viernes, 18 de agosto de 2017

¡Comiéndonos el Leyendas! (Leyendas del Rock, viernes 11-08-17, Villena)

Entre el hecho de estar en el ecuador del esperadísimo y nunca suficientemente largo Leyendas del Rock y los gloriosos días de vacaciones que pensaba que no llegarían y a pesar del cansancio acumulado (que de hecho, era mucho más ligero comparado con otros festivales en los que he peleado menos), cada día me levantaba lleno de fuerzas y alegría. No puede haber una época mejor en todo el año, y hay que disfrutar cada segundo, desde levantarte sin madrugar para ir al puto trabajo, hasta esos momentos agonizantes de cansancio. Hay que ir a por todas. Y hoy era imprescindible encontrarse en buena forma. El problema, ya bien entrado en Leyendas, es que los conciertos acaban bastante tarde, y entre llegar a casa y acostarse, todas las noches se nos hacían cerca de las 5, con lo que el rato de antes de volver al Leyendas es siempre muy express. Al menos, no nos estamos chupando todo el calorcio de la zona de acampada, que al mediodía es una jodida parrilla del infierno. Una buena comida, copiosa a saco incluso forzada, nos dio energía para aguantar casi todo el día. Cuando nos reunimos con los colegas, apenas dio tiempo de hablar dos palabras seguidas: la actuación de Primal Fear nos llamaba, y no pensábamos fallar, aunque hablar del comienzo a las 16:30 de la tarde es bastante duro porque el calor arrasa con lo que pilla. Sin embargo, nos encontramos con un “pequeño” problema: una cola kilométrica (y no exagero) que recorría todo el “poblao” y se extendía casi hasta su entrada. ¿Pero que mierda es esto? Pensé en un primer momento: ya empezamos con putadas made in Leyendas… A aquel ritmo, difícilmente llegaríamos a ver la primera actuación, interesantísima para mí, por otra parte. A cada paso que daba me cagaba uno a uno en todos los santos del calendario.

Hacía fuerza mental para que aquello avanzara rápido, pero los movimientos venían solo de tanto en tanto. ¿Porqué cojones hay esta cola cuando solo faltaban 15 minutos para empezar el festival? Mierda de organización… si es que no escarmientan, todos los putos años igual… Menos mal que conocimos a una pareja de puta madre, con quienes el tiempo pasó mucho más rápido mientras hablábamos de festivales, bandas, intereses, y por supuesto poníamos verdes a los capullos responsables de esa cola. No nos llegamos a presentar, pero desde luego es un gustazo encontrarse con gente tan amable y maja. El grupo comenzó, y mi rabia empezó a hincharse. Por suerte, la cola avanzó lo suficiente y a última hora en un movimiento rápido nos colamos delante (es lo que hay, yo no tengo la culpa de que sean unos incompetentes) y conseguimos entrar al recinto, ya pasado un buen rato, con la atronadora batería de Sign of fear sonando y Ralph con unos gritos estremecedores. Fue la primera que pudimos disfrutar del día, y ya de primeras, fascinante el vocalista alemán, llegando y arrastrando unos tonos inhumanos con una potencia que solo él puede alcanzar. Siempre he alucinado con él, pero es que con el paso de los años sigue siendo brutal en directo. Mezclando esa herencia de Judas Priest con el espíritu de las primeras bandas de Power europeo, nacen temas que alegran el directo con su fantástico estribillo como una de mis favoritas: Nuclear fire, de esas para juntar los dos puños en alto y agitar la melena hasta que se te destornille el cuello. Desde luego por Ralph parece que no pasen los años. Su figura es tan imponente como su voz y esos gritos que te estremecen, pero igualmente el bajista Mat Sinner se conserva igual que le he visto yo siempre, moviéndose despacio pero pisando fuerte y aporreando su bajo con ese estilo tan particular. Sin duda, todo una celebridad, además de fundador de la banda. Una de las que más pareció disfrutar todo el mundo fue Angels of Mercy, pese a ser de su último trabajo, que ya no necesita casi ni presentación. Y es que, salvo un par de discos un pelín por debajo, Primal Fear es garantía de calidad en cada lanzamiento. Baterías potentes (como la que disfrutábamos gracias al gran sonido del concierto), riffs demoledores y un Ralph que siempre brilla con luz propia. Igualmente, The end is near viene a corroborar todo esto, con una buena acogida general, sin bajar la intensidad y con una voz extra-agresiva al principio. A estas alturas, no esperaba que se atreviesen con algo de su primer trabajo (“Primal Fear”), pero de momento nos vimos todos de nuevo puños en alto para Chainbreaker ¡cuánto tiempo sin escucharla! Grandes recuerdos y sensaciones con ellas y Ralph haciendo un trabajo fantástico, súper afinado y el doble bombo sin parar de repartir cera. Además, con ese sonido era un auténtico tiro de escopeta. Siempre he dicho que Primal Fear da para muchísimo más, pero su emblema para despedirse sigue siendo Metal is Forever, un tema por otra parte con muchísima fuerza, tanto musical como en lo referente a encandilar al público. Otro concierto de Primal Fear (y van ya… uf, unos cuantos jeje) y otro éxito con garantía casi desde el principio.

