miércoles, 2 de julio de 2014

To Hell... and Back Again!!! (Hellfest 2014, Clisson, Francia 21-Junio-2014)

Nadie sabe exactamente como va a transcurrir un día en Hellfest, tan lleno de gente, conciertos, cientos de lugares que visitar… pero varias cosas ya las teníamos claras de antemano. Esta noche, todos habíamos dormido más y mejor, con lo que el cuerpo al levantarse se encontraba más descansado. También era una jornada mucho menos exigente que la primera, en la que apenas dormimos 4 o 5 horas como mucho y las bandas no resultaban tan extremas. Sin duda, el sábado fue mi día favorito. Tras las ensaladas de ostias en forma de thrash y death del viernes, a nivel musical este iba a ser mucho más tranquilo. Además, hicimos muchos menos viajes de aquí para allá, concentrándonos en los conciertos y planeando mejor los huecos para las comidas. Un festival europeo es una especie de batalla y una carrera contrarreloj en la que si quieres ver todo lo que te propones, tienes que administrar el tiempo casi al segundo, pero también las energías, descartando las bandas menos interesantes en el momento adecuado. Lo más importante en este sentido, y por lo que fue mi día favorito, era por la gran carga de hard rock en el cartel, un género que está prácticamente olvidado en otros grandes festivales como Wacken y Metaldays (con la gran excepción del Sweden Rock, que algún día visitaré sea como sea). Skid Row, Buckcherry, Extreme, Status Quo, Deep Purple… todo nombres míticos (o MUY míticos, según cual) cuyos conciertos se convertirían en muchas luces y muy pocas sombras, pero había concretamente uno de ellos que me haría cumplir uno de mis grandes sueños: poder ver a Aerosmith por fin en directo después de media vida esperando este momento.

Pero todo esto se refiere básicamente a los escenarios principales, los grandes, porque en los momentos en que nos acercamos a las carpas cubiertas, cambiaba radicalmente la predicción del día, con todo tipo de bandas brutales que nos harían comer polvo y pisotones a mansalva, pero sobre todo polvo, que en algunos momentos se convertía en un auténtico problema, y espero que la organización vaya tomando medidas en próximas ediciones. Otro problema de más difícil solución es el calor. De todas formas, dudo que se pueda hacer mucho más para protegernos de él. En Hellfest hay multitud de zonas con sombra donde sentarte a descansar, sean las carpas con mesas o el pequeño bosque, o puntos de agua GRATIS (a ver si aprendemos de una puta vez en este país) en donde refrescarse y echar un trago de líquido transparente no alcohólico.

Llegamos por los pelos al concierto de Temple Of Baal, una banda que practica un black bastante "true" pero con ciertos toques diferenciales. Desgraciadamente solo pudimos ver el último tema, Walls of Fire, que terminó con un gran HAIL SATAN!!! Por parte del vocalista. Sea como fuere, irónicamente, el día empezó totalmente al contrario de lo que sería su tónica general, de una forma brutal y sin concesiones, siguiendo con unos franceses que se convirtieron en una de las revelaciones para mí, llamados Benighted. Sí, fue así como comenzó el día, con crowdsurfing a saco, patadas, empujones, mosh por doquier… y una banda sonora demencial, a ritmo de blast beat desenfrenados y salvajismo con muy pocas comparaciones a cualquier grupo de Hellfest 2014. La rabia de su brutal death, que se transformaba a veces en el más cerdo grindcore, afectó a todos los que estábamos allí, incluso a los que habíamos acudido casi de rebote, provocando los primeros dolores de cuello de la mañana. Los dos guitarristas y el bajo se compenetraban perfectamente, incluso uno de ellos daba coros guturales apoyando la labor del cantante que fue la auténtica estrella del desmadre. Poseía una profunda y oscura voz que, si cerrabas los ojos, podías imaginar a un cerdo abierto en canal gritando por su vida. Mucho “wiwiwi” porque sí, gritos altos desgarradores y cavernosos al mismo tiempo que atronaban nuestros oídos que literalmente despertaban a los bestia. Y no es que sean precisamente novatos, porque su primer disco data de principios de siglo y por lo que he escuchado siempre han mantenido la misma dinámica de destrucción auditiva. Visto lo visto, basaron gran parte del repertorio en su recentísimo trabajo de este mismo año, así que habrá que darle un buen repaso.

