miércoles, 14 de agosto de 2024

Leyendas... ¿del Rock? (Leyendas del Rock 2024, miércoles 07/08/2024, Polideportivo Municipal, Villena)

A pesar de los muchos factores que deberían haber ejercido el efecto contrario, guardaba muchísimas ganas e ilusión ante la llegada de una nueva edición del Leyendas del Rock. Salvo por el año 2020, en donde no se celebró por los motivos que todos conocemos, y el 2021, donde se le hizo un pequeño homenaje en Villena, con Celtian y Lèpoka tocando en acústico, para mí el Leyendas ha sido un fijo año tras año desde su primera edición en 2006, y de forma estrictamente consecutiva, desde el año 2010. No hay verano sin Leyendas, esto es una máxima que, de momento, sigue cumpliéndose. Eso sí, mentiría si dijese que el cartel de esta nueva edición ha sido el que más me ha apasionado de toda su historia. Desde los primeros anuncios de bandas para este Leyendas del Rock 2024, ya se fue apreciando una indiscutible tendencia hacia lo moderno, que empezó a vislumbrarse especialmente en el 2023, y que no me hace ninguna gracia. Y si bien se han añadido joyas clásicas muy poco vistas, en general también ha habido confirmaciones que no me han gustado un pelo, algo que, desgraciadamente para mí, parece que va a ser la corriente que domine de aquí en adelante el espíritu del festival. Un espíritu que ha cambiado muchísimo con el paso del tiempo, pero especialmente en las últimas ediciones, y desde luego, es algo que no ha satisfecho a todos… aunque esto, es algo prácticamente imposible de conseguir, porque para gustos, los colores. Los tiempos cambian, la gente decide lo que le mola y lo que no, y todo acaba renovándose, es algo respetable. Pero eso no quiere decir, de ninguna manera, que yo me tenga que forzar a que me gusten obligatoriamente esos nuevos sonidos, como parece que muchos desean. Eso sí que no.

A las 9 de la mañana del martes anterior a la inauguración del Leyendas 2024, mi amigo Kurro y yo ya estábamos de pie sobre la zona de acampada, con el objetivo de montar nuestro fortín habitual, nuestro campamento base. Fue un buen madrugón, pero mereció la pena. Allí saludamos por primera vez a nuestro vecino, que nos obsequió con unas birras para combatir el calor que apretaba ya desde buena mañana. También tuvimos el primer encontronazo con el personal del festival, aunque afortunadamente, todo quedó en nada. Una vez lo tuvimos todo dispuesto (este año no tuvimos un jodido sofá como otros anteriores, pero se intentó), volvimos a casa en espera de que la gran fiesta diese comienzo al día siguiente.

All For Metal: (crónica también disponible en RAFABASA.COM)

En este 2024 se ha apreciado un relativo intento de renovar la plantilla de bandas, con varios nombres que hasta ahora no habían participado en ninguna edición. All For Metal ha sido uno de ellos, y no solo debutaban en el festival, sino que lo hacían también en nuestro país. La labor de inaugurar un festival de cuatro días fue todo un reto, y en mayor o menor medida, creo que consiguieron cumplir lo que se esperaba de ellos. Fueron presentados con una voz en off, y ya sonaba, como mandan los cánones, la clásica introducción épica. Y se podría decir que salieron al escenario poniendo prácticamente todas sus cartas sobre la mesa. All for Metal, muy acertadamente, fue la elección para abrir su setlist. Tim Schmidt y Antonio Calanna, sus dos vocalistas, rápidamente se consolidaron en escena, atrayendo todas las miradas, y dando color a su música con registros muy diferentes. También saltaron al ruedo las dos coristas (esto sí que no me lo esperaba), que se encargaron de darle un aire más festivo y teatral al concierto. Su segunda apuesta fue Fury of the Gods, en la que ambos cantantes no dejaron de animar a un público que afrontaba estos primeros minutos del festival con muchas ganas. Se paseaban por las tablas, incitaban a cantar y levantaban los puños, ataviados con prendas de guerreros nórdicos, portando también el bajista Florian Toma y el batería Leif Jensen sus respectivas máscaras.

