viernes, 5 de agosto de 2016

40 horas de Metal (Rock Fest Barcelona 2016, Domingo 17/07/2016, Can Zam, Santa Coloma de Gramenet, Barcelona)

Bienvenidos al tercer y último día de esta edición del Rock Fest. Pensándolo bien aquella mañana, nada más levantarme: uf… último día… que rápido pasan las cosas que llevas meses y meses esperando y que jodidamente lenta pasa el resto de la vida entre medias. Es la ley. Pero, aunque nos encontráramos al comienzo de la última jornada, todavía estábamos muy lejos del final, y más en cuanto a intensidad, incluso, que en cuanto a tiempo. Porque, no nos engañemos. En cuanto a cartel, se podría decir que este sería el día más intenso de todos, y de hecho así fue. Ni un momento de descanso desde la primera hasta la última hora, no sabía como me las arreglaría para comer o para descansar, pero al fin y al cabo esto son cosas secundarias para todo buen festivalero que se precie. Para empezar, salimos del hotel dirección Santa Coloma, repitiendo el itinerario y el lugar de aparcamiento por tercer día consecutivo (eso es tener potra) y sendas birras en mano, ya nos encaminábamos directamente hacia el recinto de conciertos, donde faltaban escasos minutos para abrir puertas y que empezara el primer grupo, Alyanza. Sin embargo, tras un aviso, decidimos desviarnos hacia un bar (siempre excelente lugar, sea donde sea) para quedar con Bayon y sus colegas, en donde disfrutamos de un rato relajante y agradable con las cervecitas bien frescas que pedía el ya molesto calor de primera hora. De entre los temas, uno fue el éxito que tienen, desde hace unos cuantos años, las bandas suecas pertenecientes a la nueva oleada de hard rock “autóctono”. Y precisamente, empezábamos el día con los suecos Eclipse, una banda que hizo, creo yo, las delicias de todos aquellos que vieron su actuación. Con el tiempo justo para sortear la cola y coger una buena posición, salimos del bar bien motivados.

Antes de meterme de lleno en lo que es el festival en sí, y ya que no lo he hecho antes, voy a dejar caer unas cuantas críticas, espero que entendidas como constructivas, sobre el festival y la organización. Todos sabéis que para mí Rock’n’Rock no son plato de buen gusto. Me la han jugado muchas veces y siempre que he podido he renegado de sus festivales. Sin embargo, esta vez consiguieron atraparme con un cartel de lo más goloso, aunque eso es algo que siempre ha sucedido con cada Rock Fest. Al haber ido a los tres, he podido ver su evolución, y es justo decir que este año hay muchas cosas que han mejorado notablemente. Para empezar, el parque can zam ofrece un aspecto casi paradisíaco de por sí, pero además en general todo empieza a parecerse un poco a un festival europeo. Hasta donde yo vi, no se formaron excesivas aglomeraciones a la hora de pasar por taquillas, para recoger pulsera o para entrar al festi. Las sombras han aumentado, en mesas, en toldos, en puestos de comida… a parte de los árboles que se encuentran repartidos por ahí, aunque aun hace falta muchísima más. Igualmente, siempre se puede salir del recinto, andar un rato y relajarse sobre la hierba en la sombra, junto al lago, y recuperar fuerzas, comer… lo que haga falta. El tema de los servicios: muy bien por la parte de que hay decenas y decenas de poly klin: en ningún momento de todo el festival hice más de 3 o 4 minutos de cola para echar un meo. La parte nefasta: la higiene. O la peña es muy cerda, o no limpiaron las instalaciones en todo el puto festival, y aquello olía que tiraba p’atrás, a parte de estar todo lleno de charcos de inmundicia. WC’s separados para tíos y tías, aunque esto no se respetaba demasiado. Comida y bebida variada, con muchos puestos de comida de toda clase y naturaleza, que recuerda ya a festivales como Wacken o Hellfest, para los caprichosos, vegetarianos, veganos, etc. etc. Agua gratis para lavarse, y fuera del recinto varias fuentes de agua potable. Una lona cubría los primeros metros de debajo del escenario (además, unos cuantos), mucho mejor que las primeras ediciones, para evitar los remolinos de tierra. La parte de las tiendas, bastante poblada también, con todo tipo de merchandising, ropa, complementos, discos… Vamos, que hay para pasar el día sin problema. Sin embargo, lo que hasta ahora suena bastante positivo y esperanzador, se ensucia por un tema: los precios. Lo único destacable a nivel “ser humano” era la bajada de los botellines de agua a 1 euro, que me parece algo vital para sobrevivir. Pero el resto… 10 euros por un litro de kalimotxo y 9 por uno de birra… ¿En serio, colega? ¿En serio me vais a arrancar uno rojo por un puto litro de mierda con más hielo que bebida? Menos mal que yo no soy de los que se pega bebiendo todo el festival, porque si no termino pidiendo un préstamo… Una auténtica sobrada, una ESTAFA total, esto no es de ley, señores, un poco de respeto… Y que me cuenten milongas sobre que no les salgan las cuentas, porque me las paso por el forro del culo. Para cobrar a nivel europeo, se han de tener primero instalaciones a nivel europeo, condiciones a nivel europeo e higiene a nivel europeo. Y sinceramente, aquí lo único que ocupa ese nivel es el cartelón que nos ofrecían.

Pero en fin, tampoco me voy a requemar por esto, que bien que nos lo cobramos a nuestro modo jeje. ¡Ahora sí, a disfrutar a muerte del festival! Espero que, tanto los que fuisteis como los que no, disfrutéis de esta crónica, escrita como siempre con toda la devoción del mundo.

Como dije hace unos cuantos párrafos jeje, Eclipse serían los encargados de abrir mi particular running order del domingo, aunque no sería justo al menos mencionar a los Alyanza, banda catalana bastante conocida por aquellos lares que, según me comentaron, sufrió las consecuencias de la desorganización empezando a tocar cuando las puertas todavía estaban cerradas. Por suerte para ellos, les permitieron alargar durante unos temas su setlist. El vocalista/bajista Andrés y el guitarra solista Manolo forman la base de la formación consolidada de la banda, acompañados por batería y guitarra rítmica. Su particular thrash metal sonó a lo largo de más de media hora debido al citado retraso, aunque puntualizaría: un thrash metal con matices, con regustillo a old school pero también ligeramente a death, voces bastante agresivas que no encajaban exactamente en ningún estilo al 100%. A pesar del tremendo calor, hubo bastante gente que se volcó con la banda que terminó agradeciéndoles una y mil veces su compañía en un concierto de lo más cañero.