Y menos mal que el resto de la mañana fue más tranquila, porque lo siguiente ya lo veríamos a pleno sol, un solo que a las 10 de la mañana todavía podía ser algo clemente, pero cuando pasaba del mediodía se convertía en una auténtica antorcha apuntando directamente a tu maltrecha cabeza. Una vez más, valga decir que gracias a los puntos H2O del festival las cosas fueron menos extremas. Así que tras acudir a uno de ellos a rellenar la botella de agua (otra de las cosas de las que tenemos que tomar nota en nuestros festivales, dejar entrar agua, envases y comida) nos dirigimos a las primeras filas del Mainstage 1 donde iba a cumplir (o al menos, eso esperaba) una de mis grandes ilusiones. No sabía si era a causa del calor o de las horas intempestivas, pero no había demasiada gente ni en la zona de delante, por lo que el sitio era ideal. A la hora justa empezó a sonar Let’s Go, de los Ramones, para seguidamente empezar a tocar Let’s Go, un tema extraído de su último EP “United World Rebellion: Chapter One”, que no pareció motivar demasiado al público, aunque se alzaban ya las primeras manos. No creo que el tema en sí fuese solo el problema. No he escuchado apenas nada de la época post-Sebastian Bach, cuyos discos me vuelen loco, quizá por miedo a una desilusión al comparar lo que fue y lo que es esta banda en la actualidad. Pero sean mejores o peores, no explica las ganas justitas con las que salieron los Skid Row a la palestra. Ahora pienso firmemente que en cuanto a vocalista, la banda no pudo elegir peor. Nadie espera que Johnny Solinger tenga el carisma de Bach, pero al menos algo de iniciativa y buen gusto para el directo, y sobre todo voz para poder cantar los clásicos. Ni una, ni otra. Así, aunque lo mejor de todo el concierto fue el repertorio (Big guns, Piece of Me, Riot Act…) con un gran criterio a la hora de elegir los temas (nada del “Subhuman race”, por cierto) y se hizo bastante disfrutable en este sentido, la banda seguía sin llenarme. Ni Rachel Bolan, ni Dave “The Snake”, miembros fundadores de la banda, parecían estar disfrutando demasiado con la actuación, haciendo lo justo y mostrándose algo fríos, y así ni clasicazos increíbles de la talla de Monkey Business o Slave to the Grind pueden ser lo que en su día fueron. Si hubo un tema que llego a conseguir que se me pusieran los pelos de punta fue 18 and Life, pero sonó un tanto precipitada, al igual que otro de mis temas favoritos, Youth Gone Wild, que sonó casi sin alma a pesar de su espíritu revolucionario.

Tuve esta grata impresión desde el principio, algo me decía que Buckcherry, a pesar de ser una banda relativamente joven (aunque muy experimentada ya) iban a dar un concierto memorable, que se convertiría en la otra cara de la moneda de Skid Row y conseguirían quitarme ese sabor en parte agridulce que me dejaron. De nuevo conseguimos una gran posición entre las primeras filas, algo no muy difícil por la poca gente que asistió, y que seguramente deberían estar arrepentidos por haberse perdido uno de los mejores conciertos de todo el día, una auténtica lección de hambre de escenario, de chulería barata y de saber ganarse a la gente. Podías fijarte en cualquier miembro de la banda cuando empezó a sonar Gluttony: ¡¡esto sí que era energía pura, joder!! Sea debido a las drogas o a la propia emoción de estar en un festival tan grande, la banda empezó híper motivada, saltando y corriendo, contoneándose y vacilando, tocando de puta madre y haciendo comer al público de su mano con esa prepotencia, que es lo que mejor funciona. Lit Up puso el escenario patas arriba y la gente empezaba a no tocar suelo con su controvertido estribillo. Se nota la pasión de todos los componentes por los tatuajes, ya que todos iban literalmente cosidos, pero especialmente Josh Todd, vocalista y fundador de la banda angelina, que recoge en temas como All Night Long todo el espíritu de aquellas tierras tan afines al hard rock, o en sus baladas, como Sorry, dedicada a todas las mujeres del público (por cierto, ¿¿donde esta esa For The Movies?? La eché mucho de menos) en las que podemos encontrar alguna influencia de los 90. Y es que Buckcherry es una banda de hard rock basada en los 80, pero mezclan en sus temas elementos de los 70 y 90 también de forma magistral en su hard rock con toques modernos pero de esencia clásica. Incluso se arrancaron con Big Balls de AC/DC, aunque la boina debería haberla llevado en este caso el vocalista y no el guitarra jeje. De todas formas las pintas resultaban súper macarras y tiradas, pañuelos, gafas de sol, y tatuajes hasta reventar. El tema que nos dejó con una sonrisa fue esa alocada (nunca mejor dicho) Crazy Bitch, uno de sus mejore singles. Y es que con esa tremenda energía es difícil no hacer grandes conciertos. Espero volver a verles muy pronto.