La más bailable Raise your Hammers, iniciada con música folk pregrabada, continuó animando el cotarro, con la banda ya al 100% en lo que a actuación se refiere, y mientras Antonio daba palmas, Ursula (guitarrista) y Florian se coordinaban en sus movimientos, y el batería le metía con muchas ganas. Al final de ella, el fortachón de Tim sacó un enorme martillo con el que se cargó una parte del escenario. Posteriormente, para añadir el toque de humor, salió una niña que levantó dicho armatoste. En lo que al sonido respecta, no estuvo nada mal para empezar. El doble bombo resultaba atronador en temas como la coreada Born in Valhalla, el tapping de Jasmin Pabst se escuchó muy bien, y en general, todo sonó más o menos compacto. Lo que me chirrió un poco, personalmente, fueron esos bailes tan contemporáneos a cargo de las coristas Luisa y Cristina, aunque más allá de esto, hicieron un gran trabajo. Mientras los músicos salían a tomar un respiro, estas dos lanzaron algo de merchandising por los aires. Otra pista pregrabada les vino al pelo para volver a lo grande, con Mountain of Power y sus guitarras cabalgantes, más coreos por parte del público, y una demostración de fuerza bruta en la que Tim se cargó a peso a Antonio. Este último, por cierto, también se quedó a gusto a nivel de agudos, mostrando su potencia vocal. Las contundentes baterías de Leif dominaron las siguientes Year of the Dragon (mientras su compañero a las bases se retorcía tocando) y sobre todo, Hear the Drum, proveniente del inminente trabajo de la banda.

En menos de un par de semanas, “Gods of Metal (Year of the Dragon)”, que así se llamará, estará en la calle. Y todavía nos presentarían otro corte más tarde. De momento, continuaban dándole cancha al “Legends”, que acapararon el setlist. Antonio, que hablaba un español más que decente, se ganó nuestra simpatía con sus palabras. Y continuaban los bailes sensuales (incluyendo un beso entre ambas coristas), y la fiesta subía de intensidad. Legends Never Die fue una de las más especiales, ya que, para variar, ambos cantantes emplearon registros melódicos, la ‘niña del martillo’ se subió junto a las coristas, y la guitarrista Jasmin Pabst se colgó una acústica. Un pequeño solo por parte del bajista, que se quedó solo en el escenario, nos trajo otra que formará parte del “Gods of Metal (Year of the Dragon)”, precisamente Gods of Metal. A parte de ver en ella a Ursula, Jasmin y Florian alineados, dándolo todo, también tuvimos pirotecnia en el escenario, y un par de espadas que blandían las coristas. Yendo ya con el resto, en Goddess of War, dedicada especialmente a las mujeres de entre el público, destacó la excelente labor vocal de Antonio, más chispazos desde el borde del escenario, y las sugerentes poses y exhibiciones carnales de Luisa y Cristina. Personalmente no me terminaron de convencer al 100%. Fue una forma divertida y movidita de comenzar el festival, y el público en general se lo pasó muy bien cantando esos estribillos, facilones y épicos a partes iguales, pero francamente, creo que aportan muy poco a la escena. Y no, esos bailoteos de discoteca no cuentan.

Opera Magna: (crónica también disponible en RAFABASA.COM)

Tras el concierto de All For Metal, me preparé con calma y fui cogiendo ya sitio en las primeras filas para ver bien de cerca el concierto de quienes son una de mis más indisimulables debilidades en cuanto a Power Metal nacional: los valencianos Opera Magna. Un nombre que es sinónimo de la más excelsa calidad, tanto refiriéndonos al nivel compositivo de sus obras como al inmenso talento de todos y cada uno de sus integrantes. Siempre es un placer enorme, pero verles llenando el pabellón New Rock en un Leyendas del Rock, es todavía mejor. Además, este concierto tendría un aliciente extra: el poder disfrutar en vivo de varios temas del que es su último trabajo, un “Heroica” que me tiene enamorado hasta el tuétano desde que vio la luz en marzo, y para mí, firme candidato al mejor disco de Metal nacional del 2024. Un auténtico discazo con el que han dado un paso más en lo musical, y que espero que, por fin, les sitúe donde merecen estar. Puntuales, arrancaron precisamente con Obertura 1895, tema instrumental que abre el susodicho “Heroica”. Alguno podría pensar que, con tan poco tiempo de actuación, deberían haber ido más al grano, pero lo cierto es que ya supuso una auténtica delicia gozar de la mastodóntica técnica de sus músicos, con unos cambios rítmicos meticulosamente ejecutados. José Broseta, sin duda una de las grande estrellas de la banda (y para mí, el mejor cantante de agudos que tenemos), tampoco tardó demasiado en llevar sus cuerdas vocales al 100% con Heroica. Yendo de menos a más, nos dejó atónitos con su potencia, llegando a tonos inalcanzables de la forma más sólida posible, arropado por los coros del compositor y guitarrista Enrique Mompó, a quien se le vio especialmente entusiasmado en sus movimientos.

