lunes, 12 de diciembre de 2016

Aunque no creas en brujos... se está mejor de este lado (Brujería, Martes 06-12-2016, Sala Rock City, Almàssera, Valencia)

No suele darse el caso de visitar una sala como la Rock City en Valencia dos veces con tan solo unos pocos días de diferencia (tres, para ser más exactos), pero ello es un buen síntoma de que últimamente la cosa no para en cuanto a conciertos. Si el sábado estuve disfrutando del concierto de Saurom con los supremos Opera Magna, este martes pasado día 6 le tocaba el turno a una banda que siempre ha sido muy especial para mí y para mis colegas, una de las que más nos ha influenciado en cuestiones de brutalidad y mala hostia: Brujería. Desde Méjico, y con una formación de auténtico lujo (como la mayoría de las que han llevado siempre, estamos hablando de una súper banda por la que han pasado músicos de importantísimas y míticas formaciones. Es por esto que, aunque no conozcas bien su repertorio o apenas les hayas escuchado, el espectáculo y la técnica son dos platos que se sirven juntos en cualquier evento donde pongan los pies, ya sea en festival o en sala. He tenido el placer de verles en ambos entornos, pero siempre es en sala donde una banda suele poner toda la carne en el asador, por lo que una ocasión así era algo imprescindible (y me suda el nabo que al día siguiente trabajara y encima con extra de madrugón). Así pues, después de un martes bastante jodido en general, despegué del trabajo sin tocar las ruedas en el suelo para reunirme con mi colega Kurro, que ya me esperaba para salir pitando hacia la localidad de Almàssera, en donde tantos buenos momentos hemos pasado de concierto. Sabíamos que poder estar ante músicos de la talla de Anton Reisenegger (Criminal, guitarrista, también Lock Up), Shane Embury (el Hongo, bajista, también en Lock Up y Napalm Death), Nick Barker (Hongo Jr., también en Ancient, Lock Up, Twilight of the gods…) iba a ser algo mágico a la vez que atroz.

Con un poco de retraso (y es que entre unas cosas y otras…) partimos hacia la Rock City con una alegría y unas esperanzas inmensas, hacia una noche cuya fecha ya estaba marcada como fija desde hacía mucho tiempo. Pensábamos que, pese a todo, íbamos con buena hora para poder ver a ambos grupos, Fostioner una banda bastante extraña que actuaba en calidad de teloneros, y Brujería, de los cuales esperábamos un show impactante y largo (por pedir que no quede). El precio de la entrada era relativamente aceptable, 23 euros con gastos de robo incluidos no me parece excesivo para una banda que antes de ser nombrada ya sabes que vas a tener un llenazo total, sea en fin de semana o cualquier día entre medias. En este caso, y nada más llegar a la sala, ya nos dimos cuenta de que dicho sold out ya era una realidad. La cola era inmensa y poblada, y el recinto exterior de la Rock City estaba a reventar aquel Martes y buen día. Eso sí, pese a que estábamos convencidos de que tendríamos tiempo para tomar una cervecita incluso antes de los teloneros, el de seguridad nos dio un buen susto, ya que nos dijo que estaba a punto de empezar el concierto principal. Alarmados y un poco acelerados, echamos hostias hacia el coche para dejar chaquetas y demás y adentrarnos entre el gentío que, por supuesto, también abarrotaba la sala. Suerte que, gracias a unos colegas del Kurro, nos plantamos en un lugar de puta madre, donde íbamos a ver el concierto muy cerca y en primera línea del barullo y los mosh.