En un día tan hard rockero (por algo fue mi favorito) hubiese sido raro que no encontrara alguna banda desconocida, y esa fue Walking Papers, aunque la escuché de lejos, pero voy a seguirles porque creo que pueden gustarme bastante. La próxima vez que tenga oportunidad veré su directo. En cualquier caso, tocaba un rato de relax para comer y descansar un poco los huesos (y el culo), con nuestras habituales latas de conserva, patés, fuet… la dieta básica de cualquier festival si se va sin un puto duro para sobrevivir como es mi caso. Pobre pero siempre feliz de poder estar un año más allí.

A las altísimas temperaturas de la tarde por fin iba a ver otra de las bandas que más ilusión me hacía, Extreme, una banda muy original y muy infravalorada, con unos músicos para caer de rodillas y muchas ganas de gustar. Es complicado disfrutar al 100% de una actuación a esas horas, pero podéis apostar que lo pasé de puta madre, y a tenor de lo visto, la propia banda se divirtió mucho tocando para nosotros. Una de esas bandas sin complejos, que para quien no la haya escuchado, se puede considerar una mezcla de Mr. Big con Tyketto, hard rock suave, con mucha base rítmica y temas que enganchan a la primera, como Decadence Dance o When I’m President, llenas de buen rollo y alegría, que me hicieron saltar de lo lindo a pesar del riesgo de deshidratación. Y es que a parte de las canciones, observar por separado el trabajo de cada músico es un auténtico placer, más sabiendo que salvo el batería todos forman parte de una de las primerísimas formaciones de la banda. Ahí tenemos a Gary Cherone, siempre desbordante de alegría y emoción, que forma una pareja grandiosa con el flecha de Nuno Bettencourt, un guitarrista que me dejó totalmente anonadado, por no hablar del bajista Pat Badger, cuyo instrumento goza de gran peso en el grupo por contar con varias partes cercanas al funk. Precisamente este es uno de los valores diferenciales de la banda, ese toque rítmico tan original. Para redondear el conjunto, decir que tocaron gran parte de su (para mí) mejor disco, “Pornograffitti”, como las anteriores mencionadas o It (‘s a Monster) cuyo feeling puede resucitar a un muerto. Tras temas muy entretenidos como Kid Ego o Play With Me, llegó el que fue uno de los momentos más emotivos y sentidos de todo el festival, que ellos mismos presentaron como su tema más heavy… emocionalmente hablando, jeje. More Than Words reblandeció hasta las piedras, un momento mágico y evocador, con Nuno sentado en la tarima de la batería tirando de guitarra acústica, para poco después volver al virtuosismo con el principio de He-Man Woman Hater (que nos dejó a todos embobados), empalmado con Get The Funk Out, que hizo volar literalmente al público. De nuevo, gratísima sensación y un recuerdo totalmente entrañable de aquel concierto.

