jueves, 14 de julio de 2016

La noche se muere... ¡Pero esta no! (Los Suaves, Sábado 08/07/2016, Jardines de Viveros, Valencia)

Las últimas giras que han hecho Los Suaves han sido probablemente las más kilométricas e intensas de casi toda su carrera. Comenzaron hace ya la tira con la Gira de los 1000 conciertos (en la que grabaron un fantástico DVD en directo) y actualmente, y desde hace ya más de un años si no me equivoco, vienen dando mecha con la gira La música termina. El nombre que han dado a la gira lo dice todo: nos quedamos sin Suaves, para mí, una de las tres bandas más grandes de la historia de este país. De momento, ni lo pienso, pero estoy seguro de que cuando se vayan definitivamente siempre faltará algo: su nombre en el cartel de los principales festivales nacionales, esos temas que te hacen saltar en directo, esa adrenalina que generas cuando les tienes delante en plena acción, el divertido comportamiento y a la vez pasión de Yosi al micro… son tantas cosas que llenaría casi toda la crónica con ellas. Sencillamente diré que, cuando den la última canción, la última nota, a partir de ahí ya nada será lo mismo sin ellos. Y es que cualquier disco de Los Suaves me chifla, pero donde los de Orense tienen su punto fuerte, desde siempre, es en sus ardientes directos. Y aquí ya no voy a entrar en que si Yosi la lía demasiado, que si podría comportarse de otra forma, en que si alguno de los músicos son excesivamente serios y siempre concentrados… porque cualquier directo suyo tiene ese “algo” inconfundible (incluso en los que el vocalista ha terminado empotrado en la valla del foso por lanzarse al público, que también los he visto) que no te puede ofrecer ninguna otra banda. Puede que sea su tierra de procedencia lo que les inspira tanto, puede que sea la comunión inseparable con sus fan, las incomparables letras de Yosi o la indiscutible supremacía en el panorama nacional a nivel de guitarras de la pareja Alberto / Fernando…

Es fácil haber visto un concierto en su peor momento de Los Suaves. A todos los fans nos ha pasado. Pero el que directamente afirme que sus directos en general son un conjunto de payasadas es que no tiene ni la más mínima idea del cotarro. Como todos, en ocasiones nos ofrecen una de cal y otra de arena. Pero lo de esta noche en Valencia fue tan sublime, tan redondo y vibrante que me gustaría repetirlo una y mil veces, y puede perfectamente compensar de golpe 3 o 4 conciertos más flojos que hayan tenido (como el del Rock Fest Bcn 2014, por ejemplo). Lo cierto es que, si el concierto marchaba igual que el resto de la tarde, iba a ser todo un éxito. Salí a mi hora (que raro) de trabajar, y levantando el asfalto salimos hacia Valencia, pronto, para no tener luego problemas de aparcamiento ni movidas con el tráfico. La cosa salió totalmente a pedir de boca. Llegamos y aparcamos en seguida, papeamos, nos trincamos unas latitas de birra, y casi al mismo tiempo que comenzaron los teloneros nos fuimos a explorar los alrededores.

Desde hace mucho tiempo he ido viendo sin parar como se organizaban, año tras año, conciertos en los Jardines de Viveros, en Valencia, pero nunca había podido asistir a ninguno. Hasta este momento me preguntaba si realmente sería el lugar idóneo para hacerlos. Ahora ya lo tengo más que claro y la respuesta es un rotundo y contundente SÍ. Es más, ahora que conozco el sitio en primera persona, diría que incluso están ligeramente desaprovechados en este aspecto, ya que podrían incluso acoger un potente festival. La cuestión es que es un lugar increíble con una enorme extensión llena de mesas para poder tomar algo tranquilamente, árboles, puestos de bebida y de comida, y en la parte de arriba una explanada tremenda, muchísimo más grande de lo que había imaginado, para disfrutar de los conciertos, con un escenario espectacular.

