
H.E.A.T. me flipan a morir, pero eso no es ninguna novedad para quienes me conocen. Es algo que he dicho ya tantas veces, dentro y fuera de estas páginas, que no necesitaría repetir más, pero aun así lo hago, porque desde el 2014 que les llevo siguiendo muy de cerca, cada vez me vuelven más loco tanto en disco como en directo. Es un hecho. No importa continuidad con la que saquen singles y discos. No pasa nada porque les hayamos tenido, al menos, una vez al año en nuestro país durante los últimos 10. Siguen superándose a sí mismos, con un talento casi incomprensible para crear temas que se transforman automáticamente en himnos multitudinarios, y sin perder ni un gramo de fuerza en cada una de sus actuaciones, cuando su trayectoria como grupo está próxima a cumplir ya veinte añazos. Por muchas formaciones que hayan surgido a partir de la nueva ola hardrockera sueca, por mucha calidad que haya en ese ámbito, ellos van siempre dos pasos por delante del resto, y el tremendo éxito que están cosechando lo refleja de forma indiscutible: no hay nadie que les pueda toser. Imparables. Imbatibles. Y todo eso, en conjunto, es lo que volvieron a demostrar con creces la pasada noche en la capital murciana donde, a pesar de ser ya unos veteranos, y a pesar de caer en jueves, se les esperaba con los brazos abiertos de par en par. Si además les acompañaban como invitados una de las mejores bandas de Hard&Heavy que han surgido en este puto país en los últimos 15 años, como son sin lugar a dudas Hitten, la apuesta subía exponencialmente. Ya, si faltaba algo para cantar bingo, es que la cita fuese a tener lugar en una pedazo de sala como es la Mamba!.
Lo cierto es que, aunque sorprenda, era un concierto que tenía prácticamente descartado, por la simple suma de la cantidad de veces que les he visto ya, y el doloroso precio de la entrada, aparte de falta de acompañamiento. Pero entre la insistencia de terceros, que a mi chica le urgía ir de concierto por motivos laborales, y yo, que soy persona de voluntad débil para ello, finalmente nos plantamos allí casi sin darnos cuenta. Ni que decir tiene que mereció la pena de todas, todas, pero eso estaba claro ya de antemano.
Llegamos guay de tiempo, aparcamos con facilidad, y nos fuimos derechos para adentro, aunque aún quedaba casi una hora para el primer show. El motivo era encontrarnos con nuestros colegas Inma (una de las principales culpables de esta liada, jeje), Boli, Patri y Vicente, junto a quienes también alargamos la velada. También me encontré por allí con los hermanos Kike y Juan, así como con mi compañero y gran fotógrafo César Valiente. Siendo entre semana, el ambiente estaba algo frío en un primer contacto, pero ya habría tiempo para la juerga y desmelene más adelante.
Hitten:
Dominaban el escenario la introducción y la oscuridad casi total, destacando esas baquetas luminosas apoyadas sobre la batería, justo antes de que estallase While Passion Lasts, y todos los presentes en la sala se acercaban a primeras filas. Con Daniel Meseguer y Johnny Lorca abalanzándose sobre las cajas allí dispuestas, y Alex Panza dando ya el 100% vocal, Hitten lo tuvieron claro: nada de medir la aceleración, o abrirse paso poco a poco en la actuación. Fueron con todo lo que tenían desde la primera nota, entre la marea de humo que cubría el escenario. En clave más hardrockera, tirando de esos ardientes riffs, empalmaban con Mr. Know it All, comportándose como un auténtico torbellino, con descaro y entrega al máximo nivel. Ambos guitarras compartían micro para sacar brillo a esos coros, mientras nos brindaban todo tipo de florituras con sus instrumentos, y el final, machacón a más no poder dejó el panorama muy caliente. Daban paso, tras unas breves palabras de Alex, a una de mis favoritas como es Blood from a Stone.
El movimiento era imparable, incombustible. Johnny se recorría cada centímetro del escenario, volviéndose cada vez más loco y dejándonos de una pieza con su inigualable actitud, acabando por los suelos ante las miradas cómplices de Dani y Mr. C, que tampoco se quedaban atrás en cuanto a talento. Los excelentes cambios rítmicos, tan bien llevados por Willy Medina, y los primeros gritos realmente extremos de Alex, marcaron algunos de los momentos más destacados de Hold Up the Night, continuando sin tregua con su último (y excelente) trabajo hasta el momento, ese “While Passion Lasts” que tantas alegrías y reconocimiento les ha concedido hasta el momento. El vocalista hacía gala de sus mejores poses, incandescentes carreras, y por supuesto, unos registros absolutamente demenciales. Parece increíble, pero cada vez canta mejor, y posee un carisma innato con el que es capaz de meterse al público en el bolsillo casi sin proponérselo. Ahora sí, con las luces apagadas de nuevo, y tirando de toda su simpatía, nos daba un pequeño discurso que conectó inmediatamente con todos, y nos hizo venirnos todavía más arriba para encarar Eyes Never Lie, primer corte en sonar de su “Triumph & Tragedy”.