Para hacer tiempo hasta Status Quo, y porque también me interesaban bastante, me arrimé al escenario Temple donde, aparte de una inmensa nube de polvo, estaban tocando Shining, una banda de black metal ya consagrada en el tiempo y bastante particular, que escuché hace ya bastante tiempo pero por unas cosas u otras nunca pude ver. Y que ostias, entre melodía y melodía a uno le apetece hacer un poco el guarro y dejarse los oídos con sonidos un poco más extremos. A pesar del sonido bastante amontonado, sonaron bastante contundentes sin parar un solo segundo, aunque no es la típica banda que va pintada hasta los huevos, pero mostraron una gran actitud. Su comunicación con el público no fue demasiada, eso sí, pero transmitieron una buena dosis de mala leche en un show bastante corto pero sin pausas y variado, cuyo único tema entendible fue For The God Below, que tocaron a última hora, el resto tenían títulos en sueco. Lo más interesante del concierto fueron los radicales cambios de ritmo que se marcaban. De un tema abarrotado de blast-beat y gritos animales, pasaban de golpe a unos tempos muy relajados, convirtiendo el ambiente del concierto en algo casi místico por momentos. Quizá los que esperaran 50 minutos de caña burra sin parar saliesen algo decepcionados (sobre todo los que no conocieran a la banda), pero a mí me sorprendieron bastante.

Si hiciésemos un recuento de estadísticas entre las bandas que formaban el cartel del Hellfest, llegaríamos a la conclusión de que son Deep Purple y Black Sabbath, junto a estos Status Quo, las bandas que más años llevan pisando escenarios en el mundo del rock. Pero creo sin temor a equivocarme que en cuanto a carrera continua y estable, Status Quo se llevan la palma. Una banda que lleva regalando auténticos himnos de rock’n’roll clásico desde su formación a mediados de los años 60, y que prácticamente nunca ha dejado de existir ni se ha tomado largos periodos de descanso, eso sí, con muchos cambios de formación desde sus inicios, aunque para deleite y regocijo de los muchos veteranos que había en Francia, apuntar que actualmente, la banda cuenta entre sus filas con Francis Rossi y Rick Parfitt a la voz / guitarra solista y guitarra rítmica respectivamente, dos de los miembros originales y más importantes de su historia, y John Edwards haciendo las labores de bajista, quien lleva en la banda más de la mitad de su carrera. Leon Cave (batería) es el miembro de más reciente incorporación. Todo esto garantiza no solo temas clásicos al 100%, sino también esencia añeja de la que se disfruta conozcas o no totalmente la discografía del grupo. De todas formas, Status Quo tienen temas que han trascendido al propio nombre de la banda en la historia del rock, de esos casi anónimos pero que todo el mundo, por fuerza, ha escuchado alguna vez. Para mí el único y gran fallo de su actuación fue el tiempo que les asignaron, que fue escaso a todas luces. El comienzo con Caroline ya fue todo un pelotazo de rock’n’roll del que te hace sonreír y desmelenarte sin complejos, con absolutamente todo el mundo saltando al ritmo de los temas, a cada cual más guitarrero, y ese teclado que te ponía a hervir la sangre, tan presente en todo lo que tocaron. Y es que Francis y Rick particularmente tienen un saber estar y una jodida clase encima del escenario que te pone de rodillas, y te hacen pensar que a pesar de su edad siguen viviendo el Rock como hace 50 años. Por supuesto que también sonaron canciones de sus últimos trabajos, como Rock’n’roll’n’You, que por suerte no han perdido ni un ápice de fuerza ni espíritu. Otros como Big Fat Mama, con Rick a la voz, sacaban la vena más cañera de la banda. Incluso hubo un par de temas en el que el teclista Andy Brown, quien lleva también muchísimos años en la banda (desde el 76, nada menos), se colgó la guitarra para completar el trío de hachas. In The Army Now fue probablemente el tema que más sensaciones despertó, nostalgia para unos y alegría para otros, uno de sus grandes éxitos (a pesar de ser un cover). Pero es que realmente en la recta final no hubo otra cosa que clásicos en la recta final. Escucha por ejemplo Roll Over Lay Down e intenta no mover el pié, o Down Down, con ese rollo absolutamente setentero. Así, sin avisar empezaron por sorpresa con Whatever You Want, un tema que no necesita presentación alguna y que todo el mundo ha escuchado cien veces en radio, televisión… donde se vio una banda súper compacta y tan sólida que uno no puede sino rendirse a sus pies. Pensaba que se iban a despedir con esta, pero de repente otro bis llamado… a alguien le suena Rockin’ All Over The World? Joder, que pasada nenes, poder ver a absolutamente TODO el mundo saltando y al teclista vivir de tal forma el tema que parecía que se iba a salir de su propia piel. Si es que va a ser verdad eso de que los viejos rockeros nunca mueren… vaya conciertazo… De lo mejor de todo el festival ¡¡Ojala hubiese durado dos horas más!!

