domingo, 6 de septiembre de 2015

El más esperado Leyendas (Leyendas del Rock 2015, Viernes 07-08-15, Villena, Alicante)

Otro amanecer en la tierra de Leyendas, otras tantas promesas en forma de conciertazos y ambiente inmejorable… pero esta vez realmente bien acompañado. A eso de las 9 largas de la mañana nos levantamos medio dando tumbos, pensando en el planazo que nos esperaba, y ojo, no estoy hablando de el del propio festival, que eso va aparte, sino a la maravillosa mañana de relax que nos íbamos a meter en el cuerpo. Y es que la ocasión era inmejorable. Meri y yo salimos hacia Banyeres, asqueados de tanto calor en la tienda (aunque eso sí, morralla comparado con otros años) y decididos a sufrir lo mínimo para disolver todo el cansancio acumulado a través de tres conceptos bien sencillos: piscina, cubata y comilona. De esta forma uno se asegura terminar el festival hasta que el cuerpo aguante. A parte de todo esto, que ya es una forma fantástica de empezar el día (por cosas como estas, ha sido el mejor Leyendas de la historia para mí), el cartel del viernes era en mi opinión el más potente, variado y afín a mis gustos. Quizá la mayoría eran bandas más o menos típicas que ya he visto cantidad de veces en directo, como Doro, Edguy o Saratoga. No lo digo con intención de que fuese repetitivo ni mucho menos, pero sí es cierto que mi mayor ilusión eran esas bandas que no se dejan ver demasiado por aquí (y menos por Leyendas) como los divertidísimos The Darkness o Reckless Love. Repito mi petición de todos los años: ¡¡¡EL LEYENDAS NECESITA MÁS HARD ROCK!!! Aunque al menos con esto ya tenía para saciar mis ansias. Después, punto de especial interés, esa gira de ensueño llamada Rock Icons, algo que probablemente suceda una vez en la vida.

Otro aliciente para disfrutar de esta gran jornada que nos esperaba era la unión al grupo de mi gran amigo Rafa. Y con Kurro, ya éramos 4 los que fuimos haciendo camino hacia el Leyendas. Por el trayecto, el clima no parecía que fuese a ser muy amable. Primeros avisos de lluvia incluso antes de salir del pueblo y un calor que parecía cargado de tormenta eran las grandes dudas sobre como se desarrollaría aquel viernes. En cualquier caso, la principal idea era disfrutar pasara lo que pasara, y esa debe de ser siempre en un festival. Desgraciadamente, dentro de la tónica que se repetiría, por A o por B durante todos los días, llegamos ya en los últimos compases del concierto de Orphaned Land, una banda a la que me hubiese hecho mucha ilusión volver a ver, esta vez que les conocía mucho más. No pudo ser, y en lugar de acercarnos a ver los últimos acordes, decidimos disfrutar de un buen rato de Azrael, que todavía llevaban su concierto a medias. No es una banda precisamente difícil de ver en Leyendas, pero ellos mismos se han ganado su rinconcito perenne entre todas esas bandas de superlujo que inundan el cartel estas últimas ediciones. Porque, siempre que les he visto, lo dan todo sobre el escenario, y miman cuidadosamente su setlist para ofrecer temas conocidos y adorados por la gran mayoría que les haya escuchado. Ya recuerdo que dieron un buen concierto en el 2012, y ahora, con la misma formación si no me equivoco (al menos, mismo vocalista seguro) me parecieron mejores todavía. Y no os fiéis de que fuese en el Mark Reale, porque sonó realmente bien. La batería era contundente, y las cuerdas junto con los teclados formaban una buena pared de sonido, bastante clara y detallada. Precisamente el teclado es uno de los motivos por los que me gusta esta banda, saben meterlo bien, sin abusar, utilizando para dar más épica a los temas. Cortes como Castigo, de su más reciente disco (que no conocía) o Entre la Espada y la Pared animaban de lo lindo a mover la quijotera, aunque fue Vuela el que más me gustó de todos. Sonido bastante bueno como digo y muchas ganas sobre el escenario.