Nosotros, por nuestra parte, continuábamos esperando, prácticamente en segunda o tercera fila, el comienzo de Eclipse, que dio el pistoletazo de salida con I Don’t wanna say I’m sorry. Decir pistoletazo es quedarse corto. La banda salió a escena con una energía desbordada, con unas ganas locas de merendarse hasta la última miga del escenario, conquistar al público y dar una imagen excelente desde los primeros temas, melódicos, adictivos… Stand on your feet o Wake me up… demostraciones de lo que es el hard rock melódico de la nueva era, músicos con presencia de lo más macarra, con chupas, gafas de sol, y toneladas de feeling. El batería, sonriendo y saludando al principio y su bajista Magnus Ulfstedt, desafiante y sonriente a la vez, son un gran ejemplo, pero ninguno como el vocalista Erik Mårtensson que, palo de micro en mano, jugaba a recorrer el escenario de punta a punta, cantando como el crack que es, saludando a su público y sin dejar de animar. ¡Un torbellino de tío! Y además un perfecto ejemplo de lo que un frontman en una banda de este tipo debe de ser, macarra, irreverente y que jamás permita que el ritmo del concierto decaiga. De ello ya se encargaban temas como The Store o Battlegrounds. Muchas de las que sonaron en vivo pertenecen a su último trabajo, “Armagedonizze”, que arrasa. Y aunque los miembros de la banda son jóvenes, su carrera no lo es tanto, ya que a lo tonto ya llevan 15 años en activo, con seis discazos en el mercado, a cada cual más guapo y adictivo. Y es que me enorgullezco de presentarles porque sin duda son uno de los descubrimientos del año para mí en lo musical. Tan solo les conozco desde hace unos meses, desde que me los recomendó mi colega Lobo, pero desde entonces no me los quito de la cabeza, y esta era una oportunidad irrepetible para disfrutar en vivo y en directo de Blood enemies o Ain’t Dead Yet, casi siempre alternando entre el último disco y el “Bleed & Scream” (muy recomendables). Para Breakdown, el vocalista Erik no dudó en colgarse la guitarra acústica para hacer más sentido el momento, pero al terminar, volvió a ser el de siempre saltando, animando y devorando el escenario. Y es que daba la sensación de que la gente lo estaba pasando en grande tanto por los temas como por la energía viva que desprendía la actuación. Erik, a pesar de no saber estar quieto, mantiene una voz impoluta, cantando las melodías sin desafinar un mínimo, sin despeinarse. Gran frontman y vocalista, sin duda, dos cualidades imprescindibles. Tan inspirada por Whitesnake en algunos pasajes, Bleed & Scream continuó la gran fiesta del rock que vivíamos con Eclipse. No recordaba tal disfrute en un concierto de Hard Rock desde que vi a HEAT en el Leyendas de hace un par de años. El final fue la guinda del pastel. Runaways nos hizo saltar de lo lindo con esa melodía encantadora, dentro de un ritmo palpablemente escandinavo, mientras el tipo de la manguera, tras la verja, no dejaba de remojarnos sin parar para aliviar nuestro calor. Aunque por mucho que hiciese, temas como el comercial single Breaking my heart again (¡¡fantástica!!) eran ya refrescantes de por sí: todo el mundo cantándola, muchos fans en primeras filas desmelenándose junto a Erik que estuvo bien cerca en todo momento. Un concierto GENIAL, ya de primeras, lo mejor de todo el día, y visto en primeras filas.

Nos movimos de forma ya casi instintiva hacia el escenario contiguo, para ver a una banda que ya he escuchado mucho menos, pero que llevan un rollo muy interesante, y cuya actuación me pareció perfecta a estas alturas, tras el éxtasis de Eclipse, nada mejor que continuar con algo de música 100% rítmica, divertida, y que en concierto dieron mucho más de lo que yo esperaba. The Answer: dudo sobre si alguna vez podrán quitarse la categoría de teloneros de AC/DC en su gira del 2009, quienes les llevaron a todos los rincones del mundo. Lo cierto es que me demostraron que es una banda que vale para es y para mucho más. Por el camino ya podíamos percibir la energía y buen rollo que emanaban en directo, y cuando llegamos no pudimos más que confirmarlo, énfasis total para engatusar al público, para hacernos bailar y movernos sin parar con su hard rock de corte setentero, pero con algunas melodías en ciertos temas que recuerdan ligeramente a los 80. Tanto el guitarrista, que cambió varias veces de modelo a lo largo de la actuación, como el bajista, siempre metido en su papel y muy contento al actuar, daban el callo y mantenían alto ese espíritu alegre del concierto, mientras que el James Heatley sudaba la camiseta con una batería pequeña pero matona, al igual que el telón, portadora del logo de la banda. Su vocalista Cormac Nelson fue el principal protagonista de la actuación, ya fuese por su forma de cantar, por sus elásticos movimientos, y por su forma de representar los temas, parecía que volaba libremente sobre el escenario con su larga melena. Temas que reconocí, como Sometimes you Love o Into the Gutter sonaban frescos, melódicos y con una capacidad para engancharte fuera de toda duda. Parecía que en ocasiones el viento se llevaba el sonido de un lado a otro, pero esto no estropeó el buen gusto del concierto, un show para mover el pie sin parar y disfrutar de la buena música de aquellos tiempos traída al siglo 21. La propia marcha imparable de la banda junto a la brisa que aliviaba el tremendo calor fueron momentos de esos para el recuerdo. Además, tuvieron la bondad de presentarnos dos temas nuevos que aun no habían grabado.

