sábado, 25 de julio de 2015

SanDful Edition (Rock Arena 2015, San Fulgencio, Alicante)

Que gustazo, oigan, cuando sucede que se acumulan las crónicas a relatar, señal del mogollón de conciertos que están surgiendo últimamente (y las previsiones, además, no podrían ser mejores). Aunque con bastante retraso, he aquí un rápido paseo por lo que fue todo el Rock Arena 2015. Y digo rápido porque si tuviese que entrar en detalles de todos los buenos momentos que pasé junto a tantos colegas, se haría interminable, aunque también es cierto que me faltaron muchos otros. Este año para mí ha sido la vuelta a los escenarios del Rock Arena, ya que el año pasado por problemas de pasta tuve que suprimirlo de mi poblada e inaccesible agenda. Un festival que con el tiempo se ha vuelto casi imprescindible, siempre con un buen puñado de grandes bandas nacionales, que vuelve al formato de un solo día y entrada gratuita que solo abandonó en aquella mítica pero devastadora edición de hace dos años, en la que disfruté de la compañía de tantos otros colegas. De todas formas, no se puede decir que el cartel haya retrocedido hacia algo más modesto ya que, por primera vez si no recuerdo mal, se incluye una banda internacional de bastante peso como son los thrashers americanos Death Angel. Y repito… ¡¡gratis!!. Así, casi a última hora, pasé por Alcoi para recoger a mi gran colega Juanmi y su encantadora chica para hacer el relativamente corto trayecto hacia la localidad de San Fulgencio, un viaje muy entretenido y animado con el Metal como tema central, con gente tan auténtica da gusto, y ciertamente se nos pasó en un suspiro. Una vez apalancado el coche en una de sus calles todavía medio vacía, sacamos el arsenal alcohólico para ir entrando en calor (y esto es un decir, ya que la temperatura era acojonante)

Entrando al recinto que tanto echaba ya de menos, fuimos a por algo fresquito para echarse a la panza y de paso, dar un voltio por los puestos todavía a medio montar, de ropa y accesorios varios, recordando también que habría carpa de firmas durante casi toda la tarde hasta altas horas. Poco después ya empecé a ver peña conocida, incluso a peña de mi propio pueblo que tanto extraño, como Toni i Belén, también a Indio, Paco, peña de Murcia, de Ontinyent, de Valencia… un ambiente ya óptimo para vivir el festival con toda intensidad, que además, era el primero de la temporada veraniega como suele ser costumbre en mi agenda, el que abre fuego para una larga lista de inolvidables eventos de mucho Metal y colegas.

Y a su vez, el grupo que abrió fuego aquella todavía joven tarde fue Scila, un grupo del que no tenía constancia hasta ese momento. Nos pilló en los exteriores, pero entramos a verles. De todas formas, cuando anunciaron su estilo (si no recuerdo mal, dijeron Modern Groove Rock o similar) no me entusiasmó mucho. Tampoco lo hicieron la mayoría de temas que trajeron al directo, pero no lo digo en plan cruel, solo que al ser un estilo que no me va demasiado tampoco puedo ser demasiado objetivo en este sentido. Eso sí, lo que sí puedo asegurar es que sobre el escenario se les vio compactos, dándolo todo con muchísimas ganas en cada tema, muy cañeros todos ellos, y si os soy sincero, incluso hubo algunos temas y  fragmentos que me gustaron bastante y que aun me hicieron mover el cuello. También se notaba que tenían su propio público, ya que fueron la única representación de tierras alicantinas en el festival.

El calor apretaba, pero no llegaba a agobiar tantísimo como en la celebración de hace dos años, en la que pasamos un verdadero calvario bajo el Lorenzo. De todas formas, nunca estaba de más echarse algo al gaznate para refrescarse. Turno a continuación para los gaditanos Guadaña, que seguro que notarían un gran cambio de temperatura respecto a su tierra. A pesar de que no les he seguido con asiduidad, guardo un más que buen recuerdo de su actuación en aquel Gineta Rock 2012, cuando les descubrí por primera vez sobre los escenarios. Sonido a Heavy Metal clásico, duro pero original al mismo tiempo gracias a la combinación de voz masculina y femenina. De todas formas, por decisión casi unánime, decidimos escuchar de fondo su concierto mientras nos tomábamos unas birras, unas piñacoladas y no se que más brebajes en el maletero de mi maltrecho coche, en donde también hizo su aparición el colega Mauricio, con quien nos echamos unas risas. Daba gusto ver como cada vez más peña se unía a la fiesta y como crecía el nivel de buen rollo.