Supuso uno de los momentos álgidos del concierto en cuanto a calor y espectacularidad, y con el doble bombo de Willy retumbando a piñón, ya nadie podía resistirse a doblegar el cuello, acompañando a Alex en las letras, cuya interpretación vocal fue particularmente extraordinaria. La chulería y lucimientos en el solo de Dani, la gran presencia de Mr. C (siempre con atuendos tan estrafalarios), las carreras de Alex … todo se conjugó en su máxima expresión aquí, y hasta Johnny terminó de rodillas lamiendo su mástil y marcándose unas virguerías para quitarse el sombrero. La peña, al principio más comedida, armaba ya un escándalo de mil demonios entre tema y tema, aunque a continuación, tocaba relajar un poco las pulsaciones por medio de Something to Hide. Bordada por esos arpegios, y por esos silbidos de Alex siempre tan bien ejecutados, fuimos testigos de la gran compenetración entre Dani y Johnny (que se quiera o no, acaban erigiéndose como los putos amos del escenario), cara a cara, con la sangre en ebullición, y con una actuación de lo más espontáneo. Hasta los tonos de la iluminación acompañaron aquel momento tan especial, que pasaría de cero a cien revoluciones con la brutal Twist of Fate, así, de golpe y sin vaselina.
Caña burra, armonías de guitarra que fueron una delicia, y para variar, mucha, muchísima actitud que nos acabó arrancando unos cuantos ‘¡eh, eh!’ de apoyo, seguidos de una grandísima ovación. Y si el solo de ambos guitarristas fue un puto deleite, esperaos, porque a continuación, arropados por Mr. C y Alex en la base rítmica, tanto Dani como Johnny se bajaron entre el público en una parte completamente instrumental. Se fliparon, y nos fliparon, con unos punteos de auténtica locura y descontrol, retorciéndose, dando vueltas, y retándose mutuamente en un duelo de virtuosismo desmesurado. Bonito detalle, por cierto, esa lluvia de chapas que arrojaron sobre nuestras cabezas. Ahora era Johnny quien se dirigía a nosotros, pidiendo un aplauso para H.E.A.T., y cánticos para uno de sus estribillos más conocidos, que no fue otro que el de In the Heat of the Night. Alex reaparecía sobre las tablas completamente encendido, sin parar de dar poses, saltos, patadas y carreras. Entre toneladas de humo, y los intercambios de posición entre Dani y Johnny, nos quedó un final explosivo, lanzándose este último de rodillas para rematar con su fulgurante solo.
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Es difícil argumentar si este es uno de los mejores conciertos que les he visto, porque siempre rayan a un nivel impecable, pero desde luego, es el que más corto se me hizo sin duda. Por lo visto, también tuvieron algunos problemillas de tiempo, pero el poco del que dispusieron, lo exprimieron a tope, mostrando todo su potencial de principio a fin. Además, tuvieron un sonidazo de la hostia. Ojalá pueda volver a verles pronto.
No nos movimos demasiado en el tiempo de cambio. Guardándonos mutuamente el sitio en las primeras filas, donde nos encontrábamos, fuimos a echar unos filtros al ‘gallinero’, que estaba bastante empantanado, jejeje. Como en todas las ocasiones que la he visitado, la sala Mamba! demostró ser idónea para este tipo de eventos de asistencia media. Sin embargo, creo que de haber sido fin de semana, el llenazo y el agobio (como el que me encontré el pasado noviembre con Leprous), habrían sido igualmente inevitables, pese a su respetable aforo. De los precios de las bebidas, ni hablemos (jamás pagaré una cerveza a 4 euros y medio, aunque me muera de sed), pero el sonido estuvo a la altura (más en Hitten que en H.E.A.T, la verdad), y las instalaciones son suficientes y están bien mantenidas.
El rato de espera se me hizo un poco pesado por las ganas y las expectativas que tenía para el siguiente concierto. Tratándose de una banda que rarísima vez ha dado un solo paso en falso, era prácticamente un valor seguro, y no me cabía duda de que cada minuto de concierto iba a ser merecedor de los 40 pavacos de entrada.
