martes, 20 de enero de 2026

The Hammer is the Sign (Hammerfall + Tailgunner, Domingo 18/01/2026, Sala Mamba!, Murcia)

El Antro del Metal - Hammerfall portada

El inicio de una temporada de conciertos, o se hace a lo grande, o no se hace. Y qué mejor forma de arrancar este 2026, que acudiendo a un buen doblete de fin de semana. El sábado, tuvimos el gustazo de ver en vivo y en directo a Frank Suz y sus Crazy 88’s, uno de los artistas nacionales al que más admiración profeso. Y al día siguiente, nos esperaba otra liada bien gorda, la llegada a nuestro país de la que es, también, una de mis bandas favoritas de todos los tiempos en lo que al más auténtico Heavy Metal se refiere, los legendarios suecos Hammerfall. Dos estilos diametralmente distintos, dos formas muy distintas de entender el amplio abanico de sonidos que ofrece el Rock… y que, personalmente, me siento muy agradecido por poder disfrutar de ambas, sin complejos, y con toda la pasión del mundo. Y ya era hora, joder. Porque si en el 2019 tuve el privilegio de poder estar frente a la formación en dos ocasiones distintas (Leyendas del Rock, y Rock Fest Barcelona), no ha sido desde entonces, siete largos años después, cuando he podido verles de nuevo, ya por octava vez. En esta ocasión, fue la excelente sala Mamba! de Murcia la que acogió tan distinguido evento, esta gira llamada Freedom World Crusade. En unos tiempos un tanto difíciles para el género, en la que los festivales generalistas y salas se llenan cada vez más de bandas gorraplanas, tatuajes mangueros y dilataciones, los incombustibles Hammerfall, vienen a demostrar que siguen siendo uno de los mayores estandartes del Heavy Metal a nivel mundial, y unos inquebrantables defensores de la verdadera fe. Y cuando su martillo hace temblar el suelo, el resto se calla. Una cita ineludible que tuve en el punto de mira desde que fue anunciada.

Eso sí, de no ser porque les guardo tamaña devoción, y por el hecho de que hacía tanto tiempo que no les disfrutaba en vivo, me lo habría pensado más. Y aquí entro (sí, otra vez) a recalcar el desmesurado precio al que se están poniendo a la venta las entradas de conciertos. 45 eurazos por un concierto, se llamen como se llamen (y hablamos de grupos de caché medio), me parece una soberana burrada que ya ronda el elitismo y la segregación de quienes, sencillamente, no podemos llegar a dicho poder adquisitivo. Y lo que me parece más vergonzoso todavía, es que sea la propia promotora quien venda las entradas a través de su web, y lo haga con unos gastos de distribución ridículamente elevados. En fin, que si uno no fuese un adicto incurable a los conciertos… pero eso no quiere decir que vaya a seguir pasando siempre por el aro.

Pero vayamos al grano, porque esta gira, además del cabeza de cartel, traía consigo otro aliciente irresistible: la presencia de los ingleses Tailgunner. Una banda que llevo años deseando ver, y que nunca se me había puesto a tiro hasta esa noche. En 2022, y tras varios singles, sorprendieron a propios y extraños con un EP llamado “Crashdive”, que mostraba unas cualidades enormes, unos temazos de los que se ponen cien veces en bucle, y una mezcla de caña y melodía que, para mi gusto, está en su punto perfecto. Con su primer LP (del año siguiente) “Guns for Hire”, no hicieron sino corroborar que iban a pisar todavía más fuerte. Y ahora, por fin puedo dar fe de que también van a por todas en directo.

Así pues, era imperativo llegar con tiempo de sobra a la capital murciana. Como esta vez fui acompañado por mi chica, decidimos salir temprano para comer allí, y al mismo tiempo, aprovechar para quedar con nuestro amigo Antuán, con quien pasamos una tarde magnífica, llena de interesantes conversaciones.

Nunca había tenido que dar tantas vueltas para aparcar en la Mamba!. Al suculento concierto, hubo que añadir algún tipo de actividad deportiva que hacía que los alrededores de la sala estuvieran asquerosamente masificados, pero por suerte, aun dejando el coche a 10 minutos de allí, todavía llegamos a muy buena hora. Me temía que la sala también estuviese a reventar, pero por suerte, no fue para tanto, ni mucho menos al nivel al que estaba en el pasado concierto de Leprous.

