
Sueños y Rock’n’Roll… noches de placer. Dos fragmentos, pertenecientes a dos temas de una misma banda, que entre tantos otros, podrían ser perfectamente descriptivos de una noche que nos ofreció todo eso y mucho más. Un cartel que aunó Heavy Metal y Hard Rock callejero en perfecta sintonía, contando con una de las grandes promesas de la escena nacional como son los zaragozanos Rocket Queen, y la indiscutible realidad en la que ya se han convertido Pölvora. En conjunto, garantizaban al 100% una velada de descontrol, pasión, y cantidades industriales de vatios, que además, fue respaldada por un ambientazo que todavía debe estar resonando en las paredes de la Rock City de Valencia. En un local en donde los tributos tienen excesiva predominancia, fue un gusto inmenso comprobar que también las bandas de verdad, las que crean y tocan temas con alma propia, pueden lograr todo un llenazo y un triunfo arrollador. El olor a multitudes ya se percibía en los alrededores, en los bares petados por muchos de los que iban a asistir los conciertos. En mi caso, era ya la tercera ocasión frente a Pölvora y segunda con Rocket Queen, y en lo referente a ambos conciertos, puedo decir sin ningún género de dudas que fueron los mejores que les he visto dar. Esto último, junto a la masiva asistencia, son dos muy buenas señales de que, a paso rápido, las dos formaciones van superándose a sí mismas. Los valencianos en concreto, que aquella noche demostraron ser profetas en su tierra, han subido otro gran escalón de calidad y buen hacer por medio de su segundo trabajo, “Volumen 11”, con el que la gran mayoría estábamos deseando estrenarnos en directo.
La llegada a Almàssera no fue fácil, ni agradable. Si hay algo que odio de ir a esta sala, es el trayecto, las dichosas rotondas gigantes, y el tráfico, que para más inri, aquella noche era especialmente agobiante, con un tapón de vehículos (maderos incluidos) que parecía no avanzar al final de Juan XXIII. Pero el premio a tanto estrés fue, nada más llegar, encontrarme con tantas caras conocidas, esas que no fallan ni por casualidad. De hecho, este ha sido uno de los conciertos con los que más colegas he coincidido en mucho tiempo, y me encantaría, antes que nada, mandar un cálido saludo a tod@s ell@s por darle tanto valor añadido a la noche. Popi, Bárbara, Guillermo, Vicent, Diego, Manu (¡a los tres!), Vanesa, Paco, Ana, Juan, Óscar… joder, vaya trupe más guapa, ¡así da gusto!
Pero bueno, vamos a lo que vamos, porque tras echar unas birras, el show estaba a punto de empezar, y el calor en la Rock City ya comenzaba a elevarse. Para este primer bolo, todavía no estaría llena, pero sí acogía a un buen puñado de asistentes con muchas ganas de darlo todo.
Rocket Queen:
Aunque contaban ya con dos discos a sus espaldas, y unos cuantos años de existencia como banda, no ha sido hasta la llegada de este tercer “One Last Night” cuando su carrera ha despegado de verdad. A mediados del pasado año, tuve el gran placer de verles en su concierto debut en el bar La Gramola de Orihuela, y la impresión que aquella actuación dejó en mí fue clara y concisa: apuestan muy fuerte por lo suyo, y van a por todas como un auténtico cohete (nunca mejor dicho). El pasado sábado, no solo volvieron a dejar constancia de ello, sino que mejoraron lo presente con una actuación radiante de energía y actitud hasta los topes.
Un desgarrador grito, y riffs de lo más potente, fueron su carta de presentación, haciendo retumbar la sala entera con Burn the City. Vestida para matar, la despampanante Judy Jade aparecía ante nosotros con gorra militar, chaqueta de cuero, guantes negros y un objetivo bien claro: arrasar el escenario. Aferrada a su micro en los primeros instantes, no tardó en soltarse por todo su espacio, acercándose entre otros a su compañero César, que nos apuntaba con su bajo. Empuñando ahora su aro, la cantante nos dio toda una lección de fuerza vocal y afinación entonando perfectamente la fantástica Nothing Good, que es una de mis favoritas del redondo. De su parte también tenían un sonido compacto y poderoso, destacando la batería comandada por Johan, pero sin que nada estuviese por encima o por debajo. Gabi Bultaco también la liaba a base de bien. Desde el principio mostró mucho nervio, mucha hambre de escenario, sin parar de elevar su mástil, ni de dar sus solos de la forma más apasionada posible, como le vimos hacer durante la ochentera Broken Heart. Tema que, todo sea dicho, gana muchísimo en directo y con la voz de Judy, que ejercía un dominio absoluto del escenario, con maneras desafiantes y muchísimo aplomo. También los coros sonaron de lujo, tanto por parte de Gabi Bultaco como de su compañero a la guitarra, y eso cuando no se dejaban el espinazo con el headbanging o abriéndose de piernas.
