
Mi deseo de acudir a la cita se produjo desde el mismo momento en el que, mediante una enigmática imagen, Dark Moor anunciaban a través de redes que en el presente año tendría lugar, en la capital madrileña, un evento único. Aquello fue en octubre, pero en verdad la materialización de dicho deseo no llegó hasta muy pocos días antes, y entre medias, no fueron pocas las veces que lamenté mi suerte. Como declarado fan acérrimo, más que el deber, tenía la obligación de no fallar bajo ningún concepto, pero las cosas no me resultaron nada fáciles. Tras varios intentos de conseguir alojamiento cerca del Movistar Arena (el recinto anteriormente conocido como Wizink Center), entre rechazos constantes y precios de auténtico robo a mano armada, llegó el momento en el que casi desistí en mi empeño, y no sabéis hasta qué punto me jodió tener que hacerlo. Pero finalmente, hace menos de una semana, tuve un golpe de suerte, y a partir de entonces todo salió rodado. Nunca antes había ido a Madrid solo, no tenía ni pajolera idea de cómo moverme por allí, sin dinero y sin móvil, y en conjunto, fue una odisea en la que no me habría embarcado, ni por asomo, de haberse tratado de cualquier otra banda. Afortunadamente, todo fue como la seda, mejor incluso de lo que yo mismo había planeado, y ahora mismo, a las pocas horas de haber regresado de la capital, todavía no alcanzo a gestionar del todo las emociones que me traigo de vuelta, de una noche tan inmensamente maravillosa que me ha hecho sentir a borbotones. Porque para mí, os aseguro que aquello fue algo muchísimo más especial de lo que van a poder describir mis limitadas palabras. Aun así, más que nunca, lo intentaré con todas mis fuerzas.











%20Portada.jpeg)

