Este año ha sido el primero que he roto mi duradera tradición del festival Leyendas del Rock, que consistía, por unos motivos u otros, en ir a ediciones de forma intermitente. Acudí al primero, tercero, quinto y este año, la sexta edición, volví a estar allí. Siempre he dicho que el Leyendas del Rock es un festival donde se sufre bastante, sobre todo por el calor y por lo precaria que suele ser la zona de acampada. Sin embargo, la cercanía del lugar donde se celebraba este año, en Beniel, y lo apetitoso del cartel por algunas bandas fueron los argumentos que me convencieron a ir para allá. Ya puestos con el tema, decidí ir también el jueves, cuando se celebró la típica fiesta de presentación gratuita, con el aliciente de poder ver el último concierto de la gira que estaban llevando a cabo las bandas Dunedain y Zenobia de forma conjunta. En una escasa hora y media, me plante allí donde ya había muchas tiendas montadas, una vez más solo (ya que nadie quiso venir, para variar) pero dispuesto a darlo todo, porque el hecho de ir solo a festivales y conciertos se esta convirtiendo en algo habitual y me da exactamente lo mismo, siempre encuentro buena gente allá donde voy.
La acampada, como era de prever, no era más que un descampado de piedra viva donde me dejé las manos intentando clavar los clavos (piquetas normales hubiese sido imposible) que llevaba para la ocasión. Desde luego, esto son condiciones infrahumanas… y más después de haber llegado de Wacken hacía una semana escasa. Aun así, no todo fue malo a nivel de instalaciones, cerca de la zona de acampada habían instalado unas duchas que fueron muy utilizadas por el personal para refrescarse. Lo cierto es que le tengo bastante cariño a este festival, siendo de otra forma no hubiese ido ni borracho, aunque las alegrías siempre superan a las penurias, por muchas que se pasan en este Leyendas.