En este momento que teníamos de incertidumbre entre ir a ver a Elvenking o descansar un poco y charlar un rato con Kurro y Rafa a quienes no habíamos visto aun en todo el día, optamos por la segunda opción. Echar un trago con los colegas sentó de muerte, pero el tiempo de descanso era muy escaso. En la vuelta a los escenarios, me di cuenta de que hicimos lo correcto, porque según me contó mi colega Ángel, a quien saludé mientras esperaba a mi gran concierto, me comentó que Elvenking sonaron como el puto culo (es lo que tiene la carpa de los cojones…) y me gustaría haberles visto en buenas condiciones. Tras despedirme de él, me adentré hasta la parte de delante, donde sabía que la cosa se iba a liar de mala manera, porque con estos bestiajos no hay otra opción. La espera con Amaranthe de fondo se me hizo insufrible. Apenas les había escuchado y nunca les había visto sobre un escenario. Y vaya tela, en serio. ¿Pudiendo haber metido a otra banda de Metal me ponen esto? Vaya grupo más malo colega, que horror, a ratos parecía una puta discoteca… eso sí, es de justicia reconocer que su cantante actual tiene una voz acojonante, capaz de llegar hasta el infinito con ella. De todas formas, prefería estar atento al telón del escenario contiguo, porque…

Ahora sí, joder… ¡¡¡AHORA SÍ!!! Uno de los momentos más esperados de todo el festival para mí se acercaba, y es que Overkill desde hace ya mucho tiempo es mi gran banda de Thrash Metal favorita. Nadie pone tanta furia y energía sobre el escenario como ellos, y eso me vuelve loco. Por suerte, llevo viéndoles con un buen ritmo en los últimos años, y cada vez que lo hago, salgo flotando de paz de cada uno de sus conciertos, después de la somanta de palos que doy y recibo en cada uno de ellos. Sabía que el poco tiempo del que disponían me iba a dejar con ganas, por lo que decidí ir a saco. Y al parecer ellos también. Con un volumen importante, casi ensordecedor, salieron de detrás del telón arrollando de primeras con Mean, green, killing machine. La cambiaron por Armorist, que abría sus últimos shows, pero resultó ser tremendamente eficaz. Y es que comparado con el sonido de mierda que tuvieron hace un par de ediciones, esto era gloria. Hasta el último chirrido de guitarra de Derek Tailer, hasta la última nota en los salvajes solos del gran Dave Linsk y por supuesto, hasta podíamos sentir al inmenso Bobby Blitz gritándo en nuestros maltrechos tímpanos con esa cuchilla afilada que tiene por voz. Fueron al grano con Rotten to the core (presentada por el propio Bobby con un grito que no sé como no le salió volando alguna amígdala) y ala, ¡¡al rico desfase!! La gente empezó a volverse loca y empezaron las primeras hostias y empujones en el centro, al lado de donde estábamos. La pandemia se extendía con Electric Rattlesnake, uno de los temas más contundentes y rabiosos de toda su carrera, veloz, aplastante… ¡¡nunca deberían quitarla del setlist!! Una cantidad ingente de tralla burra a golpe de los palos de Jason Bittner. Me jode mucho la salida de Ron Lipnicki, que ya llevaba un chorro de años con ellos y a quien admiraba cantidad, pero obviamente no se han buscado a ningún cualquiera, y Jason arrasó con todo lo que pilló.

