
Aunque llevaba ya siete años celebrándose, en 2023 tuve el placer de descubrir y disfrutar del festival Zurbarán Rock por primera vez. Aun a sabiendas de que tenía que recorrerme media geografía para cruzar sus puertas, un lujoso cartel encabezado por bandas como Freedom Call, Girish and the Chronicles, Mike Tramp o Mystic Prophecy, lo revelaron como algo sencillamente irresistible. Echando la vista atrás, parecía pura ficción que un evento tan modesto como la primera edición de 2016 hubiese alcanzado esas dimensiones y presupuesto, creciendo cada año más que el anterior. De una fiesta en ‘petit comité’ con tres bandas nacionales pequeñas, a conseguir llenar todo un parque, añadiendo un buen puñado de bandas de renombre internacional. La siguiente celebración (2024), la disfruté aún más por su condición clásica y la mayor proliferación de Hard Rock en la oferta. Por desgracia, entre movidas familiares, problemas de pasta, y un cartel un pelín menos llamativo para mi gusto, tuve que saltarme la del año pasado. Aquella sería la última que se llevaría a cabo en el Parque San Agustín. Un lugar acogedor y familiar, que tantas y tantas alegrías había dado a los fans del Rock y el Metal en Burgos, debía dejar paso a un recinto considerablemente mayor como ha sido este año el espacio El Plantío. El motivo es simple: el constante y casi exponencial crecimiento del festival, tanto en cuanto a bandas, como en cuanto a asistencia. Obviamente, la palabra ‘gratis’ también ha contribuido en gran medida a este exitazo en sus 10 años de existencia, pero también tiene su contrapartida, su lado oscuro, que es la masificación con la que tuvimos que pelear este 2026. Sí, porque a pesar del cambio, esta fue sin duda la edición más concurrida de todas, y con diferencia, hasta límites de verdadero agobio.