Breve saludo y agradecimiento por parte de la frontwoman, y a piñón fijo con 90 Ways to Die, cambiando ahora a registros más duros. Mucho más peso en las guitarras, y para echar más leña al fuego, Judy no dejaba de acercarse al borde del escenario, poniendo los humos muy subiditos. Mirando hacia su segundo álbum (“Back to the 80s”), rescataban Little Treasure. Excelentes esos detalles de Gaby Rocketz, que percibíamos con toda claridad gracias a la gran ecualización del show, mientras G. Bultaco se dejaba llevar por la emoción, y la peña les acompañaba con palmas. Pero aún más participación hubo en Heaven’s on Fire. Acalorada, Judy se desprendía de su chaqueta, y continuaba en su incansable afán por subir la temperatura, con gestos y ademanes, movimientos no aptos para menores, y en general, pisando fuerte en un escenario que ya había conquistado por completo desde el principio. Pura dinamita de mecha corta, oigan. Tampoco dejaba de pedir coros y gritos entre un público cada vez más metido en la acción. Durante la parte instrumental, con las luces parpadeando a saco, la cantante abandonaba unos segundos el escenario, para volver en la parte final, aunque aquí se encontró con algún problemilla en su micrófono. Traspiés puntual que no cortó para nada el imparable ritmo del concierto.
Judy nos deleitaba, a capela, con conocidos fragmentos de Guns N' Roses (en los que de nuevo volvió a lucir su gran talento vocal), para seguir alimentando el setlist con un temazo de la talla de Queen of Hearts. Ritmo y estribillo que nos pusieron a 100, con Gabi Bultaco bien espatarrado en el centro del escenario, unos tonos de voz muy elevados, y un final en el que Johan demostró su valía machacando sin piedad sus parches. Ni las ganas ni la energía se atenuaban en Feel the Night. Judy volvía a las primeras filas para agacharse y dar rienda suelta a su faceta más caliente e insinuadora, y sin obviar la gran actuación de Gaby Rocketz y César (que se juntaban mano a mano), también pudimos reírnos con las pequeñas bromas que se gastaban entre ellos. Una banda tan en forma, y con tal buen rollo, merece el brillante futuro que, de seguro, tiene por delante. Antes de ir a por la recta final, la vocalista se hacía eco del último trabajo del grupo (“One Last Night”, ¡no lo olvidéis!), recordándonos que estaba disponible en el puesto de merchandising. Y precisamente, fue el tema homónimo, One Last Night, el que continuó la traca.
Una de las más coreadas, arrancaba con ambos guitarristas cruzando sus mástiles y pateando el escenario cara a cara, y terminaba con unos riffs y solos bien petados de wah por parte de Gabi. De por medio, otra espectacular performance de la vocalista, quien mantuvo el fuego bien encendido en todo momento. Y de ninguna forma podía terminar aquel fiestón sin sonar Welcome to the Party, con ese marcado regusto canalla y sleazy, que hizo las delicias de aquellos que no dejaron de cantar entre el respetable. Estribillo facilón, unos cuantos bailes, y Judy llamando al desmadre final, jugueteando con su melena, lanzando miradas de lo más provocativo, y corriendo toda una maratón sobre las tablas. Los constantes guiños entre los músicos reafirmaban el buen clima en la banda, algo que también se reflejó en la peña. Sonando ya los últimos riffs, Judy lanzaba una camiseta de la banda, y el conjunto se despedía entre sonoros aplausos, señal de cuánto habían gustado. Lástima que se dejasen en el tintero dos de mis temas favoritos, Where the dreams come true, y The worst of me, aunque supongo que no encajaban igual que el resto en un setlist tan frenético y directo como el que descargaron.