H.E.A.T:
La sala presentaba una asistencia más que notable, a pesar de ser jueves, pero sin llegar a la incomodidad, incluso en la parte delantera del escenario. Allí estaban por fin, desfilando hacia sus puestos, uno tras otro, recibiendo aplausos y ovaciones tras la ya clásica introducción de The Heat is On (Glenn Frey). La gente parecía dispuesta a dejarse la piel. La impaciencia se podía palpar. El clima les era muy propicio a los suecos, que son especialmente conocidos por montar un fiestón de los que no se olvidan. Pero cuando abrieron el setlist con Disaster, un tema rápido, afilado y poderoso… algo no parecía encajar con las previsiones. A pesar de los bestiales alaridos de Kenny, de la exposición en primera fila de Jimmy y Dave, y teniendo en cuenta la tormenta que acababan de desatar… el sonido no iba en consonancia. La voz sonaba demasiado baja, los graves muy extraños, y la guitarra, casi inexistente. Faltaba mucho punch, y creo que ese fue el motivo por el que tuvieron una acogida un tanto fría, sobre todo, en comparación con otras veces que les he visto. Pero cuidado, que esto no había hecho más que empezar, demasiado pronto para emitir un juicio que, sin duda, hubiese terminado siendo erróneo.
Aunque la mezcla seguía siendo difusa, en Rock your Body todo el mundo comenzó a despertar. Ya se vieron las primeras manos levantadas, los primeros bailes, incluso algún salto que otro, siendo un tema cantadísimo (incluso a capela) por toda la sala. Jimmy se asomaba hasta nosotros con una sonrisa en el rostro, pellizcando sus cuerdas con la energía habitual, y además, bastante provocativo. Un chutazo de adrenalina nos sobrevino con esa fastuosa Dangerous Ground. No voy a negar que, sobre todo en temas tan potentes como este, echo de menos a un segundo guitarrista en algunas partes, pero el resultado, tanto arriba como debajo del escenario, no se pudo discutir. Kenny ya estaba en su máximo apogeo físico y vocal, arrasando todo a su paso como un auténtico tifón, y subiendo los ánimos de forma exponencial. En la parte central, se le unieron Dave y Jimmy, formando piña de tres en el límite del escenario. Se deleitaban viéndonos cantar hasta los mismos solos, y poco a poco se podía ir adivinando que aquella terminaría siendo otra gran noche, otro aplastante triunfo de una banda que no sabe ir a menos ni aunque lo hagan adrede.
Claramente, Hollywood tampoco iba a fallar. Otro putísimo temazo de esos que se sacan de la manga, y que de inmediato te electrifican de pies a cabeza. Jimmy se paseaba de lado a lado, chulo como él solo, y los puños no dejaban de emerger de entre el público, aunque de momento, no era el concierto más acalorado en este sentido. Yo personalmente sí andaba fuera de mis casillas, y no entendía como la gente a mi alrededor podía contenerse las ganas, si bien es cierto que el estruendo era cada vez mayor entre tema y tema. Al grito de ‘¡¡Murcia!!’ empezaba el que fue uno de mis momentos favoritos del show. Esa melodía de Rise, después de seis años escuchándola sin parar, me sigue teniendo enamorado, y es que nunca me cansaré de decir que, para mí, el “II” es el mejor disco que han parido en toda su carrera. Sonaban de lujo esos deliciosos teclados, Kenny cambiaba la chupa por el chaleco, y me gustó especialmente el trabajo de Don Crash con los platos, sin olvidar el solo que Dave nos estampó en toda la jeta. Ojalá no la quitasen nunca del setlist, pero en cualquier caso, uno ya sabe que lo de H.E.A.T es una alegría tras otra, y tras unas divertidas palabras por parte del cantante (chapurreos de español incluidos), allá que se lanzaban a por Nationwide. Otra que tal...
Energía implacable en estado puro, hasta el punto de que me resultó sencillamente imposible parar con ella, como un tren al que te subes y ya no puedes bajar. La cosa había mejorado notablemente. Ahora la guitarra pegaba mucho más, y el ambiente que se vivía en la sala era del todo impresionante. Dave nos calentaba aún más con sus poses y ostentosidades a las seis cuerdas, echando leña al fuego mientras cantábamos el estribillo hasta quedar afónicos. En la gira del “Into the Great Unknown” (disco que no me gustó realmente hasta pasado un tiempo), me habría dejado indiferente, pero después de años sin escucharla, lo cierto es que Redefined me supo a gloria, y para colmo, sonó con una potencia adicional, gracias al contundente sonido de la batería de Don (y esos mamporrazos que le soltaba al principio), contrastando perfectamente con esas armoniosas bases de Jona. Al tiempo, sirvió para que Kenny recuperara un poco el aliento. Como es habitual en él, estuvo hecho un diablo desde el mismo inicio, pero también es cierto que en determinados temas se las vio negras para llegar a los tonos más difíciles.
