lunes, 20 de abril de 2026

Oh! Spirit of the Art... (Dark Moor, Sábado 18/04/2026, La Sala del Movistar Arena, Madrid)

El Antro del Metal - Dark Moor portada

Mi deseo de acudir a la cita se produjo desde el mismo momento en el que, mediante una enigmática imagen, Dark Moor anunciaban a través de redes que en el presente año tendría lugar, en la capital madrileña, un evento único. Aquello fue en octubre, pero en verdad la materialización de dicho deseo no llegó hasta muy pocos días antes, y entre medias, no fueron pocas las veces que lamenté mi suerte. Como declarado fan acérrimo, más que el deber, tenía la obligación de no fallar bajo ningún concepto, pero las cosas no me resultaron nada fáciles. Tras varios intentos de conseguir alojamiento cerca del Movistar Arena (el recinto anteriormente conocido como Wizink Center), entre rechazos constantes y precios de auténtico robo a mano armada, llegó el momento en el que casi desistí en mi empeño, y no sabéis hasta qué punto me jodió tener que hacerlo. Pero finalmente, hace menos de una semana, tuve un golpe de suerte, y a partir de entonces todo salió rodado. Nunca antes había ido a Madrid solo, no tenía ni pajolera idea de cómo moverme por allí, sin dinero y sin móvil, y en conjunto, fue una odisea en la que no me habría embarcado, ni por asomo, de haberse tratado de cualquier otra banda. Afortunadamente, todo fue como la seda, mejor incluso de lo que yo mismo había planeado, y ahora mismo, a las pocas horas de haber regresado de la capital, todavía no alcanzo a gestionar del todo las emociones que me traigo de vuelta, de una noche tan inmensamente maravillosa que me ha hecho sentir a borbotones. Porque para mí, os aseguro que aquello fue algo muchísimo más especial de lo que van a poder describir mis limitadas palabras. Aun así, más que nunca, lo intentaré con todas mis fuerzas.

El principal cometido de la noche fue celebrar por todo lo alto 25 años de carrera… aunque son unos cuantos más. La cifra, a grandes rasgos, se calcula contando desde el lanzamiento de su “Shadowland”, y restando aquellos dos horribles años de pandemia que, lógicamente, nadie quiere recordar. No es una banda que se prodigue demasiado en los escenarios, pero al mismo tiempo, ello otorga a cada uno de sus actuaciones un carácter especial, selecto, y es que Dark Moor siempre fueron una auténtica delicatesen, un manjar para los paladares auditivos más refinados. A ello, además, hay que añadir el hecho de que esta ocasión fue, en sí misma, un regalo para todos sus fans, y en muchos sentidos. Un concierto exclusivo, con un setlist confeccionado para la ocasión, y con todo un elenco de invitados que harían de la velada algo inolvidable.

Salí de mi habitación con más de dos horas de antelación, esperando ser de los primeros en llegar, pero cuál fue mi sorpresa al encontrarme ya con 30 o 35 personas delante. Desde luego, Dark Moor no tendrán en nuestro país una base de seguidores tan amplia como la de otras bandas, pero la fidelidad de todos aquellos que les hemos venerado desde sus inicios, es incuestionable. De hecho, me alegró comprobar la cantidad de gente que vino adrede para verles desde países como Holanda, Brasil, Alemania, Chile… increíble, ¡debía haber casi más extranjeros que madrileños! Y por supuesto, también de todos los puntos de España. Un saludo especial para mi colega Eduardo, que vino con su esposa desde México solamente para vivir esa noche in situ.

Con paciencia, fuimos entrando en la sala, donde nos tocaría aguardar una hora más para el inicio. Una sala que visitaba por primera vez, de aforo bastante más reducido del que esperaba, con el escenario casi en la misma entrada, y un guardarropa donde estaba también el merchandising del grupo (algo de lo que, por desgracia, me enteré demasiado tarde). El aire acondicionado estaba demasiado fuerte, pero con la aglomeración de peña, se disimuló. Tras unas agradables charlas entre fans, llegaba el tan ansiado momento de la verdad.

