Siempre
es un placer para mí poner el pie por primera vez en salas que nunca he
visitado, como fue el caso, este mismo sábado, de la Rock Museum, situada en el
polígono industrial de Massanassa (Valencia). Lo que hasta hace pocos años era
la Fraternity (donde no llegué a estar), un garito motero muy bien valorado y conocido
por la zona, se me antojó como un lugar muy apropiado para celebrar conciertos
como los que íbamos a presenciar aquella noche. Con una decoración exquisita,
muy rockera en general, y gran ambiente, la sala dispone además de una
fantástica y amplia terraza donde poder sentarse a tomar algo, fumar, y además,
un puesto de comida para saciar la gula. El trato fue bastante atento… aunque
eso sí, con esos precios en la barra (ocho pavos la copa), que no esperen de mí
un solo céntimo. Por lo demás, ninguna queja. Otra cosa que me gustó mucho, y
de la que otros lugares deberían tomar ejemplo, es la música que ponían antes,
entre, y después de los conciertos. Y no es que el Brutal Death / Grindcore,
aunque me mole, sea mi fuerte ni mucho menos, pero creo que es muy necesario
mantener siempre la coherencia entre la ambientación musical de la sala y el
estilo que practican las bandas que van a tocar, es algo que siempre da
sensación añadida de profesionalidad y respeto por el público. A parte de la
gratísima compañía de Kolega y Tere, junto a quienes hice el viaje hasta la
localidad valenciana, también fue un enorme placer encontrar allí a peña de
puta madre y auténtica que está en todos los fregaos, como Juanvi y Frank. Para
ser sincero, no era el plan que tenía en mente para este sábado… pero siempre
será mejor que quedarse amargado en casa.