En una carrera, llegamos a tiempo todavía de ver los últimos temas de Turisas, una banda que tenía como fija en mi running order personalizado (el mismo cutre que me hago todos los años jeje) pero que debido a la improvisación de primera hora solo pudimos ver la recta final. Y esto hay que decirlo, al menos desde donde estábamos, sonaron realmente bien, con una calidad general bastante superior a la media de este festival. Turisas, para quien no les haya visto en directo, son una auténtica fiesta vikinga, un repertorio de temas plagado de épicas batallas y melodías que te saben llegar y una escenografía muy cuidada, con sus clásicas pinturas rojas y un mural de los más bonitos de todo el festival. Dicha fiesta ya llevaba un buen rato montada, y la peña estaba on fire, escuchando The Great Escape, con mucho bailoteo y puños en alto, desfilaron sobre todo temas del “Stand Up and Fight” (el trozo que vimos) como Hunting Pirates, aunque por supuesto también hubo lugar destacado casi al final para una de sus piezas maestras, Battle Metal, con la que tanto el grupo como el público nos lo pasamos de muerte. Los teclados sonaban altos y claros, algo imprescindible en una banda con un estilo tan épico, y dotaban de mucha fuerza al concierto. Y es que todo fue precisamente eso, una batalla metalera donde tanto curiosos como fanáticos disfrutamos de uno de los ratos más divertidos del Leyendas 2015.

Repetir con Refuge con tan solo 2 semanas de diferencia (ya les vi, aunque no completos, en el Rock Fest), lejos de ser algo costoso, fue un verdadero placer. Músicos tan grandes y experimentados no se ven todos los días sobre un escenario, empezando por “Peavy” Wagner, quien cantó de auténtico lujo, incluso mejor que en Santa Coloma. El sonido regulero hizo que algunos grandes temas pasaran un poco desapercibidos y carentes de brillo, como los primeros Time Waits for No One (que por cierto, no tocaron allá arriba) o Solitary Man, que sí me quede con ganas de escuchar mejor. Para ser un pedazo de batería, el instrumento de Cristos se escuchó demasiado distorsionado. Eso sí, como espectáculo visual vale la pena de todas todas. ¡Parece que por momentos la batería se le queda pequeña! Como aporrea el tío, especialmente en los temas de más vena power como Power and Greed. Otras piezas ya conocidas de la banda como Death in the Afternoon o Enough is Enough, con esos estribillos tan pegadizos, continuaron convenciendo a la peña. Es encomiable que toquen Invisible Horizons, ya que Peavy se las vio bastante putas para cantarla, a pesar de seguir conservando un buen vozarrón que aun puede pronunciar esos grandes agudos cuando quiere. Si hubo una gran sorpresa en el repertorio, esa fue Waiting for the Moon, uno de sus temas más heavys, que no esperaba para nada. Aquí el vocalista ya se mostró más prudente en las partes más altas. No tocaron nada más allá de su séptimo disco de estudio (como la misma The Missing Link) y esta vez dejaron la cañera Firestorm para el final, al contrario que en Santa Coloma, junto con la imprescindible Don’t Fear the Winter, que fue el sprint final del bolo.