Carlos Delgado entraba a paso ligero en el escenario, haciendo ademanes para levantar los ánimos, y con todos los músicos ya en el escenario… sonó una intro que me cortó la respiración. Ni en mis mejores sueños hubiese esperado que el concierto empezase precisamente con el que es mi tema favorito de toda su carrera, y que nunca tuve la ocasión de ver en directo, nada menos que The Dark Moor. Con los ojos como platos, y los sentidos desbocados, disfruté de cada segundo como si fuese una eternidad, de Alfred cantándola en la tonalidad original, de las orquestaciones pregrabadas, de la primera intervención de la cantante Mariana Otero y de un Enrik García a quien en su día las musas tocaron de pleno para componer esta jodida obra maestra. Y atención al detalle, porque Alfred llevaba puesta una gabardina parecida a aquella de las fotos promocionales para el disco (“Dark Moor”). Sí, solamente tocaron los primeros 3 minutos, pero para mí fueron como un sueño hecho realidad, y sé de sobra que, sin haberla grabado, esas imágenes me acompañarán para los restos. Solo por ella, ya mereció la pena todo el viaje, todo el gasto y todas las preocupaciones. La sala reventó súbitamente en una estruendosa ovación, y más que llegarían con Before the Duel. La gente enloqueció con los primeros acordes, siendo esta otro gran reto para Alfred, que clavó cada nota sin despeinarse. A su izquierda, con visible entusiasmo, Enrik recorría el escenario a zancadas para terminar junto al bajista Dani Fernández al frente del escenario. Por desgracia, el sonido a estas alturas aún distaba mucho de ser bueno.

No se me ocurría un mejor inicio de concierto… salvo si, a continuación, se marcaban un The Emperor, dándose un primer garbeo por el “Tarot”. Volvía Mariana a la palestra para apoyar al vocalista con sus coros, y en la parte de atrás, Óscar Calvo y Javi Díez demostraban buen rollo entre ellos con ese cara a cara. Enrik se encargaba también de las voces guturales del tema, y remataban la jugada esas espectaculares imágenes que aparecían por pantalla. Sí, Carlos tuvo algún desliz rítmico, y Alfred se despistó en un momento muy puntual, pero toda rectificación fue inmediata y eficaz. Las siguientes imágenes fueron reconocidas por todos los allí presentes. Adoptando un papel protagonista, Óscar abría con su violín Mio Cid, llegando la parte cañera ante una sala involucradísima y emocionada hasta el límite. Alfred, con una seguridad aplastante, daba continuas demostraciones de maestría vocal, secundado por un Enrik imparable, que ahora se asomaba al público, ahora formaba piña con sus compañeros Óscar y Dani. La versión interpretada fue la inglesa, pero mientras todos ondeábamos nuestras manos, Alfred se pasó a la versión reciente, y encima, a capela. Casi no nos dieron tiempo a saborear el momento, cuando nos dejaban caer otro bombazo de la talla de Swan Lake, que nos dejó atónitos, esta vez en toda su duración de 8 minutos.

Desde los tiempos del “Autumnal” que no la escuchaba en directo, y supuso otra erupción incontrolable de emociones. El dueto vocal entre Alfred y Mariana fue de lo mejor de todo el show, sus armonías, la forma de coordinarse en el escenario, cómo encajaron sus tesituras... un regalazo maravilloso, incluyendo esas partes más aceleradas de guitarra que el maestro Enrik nos ofreció, y ese final tan rimbombante. Por mi parte me desgañité cantándola, con la alegría inmensa de saber que aquello no había hecho más que empezar. Por primera y única vez, nos llevaron hasta su último disco de estudio, “Origins”, con Birth of the Sun. Y no pasaron más que unos segundos, cuando ya tenían ante ellos a toda una multitud saltando, con una energía que rápidamente se contagió a los músicos. La sección instrumental formada por Javier Diez a las teclas y Óscar al violín, fue especialmente importante en ella, revistiéndola con ese sabor tan folk. Dani se retiraba hasta el telón, pero sin dejar a un lado su siempre contundente actitud. Su bajo, por cierto, se escuchó de maravilla durante todo el concierto, algo muy de agradecer dado su gran nivel. Alfred derrochó todo el carisma que le dio la gana (porque lo tiene a capazos), pero en esta ocasión, llegó el turno de dejar paso a su compañera en solitario.