Hello from the gutter, con sus ritmos “al trote” y un Bobby en estado de gracia, que se contoneaba y daba cabezazos como un animal, ahora corría hasta la otra punta, y ahora se soltaba unos gritos que se te caían los huevos al suelo. Todo esto iba poco a poco caldeando el ambiente y la peña estaba que explotaba. In union we stand vino para apagar un poco el fuego y cambiar las hostias por puños en alto coreando su estribillo, un hito dentro del Thrash Metal. Viéndoles en directo… esto si que es Thrash de verdad, violento, rabioso y sin descanso. Ríase usted de monigotes como Metallica o Megadeth. A parte del clásico Elimination, hacía mucho tiempo que no escuchaba nada nuevo del “The years of decay” en directo, y mira tu por donde, Bobby dijo que iba a haber algo del disco que llevaban mogollón sin tocar, y la elegida fue I hate. Nos llevamos una sorpresa mayúscula con ella, y no veáis como sonó en directo, cuando Bobby salía del escenario, y volvía más encabronado que nunca, cogía el micro y con mirada asesina se acercaba a nosotros para cantarla. La citada Elimination, junto con Ironbound, fueron dos de los tiros más mortales de su repertorio, cada una de una época bien distinta pero igualmente atronadoras. Salvo un par de discos más raros y flojos, esta es la magia de Overkill, que suenan exactamente igual que en sus inicios, sin cambios, sin mamarrachadas, y no existe otro frontman como Bobby Blitz que se deje la piel de esa forma en cada concierto, y encima especialmente simpático y comunicativo esta vez… le adoro. Ya no quedaba casi tiempo, pero apuraron a piñón con Fuck You, que nunca falla. Cada uno dedicándole el “piropo” a alguien o a algo en concreto, todos gritábamos al cielo, a puño levantado “We don’t care what you say… FUCK YOU!!!!!” Vaya momentazo lleno de intensidad, y es que la sudada que me pillé, encima a aquellas horas de la tarde, era poca broma. Si llega a durar media hora más, me caigo de rodillas.
¡¡Menuda locura de concierto!! ¡¡Me la ponen como el rodillo un panadero, colegas!! Afortunadamente, salí vivo de allí, listo y preparado para el siguiente concierto.

Después de la tormenta venía la calma. Tras quedar en un punto en concreto de nuevo con mi hermano y la cuadrilla (y es que esto no debería perdérselo nadie en su sano juicio), los UFO empezaban a repartir caña de vieja escuela. Empezamos viéndoles desde lejos pero como incomprensiblemente no había demasiada peña, nos situamos en un lugar de lujo, donde se veía clarísimamente, muy cerca y sin agobios. Todo lo que quedaba era disfrutar, cosa que hasta ese momento ya estábamos haciendo con Lights out (que fue la primera en sonar), seguida de Run boy run y una de mis favoritas: Too hot to handle, y es que este tema me mete un ritmo en el cuerpo que no tiene comparación. Una lástima que Pete way abandonara la banda hace tan solo unos años (al menos le llegué a ver en su día). Su sustituto es Rob De Luca, que ya estuvo con ellos antes, y a quien se le veía muy puesto en materia, desde luego. Con estos primeros temas, a parte de bailotear sin parar, me fijé en lo fina que se ha vuelto la voz de Phil Mogg. Obviamente la edad hace estragos, y físicamente tampoco se encuentra de muy buen ver, bastante decrépito y delgado. Eso sí, se nota que aun le corre mucha música por las venas, y se le vio disfrutar de principio a fin, sonriente e incluso atreviéndose a dar algún pequeño salto.

Después de haber escuchado temas como Only you can rock (tema que fue de lo mejorcito, por cierto, con un feeling que se salía de órbita) o Rock Bottom hace unos meses cantados por Robin McAuley… joder, la diferencia es gigantesca. Sin embargo, la formación entera es puro lujo. Obligado recalcar el momento Love to love, por ser uno de los que más me llegó. Sabía que la necesitaba en aquel momento, y todos los que estábamos delante del todo lo disfrutamos como niños; ese estribillo junto con los teclados logró erizarme todos los pelos del cuerpo por la emoción de volver a escucharla. Siguiendo con la formación, uno de los más impresionantes fue Paul Raymond, alternando sus funciones entre guitarra rítmica y teclado, brillando en ambos instrumentos. Pero sin duda el puto amo de aquella fiesta de Rock’n’Roll clásico, con toda su elegancia made in England, fue Vinnie Moore. Continuamente cambiado de guitarra conforme lo exigían los temas, dio una lección absolutamente magistral, digna del portento que es, con su enorme técnica, su cuidadoso estilo, y su personalidad y pasión. Me gustó incluso más que en la anterior vez que les vi, hasta el solo a modo de descanso de Rock Bottom tuvo más gracia, fue virtuoso y aguerrido, y por supuesto, esta vez sí dejó espacio para su grandísimo final con Doctor Doctor, que puso al Leyendas entero a botar sin parar de cantar, mucha gente emocionada por poder ver aquel tema tan mítico interpretado por la mayoría de sus creadores. Phil recibió la inestimable ayuda del público, tanto, que era difícil hasta escucharle. Quizá en la parte final se pasaron un poco con el sonido de los bajos: retumbaban demasiado y hacían ciertas partes incómodas al oído, pero en general el sonido fue prácticamente perfecto, muy potente y sin mogollones (que gustazo poder decir esto por fin, oigan). Espero que quienes les vieron por primera vez sepan apreciarles como banda al mismo nivel de lo que son: unas auténticas leyendas vivas.