Un temazo ya muy coreado al que sucedió Que el Amor, la Vida y la Muerte así te Encuentren, puro Power melódico, rápida, contagiosa, y con una melodía soberbia que de nuevo Broseta clavó, no sin un gran esfuerzo por su parte. Los punteos de F. Javier Nula también brillaron a un nivel superior, elevando su mástil en algunas partes, y sin dejar de mirar y sonreír al público, tan pletórico como el resto de sus compañeros. Una verdadera lástima que su concierto sufriera las carencias sonoras que son, por desgracia, habituales en ese escenario. El teclado tuvo un sonido algo irregular, y ambas guitarras sonaban algo apelotonadas en los riffs más poderosos. Aun así, tuvieron a las primeras filas comiendo de su mano desde la primera nota, y todavía más cuando sonaron cortes como Donde Latía un Corazón. También Nacho Sánchez al teclado disfrutaba cosa fina, tanto a la hora de tocar, como al meter headbanging simultáneamente, con notas fulgurantes que rivalizaban en velocidad con las de su compañero Javier en esos constantes piques. Este último y Enrique juntaban hombros al final del tema, justo antes de que Broseta presentara el siguiente, la celebradísima La Muerte de un Poeta, primer single del “Heroica”. Una emoción y pasión desbordantes se reflejaban en el rostro de Alejandro Penella en los primeros compases, aporreando sus cuerdas con una soltura increíble en sus dedos, y viviendo el tema hasta el extremo. Broseta, por su parte, seguía alardeando de su rango vocal, y llegando al frenesí en unos agudos que nos ponían la carne de gallina, sin olvidar el necesario mensaje que intenta transmitir el tema, y que también es inherente a gran parte del disco.

Bajaban revoluciones, acariciando Broseta esas notas sutiles en Después de ti, ganándose más y más al público con sus gestos y movimientos. Ahora las teclas de Nacho cobraban más protagonismo, sonando algo mejor, sin que el conjunto alcanzase el esplendor que merecía. Aun así, se pudieron escuchar los mil y un detalles en la guitarra de Nula y en el bajo de Penella, que tocan lo que les da la real gana. El final fue pura emotividad, con todo el recinto ondeando las manos de un lado a otro, ante la complacencia de todos los músicos, y un grito final demoledor. También quiero mencionar la redonda labor del batería Adrián Perales (al que volveríamos a ver el jueves con sus Blood Hunter), un verdadero animal tras los parches. Volvían a mirar hacia su “Heroica” (insisto, es excelente) con otro de sus temas bandera, Volver. Imposible no motivarse con esa letra, con los riffs y coros de Enri, o con la extrema velocidad de esas cuerdas de Javier, y todo ello se transformaba en pura energía que se contagiaba irremediablemente al público. Los cánticos, los saltos y las manos en el aire eran ya una constante. Desafortunadamente, su concierto se solapaba 10 minutos con el de The New Roses, pero no me marcharía de allí sin vivir y disfrutar a tope de otro tema nuevo, en este caso, Historia, una de las mejores y más representativas del disco. Me alegré de verles tan bien arropados mientras me alejaba, con las primeras filas montando un buen jolgorio.

The New Roses: (crónica también disponible en RAFABASA.COM)

En un festival que cada vez busca atraer a más público joven con estilos más modernos, tal vez The New Roses no eran, para la gran mayoría, las auténticas estrellas del cartel, pero desde luego, os puedo asegurar que para mí sí era uno de los puntos fuertes. En la edición del pasado año me los tuve que perder por coincidencias, y aunque les vi hace muy poco en el Zurbarán Rock, tenía una cuenta pendiente con ellos en el Leyendas. El hecho de que este año tocasen, como debe ser, en uno de los escenarios principales, no fue otra cosa que un acto de justicia, dado el directazo que poseen. Tal vez no tuvieron, de primeras, el público más entregado del mundo, pero ya se encargarían los de Timmy Rough, a base de carisma, grandes temas y buen hacer, de conquistarlo sin remedio. La enorme alegría que me supuso escuchar, ya de primeras, la magnífica The Usual Suspects, contrastó con la pequeña decepción en lo referente al sonido. La voz de Timmy se escuchaba muy bajita, y a la ecualización le faltaban varias manos de brillo para que los temas luciesen como debían. Pero como digo, las trabas no les intimidaron en absoluto. Timmy nos saludaba antes de la siguiente, y desde ya, empezaba a plantar la semilla de la simpatía en todo el mundo. La actitud se extendió rápidamente por el escenario, y todo empezó a exhalar unas vibraciones cada vez más positivas. El guitarrista Norman Bites, tras la ausencia puntual del concierto de Burgos… ¡está de vuelta! Y ahora me doy cuenta de hasta qué punto le echaba mucho de menos.