![]() | ![]() | ![]() |
![]() | ![]() | ![]() |
![]() | ![]() | ![]() |
Aprovechando la ocasión de tener a mano a tantos colegas, a quienes no veo con la frecuencia que desearía, salimos a charlar un rato a las mesas de fuera (algo que me encanta de esta sala), a pesar de que hacía un fresquito que no invitaba demasiado a ello. Unos tragos, unos cigarritos, unas buenas conversaciones de música (como siempre, me llevo deberes para casa)… y para dentro.
Y qué a gusto, porque el clima que se respiraba en el interior de la sala, chocaba diametralmente con el frío de afuera. Nos enfrentábamos a una buena carga de Pölvora a punto de estallar, y si Rocket Queen nos habían dejado ya muy calientes, lo de los valencianos iba a ser una auténtica bomba de destrucción masiva. En cuestión de unos minutos estarían ya sobre el escenario, y como antesala, ahí sonaba esa Do You Remember Rock and Roll Radio? para ir infundiendo ánimos…
Pölvora:
… aunque tampoco lo necesitaban. Porque desde el momento en que pusieron un pie en el escenario, tirando de Hasta que salga el sol, todo estalló de inmediato. Cruces entre guitarras, Rubén (ex-13 Millas) pateando los monitores, José Li reventando la batería… y la salida del inconmensurable Lane Lazy que terminó de ponerlo todo de vuelta y media. La imagen de Izzra y el bajista hombro con hombro fue una de las que más se repetiría aquella noche, y dio paso a Decídete, continuando con el orden establecido en su “Volumen 11”. Tan pronto se despatarraba en medio del escenario, como daba saltos sin parar, Lane (para variar), salió hecho una furia al escenario, mezclando esa suprema elegancia en su atuendo, actitud gamberra, glamur infinito, y un vozarrón por el que parece no pasar el tiempo. Sería uno de los grandes protagonistas en Una vida sin más, bordada también gracias a unos punteos de Álex e Izzra, que sonaban con todo lujo de detalles gracias al inmaculado sonido que presentaba el concierto. Rubén volvía a primera línea de combate, coordinándose de perlas con José, al que aquella noche vi especialmente contento e inspirado, tocando de pie en el último tramo del tema. El show no presentó una curva ascendente de intensidad… sencillamente porque ya empezó en el nivel 11. Al grito de ¡Izzra, dale mecha!, iniciaban la rockera En la guerra, uno de los temas más originales que han compuesto hasta ahora.
La aplastante batería de José sentó esas bases de potencia extra para que Álex, con sus constantes latigazos de espalda, e Izzra, se explayaran a gusto en sus notas, y la caída de rodillas de Lazy al final no fue un descanso, sino una carrerilla para ponerse a saltar como un animal en el siguiente corte. Y aquí llegó, sin duda, una de mis partes favoritas del show, empalmando dos temazos de la talla de Sicarios (“Fuego y Ceniza”) y Carretera (“Volumen 11”) que me volvieron loco, sobre todo esta última, que casi acaba con mis amígdalas. Las guitarras sonaban como un puto volcán, explosivas, afiladas como cuchillas, y el desmelenado pero impecable ritmo marcado por Rubén y José puso a la sala entera a bailar, sin frenos ni complejos. Y la cosa solo iría a más a partir de aquí. El escenario se inundaba de carreras, saltos, actitud y empatía entre los músicos, todo rodaba como la seda, y el potentísimo y pulcro sonido era un regalo para los oídos. Con rasgados muy enérgicos, Izzra ponía el punto de inicio para Verte Caer, al que todos acompañamos con nuestras palmas y mil coreos. La peña estaba muy subida, cada tema nos envalentonaba aún más, y lo mismo se puede decir de los músicos. Lane Lazy, dejando claro que es uno de los mejores frontman y cantantes que tenemos en este puto país, recorría sin tregua el escenario, sorteando a sus compañeros, lanzando patadas al aire y conectando con sus fans a cada paso que daba. Y todo ello, sin fallar una sola nota.
