martes, 9 de junio de 2015

El tour de los cuellos rotos (Testament + Exodus, Sábado 23-05-2015, Sala Fussion, Massanassa)

Se podría decir que estos dos últimos sábados no han estado nada mal. Mucha diversión, desfase, colegas y locuras etílicas variadas. Pero nada que se pueda comparar a aquella noche del 23 de Mayo. De hecho, hubiese dado cualquier cosa por repetir aquel intenso fin de semana en lugar de tener que quedarme aquí sin apenas opciones, pero el reconfortante recuerdo de aquellos dos conciertazos es suficiente para evadirme y sumergirme de nuevo en el desmadre total que viví, junto a unos cuantos colegas, en la sala Fussion de Massanasa, a donde por cierto no iba desde hacía 8 añazos, cuando Sodom y Tankard, entre otros, reventaron el lugar. En esta ocasión, el thrash volvió a ser el dueño y señor absoluto de la noche, pero con otras bandas, si cabe, más legendarias. Un concierto que junte los nombres de Exodus y Testament es cada vez más impensable en Valencia, donde las grandes giras llegan con cuentagotas y muchas veces mutiladas y a precios de espanto. Tampoco se puede decir que los 30 euros que pagamos por la entrada fueran moco de pavo, pero las cotas de diversión y desmelene que se alcanzaron hicieron valer hasta el último jodido euro. Este era un concierto que, básicamente, no podía perderme por nada del mundo, solo o acompañado, con pasta o sin ella, ver un combo tan brutal y relativamente cerca de casa era una oportunidad de oro, y una garantía de que la sala iba a estar hasta los topes de peña dispuesta a dejarse la integridad física con estos dos monstruos del thrash, sin teloneros, un show directo al cuello (nunca mejor dicho) y sin adornos ni florituras extra. Como anécdota, diré que nada más llegar a las puertas de la sala (cosa que no nos costó en absoluto), vimos el momento exacto de la llegada de Chuck Billy, lo que nos dio un chute de adrenalina extra, pero el principal empuje eran las enormes ganas de tralla que teníamos.

Nada mejor para ir calentando la sangre que salir de casa cerveza en mano con un tiempo de lujo y muchísimas ganas de mandanga. Oportunidad perfecta, además, de tener un primer contacto con el último disco de Exodus, sonando a toda hostia en el coche de mi colega Kurro (hoy por hoy, el mejor compañero de equipo para salir de bolos). Con tres o cuatro temas se me cayeron los huevos al suelo. Madre mía, ¡¡vaya potencia y mala hostia que se gastan con este “Blood In Blood Out”!! Ahora que lo tengo más repasado, me reafirmo mil y una veces en lo dicho, si los últimos discos ya molaban lo suyo, la vuelta de Steve Souza ha resultado ser el engranaje que acaba de perfeccionar la maquinaria de Exodus. La verdad es que de entre las dos bandas, tenía más ganas de verles a ellos, y una de las principales y más poderosas razones era el retorno del mítico vocalista, a quien no veía con la banda desde hacía 12 años nada menos. Ya calentitos de cerveza y tras una larga y agobiante cola (¡¡cuánto tiempo sin hacer cola para un concierto!!, esto pintaba de putísima madre) pillamos las entradas (que se agotaron en algún momento de la noche) y nos metimos para dentro. Collejón bendito para la sala por empezar el concierto por lo menos 10 minutos antes de lo que nos dijeron los seguratas. Si ya me perdí casi todo Iconoclasm, al menos pude ver algo del “The Atrocity Exhibition: Exhibit A”, Children of a Worthless God, donde empezamos a avanzar posiciones mientras disfrutábamos de las virguerías de Jack Gibson (un crack que se marcó un conciertazo de aúpa). De todas formas, me sentía un poco ultrajado por haberme perdido el comienzo con dos temas del último y brutal trabajo. Sin embargo, más oportunidades habría, alternando con clásicos imprescindibles de toda su carrera, como Piranha. Del setlist, además, no pudo haber queja en absoluto. Me sorprendió la gran cantidad de temas del primer disco que metieron, como esta última, pero sobre todo lo que disfrutaban ejecutándolas (no veáis ese dúo de asesina-guitarras como se dejaba el puto espinazo en cada tema). Que inmenso e indescriptible placer es ver en los tiempos que corren una sala hasta los topes, a reventar, y en Valencia. Sinónimo de éxito de concierto, y también de que la gente le sigue echando pelotas a la hora de mover el culo. Una oportunidad así no puede ser ignorada por ningún amante del Metal. Un público bastante enaltecido, que no dudaba en tirar de salvajes moshpits en cuanto se le daba la oportunidad y una banda que disfrutaba a muerte con ello. Poco más se podía pedir. Con los temas más recientes (Salt the Wound por ejemplo) al igual la gente debería haberse calmado un poco por desconocimiento, pero ni de coña fue así. La locura continuaba extendiéndose desde las primeras filas hacia atrás como una plaga, también con ese precioso corte llamado Body Harvest que habla de coleccionar partes humanas. Pero si esto fue una pistola, lo que sacaron ahora de su setlist fue una puta M-16. Bonded by Blood con Steve a la voz fue algo de otro mundo, una auténtica paliza auditiva con la que solo faltó que la banda pinchara fuego sobre el escenario. BRUTAL como la gente se metía de leches y al mismo tiempo gritaba con todas sus fuerzas ese ¡¡Bonded by Blood!! acompañando al cantante. Pero poderosas vibraciones atravesaban el suelo en el momento en que Steve presentaba Toxic Waltz, el momento de la autodestrucción final. Walls of death inhumanos, circle pits asesinos, y hondonadas de hostias a babor y a estribor fueron el resultado al son de uno de los mejores riffs de la historia del Metal. Joder si es que solo de recordarlo me pongo a sudar. Jodido temazo y menuda fiesta y desmadre, y no solo debajo del escenario, ojo, que la que se cocía encima de él también tenía cojones. Todo el mundo bailando el vals tóxico mientras estampas a tu colega contra la pared, como reza la propia canción. ¡¡Me encanta!! El concierto llegaba a su fin demasiado pronto, pero antes de que se nos pasara el calentón (la sudada que llevábamos era de infarto) y la enajenación mental, aun quedaba esa gran pieza llamada Strike of the Beast de su primer trabajo “Bonded by Blood” más potente, más rápida y más letal incluso que en disco, señal de que este directo tuvo mucha magia, disfrutando entre otras cosas de un Steve Souza pletórico de energía (con menos pelo eso sí jeje) y sobre todo de incomparable carisma y voz.