Eso sí, a partir de esto la hora de las risas se acabó. Esperaban dos horas en completa oscuridad (sí, incluso con la terrible calina que nos estaba cayendo) a cargo de dos auténticos maestros en su género: Candlemass y Obituary, a su vez dos de mis bandas favoritas en sus respectivos. Estaba tan seguro de que disfrutaría como un niño viéndoles a los dos que la única opción era relajarse y dejar que su poderoso sonido me envolviera sin dejarme escapatoria.

Candlemass vuelven a España tras algo más de medio año liderados de nuevo por Mats Leven y sin su líder y fundador, Leif Edling, que por lo visto continúa con problemas de salud de algún tipo. Le sustituye en sus labores Per Wiberg, quien otrora fuese el teclista de la banda, un músico muy fiable a quien ya tuve la oportunidad de ver en acción en diciembre del año pasado. Nos tuvieron a todos cabizbajos con la marcha fúnebre a modo de presentación, y de repente aparecieron en escena los músicos, el citado Per, Mats, Jan Lindh tras la batería, Lars Johansson, y sin hacerse esperar demasiado, justo en su turno, el gran Mats Levén, quien ya forma parte oficialmente de la banda. Un gustazo ver como, tan solo con unos pocos minutos, todo el mundo coreaba aquello de Mirror Mirror, volviendo a la vida para disfrutar tras esta muchos otros temas de cariz oscuro y tenebroso como solo ellos son capaces de componer, como The Dying Illusion. El riff tétrico y dramático a partes iguales de A cry from the crypt golpeaba el suelo catalán con una potencia inesperada, su lenta y machacona cadencia hacía mover las cabezas de todo el mundo con exactitud, igual que no paraba la de Mats. Lars y Mats Bjorkam se mostraban, por su parte, en su eterna actitud de “cabreados”, tocando los riffs mirando seriamente al público sin tregua. Seguí disfrutando como un chaval, bajo el implacable sol / calor, de la instrumentación de la banda y de esa moribunda y genial atmósfera en la que son especialistas. Un pequeño solo de Lars, bastante rápido pero sin escapar de ciertos aires macabros precedió a un Mats Levén que, ondeando la mismísima bandera de la muerte, volvió a escena son el bestial riff de Emperor of the Void, un tema que siempre brilla con luz propia en sus directos y nunca deberían eliminar. Y es que esta canción me enciende las entrañas, tan malévola y oscura, y esa melodía que me vuelve loco, aunque he de decir que nadie como Robert Lowe para cantarla. Mats, por alguna razón, no consigue llegar igual de bien en el estribillo y desluce un poquito la impresión general, aunque en ningún momento roba la esencia oscura del tema. En cualquier caso, ya digo, sigo echando un poco de menos a Robert… incluso más que a Messiah. Demons Gate seguía echándole leña al fuego, sonando curiosa con la voz más áspera de Mats, quien no dudaba en mostrar una actitud depresiva y agobiada, siempre cabizbajo en una excelente interpretación. Sin duda, este concierto del 35 aniversario de la banda estaba enfocado a recordar temas muy clásicos de los primeros discos, especialmente del primero de todos: “Epicus Doomicus Metallicus”. Lo más reciente que sonó fue Emperor of the Void, pero puestos a repasar viejos temas, podrían haber metido algo más del mítico “Nightfall”, algo más que la, por otra parte excelente y sofocante, At the gallows end (ni siquiera tocaron Bewitched, eliminada respecto al anterior concierto que vi). Dejaron el sitio de honor, tras un amago de despedida, a Crystal Ball, llena de magia y brujería y con batería absolutamente aplastante, y seguramente a su tema más conocido, Solitude que roza los límites de la demencia, y con la que el público disfruta muchísimo aunque no sea precisamente alegre. Estupenda, sin duda, culminada con las lentas palabras (en inglés) de Mats: por favor, dejadme morir en soledad…

Un concierto que era justo lo que esperaba, un poco de oscuridad en este día tan claro, ritmos machacones y duros, riffs como castillos y una gran interpretación en general.

Otra banda con la que me inicié en un género, concretamente en el Death clásico. Obituary, auténticos maestros en lo suyo, siguen siendo, a día de hoy, unos ídolos intocables, intachables, especialmente por haber mantenido siempre una férrea actitud alejada del cambio de estilo, a su death clásico de toda la vida, denso y monstruoso que sin duda desplegaron con creces en este Rock Fest. Muchísima gente les estaba esperando a pesar de la agobiante temperatura que por momentos te cortaba hasta la respiración. Pero no iba a desperdiciar esta oportunidad para verles por cuarta vez desde hace… ¡7 añazos! Demasiado tiempo, pero eso pasaría hoy a la historia. El espíritu de guerra con el que la banda salió no se podía esconder, con un temazo instrumental como Redneck Stomp, del “Frozen in Time”, ofreciéndonos un sonido arrollador, de los que te golpean el estómago de primeras. Trevor y Kenny a las guitarras y Terry al bajo siguiendo su mismo ritmo escénico de la música, headbanging a saco desde los primeros guitarrazos de un tema que termina en una auténtica batalla campal. En este sentido, vi un concierto con un aire muy marcadamente instrumental, que el vocalista abandonaba cada vez que el resto de músicos daban rienda suelta a todo su poderío, cobrando mucho protagonismo. El sonido, insisto, era espectacular, probablemente de entre los tres mejores de todo el festival, así sonaron Intoxicated y Bloodsoaked, espectaculares, con una batería muy en primera línea, y que parecía golpearte en la misma cabeza. John Tardy, eterno vocalista de la banda, estaba hecho una furia, vomitando sus gritos a máxima potencia, moviendo su larguísima melena por todo el escenario, al ritmo asesino que marcan grandes temas clásicos extraídos de sus primeros discos en los que estuvo basado prácticamente todo el concierto. Salvo un par de su último disco “Inked in Blood”, todos los temas eran perfectamente reconocibles para sus fans de siempre. Un concierto que no fue ganando en intensidad de principio a fin, sencillamente la tuvo al máximo desde el principio, aunque cortes como ‘Til Death o Don’t Care la iban avivando sin parar.  Y es que nadie sabe representar esa esencia de podredumbre, de temas tan viscerales y enfermizos en directo como ellos salvo, quizá, alguna banda como Carcass. Turned Inside Out nos dio otra buena lección, una soberana paliza para que muchos aprendan lo que es el Death metal de verdad, desde su oscuro y malvado “Slowly we Rot”. Igual el único “problemilla” para los temas antiguos es que sonaron un pelín más limpios de lo deseado, aunque la voz de John Tardy sigue siendo atroz, por mucho que berree nunca pierde esa profundidad y rabia, que volvió a demostrar por última vez aquella tarde con Slowly we rot, sin duda todo un himno lleno de doble bombo, riffs cavernosos y solos espitados… ¡¡a un ritmo que te vuelve totalmente loco!!