Nada más terminar el concierto de Refuge (que esta vez sí que me dejó satisfecho al 100%), corriendo hacia el escenario contiguo, Jesús de la Rosa, para vivir uno de los momentos más esperados, únicos y especiales de todo el festival y a nivel personal quitarme una espina enorme que tenía clavada desde hace la tira. El nombre de la banda, Rock Icons, probablemente no diga nada a primera lectura, pero si hablo de estrellas como Eric Martin y Joe Lynn Turner, y los junto en el mismo escenario, la cosa ya cambia radicalmente. De una gira tan especial, que junta a estas dos leyendas, no podía salir nada malo. Y eso que también debería estar hablando de Robin Beck y Steve Augeri, pero desgraciadamente (esto sí se podría contar como un punto negativo) el conjunto llegó mutilado al Leyendas 2015. De todas formas y por suerte, eran los dos vocalistas que más ganas tenía de ver. Cierto que a Eric Martin (una de mis debilidades) ya le he visto un par de veces junto a Avantasia, pero nunca cantando los temas de su banda, Mr. Big, una banda que adoro profundamente. Por otra parte, a Joe Lynn Turner nunca le he visto en vivo y era algo que no me podía perder ni estando en coma. Pero mi cara de emoción debió de ser un poema cuando el bueno de Eric, junto a la magnífica banda que le acompañaba, salió al escenario y tras unas palabras amistosas, empezaron a tocar Daddy, Brother, Lover, Little Boy… ¡¡casi me desgañito allí mismo!! Y mira que ya estaba bastante afónico, pero fue apoteósico, bastante buen sonido y una banda cojonuda, empezando por el virtuoso Jorge Salán, que hacía las veces de guitarra solista en esta ocasión (así de paso maté varios pájaros de un tiro, pudiendo disfrutar de su talento). Seguidamente, otro subidón de serotonina con la rockera Alive and Kickin’, con Eric todavía. ¡¡Casi no podía creérmelo!! Vaya repertorio nos esperaba cuando ya, con mucho buen rollo, el vocalista pasó el protagonismo a otro grande en la historia, Joe Lynn Turner, quien iba a encaminar el concierto con sonidos más clásicos, sobre todo de su época en Rainbow, que fueron las elegidas para su fulgurante salida, todo un espectáculo que nadie en su sano juicio debió perderse. Poder disfrutar de esa energía de Death Alley Driver o las maravillosas melodías / estribillo de Spotlight Kid. Y joder, vaya voz conserva el tío… para quitarse el sombrero. Hay estrellas que actualmente están estrelladas, y el resto, y Joe forma parte del segundo grupo sin duda. Talento, motivación, clase, chulería… se comió literalmente el escenario nada más salir a él. ¡¡Qué jodido crack!! Sin embargo, ninguno de los dos tenía afán de protagonismo, se respiraba muchísimo buen rollo entre ellos, cada vez que coincidían para cambiar. De nuevo Eric Martin sobre el escenario, deslumbrándonos con su presencia y su voz en Addicted to that Rush y por los músicos que llevaba detrás, con ese maravilloso pique entre guitarra / bajo al principio del tema. De hecho, llegó a haber un momento en que dudaba si era Billy Sheehan el que tocaba el bajo, para darme cuenta finalmente de que era Ken Sandin (curioso look). En cualquier caso, demostraron ser músicos de primera, muy dignos de estar en ese irrepetible evento. Cuando Eric Martin se colgó la guitarra y nos dijo que iba a tocar algo más relajado que se escapaba un poco del estilo, ya pensé automáticamente en To Be With You, y no me equivoqué. Os juro que casi me hace saltar una lagrimilla mientras la cantaba a pleno pulmón, acompañado por todo el mundo haciendo los coros en el estribillo, fue un momento inolvidable que mi memoria retendrá para siempre. Eric estuvo fabuloso, adaptando los temas a sus posibilidades actuales (que aun son enormes, ojo) como el gran maestro que es. Llegados a este punto, la lluvia no pudo contenerse más, y es que se veía venir. Justo cuando venía la parte en que ambos cantantes se subían a cantar clasicazos como la siempre bienvenida Smoke on the Water, I Surrender (jodidamente vibrante) o Man on the Silver Mountain, el cielo comenzó a descargar a un ritmo alarmante. Aguantamos hasta el límite, pero al final, con la icónica Long Live Rock’n’Roll, tuvimos que irnos, eso sí, con la cabeza bien alta y sin dejar de mover la cabeza, a refugiarnos al Mark Reale. No pudimos despedirnos de ellos como es debido, pero debía estar a punto de terminar y me fui orgulloso de haber asistido a tan magna experiencia.

Sin embargo, no hay mal que por bien no venga. Cobijados por el techo del Mark Reale, pudimos, tras esperar un ratito secándonos, disfrutar de unos cuantos temitas de los míticos Angel Witch, banda cuyos orígenes nos llevan casi a los inicios de la NWOBHM, y que aun siguen ahí, metiendo cera por los cuatro costados. Ya que en principio no iba a verles, fue una gran oportunidad para poder ver que tal suenan en directo. Probablemente el sonido no fuese el mejor, ni el recinto para tocar, pero había bastante peña y pude reconocer temas bien guapos como Gorgon y Confused y apreciar la garra y empuje que todavía tiene la banda en directo, aunque claro, era la primera vez que les veía y tampoco podía comparar con veces anteriores. Según leo, no venían con la formación original completa, aunque su motivación si lo estaba a la hora de desgranar temas con toda la pasión del mundo. Puro Heavy Metal con dos cojones.