La intro fue la misma que da presentación a su sengundo trabajo, “Raza Odiada”, durante la cual se podía mascar la tensión mientras la voz pregrabada planea disparar contra el protagonista del primer tema, hasta el grito de ¡¡MUERETE MARICÓN!! con los disparos de la ametralladora, empezó Raza Odiada (Pito Wilson) y un desfase apocalíptico, un panorama que hacía, creedme, mucho tiempo que no veía en un directo. Desde las primeras filas emergían aluviones de hostias, empujones, codazos, saltos y cabezazos que lo arrasaban todo a su paso, la peña cantidad de encabronada no perdonaba ni una al ritmo de los cañonazos de Anton Reisenegger a la guitarra. No hizo ningún ademán de ánimo, ni ningún gesto extra por parte de la banda para conseguir que aquello se convirtiera en un infierno, pero no contentos con ello, se atrevieron con El Desmadre una deliciosa apología a las drogas y al desmadre que puso la sala patas arriba con su vertiginoso ritmo y su letra enajenada. Ante estos primeros temas, y como siempre sucede, Juan Brujo (John Lepe) ya empezaba a ahogarse y a perderse entre frases tan rápidas, y es que francamente, si le quitamos su agresividad y su mala hostia, a Juan Brujo tan solo le queda el enorme carisma que tiene (¡que no es poco!). Para escuchar a Nick Barker en toda su plenitud (aunque, al loro, nos enteramos en el mismo momento de que él era el batería en esta formación actual), no tuvimos que esperar más que sonara Colas de Rata, un jodido temazo, una de mis favoritas de su discografía: sucia, maloliente y asesina, cien mil patadas en la cara en forma de un blast beat pulcro, perfecto y muchísima rabia desatada sin control. A todo esto, y a diferencia de otros conciertos en los que les he visto, el sonido era inmaculado, quizá el mejor que les he visto llevar. Supongo que entre técnicos y la sonoridad de la Rock City  se hizo posible aquella maravilla: cada guitarrazo, cada trompazo de Nick, incluso cada una de las mil notas por segundo que toca el Sr. Embury sonaban inmaculadas, claras y limpias, en una verdadera orgía destructiva. Nos quedaba para rato de disfrutar a tope, con la furia sonora de temas como La Migra (todo un clásico) o Hechando Chingasos, con la que casi me parto el cuello entre estribillo y estribillo. Y es que no podía dejar de hacer el animal ante tanta atrocidad, saltar, dar cabezazos y esquivar codos era mi máxima y única prioridad.

De momento, solamente ¡Viva Presidente Trump!, dedicada a otro presidente criminal y xenófobo, formaba parte de su última etapa discográfica representada, con gran éxito por cierto. Espero que la banda se de cuenta de que tiene a unos seguidores fieles y enloquecidos en nuestro país que saben darlo absolutamente todo. Así lo hicieron todos y cada uno de los que, desde el primer tema, no dejaban de subirse al escenario para saltar sin casi mirar, enajenados por la locura de los temas que sonaban. Algunos resultaban demasiado pesados en este aspecto. Otros, por exceso de alcohol o locura, se pegaron buenas hostias contra el suelo y alguno en particular probablemente se partiría algún hueso. Hasta en temas pasados de revoluciones, como Seis Seis Seis, la peña respondía a ritmo desenfrenado (saberse la letra ya era una odisea). Juan Brujo continuaba berreando e incluso ofreciendo algún detalle medio-melódico en Ángel de la frontera o Sida de la mente pero rítmicamente se perdía constantemente y su capacidad pulmonar y vocal no daban de sí. Por suerte, tiene a su diestra e izquierda a vocalistas complementarios como El Sangrón (las voces más violentas y brutales) y el Piche Peach, una verdadera rata humana que, a parte de cantar los temas a pachas con Juan Brujo, pone el punto teatral y sarcástico a los conciertos. Genial sin duda, y muy divertido. La segunda en sonar de su reciente trabajo “Pocho Aztlan” (que tan solo lleva dos meses en el mercado) fue Satongo, con una letra desternillante un ritmo machacador. Ya que hablamos de tan magno acontecimiento como la salida de un nuevo disco de los mejicanos (después de 16 años, nada menos, sin sacar un LP), decir que los temas funcionaron mucho mejor de lo que pensaba en directo, que no abusaron para nada de ellos (tan solo 3 temas tocados), pero en el lado negativo, no me gusta el tono excesivamente humorístico que están tomando las letras de la banda. Echo de menos su humor, pero del negro, del mala-folla, de cuando hablaban de posesiones diabólicas, de asesinatos, niños muertos y misas negras, eran mucho más acojonantes y oscuros, más creíbles.

Por suerte, continuamente volvían a aquella época despiadada llena de agonía y satanismo con temas como Castigo del Brujo, en las que el retumbante bajo de Shane y las trepanaciones a base de doble bombo de Nick te volvían loco. También con otra que supuso, por decirlo así, el segundo rejuvenecimiento del concierto.