Desconocía totalmente a la banda que actuaba en calidad de telonera aquella noche. Por lo que sé, Desbandada es un grupo que viene desde Catalunya, concretamente desde El Vendrell. No sé qué relación habrá entre ellos y Los Suaves, porque realmente no están haciendo una gira conjunta ni nada parecido y tampoco en estilo se parecen demasiado. Su rollo es una pizca de punk rock, letras de estilo poético, mezclado con algo de rock urbano, algo en general parecido a bandas como Marea o Sinkope. Como ya estoy algo desconectado de ese rollo (aunque nunca reniego de lo que en su día también me gustó), tampoco sabría deciros temas, aunque algunos que se me quedaron fueron Regresar o Hace tiempo. La voz de nuevo me traía a Marea al recuerdo, aunque en algunos momentos sonaba más suave, pero en general tenía ese mismo aire canalla. Y por cierto, la banda parece ser más conocida de lo que pensaba, ya que había mogollón de peña apoyándoles y cantando los temas entre las primeras filas. Al final del concierto, nos movimos hacia la zona de las mesas a tomar un litrito de vodka e ir calentando motores. Sabía que Los Suaves harían un concierto movidito, pero no imaginé hasta que punto me iban a emocionar y a desmelenar.

Desbandada dijeron adiós a su público, agradeciendo el recibimiento por tierras valencianas, y dieron paso al momento del cambio. No fue difícil conseguir una buena posición, relativamente cerca del escenario, desde donde se podía ver de lujo. Había mucha gente, pero con el tamaño del recinto, digamos que se podía respirar bien. Tras varias “expulsiones” de humo, ya estaba todo preparado. La expectación era máxima, tanto, que entre gritos de “Suaves, Suaves” la tensión se podía masticar, hasta que en la cúspide de esa impaciencia, apareció Charly, seguido de Alberto y Fernando con el implacable Tino, al mismo tiempo que sonaba la indescriptible intro que llevan desde toda su carrera, un fragmento de la pieza “Les Preludes” del compositor austro-húngaro Listz. Un corte que solo con escuchar los 5 primeros seguros me pone la piel de gallina, entre otras cosas, a parte de su carga épica y grandiosa, porque sé lo que viene detrás. En este caso, fue Preparados para el rockanroll, tema clave, perfecto para abrir. ¡Y joder, vaya si estábamos preparados! Impacientes, diría yo. Palabras para Julia, sin embargo, fue el corte que levantó por las nubes los ánimos. La gente, de repente, despertó completamente a la pasión, levantando los puños y las voces, gritando, saltando… un ambiente digno de ser vivido en primera persona. El sonido era, ojito, una auténtica delicia, bastante fuerte, claro y potente, destacando especialmente la ecualización de la batería de Tino que, sin comerse al resto de instrumentos, era todo un espectáculo en si misma. Al principio de Maldita sea mi suerte, Alberto y Fernando, codo con codo, se subieron a las tarimas en un alarde interpretativo, para mostrarnos un poco más alto de lo normal su maestría, algo que quedó más que claro durante todo el concierto. Adiós, adiós y Cuando los sueños se van supuso el recorrido por su etapa más actual, curiosamente dos de su disco “Adiós, adiós” e igualmente curioso el hecho de que ambas podrían representar su despedida final perfectamente. El ritmo no decrecía, como tampoco lo hacía el calor de ese momento, que era bastante molesto, hasta el punto de que me tenía que secar el sudor que me caía por los ojos. Pero no podía parar, tenía que darlo todo, pues es posible que esta sea mi última actuación de Los Suaves.

