lunes, 5 de diciembre de 2016

Profetas de su tierra (Saurom + Opera Magna, Sábado 03-11-2016, Sala Rock City, Valencia)

Todavía con monaco de concierto a pesar de la doble tanda con la que me di el homenaje hace un par de semanas (y es que ojala pudiese ir de concierto todos los fines de semana), la fecha de este pasado sábado día 3 estaba pendiente en mi calendario desde hacía mogollón de tiempo. En principio iba a ir solo, pero finalmente y por suerte pude contar con la compañía de mi chica en esta nueva y emocionante velada, que nos llevaría a ver a la que es, sin duda alguna, una de mis bandas favoritas y de lo más grandioso que tenemos dentro del Heavy Metal nacional. No suele ocurrirme demasiado, pero por esta vez, los cabezas de cartel (Saurom) no eran el plato fuerte para mí. Los valencianos Opera Magna atraían toda la ilusión, ansioso de volver a verles de nuevo tras una buena temporada. Además, la sala que tocaba esta vez era la Rock City que, salvo contadas excepciones, es una garantía absoluta de buen sonido. Antes del concierto, y ya que llegamos con tiempo, nos fuimos a hacer unas compritas al MercaChina, para después pasarnos por el bar, donde ya había quedado con mi colega Popi para hacer la “xarraeta” e ir calentando motores antes del concierto. Cuál fue mi sorpresa, que justo antes de pegar un bocado me crucé con mi amigo Toni y su mujer Belén, a quienes me alegré mucho de ver después de tanto tiempo (y que desafortunadamente no volví a ver en toda la noche). Tras el buen rollo que me dio ver a todos estos colegas, fuimos acercándonos a la Rock City con la panza llena y con muchísimas ganas de disfrutar de los power-metaleros valencianos, y porque no, aunque nunca fueron santo de mi devoción, con el metal folklórico-festivo de Saurom, a quienes también hacía un huevo que no veía en directo.

Me quedé completamente sin palabras, ya llegando, cuando vi la pedazo de cola que se formaba a las puertas de la sala. Llegué a pensar (de coña) que nos habíamos equivocado de sala. ¿Dos bandas nacionales en estos tiempos petando la sala? Pues sí. Profundizando un poco más en el misterio, pronto descubrí que en las taquillas… ¡no quedaba ni una sola entrada para vender! Esto me llenó todavía más de alegría y me devolvió la fe en que no todo está perdido tras las desastrosas entradas de los dos conciertos anteriores a los que he asistido. Y es que Saurom por lo visto es una banda muy capaz de atraer a un número considerable de seguidores allá donde van, pero no creáis que en Opera Magna, en calidad de teloneros, estaba menos lleno, nada más lejos de la realidad.

