
Los grandes momentos no siempre llegan en las circunstancias perfectas, o cuando uno está realmente preparado para ellos. Con frecuencia, solo el conocimiento, el rodaje, y sobre todo el paso del tiempo, traen consigo algo tan importante como es la capacidad para saber valorar dichos momentos como se merecen. De camino a Madrid, hacia uno de los conciertos más importantes del año para mí, me puse a recordar la actuación que Hanoi Rocks dieron en aquel Lorca Rock 2006. Pasadas unas cuantas horas, ya en la sala, y por pura casualidad, volví a hacerlo gracias a alguien que conocí allí mismo. Si a día de hoy me enterase de que las leyendas finlandesas fuesen a tocar en cualquier cartel de nuestra geografía… me derretiría de puro gusto, y sin embargo, en aquel Lorca Rock, todavía no les controlaba en profundidad, habiendo escuchado alguno de esos ‘greatest hits’, y poquito más. Les vi porque sabía que era una de las formaciones más importantes e influyentes de cuantas ha dado el Rock en Europa, y porque seguramente, sería algo irrepetible. Y pese al relativo desconocimiento… flipé con Monroe, McCoy y compañía por las gigantescas e inalcanzables maneras de las que hicieron gala, y por el propio shock que supuso todo aquello. Pocas veces, por no decir nunca, había visto tal comportamiento sobre un escenario y, sin embargo, sé que podría haberle sacado más jugo al momento. Afortunadamente, la vida puede brindar nuevas oportunidades, y en los dos últimos años no ha sido una, sino tres de ellas, las que me han permitido volver a estar frente a su frontman en solitario, una figura cuyo nombre es sinónimo de una actitud y una autenticidad insuperables. Así, dos décadas después, vuelvo a rendirme ante la verdad absoluta de que lo suyo es, sencillamente, de otra puta galaxia.