Tras unos amagos de In the Hall of the Mountain King a cargo del guitarrista, Mariana ocupó el centro del escenario para cantarse otra de las grandes sorpresas de la noche: Maid of Orleans. Con la batería de Carlos metiendo a toda hostia, la soprano, a pesar de su enorme rango, llevó su voz hasta el límite en ella, con mogollón de feeling y dotes escénicas, mientras también pudimos disfrutar de uno de los momentos de mayor virtuosismo de la mano de Enrik, mediante una buena sesión de tapping. Al terminar, el clamor del público fue ensordecedor, tal como se esperaba para la única canción de la ‘era Elisa’ que sonó aquella noche. A decir verdad, por mi parte esperaba alguna más, sobre todo, de ese discazo (mi segundo favorito en orden) llamado “The Gates of Oblivion”. Sin embargo, a lo mejor fue mi impresión, pero noté que la mayoría de los allí presentes sentían más apego por la presente etapa de la banda (yo, al menos, sí). Detalles al margen, la fiesta continuaba pisando ahora terrenos históricos con First Lance of Spain, con introducción previamente narrada por el cantante, que estuvo a una altura de vértigo, igual que todos sus compañeros. Fantástico ese apoyo por parte de Javi y Óscar, y no menos el de Carlos, resolviendo esas partes más complejas a la batería en una de sus mejores actuaciones.

On the Hill of Dreams… ¿Cuántos años haría que no la escuchaba en vivo? Y cuántos recuerdos… qué profundidad tiene este tema, sobre todo, escuchando a Alfred Romero dar rienda suelta a esos tonos tan graves que tan bien le sientan. Perfecta para templar un poco el ritmo del concierto, y volver a dar el subidón con The Chariot, más habitual en sus setlist aunque no por ello peor recibida. Ya en su inicio, la soprano le puso un sentimiento tremendo con unos registros imposibles, y la mezcla entre el piano de Javi y las notas de Enrik, le aportaron un color muy especial. No hace falta ni decir que el público no paró de celebrarla ni un segundo, con manos en el aire y cánticos de principio a fin. No nos dejaban parar. Aquella era una noche hecha por y para el disfrute, tema tras tema, estribillo tras estribillo, con un ambiente casi indescriptible en donde reinaba la hermandad entre fans y el amor incondicional por esta inconmensurable banda. En pos de dejar descansar a ambas voces, Ritual Fire Dance (“Ancestral Romance”) fue el único corte puramente instrumental de la noche, y tanto Enrik como Óscar se adueñaron del escenario, dejándonos de una pieza con sus constantes duelos y continuos movimientos, pidiendo nuestra colaboración y divirtiéndose a tope, haciendo honor a la gran fiesta que todos allí estábamos compartiendo. Lo que llegó seguidamente, fue una de mis partes favoritas del concierto, revelando la faceta más romántica de la banda.

Dos temas que me molan a rabiar, comenzando por Love from the Stone, en la cual, las estremecedoras notas alcanzadas por la soprano Mariana Otero nos llegaron hasta el alma. Y aquí no solo hubo sincronía vocal entre ella y Alfred. También la actuación, en el sentido más teatral y coreográfico, fue una delicia absoluta, representando de fábula el trágico amor que relata el tema, sin olvidar la presencia de esas emocionantes letras compuestas por el poeta y letrista de la banda, Francisco José García. La segunda en estas tesituras fue End so Cold, otra que fue directa al corazón. De ella me gustó el solo de Enrik, apurado al milímetro, y los añadidos que aportaron Javi y Óscar, pero lo que me flipó de verdad fue la increíble resistencia de Alfred, especialmente en su recta final. Aunque su gigantesco talento está fuera de toda discusión, me cuesta ser objetivo con este hombre, porque lo que su voz es capaz de transmitirme, en cualquiera de sus registros y alturas, está al alcance de muy pocos. Y en este sentido, lo mejor estaba aún por llegar. Tras colgarse este último su electroacústica, The Road Again (“Ars Musica”, 2013), fue tocada en dos partes, diferenciando aquella en la que las guitarras y el piano tomaron el timón en solitario, y la que dio el empuje definitivo, poniéndonos a todos a saltar y a bailar, acompañados por unas imágenes chulísimas.

