
Ante una banda como The Black Crowes… solo cabe rendirse a la evidencia. Sus casi cuarenta años de carrera, y su descomunal triunfo a nivel de ventas y seguidores, los convierte por ende en lo que más de uno etiquetaría como monstruos del Rock’n’Roll. Tal vez nunca alcanzaron el desmesurado éxito de muchos de aquellos de quienes tomaron inspiración musical. Quizá no volvieron a sacar discos tan excelsos como los dos o tres primeros. Pero en sus inicios, mientras algún mequetrefe chupatintas les acusaba de desperdiciar su enorme talento haciendo música “pasada de moda”, The Black Crowes emprendían un ascenso imparable y meteórico hacia las más altas esferas del Rock en todos los sentidos. Ha habido muchos parones, muchas despedidas y regresos. También conflictos y polémicas, tanto en el seno de la banda como fuera de él (sin ir más lejos, hace muy poco, la liaron guapa en USA con unas frases que no gustaron demasiado entre tanto “banderófilo”). Y han sido tantos cambios en su formación, que sería toda una odisea trazar un mapa con todos los músicos que han compartido escenario y grabaciones con la santísima hermandad formada por Chris y Rich Robinson. Sin embargo, y a pesar de todo, esa noche quedó más que patente que muy pocas bandas con su historia, currículum y pedigrí pueden enorgullecerse de seguir dando, después de tantas décadas, conciertos del puto nivelón como el que nos ofrecieron en Alicante, y eso es lo que al final verdaderamente importa. Una fecha anunciada junto a las de Barcelona y Madrid en su pequeño periplo por nuestro país que, sinceramente, me dejó patidifuso, ya que no es en absoluto habitual tener la ocasión de ver a bandas de Rock de esta envergadura en la capital alicantina. Para mí, fue un estreno por partida triple.