P.D. Dedico este fragmento de la crónica a mi tío Joan Carles que sé que siempre fue un gran fan de la banda!!

Con la alegría en el cuerpo que me habían insuflado estos grandísimos Status Quo, volví casi dando saltos a las tiendas, totalmente lleno de energía, para reservarla para el gran final de la noche, con tres bandas que casi nos harían soñar despiertos, pero ni de coña dormirnos en los laureles, que es muy distinto.

Antes que nada, volvimos a la estrategia habitual de cogernos un buen sitio para ver a Aerosmith, a quienes quería intentar ver lo más cerca posible. Y eso que los míticos Deep Purple se lo tomaron con mucha calma. Y no hablo de empezar tarde o dar demasiados discursos entre los temas, pero habrá quien piense que hicieron un show en el que dieron demasiado protagonismo a los trozos instrumentales, excesivamente alargados a veces. El repertorio fue más que correcto, pasando por casi toda su discografía pero haciendo especial hincapié en sus discos más renombrados como “In Rock” y “Machine Head”, pero olvidando injustamente otros de gran calibre, como “Perfect Strangers” (sin nombrar ya los discos en los que no canta Ian, que fueron totalmente ignorados como de costumbre). Su más reciente redondo también tuvo algo de protagonismo, empezando el show con Après Vouz, que en directo me pareció más pesada (en el sentido Heavy) que en directo, para después soltar otro como Uncommon Man. Mucho tiempo ha pasado desde que les vi por primera vez, la friolera de 9 añazos, pero siguen tocando la gran mayoría de sus clásicos como Strange Kind of Woman, bastante pronto, y una de las más disfrutadas, junto a Space Truckin’ o Lazy, alargadas con partes instrumentales en las que muchas veces era protagonista el legendario teclista Don Airey con ese sonido tan particular y que ha influido a miles de bandas en la historia del rock. Y es que, aunque muchos de sus miembros acusen bastante el paso del tiempo, sigue siendo un placer ver tantísima clase y elegancia encima de un escenario. Ian, por ejemplo, ha vivido tiempos mejores. En ocasiones le vi muy flojo de voz y algo cansado en general, incluso con las manos temblorosas (supongo que por el esfuerzo), lo mismo que a Roger Glover, tan macarra como siempre pero algo estático. En cuanto a Steve Morse… bueno, el tío literalmente se sale. Nadie puede negar que estamos ante uno de los guitarristas más versátiles y virtuosos del mundo, y tanto en temas como Smoke on the Water (¡menudo chute de adrenalina cuando sonaron los primeros acordes!) o su ya casi tema propio Hush. Aunque esté un poco picado con ellos por no tocarme el Knocking at your Back Door (mi tema favorito de la banda, que sí han tocado en varias ocasiones) es justo decir que si hubo uno de ese mismo disco, el homónimo Perfect Strangers, que me supo a gloria. La vacilona Black Night cerró el setlist, pero tuve la sensación de que no la pude sentir tanto como hubiese querido. Y la razón de esto fue…