El cartel del Rock Fest Bcn 2016, a pesar de contener muchas bandas que, con relativa facilidad, se pueden ver por estas tierras, tenía alguna golosina semi-oculta, alguno de esos caramelos cuya visión es prácticamente obligada para todo buen seguidor del Rock / Metal. Si el primer día tuvimos a Tyketto, el segundo Armored Saint, hoy tocaba el que para mí era el más interesante de todos: el grandioso y nunca lo suficientemente bien reconocido Chris Impellitteri, uno de esos guitarristas que, más por la sombra de lo que merece, ha colaborado para constituir las bases del Metal neoclásico, un genero que adoro con todas mis fuerzas. Si bien Malmsteen siempre ha sido mi ídolo en este sentido, Impellitteri era una de esas bandas que nunca pensé que podría llegar a ver en directo, y de repente, ahí lo tenía, en un concierto incomprensiblemente medio vacío (¿es que la peña no se entera de la película o qué?). En cualquier caso, a mí me la sopla, yo como siempre, me dejé llevar por la música, por el genio de Chris y al mismo nivel por las voces de Rob Rock, a quien presté muchísima atención y nos demostró el porque es uno de los grandes vocalistas, también de esos que nunca han llegado a lo que realmente merecen. The King is rising abre desde esa obra maestra llamada “Answer to the Master”, para pasar al speed también característico de la banda con Speed Demon. Para hablar de la actuación de Chris en particular necesitaría el espacio de una crónica entera, y para hablar del increíble poder vocal de Rob, otra más. Pffff… con Warrior… casi se me caen los huevos al suelo. Y la cabeza también. Ver a Chris, el entusiasmo que tiene y despierta sobre el escenario, sin parar con su guitarra, solo es comparable a la intensidad del solo de este tema, que concentra todas esas sensaciones en unos segundos. Que virtuosismo, colegas, que velocidad y que precisión… de otro jodido mundo. Mientras, todo el mundo gritando aquello de ¡¡“I’m a warrior, take my hand”!!. ¡La sangre hirviendo! En We own the night, o Wicked Maiden, temas de nueva factura, se puede quedar uno sorprendido de lo bien que ha pasado el tiempo para Rob y Chris. Parece que no hable de los bien que tocó James el bajo, o de la velocidad, detalles y contundencia de Jon Dette (batería muy reciente), pero es que de verdad, estos dos músicos me absorbían por completo, y estuve la hora entera flipando con ellos y con los temas, sobre todo con todos aquellos que tenían un marcado aire de los 80, por ejemplo Stand in Line (que en su día cantó Graham Bonnet. Solo faltaba ver los pelos cardados para transportarse a esos gloriosos años.  Y ojo al dato, porque si hacía falta otra prueba para arrodillarse ante Rob, esa fue Lost in the Rain, del primer trabajo de Impellitteri, requiriendo un nivel vocal ACOJONANTE, que Rob consiguió sacar y con nota alta. Si es que cuando se ponía en plan gritón… uf, te ponía los pelos de punta, ¡¡parecía que iba a salir fuego de su garganta!!. No quiero alargarme mucho más, solo añadiré que Answer to the Master, ante un gran recibimiento por parte de la peña, fue el alucinante y gran final de una actuación que en mi opinión brilló con luz propia, aunque en este día fueron tantas así… que cada vez era más difícil decidirse por una solo.

Tras estas intensas sesiones de traca, tan seguidas y vividas con tal entusiasmo, fui “obligado” a ir a descansar un rato a la sombra y en verdad necesitaba unos minutos. Tenía la cabeza literalmente ardiendo por el sol, y la garganta más seca que un esparto. En cualquier caso el parón no podía (ni debía) durar más que lo justo, ya que otros monstruos legendarios se aproximaban al escenario.

Y es que me encanta poder volver a hablar de una banda como Anthrax. Es curioso pero, por suerte, en estos últimos 4 años he pasado de no haberles visto nunca a toparme con ellos 3 veces (y una cuarta en camino gracias al Leyendas del Rock)… ¡y como las he disfrutado!. En esta ocasión, directamente, se salieron del molde, les vi especialmente motivados y el concierto fue una verdadera locura en todos los sentidos. Para empezar, el sonido fue prácticamente perfecto, y eso que les vi desde cierta distancia por imposibilidad de avanzar más (el recinto ya estaba completamente petado de gente). Venían, además, con un disco fresquito bajo el brazo, recién salido del estudio, llamado “For All Kings”, cuyos temas, como la inicial You gotta believe, no llegué a ver el año pasado. Y aquí empezó el concierto y la locura simultáneamente, un huracán se apoderó del escenario en forma de melenas, veloces carreras… los nombres fueron Frank Bello y Jonathan Donais, se entrecruzaban, y volvían a su sitio como el viento, sin parar ni para respirar, durante todo el tema. ¡Así se prende fuego al escenario! Y debajo, todos pudimos disfrutar como perros a continuación con Caught in a mosh, así de primeras, para propagar aun más el descontrol. Todos estaban pletóricos y felices de tocar aquí de nuevo. Belladona hizo de frontman más y mejor que nunca, y eso que es un vocalista que siempre se ha entregado al máximo. Exprime su voz hasta donde puede llegar, y como showman no tiene precio: es comunicativo, atento, simpático y sabe ganarse al público en los primeros minutos, ya sea con Got the time (esa versión super acelerada del tema original de Joe Jackson) o con la frenética Madhouse, cuyo estribillo gritaba todo el mundo hasta quedarse afónico (yo ya lo estaba hacía un buen rato jejeje). Dos temitas nuevos, muy bien recibidos por cierto, como Fight’em till you can’t y Evil Twin y a seguir con la marcha de clasicazos. No estoy seguro al 100%, pero por lo que pude apreciar de lejos, Charlie Benante todavía no ha regresado a la formación aquejado de problemas con el síndrome del túnel carpiano, y sigue ocupando su lugar Jon Dette, un músico muy experimentado que ha pasado por bandas como Testament, Heathen, Iced Earth o Slayer. Con ese currículum, ya sabe uno a ciegas que va a tocar a las mil maravillas. Joel estuvo especialmente simpático y hablador en aquel concierto, presentando muchos temas y llenando los huecos de silencio, aunque hacia el final empalmaron una buena pareja. Antisocial, otro tema que a base de tocarlo en directo han hecho suyo, con gran participación del público (me lo pasé de miedo con esta, gritando y puño en alto). Grande, como siempre Scott Ian, más comedido que el resto de músicos pero tocando siempre con esa furia que no puede contener (solo hace falta mirar los gestos y caras que hace), aunque el tema de los solos lo lleve más casi su compañero Jonathan. Indians fue el movimiento final de la banda, como siempre, despertando pasiones y gritos por doquier, todo un himno con la que suelen decir hasta pronto. A pesar de estar lejos, gracias al excelente sonido, viví el concierto muy de cerca.