Pero sí, en verdad ya iba tocando tomarse la cosa más en serio, y ya advertí que mi vuelta al recinto sería para quedarme, aunque fuese solo. En efecto, allí estuve al pie del cañón para ver la actuación de Mutant Squad, nada menos que desde Santiago de Compostela, unos thrashers con muchísima actitud y un sonido rudo y agresivo, bastante enguarrado por momentos y con mucha fuerza. Pero por encima de todo, lo mejor del concierto que ahora paso a describir fue el tremendo feeling y química que tuvieron con su público. Seguro que más de uno como yo hizo su gran descubrimiento con esta banda a la que auguro un gran futuro. Para empezar, ya puedo decir que desde el principio la gente estuvo entregadísima. Los moshpits salían solos, sin ni siquiera piques o peticiones por parte de la banda, la propia rabia de los temas hacían estragos entre las ansias de la gente por repartir leches a mansalva. Por otra parte, la comunicación de la banda fue genial, con mucha simpatía y desparpajo también ayudó, presentando los temas (que sonaban muy muy cañeros). Su thrash acelerado y burro tenía sello de identidad, aunque quizá no hayan descubierto nada realmente nuevo, pero solo escuchando su disco su disco ya te das cuenta que esta gente se lo toma muy en serio, y en directo se dejan la piel, exhibiendo su sonido que tiene en ocasiones no pocas influencias de bandas como Pantera. De hecho, incluso la guitarra del cantante y solista era un modelo similar al del Dios Darrel. Hicieron varias bromas de tocar una versión de los mismos, pero finalmente fueron dos las que cayeron, la sorprendente Supernaut de Black Sabbath, con ese riff cojonudo que revistieron con su sonido más grueso y chirriante (incluso llegó a provocar unos mosh de lo más bestiajo), y la ya más típica Refuse/Resist de los hermanos Cavalera, que ya casi dio el puntazo final del bolo. Garantizado que el escuadrón mutante amplió su club de fans aquella tarde, al menos yo ingresé seguro :D, aunque preferí no desmadrarme demasiado entre circle pits y walls of death.

Mucho me habían hablado y muy bueno de los valencianos Exodia, y no solo colegas de la banda y gente que les conocía desde su nacimiento, sino gente afín al thrash metal y en general mucha peña de por la zona, que les tienen en un auténtico pedestal. Ocasión perfecta para comprobar si las habladurías eran exageradas o la banda realmente se ha ganado esa fama con dos cojones. El nivel de público aumentaba al mismo tiempo que lo hacían las ganas de buen Metal, y es que por ahora (y lo que quedaba todavía) este Rock Arena 2015 ha tenido uno de los carteles más tralleros de su historia. Y esta gente, a pesar de que según tengo entendido empezaron haciendo un Heavy Metal ya bastante duro, se fueron moviendo con el tiempo hacia terrenos más thrashers hasta convertirlo en su estilo principal. Y doy fe de que es lo suyo. Me extraña no haberles podido ver antes siendo de tan cerca, pero también es verdad que en esta primera vez disfruté de lo lindo, sudando la camiseta junto a ellos y ya metiéndome un poco más en lo que venia siendo la fiesta padre que se montaba en el centro justo bajo el escenario. Otra banda que se ganó a su público a base de actitud, headbanging y unos riffs brutales, con los que mantener el cuello quietecito era prácticamente imposible. Todos y cada uno de los miembros de la banda demostraron ser unos cafres de cuidado, saltando y zarandeándose como posesos, y contagiando a la gente con ese espíritu de locura que se intensificó todavía más, si cabe, en la recta final. Los últimos temas fueron realmente devastadores y fue mi intervalo favorito del concierto, donde solo se escuchaban gritos y todos contra todos formaron una de las mayores algarabías de la tarde, que ya se iba transformando en noche para dejar paso a uno de los momentos más esperados por mí de toda la jornada.