De haberlo sabido, habría entrado mucho antes a la sala, ya que en el momento en que lo hicimos, ya apenas se podía avanzar uno o dos metros de la puerta sin toparte con la muchedumbre apretujada que impedía avanzar ni un centímetro más. Una putada, ya que tuvimos que ver el concierto bastante apartados de la primera línea de escenario, que es donde me gustaría haber estado repartiendo caña. Por otra parte, y por suerte para esta ocasión, la Rock City tiene relativamente buena visibilidad estés donde estés, e intenté que no se me escapara detalle alguno. El concierto de Saurom iba a estar mucho más relajado, pero el de los inmensos Opera Magna quería vivirlo con toda intensidad a pesar de la distancia. Dando tragos aquí y allá de birra, con mi chica y con mi compadre Popi y sus colegas (un saludo a todos, por cierto, ¡de puta madre!) comenzó la introducción del concierto de los de Valencia, alta, clara y llena de poderío, sonido 100% de música clásica, que es lo que mejor sabe hacer la banda, poco después complementada por los miembros de la banda, que empezaron ya desde este momento a dar muestras de su increíble talento musical. Turno de José Vicente Broseta para salir a comerse el escenario, a despeinarnos con su impresionante torrente de voz, que empezó a sonar con el primer tema de su último trabajo, es decir, el segundo acto de su trilogía “Del amor y otros demonios”, llamada Para siempre, a la que le vi ese toque inconfundible con el que han querido influenciar a estas tres partes, aunando dosis de power metal, sonidos oscurecidos, melodías tristes y dramáticas… un gran tema para ir abriendo boca, con unas subidas de tono hasta el infinito por parte de Broseta impecables, pulidas desde el primer segundo. Pero para despertar la verdadera fuerza del público, no hubo que esperar mucho para que sonara Horizontes de Gloria. Puños en alto y melena al viento, los teclados de Rubén fluyeron junto a la destructora batería de Adrián Romero, todo un portento como demostraría durante la hora que duró el concierto. A ver quien es el guapo que puede quedarse quieto con este temazo, que normalmente utilizan para cerrar, pero que cayó temprano para encendernos a todos. El bueno de F. Javier Nula, no esperaba menos, se marcó un solo que nos dejó con los huevos en el suelo, y se quedó tan fresco el tío, después de esa divina demostración de poder. Y es que a mí este hombre me descoloca, sinceramente, no sé como puede tocar de esa forma, a esa velocidad, y con ese temple. De verdad, impresionante, uno de los mejores guitarristas que he visto en toda mi vida, así de claro. Siguiendo con la idea de presentar su nuevo álbum, cayeron otras tantas, alternando con temas de sus tres primeros trabajos, dando protagonismo a todos ellos por igual salvo a “El último caballero”, al que marginaron un poco con un solo tema. Los temas de su “Poe” (el mejor disco para mí por ahora) suenan grandes, muy grandes en directo. Prueba de ello fueron Sueño en un sueño o El corazón delator, con una fuerza descomunal, especialmente la primera de ellas de nuevo con esos ambientes apocalípticos que les encantan y una melodía excelsa, con mil y un detalles en su composición y una afinación por parte de José alucinante. Entretanto, la batería atronaba y el bajo de Alejandro Penella, sin duda uno de mis músicos favoritos de la banda. Saber apreciar como toca este hombre no es difícil, solo hace falta ver su forma de coger el instrumento, su fascinante agilidad, los dibujos que encaja en los temas… ¡¡podría pasarme el concierto viéndole tocar!! Y la pasión que pone al tocar pone la guinda al pastel.

Y es que una de las cosas que más me maravillan de esta banda es la inmensa calidad de todos y cada uno de sus músicos, en la que ninguno está por debajo del otro. Lo de José Broseta… es de escándalo, directamente. Una voz absolutamente privilegiada, un regalo de la naturaleza que utiliza con mucha sabiduría y técnica. Cuando le toca dar el máximo en cuanto a agudos, no se corta ni un pelo, y a veces parece que lo hace sin esforzarse lo más mínimo, lo cual nos lleva a preguntarnos dónde está su límite. En cuanto a vocalistas en este país, para mí, hoy por hoy no tiene rival. Tras otro fantástico tema de su reciente disco (el cual todavía no me ha dado tiempo a escuchar con calma, como se deben escuchar estas obras tan meticulosamente creadas), llegó la primera balada (más bien, tema lento) de la noche, una preciosa composición llamada Después de ti, que lejos de apagar a la gente, hizo que nuestras voces se escucharan más altas y claras que nunca, disfrutando de cada instrumento, de cada nota. A todo esto, por supuesto no dejaba José de dar ánimos a su público, que por suerte estuvo ahí durante todo el show, aunque eso sí, algo fríos en cuanto a movimiento, cuando a mí me hervía la sangre sin poder estar allí en medio. Pasando al nuevo tema, momento de lapsus, no sé si por confusión con el setlist o porque los instrumentos se apelotonaron demasiado… pero a la segunda fue la vencida con El pozo y el péndulo, la cual casi me hace perder los estribos. Y es que este tema… es una jodida OBRA MAESTRA, así, con mayúsculas. El power metal sinfónico con sabor neoclásico llevado al extremo de calidad divina, pura pasión hecha música, instrumentalmente apabullante, con unos coros de ensueño que sonaron a la perfección y una melodía que, señores, es para quitarse el sombrero, sencillamente. La interpretación fue perfecta tras el primer tropiezo, teclados magníficos, guitarras llameantes, virtuosismo exagerado… y a pesar de que Broseta me parecía en algunos momentos algo cansado vocalmente en esta última recta del concierto (si es que lo suyo es otro nivel), bordó el tema con hilo de oro de muchos, muchos quilates, sobre todo las partes más difíciles, en las sus inhumanos tonos te ponían todos los pelos de punta. Un subidón al que las siguientes canciones no dejaron bajar, porque “Por un corazón de piedra” no le va a la zaga, otra pieza que roza la perfección absoluta, tanto en disco como en directo. De nuevo su calidad compositiva se realza con su genial melodía de su comienzo, su estribillo… ¡todo! La cosa iba tocando a su fin y mi impresión era que tan solo habían pasado unos minutos… es lo que tiene cuando estás disfrutando como un condenado a tal. Parece ser que La Herida, según pudo comprobar la banda, es uno de los temas que más gustan entre el público. De nuevo, tanto a los coros como a la guitarra, destacando F. Javier, con su fulgurante estilo de tocar, al mismo ritmo al que sonaba el pedal de Adrián. Mucho destacó también Rubén en este tema, creando siempre el mejor trasfondo ambiental que una banda podría desear.