Se presentía, se vivía. La señal del martillo sobrevolaba Villena, y pronto golpearía el suelo haciendo temblar los cimientos del Leyendas. Una de esas bandas que, por mí, podrían traer todos los años y yo estaría entre las primeras filas sin fallar. Y eso contando con que el concierto no aportaría demasiadas sorpresa, ya que fue otro de los grupos que ya vi hace un mes escaso en el Rock Fest Bcn 2017. Me daba absolutamente igual, porque siempre ha sido un grupo por el que he sentido un gran respeto, y mucho más después de escuchar su último disco, con el que parecen haber reencontrado el camino recto del Metal con sus riffs, con su actitud y con sus letras 100% true. Porque así está escrito y así como ha de ser. Como imaginaba, empezaron a toda candela con Hector’s Hymn, doble bombo a saco y tanto músicos como vocalista bien despatarrados, con una actitud brutal. ¡Estos sí que son mis Hammerfall! Y no los conciertos más desganados que vi hace unos pocos años. Mis Hammerfall guerreros, creyentes y auténticos, los de himnazos como la potente Riders of the Storm (podidamente épica), Bloodbound o incluso la más floja Any means necessary, que siempre se busca un hueco en sus setlist. Joacim seguía estando todo lo cerca del público que podía, mostrándose en una gran forma física y también vocal, aunque nunca fue un portento de voz, en Renegade demostró todo el aguante, y Dethrone and Defy fue la que más me gustó en directo del nuevo álbum (“Built to Last”), por su letra y por su épica a doble pedal, un trabajo en general muy recomendable para aquellos que les perdieron la pista después de unos trabajos más desorientados. Oscar Dronjak lleva la batuta, y a la vez es un líder cojonudo, con poses alucinantes, guiando la coreografía, haciendo gran parte de los solos, y siempre, siempre con mirada y actitud desafiante, probablemente el que más lo vive dentro de la banda. Sin embargo, los solos que más me gustaron fueron los de Pontus Norgren… ¡vaya crack! Rápido, preciso… infalible, los solos salen de sus cuerdas como llamaradas de fuego, y encima con el sonido tan impresionante que tuvieron… todo estaba con ellos para triunfar.

Solamente les faltaba terminar de destapar el tarro de las esencias con Let the Hammer fall, intentando Joacim que todo el mundo la cantara, y preguntando quiénes les habían visto antes en directo (yo ya debe de ser la 6ª o 7ª vez mínimo). Por supuesto, los puños en alto se podían contar por centenares con este tema bandera, pero no decayó el ritmo en ningún momento con Built to last o Last man standing, una nueva que está destinada a convertirse en leyenda y la otra muy querida por sus fans. En esta ocasión, tenían por suerte algo más de tiempo que en la actuación que vi el mes pasado, y me preguntaba qué era lo que iban a hacer. Creo que no lo habría acertado. No fue un tema lo que rellenó este espacio extra, sino un fabuloso medley con varios temas de su… ¡¡”Glory to the brave”!! Comenzando con amagos de Stone Cold, y donde pude distinguir entremezcladas además de esta Steel meets steel, Unchained, Hammerfall, The metal age… y finalmente, empalmando con The dragon lies bleeding. Y es que un discazo tan mítico como este merece eso y mucho más. Me quedé con ganas, porque en cuanto empezaba el trozo de un tema, quería escucharla entera, pero aun así fue todo un regalazo para los fans. Los redobles de Johan Kullberg, su actual y nuevo batería, anunciaban tormenta, la que iba a caer con una de las obras más grandes de toda su carrera, y eso que pertenece al reciente “Built to last”. Me refiero a Hammer High, un auténtico himno de guerra para agitar los brazos hasta que se salgan del codo, con una fuerza bestial, adictiva, pura batalla hecha música (ni Sabaton ni leches jeje). Tristemente ya rozábamos el final en un concierto que se me había pasado como si fuesen 5 minutos, con una sudada inhumana y con un nivel de disfrute máximo. Recuerdo la última vez que vinieron, presentaron Bushido como un tema nuevo, pero parece que vino para quedarse. En ella, no cesaron las coreografías sobre el escenario, con ambos guitarristas y el bajista Fredrik Larsson moviéndose con total coordinación y agitando la melena al viento. Ver estas cosas llena a uno de gozo, pero más todavía escuchar el principio de Hearts on Fire, un tema que me vuelve absolutamente loco, tanto por su letra, por su contundencia y por el solo, que Pontus clavó en toda su magnitud. Nadie paró de desgañitarse a cantar mientras quedara una sola sílaba, tras lo cual hubo una enorme ovación para la banda que había demostrado una gran actitud y un gran cariño por su público, simpáticos, comunicativos y profesionales.