No vi tantas caras conocidas como esperaba, pero sí me encontré, nada más entrar en la sala, con mi amigo David de Almansa. ¡Qué tío más grande! Esto fue ya pocos minutos antes de empezar el tinglado, así que rápidamente nos fuimos a perdernos entre las primeras filas para pasarlo en grande con los teloneros Tailgunner. Ganas, no faltaban.

Tailgunner:

Y para empezar… ¿Hay algo más jodidamente épico que el tema central de Conan para abrir un concierto de Heavy Metal? Con la batería muy adelantada en el escenario, y con el soporte de micro ya resplandeciendo en este, salían a la carga los ingleses, atacando fuerte con Midnight Blitz, uno de sus más recientes cortes, que a su vez dará título a su inminente disco. Un auténtico festín de headbanging, despatarramientos y mástiles elevados, con una energía descomunal y unas guitarras en primera línea que nos dejaron pasmados ya de primeras. El vocalista Craig Cairns se recorría una y otra vez la parte delantera, agachándose y tirando de melenazos, con buenos gritos, y ese espectacular alzamiento de su micrófono, que tenía como base el nombre en grande de la banda. La actitud se demuestra con hechos, y no con palabras, y desde luego, creo que nos lo habían dejado bien claro. El final machacón empalmó con el inicio de White Death, a saco, sin respirar, con mucha coreografía de mástiles, y con un Thomas Hewson al bajo muy subido de humos. No era menor el empeño de Craig, que saltaba y pedía gritos al público, cantando bastante bien para las carreras que daba. Sin tener una voz realmente espectacular, supo llevar el timón del barco con muchísimo aplomo, y un comportamiento ejemplar de lo que debe ser un buen frontman del Heavy Metal, amén de ir completamente ‘forrado’ de cuero, tachuelas y cadenas.

Los saltos, y los fulgurantes movimientos continuaron siendo la constante en Shadows of War, destacando los cabezazos de Thomas, y de su compañera a la guitarra. Para mi sorpresa, no era Rhea Thompson quien la empuñaba, sino nuestra Jara Solís (Hunger, ex –Cobra Spell y Sinner Rage), aunque dada su forma de actuar, parecía llevar toda la vida con ellos. Excelente primer envite, que ahora cortaba por unos segundos Craig para dedicarnos unas palabras de agradecimiento y envalentonarnos todavía más, si cabe. El setlist no solamente se compuso de temas de su “Guns for Hire”. También quisieron mostrarnos cómo se las iba a gastar “Midnight Blitz”, que ahora retomaban por medio de Tears in Rain. Ante un público cada vez más inmerso, el cantante se defendía bien en tonos medios, y a la batería, el italiano Eddie Mariotti (otra reciente incorporación), parecía ir al trote sobre el asiento de su batería, haciendo temblar la estructura con cada golpe. Sin querer salir de los registros más heavys, ni de su próximo lanzamiento, Barren Lands & Seas of Red fue una de las que más me gustó. Y parece que muchos pensaron así, a tenor de las manos levantadas y la colaboración que ofrecieron, al tiempo que la banda, ante unos flashes enloquecidos, tiraban a muerte de molinillos y cambios de posición. Respiro para una introducción disparada, y de nuevo a la carrera con Eulogy. En el momento de su lanzamiento, la banda reconoció que, al igual que Tears in Rain es un homenaje a la obra Blade Runner, esta se inspira en sus grandes referentes como Blind Guardian o Helloween.

Desde luego, en su inicio es fácil reconocer la inspiración del If I Could Fly, pero aquí acaban las comparaciones, porque el tema es un auténtico tifón de doble pedal y guitarras dobladas. Desde el momento de apertura por parte del batería, pusieron la sala del revés con mucha, mucha caña burra, y en un momento dado, Jara y Zach Salvini se marcaron un solo mano a mano, que culminó este último hacha. Los chorros de humo y la espectacularidad en la batería, dieron paso a unos coros a los que contribuimos todos sin dejar de agitar el cuello. Llegaba el momento del adiós (el concierto empezó unos minutos antes de lo previsto) con un auténtico morterazo de la talla de Guns for Hire, una de mis grandes favoritas. Muy emocionada, Jara se arrimaba a saltos hasta primera línea, formando un equipo muy sólido junto a Zach, quien demostró ser un virtuoso de la hostia, y esas idas de olla por parte de Thomas Hewson (que se volvió literalmente loco en sus primeros compases) dejaban claro que querían despedirse a lo grande, atrapando al público con esos coreos y terminando con un estruendo brutal. Por poner un par de ‘peros’, diría que la tocaron a un ritmo demasiado acelerado, lo que para mí le restó algo de ‘groove’, y se detuvieron excesivamente a pedir el apoyo del respetable. Por lo demás, mi más sincero aplauso para ellos. Porque la energía que destilan, y esos temazos que se sacan de la manga, les pronostican un futuro brillante.