Una vez comprobado que la lluvia había amainado al 99% (todavía caían algunas puñeteras gotas) nos dirigimos corriendo de vuelta al escenario Azucena donde llegaba el turno de unos que procuro no perderme nunca, pese a que ya no me digan tanto como las primeras veces que les vi: los alemanes Edguy. Desde que el Sr. Sammet (y lo sigo escribiendo con mayúsculas, que conste) reniega del Power Metal, para mí sigue siendo una gran banda, pero muy alejada de esa pasión que despertaba en mi. Tears of a Mandrake, que un día fue mi tema favorito, nos hizo acelerar el paso, al menos hasta llegar a los puestos de comida, donde nos zampiñamos un bocata de ternera que por cierto, estaba cojonudo, sin dejar de disfrutar del directo del tema. Poco a poco nos acercábamos, litro de calimotxo en mano, hacia el escenario, donde sonaba la siempre divertida (y que más vale que no abandonen nunca) Lavatory Love Machine, que puso una sonrisa en mi cara, creándome más ganas todavía de acercarme. Lástima que el recinto estaba ya petado de peña y nos tuvimos que conformar con posiciones más alejadas. En cualquier caso, pese a que la banda ha cambiado bastante en los últimos discos, la actitud es algo que, al menos los músicos, siguen teniendo bien presente. Da gusto ver las melenas de Jens Ludwig y Dirk Saber entrecruzándose mientras vuelan al viento, interpretando los increíbles solos de temas como Vain Glory Opera y sobre todo Babylon, dos de los temas que más me pusieron a 100, a meter headbanging a saco y a dejarme las cuerdas vocales. Dos temas que el propio Tobias había dicho que quería sacar de su directo (de hecho, ya lo hizo con Babylon durante un tiempo) y que fueron mi gran alegría, junto a alguna otra más actual, como Space Police, que no supe apreciar tanto. Remesa de temas de su segunda época para terminar, aunque por supuesto no exentos de magia o pasión, tampoco de diversión por parte de Tobias, que no paraba de hacer hilarantes comentarios y animar a la peña. Superheroes es pura diversión, ideal para desmelenarse, cantar y bailar según te salga de los bajos, y Save Me supuso, personalmente, uno de los momentos más bonitos de todo el festival junto a mi chica. Una balada quizá excesivamente pop, pero que tiene un “algo” que te llega, creando un ambiente que luego rompieron con la cañera y cachonda Fucking with Fire (Hair Force One). Estaba claro que faltando King Of Fools no nos iban a sorprender con nada del “Savage Poetry” o del “Kingdom of Madness”, pero siempre he pensado que hay temas mucho más brutales de su espléndido “Hellfire Club” para despedirse.

Llamadme moñas si queréis, pero yo lo de The Darkness no me lo podía ni quería perder. Es más, hablamos de una de las citas más ineludibles del Leyendas para mí. Para una vez que tengo la oportunidad de verles, no me la iba a perder. Y una de las cosas que me olía (y luego ya confirmé, y es que la experiencia es un grado jeje) es que iban a tener un sonido de puta madre. Y es que, sigo sin saber porqué exactamente, los cabezas de cartel de los festivales suelen sonar infinitamente mejor que el resto de bandas. En este caso la norma se cumplió a rajatabla nada más comenzar con Black Shuck y Open Fire, eso sí, con una pega, el volumen estaba muy bajo, y no era cosa de mis maltrechos oídos. Growing on me hizo que me recorriera un escalofrío de nostalgia por aquellos grandes tiempos en los que este disco formaba parte de mi vida… con el tiempo todo parece mejor de lo que era. Uno de los temas que más esperaba, que no fue precisamente el mejor sonido, pero perfectamente interpretada por una banda que salió con fuego en el cuerpo, y no solo el descarado Justin Hawkins, haciendo un papel extraordinario de frontman, sino también el resto de la banda, animadísimos y divertidos, a cada cual con unas vestimentas más estrafalarias. Justin no parece el mismo con el pelo corto, pero su actitud ha cambiado bien poco. De hecho, ya con la temprana One Way Ticket hizo arrancar ovaciones en forma del típico “oe oe oe”, la primera vez que lo presenciaba en esta edición. Poco a poco el sonido fue subiendo en intensidad y volumen para ser prácticamente cristalino con la conocidísima Get Your Hands Off of my Woman, un hit de entre los muchos que tocaron, solo impecable y voz sorprendentemente parecida al disco. A pesar del a veces cutre falsete de Justin, parece que no ha perdido fuelle con los años. Tiempo para ponerse "rockmanticos" con Love is Only a Feeling (siempre me encantó pese a su moñería), seguida de la floja Barbarian. Más allá de los temas, la banda continuaba en plena forma, cuando sobre estas alturas, se mostraron un tanto arrogantes (supongo que en plan coña) cuando, cesado ya el riesgo de tormenta, volvieron a alzar su telón de fondo. La mayor sorpresa del concierto, inesperada y fabulosa, llegó en forma de Givin’ Up, la canción más cachonda y desternillante que he escuchado sobre meterse un chute jejeje. Y ese solo… pura adrenalina y pasión, señores. Poco a poco, el bueno de Justin se fue quitando ropa hasta llegar a quedarse en gallumbos, sacando algunas carcajadas entre el público. Esto sí que es hacer el payaso con clase y no lo de Gigatron. De su primer “Permission to Land” eligieron los temas más cañeros, como la movidita Stuck in a Rut, dejando a un lado los más ñoños. Con este tema de fondo y seguidamente I Believe in a Thing Called Love, nos fuimos alejando al Mark Reale, donde esperaba uno de los conciertos más deseados por mí desde que les confirmaron.

