lunes, 1 de mayo de 2017

Dracum Nocte (Saurom, Viernes 21/04/2017 Montblanc, Tarragona)

Viernes, día 21 de Abril, día de la víspera de las fiestas del pueblo. Huyendo de estas a toda costa (al final siempre acabo hasta los cojones de tanto trueno y tanto follón), decidimos pasar estos próximos 4 días en paz y tranquilidad en Reus, bien lejos de tanta algarabía que, al fin y al cabo, ni nos va ni nos viene. Pero las casualidades a veces son maravillosas, y la tarde extra que tuvimos para subir a tierras catalanas, hizo posible que asistiéramos a otro pueblo donde también se celebran fiestas de San Jorge, pero de otra forma mucho más medieval e histórica. Recorrimos casi de cabo a rabo el bonito pueblo de Montblanc, a donde hicimos la escapada nada más llegar y disfrutamos de sus calles y de su gran ambiente a pesar de que todavía faltaban muchos elementos que forman parte de aquellas fiestas, como el mercado, y pudimos contemplar una representación que hablaba de la parte más oscura y desconocida de la leyenda: la macabra invocación del dragón, a la que siguieron unos espectaculares fuegos artificiales. Pero sin duda, la mayor casualidad y atractivo de la noche en sí era que, como llegamos a una hora perfecta, pudimos darnos el lujo de ir de concierto, en esta ocasión, al de Saurom, a quienes ya pudimos ver en directo a finales del año pasado. Ciertamente, es un grupo al que apenas he seguido a partir de su famoso “Sombras del Este”, me he saltado muchos directos, pero tampoco he dejado de verles de vez en cuando y escuchar algún disco suelto: tienen bastantes temas que merecen la pena. Pero sin duda, para un “casi” desconocedor en profundidad de su discografía como yo, su mayor virtud es la fuerza y la energía que transmiten en directo, gracias en parte a esos temas a los que me refiero.

La reunión con nuestros colegas Jose, su chica, y Alberto, también veteranos del rollo, terminó de añadir la compañía ideal para un buen concierto. Y con el ridículo precio de la entrada, 5 euros de nada, lo caro era no ir. A parte de la siempre presente filosofía de que nunca hay que decir que no a un concierto, y menos si se te presenta una ocasión tan cercana, barata, y en un ambiente tan festivo como en el que estábamos.

El recinto elegido para su actuación fue una gran nave, supongo que alquilada para la ocasión especial. Muy espaciosa, con una gran barra, y sobre todo petada de gente con muy buen rollo y muchas ganas de disfrutar. Antes de entrar en acción, y presuponiendo que los teloneros (unos tales Ebri Knight, mola el nombrecito) tocarían antes, entramos a un bar muy cerca de la susodicha nave para ir calentando el morro, charlar y partirnos de risa con los colegas, a quienes vemos muy a la larga pero que siempre es un placer. Al final, entre unas cosas y otras, llegó la hora de chapar el bar, y nosotros nos dirigimos hacia la segunda y más importante parte de la noche: el bolo de los gaditanos. Cuando entramos por la sala, y tras echar la última de la noche (lo justo para pillar el puntillo y disfrutar del concierto en toda su plenitud al mismo tiempo), nos pusimos por la parte delantera, esperando a ver qué tal con los teloneros. Sin embargo, el primer componente que pisó el escenario fue José Gallardo, el bajista de Saurom (no hubo teloneros pues, o al menos no tocaron antes) con lo que la peña empezó a agolparse con nosotros. A pesar de lo grande que era la sala, el calor humano empezaba a notarse, y al mirar hacia atrás uno se da cuenta de la cantidad de gente que arrastra esta banda. Claro que a este precio siempre se cuela algún pringao reggeatonero jajaja, pero que cojones, todo el mundo tiene derecho. Poco después, daba comienzo el bolo, disparando con sus mejores armas. Una de las primeras en sonar fue la aclamada La posada del poney pisador que enfervoreció de golpe a la peña. El termómetro estaba caliente ya, y la banda sabía que aquella era una noche muy especial, aunque no era la primera vez que tocaban para aquellas fiestas en Montblanc.