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Finalmente, la sala no acabó por llenarse tanto como pensaba. El grueso de gente ya estaba durante la actuación de Tailgunner (algo que me alegró), y durante la actuación de estos, nos encontramos bastante cómodos y sin demasiados agobios. Decidimos, pues, salir a echar un pitillo exprés para afrontar la gran batalla final, y nunca mejor dicho. La peña no formaba un bloque de hormigón, como en otras ocasiones, y al volver pudimos ocupar un sitio con buena visibilidad, algo que, gracias la configuración de la sala, tampoco fue complicado.

Hammerfall:

Todavía tuvimos que esperar un buen rato al comienzo, que dadas las ganas acumuladas y la emoción del momento, se nos hizo bastante largo. Pero tras sonar la intro, inmediatamente pudimos dar rienda suelta a nuestro desfogue con Avenge the Fallen, ya a todo volumen. Viniendo de una banda tan rabiosament enérgica (y joven) como Tailgunner, la edad se notaba en los movimientos de los músicos, pero no se puede negar que Hammerfall siempre ha sido una banda que se emplea a fondo desde el primer tema. Poco a poco se iban adueñando del escenario con continuo headbanging y ademanes con los instrumentos, amparados por un sonido muy pesado, muy heavy, que además, gozó de un equilibrio perfecto durante todo el show. Con temas como este, es fácil despertar la colaboración del respetable, pero todavía más si luego te sueltan en toda la cara una poderosa Heeding the Call, con el incomparable Joacim Cans pateando y despatarrándose en el centro del escenario, la batería de David Wallin martilleando sin piedad, y ese virtuoso Oscar Dronjak pulsando las cuerdas por delante del mástil en el solo. Sinceramente, con este tema me ganaron de lleno, el que fue mi favorito de su carrera durante mucho tiempo. Y no fui el único. Los gritos de ¡¡eh, eh!! empezaron a brotar sin pedirlos, y el ambiente se caldeaba a un ritmo exponencial. Cada vez más voces surcando el aire. Cada vez más puños en alto pidiendo guerra, y Any Means Necessary nos llevó un paso más allá.

Sin ser de mis preferidas, reconozco que funciona como un tiro en directo, fortalecida por los contundentes punteos de bajo de Fredrik Larsson, y enaltecida por esos contorsionismos que nos regalaba Oscar Dronjak. Este último, junto a su compañero al hacha, fueron unos de los grandes nombres del concierto. Los gritos de Hammerfall, fuertes e incesantes, eran señal inequívoca de triunfo, incluso en esta etapa tan temprana. Seguida de su propia intro, arrasaba ahora Hammer of Dawn, único tema que sonó del disco de idéntico título. Las bases, sólidas y mortíferas, encauzaban los riffs y solos de Pontus y Oscar, que se acercaban y alternaban posiciones en primera fila, destacando ese alucinante modelo de guitarra / martillo que portaba este último. Era el Martillo de la Justicia, que estaba haciendo retumbar la Mamba! hasta sus cimientos. Y no pararía ahí la cosa, ni por asomo. Tirando aún de su etapa más reciente, Freedom puso a las claras que no son pocos los fans de su último trabajo. Las guitarras redoblaban como el trueno, así como los coros, bien ejecutados por Fredrik, que se erguía en la plataforma trasera con su bajo de cinco cuerdas. El final fue completamente nuestro, coreando esas últimas notas de su melodía. Joacim se mostraba cada vez más suelto, y he de añadir que fue una de las mejores actuaciones vocales que le he visto dar. Tampoco le costó demasiado conquistarnos, ya que existía bastante predisposición a ello.