Y no hablamos de una banda cualquiera del montón. Mucho, demasiado tiempo ha pasado desde la última vez que tuve el placer de verles en directo. Que Opera Magna son unos fuera de serie es algo que ya tengo más que claro y asumido, pero lo de aquella noche no hizo más que aumentar mi devoción por ellos y además gozando de uno de los mejores sonidos del festival. Estaba claro que el giro estilístico que iba a dar la noche no sería plato de buen gusto para todos, pero yo aquí me encontraba en su salsa, ansioso por que comenzaran. Era de prever que la espina dorsal del setlist iba a ser su relativamente reciente EP, un excepcional trabajo llamado “Del amor y otros demonios” que ya me “trabajé” a conciencia en su día, y del cual espero su continuación como agua de Mayo. Precisamente con Por un corazón de piedra comenzaron, momento espectacular y salida a escena de una de las mejores bandas que ha dado el Power Metal nacional, y que hicieron honor a su renombre en tan solo unos segundos. Me encantó como sonó, me entusiasmó como llevaron al directo toda esa carga sinfónica y sobre todo, me impresionó el gran José Vicente Broseta, cuando apenas comenzando a calentar su voz ya se atrevió con Corazón Delator y ese tremendo ejercicio vocal, especialmente en la recta final del tema, demostración soberbia de poderío y dominio absoluto de modulación. La herida, con esos magníficos y virtuosos teclados, les sirvió para continuar con la presentación de su último (y demasiado corto) EP, mientras que El fuego de mi venganza me trajo ese puntito de nostalgia al recordarme grandes tiempos con aquel discazo llamado “El último caballero”, un clásico para mí que aun de vez en cuando sigue sonando a toda hostia en mi morada. Sorprendentemente, tocando varias de su segundo disco, decidieron que una de ellas fuese la propia Edgar Allan Poe, una soberbia pieza de 10 minutos que encajó de perlas en el setlist, con muchos y variados registros y una teatralidad excelente por parte del vocalista, que nos mostró esta faceta durante la hora que duró el show de la banda. Alternando sin parar temas de sus tres discos, llegó Un sueño en un sueño con esos grandiosos aires neoclásicos mezclados con power épico. La gente cada vez más animada y devota a la banda, aunque obviamente no se armó la misma algarabía que con las bandas anteriores. Sin embargo, tras un entretenido “pique” entre los músicos seguido de Entierro Prematuro, la cosa se animó bastante de cara a la segunda mitad, salvando en Después de ti, la balada, que me enamoró en directo y recibió sonoros aplausos tras terminar. Y si la interpretación en general de Broseta es espectacular en todos los sentidos, quizá (solo quizá) no estemos hablando del músico más impresionante de la banda, dicho honor recae, en mi opinión y por las veces que les he visto, en el todopoderoso F. Javier Nula, un portento asombroso a las 6 cuerdas, con una técnica y una pasión desbordante, de esos guitarristas que, cuando tocan, dejan a todo el mundo con la boca abierta. Y no es que los demás sean moco de pavo, tanto Enrique como Alejandro (rítmica y bajista respectivamente) no carecen precisamente de esas habilidades, Rubén llena todo el espacio con la magia de sus teclados, y la batería de Adrián retumba con sus ritmos variados, potentes e incluso con dejes progresivos en ocasiones, pero de verdad, es que lo del Sr. Nula no tiene nombre ya. Para concluir con la presentación de “Del amor y otros demonios” llegó Oscuro Amanecer, perfecta ocasión para demostrar de nuevo la impresionante calidad de todos los músicos, con fragmentos tirando a progresivos y grandes solos de teclado / guitarra (aunque aquí si que eché de menos más fuerza en los coros y orquestaciones). De nuevo Broseta alcanzando unos tonos deslumbrantes. Un relámpago recorrió mi piel con el comienzo de El Pozo y el péndulo, dándome cuenta de que este temazo solo podía ser el principio del fin, frenético, con una fuerza atronadora, ese doble bombo, ese pedazo de estribillo, esa poderosa melodía épica… y Broseta bordando cada puta nota… joder, me encanta, y os aseguro que me dejé la poca voz que me quedaba, guardando tan solo un atisbo para Horizontes de gloria, otro portento de tema y su más reluciente bandera de presentación, temón épico, power metal sin complejos que levantó la mayor polvareda del concierto puños en alto (incluso algún que otro mosh jeje). En resumen, una delicia de concierto que no hizo sinó ponerme los dientes largos ya pensando en volver a verles en el Leyendas. Sencillamente, les adoro.

Ya no podía aguantar más tiempo sin comer por mucho que quisiera, pero el tiempo apremiaba, porque los horarios estaban bastante bien cumplidos y no podía permitirme desperdiciar demasiado tiempo haciendo cola, pero por otra parte, tanto tiempo sin comer y solo beber me estaba quitando las fuerzas, así que me fui a por un apetitoso bocata de longanizas dentro de la escasa variedad (aunque no lo digo como queja) que ofrecía el festival. Antes de que el torbellino que se aproximaba desde la Bay Area de San Francisco golpeara con fuerza la acogedora y tranquila localidad de San Fulgencio, el ambiente era inmejorable, fotos con muchos colegas, desfase, risas y una pasión en común que se trasladaba a la mayoría de las conversaciones.

