vocales de Rob. Obviamente, él era el centro de atención de todo el mundo, de las decenas de miles de personas allí congregadas, pero el resto de la banda también se lo supo hacer para atraer la atención. Tanto el batería, Ginger Fish, como el ya de sobra conocido John 5, trabajaron anteriormente con Marilyn Manson y el guitarra y corista Matt Montgomery proviene de la banda del mismo John 5. El espectáculo visual es lo suyo sin duda, y fue mi principal objetivo incluso antes que la música, aunque reconocí varios de sus temas como la primera Dragula, la archiconocida Living Dead Girl o More Human than Human que no podían faltar en un concierto relativamente corto pero muy entretenido. Para hacerlo todo un poco más movido, empezaron a tocar varios medleys de covers, entre los que se incluyeron Am I Evil?, Enter Sandman o School’s Out. A muchos metros del escenario se elevaba una plataforma en donde tres guapas stripers (o lo que quiera que fueran) bailaban insinuantemente y hacían distintos malabares con fuego. Como digo, no me emociona Rob Zombie en absoluto, pero no hay duda de que a la hora de crear ambiente es un jefe.

Para los cabezas de cartel trazamos una estrategia que sería llevada a cabo durante todo el Hellfest. Ante tanta masificación, la idea era ver la banda anterior (en este caso Sepultura) desde el escenario donde tocarían los propios cabezas de cartel. En este caso, estaba casi cantado que Iron Maiden iba a ser la banda que más gente atraería de todo el festival, por lo que iba a estar complicado coger sitio decente. Entre tanto alemán sobredimensionado y la gente continuamente moviéndose en masa como si de una nebulosa de personas se tratase, la cosa se ponía bastante difícil, pero para la espera teníamos, como ya he dicho, un concierto de lujo, los brasileños Sepultura, a quienes debo haber visto por lo menos 9 o 10 veces en directo pero que raramente defraudan. Eso sí, desde muy, muy lejos (como se puede apreciar en las fotos). Los escasos 50 minutos no daban más de sí que para 7 u 8 temas, que fueron elegidos a medias entre su primera época más thrasher y sus últimos trabajos más groove. De hecho, se podría decir que partieron en dos el concierto. La mitad primera fue dedicada a sus últimos discos, con temas como la brutal Kairos (uno de mis favoritos de su disco homónimo) y varias del “The Mediator Between Head and Hands Must be the Heart” (vaya titulito…) que todavía no he escuchado como The Vatican, cuyo video es una auténtica pasada y recomiendo encarecidamente. Dusted, otro tema que fue metido por sorpresa en el setlist, empezó la parte más disfrutada por todos, incluso por Andreas Kisser, que se soltó la melena a base de bien, o un Derrick Green que parecía enloquecer por momentos, pero al loro, ¡¡esta vez con su cabeza totalmente rapada!! Es raro verle con su nuevo look, pero sigue siendo una auténtica bestia al micro. Refuse / Resist, Ratamahatta y sobre todo Arise, que me sonó a gloria, crearon la auténtica avalancha, que fue vivida con pasión incluso desde nuestra parte de los escenarios. Temas casi empalmados, con pocos discursos, que tuvieron su despedida con Roots Bloody Roots y todo el mundo alzando el puño al son del estribillo.

