El año
pasado, puestos a tener que escoger, finalmente me decidí por acudir al
festival de la Barraka Popular de Elche, escapándoseme aquella cuarta edición
del Deploy por los pelos (ambos tuvieron lugar con pocas semanas de
diferencia). Es una espinita que tenía clavada hasta este sábado, cuando por
fin, junto a mis colegas Kurro y Gremlin, me planté allí por primera vez. A la
quinta fue la vencida, y tratándose de un festival veraniego al aire libre, con
entrada gratuita, con tan buena compañía (y ambiente durante todo el transcurso
del evento) y sobre todo, con un cartel bastante atractivo, había pocas cosas
que pudiesen fallar… aunque como en todo festival, la perfección no existe, y
sí hubo aspectos mejorables. El Deploy Metal Fest es uno de esos festivales que
hay que aplaudir a la fuerza. No solamente es la materialización del esfuerzo
de unos pocos que se cargan un currazo enorme a las espaldas, también es una
celebración que apuesta muy fuerte y en exclusiva por bandas de la escena de
alrededores, impulsando y dando respaldo al Metal de nuestra región, contando
también con bandas de la misma localidad ilicitana donde siempre se ha llevado
a cabo. Lo que se podría llamar un festival de proximidad, vaya. Y es que, a
pesar de los puntos flojos que pueda tener o dejar de tener, lo importante aquí
es el cariño y la devoción con que todo está organizado, sin grandes
presupuestos, pero con las elevadas pretensiones de mantener vivo el fuego de
nuestro rollo en una provincia donde (salvando, claro está, como macro evento,
el Leyendas del Rock), hacen falta muchísimos más festivales como este. Así
pues, nos preparábamos para gozar por todo lo alto de una calurosísima noche de
verano plagada de Metal en casi todas sus variantes.