Los suecos Reckless Love no suelen prodigarse demasiado por aquí y era mi gran oportunidad, que no pensaba desaprovechar a pesar de tener que perderme los dos últimos temas de The Darkness. Por cierto, he de decir que, por una extraña confusión en mi horario personalizado, no llegué a ver los 30 minutos que tenía planeados de Freedom Call, algo que me dolió en el alma, ya que les he visto muy pocas veces y es una banda que me encanta. Espero que vuelvan pronto a España para poder remediar esto. Pero vamos al turrón. Dejando a un lado que comenzaron con la magnífica Night on Fire, que pensaba que dejarían para el final, el comienzo fue francamente… decepcionante. Los instrumentos se escuchaban como el culo, y la voz de Jalle Verne (bajista) se escuchaba muchísimo más que la de Olli. Y por cierto, cantaba horriblemente mal, tanto que deslució un tema tan esperado. Suerte que estos problemas se resolvieron muy pronto y ya para la frenética So Happy I Could Die (precisamente como me sentía yo en ese momento) pudimos disfrutar de la banda en toda su plenitud y su energía, pero destacando en todo momento a Olli, que no tendrá la mejor voz del mundo, pero sabe conectar profundamente con el público (incluso alguien por ahí le declaraba su amor eterno). Otro tema de los más esperados por mí, la melódica On The Radio, que me encanta, y que canté con una sonrisa en la cara, que no se fue ya en todo el concierto, mientras disfrutaba de un momento tan esperado durante todo este puto año tan largo. Alternaron temas más heavys, como Badass (muy “guns’n’rosiana”), con otros más suaves como Dance, cuya interpretación y llevada al directo me pareció sublime para un tema… distinto y genuino. Olli seguía recorriéndose y comiéndose el pequeño escenario (merecían tocar en alguno de los principales a todas luces, joder…) y coleccionando aplausos y gritos, mientras que en la retaguardia el batería, Hessu, seguía repartiendo caña con estilo. A pesar de que lo suyo es el Hard Rock de la nueva ola sueca, una pequeña declaración de principios llegó con I Love Heavy Metal, una de las más coreadas. Como podéis daros cuenta los que seguís a esta banda, absolutamente todos los temas fueron singles y hits de la banda, como Back To Paradise, no se anduvieron con riesgos a la hora de triunfar en directo, pero el final fue sencillamente delicioso, con Born to Break Your Heart, y sobre todo la fantástica Hot, que Olli, seguido de su público, comenzó a cantar a capella. Seguidamente, esos primeros toques de bajo nos pusieron a todos a saltar hasta tocar el techo. Cuanto tiempo deseando que llegara este momento. Os puedo asegurar que, por disfrute y ganas, fue con diferencia el concierto que más corto se me hizo de todo el festival. Simplemente geniales, ¡¡grandes Reckless Love!!