Todo ese calor, todo ese ritmo frenético que llevaba hasta ahora el concierto se calmó, “se suavizó” un poco con Pardao. Pero me es difícil expresar el sentimiento de cuando Yosi se cargó a hombros su guitarra, cuando empezaron los primeros acordes, siempre tristes, de esta maravillosa canción… de nuevo pelos de punta y casi lagrimillas. Hacía tanto tiempo que no la veía… y cada vez que la tocan, veo al mismo Yosi representado en ella, con una verdadera alma de poeta. La gente haciendo figuras con sus manos levantadas, todos al mismo tiempo… fue un momento mágico. Seguidamente, ¿Sabes? ¡Phil Lynott murió! Es algo que ellos llevan muy adentro, esa inspiración eterna de los míticos Thin Lizzy. Hasta el momento, Fernando Calvo estuvo arrollador, pese a su seriedad, se le adivinaba contento, muy concentrado pero también dándolo todo a su manera. Y es que es un guitarrista espléndido, único, su forma de tocar, la ligereza con la que ejecuta los solos… pura técnica. Charly, como es habitual, siempre en la posición izquierda (desde nuestro punto de vista). Se diría que siempre parece distante, que no quiere mezclarse excesivamente con el ambiente, pero su sonrisa pícara le delata, y es que lleva el puto Rock’n’Roll en las venas, y Los Suaves no serían los mismos sin sus bases. Por una vez en la vida, genial, pero la auténtica explosión de adrenalina de la noche la protagonizó No puedo dejar el rock porque sí, porque es mi puta canción y siento cada una de sus frases, y porque justo al empezar, un millón de papelitos multicolor cubrieron el cielo mientras se arrancaba a cantarla el Yosi. ¡¡Qué derroche de energía!! Aquella noche estuvo formidable, coherente, adulto, sin olvidar las clásicas frases extrañas que siempre dedica al respetable, pero siempre conteniéndose, sin amagos de lanzarse al público ni de trepar por la estructura del escenario, en todo momento actuando como el loco soñador enamorado del Rock que siempre ha sido pero sin dejarse llevar por sus instintos alcohólicos / desfasados más primarios. Cantó todos los temas que le dejamos (porque anda que la peña no gritaba “ni na”) sin perderse y sin fallar, con una voz aceptable dentro de lo que puede hacer con sus (alucinen) 68 años.

Este inolvidable momento vino de la mano de otra que nos volvió a poner tiernos, nostálgicos, y es que es como si las notas y las palabras de los temas de Los Suaves sonaran en color sepia en estos cortes tan llenos de añoranza como lo es Si Pudiera, aparte de un clásico que nunca jamás debe de faltar en si directo, es sencillamente emocionante, y fue una de las más coreadas de toda la noche. Pero si de emociones intensas hablamos, Malas Noticias, para mí, se llevó la palma de aquella noche. Yosi la cantó con una vitalidad enorme, Alberto Cereijo le puso ese sazonado de pura magia con su sensacional forma de tocar (increíble, de verdad) y sonó tremendamente nostálgica, con esa letra incomparable y esa melodía tan cargada de amargura que llega hasta el tuétano. Hacía tiempo que no la veía en directo, y de verdad que fue un verdadero momentazo, sin el trozo final instrumental, claro, pero ya se encargaron los músicos de saciarnos en este sentido durante el tema y después, y después… y después. Porque en sí mismo, el concierto fue un auténtico despilfarro de técnica, de pasión, de superioridad a cargo de Alberto Cereijo y Fernando Calvo, dos que en ciertos momentos, se convertían en los putos amos del escenario con sus impresionantes y kilométricos solos, vamos, como siempre, pero más y mejor. Y es que ya lo dice la canción, Mi Casa, nuestra casa es el Rock’n’Roll y por él estuvimos allí aquella gran velada, con esa El Afilador que volvió a despertar la locura general, y en la que me encargué concienzudamente de destrozarme la voz a base de gritar. Otro tema que es pura poesía en tonos grises. Más fiestera siempre, pero sin dejar de hablar de la dureza de la vida (y es que más de una se acabará viendo así jeje) es Dolores se llamaba Lola, la cual muchos adivinamos cuando Yosi se puso a gritar: “Ahí está, ¡la veo! ¡y allí también está Lola!” y se creó un torbellino, un fiestazo a lo grande, y para coronarla, de nuevo un solo impresionante de Alberto / Fernando (hay que ver lo maravillosamente bien que se compenetran, la hostia).