Siguieron con un repertorio de temas de lo más animado, festivo y movido, lleno de cambios instrumentales, saltos y alegría por doquier, y un buen rollo sobre el escenario que se respiraba. La noche de Halloween fue más que interesante, al fin y al cabo, también fue una fiesta en si misma. En estos momentos, Miguel Franco nos hablaba de la sustitución temporal de su batería, por lo que a quien vimos esa noche no era el habitual de la banda. A favor de él se puede decir que, dentro de la a veces sobriedad musical de la banda, hizo un buen trabajo y no creo que nadie notase el cambio en exceso. Siguiendo dentro del ambiente festivo, nos presentaron su canción basada en las historias del Quijote, llamada Solo una vez más, una de las más pegadizas del concierto. Miguel Franco puede que no destaque por tener una voz descomunal, pero a nivel de frontman, tiene un carisma arrollador, simpático y sonriente, siempre acercándose al público y haciendo una introducción de casi todos los temas con todo el cariño del mundo. De esta forma, la peña seguía saltando al ritmo de La ley de las hadas o una que, según la banda, hacía mucho tiempo que no tocaban. Yo nunca la había visto en directo, y fue una de las grandes sorpresas. Pese a ser algo “infantiloide” Tom Bombadil fue un bombazo, con absolutamente todo el mundo cantando y saltando, enarbolando ese espíritu festivo que reinaba aquella noche. El multi-instrumentista Narci Lara (tildarle simplemente de guitarrista rítmico sería quedarse muy corto) hizo un papelón cantándola. La alegría continuaba expandiéndose, entre temas y cervezas.

A partir de aquí, más o menos, hubo un punto de inflexión en el concierto en el cual los temas bajaron dos o tres marchas y se tornaron más tranquilos en general, más melódicos y sentimentales. Muy bonita Estrella sin luz, aun manteniendo el ritmo más animado, para dar paso a Vida, un tema semi-acústico. Fue esta, si mal no recuerdo, la que dedicaron a una amiga muy especial para ellos. Soñando contigo continuó con la bajada de intensidad general, en un tramo en donde se pudo ver a la gente bastante más parada. Lo cierto es que fueron unos cuantos temas seguidos que no incitaban demasiado a saltar, pero tenían también su miga, con bonitas letras y unas melodías para escuchar con calma. Poco a poco fueron retornando a lo que mejor se les da, la música folk-metal más alegre y con mucho sabor medieval. Miguel (a quien aun me parece raro ver con ese peinado jeje) seguía conquistando a su público con su particular voz y su actitud alegre y desparpajada. También se colgó la acústica en varias ocasiones, con la que se le veía muy cómodo. Se nota que se esfuerza siempre a tope y da todo lo que puede y más. Por su parte, una de las personalidades más destacadas también de la banda es la de su bajista José, siempre desmelenándose, saltando y derrochando simpatía, siempre en primera fila de la acción. Pero como ya he dicho antes, si alguien destaca en virtuosismo y en habilidades, ese es Narci, uno de los fundadores del grupo, quien no se despeina al cambiar de guitarra a violín, y más tarde a gaita, sin dejar de sorprender y agradar.

Para mí y para la mayoría, el gran subidón (ya casi imprescindible a estas alturas) apareció con Sueños perdidos, mi tema favorito de su último disco (de lo mejor que les he escuchado nunca), con una fuerza tremenda en su estribillo, que llega como una bocanada de aire fresco, con una melodía genial y genuina, y que me cuesta imaginar cantado por otra voz que no sea la de Miguel, tan rasgada y perfecta para interpretar la canción. La banda al completo empezó a animar a la gente para que formaran un gran círculo en medio de la marabunta, aunque pocos fueron los que pudieron resistirse a dejar espacios vacíos y a parar de saltar. No era para menos, ya que sin duda la canción estrella de la velada, por motivos obvios, fue Dracum Nocte, que da nombre a la festividad de esa mágica noche en particular, ¡¡además con un ritmo y un feeling realmente imparable!! La gente como loca danzando, saltando, empujando pero siempre con muy buen rollo, celebrando aquel momento tan concreto y especial. Curioso, como poco, ver a una banda de Cádiz entonando frases en catalán jeje, pero tremendamente apropiado y una forma más de comulgar con su público. Hay que señalar que hubo gente que se acercó a verles adrede desde casi todos los puntos de España, lo cual ya es todo un logro.

Tras dos señoras horas tan bien traídas de concierto, se nos quedó un gran sabor de boca, como digo, a pesar de no ser una de mis bandas favoritas. Pero ciertamente, tras estos dos últimos conciertos he de confesar que se me han ganado un poco más con su buen hacer y profesionalidad y prometo hacerles más caso en cualquier festival en el que se me presente la ocasión. No en todas las bandas se puede encontrar tanto buen rollo y tanta proximidad con la gente. Aquí os dejo, para terminar, unas fotos cortesía de Meri que bien pueden resumir en imágenes el alboroto de aquel viernes.

_|,,| JaviMetal (Is The Law) |,,|_

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