Un concierto de tal intensidad merece unos minutos de relax. Nos salimos a fumar al espacio habilitado en la sala para ello, y allí nos encontramos con casi todos los colegas que habían acudido a la Fussion, como el gran Lobo, Jose, Mauricio, Javi… disfrutando de unas cuantas risas y poniendo anécdotas en común. El airecito nocturno de Valencia sentaba de lujo a nuestros maltrechos cuellos, pero tan agradable sensación duraría tan solo hasta que los Testament abrieran de nuevo las puertas del Infierno.

Me enteré por encima a través de un colega lo acontecido la noche anterior en Málaga y la verdad, escuchar que la gente que pagó la entrada allí solo pudo disfrutar de unos pocos temas debido a una catástrofe eléctrica… acojona y no poco. Por eso mi alegría fue doble cuando empezó a bramar Over the Wall con una potencia de sonido increíble y un volumen de escándalo. Esta vez la apertura del concierto nos pilló ya preparados en nuestras posiciones y todo fue disfrutar desde el primer minuto. Siempre he dicho que Testament es y ha sido siempre una de mis bandas thrash favoritas. Es por eso que, pese a haberles visto ya casi incontables veces, no deja de ser una ocasión especial cada vez que Eric Peterson y su horda de bárbaros toman el escenario. La calidad de sus temas, la fuerza de su directo, la pasión que derrochan… y la forma en la que se crecen ante su público les convierten en un valor seguro, una garantía de auténtico desfase. Y si encima traen un setlist como el de aquella noche, ya es para morirse. Casi ¾ partes basadas en sus dos primeros discos, con algunos destellos de sus dos últimos trabajos que también supieron a gloria y que cayeron en forma de Rise Up y More Than Meets the Eye, que con la tralla que mete, no me extraña que se haya convertido en una fija en sus directos. No hubo preámbulos ni concesiones al descanso. La bravuconería que demostraron Testament es fruto de una carrera sin fisuras y de un público que les adora y no deja de echar leña al fuego. Poco a poco Kurro y yo nos fuimos haciendo camino hasta las primeras filas mientras sonaba The Preacher, con esa malévola melodía y esa batería que machaca tus neuronas, con un Chuck Billy absolutamente impresionante, dándolo todo con las ganas del que se quiere merendar la noche. Asimismo, como dice el tema, First Strike is Deadly, y los Testament de esto entienden un rato, dando un ritmo frenético a sus conciertos. Normal que luego no te los quites de la cabeza en semanas. No sé si fue debido a alguna especie de aniversario u homenaje, pero lo cierto es que, para jolgorio de los fans de sus primeros trabajos, se cebaron mucho con “The New Order”. De hecho, hasta recuperaron temas que al menos yo no había visto casi nunca en directo, como A Day of Reckoning y Eerie Inhabitants, contagiando ese sonido tan malvado y oscurecido del thrash de mediados / finales de los 80. Y es que al mismo tiempo que se te va deshaciendo el cuello con tanta animalada, levantas la mirada y ves al bestiajo de Gene aplastando la batería (y más con este sonido tan cojonudo, ¡uf!), A DiGiorgio (felizmente reincorporado a la banda) y especialmente a ese combo de maestros Skolnick/Peterson tocando como dioses y sincronizados como dos relojes en esos descomunales riffs y solos… pero sobre todo, en primera línea de ataque, ves al Sr. Chuck Billy, con esa perenne sonrisa entre la maldad y la simpatía… y lo único que se te ocurre es cerrar los ojos y continuar en tus trece hasta que se te caiga la cabeza al suelo.