El escenario se iluminó con intensidad y ahí estaban ellos, aprovechando su paso por España, incluyendo una fecha dentro de su extensa gira, los míticos thrashers Death Angel. No se anduvieron con zarandajas a la hora de explicar a qué habían venido, y su carta de presentación no pudo ser mejor. Left for Dead, de su último trabajo, abría las puertas del infierno. Todo el escenario desprendía un sonido devastador, con una fuerza que hacía temblar la tierra y seguramente los oídos de más de uno. Si ya de por sí había resultado ser muy bueno en el resto de actuaciones (o en la mayoría) los americanos se quedaron con la mejor parte sin lugar a dudas. Ahí estaba esa brutal Claws in so Deep para corroborarlo, con una mala uva además por parte de toda la banda que te hacía vibrar. Empezaron fuerte, muy fuerte, y acojonaron al personal, tanto a los primerizos como a los que ya les habíamos visto en alguna ocasión. La mirada agresiva del vocalista y su actitud a la hora de dirigirse a nosotros dejaba las cosas claras: no habían venido a bromear, y demostraron con creces una actitud sólida y orgullosa. Fallen es, probablemente, mi tema favorito de su último trabajo, el cual es soberbio, comparable a otras obras de grandes bandas de los últimos tiempos, como los de Overkill, Exodus, Annihilator… Realmente digno de machacar hasta que te sangren los oídos. Impresionante como ahora el batería aporreaba su instrumento con Voracious Souls, con fuerza, con rabia, y por supuesto acompañado por la contundencia de un sonido casi perfecto. Un tema, además, que hacía mucho tiempo que no llevaban al directo, y siendo parte de su primer álbum (el que más he escuchado) me hizo saltar hasta dejarme hecho polvo. Y eso que vimos el concierto lejos de las primeras filas donde se estaba armando un mogollón increíble. Y sobre el escenario la cosa no se quedaba atrás, con Welcome to the 3rd floor… riffs cabalgantes, headbanging, despatarramientos con máxima actitud, y una potencia que hacía dudar a uno de que pueda continuar existiendo en una banda con casi 30 años de existencia. Eso sí, la formación ha cambiado mucho desde sus inicios, y tan solo Rob Cabestany y el vocalista Mark Osegueda continúan desde principios de los 80. Aun así ninguno de los músicos estuvo por debajo de los demás ni, por supuesto, por debajo de las expectativas. The Dream calls for blood comenzó con un estático Mark que poco tardó en desbocarse al frenético ritmo de una batería atronadora y unas guitarras lacerantes como pocas he escuchado. A veces sorprende que en un festival tan humilde pueda llegar a escucharse así de acojonante un concierto y después en otros consagrados algunos bolos suenen como el culo. Bored no sonó precisamente aburrida (no es precisamente el mensaje que quiere transmitir), aunque dentro de la impresionante tralla que estaban metiendo, levantó un poco el pie del acelerador. Pero poco duraría esta ligera sensación, ya que poco después comenzaría el entusiasmado y casi heavy riff de Ultra Violence, volviendo loca a la gente (que no éramos pocos precisamente) y volviendo a montar unos saraos de agárrate y no te menees. Excelente tema para marcar el principio del fin, y empalmada con la brutal Thrown to the Wolves (y única representación, si no recuerdo mal, del “The art of dying”). Solo con pronunciar el título ya casi se me salen volando las cuerdas vocales, y es que este estruendoso corte acabó de reducir a cenizas toda vida que pudiera quedar. Para el que pensara que al venir como cabezas de cartel vendrían más desganados o “acomodados” no pudo estar más errado, ya que, además de poner toda la puta carne en el asador, estuvieron, por medio de su vocalista, tremendamente comunicativos y con una actitud que absolutamente nada tiene que ver con otras bandas más consagradas de su misma época (no voy a decir nombres, todos conocemos el ejemplo perfecto jeje). Sudando a saco y con un dolor tremendo de cuello terminé su concierto. ¡Y junto a buenos colegas como Choche y Marc! ¡¡Arrolladores!!

Digamos, como regalo de despedida del festival, allí mismo comenzaron poco después su actuación Tributo a Metallica. Ganas no faltaban de escuchar sus temas en directo, pero a decir verdad, los tributos, como ya he dicho en numerosas ocasiones, no me atraen demasiado, por lo que nos dimos una vuelta para así despedirnos de este pueblo que cada verano nos hace disfrutar más. Algún tema como Blackened o Fade to Black pillamos, y la verdad, salvando ciertos detallitos, no se puede decir que lo hicieran nada mal, incluso el sonido era fiel al de los primeros tiempos de la banda (los Metallica de verdad) pero con el cansancio acumulado de la tralla y el calor de todo el día, no eran suficiente aliciente como para quedarnos allí.

La vuelta, a horas bastante avanzadas de la madrugada, resultó dura, muy dura, por lo intenso de aquel fin de semana, pero siempre se agradece ir acompañado de un buen colega y comentar la jugada entre otros temas. Otro año más de Rock Arena del que vuelvo satisfecho y con pensamientos muy positivos, sin sorpresas desagradables ni movidas raras al volver al pueblo como cierto año. Fue también mi redención por haberme perdido la anterior edición. ¡¡Hasta el 2016, Rock Arena!!

_|,,| JaviMetal (Is The Law) |,,|_

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