Por fin la dura y interminable espera dio sus frutos. La visibilidad que teníamos desde aquel punto era bastante limitada, y solo cabía esperar dos cosas: que con el movimiento la gente se recolocara un poco y que por una vez Iron Maiden sonaran a alto volumen, que suele ser una de las pegas de sus directos. Por suerte teníamos encima las segundas torres de altavoces, y eso es casi garantía de sonido potente. El tiempo parecía no pasar mientras sonaban temas y temas (muy buenos, por cierto) en espera de que comenzara ese Doctor Doctor con que suelen abrir sus bolos. Por fin tras esta, y con ese mágico “Seven deadly sins…” ya cantado de primeras por todo el mundo, comenzaron las dos horas de una de sus paradas en su tour conmemorativo del Maiden England, que repasa a fondo su disco “Seventh son of a Seventh son”, y para mí esto son palabras mayores, ya que es el primer disco de la doncella que escuché, con 13 o 14 años, y uno de mis favoritos, con lo que el componente nostalgia iba a ser importante a pesar de ya haber visto esta misma gira el año pasado en Barcelona. En el momento en que empezó a sonar Moonchild entré en modo euforia automáticamente, saltar y disfrutar al mismo tiempo que casi empalmaban con Can I Play With Mandess, una de mis favoritas y que en directo da muchísimo juego. La fiera Dickinson también se había puesto en marcha por todo lo alto, aunque su voz estaba todavía lejos de estar al 100%. Lo mismo ocurría con el resto de la banda, Harris todavía no parecía motivado a tope, y el trío de guitarristas un poco quietos, el único que parecía estar que echaba humo era McBrain. No fue con 2 Minutes to Midnight, tras una ya movidita The Prisioner (en la que todos repetimos hasta el diálogo inicial) cuando todo pareció explotar en llamas, y es que es uno de esos temas que no fallan jamás, rápida y a la yugular, y las gargantas ya gritando el estribillo a pleno pulmón. La aglomeración seguía siendo casi escandalosa, y a pesar de los ánimos era muy difícil moverse ni un metro. Quizá tantísima gente le quitó algo del ímpetu con el que suelo vivir cada concierto de los ingleses, pero sobre el escenario todo era una auténtica fiesta, dado el tamaño de este, con una plataforma en la parte superior por donde Dickinson corría a sus anchas sin parar un segundo. Supieron equilibrar un poco el ritmo con Revelations, que me parece una balada preciosa, seguida de The Trooper, que volvió a poner a caldo al respetable, aunque si no recuerdo mal esta vez Bruce no ondeó la bandera de su nación. El decorado cambiaba prácticamente en cada tema, incluso salieron grandes monstruos con los que algunos miembros de la banda pelearon con sus instrumentos. El espectáculo era masivo y ahora sí Dave, Adrian y Janick estaban en toda su plenitud, viviendo esos solos de The Number of the Beast (que cayó muy temprana) y Phantom of the Opera con el sudor en su frente. La gente ayudó bastante a la banda con sus cánticos y ánimos, especialmente a Bruce en el estribillo de Run to the Hill, que ya empezó a costarle bastante y empezaba a dar muestras de cansancio. Aquí llegó uno de los momentos más especiales del concierto, con Wasted Years, que no puedo evitar que me llene de nostalgia, y poco después la incomparable Seventh son of a Seventh son, que es una de mis debilidades en directo, especialmente el trozo ambiental, que junto con ese increíble decorado (el mejor de todos) me puso todos los pelos de punta, y que el vocalista sudó de lo lindo para sacar adelante dignamente. Empiezo a pensar, tras el concierto de Barcelona y este, que Dickinson ya no es el invencible hombre de la voz de hierro que fue siempre, aunque a favor de este hay que decir que, al menos que yo sepa, jamás han bajado sus temas de tono, con lo que el mérito a sus 55 años es encomiable. Con Fear of the Dark e Iron Maiden tuvo un momento de respiro, y a su vez el público no dejaba de gritar como un poseso. Me gustó especialmente Fear of the Dark, creo que aquella tarde / noche tuvo un feeling muy especial y oscuro. Descanso de 5 minutos para la banda y cambio de telón cuando empezó a sonar Aces High una imprescindible, veloz pero muy difícil de cantar, en la que de nuevo el vocalista se vio al límite de su resistencia y quedó un tanto coja. Y es que dos horas de concierto para una banda que hace esas giras tan amplias pueden llegar a ser mortales. Desde nuestra posición a veces era difícil seguir de cerca la actividad de cada músico, pero siempre habrá un instrumentista que destaca, el gran Steve Harris ametrallándonos sin piedad con su bajo. Pequeña sorpresa con The Evil that Men Do, última en sonar de su “Seventh son of a Seventh son” y terminar, como casi siempre, con Sanctuary. Pequeño tirón de orejas, por cierto, para la banda, por no tocar las dos canciones que más me emocionaron en Barcelona 2013, Afraid to Shoot Strangers y Rime of the Ancient Mariner.

Aunque fue un concierto agotador, la fiesta no terminaba aquí ni de lejos. Con esa divertida Always Look on the Bright Side of Life habitual, nos dirigimos a ver otro concierto que no podía perderme por nada del mundo, la pseudos-reunión de una de las bandas más míticas de la historia del Metal, Death, nombrados para la ocasión Death to All.