Por una parte, me quedé encendido tras presenciar tanta calidad en tan poco tiempo y saciado en gran parte, pero con muchísimas ganas de ver un tema más y otro y otro más. Porque faltaron muchísimas, aunque fueron todas las que estuvieron (como se suele decir). Temazo tras otro, me hicieron vibrar como hacía mucho que no disfrutaba, y es que tras el aluvión de bandas de este estilo que hubo en nuestro país en cierto momento, en el que no todas se salvaban, les descubrí y pasaron a formar parte de mi plantel de bandas intocables, al nivel de las más grandes como Dark Moor, y hacía muchos años que una banda de la tierra no me hacía soñar despierto. Si este mundo es justo (aunque todos sabemos que no lo es) Opera Magna están destinados a acabar en el olimpo del power metal nacional y quien sabe si mucho más.

Ahora que me había quedado tan a gusto (casi tanto como me he quedado escribiendo estas líneas jeje) podría haberme vuelvo para casa tranquilamente, pero sin contar que pensaba amortizar la pasta de la entrada, estaba seguro que a pesar de no ser una banda que me haya gustado nunca realmente, encontraría más de una razón para continuar gozando de la noche, aunque no fuese al mismo nivel, pero las veces que les he visto en diversos festivales me he divertido bastante con ellos.

Que gustazo da ver una sala hasta los putos topes. Ya pasada mi sorpresa inicial, continuaba viendo como la gente no dejaba de entrar a la sala. Nosotros, por nuestra parte, hicimos un descansito, fumar, beber, conversar con la peña y seguidamente buscar, a parte de un nuevo concierto, resguardo del fresco de aquella noche. Por el telón tan guapo de fondo que llevaba la banda y el tiempo que se tomaron para ecualizar, esperaba un comienzo de lo más espectacular, a lo grande… y sin embargo, fue solamente Miguel Franco, vocalista de la banda, quien se plantó enfrente nuestro, con una enorme sonrisa y muchas ganas de divertir a la gente, dirigiéndose a nosotros a modo de presentación del concierto, sin disfraces, sin barreras. Con un aspecto más convencional que de costumbre y con el pelo más largo (al menos de cuando yo le recuerdo) A partir de ahí empezó a hacer su aparición el resto de músicos de la banda, y ya estaba todo listo para el jolgorio que iban a montar. Si he de ser sincero, no esperaba que me iban a animar tanto como al final lo hicieron, con ese buen rollo, esa naturalidad y rebosando alegría. Y lo hicieron de primeras con La posada del poney pisador, un entrañable recuerdo para ir abriendo boca a su segundo y probablemente más recordado disco, “Sombras del este”, lo que automáticamente convirtió la sala en un barullo de saltos con un ambiente festivo difícil de explicar. La gente explotó en intensidad, y tema tras tema se iba afianzando esta impresión. Los auto-denominados juglares del Metal hacían su aparición por todo lo alto. Vayan donde vayan son muy queridos, su ya larga trayectoria está formada por temas que han crecido mucho con el tiempo, y no solo en España, sino que también han triunfado y lo siguen haciendo fuera de nuestras fronteras. Como digo antes, a pesar del desconocimiento de gran parte de los temas que tocaron (me gustan algunos discos, como “Vida”, “Juglarmetal”, y por supuesto “Sombras del Este”, que repasé bastante en su día). Parece que fue el otro día cuando cambiaron su nombre de Saurom Landerth a simplemente Saurom, pero estos enamorados de las leyendas de Tolkien no han dejado de imprimir su sello personal en todas y cada una de las melodías que han compuesto. Temas que, a los pocos minutos de estar sonando, ya se te han pegado como lapas y te obligan a moverte y a desinhibirte con toda la carga de buen rollo que la banda te ofrece.