A partir de aquí, hubo desbandada general. Mi novia fue a que los Hammerfall le firmaran la bandera, estuve un rato con Kurro y Rafa, pero se piraron en seguida, por lo que me quedé solo, tras echar una meada, y en bastante mala posición para ver a Megadeth. Con los pilares de la carpa delante me resultaba bastante incómodo ver al grupo, y la simple idea de pensar en meterme en el mogollón me producía hasta risa, ya que minutos antes de que empezara el concierto, no cabía ni un puto alfiler. En la vida he visto un concierto tan a reventar en el Leyendas (salvando el miércoles con Amon Amarth), así que, aunque un poco lejos y mal, prefería disfrutar de los estadounidenses con aire para respirar, que buena falta hacía ya después del empalme a saco de tralla que llevaba. De hecho, podría asegurar que este para mí fue uno de los conciertos más relajados. No sabía que pensar en un principio. En cuanto a discografía, y a parte de sus consabidas grandes obras principales, últimamente no me convencen. Desde el “Th1rt3en”, vuelven a llevar una trayectoria de caída en picados, después de dos inspiradísimos “United Abominations” y “Endgame”. Desde hace mucho tiempo, el sr. Mustaine nos ofrece grandes desequilibrios en su trayectoria. En cuanto a conciertos, más de lo mismo se podría decir. Hace muchos años que no veo un concierto de Megadeth que me deje con los cojones en el suelo.

No puedo decir que este sea el peor concierto que les he visto, pero ni de lejos el mejor. Y eso que el comienzo, con dos bombazos entre otros como Hangar 18 y Wake up dead pintaban muy pero que muy bien, clásicos inmortales, buenas guitarras y un sonido en general muy bueno, constante y sólido, aunque también algo apagado. Le faltaba más chispa y volumen. Aun así, lo primero que hice, a parte de fijarme en el guitarreo de Mustaine, fue prestar especial atención a Kiko Loureiro, a quien hasta ahora no había visto junto al rubio vocalista. Desde luego, el tío tonto no es, y se busca lo mejorcito de cada casa. Y este es categoría pura. Cuando lo anunciaron, no vi a Kiko en Megadeth para nada, pero me convenció mucho más de lo que pensaba en vivo, con los dos temas citados, y sobre todo con Sweating bullets del “Countdown to extinction” que me animó bastante. Lo mejor de todo es que desde donde estaba podía hacer bastante el cabra sin molestar a nadie jejeje. Lo dicho, gran trabajo de Kiko a los solos, al que se le irían presentando nuevos retos según avanzaba el concierto, como Trust o She-Wolf. Creo que son temas que nunca han faltado ni una sola vez las veces que les he visto (y ya son unas cuantas). La gente respondía solo a ratos. Muy petado, lleno hasta reventar pero la mayoría estaban más paraos que un gato de escayola. Entiendo que Mustaine no se puede decir que sea un gran frontman. No le gusta nada hablar con la gente, se centra demasiado en su instrumento, pero al menos de vez en cuando le da por el headbanging y por supuesto, nadie puede negar que es un gran guitarrista, y cuando está inspirado, nadie puede decir ni mu. Como no, A tout le monde hizo las delicias de todo el mundo, especialmente de los que solo conocían esta de todo el repertorio (¡os he pilladoooo bandidos!) aunque reconozco que a mí es un tema que ni fu ni fa. Totalmente al contrario que la siguiente.

En cuanto hizo el primer amago de guitarra (adrede, supongo), reconocí en una milésima de segundo Tornado of Souls, y es que con este tema sí que me tocaron la fibra, con toda su técnica y ese thrash tan característico de los primeros tiempos del grupo. Su cadencia es desternillante, y en esta sí que me rompí el lomo a base de bien, con alguna concesión solamente para ver ese pedazo de solo increíble a manos de Kiko Loureiro. Tenía fe en él, y lo bordó con todas las de la ley. Si no lo escuché perfecto fue por que el sonido no llegaba del todo bien. Aun así, de auténtica reverencia, como el gran aplauso merecido que se llevaron. Megadeth podría sobrevivir, a pesar de todo, solo por temas tan grandes como este. Ahora si que empezaba a picar de lo lindo el cuello jeje, y no pensaba parar, porque Symphony of destruction también me pone burro, y no poco (otra que muchos era la única que conocían jeje). La peña gritaba una consigna que no acabé de entender bien con el riff (¿aguante Megadeth?), que sonó con total contundencia, esta vez sí, aplastante. Mustaine quieto parao en su sitio, menos mal que David Ellefson, que es un torbellino cuando quiere, salvó la papeleta. Las pantallas gigantes (una grande y dos pequeñas debajo) de fondo jugaron un papel crucial en el espectáculo de la banda. Ofrecían continuamente imágenes creadas especialmente para cada tema del grupo, y la verdad es que la mayoría molaban bastante, algunas cantidad de gore, otras más como un videoclip, otras de guerras… Y precisamente contra este asunto iban los dos temas que cerraron el setlist. Realmente se podría decir que lo que resultó algo frío fue el nudo del concierto, porque el comienzo, y especialmente el desenlace estuvieron de putísima madre. Turno de Peace sells, cantadísima, y con una batería y bajos atronadores (el sonido llegando a la perfección a última hora). Si todos los temas tuvieran esta contundencia, sería fácil salir con una lesión de cuello en sus festivales jeje. Y como colofón, Holy Wars... The Punishment Due, una de las mejores, que no por sonar siempre va a ser aburrida. Disfruté desde sus primeros riffs, su batería técnica y sobre todo de ver por fin locura entre las primeras filas. La pantalla anunciaba el final, dando las gracias en, al menos, 50 idiomas distintos. Como digo, un concierto a ratos apasionante y a ratos ciertamente frío, no sé si por la dudosa elección de los temas, por la indiferencia de Mustaine o por el cansancio de la mayoría. Pudieron destrozar el Leyendas, pero solo emitieron un brillo intermitente. No sé si hice bien en perderme a uno de mis grupos favoritos Beethoven R, pero bueno, a ellos es más fácil verles.