Y es que pienso, de primeras, que una banda tan importante y significativa para la historia de nuestra música debería haber tocado, por obligación, en uno de los grandes escenarios, tal como lo hicieron Emperor a pesar de que su estilo era del Temple. Y el horario tampoco me pareció demasiado bueno. Ponerles justo después de Maiden (sin duda, el concierto más aglomerado de gente de todo el festival) significa casi con seguridad perder unos 20 minutos para llegar de un escenario a otro. Y claro, así fue. A pesar de que corrimos tanto como pudimos, ya llegamos al final del primer tema, que fue Flattering of Emotions, si no recuerdo mal, el título que abre su cuarto disco, de donde por cierto proviene la formación que llevan actualmente para girar por toda Europa. Básicamente estos Death To All se componen de los mismos músicos con los que el inconmensurable Chuck Schuldiner grabó el “Human”, esto es, Paul Masvidal a la guitarra, el tremendo bajista Steve DiGiorgio y el batería Sean Reinert, acompañados por el vocalista de Cynic, Max Phelp, que sostiene la dura labor de honrar la memoria de Check. Era una grandísima oportunidad para poder ver los temas de Death interpretados de la forma más fiel posible y de paso hacer un sincero tributo al vocalista fallecido en 2001. El hecho de tocar en la carpa del Altar hizo que el sonido no fuese todo lo bueno que uno hubiese deseado, aunque es justo decir que la gran mayoría de conciertos en este recinto sonaron bastante potables, mucho mejor que otros años. El sitio estaba abarrotado de gente, por lo que nuestra situación no era demasiado buena. Daba por hecho que tocarían sobre todo temas del “Human”, pero ahí vinieron por sorpresa dos temas de su segundo disco, el “Leprosy”, uno de los que más marcó su historia, sonando cada vez más claros y desgarradores. Si no me equivoco, primero Leprosy y después Left To Die fueron los últimos temas que pudimos ver por problemas personales inesperados. No saciaron ni de lejos mis ansias de Death, pero me alegro al menos de haber podido presenciar unos minutos de tan gran acontecimiento.

De camino a los baños, y ya que estábamos por la zona, nos venía de perilla pasarse a ver la actuación de los míticos Slayer, y fue sonando la trallera War Ensemble cuando llegamos. Bajo del escenario, estaba a tope de gente, y los remolinos de polvo estaban a la orden del día, provocados por los grandes moshpits y circle pits. El estado de la banda actualmente es algo delicado, o al menos así lo veo yo. La muerte de Jeff Hanemann fue un durísimo golpe para la banda, que albergaba esperanzas de su vuelta, y el despido de Lombardo tampoco ayudó en absoluto. No es que dude de las competencias de Paul Bostaph, quien ocupa ahora el puesto, de hecho me parece un gran batería (que además ya trabajó con esta banda, entre muchas otras grandes) con una pegada que se siente en las carnes y muchas ganas, pero si he de elegir me quedo con el anterior. Tampoco acabo de ver del todo empastado a Gary Holt, un tío con unas dotes increíbles y una actitud inmensa, pero “de repuesto” al fin y al cabo, de hecho dudo que pueda compaginar por mucho tiempo sus labores en Exodus. Creo que no es la mejor pareja para Kerry King sobre el escenario. Por otra parte, Tom Araya ha vivido tiempos mejores, y lo digo sin maldad, pero me dio la impresión de estar demasiado gordo, cansado, y con una voz bastante floja, que en algunos temas como Disciple se fue al traste a mitad. Nunca ha estado demasiado activo, pero en el concierto se mostró apático y demasiado acartonado. Respecto al setlist, aquí si que no hubo nada que reprochar. Los temas que sonaron a partir de la mitad fueron todo clásicos como la copa de un pino. Impresionantes en directo Dead Skin Mask, Seasons in the Abyss, o Raining Blood que desató la locura en lo que sería la recta final. Aunque vi de poco antes de la mitad hacia el final, me alegro de haber podido vivir los temas de mi disco favorito de la banda (el inmortal “Seasons in the Abyss”). Con tantos discos irregulares en su última época, me alegro de que no se olviden de lo que los fans quieren realmente escuchar, esos himnos del speed / thrash que te fuerzan a doblegar el cuello hasta que te duela, sin un respiro. Para el final reservaron tres grandes joyas: Black Magic, South Of Heaven (puto temazo joder) y finalmente Angel of Death, en la que Araya se desgañitó todo lo que pudo pero sin llegar a bordar el tema.