Cuando regresé a por mi chavala, que se había quedado en las gradas del fondo tomándoselo con calma, me encontré de nuevo con mi colega Guille, y tras un paso por los WC, dando un rodeo por ahí y sin parar de encontrarnos con más gente, fuimos directos, sin más tregua, a la ceremonia vikinga que ofrendaban los guerreros del norte Amon Amarth. Una banda a la que he visto ya un montón de veces en directo pero que especialmente en estos últimos años les estoy cogiendo especial cariño y fijación. Podría haber sido perfectamente el concierto para tomarse un descanso prolongado, pero con el buen rollo que llevábamos entre colegas y el saber que en cada concierto arrasan… era algo que no me podía permitir a mí mismo. Y otra cosa más: empezar con The pursuit of vikings es ya una provocación de guerra imposible de ignorar. ¡Y no veáis la peña! Ya saltando de primeras al ritmo que marcaba el tema. As Loke falls es otro de esos temas que tanto les gusta tocar porque ven como la gente les sigue. Y llegamos a la parte más intensa, Cry of the black birds. Este tema es, sencillamente, impresionante, con esos cambios de ritmo, esa melodía que te atrapa y acompañada por la cavernosa voz e imponente presencia de Johan Hegg… es un momento mágico en cada concierto de los de Estocolmo. Continuamos disfrutando a saco, mientras anochecía lentamente, de la cera que dan temas como Death in Fire (uno de los temas más antiguos que tocaron) y Deceiver of the Gods, del excelente disco con idéntico título. Para los que les hemos visto unas cuantas veces, el setlist aguarda muy pocas sorpresas, aunque el concierto sigue teniendo la misma bestialidad. Para los que no, seguramente estaban alucinando con los continuos “ventiladores” de los músicos y sus habilidades, pero si había una cosa que nos sorprendió a todos en común fue su mastodóntico montaje sobre el escenario, la proa de un barco vikingo en todo su esplendor, iluminado con claridad y con los ojos en rojo, a parte de un telón de fondo enorme, que cambiaba a lo largo del show. Los músicos se paseaban arriba y abajo, sin dejar de mover el cuello, incluido Johan, que se metió una buena dosis de headbanging arriba y abajo del barco. La noche caía y la iluminación se veía de otra forma, más tormentosa. Del “With Oden on our side” cayó otra de mis favoritas, Runes to my memory, que disfruté especialmente, junto a War of the gods, de un disco poco tocado como “Surtur Rising”. Por la altura del concierto, ya olía a clásico, y eso que nuestros cuellos ya habían sufrido todo lo humanamente posible. Tras dedicar unas palabras al público, siempre en “modo catalán” (todo un detalle), bebió de su gran cuerno, como suele hacer, y nos metió entre pecho y espalda Raise your Horns, un tema del nuevo álbum que todavía no había escuchado, pero que resultó ser uno de los más festivos, y a buen seguro que lo continúan tocando por mucho tiempo. Pero la cosa se volvía a poner seria con Guardians of Asgaard, una de las más celebradas puño en alto, se podría decir que es uno de sus temas estandarte, por supuesto junto con Twilight of the Thundergods. Y es que les gusta tirar de temas de su carrera más reciente, por lo visto tienen mucho más gancho en directo, aunque algún tema más antiguo seguro que despertaría la nostalgia de más de uno, por algo es una banda con casi 20 años de carrera. En cualquier caso, otro sobresaliente para ellos, y ya van unos cuantos.