Y es que claro, con trallazos de la talla de Renegade… a ver quién es el guapo que se resiste a rendirles pleitesía. La sala era ahora un verdadero mar de puños en alto, cantando a todo pulmón su estribillo, y dejándose el puto cuello en cada riff. Mientras Pontus Norgren se flipaba con el solo, Joacim rasgaba las cuerdas de Oscar con su propia púa. Detalles así, de buen rollo y cercanía entre ellos, hubo unos cuantos en el concierto. Y eso también motiva mogollón. La siguiente, para mí, protagonizó uno de los momentos más intensos de la noche. Ese jodido himnazo llamado Hammer High, de los que te hacen levantar la cabeza y el orgullo hasta el techo, sonó absolutamente atronador. El vocalista estuvo de lujo, llegando muy bien a todo, saltando y gesticulando de forma teatral, sintiendo cada nota como si fuese la última. Uno de los pipas, salió al escenario para entregar a Oscar OTRA guitarra con forma de martillo, que este sostuvo en alto. Pero sin duda, lo mejor fue el final, con los cuatro músicos en línea, al borde del escenario, entonando junto a nosotros el estribillo a capela, como una oración sagrada, como un devoto rezo al venerable Martillo de la Verdad, del auténtico Heavy Metal. O dicho de otro modo: los putos pelos como escarpias. Mira que les he visto veces, pero en pocas les he disfrutado como aquella noche. Inmediatamente, Last Man Standing fue otro triunfo rotundo.

Casi antes del que el cantante abriese la boca, cien voces se le adelantaban con el estribillo, destacando nuevamente en ella ese infranqueable muro de guitarras que formaban Oscar y Pontus. Pero a mí me gustó aún más Fury of the Wild, que me golpeó por sorpresa, y además, empalmada con la anterior, para no perder un solo segundo. Muy bien encajadas esas armonías a tres voces, por parte de ambos guitarristas y Fredrik, mientras el doble pedal de David nos llegaba hasta el pecho. Las plataformas laterales de la batería dieron mucho juego escénico, y los músicos subían y bajaban de ellas constantemente, favoreciendo la agilidad visual del concierto. A continuación, turno del medley, que basaron en su quinto trabajo (un disco que me encanta especialmente, por cierto). La primera parte del The Templair Flame dio paso a los poderosos riffs de Bloodbound, para pasearse por Hammer of Justice y su solo, el de Secrets, el aplastante inicio de Knights of the 21st Century, y regresando a los coros del primero, que interpretó Joacim Cans tras una breve ausencia que dio protagonismo al lucimiento de los músicos. La verdad es que no fue nada realmente especial, pero siempre es un placer poder escuchar esos temas (o parte de ellos) en directo. No se hizo de esperar una nueva tanda de gritos de ¡Hammerfall! ¡Hammerfall!, esta vez aún más fuertes y sentidos, señal inequívoca de cuánto estábamos disfrutando.

La verdad es que se estaban marcando un conciertazo de auténtica reverencia, aun faltando muchos clásicos. Con un Stronger than All, un Steel Meets Steel, o un Riders of the Storm, habrían entrado de lleno en un sobresaliente todavía más rotundo, pero el setlist elegido, y la respuesta que tuvo, también es una clara muestra de que la banda ha mantenido un buen ritmo a la hora de seguir pariendo himnos que perduran. Codo con codo, Joacim y Oscar dominaban las primeras filas al sonar los primeros acordes de Let the Hammer Fall, ahora sí, un clasicazo en toda regla que marcaba el principio del fin, pero al mismo tiempo, el comienzo de la parte más intensa. Me encantaron esas coreografías de mástiles que la banda realizo durante todo el concierto, en grupo o por separado, algo tan ‘marca de la casa’ como los prominentes coros, o los estribillos que te hacen gritar puño en alto casi sin quererlo. Las primeras notas disparadas de Glory to the Brave, levantaron tal emoción en toda la sala, que casi se podía palpar con los dedos. Con el corazón en un puño, las letras nos salían solas acompañando a Joacim, comedido en las partes más difíciles, pero poniéndole mucho sentimiento al asunto. Cabezas y mástiles en alto, los músicos formaban un escuadrón en primera línea de ataque que hizo del momento algo todavía más épico, si eso es posible. Casi tanto como con la siguiente The End Justifies… pero esta vez, en clave mucho más trallera, con un atosigador doble bombo a toda hostia que nos puso a caldo. Joacim dio el callo en ella, una de sus mejores ejecuciones, y Oscar se acercaba hasta nosotros para fliparnos con su vertiginoso solo.