Vuelvo a insistir en el volumen y la bestialidad de sonido que acompañaba cada interpretación: La claridad de las primeras notas de The New Order, Trial by Fire (que placer ver a la banda con ese empeño, voluntad y energía), hasta pasar por Into The Pit, uno de los temas con los que más disfruto siempre, un tema que crea el perfecto caldo de cultivo para volver a las andadas de los circle pits y brutales mosh de lo más dementes. De todas formas, no sé si fue mi impresión, pero la gente se reservó un poco más con Testament, probablemente por dos razones: 1 – la guerra campal en que se convirtió el concierto de Exodus le deja a uno para el arrastre y 2 – La sala estaba tan tremendamente abarrotada que no había espacio para demasiadas florituras. Pero vuelvo a repetir, que gustazo ver una sala así de llena y con tanto calor y ganas flotando en el ambiente. Los temores a que todo fallara y mandara a tomar por culo esta gran actuación como sucedió la noche anterior se iban disipando. Disciples of the Watch es otra infalible e imprescindible para la participación de la peña, pura esencia thrasher de la que te pone a parir puño en alto. Me sigue resultando curioso que dejen casi para el final D.N.R. (Do Not Resucitate) y 3 Days in Darkness, dos temas seguidos de “The Gathering” que retumbaron en nuestra sien, posiblemente su disco más burraco y agresivo junto al “Demonic”, pero una decisión muy acertada para que nadie se duerma en los laureles antes de que el clasicazo Practice What You Preach termine de arrasar la sala, el recinto o donde coño quiera que toquen estos titanes. Volveré a decirlo: valor seguro. Testament no fallan. No tienen día malo ni setlist erroneo. Si no les has visto nunca te mereces un capón y ya estás tardando. SIEMPRE tuvieron y siguen teniendo los pies en el suelo y la cabeza en el Metal. Y eso, que a día de hoy son valores casi en extinción, se agradecen muchísimo.

Con la obligada despedida a los colegas terminó aquella inolvidable velada, pisando fuerte por la autovía para volver cuanto antes al pueblo mientras comentábamos ratos especiales y anécdotas del concierto. Todavía nos esperaba un cubatita de despedida. Al día siguiente, en lugar de mi merecido y bien ganado Domingo de 24 horas tirado en la cama, me tocó la penosa labor de presidir la mesa de un colegio electoral, pero tener que conformarme con 3 horitas de sueño no me frenó a la hora de acostarme a las tantas. Y es que si el concierto ya fue todo un triunfo, lo siguiente fue una especie de “celebración de la celebración”. Porque puede que noches como esta queden pocas. O no. Pero una cosa está clara: hay que vivirlas a muerte. Un esguince de muñeca y varias contusiones quedaron como medallas de guerra para el orgulloso recuerdo de aquella noche de los cuellos rotos.

_|,,| JaviMetal (Is The Law) |,,|_

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