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jueves, 27 de junio de 2024

El Rock nos hace FUERTES (Rock Imperium 2024, jueves 20/06/24, Parque del Batel, Cartagena)

La noche del miércoles llegué a casa antes de la hora prevista (prescindiendo del concierto de In Extremo), pero con un nivel de cansancio peligrosamente mayor del previsto. El madrugón, los nervios, y el insomnio de esa misma mañana me jugaron una mala pasada, y fue algo que me pasó factura. Para colmo, el jueves, este segundo día de festival, tuvo un factor con el que yo no contaba. Justo al lado de la vivienda, se estaban llevando a cabo obras, por lo que, por mucho que quise estirar hasta el mediodía en la cama, a las 8 tenía ya los ojos como platos. En fin… descansé todo lo que pude y tras prepararme el ‘condumio’ de papeo para sobrevivir la jornada, emprendí la marcha hacia el Parque del Batel a paso lento, con muchísima ilusión, pero con dudas sobre en qué estado terminaría la noche. Sea como sea, a muerte siempre. Por desgracia, la cosa en cuanto al clima no pintaba bien. Las nubes que de forma continua (incluso regalándonos alguna gotita) habían cubierto el cielo de Cartagena durante el día anterior, habían desaparecido radicalmente, y caía un sol de justicia, de los que notas cómo te quema la piel incluso de buena mañana, y de hecho, estuve en el recinto ya desde primera hora. La cola esta vez fluía que daba gusto, solo un dato más de la grandísima organización que tuvo este Rock Imperium, si cabe, mejor que el anterior. La peña, antes de que comenzaran los conciertos, se apiñaba en el puesto de merchandising a ver qué pillaba. Yo, que ando siempre con la cartera llena de telarañas, no me lo pude permitir, y fui directo a la zona de prensa, a pillar un botellín de agua, y al escenario ‘Cartagena’, donde arrancaría todo de nuevo.

lunes, 18 de marzo de 2024

Let's get CRAZY!! (Monsters of Rock Cruise 2024, 5ª Jornada, miércoles 06/03/2024, Independence of the Seas)

El tercer día de crucero, con la parada en Cozumel, la excursión contratada, y el madrugón que me dejó hecho puré a la hora de soportar toda una dura e intensa jornada de conciertos, fue en sí mismo una contundente lección que aprendí por las malas. En esta quinta, y por desgracia última jornada, nuestro viaje se detenía el puerto de Nassau, capital de las Bahamas y principal centro cultural de las islas. La oferta de visitas y excursiones era abundante y ciertamente apetitosa, como visitar un santuario de tortugas marinas, entre muchas otras. Sin embargo, temiendo que me sucediese lo mismo que con la excursión del tercer día, y teniendo siempre presente que mi única prioridad absoluta en los festivales es ir a ver conciertos, y no permitir que nada interfiera en ellos, cancelé mi parte de la excursión programada. No quería correr el más mínimo riesgo que pudiese comprometer mi resistencia en aquel último día, donde el cansancio acumulado, además, ya era lógicamente considerable. Además el hecho de que el primer día pospusieran la actuación de mis amados Firehouse hasta primera hora de este último, fue definitivamente lo que me hizo tomar la decisión. Así pues, dediqué la mañana a holgazanear y tocarme los huevos todo lo que pude. Tras un reconfortante sueño (el más profundo de todo el viaje), bajé tranquilamente, sobre las 11:00, a por el desayuno, el último, con el que me pegué una hinchada bárbara. Imaginaos que, en el buffet, al ver cómo estaba mi plato de lleno, un tipo que estaba a mi lado me dijo, con cierta preocupación en su tono de voz: ‘you are eating too much, man…’ (estás comiendo demasiado, tío), a lo que le contesté que estaba hambriento como un perro callejero. Después, fui otro ratejo a estirar las piernas al camarote.

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