Sonaba la alarma estomacal ya, y es que llevábamos un puñao de horas sin llevarnos nada a la boca. Hicimos cola en el puesto que menos gente había (total que más da si casi todo sabe igual jeje) y nos pillamos un par de bocatas. El grupo que seguía a Megadeth en el otro escenario era Warcry, y no era una banda que me apeteciera especialmente en esos momentos. Aun así, por supuesto, les echamos un vistazo desde la distancia. Abrieron con Alma de conquistador, buen tema, animado, con unos teclados fuertísimos y donde solo pude ver a Pablo, bastante emocionado en el solo. Tras un tema del nuevo disco, que aun no he escuchado, vino Nuevo mundo, todo un clásico ya en los setlist de la banda. Esto se iba animando, me estaban entrando ganas de ir arrimándome al punto que me terminaba la cena. Sin embargo, a partir de aquí vino un aluvión de temas nuevos que, salvo Quiero oírte, desconocía. Víctor, como siempre, se dejaba la piel animando al personal, especialmente cuando estaban presentando nuevo y reciente disco en directo, pero no sé hasta que punto lo conseguiría como otras veces. Y es que no se hasta que punto a esas horas, en un festival, es lo más conveniente tocar 3 o 4 temas nuevos… pero no sé, igual la gente ya los conoce de pe a pa. Yo por mi parte empecé a aburrirme un poco, normalmente siempre intercalan temas más nuevos con grandes hits como El guardián de Troya, Alejandro, Coraje…, pero esta vez seguían en sus trece. Hasta que llegó Devorando el corazón, tema que hoy por hoy me produce una sensación extraña, pero que de alguna forma me hizo saltar del asiento para ir corriendo a verla, ya que al fin y al cabo es un temazo, con una gran melodía y sobre todo con un ritmo súper adictivo. Por lo que pude escuchar del concierto, Víctor se esforzó mucho y cantó en tesituras a las que difícilmente llega normalmente, con varios agudos muy potentes y mucha motivación vocal. No sé si esto le pasaría factura, pero desde luego, continuaba el concierto a lo grande, ahora sí, con Tu mismo (que a veces ya se me hace un poco cansina pero que funciona a las mil maravillas en directo) y por supuesto, Hoy gano yo, una llamada al orgullo personal, al espíritu de lucha y resistencia, que cada uno puede entender a su manera. Y lo más importante, a toda leche y sonando muy fuerte incluso en las últimas filas. Creo que fue una elección correcta. Otras veces me los he perdido para cenar y por lo visto han hecho conciertos memorables. Aquel día acerté.

El mayor incentivo, como para todo el mundo supongo, de ver la actuación de Max & Igor Cavalera Roots era poder por fin ver repartiendo cera de la buena a dos de los hermanos más carismáticos de este mundillo y que más mundo han recorrido. Para quien no lo sepa, no era un concierto de Sepultura, tampoco de Cavalera Conspiracy. Eran Max, Igor, y músicos procedentes de su tierra, algunos como Marc Rizzo, proveniente de Soulfy (también en Misfits y ex-ill niño) interpretando de forma íntegra el “Roots” que fue el gran boom de la banda Sepultura a nivel mundial, y con el que ya definitivamente se despegaron del Metal más convencional como era el Thrash que hacían hasta que llegó el “Chaos AD”. Peronalmente, esta época me interesa  mucho menos, pero aprovechando la espera para Avalanch, el que sería uno de los bolos más grandes y esperados del día, me quedé viéndoles desde el otro escenario. A destacar la gran calidad del citado Marc Rizzo, la versatilidad de Max cantando, tocando la guitarra y a los tambores, y la solemne potencia de su hermano Igor, quien siempre fue una apisonadora. Escuché ya los temas del final del disco, incluyendo una versión hiper-acelerada del tema Roots (en plan más Death Metal) y de un cover, en honor al gran Lemmy, del Ace of Spades, también muy cambiada y rápida. No fue el único homenaje al gran Dios del rock, también Fernando Montesinos (Obús) le dedicó un pequeño solo de bajo.

