lunes, 22 de agosto de 2016

¡Plagado de Leyendas! (Leyendas del Rock 2016, "Día -1" (09/Agosto/2016), Villena, Alicante)

Una semana después del Leyendas del Rock 2016, cuando empiezo por fin a escribir estas líneas (que no he hecho antes porque también en esto me tomo vacaciones… jeje) y parece ya tan lejano… de nuevo sumido en la asquerosa y deprimente vida laboral (si es que se puede llamar vida) los recuerdos, aunque muy brillantes todavía, se van desgastando muy poco a poco, por eso no quiero demorar más esta crónica que por otra parte, tantas ganas tengo de escribir. No es cosa rara para todos los que me conocen decir que el Leyendas es el evento más esperado de todo el año, a pesar de que en este 2016 ha tenido muchísima competencia. Sin embargo, el cariño acumulado durante las 9 ediciones que llevo ya del Leyendas (faltando tan solo a la segunda y a la cuarta) y la posibilidad de contar con gran parte de mis amigos en un festival tan grande (cosa cada vez más imposible) lo hacen realmente entrañable y automáticamente las fechas quedan plasmadas en el calendario, en la agenda de mi cutre-móvil y por supuesto, en mi cabeza. No obstante, ya tengo mis entradas para el año que viene, sabiendo con total certeza que repetiré, como siempre, me cueste lo que me cueste, aunque apenas haya unas pocas bandas confirmadas. La cruda realidad es que el Leyendas, dependiendo de a que nos atengamos, siempre te suelta una de cal y otra de arena. No es un festival perfecto y esta muy lejos todavía de serlo. Falta cambiar muchísimas cosas, mejorar mucho la organización, sonido, instalaciones… Pero en los últimos años, como siempre digo, tiene para mí una ventaja realmente impagable, incalculable, que es celebrarse en Villena, a 20 minutos de mi casa. Antes de empezar con calma a relatarlo todo, los triunfos y las cagadas, las actuaciones, las vivencias y las emociones… empecemos por el día “-1”.

Sí, y es que este año por tener excesivas ansias, cometimos varios errores que se nos fueron de las manos y podrían haberse evitado con un poco más de coherencia cerebral. Pero que queréis que os diga, soy como un niño para los festivales, me puede la espera jeje. El año pasado montamos una movida cantidad de guapa, con plásticos, toldos, furgoneta, mesas… Y nos juramos a nosotros mismos que este año sería como mínimo igual. Pero al llegar, nos topamos ya de primeras con la señora organización. A pesar de habernos dicho que nada cambiaría respecto al año pasado, no nos dejaron bajo ningún concepto apalancar las tiendas junto al furgón como ya hicimos en el 2015, lo que desembocó en las primeras malas caras de la tarde. Para colmo, si antes he dicho “día -1” es porque fuimos un día antes de la jornada gratis (que yo siempre llamo “día zero”) precisamente para poder montar las cosas con tiempo y sin impedimentos. Un poco encabronados, y con las cosas a medio montar, nos fuimos a preguntar por la zona gratuita del camping, a lo que un pasota total de la organización llamado Azael (aunque todavía dudo de si formaba realmente parte de ella) nos trazó una inequívoca y clara línea a partir de la cual (aseguraba) era gratuito acampar. Ahora sí, tiendas, toldos… movidas varias, todo montado y en su sitio. Pero cual fue nuestra inconmensurable sorpresa e indignación cuando, al tratar de entrar de nuevo al camping tras un rato por fuera, nos dicen que necesitamos unas putas pulseras para entrar. Tras unas palabras, intentamos entrar por donde estaba el tal segurata (que no estaba, por cierto) y nos colamos. Completamente encendido por la rabia, más tarde fui a darle el toque al energúmeno responsable de lo de la acampada y nos dijo, ojo al dato, que al entrar siempre estaría allí y nos dejaría pasar, o que dijéramos que éramos primos suyos. Naturalmente, no le volvimos a ver en todo el festival, pero por precaución al final nos tocó pagar las putas pulseritas de los cojones por no tener que desmontarlo todo y largarnos de allí. Y así, “amijos” míos, la organización se embolsó por la cara unos 90 euros. ¡Alegría! Importe que, por supuesto, pensé en cobrarme con algún destrozo vandálico ocasional. Tras esta desagradable ocurrencia (con el tiempo sonará divertida, pero a día de hoy aun me quema la sangre), consecuencia de escatimar medios y ratear con los puestos de trabajo metiendo a palurdos, escuchamos que mucha gente también tuvo diversos problemas con el tema de la acampada. Y es que ya sabía yo que esto de las distintas zonas sería una jodida basura. El camping Sol, donde estábamos, era una auténtica mierda, es decir, el mismo que otros años, pero de pago. El camping Sombra estaba cubierto por varias carpas. Imaginaos como era el gratuito. Lleno de piedras, al lado de la carretera, con solo una ristra de baños, sin seguridad y sin higiene. Las putas favelas del Leyendas, oigan, que no daba ni asco pasar por allí.

Lo peor de todo es que toda esta historia nos puso muy de mala hostia y creo bastantes malos rollos innecesarios, cuando la noche de llegada a un festival tiene que ser mágica por cojones. Pero ya se sabe, que un par de traguitos de esto y de lo otro al final acaban ahuyentando los malos rollos, y por otra parte en el camping se podía respirar tranquilamente, con buen rollo y sin excesivo jaleo más que de los 4 borrachos (como nosotros) que había. Por fin se convirtió en la noche que debió de ser desde el principio. Kurro, Juanma, Jose, mi chica y yo disfrutamos de momentos de risas bastante bestiajos, algún encuentro en la tercera fase y unos cuantos cubalitros para celebrar la llegada al Leyendas que tantos buenos momentos nos da siempre y tantos nos iba a dar este año. Cuando comenzó a picar el frío a altas horas de la noche, empezamos a retirarnos a nuestros escondrijos, yo por mi parte soñando despierto con un momento que estaba a punto de llegar tras tantos meses de dura espera. Garantizado, eso sí: el año que viene NO habrá día “-1”.

_|,,| JaviMetal (Is The Law) |,,|_

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