Ya con Dímelo atronando, el cruce de mástiles, ese cara a cara entre Izzra y Álex, fue pura demostración de feeling de un dúo que ha compartido mil y una batallas sobre un escenario, siempre haciendo gala de un talento y una clase superiores. Seguía golpeándonos la batería de José en todo el estómago, y esas irrefrenables ganas de saltar que nos transmitía Lane Lazy se hacían cada vez más patentes. Con Polvo dieron ligera concesión a la melodía, un tema lleno de nostalgia y desengaño que nunca debería faltar en sus setlist. Rotundo 10 para la brillante actuación de Lazy, tanto a nivel vocal como escénico, que proseguiría con La Rueda tras unas palabras de agradecimiento por su parte. Dando cancha a su reciente “Volumen 11”, su contagioso ritmo no tardó en levantar más palmas entre el público, al que Rubén se acercaba cada dos por tres, pellizcando sus cuerdas con mucha firmeza, y mostrando siempre su mejor cara. En un discurso muy conmovedor, y tras colgarse su guitarra por primera y única vez, Lane recordaba a su querida abuela, fallecida pocos días antes. Y qué mejor tema para dedicar a su memoria que la emotiva Ceniza y Vino, tranquilita pero muy apasionada, como es marca de la casa. El sonido más acústico, y los notables coros por parte de Álex, Izzra y Rubén (que no paraba un segundo quieto), le dieron un rollo muy especial.
No tardarían en volver las guitarras sucias de la mano de Orión, que retomó de golpe la cadencia y la electricidad, y Mirar Atrás. Aun cargando con ese dolor, Lazy demostró durante todo el show ser un profesional como la copa de un pino, sin desanimarse, sin venirse abajo, sudando hasta la última gota, y en este caso, lanzando patadas y dando vueltas sobre sí mismo en una rotunda demostración de inagotable energía. La parte instrumental fue de auténtico escándalo, furiosa y distorsionada hasta reventar nuestros tímpanos. No hubo un solo tema, a partir de aquí, que no triunfase a lo bestia. Quémalo fue toda una sorpresa, y la reacción no se hizo esperar. La peña, que ya cantaba hasta los primeros riffs de Álex e Izzra, estalló en un maremágnum de bailes y cánticos ante lo que se convirtió en una muralla de guitarras implacables y de sabor más punk-rockero. No hay tiempo siguió en la línea, con más filigranas escénicas de parte del incombustible Lazy, que nos hacía sudar solo con verle, y ese ‘tres en línea’ que se marcaron Rubén, Izzra y Álex, apoyándose en los monitores, y acercándonos todavía más, si cabe, las potentes vibraciones del tema. Pisaban el acelerador, ya para la recta final, a través de Nada que hacer, y a raíz de lo vivido, no sería descabellado afirmar que fue una de las grandes triunfadoras del setlist.
Dispuesta a quemar hasta la última gota de energía, la sala entera se volcó con la banda al 100%, sin dejar de acompañarles, y con los puños siempre en alto, dando recibimiento, de esta guisa, a Todo al Rojo. Muchísima diversión y desparrame ante nosotros, desde los simpáticos guiños entre Álex y José, hasta las cabriolas que nos regalaba Lane Lazy. Porque si nosotros lo estábamos pasando de locura… ellos todavía más. Nos invitaban a lanzar el último aullido de la noche, ahora sí, con Ciudad de Lobos, el primer single que la banda presentó en sociedad hace ya 3 años. Y hasta el mismo final, hasta la última nota, cabe destacar el increíble ambiente que se adueñó de la Rock City. No sé muy bien cómo explicarlo, pero fue un concierto en el que la conexión entre ambas partes fluyó de un modo muy natural, espontáneo, y cálido, como si el grupo, sin necesidad de abrir la boca, ya tuviese a todo el mundo a sus pies desde el principio, y creo que esos saltos multitudinarios en sus últimos compases, fueron el mejor ejemplo de lo que digo. Si a esto le añadimos unos músicos de sobresaliente alto, unas actuaciones de quitarse el sombrero, un setlist de lo más granado, y un sonido que anduvo muy cerca de la perfección… es difícil pedirle más a una noche de Rock.
![]() | ![]() | ![]() |
![]() | ![]() | ![]() |
![]() | ![]() | ![]() |
Apetecía, al salir de la sala, quedarse charlando un ratillo con los colegas, y despedirse de otros tantos. Afortunadamente, el regreso a casa fue mucho menos tedioso que la venida, y además, nos llevábamos de vuelta unas sensaciones inmejorables, que junto con el dolor de garganta, cuello y rodillas, eran indiscutibles secuelas de haber disfrutado con toda la intensidad posible. Y que sean muchas más como esta las que nos queden por vivir.
_|,,| JaviMetal (Is The Law) |,,|_


















No hay comentarios:
Publicar un comentario
Si te ha gustado la crónica, estuviste allí o quieres sugerir alguna corrección, ¡comenta!