El gran momento llegaba, por fin. Los nervios estaban a tope y la respiración acelerada. Y es que esta puede ser una de las pocas ocasiones para poder disfrutar de este evento, la pseudos-reunión de Avalanch tocando el que para mí siempre ha sido y siempre será el mejor disco de Metal (en su vertiente más light, claro) de la historia de este país, “El Ángel Caído”. Es un disco que solo con nombrarlo me entran escalofríos, y no solo por los grandes recuerdos que me trae, sino por la milimétrica precisión y calidad con la que cada uno de los temas fue compuesto. Ver desfilar uno a uno delante nuestro sería algo que no olvidaríamos nunca, aunque como digo, pseudo-reunión del grupo, llamado Avalanch All Stars Band, un proyecto al que muchos le vemos corta duración, al menos con la formación actual, y porque no decirlo, poco sentido al mismo tiempo. En cualquier caso, era una oportunidad que no pensaba dejar pasar por nada del mundo. Tampoco entiendo, siendo una de las estrellas del cartel, como les hicieron tocar a esas horas (las 2:20 de la madrugada, nada menos). Este hecho se notaba en la poca cantidad de gente (en comparación con otros conciertos) que se acercó a las primeras filas. Aprovechamos esta situación para ponernos tan delante como fuera posible, mi chica y yo junto a mi hermano, primo, cuñada, etc. etc., era algo que absolutamente todos queríamos vivir con cercanía y pasión.

Presentación de lo más extraño. En lugar de aparecer todos los miembros en una gran explosión de aplausos y luces, como imaginábamos, apareció Alberto Rionda solo, silencioso, en una parte del escenario para interpretar con su instrumento el tema instrumental que cierra el disco, Santa Bárbara, tras la que por fin fueron apareciendo las estrellas entre aplausos y griterío generalizado. Magnus Rosen (ex Hammerfall, Fullforce, Jorn…) Jorge Salán, la bestia Terrana tras la batería (estos dos no necesitan presentación), el recientemente incorporado Manuel Ramil (ex-Warcry y Sauze) a los teclados y por supuesto Israel Ramos, fiel compañero de Rionda en los últimos años en Alquimia, a la voz. Que es un All Star Band es algo innegable solo leyendo los nombres. Ahora sí, por fin, sonaba la maravillosa intro del disco, Hacia la luz, tocada en vivo, empalmada casi con Tierra de nadie. Pelos como escarpias. El subidón de adrenalina que supuso para mí fue tal, que aun con el cuello hecho pedazos empecé a desmelenarme, igual que todo el mundo a lo bestia. La batería de Mike Terrana sonaba tan potente que casi te empujaba para atrás con su doble bombo. Magnus salió hecho una furia, agitando los pelos y poniendo sus típicas caras raras. Y por fin, la voz de Israel llega, mucho más baja de lo esperado, casi inaudible ante la potencia de los instrumentos. Adaptó muy bien el tema, incluido el agudo final, casi más bajo incluso que el resto. Parece que su voz no iba a destacar en exceso. Alegría entre el público con las primeras notas de El ángel caído, del cual ya hemos podido ver el videoclip por las redes, con un Israel bastante solvente en casi todo el tema y una mezcla de sonido súper saturada, especialmente con el doble bombo de Terrana y los bajos en general. La banda continuaba con mucha energía sobre el escenario, aunque francamente, se les veía un poco distantes, algo que ya imaginé que pasaría desde el principio.