Permitiéndose un respiro, el vocalista presentaba a sus compañeros, muy divertido y bromista, preguntándose para qué querrían a Yngwie Malmsteen cuando tienen a Pontus Norgren. Muy cachondo el tío, jejeje. (We Make) Sweden Rock se ha convertido, desde su salida, en una fija de sus setlists. Presentándola muy orgulloso, Cans se arrancó en seguida con unos saltos hacia adelante y hacia atrás, cogiendo el micro con energías renovadas, con mucha hambre de escenario, y transmitiéndonos su energía para hacernos cantar ese estribillo tan facilón. Al mismo tiempo, ondeaba una gran bandera de Suecia, y sus compañeros iban y venían por las plataformas, todavía con reservas de energía especialmente patentes en los movimientos y arqueos de Oscar. Mirando por última vez hacia su “Avenge the Fallen”, regresaban las melodías y los coros más desenfrenadamente épicos con Hail to the King, un tema que respira clasicismo y un estilo 100% batallero, 100% Manowar, y 100% auténtico Heavy Metal, como no podría (ni debería) ser de otro modo. Muy divertido el detalle de ver a Oscar ‘ayudando’ a su compañero David Wallin, golpeando uno de sus platos con las mazas. Y no menos hilarante fue el último discurso de Joacim, dándonos a escoger entre escucharle a él hablando durante 5 minutos, o un último corte. Evidentemente, escogimos la segunda opción, y más sabiendo que esa Hearts on Fire iba a dejar la Mamba! hecha cenizas. Dándose un atracón de shredding, Pontus ponía toda la carne en el asador acercándose hasta nosotros, que nos dejábamos la garganta, y Oscar de deshacía en gestos, headbanging y alardes, sudando hasta la última gota en ello, como el resto de los músicos, para que el impacto final fuese aún más demoledor.

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Con un gran clamor de reverencias y ovaciones, el concierto tocaba a su fin, pero todavía nos llevaríamos una buena alegría antes de abandonar la sala. Dimos una vuelta por el puesto del merchandising, más que nada, por mera curiosidad… porque vamos, ni de puta coña pago yo 35 pavos por una camiseta de manga corta, sea de quien sea. No obstante, algo nos llamó mucho la atención, y antes de darnos el piro, vimos que también había a la venta unas ‘bolsas sorpresa’, cerradas y ordenadas por tallas, que contenían 3 camisetas random cada una… ¡por 25 euros el pack! Así, sí. Y además, nos tocaron unos modelos cantidad de guapos.

En los tiempos que corren, y con el desorbitado precio de las entradas, no todos los conciertos son dignos de merecer semejante desembolso. Afortunadamente, al menos en mi opinión, el de este domingo estuvo a la altura, y de qué manera. Tratándose de una de mis eternas bandas favoritas de Heavy Metal tampoco esperaba menos, pero lo cierto es que, haciendo tanto tiempo que no les veía en acción, incluso superaron mis expectativas. Los músicos brillaron a gran nivel, hubo mucha pasión, entrega y una actitud gigantesca, el ritmo fue vibrante y muy bien compensado, el setlist fantástico, hora y media de concierto que aunó viejos clásicos y nuevos himnos, y el público estuvo volcadísimo con ellos de principio a fin. El sonido, si acaso faltando un puntito más de volumen (para mi gusto), fue muy contundente y perfectamente ecualizado. Salimos del concierto sudando a mares, con las vértebras hechas papilla, y con la adrenalina por las nubes. Y para colmo, con tres camisetas bien chulas y a buen precio. Pregunto yo, ¿se puede pedir algo más? Difícilmente. Ojalá no tengan que pasar 7 años más para volver a tener otra dosis de mis idolatrados Hammerfall.

Gloria a los valientes. Gloria a todas aquellas bandas que, ignorando modas y tendencias, nunca han vendido su alma ni su estilo, y se han mantenido siempre en el camino recto, el de la fe absoluta en la autenticidad y la constancia.

Que el Martillo de la Justicia siga atronando eternamente.
Larga vida a los Templarios de Acero…
¡¡Y muerte al falso Metal!!

_|,,| JaviMetal (Is The Law) |,,|_

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