Hasta ahora, y salvo parte del concierto de Sonata Arctica, nos habíamos librado de la tan temida lluvia que se pronosticaba para prácticamente todos los días de este Leyendas del Rock 2018. De hecho, en parte el cielo estuvo nublado a ratos, lo que nos vino de perlas para soportar mejor el clima veraniego. Aquella mañana de sábado ya no podía decir que me había levantado fresco, a pesar de haber dormido bien. Ya no me quedaba voz, apenas podía hablar, y no podía mover el cuello. Las plantas de los pies me ardían por estar tanto tiempo de pie y las lumbares empezaban a escocer cosa mala. Pero aun quedaba un largo y provechoso día de festival por delante, y además el último, por lo que iba a dejarme la piel en cada concierto a pesar de todo. Por suerte, esta vez no había nada interesante para nosotros en el camping que nos motivara a levantarnos antes, porque esto hubiera pasado factura seriamente. Aquel sábado tuvimos unos invitados muy especiales, Pedro y Jorge, que vinieron desde Madrid y se alojaron en el hotel de la gasolinera. Quedamos antes de la hora de comer, les recogimos, y nos fuimos a comer al campo y a darnos un buen y revitalizante baño en la piscina, mientras discutíamos de música y hablábamos sobre los futuros conciertos de esta segunda mitad del año, que por cierto, viene bien cargadita y ya me estoy frotando las manos pensando en el próximo. Tras una buena comilona al aire libre y un poco de sobremesa, tiramos para Villena guiando a nuestros colegas hacia el campo de batalla. En el cartel del sábado destacaban grandes nombres como Ross the Boss, W.A.S.P. y Doro con el setlist de Warlock, que era de lo más interesante del día.