Ahora sí, para alcanzar mi objetivo más deseado de aquella noche, me veía en situación de echarme algo a las tripas, que andaban más vacías casi que mi cartera. Nos permitimos un lujo de última hora, uno de esos bocatas que se te autodestruyen en las manos de lo llenos que van. Con eso aguantaríamos ya hasta el final con Slayer. Conociéndome, ya sabréis que tal objetivo de culto era la actuación de los ingleses Whitesnake, auténticos ídolos para mí y una de las más poderosas razones para acudir al festival. Sin embargo, habría sido una pena perderse a unas leyendas como Thin Lizzy. Aunque de estos ya quede muy poco ya de la legendaria formación original (básicamente… Scott Gorham y pare usted de contar) como siempre digo yo ante estos casos, al menos los temas son los temas, y decidimos coger un sitio en el que todavía se podía respirar, lejos pero con buena visibilidad del escenario, y a disfrutar un poco más mientras llenábamos nuestros maltrechos estómagos. Entre bocado y bocado, sonó más de un corte conocido, como Jailbreak, y Ricky Warwick, vocalista actual de la banda, hizo un buen trabajo con ellos, poniendo la carne en el asador y cantando muy bien, llegando a coger una acústica para acompañar a sus colegas. Pero entre tema y tema, bailoteo y bailoteo llegó, de repente y sin esperarlo, uno de mis temas favoritos: The boys are back in town, una canción cuya melodía guarda para mí un aire de nostalgia que me es difícil de explicar. Si a esto le sumamos que durante su duración no dejaron de salir imágenes del legendario Phil Lynott, rindiéndole siempre homenaje, fue un momento que, sin comerlo ni beberlo, estuvo a punto de sacarme las lágrimas, ¡¡experimenté una sensación increíble por poder ver aquello!!
Los solos fueron toda una demostración de clase + experiencia y todo tuvo un aire muy animado, un ritmo constante y un decorado / montaje muy chapado a la antigua, resaltado por la intensa iluminación. Tras una de las más conocidas también, Black Rose, se armó la gorda definitivamente con Whiskey in the jar, con toda la peña dando saltos, incluso arriba del escenario. Todos la cantaban, aunque más de uno pensaría que es una versión de Metallica y no al contrario (y en realidad, es una canción tradicional). Al mismo tiempo que la gente enloquecía de alegría con el clásico, nosotros fuimos abriéndonos paso hacia delante sin parar hasta coger un sitio mucho mejor de lo esperado.

Con Whitesnake, el zenit del festival, el punto más álgido al que aspiraba después de tantas y tantas horas de concierto, se acercaba mucho por fin. Por suerte, con el tema de los dos escenarios alternándose, no tuvimos que esperar demasiado para ver a Coverdale y su banda desfilar ante nosotros. Tan solo My Generation de The Who, que hizo las veces de introducción, nos separaba de su actuación. Estaba francamente nervioso e impaciente por ver qué nos iban a ofrecer esta vez, ya que no conocía el setlist, pero muchas noticias y comentarios que leí hacían pensar que iban a dedicar la hora y cuarto de la que disponían a tocar solamente los clásicos más conocidos y celebrados de toda su carrera, lo que me desesperaba aun más… y es que esta banda siempre me ha puesto de lo más cachondo, no lo puedo evitar. POR FIN, comenzaron a aparecer los músicos, empezando por el descomunal Tommy Aldridge, y con especial ovación para David Coverdale y se armó la marimorena con Bad Boys. ¡¡¡UUFFF!!! ¡Segregué tanta adrenalina que pensaba que me iba a volver loco! Desde los primeros aullidos de David, el tema fue pura pasión, desde la instrumentación a la interpretación del vocalista. Para ir mezclando material, Slide it in, otro clasicazo como la copa de un pino con mucho sabor ochentero. Y es que si hay algo que me pone bruto de esta banda es esa mezcla de elegancia y sensualidad en los temas, de comercialidad y pasajes más Heavys… es la mezcla perfecta para mi gusto. Incluso en sus discos actuales, siguen componiendo temas que no puedo parar de escuchar ni quitarme de la cabeza. Coverdale puede haber perdido casi toda su espectacular voz y su juventud, pero su encanto y atractivo escénico perdurarán para siempre. No obstante, se sigue defendiendo en los tonos medios / bajos en temas como Love ain’t no stranger, imprimiendo esa elegancia que solo el posee a la hora de cantar. Por mi parte, continuaba con un subidón que en ningún momento bajaría, chascando los dedos, doblando el cuello y saltando como si fuese el último día sobre la tierra. Y como siempre, muy atento a Tommy Aldridge, un puto ídolo para mí. En ese momento lo desconocía, pero por lo visto sustituyeron The Deeper the Love por Judgement Day. Finalmente fue esta última la única canción en sonar de su “Slip of the Tongue”, buena sin duda, tranquilita, pero sinceramente hubiese preferido mil veces antes la balada (mi favorita del grupo). De todas formas, el disfrute continuaba, y es que no hubo tema malo o fuera de lugar, como ya me temía. Fool for your loving continuó con la línea de clásicos de los 80, mi época favorita, con discos como “Whitesnake” (también conocido como “1987”), “Slide it in”, “Slip of the Tongue”… un repaso que se centró estricta y exclusivamente este periodo de tiempo. Tras este delirio festivo de teclados, melenas y unos guitarristas que quitaban el aliento, llegaba poco a poco la hora, cada uno a su tiempo, del lucimiento personal de estos sobresalientes músicos. Y es que la calidad instrumental de Whitesnake siempre ha sido uno de sus puntos fuertes. De momento, pasamos de un solo de lo más emocionante a cargo de Reb Beach, el miembro más antiguo en la banda con permiso de Tommy y Coverdale, a un solo, primero en acústico y luego en eléctrico de Joel Hoekstra, el nuevo guitarrista que lleva girando con ellos tan solo un par de años, pero que demostró que nació para ello. De todas formas… ya me había hecho yo a Doug Aldrich. No desprecio al nuevo, que tiene unas cualidades increíbles, pero Doug tenía esa pasión unida a una técnica que me resultaba irresistible. De nuevo, tras este paroncete, irrumpía de nuevo Coverdale sobre las tablas para traernos con ese feeling impresionante Slow an’ easy, cantando primero con voz aterciopelada y luego, defendiendo el tema como buenamente podía, ayudado en gran medida por los coros de los músicos, que tienen una presencia mayor de lo que imagináis. ¡Aunque también la tuvieron las palmas y las voces del público! Ahora, de nuevo, un solo del bajista Michael Devin, más corto pero igualmente alucinante. Que control y que técnica… para mear y no echar gota, de verdad. Unos cuantos solos seguidos seguro que era lo que el Sr. Coverdale necesitaba para descansar sus cuerdas vocales. Es lo que hay y la edad y los excesos no perdonan. Ahora sí, a la carrera, comenzando por Crying in the Rain. Espectaculares teclados, una banda entregadísima y un David, de nuevo, en primera línea del escenario, con esa mirada penetrante y esa presencia tan cautivadora.