…que tras ella, faltaban escasos 5 minutos para poder ver por primera vez, tras media vida esperando este irrepetible momento, a una de mis bandas favoritas, Aerosmith. Como un niño pequeño que espera su regalo, allí estaba yo, completamente entusiasmado hasta el punto que los minutos se hicieron eternos. En estas ocasiones, a veces uno no se quiere hacer demasiadas ilusiones, especialmente con bandas que llevan tantísimos años en escena, ya que ha visto multitud de conciertos en la tele, videoclips, entrevistas, etc. etc… y puede dar lugar a una ligera decepción. Pero esta teoría es difícil de llevar a cabo cuando se está tan inquieto como lo estaba yo en ese momento. Sin embargo, a la puta mierda las teorías, porque por muchas ilusiones que me estaba haciendo, Aerosmith saltaron muy por encima de ellas y me hicieron tocar el cielo de principio a fin en las dos horas que duró el concierto y que a mí se me pasaron como minutos en un estado continuo de euforia ya desde Back In The Saddle, perfecta para abrir, guitarrera y con muchísimo feeling movida pero sin excesos, para ir calentando a fuego lento tanto la voz de Tyler como el ambiente de celebración que allí se vivía (¿y en que festival no es así?) y continuaron con la primera cover de la noche, Train Kept-a-rolling. Ya desde el primer momento, Steven Tyler hizo un uso descarado de la pasarela que llevaba montada todo el día pero que solo ellos utilizaron en exclusiva para acercarse y adentrarse entre el público, ansioso de ver en acción a una de las mejores voces que ha parido el rock y un frontman versátil, sensual, descarado e irreverente en ocasiones y sobre todo con un sentido de la música y un feeling en el ritmo absolutamente increíble, que incluso hoy en día, con 66 años, se mueve de una forma que ya quisieran vocalistas con 30 años menos, hipnótico, serpenteante y canalla. Uno de los momentos más explosivos vino con el dueto Eat the Rich / Love in an Elevator, donde la peña se puso caliente al 100% en todos los sentidos, al menos yo sí, y encima interpretados a la perfección. ¡¡Esa parte final del solo de Love in an Elevator me hizo retorcerme como si yo mismo fuese el jodido Joe Perry!! Adrenalina a chorros por estar viendo por fin aquello delante de mis narices, temas que habré escuchado cientos de veces como la comercial Cryin’ o Livin’ on the Edge con esa serenidad tan profunda que siempre me ha transmitido. El mismo Joe Perry asumió, con su habitual chulería, el papel de vocalista en Freedom Fighter, su último disco, del que unos minutos antes había caído otra: Oh Yeah. Ya volviendo a dedicarse a su guitarra, pero siempre siendo la mano derecha de Tyler, sonaron Same Old Song and Dance, que perfectamente hubiese sido un tema ideal para abrir aunque ahora la maquinaria parecía más engrasada todavía, y un nuevo regalito de su tremendo “Rocks”. Ojo con esta, ¡prohibido parar de moverse! Y es que, a parte de por el propio tema, es ver juntar espalda contra espalda a esos míticos Toxic Twins (Tyler / Perry) y se me enciente la sangre. Habrán vivido miles de peleas e historias en sus peores épocas, pero siempre han sabido darlo todo en un escenario, dando la impresión de que uno no sabría vivir sin el otro. Joder, que soy tan hetero como el que más, pero entre la chulería de Joe y la sensualidad desbordante de Tyler… ¡¡a ver quien no se pone!! Jajaja.

Momento más “radiero” y de parejitas con I Don’t Wanna Miss a Thing que, francamente, sonó preciosa, muy emocionante, y menos moñas que en estudio, más rápida y con más chispa si cabe. De aquí al final, y eso que aun faltaba, se podría decir que el concierto fue “in crescendo”. Con No More No More, me di cuenta una vez más de cómo Tyler es capaz de adaptar su voz, tanto al estilo de los viejos temas como este y al de los nuevos, en una magistral lección de autocontrol vocal. Aunque sí es cierto que fue un pequeño bache en la intensidad, la gente pareció estar encantada con Come Together, de los Beatles, una cover de sorprendente elección, pero no tan bestialmente intensa como cuando estalló Dude (Looks Like a Lady), en la que me dejé la poca voz que me quedaba, a parte de que casi me vuelve loco por las ganas que tenía de que la tocaran. Una vez más Tyler voló por todo el escenario, con sus típicas vueltas y decenas de pañuelos al viento. Una sensación increíble incluso al recordarlo, y además casi empalmada con Walk This Way, ¡toma ya! Uno de los estribillos más coreados de toda la noche, a viva voz. Y es que… ¿puede existir tema más cachondo? Por unos momentos me olvidé casi de donde estaba y de la hora que era, pero tristemente cuando volví a la realidad me di cuenta de que le quedaba poco a esta increíble fiesta. Entre tanto momentazo, hubo incluso tiempo para que felicitásemos a Joey Kramer por su 64 aniversario quien, por cierto, también se conserva bastante bien aunque pase más desapercibido que el duo Tyler / Perry. Casi olvidé, también, que era obligatorio que tocaran Mama Kin hasta que de los altavoces empezaron a sonar los primeros acordes. La banda salió, pero yo estaba convencido de que esto no había llegado al final, y es que todavía tenía que escapárseme alguna lagrimita con Dream On, en la que arrastraron un gran piano blanco hasta el final de la pasarela para que el propio Tyler pudiera tocarla, mientras Joe Perry se retorcía de pie sobre el piano. Esto hay que verlo para saber lo que se puede llegar a sentir, por no hablar de que gracias a lo bien situados que estábamos, parecía que casi se podían tocar. Uno de esos momentos que por sí mismo, marcan un festival entero. Sweet Emotion, también imprescindible y usada casi siempre para cerrar sus conciertos puso un broche de oro de muchísimos quilates a una actuación casi de ensueño, que todavía a día de hoy me pregunto si sucedió de verdad. No recordaba una sensación igual desde que hace un año justo cumplí otro sueño al ver a Def Leppard en directo.