Dani se venía arriba, con una presencia de lo más chulesca, pisando el monitor, pero siempre con una sonrisa en el rostro, y Enrik, al mismo tiempo, levantaba sin parar el mástil de su guitarra en constantes alardes. Sonó muy compacta y vibrante, creo que nunca me había gustado tanto en vivo. Pero cuando las emociones realmente me sobrepasaron… fue durante A Music in my Soul, otra de mis preferidas de toda su carrera. El sonido que, había mejorado ostensiblemente a estas alturas, fue fundamental en ese opening tan sutil a cargo de Óscar y Javi, en las líneas y dibujos de Dani, y en la claridad que tuvo la aterciopelada voz de Alfred. Su interpretación estuvo sembrada de un feeling estratosférico que nos atravesó a todos como un puñal, y además, poniendo énfasis en la que siempre fue una de sus mayores cualidades: su perfecta afinación. Se me ponen los pelos como escarpias con tan solo recordar el momento, tras el cual, llegarían unos segundos de calma y oscuridad precedentes a los bises. Unas muy emotivas palabras de agradecimiento por parte del frontman servirían de presentación a este sprint final, con el que quisieron volver a subir la tensión de cero a cien. Y que mejor para ello, que tirar de un trallazo como Living in a Nightrmare. Al igual que sucedió con Mio Cid, hicieron una mezcla entre la versión clásica y la actual (en inglés y castellano). Caña muy agresiva, con el escenario completamente sumergido en humo, brillantes coros de Mariana Otero, y un final muy contrastado con la calidez que infundieron esas guitarras y teclados.

Lovers volvió a corroborar lo que pensé desde el principio: que Alfred (que volvió a coger aquí la guitarra) canta mejor ahora, incluso, que en la gira del Tarot. Y con casi 10 años de por medio, es algo que no se puede aplicar a cualquier vocalista. Dicho esto… imposible no dejarse arrastrar por ella, sobre todo cuando nuestras voces fueron también parte de la canción, gritando ese estribillo casi a capela durante varias repeticiones. Los suaves coros, su fantástica melodía, las armoniosas teclas de Javi y las luces tenues, acentuaron todavía más aquel mágico momento. Aunque creo que nadie quería asumirlo, el concierto iba tocando ya a su fin, pero no sin antes disfrutar como posesos de esa última Canción del Pirata. Alfred volvió al escenario con el clásico pañuelo cubriendo su pelo, metiéndose del todo en su papel, y regodeándose ante las mil y una voces que entonaban ya su estribillo a pleno pulmón, al tiempo que una enorme bandera pirata ondeaba a través de la pantalla. Visiblemente entusiasmados, y en un último arranque, tanto Enrik como Dani y Óscar, se encaraban en el centro del escenario sin dejar de meterle al headbanging, las luces enloquecían a la par que el público, y el gran estallido generalizado de aplausos y vítores no se hizo de esperar. Como despedida, sonaba disparada Fallen Leaves Waltz (“Autumnal”), y mientras la banda nos dedicaba sus reverencias, sucedió algo inusual, y es que la despedida en forma de calurosas ovaciones, lejos de amainar, se prolongó durante varios minutos ininterrumpidos, ante la incrédula mirada de los músicos.

El emocionado semblante de Alfred durante aquellos últimos momentos de jolgorio hablaba por sí solo. Y no quisiera tomarme eso como el reflejo de un mal augurio… pero según lo escuchado en alguna entrevista, el futuro de la banda se atisba, por así decirlo, un tanto nublado. Sería, más que una pena, una desgraciada pérdida para todos aquellos en quienes su música ha dejado una huella tan profunda como imborrable, para quienes podemos identificar épocas enteras de nuestra vida con solo recordar temas y discos de su carrera. Pero si eso es lo que marca el destino, si su final estuviese cerca… al menos podré decir que yo les apoyé hasta entonces con todos mis medios e ilusión, y que con conciertos como este, y los incontables que les he visto, siempre me he sentido y me sentiré orgulloso de contarme entre sus fans, y gritar a viva voz que, para mí, Dark Moor es la mejor banda de Rock que hemos tenido en este país.

_|,,| JaviMetal (Is The Law) |,,|_

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