Y vale que ya estaba bien de solos, pero habiendo hecho uno cada guitarrista, y uno Michael Devin… ¿donde cojones está mi solo de ese brillante batería que siempre me hace flipar en directo? Porque os recordaré de nuevo que Aldridge es mi batería favorito. Cada vez que les he visto en directo, me he pegado la mitad del show mirando su forma de tocar, tan ochentera, tan espectacular, tan jodidamente clásica, con esos movimientos, esas figuras que hace con los palos por encima de su cabeza, buah… se me ponen los pelos de punta con solo recordarlo. Su indiscutible fuerza en la pegada y su infinita pasión son una parte importantísima para mí en el sonido Whitesnake, y si algún día le vuelven a perder, perderán para mí la mitad de su atractivo. Lo importante es que se metió un solo que nos dejó con los huevos pegados al suelo, una pegada monstruosa, parecía que la batería iba a estallar por los aires, cuando no contento con eso, lanzó los palos y se puso a tocar como un auténtico pirado con las manos… ¡parecía haber perdido la razón! Que jodido GENIO, es que le adoro. Ahora sí que estaba más que saciado por los solos, cuando comenzó a sonar Is This Love la balada por excelencia de la serpiente blanca. Al principio sonó un tanto confusa, no sé muy bien porque, noté algo raro en la afinación, pero poco a poco todo se centró. Tema para parejitas y para amantes de las buenas power ballads. De aquí al final el setlist se iba a centrar en el “1987”. La rítmica Give me all your love sacó a relucir lo mejor del vocalista. ¿Quieres escuchar gritos y grandes agudos? Nada, olvidalo. Ya no tiene voz, no hay nada que se pueda hacer ya. En cuanto sube más de lo que puede (y tampoco es demasiado) su voz se destroza, se queda en un graznido incomprensible. Pero por ejemplo, el principio de este tema, lo bordó, y es que el sentimiento sigue dentro. Tras animarnos a que cantáramos varias veces el estribillo, continuó la fiesta, los saltos, la inmensa alegría por tenerles delante de nuevo… con un tema que es precisamente eso lo que pide: Here I go. Los coros, una vez más, ayudaron lo suyo, pero quedó de lujo. Me vuelve a chocar algo que casi no recordaba: ver al vocalista Michael Luppi tras los teclados. Desde luego, no sabía que sus dotes para este instrumento fuesen tan grandes como para tocar con los ingleses, pero desde luego, sé que posee una de las mejores voces del mundo que yo haya podido escuchar y, hasta donde yo sé, no hace ni coros, algo muy extraño que no logro terminar de entender. Pero claro, si le dejan cantar, dejaría a David en calzoncillos jejeje. Si hubo un tema en el que el líder de la banda sufrió como un condenado, fue la esperadísima Still of the Night. En las partes agudas, apenas podía aguantar, y este tema es especialmente jodido de cantar. Por suerte, en esta ocasión los músicos sacaron el pecho y entre el solo, los detalles de guitarra en las partes lentas… terminó sonando tan deliciosa como en el disco. Toma crónica kilométrica, pero anda que no me he desahogado jejeje.

A duras penas y tal como pudimos, después de esta orgásmica descarga de Hard Rock, nos encarrilamos a otra, aunque esta vez de corte americano. Una de las bandas de aquellas tierras que más han visitado la nuestra y que deben de sentirse muy a gusto aquí tras los recibimientos que les brindamos. Y es que en verdad siempre es un placer acudir casi año tras año, a un concierto de Twisted Sister, pero en esta ocasión nos cogió en un momento delicado. Una de esas situaciones en las que, por mucho que lo intentes ante la marabunta de gente, siempre te vas a mover para donde vaya la marea. Por suerte, terminamos en un buen sitio, relativamente cerca y con buena visión, pero en cansancio nos estaba machacando duramente e incluso dudaba de hasta cuando podría aguantar el concierto. De todas formas… cuantas veces he dicho esto y cuantas he terminado con todo xD.

Con aquello de … Welcome to our show… dispararon certeramente con What you don’t know (sure can hurt you) con mucha caña, aunque el sonido de primeras no fue perfecto y me costaba un poco retornar al ritmo habitual después de la locura en el concierto anterior. Poco a poco me fui animando con una buena dosis de Burn in Hell, en donde el escenario quedó cubierto por luces rojas, dando un aspecto infernal, y sorprendiendo al escuchar temas que han quedado muchas veces en la sombra como o Destroyer, junto a algunas ya más conocidas como The Kids are Back. Entonces es cuando empecé a caer en la cuenta. Por una parte, el ver al sublime Mike Portnoy tras la batería, recordé la triste muerte el año pasado del músico original A.J. Pero, y por otra, también recordé que este se trataba de uno de los conciertos de la gira de despedida de los Twisted Sister y quizá por eso estaban metiendo tantos temas que es raro ver en vivo. Por una parte fue triste, pero por otra el setlist estaba siendo cojonudo. Antes de comenzar me desilusioné un poco porque pensé: otro concierto más basado al 90% en el “Stay Hungry”, disco mítico y genial, pero que han sobreexplotado durante demasiado tiempo.  Pero por suerte, nada más lejos de la realidad. Por supuesto que sonaron temas de su disco más conocido, más hacia el final, pero entre medias pudimos disfrutar de joyitas como Like a knife in the back, I Am (I'm Me) y por supuesto, una verdadera furia de tema, You can’t stop Rock’n’Roll, tocando todos los palos y discos de su discografía, especialmente de sus primeros discos “Under the Blade” y “You can’t Stop Rock’n’Roll”, excelentes álbumes normalmente mal tratados. Dee Snider y compañía… estos si que continuaban igual, sin cambiar. Ya es sobradamente sabido que, cuando Dee Snider pisa el escenario, nunca vuelve a brotar nada de él. Cuando empieza el primer tema, sabes que te vas a encontrar a una auténtica bestia que arrasa a su paso. Su forma de actuar es inigualable, haciendo auténticas virguerías con actitud desafiante y gamberra. La pareja formada por Eddie Ojeda y Jay Jay French se complementa perfectamente. Ambos compaginan grandes riffs y solos, y si uno se puede calificar como la parte más macarra, el otro muestra la parte más elegante y chulesca. Y en cuanto a Mark Mendoza… siempre me ha encantado su actitud canalla y su forma de tocar el bajo. ¿O debería decir de darle hostias al bajo? Porque cuando se cansa de tocar de forma convencional, siempre se acaba liando a puñetazos con las cuerdas. Tremendo.