Sus poses, sus desmelenamientos, y su forma de tocar en canciones como It’s a Long Way o Nothing but Wild aportaron al concierto muchísima más energía que en anteriores veces que les he visto. Por supuesto, también el resto de músicos contribuyeron a ello con sus mejores facetas: Hardy es, al bajo, ni más ni menos que puro Rock’n’Roll, Dizzy Daniels, con sus riffs y sus coros, es la elegancia, y Urban Berz, el ritmo imparable. Tan imparable como la siguiente 1st Time for Everything, en donde el público respondió a las mil maravillas, viendo como Timmy llevaba hasta el límite su voz y salía airoso, o Rockin' in the Free World, su triunfal versión de Neil Young. Urban Berz nos ‘marcaba’ las palmas, Timmy fluía como el agua en el escenario, y el bajo de Hardy se escuchaba ahora realmente bien. Igualmente, los coros de este último, en combinación con los de Dizzy, daban más cuerpo a los temas. Gimme Your Love fue dedicada a las mujeres del Leyendas (y es que Timmy se ganó más de un piropo por su parte), haciéndonos él mismo participar a todos, ganando en aplomo y carisma a pasos de gigante. Una locura de viaje, tan solo para una hora de concierto. Así planteaba el cantante su infinito amor por el Rock’n’Roll, para seguir encandilándonos con la descomunal Glory Road. Y no contento con ello, se asomaba al foso a chocar manos con la peña… ¡y saltaba fuera a cantar y bailar junto a nosotros! Una muestra de cercanía y humildad que quienes estuvimos allí no olvidaremos. Volviendo ya al escenario, aprovechaba los últimos compases del tema para presentar a sus compañeros.

Con la misma energía con la que empezó el concierto, abría Norman Bites para esa Forever Never Comes, uno de los momentos más intensos de todo el show, algo que ya se reflejaba en la camiseta empapada del vocalista, en el ‘pulso’ de Urban, o en la forma en la que se contoneaba Hardy al bajo. Parecía que la fuerza del momento había llegado a su tope, cuando cayó ese bombazo llamado Down by the River. El brillo en la mirada de Timmy al explicar toda la nostalgia intrínseca en la letra del tema, solamente fue comparable a la pasión con la que lo ejecutaron todos, incluso al éxtasis que se desató entre el público al cantarla y bailarla, como si nada más en el mundo importase en ese momento. Ante la pregunta de si queríamos más, la respuesta fue obvia, y la maquinaria Urban / Hardy volvió a ponerse en marcha para arrancar el latido de Every Wild Heart, al tiempo que Timmy se daba unas vueltas sobre sí mismo. Sin dejar que se enfriase el asunto, Thirsty resultó ser otra de las grandes triunfadoras. No nos íbamos a quedar tampoco sin seguir los alardes vocales de Timmy, absorbiendo todo ese buen rollo que transmitía en cada uno de sus movimientos, ni por supuesto, dejarnos los pulmones cantando ese estribillo, mientras el recinto vibraba con mil y un saltos. Sobró luz, y faltó mucha cohesión sonora. Algunos instrumentos sonaron por debajo de otros, a pesar de que al final la cosa terminó equilibrándose bastante, y no fue un concierto tan redondísimo como el de Burgos de hace un mes, pero aun con todo… una auténtica maravilla.

Kissin' Dynamite: (crónica también disponible en RAFABASA.COM)

De origen Germano-suizo, pero adoptando indudablemente el estilo Sleazy-Rock tan popular y pródigo de Suecia en las últimas décadas, Kissin’ Dynamite también pisaban suelo ‘Leyendero’ por primera vez en su historia. Una de esas incorporaciones que brillaban con luz propia, destacándose de la tendencia más moderna de la que ha hecho gala este cartel del 2024. Les recibimos con los brazos abiertos (si me preguntáis, era una de las bandas que esperaba con más ansia), y ellos por su parte hicieron lo mismo: con un montaje de los más espectaculares que veríamos en todo el festival. Varias plataformas, a varias alturas, y escaleras por doquier plagaban el escenario por donde los comandados por los hermanos Braun iban a pasearse a sus anchas. Con todos ellos en la parte más alta, daba comienzo el show, tirando de uno de los temas más adictivos que han compuesto en toda su carrera como es No One Dies a Virgin. Con ese inicio, y con el vocalista Johaness comiéndose cada palmo del escenario, la cosa pintaba de auténtico lujo… de no ser por el paupérrimo sonido. Algo se iría arreglando con el paso de los temas, pero en ningún momento llegaría a sonar bien. Dado que esto, desgraciadamente, suele ocurrir con más frecuencia de lo que uno desearía en este festival, tocó resignarse y disfrutar del resto de lo que nos ofrecieron, que no fue precisamente poco. Los guitarristas Andre Braun y Jim Müller, y el bajista Steffen Haile nos ‘ametrallaban’ con sus instrumentos, antes de volver a la carga con I've Got the Fire, en la que hicieron un uso exhaustivo de todas las alturas del escenario, transmitiéndonos una perpetua sensación de movimiento.