Corriendo como alma que lleva el diablo de nuevo para intentar ver todos los temas a los que llegáramos de Warcry, deseando poder llegar a algún momento realmente especial para nosotros que al final no sucedió, pero pudiendo disfrutar de la última parte de El Guardián de Troya (con un grito, por cierto, más largo de lo habitual). Ya estaban en pleno apogeo y no había quien les parase los pies. Cuando Tu Mismo empieza a sonar, es garantía de voces al unísono, pasión y un himno que nos une a todos, aunque para mí no tanto como esa inesperada Trono del Metal, que hacía mucho tiempo que no veía en directo. Deberían, visto lo visto, recuperarla para el directo de forma perpetua, uno de los temas que más éxito tuvo entre los fans. Como les vimos de muy lejos, no puedo concretar detalles visuales, solo decir que Víctor no está en su mejor momento como vocalista, pero puede que sí como frontman, y es que no permite que nadie se quede parado ni un segundo predicando con el ejemplo. Algo de lo que me percaté es que, a pesar de ser un setlist elegido por los fans, no distó en exceso del que suelen hacer normalmente, algo que me hace pensar que los que votaron, o bien no se lo curraron demasiado, o bien tiraron conocen solo los 4 temas de siempre y tiraron por el camino fácil (joder, con lo que hubiera triunfado Reflejos de Sangre ahí…). En cualquier caso, siempre es un placer verles terminar empapados en sudor con Hoy Gano Yo, todo un himno que no aburre nunca. Por cierto, cuando poco tiempo después me enteré de que habían tocado Nana justo antes de El Guardián de Troya, casi me da un pasmo.

Doro Pesch, la reina del Metal por antonomasia, tan querida y vista por estas tierras, era otro de los conciertos con los que me iba a quitar una espinita, concretamente la de hace dos años, cuando tuve que perdérmela por comprometerme a demasiadas cosas con demasiada gente. Este año iba a ser distinto, y si bien surgieron cosas más que interesantes (jejeje) hacia mitad / final del concierto, sí que vi todos esos temas de los que me quedé con ganas en 2013. El comienzo no pudo ser más brutal con Touch of Evil, contundencia pura, y lo mejor de todo, Doro en un estado vocal que te hace caer de rodillas. De hecho, creo que es, de todas las veces que la he visto en vivo, la que más me ha gustado su forma de cantar, su potencia, su claridad… también debido a que el sonido fue bastante bueno y a un volumen afortunadamente alto. Mucha tralla con Burning Witches (y una banda que se dejaba la piel) y grandes recuerdos con I Rule the Ruins, haciéndonos asumir, una vez, en que su repertorio iba a estar basado prácticamente entero en la discografía de Warlock. Del “Triumph and Agony” me encantan todas las que tocan, pero echo de menos algún cambio para meter, por ejemplo, Kiss of Death o East Meets West, quedarían alucinantes, casi tanto como Fight for Rock. Raise your Fist supuso un auténtico cañonazo, primer tema de la discografía en solitario que me hizo apretar los puños de las ganas que tenía de verla (sin duda es uno de los mejores temas que ha compuesto nunca), aunque me sonó demasiado acelerada, seguida poco después por The Night of the Warlock. La nota más melancólica vino, como siempre, con la evocadora Für Immer, en la que todo el mundo cantó esa misteriosa frase en nuestro idioma que incluye. Fantástico, una vez más, la inmensa Doro a las voces, desprendiendo sentimiento a raudales. Con este tema, y ya atronando el doble bombo de Revenge (otra que me moría de ganas de ver), nos fuimos en plan “urgencia” hacia las tiendas y posteriormente a tomar algo. Ya escuchamos, por cierto, su famosa versión del Breaking the Law en la zona de acampada.

Podría haber sido perfectamente un grupo prescindible, pero no en esta ocasión por dos motivos principalmente: Saratoga volvían a los escenarios tras un corto parón, y sobre todo, con gran parte de la formación más querida en general, la de aquel casi legendario “Agotaras”, con Dani a la batería, Niko al bajo y el incombustible Jero Ramírez haciendo de maestro de ceremonias. Con todo el respeto lo digo, pero Leo hubiese completado esa formación mucho mejor (obviamente) que Tete, el cual, sin querer ofender ni menospreciar, cada vez me gusta menos, y no solo por su ñoña carrera en solitario. Aun así, es innegable que tiene una voz increíble y sabe defender a capa y espada los temas clásicos y nuevos de la banda. El sonido se hacía más fuerte y claro con Maldito Corazón, el tema en el cual nos plantamos ya en el recinto. Es curioso observar como Warcry atraen a muchísima más gente pese a ser un grupo mucho menos veterano. Una alegría llena de recuerdos me trajo Heavy Metal. ¡¡Hacía siglos que no la disfrutaba en directo!! Aunque la escuché un tanto extraña, acostumbrado a ver siempre a Leo tras el micro. De todas formas, Tete lleva el suficiente tiempo en la banda como para no tener que hacer estas odiosas comparaciones. El momento en que llegamos estaba lleno de euforia, casi tanto como Niko del Hierro, y me sorprendió la parsimonia en contraste que llevaban tanto Jero como Dani, un poco distantes, aunque como siempre deslumbrando con su talento. Los solos volvían a tener ese sabor añejo que solo Jero sabe darles, y Si Amaneciera, estando él, volvió a cobrar su pleno significado (un gran momento, por cierto). La agresiva Perro Traidor siempre es una motivación extra en directo, una ocasión perfecta para dedicársela interiormente a toda esa mierda de gente que se ha intentado interponer en tu camino alguna vez y al mismo tiempo, para cerrar muy dignamente cada concierto de la banda, que se despidió dejándonos con ganas de más (es lo que tiene entrar pasada la mitad del concierto).