Muy buena The Fire Still Burns, mucho tiempo sin escucharla, esa melodía tiene un “algo” que me encanta, aunque por supuesto la que levantó ampollas (en todos los sentidos) fue We are not gonna take it, cantada, como siempre sucede en suelo español, como huevos con aceite, ante el jolgorio y risas del público. Dee siempre consulta con Eddie palabras en castellano, y es que se nota que, a parte de darlo todo en concierto, se divierte como un crío. La parte seria, cuando nos pidió que la cantáramos con el título original, fue para denunciar a esa maldita piara de cerdos terroristas que nos intentan joder la fiesta a base de atentados, lanzando un fuerte FUCK YOU al aire para todos ellos. Otro momento MUY especial (diría que el mejor del concierto para mí) fue The Price, dedicada a las grandes estrellas del Rock / Metal que nos han dejado en los últimos tiempos, como Lemmy o Jimmy Bain, una balada que vino al pelo y que siempre me ha encantado. Dee dijo a la peña que se dejaran de putas mariconadas de tablets y móviles y sacaran los mecheros como en los viejos tiempos. Así lo hicimos, y la oscuridad iluminada por cientos de llamas (cuanto tiempo sin ver esto… ahora solo hay putos móviles) sirvió de entorno para la bonita canción, un momento tremendamente emotivo al que siguieron unas mucho más tralleras Under the Blade y I wanna Rock. Pidiendo perdón a Slayer por retrasar su salida, Dee Snaider se puso a presentar a la banda, haciendo mención especial al fallecido batería, para continuar con S.M.F. extraña pero efectiva elección para terminar el concierto y dejar paso a los legendarios thrashers.

Las piernas ya no respondían, la espalda daba pinchazos y el único movimiento que éramos capaz de hacer era caminar por pura inercia después de pasar un concierto de Twisted Sister entero atrapados como sardinas entre la multitud, prácticamente sin posibilidad de movimiento. Reconozco que me sentía bastante agotado, pero aun así no quería dejar de ver a Slayer, aun a riesgo de caer “rollao” al suelo de un momento a otro. La solución más sensata fue ir a las gradas del fondo, arrastrando los pies molidos, y ver allí unos cuantos temas hasta que recuperase la vitalidad. Lo cierto es que no sé como conseguí aguantar tanto tiempo sentado, ya que mientras sonaban Repentless, Disciple (es que la violencia sin límites de este tema me pone la sangre hirviendo) o Postmortem se me movía tanto la pierna sola que estaba moviendo sin darme cuenta toda la grada jejeje. El setlist era un auténtico torbellino hasta ahora, War ensemble, You against you y la homicida Dead skin mask son un perfecto ejemplo de ello. Cada vez que sonaba algo de su quinto disco es que me descompongo, y para colmo, Seasons in the Abyss… buf, imposible estar sentado ni un puto minuto más… ¡vayamos a morir al concierto! gritamos, y tras un rápido recorrido por tiendas, por el lugar dedicado a Lemmy Kilmister, etc, Salimos pitando cuando empezó a sonar South of Heaven y ale, a destrozar el cuello de nuevo. Cada movimiento era doloroso, pero más duele la vida en general, y sarna con gusto no pica. Lo cierto es que los temas conservaban una brutalidad y frescura como si estuviésemos al principio del show. Con Slayer ya se sabe, es una de las bandas más salvajes que se pueden ver en directo. Aunque hubo muchos temas con los que Tom Araya no aguantaba el tono durante toda la duración, cantaba con agresividad y sacudía su bajo como siempre. También tuvimos la gran oportunidad, aunque solo fuese este último rato, de ver más cerca a Gary Holt, que interpretaba como dios temas como la mítica Raining Blood junto al “jefazo” Kerry King. En este tema, se pudo ver de todo, headbanging a saco, volteretas, saltos, gritos... una locura casi impensable a estas horas. Lo mismo que sucedió cuando desataron al ángel oscuro con Angel of Death. Riffs mordientes y velocidad extrema en las guitarras y batería, mientras Tom gritaba como un lunático. El mismo Tom, por primera vez que yo recuerde en todas las veces que les he visto, se dirigió a nosotros en castellano, ¡sorpresa! con unas pocas frases (se nota que ya ha olvidado su idioma natal). Al menos, pude irme más calentito todavía a casa, habiéndome desquitado a base de bien con Slayer.

La vuelta a Reus, esa misma noche fue bastante mortal. Una hora de camino después de 11 horas seguidas de conciertos sin parar más de 10 minutos seguidos pesaban, y mucho. Por suerte, con la ilusión remanente del festival y un buen palique, nos plantamos allí antes de lo que pensamos.

Vaya experiencia señores, el mejor de mis 3 Rock Fest. De verdad que lamento no haber podido ir otro año más a ningún festi por Europa, y no voy a ser hipócrita y decir: ¡si esto ha sido igual! Pero reconozco que se ha acercado mucho, mucho más que otros años a ese nivel. Y si sigue creciendo, remediando los fallos y agrandando sus virtudes puede llegar a convertirse en el festival más grande que hayamos tenido nunca. Espero que la organización sea consciente de lo que tienen entre manos. Aplauso redondo para el sonido: el 90% de las bandas que vi (que a su vez, fueron el 90% de todo el cartel jeje) gozaron de un sonido prácticamente perfecto, alto, potentísimo y ensordecedor pero pulcro y cuidado. Algo contra lo que, hoy por hoy, otros festivales como el Leyendas del Rock no pueden competir ni de lejos. Por cartel también ha sido por goleada el mejor de España. Y por último, el ambiente, sin sobresaltos, sin sustos de última hora ha sido absolutamente paradisíaco, el buen rollo, el calorcito, los momentos clave… Esto hay que vivirlo al menos una vez en la vida. Pero si en lugar de 1 son 100, ¡¡mejor que mejor!!

_|,,| JaviMetal (Is The Law) |,,|_

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