La algarabía volvió a su punto máximo, a pesar de que Xana no es un tema cañero en absoluto como los dos anteriores, es una de las más queridas por los fans, que ya tocaban Alquimia en directo,  cantada con mucho feeling y endurecida por el bajo de Magnus y la batería de Mike. Además, tuvimos el placer de disfrutar de Xina, vocalista de Oker, como primera invitada especial en el concierto. El placer, por cierto, fue más por su presencia que por su voz, ya que sonaba tan baja que apenas nadie escuchaba nada. Y es que era tan fácil disfrutar de este concierto… “El ángel caído” es un disco que conozco segundo a segundo, cada mínimo detalle de guitarra, cada toque de batería, cada línea de bajo por muy pequeña que sea… lo tengo grabado en la mente al milímetro. No hubo más temas instrumentales, así que pasaron directamente a Alma en pena, pasando por alto Levántate y anda (casualmente, el tema que “menos me encanta” del disco) y uno de los más difíciles de cantar, aunque Alma en pena no es moco de pavo, y a Isra se le empezaba a ver al límite. Mientras, Magnus seguía acercándose hacia nosotros por las dos partes del escenario, poniendo caras que a veces daban miedito, y levantando su melenón, mientras demostraba con creces que es un bajista que puede tocar lo que le salga de los huevos. ¡¡Enorme!! Los coros (imprescindibles) en este último tema, por cierto, sonaron de vicio. Puede que sea una de las que más desapercibidas pasan del disco, pero sin duda Corazón negro es una de mis favoritas. No es especialmente complicada, no tiene tonos difíciles, pero tiene una melodía y un feeling que me enamoró desde el primer momento en que la escuché, a parte de tener un significado especial para Rionda por hablar de su tierra. Además, a Israel le venía como anillo al dedo por su tono. Los solos aquí fueron cosa de dos. De hecho, Jorge se marcó quizá los solos más complejos, acompañado por el maestro Rionda, formaban un dúo espectacular, algo para el recuerdo. En algunos momentos, se ponían juntos para hacer riffs y armonías, y yo solo con ver esto me venía arriba. Vaya pareja de hachas, que incluso combatieron en un duelo de solos y virguerías varias. Los minutos parecían segundos en este concierto. No notaba ni el cansancio, ni el cuello roto, ni las lumbares deshechas… tan solo percibía cada nota y cada sílaba, emocionándome cada vez más, hasta llegar a la cumbre con Delirios de grandeza, otra que sonó mucho más dura gracias a los zambombazos de Terrana (es que joder, menudo animal salvaje…). El primer tema que escuché de este disco fue también una de las que más me llegó, a pesar de que ya no me quedaba voz para cantarla, todos la disfrutamos una barbaridad. Y más todavía Antojo de un Dios, si no la mejor, una de las más grandes baladas que se han compuesto nunca en el Heavy nacional, muy blandita, muy melódica, pero preciosa y llena de sentimiento, que a más de uno, así casi sin querer, nos hizo soltar alguna lagrimilla. Y es que han sido muchos años escuchándola sin parar, y además de todo, son tantos recuerdos... Por cierto, Israel la cantó con un empeño muy especial, aunque la potencia de Magnus y Terrana poco pintaba aquí.

Aplausos especialmente eufóricos aquí, la peña lo estaba deseando, pero muchos esperábamos ya el grandísimo final, que llegó con Las ruinas del edén, con las tres partes juntas seguidas, tocadas con todo el brillo y potencia de la original, con todos los músicos dando el 100% (especialmente disfrutada en las partes instrumentales por Alberto Rionda y Jorge Salán, codo con codo), un espectáculo imprescindible de ver. A Israel le tocó la papeleta de representar tanto la voz de Víctor, que sacó adelante, y la de Leo, que se le fue completamente de las manos. A muchas partes no llegó del todo bien (a parte que no se le escuchaba apenas) y tuvo serios problemas para mantener el tono. A pesar de que es un vocalista excelente, nunca le había visto en tantos apuros. Un apoyo vocal habría estado bien. Sin embargo, y para mi sorpresa… poco después, tras un pequeño descanso, la banda apareció de nuevo para interpretar Torquemada y esta vez sí tuvimos invitado especial, nada menos que a Tete Novoa. Mi pregunta es… ¿no podría haber salido antes para cantar las partes de Leo en Las ruinas del edén? De todas formas, tampoco le vino mal a Isra, ya que Torquemada es extremadamente difícil de cantar, requiere un aguante brutal que a estas alturas ya era complicado. Por supuesto, Tete destacó de sobremanera, lanzándose unos gritos asombrosos sin apenas esfuerzo y dejando el tema bordado. Al final, una gran sensación en lo musical y en lo escénico. Algunos temas nunca los había visto en directo, y aunque no sea a cargo de Víctor (que, seamos realistas, hoy en día no aguantaría ni dos temas seguidos, las cosas como son), sonaron con gran parte del sentimiento original.

Objetivo final cumplido, ya podíamos ir retirándonos. Con los que quedaban vivos, hablamos para reunirnos al día siguiente y continuar esta gran fiesta, que desgraciadamente, ya encauzaba su recta final. Nos despedimos en las tiendas de Rafa, Pinxo y Nuria, que abandonaban definitivamente el festival aquella noche y mi chica y yo, por nuestra parte, y bastante felices después de lo visto, cogimos el coche de vuelta a casa, comentando varios conciertos y todas las vivencias de aquella jornada. Como siempre, fue tocar la cama y caer destrozaros por la batalla.

Mañana tocaría darlo todo, incluso mucho más que días anteriores por el extra de grupos que queríamos ver.

_|,,| JaviMetal (Is The Law) |,,|_

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