Supuestamente, se encuentran en la gira de su último disco, “Sueños”, y posterior directo conmemorativo de sus 20 años de carrera (¡ahí es nada!), en el que desgranan grandes temas de sus, casi nada, 8 discos de estudio. Tengo en mente temas como Vida, que presentaron con gran cariño, y en general, de todos los temas hacían una pequeña introducción o soltaban alguna gracia para conectar todavía más con su público. No solo debajo del escenario se cocía una fiesta espectacular. Encima del tablado la banda hacía lo propio. Raúl y José, a parte de cumplir de forma 100% profesional con su trabajo, ponían el punto de movimiento y diversión, sin parar de campear por el escenario, lanzando miradas de complicidad y sobre todo, sin parar de dar vueltas uno alrededor del otro, sin parar de rasgar sus instrumentos. Miguel Ángel me parece el clásico ejemplo que en mi opinión no tiene una voz grandiosa, pero sabe utilizar perfectamente sus recursos y desde luego, no falla, canta muy bien y se deja la piel en el escenario, sin dejar de dar esa imagen de tipo majo y agradable. Seguían tirando de repertorio “de toda la vida” (cada vez me sonaban más temas y me iba gustando más el concierto) aunque predominaban los temas más recientes, y entre cada uno de ellos, algún guiño, algún chascarrillo, o por supuesto, menciones para el conciertazo de Opera Magna. La gente, por su parte, continuaba sudando la camiseta, sobre todo en las primeras filas, donde todo lo que se veía eran aplausos y brazos en alto, la peña estaba mucho más movida que en el concierto anterior, supongo que, en parte, por el estilo en sí de la música. A mí también conseguían moverme, desde luego, pero obviamente no con la misma intensidad (ni de lejos) que lo hicieron los valencianos. En este grupo echo de menos algo más complicado, más técnico, unos solos más elaborados y una batería que, sin dejar de ser un crack, me resulta a veces algo monótona. Como ya digo, cuestión de gustos.

El otro motor del grupo sin duda es Narci Lara. De verdad, impresionante su labor; hay que descubrirse ante sus habilidades y su versatilidad a la hora de crear melodías llenas de magia, ya sea con la guitarra, con el violín, la flauta e incluso con la gaita. Su labor es algo esencial en la banda, ya que pone el toque más festivo y cachondo. El problema es que al final tanto jolgorio y fiesta me acabaron cansando un poquito, y salimos un rato a que nos diera el aire. En realidad, si os soy franco, no pensaba que iba a aguantar el concierto entero, pero al poco rato, algo me tiraba de nuevo para dentro de la sala (y no, no era el frío): las ganas de continuar disfrutando de buen ambiente y buena música. Seguro que con unas cuantas cervezas incluso hubiese estado más animado, pero con el tema de pilotar hasta casa ya se sabe jeje. Hacia el final, hubo un rato que quizá los temas bajaron demasiado de ritmo, fue un pequeño bajón, pero pronto recuperaron la vitalidad de la gente. Los de Saurom parecían estar disfrutando igualmente del concierto, y parece que no tenían intención de irse hasta llegar a las casi 2 horas de concierto.

Quizá algún día retome su discografía y me esfuerce un poco más con ellos, porque hicieron de la noche algo un poco más especial, con temas que ni siquiera conocía y siguen rebotando de vez en cuando por mi cabeza. El desparpajo y alegría de Miguel, el colegueo y la capacidad para transmitir de Raúl, el constante asomar de su bajista José, la tenacidad del batería Michael Donovan… y sobre todo, a pesar de ser el más estático por razones obvias, Narci Lara, se ganaron la noche del sábado un hueco en mi memoria con aquel agradable y divertido concierto. Dos o tres temas antes de terminar, salimos de la sala y cuando volvimos a entrar se estaban despidiendo, casi era el momento de tomar la foto final, por lo que dimos la noche casi por concluida, tan solo con la vuelta a casa por delante y poco más, pero bien satisfechos de haber acudido ¡y con muy buena compañía!.

_|,,| JaviMetal (Is The Law) |,,|_

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