
Hace ya algún mes, cuando me informaron de la noticia, casi llegué a tomármelo a broma. Un evento musical completamente gratuito, que reunía en un mismo cartel a algunas de las mejores bandas estatales dentro de un (más o menos) mismo espectro musical, y bastante cerca de casa. Un auténtico caramelazo al que era muy difícil negarse. Sin embargo, mi incredulidad vino sobre todo dada por la presencia en dicho cartel de uno de los mejores conjuntos que ha dado el Stoner / Doom en la última década: los griegos Acid Mammoth. Seguramente, el hecho de que esos días estuviesen embarcados en una gira por nuestro país (con fechas en Madrid y Oviedo) propició su acercamiento hasta tierras alicantinas, así como el buen hacer de los músicos de Limonero Fuzz, otra de las bandas participantes y principales responsables de este festival. Y no eran precisamente pocas las ganas que tenía de verles en acción. Desde aquel puto discazo llamado “Under Acid Hoof”, les llevo siguiendo muy de cerca, y de ningún modo podía imaginar que, llegado el momento, les acabaría viendo en un festival local de entrada libre, y casi en petit comité. A veces la vida te da estas grandes alegrías. Tan pronto como me enteré de la celebración, lo marqué en mi calendario como algo imprescindible bajo cualquier circunstancia, y debería haberlo sido para cualquier amante del Rock y el Metal que se precie de serlo, porque resultó en algo verdaderamente grande, mucho más que una serie de conciertos, una experiencia casi terapéutica en general. La compañía, por supuesto, también ayudó a ello en gran medida, contando con mi amiga Tere (gracias a quien, por cierto, me enteré de la movida) y Monti, también viejo colega con quien coincido mucho menos de lo que me gustaría en estos ámbitos.