Con solo un disco en las tiendas, Alquimia, la más reciente banda de Alberto Rionda, se ha convertido por méritos propios en una de mis favoritas dentro del panorama nacional. Prueba de ello es que, en tan solo un año, he tenido la ocasión de verles 4 veces. Y ya tengo unas ganas bestiales de escuchar su segundo disco, que está al caer. A todo esto, hay que añadirle el cariño extra que les he cogido por motivos personales, por ser en uno de sus conciertos donde conocí a alguien muy especial. En Leyendas prometía ser uno de los conciertos más especiales junto a ella, y no me equivocaba al pensarlo. Además, esta vez el setlist varió bastante respecto a otras veces, aunque mayormente en el orden. Así, tras la habitual intro Mutus Liber, atacaron con la épica El Lobo y el Arca, una buena dosis de Power Metal por el que Rionda ha vuelto a recuperar el gusto que nunca debió perder. Aquí empezaron los cambios, adelantando bastante la deseada Xana. Y es sorprendente la facilidad que Israel Ramos se adapta a todos los registros que le echen, y además alcanzando unos agudos impresionantes, parece que su voz está al 100% desde el segundo en que comienza el show hasta que da el último grito. Ya había escuchado el primer tema de su próximo disco, Sol Negro, que circula desde hace un tiempo por la red, pero no pensé que la iban a tocar en directo, y pude observar la energía y ganas que desprendían todos los músicos, desde el imparable Leo Duarte a la batería hasta Rubén Lanuza, que también formaba parte de Amadeüs. Tema a la altura de los del primer disco sin duda, gran estribillo, excelente instrumentación y, como siempre, un Israel que se salió de todas todas, al igual que en Aliento, clavando cada nota y con unas dotes interpretativas envidiables. La banda sabe conectar con su público y particularmente, a Rionda le hace falta muy poco para hacerlo, con toda esa maestría que desprende. La Divina Providencia… este tema jamás debería faltar en sus directos, todo contundencia, una verdadera oda a la fuerza y a la perseverancia. Una de mis favoritas, sin duda. Volvió a golpear fuerte Leo con Pelayo, recordándonos que todavía hay sitio en sus conciertos para temas poderosos como este, aunque temo que con el tiempo abandonarán la discografía de Avalanch. Esta vez, por fin Dama Oscura ocupó el lugar que le corresponde, al final del concierto, toda esa intensidad concentrada en casi 6 minutos que te hace vibrar hasta los huesos y cogió al público ya caliente. Tampoco deberían abandonar nunca Torquemada. Cuando Chez empieza la introducción la peña, literalmente, enloquece, y tanto Rionda como Israel (y la banda al completo, por supuesto) se emplean a fondo para que nadie pare ni un segundo de agitar la melena, aunque a estas alturas personalmente no me quedara ni un hilo de voz para poder cantarla. Aunque para mí no es su mejor tema, y al igual que todas las veces que les he visto, cerraron con la fantástica Sacrificio, entre saltos y ovaciones por parte de un público al que cada vez tienen más conquistado.

Vaya viernes más intenso. Tercera jornada ya del Leyendas y todavía me encontraba pletórico de fuerzas, a pesar del duro ritmo que en ningún momento abandonamos. 12 conciertos presenciados, lo que hace unas 15 o 16 horas sin parar apenas para comer y otros menesteres básicos para sobrevivir y con un clima bastante desfavorable. Nadie sabía como iba a ser la jornada del sábado, la última de las fechas más esperadas de todo el año, pero difícil sería superar este inolvidable maratón de Metal. Aquí os dejo algunas fotos de la gran odisea, aunque la mayoría salieron de aquella manera, y a falta de colgar otras tantas de los últimos conciertos.

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