Sería casi imposible que algún otro grupo superara las sensaciones vividas con Aerosmith así que… ¿por qué no retirarme ya a descansar y guardar fuerzas para el próximo día? La respuesta a esta pregunta es, sencillamente, Carcass, otra de las bandas por las que me hice más de 24 horas de autobús. A parte del enorme respeto y devoción que les tengo, tienen un directo que en las dos veces que les he visto jamás me han decepcionado ni por un segundo. Y a pesar de las horas, estaba seguro que iban a volver a arrasar y no dejar títere con cabeza. Así, nos sumergimos en los abismales infiernos del Altar, rebosante de gente (y polvo, para variar) y ya con un ambientazo bestial, llegando con uno de los mejores temas del nuevo trabajo (“Surgical Steel”) llamado Cadáver Pouch Conveyor System, que combina a la perfección virtuosismo, melodía y tralla desenfrenada. Buscamos un sitio medio decente para verles, pero la iluminación y la cantidad de gente dificultaban esta tarea. El “Heartwork” es uno de los discos que definitivamente más triunfa en directo, con temazos como Mortal Coil. Jeff Walker estaba pletórico en todos los sentidos, berreando como un animal herido, con ese tono de voz tan desagradable y único que posee. El hedor a putrefacción que nos llegaba se debía precisamente a Reek of Putrefaction, devastadora e impía. Tras un par de temas de su nunca bien valorado “Surgical Steel”, Jeff empezó a comulgar con el público de una forma que pocos frontman consiguieron, soltando todo tipo de paridas y locuras. ¿Estáis borrachos? ¡Porque yo sí que lo estoy! Exclamaba. Un auténtico desmadre, promovido por estas idas de olla, se hizo notar pronto. A la instrumental Genital Grinder, donde pudieron destaparse y mostrar sus enormes habilidades como músicos, le siguió Exhume to Consume, uno de sus más grandes temas y Captive Bolt Pistol, el single de su más reciente disco. A pesar de la marcha de Daniel Erlandsson y Michael Amott hace bien poco, no se han amedrentado y ahora Daniel Wilding y Ben Ash les sustituyen respectivamente con muchísima dignidad, y aquí lo demostraron sobradamente. Ya casi al final, el discurso del sr. Walker fue lo que lo elevó a nivel de ídolo. Dijo claramente que quien quisiera estar viendo a Avenged Sevenfold ya podía pirarse, continuamente picándonos con que sus fans eran más ruidosos y no se podía permitir, y terminó la charla con un sonoro DEATH TO FALSE METAL, dedicad por supuesto a los niñatos de Avenged Sevenfold y sus fans. ¡¡Alabado sea Jeff Walker!! Los dos últimos temas formaron un todo que solo se puede tildar de destrucción masiva. Corporal Jisgsore Quandary y la mismísima Heartwork, conformaron un final absolutamente perfecto, lleno de brutalidad y esos sutiles toques de melodía que prácticamente surgieron en este estilo con Carcass.

Ahora sí que sí, tiempo para descansar con los huesos molidos, una jornada que a pesar del agobiante calor resultó prácticamente perfecta en todos los sentidos, sin una sola pega respecto a la organización ni a las bandas, de las que te quitan unos minutos de sueño los cuales dedicas a pensar en todos los grandes momentos vividos.

_|,,| JaviMetal (Is The Law) |,,|_

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