La
música en directo, afortunadamente ha vuelto a su cauce. Tal vez no lo haya
hecho, por el momento, con tanta fuerza y tanta capacidad de convocación como
en los tiempos pre-pandémicos, pero poco a poco todos los estilos se van
abriendo paso a los escenarios. Los géneros más extremos del Metal fueron, en
su mayoría, los más castigados en estos dos últimos años de mierda, básicamente
porque apenas tiene sentido vivir esos blast beats, esos guturales o esos
breakdowns atado a una silla. Son conciertos que piden movimiento y energía a
gritos, y por fin, después de mucho (demasiado) tiempo, pudimos disfrutar de un
auténtico cartelazo en el que el Death Metal clásico, el Black y el Brutal
Death se cogieron de la mano, dejando como resultado una noche apoteósica.
Ocasión perfecta para disfrutar de unas auténticas leyendas, en el sentido más
estricto de la palabra, del Death nacional como son Obscure y Necrophiliac
en todo su esplendor, pero también de descubrir a nuevas formaciones de la
talla de Arthropodal Humanicide (lo
más burrote del cartel) o los sorprendentes Blazemth, una banda con muchos años a sus espaldas liderada por el
incombustible Volkhaar desde 1994. El menú estaba servido, y el disfrute a
todos los niveles, asegurado. Y quien me conoce ya sabe que lo mío son los
estilos más melódicos, pero por supuesto también sé entender y disfrutar a tope
de este tipo de eventos y géneros más cafres, y más todavía cuando impera el
buen rollo, el fantástico ambiente que vivimos el pasado sábado en mi
queridísima Babel Live Stage. Volvíamos, una vez más, mi colega Kurro y yo, recordando
de paso aquel 2015, la penúltima edición del Spain Death Metal Fest, organizado
por el gran Avul, y del cual ya había pasado demasiado tiempo. Teníamos que
volver a liarla.