Chapurreando español (¡y nada mal!), el vocalista llevó los pantalones en todo momento de la actuación, presentando los temas, y llegándonos cada vez más con su gran carisma, y su voz, que tampoco es precisamente manca. No perdía demasiado tiempo, presentando a continuación Sex Is War, con múltiples carreras de aquí para allá. La batería de Sebastian Berg era uno de los instrumentos que mejor sonaba, dentro del mal, y sus virguerías con los palos en el tema fueron una delicia, al igual que esas posturas con las que nos obsequiaban Jim y Steffen, muy seguros de sí mismos. Tampoco dudaron en usar objetos y atrezo para hacer todavía más atractivo, si cabe, el concierto. Ondeando una bandera con el nombre de la banda, Johannes se acercaba al borde del escenario, sin parar quieto un segundo durante My Monster. Presentando su novísimo disco “Back with a Bang!” (al que esta última pertenece), apuntaban ahora al “Addicted to Metal”, que tuvo una única incursión gracias a Love Me, Hate Me. Poco a poco, resultaba imposible resistirse a seguir al vocalista, en sus saltos, en sus palmas, y en los estribillos que tan bien cantaba. La fiesta fue tomando una carrerilla imparable, pese a que no es el estilo musical mejor recibido en el Leyendas del Rock. Y es que temazos como Only the Dead, redondeado por los coros a tres voces, o la cachonda The Devil Is a Woman, te hacen mover el esqueleto aunque ni siquiera las hayas escuchado antes. Todo ello, como digo, a pesar del regulero sonido y la más que evidente falta de fuerza en las guitarras. Una de las grandes sorpresas llegaba cuando sacaron un gran trono al escenario, y Johannes volvía a este ataviado con capa y bastón real.

Un auténtico crack a la hora de animar al personal, que cantó I Will Be King sentado en dicho trono, con una chulería y descaro apabullantes. También ahí tuvimos nuestra dosis de doble bombo a cargo del batería Sebastian Berg (ojo con la pegada de este). El humo invadía por momentos el escenario, y tanto Johaness como Ande, empeñados en que nadie parara, saltaban al unísono en la parte inferior del escenario durante DNA, mientras el resto iba a su bola. Muy chula esa Six Feet Under, con Ande empuñando una acústica, armonizando voces con su hermano, y regalándonos un punteo clásico al final. Bajaron un pelín el ritmo, pero lo compensaron con el vocalista ‘surcando’ el público a lomos de una barca hinchable en You're Not Alone, mientras no dábamos crédito desde abajo. Además, el discurso del Johannes sobre la hermandad y comunidad del Rock también nos aceleró, rematando con Not the End of the Road. Con un video lyric en pantalla, y con Jim Müller vacilándonos desde la parte alta del escenario, las voces del público se escucharon más fuertes que nunca, llegando al clímax con estruendosos ‘oes’ que se labraron a base de bien. En aquel momento de desenfreno, Sebastian Berg metió la sexta, con la más punk Raise Your Glass, y Johannes, con mucha bravuconería, formó una pirámide humana con sus compañeros Steffen y Ande, desde donde nos vio flipar a todos con el buen rollo del momento. Me faltaron algunas en el setlist (será por temazos que tienen…) pero, salvo por el tema del sonido, no podría haber tenido un mejor estreno con ellos.