Sacaron la bandera de la comunidad valenciana y fue aplaudida, pero curiosamente mucho más lo fue la de su Ourense natal, y por supuesto, la que más ovaciones arrancó (y la que realmente importaba esa noche) fue la de Los Suaves, que Yosi ondeó a lo largo y ancho del escenario. Con esto, parecía que estaba todo dicho al ver a la banda despidiéndose, pero solo unos pocos “engañaos” de la vida se lo creyeron, porque rápidamente volvieron a la palestra con San Francisco Express, reanudando el concierto sin dejarlo caer en la arritmia, junto con uno de los puntos más curiosos de la noche, su particular versión del tema de Thin Lizzy llamado Massacre, que cayó de forma inesperada pero gustó bastante, fusionada con un fragmento de Baby please don’t go, también de sus mentores. A partir de aquí, y salvo los temas, fue un trozo casi exclusivamente para fans de la banda, con unos solos que nos dejaron babeando. Los dedos de Alberto parecen estar hechos de otra pasta. No se cansa. Nunca. Cuánto más rápido tocaba, más se crecía, más se movía, incluso cuando le echaron ese cubo lleno de papeles por encima (que todos acabaron recibiendo). Sonaron en este interminable solo fragmentos de Deep Purple (el solo de Highway Star fue algo del otro mundo, a duo entre Alberto y Fernando). Y seguían, y no se cansaban. Yo personalmente estaba flipando con ellos, y mira que les he visto veces hacer virguerías y partes instrumentales… pero es que son la puta ley. Tras dejarnos atónitos con esta demostración de virtuosismo exacerbado y tras un breve parón, volviendo a intentar engañarnos con Ya nos vamos, Dulce castigo vino para volver a castigar las gargantas del personal, un tema que absolutamente todos conocíamos, y otra imprescindible, con ese puntito deliciosamente misógino con el que Yosi impregna a muchas de sus creaciones (quién sabe porqué). A estas alturas estaba completamente molido por la intensidad con la que pude (por suerte) vivir el concierto, pero aun me sobraba energía para gritar junto a ellos aquello de La noche se muere, que normalmente marca su despedida definitiva. Y lo fue solo en parte, porque Yosi, tras despedirse como es debido, abandonó el escenario, pero Tino continuó dándole como un poseso a su instrumento mientras Charly, Fernando y Alberto seguían a la suya. De la forma que los guitarristas miraban el instrumento del otro, me dio la impresión de que incluso estaban improvisando, ¡¡qué jodidos cracks!! Para quitarse el sombrero, de verdad. Charly parecía pasarlo en grande poniendo sus bases, y los dos “hachas” sin parar de meter unos solos impresionantes, larguísimos y rapidísimos. De aquí al éxtasis, había solo un paso.

Desafortunadamente, la siguiente vez que nos dijeron adiós fue la definitiva, abandonando el escenario tras hacerse unas fotos delante de su gente. Con una sudada impresionante, me dije a mi mismo: ¡¡HA SIDO LA REHOSTIA!! Porque la entrada fue carísima (30 pavos ya es un nivel… uf, acojonante) pero mereció la pena cada jodido céntimo, sin duda el mejor concierto que he visto de Los Suaves en esta última etapa de su carrera y uno de los mejores en general que he visto en mi vida del grupo.

Gracias, Yosi, Alberto, Fernando, Charly y Tino, gracias Suaves, por dejarme tocar el cielo una vez más. ¿Sería mucho pedir que esta no fuese la última? El tiempo y las posibilidades lo dirán.

_|,,| JaviMetal (Is The Law) |,,|_

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