Tal como en el videoclip, el cantante se colgaba la guitarra electroacústica para proceder con su último single hasta el momento, Set me on Fire. Genial interpretación, haciendo uso de esos profundos graves que tan bien le sientan, y arropado por los coros tanto de Jimmy como de J. Tee, cuyas teclas también tuvieron su papel. También nuestras palmas le dieron un toque muy especial al momento, motivando aún más a una banda que transmitía comodidad y ganas de conquistar. Pero se acabaron las cadencias relajadas por el momento, ya que con Beg Beg Beg volvieron a pincharle fuego a la sala entera. Jugando con el público, Kenny afrontaba y superaba uno de sus mayores retos vocales, empleándose al 100%, incluso bordando esa casi imposible parte final. Entre medias, todo un homenaje al dios Ozzy Osbourne, metiendo un fragmento del War Pigs que todo el mundo disfrutó emocionado. Protagonismo ahora para Don Crash. Con el objetivo descaradamente intencionado de acalorar a todas las féminas allí presentes, se despojaba de su camiseta, y nos atronaba los oídos con un solo de batería no demasiado extenso, muy variado, y con lugar a la participación.
Tras este, el escenario quedaba vacío e inmerso en la oscuridad, aunque afortunadamente, aún restaba mucho por bailar aquella noche. Con una tormenta de fondo y luces rojas acompasadas, se presentaban de nuevo en el escenario dispuestos a dejarnos hechos papilla con la intensa recta final, que abrieron con Back to the Rhythm (ahí es nada). Con energías renovadas, y visiblemente contento, Kenny volvía a liarla a lo grande, exhibiendo un chorro de voz casi inagotable, al tiempo que Don se desmelenaba tras la batería como si este fuese el primer tema, y Dave derrochaba clase y elegancia en cada acorde. Fue como empezar de nuevo la fiesta, con un subidón de la hostia, y unos coreos masivos. Tenían reservadas unas cuantas balas en la recámara, y de las buenas, para que aquello no decayese. Cortes más recientes como Running to You (en la que Jimmy no dejaba de apuntarnos con su bajo), y grandes clásicos como Living on the Run, donde el entusiasmo del respetable no se hizo de esperar, casi el mismo que le veíamos a Jona Tee pulsando sus teclas. Kenny recibía nuestra emoción con los brazos abiertos, de rodillas, e intercalando lacerantes gritos.
Nunca deja de ser bienvenida 1000 Miles, con el pulso algo más relajado, y su inmenso rollazo ‘bonjoviero’, primer single de su carrera, y segundo y último vistazo en su setlist a su “Freedom Rock” (2010). Entre chorros de humo que llenaban el escenario, y esos constantes ‘cara a cara’ entre Jimmy y Dave, llegaba una divertida parte en la que el vocalista nos retaba a cantar con él una versión modificada del Day-O de Harry Belafonte. One by One, muy reclamada a lo largo del concierto, volvía a poner las cosas en su sitio. La sala se transformó, ya hasta el final, en un hervidero de saltos, gritos y manos en el aire, siguiendo a Kenny en cada paso, que ahora se subía a la plataforma de la batería, ahora se tiraba al suelo, o compartía algunas frases con sus compañeros. La nota distintiva la puso Dave, culminando el tema con un pequeño solo cargado de feeling, que casi casi, empalmaron con A Shot at Redemption. Nunca fue, ni de lejos, de mis favoritas, tal vez porque me resulta algo repetitiva, o tal vez porque es la que siempre tocan para terminar, y nadie en su sano juicio querría que un concierto de H.E.A.T llegase a su fin, pero la verdad es… lo admita o no, engancha, la condenada.
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Con reverencias, saludos y besos al aire, se despidieron, y las impresiones generales que nos llevamos la mayoría, fueron casi inmejorables. Salvando el pobre sonido que sufrió el concierto en sus primeros compases, y por qué no decirlo, la brevedad del setlist, todo salió a pedir de boca, y la pasión y buenas vibraciones que nos transmitieron ambas bandas, es algo que atesoraremos durante mucho tiempo. Jimmy Jay estuvo en la puerta trasera de la sala echándose fotos y conversando con sus fans durante un buen rato, y nosotros, por nuestra parte, nos quedamos un buen rato cenando y ‘cascando’ en la calle. Es lo que tiene compartir los conciertos con peña tan agradable.
Vuelta a escuchar a H.E.A.T a toda hostia, pero en este caso en el equipo del coche, para que también nos acompañasen en la vuelta a casa. Lo dicho, pueden regresar mil veces más a nuestro país, que siempre será un puto placer verles en acción.
_|,,| JaviMetal (Is The Law) |,,|_












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