Hasta la zona del otro escenario llegó el estruendo satánico de Slayer, donde esperábamos con ilusión el comienzo de Sabaton, esta vez sí en una posición de auténtico lujo agarrados a las vallas centrales, que es como mejor se disfruta un concierto. La asistencia, sinceramente, no era tanta como yo esperaba, tratándose hoy por hoy de una de las bandas más queridas por los fans del género y que más están arrasando en el mundo entero. La salida de su último trabajo “Heroes” ha resultado una de las más esperadas en la escena, y esta era una ocasión muy apropiada para comprobar que tal suenan esos temas en vivo, aparte de su clásico repertorio que suele tocar casi todos sus discos. Precisamente en cuanto a sonido no tuvieron demasiada suerte en los primeros minutos, y fue una lástima debido al escaso tiempo del que disponían. Tras The Final Countdown entera, para deleite de la peña, aparecieron con una rápida presentación, llenos de energía y ganas de comerse el mundo, porque así es como deben hacerse las cosas. Ghost Division fue un auténtico disparo a la yugular, donde todo el mundo se puso a saltar animando, retroalimentando las ganas de los suecos por hacer un gran show. Pero tanto esta como To Hell and Back, primero en sonar de su “Heroes”, quedaron un tanto ensombrecidas por el horrendo sonido, en el que tan solo destacaba la batería, y tanto la voz de Joakim como las guitarras se escuchaban en un plano muy alejado, dejando al bajo totalmente inexistente. Aunque ni por esas Sabaton dejaron de poner toda la carne en el asador. Con mi favorita, Carolus Rex, los problemas se fueron solucionando, haciendo el subidón todavía más grande. El vocalista no dejó que la gente se aburriera ni se cansara a pesar de las horas, con sus continuas bromas y chorradas, y el concierto iba ganando en intensidad con Screaming Eagles o Soldier of 3 Armies, siempre tocando temas bélicos e históricos como es marca de la casa. En estas que Joakim se cargó la guitarra a hombros bromeando con que no sabía tocarla, aunque era evidente que mentía, para tocar Resist and Bite, el tercer y último tema de la noche de su disco más reciente. Supuso quizá el momento más brillante del concierto cuando sacaron su artillería pesada con The Art of War, uno de esos temas en los que es imposible dejar de combinar headbanging con saltos, y Primo Victoria, que cerró de forma exitosa un setlist en donde faltaron muchísimos temas (40:1, Gott Mit Uns…) pero sobre todo ese himno llamado Attero Dominatus. Y una vez más, mi mayor queja es que hubo nada de su Metalizer, un discazo como la copa de un pino injustamente olvidado.

Las fuerzas ya estaban bastante mermadas, pero me juré a mi mismo que esta vez si que no se me escapaban los thrashers americanos Death Angel, y menos cuando tenían la suerte de tocar más tiempo del que estaba previsto inicialmente. Y aunque fue complicado aguantar tanta caña a esas horas, debo decirlo bien alto. ¡Vaya pedazo de directo tiene esta gente! Impresionante a todas luces, sin demasiada parafernalia, eso sí, pero apuntando a matar, lanzando auténticos remolinos de destrucción y por supuesto enloqueciendo al público que se curró los últimos circle pits del día. Ser la última banda del viernes no les amedrentó, desde luego, y se lanzaron con unos temas de disco del año pasado como Left for Dead o Son of the Morning, genuinamente devastadores. Por si alguien perdía el hilo, ahí estaba el vocalista Mark Osegueda al pie del cañón para darnos unos cuantos gritos de ánimo, mientras las guitarras sonaban altísimas e hirientes, y la batería atronaba con una velocidad pasmosa. Fue uno de los bolos más intensos de todo el día, tema tras tema, con nada más que una pequeña presentación para algunos. Me gustó especialmente su Evil Priest de mi disco favorito ("The Ultra-Violence") que tendría otro tema casi al final, Mistress Of Pain. Por fin he podido comprobar de primera mano como se las gastan estos tíos, y desde luego me dejaron huella, que incluso se permitieron el lujo de tocar Claws in so Deep, de casi 8 minutos de duración, sin que bajara para nada la fuerza que estaban transmitiendo. Todavía tengo que darle unas cuantas escuchas más, pero su último disco tuvo mucho peso en el concierto a pesar de que como buenos veteranos podrían haber hecho un setlist más clásico. Esto no pareció importar a nadie de los que estábamos allí, viviendo el espectáculo con ansia viva, y terminando la guerra con una brutal Thrown to the Wolves. ¡¡Los muy cabrones me dejaron el cuello como un puto espárrago hervido!!

Bastante derrotados, volvimos a las tiendas tras el día más intenso de todos los que vivimos allí, y nos fuimos a planchar la oreja tan pronto como pudimos. Aunque el resto de días distribuimos mejor los huecos para comer, tampoco iban a ser moco de pavo, y lo peor de todo es que tampoco íbamos a librarnos ni del calor aplastante del día ni del molesto frío de las noches.

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