Royal Hunt: (crónica también disponible en RAFABASA.COM)

El Leyendas casi todos los años añade a su cartel varios caramelos muy especiales, y en este 2024, para mí Royal Hunt eran el mejor y más deseado de todos. Tras suplicarlos incansablemente a través de las redes sociales del festival, por fin los astros se alinearon, e iba a poder disfrutar de mis daneses favoritos en el escenario New Rock, cosa que por cierto, no era precisamente un buen augurio. Por suerte, tuve el inmenso placer y honor de disfrutar este concierto con dos grandes como Pablo y Aitor Navarro, la mejor compañía posible para un concierto tan especial. Vaya por delante que la gran mayoría de público que tuvieron allí les disfrutamos muchísimo, pero desde luego, no fue el concierto soñado. Los motivos de esto último fueron varios, pero principalmente (¿lo adivináis ya?), el chatarrero sonido fue uno de los grandes culpables. La banda llegó a nuestro país con cambios drásticos en su formación, incorporando a sus filas, tan solo para el Leyendas del Rock y el próximo Jailbreak Festival de Dinamarca, a Daniel Rasch Nielsen, que sustituye a Andreas Johansson a la batería, y nada menos que al legendario Mark Boals supliendo a DC Cooper. Por una parte, adoro a este último, y por otra, la de Boals me parece una de las mejores voces melódicas de la historia del Metal, por lo que tuve sensaciones encontradas en este sentido. Los 20 minutos de retraso que tuvo la actuación tampoco gustaron en absoluto, lógicamente. Pero casi todas las penas se olvidaron cuando vaciaron el primer cargador con River of Pain, una sorpresa mayúscula.

Por suerte, los coros marca de la casa sí se escucharon bastante bien, contrastando con esas flojas guitarras. A nivel interpretativo, en esos casi ocho minutos que dura el tema, Daniel bordó las partes más progresivas, y Mark se mostró más comedido de lo esperado en las líneas vocales, pero ese estremecedor agudo final fue un indicativo de que se mantiene en una forma envidiable. Este último ya desplegó todo su potencial en el segundo tema, Tearing Down the World, una de mis grandes favoritas. Jonas Larsen, guitarrista, también cogía carrerilla, situándose en el centro del escenario para regalarnos ese gran solo, mientras su compañero Andreas Passmark también iba ganando en actitud. En The Art of Dying parecía también que la mezcla sonora se iba aclarando un poco, con guitarras más poderosas y un mayor volumen y consistencia, sin llegar al nivel deseado. El gran André Andersen, fundador, líder y único miembro superviviente de la primera formación de Royal Hunt, ostentaba sus nada menos que 6 teclados, haciendo uso de todos y cada uno de ellos a dos manos, tirando ahora de sonido de clavicordio para Lies, otro tema largo que, dado el poco tiempo de actuación del que disponían, fue una apuesta arriesgada. Mark se perdió ligeramente en el estribillo (algo tolerable), pero lo hizo realmente bien, embelesándonos a todos con ese torrente de voz que todavía conserva casi intacto, y Jonas se centraba para ‘dispararnos’ con su guitarra, cada vez más inmerso en el show.

No había tanta gente viéndoles como esperaba, aunque se notaba a la legua quiénes éramos los auténticos fans de la banda, los que cantábamos a puño alzado cada uno de los estribillos. Mark fue el encargado de comunicarse con nosotros, y lo hizo con humor y soltura, presentando a continuación el que, para mí, fue uno de los momentos más mágicos, ya no de la actuación, sino de todo el Leyendas: Harf Past Loneliness. Más allá de la sobrecogedora belleza del tema, la entrega de Boals al cantarla (de 10), no hizo sino profundizar esa sensación, y también nos deleitamos con el apasionado solo de Jonas Larsen o esas bases de teclas ultra melódicas. Una maravilla para recordar. Eso sí, por ciertos detalles, sospecho que no solamente algunos coros estuvieron pregrabados durante el show, es posible que también hubiese algunas teclas ‘de extranjis’. Tras la instrumental Martial Arts (prescindible, las cosas como son), con Jonas y Andreas ocupando la primera línea de escenario, volvía Mark ante nosotros para otra de las estrellas del show, la fabulosa Message to God, una de las más cantadas. Lo mejor, aparte de ver cómo la coreaba la peña, fueron esas notas sostenidas de Boals, que volvió a dejarnos con un palmo de narices con su inmensa calidad vocal. Quién me iba a decir a mí que alguna vez le vería en directo…

También los coros por parte de bajista y guitarrista jugaron un gran papel. One Minute Left to Live, acercándose ya el final, fue una de las más técnicas del set, luciéndose todos y cada uno de los músicos en ella, sobresaliendo un solo realmente espectacular por parte de Jonas que, como siempre, se adelantaba para ejecutarlo. Aprovechaban un respiro para presentar a la banda, y aludiendo a que su tiempo se acababa, echaron el último cartucho con A Life to Die For, también del disco homónimo. No queríamos despedirles sin acompañar el tema con una buena ración de palmas y cánticos, en donde el público lo dio todo. André Andersen se manejaba a la perfección, a un lado y a otro, con sus teclas, aunque bastante soso, y una vez más, Mark Boals volvió a ser una de las grandes presencias del tema. Alargaron durante unos cuantos acordes el final, tirando Jonas Larsen de su slide metálico para interpretarlos, mirando constantemente al público. A pesar de que podría haber dado mucho más de sí (en sonido, en tiempo, y en setlist), el concierto fue despedido con muchas alabanzas y gritos de Royal Hunt en todo el pabellón. Y por lo menos, a pesar del considerable retraso, tocaron sus 50 minutos.