La intro de su tercer disco fue tarareada en plan cachondeo por todo el mundo, incluso por El Brujo en un falsete muy divertido, pero la hora de las risas se acabó, y de nuevo los agresivos riffs de Anton y los puñetazos de Shane a su bajo nos devolvían a la oscuridad con Brujerizmo, con la que la sala volvió a explotar; la furia de esta canción se hizo notar en las cuatro esquinas de la sala: todo el mundo saltando por los aires, la gente invadiendo el escenario a la misma velocidad con la que desaparecían de él, bien empujados por el Pinche Peach o bien dando unos saltos dignos de un kamikaze. Como ejemplo de lo que he dicho antes, No aceptan imitaciones, uno de los cortes más agresivos de su último disco, estuvo 100% integrada en el repertorio clásico, con mucha mala baba y una batería que echaba chispas. Muy apropiada para estos días: Anti-Castro… pffff, madre mía que locura, solamente por esos momentos merecía haber pagado el doble de lo que valía la entrada. El frenesí con el que Barker hacía polvo su batería era igualado por el desmelene de casi toda la sala en aquellos momentos, en los que realmente llegamos a temer por nuestra integridad física entre tanto empujón y pisotón. Y mi colega con la mano casi recién operada. ¡¡BRAVO!! Bailotéo a mitad de canción por parte de los tres vocalistas (de forma bastante bizarra / cómica) para volver a escupir culebras con toda la ira de la canción y casi empalmarla con una retahíla que, no se si sería hecho adrede o casualidad, muy orientada a la defensa armada de su país y llena de ideologías guerrilleras y políticas, empezando por Marcha de Odio, que siempre me recordó bastante a Fear Factory con esos ritmos de doble pedal, la velocísima Revolución (de nuevo, inconmensurable Nick Barker…) y la guinda del pastel, la chispa de la explosión, el zenit de aquel concierto… avisada la por el amago del riff de Anton…¡¡¡la grandísima División del Norte!!! con una de las melodías más oscuras, decadentes, lúgubres y amenazantes que ha compuesto nunca esta banda. ¡Me encantó! Pese a que ya la había visto antes varias veces en directo, no deja de ponerme los pelos de punta mientras me destrozaba la garganta gritando puño en alto aquello de “Júntense todos… ¡¡¡GRITEN PA GUERRAAAAAA!!!”… y que a gusto me quedé con ella, ya consciente de que el momento final se acercaba, aunque con tanto éxtasis es difícil asumirlo. No sin antes, por supuesto, darnos sus Consejos Narcos, con El Brujo esgrimiendo abiertamente, a parte de su oronda panza, un machete de a metro, amenazando y dándole mecha sin parar contra su monitor.

Hacía mucho tiempo que no escuchaba La ley de plomo, de hecho, hacía mucho tiempo que no escuchaba gran parte de los temas de esta banda a la que tenía un pelín apartada, incluso hasta había olvidado algunas letras. En este caso, se escuchaban casi más los graznidos de la peña que la gruesa pero ya bastante castigada voz del cantante. Eso sí, lo que sonó de auténtico lujo fue la base rítmica, con ese dúo maravilloso Shane / Nick, imparables, inigualables (a quien recomiendo ver, también mano a mano, en su otra banda Lock Up). Y obviamente, Matando Güeros puso el punto y final que nunca puede faltar en cualquier concierto de estos mejicanos tan colgados, mientras peña les regalaba drogas variadas acercándose al escenario, premio sin duda merecido por tan bestial actuación. Al grito de tan conocido estribillo, los tres vocalistas seguían ocupando la primera fila del escenario, cada vez más invadido, y que llegó a su máxima ocupación mientras la banda tocaba, ya a modo de despedida (y creo que solamente los cantantes) su Marijuana en lo que fue el momento más cómico y “extraño” del concierto, pero también, porque no decirlo, divertido.

Me pareció que Pinche Peach nos gritaba que en seguida volvían a salir, pero supongo que se referían a tomar unas copas, porque ya todo el pescado estaba vendido. Sin embargo, nada que objetar a un concierto en el que sudé la camiseta como un bárbaro, en el que nos dejamos la piel a conciencia, que fue un completo éxito y un llenazo total y en el que hubo también esos momentos en los que gracias a ciertos temas, uno puede felizmente echar la vista atrás y llenarse de nostalgia mientras canta a pleno pulmón esas canciones que un día fueron verdaderos himnos “de familia”. Lástima que a veces casi todo (o casi todos) termine cambiando demasiado… Pero conciertos como este, siempre, pase lo que pase, se le quedan a uno grabados bajo la piel como una referencia incontestable de lo que ha de ser un show rozando la perfección.

La vuelta fue un paseo, y mucho antes de lo esperado en un principio ya estábamos en casa, con las desternillantes charlas y anécdotas correspondientes. Al día siguiente, tras dormir menos de 6 horas, tocaba pegarse el madrugón padre, pero tras una juergaza así, se descansa, os lo aseguro, a conciencia, y las piernas, espalda, pies… todo lo que acaba dolorido en el concierto es un alucinante recuerdo en el deprimente día siguiente de trabajo.

_|,,| JaviMetal (Is The Law) |,,|_


P.D. Por mucho que me gustaría, esta vez no hay fotos, es lo que tiene depender de la cámara de otros jajaja.

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