Comencemos por aquello más a nivel de opinión personal y gustos propios. Y vaya por delante que esta entrada, insisto, se basa en mi propia opinión, y no busca el conflicto ni la ofensa, tan solo la exposición pura y dura de mi forma de ver las cosas.
22 conciertos completos vistos, 2 a mitad, y un pedacito de Crisix. Desde luego, nadie podrá decirme que no he exprimido a muerte este Leyendas. Ya descansado, y haciendo acopio y valoración de sensaciones, en general, podría decir que este Leyendas del Rock ha resultado vibrante, divertido y apasionante, pero me ha dejado un regusto bastante extraño en muchos aspectos. Para empezar, en lo que respecta al cartel, y a la dirección que claramente va a tomar este a partir de ahora. Voy a ir directo al grano: ya de primeras, lo que hay desvelado para el del año que viene, no me resulta nada atractivo. Absolutamente nada, salvo quizá por Beast in Black, que les tenemos hasta en la sopa cada dos por tres. La tendencia al moderneo ha sido una de las principales señas de identidad este año. Y me parece genial que aumenten la diversidad de estilos, pero para mi gusto, están ganando demasiado terreno. No voy a criticar al festival por ello, porque si eso es lo que pide la gente, eso es lo que le van a dar. Pero yo, personalmente, si continúan por ese camino, más pronto que tarde dejaré de asistir. Siempre encontraré otros festivales que me satisfagan musicalmente, en lugar de quedarme lloriqueando a las puertas de uno que no lo haga. Y lo haré porque soy completamente libre de escoger y mantener mis gustos musicales, y esto es algo que nadie le puede reprobar a nadie. Cosa que, por cierto, sí he visto hacer a muchos.