Obscure: (crónica también disponible en RAFABASA.COM)

Segunda banda valenciana que aquel primer miércoles de Leyendas invadía el escenario New Rock, esta vez ya a horas intempestivas. Mucho mejor: la oscuridad sería su aliada. Lo de Obscure no tiene ningún secreto, ni aderezo raro. Ni colorantes, ni conservantes. Esto es, simple y llanamente, pura vieja escuela, cero modernismos, Death Metal 100% clásico y canónico, del que fueron prácticamente los únicos representantes en el festival. Pero en lo referente a su actuación, sí hubo más de una sorpresa, y muy agradable. Tenían a un público encomiablemente numeroso delante, que aguantó estoicamente los 20 minutos de retraso que se arrastraban desde Royal Hunt, y no pensaban decepcionarlo. Mi fe en sus directos, tras unos cuantos vistos ya, es inquebrantable, aunque el tema del sonido me inquietaba bastante. En sus redes sociales nos prometieron un flamante tema nuevo en primicia, y fue precisamente el que escogieron para comenzar. Chaos Ascends, para nuestra alegría, no se aleja ni un ápice de su sonido primordial, con auténticas murallas de doble pedal, riffs muy agresivos y cambios entre voces guturales y desgarradas. Y lo mejor de todo… ¡sonando de cojones! ¡Ya era hora de poder decir esto! Sobre el escenario, todo actitud. Cabeceos interminables, desmelenes por parte de Rafa y Juanmi, y unas ganas de tocar y reventarlo todo que se percibían a kilómetros. Ni siquiera pararon para dedicarnos unas palabras, lo hizo Juanmi, pero mientras terminaba el tema y empalmaba sin piedad con Curse of my Race. La batería de Enri nos hundía el pecho a cada golpe, un verdadero aluvión de destrucción sonora, junto a las guitarras compactas y gritos de rabia que brotaban desde el escenario.

Tan solo en algunos brevísimos momentos se saturó el sonido, rebotando más de lo normal. El resto fue puro deleite, volumen alto del que no te rompe los tímpanos, cohesión, potencia… Y continuaba la mandanga con Skunk Into Oblivion, también literalmente empalmada. Boris Ortiz y Anselmo Roca, hasta ahora más estáticos, empezaban a meterle cera al cuello, y siempre con la actitud por bandera. Me encantaron aquí los profundísimos guturales de Juanmi Serra, tan naturales, casi sin esfuerzo y sin apenas despegar los labios. Un portento, tanto en lo vocal, como en lo escénico, que iba conquistando a las primeras filas a base de su brutalidad innata. Recordemos que no es precisamente nuevo en esto, formando parte del grupo V.I.L. y de los desaparecidos Gothmog. Screaming and Burning, cover del Crying and Burning de la antigua banda de Anselmo (Aggressor), y la pesadísima Through Self Repulsion continuaron levantando un auténtico infierno en el New Rock. Las guitarras sonaban que daba gusto, y Rafa, con su pasión habitual, no dejaba la melena quieta, mientras Juanmi seguía calentando al personal con sus alaridos, yendo de lado a lado del escenario. Ahora sí, primer respiro, pero corto. Unas palabras de Juanmi (de origen villenense, por cierto), siempre inmensamente agradecido… y más traca, con uno de mis temas favoritos de “Darkness Must Prevail”, Afterlife. En las primeras filas, donde me encontraba, se escuchaban crujir esas cuerdas de Rafa y Boris con todo lujo de detalles, y ese ritmo rebotado de Enri, que no falla un solo golpe ni adrede, sonó devastador. La segunda gran sorpresa en su setlist fue la inclusión de Psycho (Maternal Damage), de segunda maqueta “Curse the Course”, que todavía no les había visto en vivo.

Al mismo ritmo que Rafa y Juanmi se dejaban el cuello a base de molinillos, Enri la emprendía con algunos de los blastbeats más agresivos de la noche, atizando a los parches sin compasión. La implicación por parte de Juanmi en la asfixiante Blessing of Malignancy fue absoluta. El hecho de que cierre los ojos prácticamente a cada frase es una clara muestra de cuánta pasión le echa al asunto. Y sus guturales sonaban cada vez más oscuros y demenciales. Volvía a estallar una auténtica tormenta de cuerdas y palos en Intro Utter Darkness… e incluso parecía que cada vez sonaba todo mejor. Con una actitud intachable, el vocalista se nos volvía a acercar cara a cara, pisando su monitor, tirando de molinillos, y descansando tan solo para dejar paso a ese solo, pulcramente ejecutado por Rafa. Antes de la recta final, nos daban las gracias por enésima vez, se despedían, y ya a degüello, la emprendían con End Destination, entre los animados ‘¡eh eh!’ que surgían del público, arropándoles y motivándoles todavía más. También Anselmo, con su bajo colgando por debajo de las rodillas, lo daba todo con el headbanging. Darkness Must Prevail, furiosa, con esos riffs llenos de maldad, un solo a medias entre Rafa y Boris, y una batería que parecía una AK-47, ponía punto y final a una actuación que nos dejó con el lomo hecho mantequilla. Ojalá no sea esta la última vez que les vemos en el Leyendas del Rock. El hecho de habernos presentado un tema nuevo como ese Chaos Ascends es algo que sugiere continuidad y ganas de seguir dando cera, así que… ¡Larga vida a Obscure!

Crisix:

Debido al desfasado retraso que sufrió el escenario pequeño desde Atrocity (que se fue arrastrando en cada uno de los conciertos), el concierto de Obscure se solapó prácticamente entero con el de Crisix, que tocaban con casi una hora de diferencia. En fin, cosas surrealistas que solo pueden pasar en el Leyendas del Rock. Salí del concierto de los valencianos con una sudada considerable, tanto como la satisfacción que llevaba encima por haberles visto arrasar con todo. Me dirigía directo a la tienda, pero al pasar por el escenario Azucena, escuché que Crisix andaban interpretando un cover de los Anthrax (Antisocial), aunque en realidad, el tema es original de los franceses Trust. Sea como fuere, me enganchó, y decidí quedarme hasta el final, ya que no quise decirle que no a una última dosis de tralla desenfrenada, como la que siempre ofrecen en sus directos. Tras un batiburrillo con amagos de Run to the Hills y Crazy Train, su vocalista nos dedicó unas palabras, y continuaron a tope con Full HD. Tenían a la peña muy, pero que muy caliente, faltaba encender una cerilla para que todo explotara, y por supuesto, la banda también lo estaba. Los gritos desgarrados y demenciales de Juli al micro, los ademanes de su guitarrista B.B. y la furia con la que Javi golpeaba sus parches no hicieron sino echar más leña al fuego (recordemos que estamos al final del concierto), y tras una presentación de los miembros de la banda, nos escupían esa violenta Ultra Thrash, infalible y más que conocida, al grito de ¡vamos a destrozar este lugar! La banda suena como un cañón, muy engrasada y coordinada, con unos parones y entradas calculados al milímetro. En esas que B.B. se bajó al público a buscar a una amiga suya, Noelia, que ni corta ni perezosa, se subió al escenario a pedir matrimonio a su chico. Y con ese rotundo SÍ, continuaron hasta el final, con guitarras gritonas y mucha cera que desmadraron al personal en un enorme circle pit. Gritaban ¡somos Crisix!, antes de dar por finalizada su actuación, unos minutos antes del horario establecido.

Al final, con tan solo un par de temas, me dejaron el cuello bien reblandecido, y siendo este el último grupo del miércoles, me dirigí al campamento base, y de ahí, a dormir en mi cama, que es donde más a gusto se está jeje. Fue un día extremadamente agotador, literalmente vivido de principio a fin casi sin descanso, pero me lo pasé de nunca olvidarlo. No podría escoger una actuación en concreto, porque la mayoría brillaron a un nivel superlativo, pero de tener que hacerlo, me quedaría con Kissin’ Dynamite, que fue la gran sorpresa del día en directo, y mis queridísimos Royal Hunt (a pesar del cochinero sonido), el mayor caramelo del festival, junto a unos Obscure que, tras muchos años viéndoles en directo, jamás fallan ni decepcionan, ni siquiera con condiciones tan adversas como las que se dan en el escenario pequeño de este festival.

_|,,| JaviMetal (Is The Law) |,,|_


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Si te ha gustado la crónica, estuviste allí o quieres sugerir alguna corrección, ¡comenta!

2