Poco a
poco, con el paso del tiempo, y gracias a conciertos como los de estos dos
últimos fines de semana (y la gran perspectiva en estos meses venideros) se me
va olvidando el duro golpe que supuso el nuevo retraso en las fechas del
concierto de Helloween y Hammerfall, un momento que he estado esperando durante
casi tres años con ganas y para el que, definitivamente, ya he tirado la
toalla. Pero a pesar de estos sinsabores de la vida, que en realidad no son
nada comparados con la debacle que supusieron aquellos dos insoportables años
de pandemia, hay que tirar p’alante, hay que seguir apoyando el Heavy Metal en
directo contra viento y marea, y afortunadamente se prodiga lo suficiente como
para no tener un solo fin de semana sin concierto. Precisamente, una de las
características que definió la noche de este pasado sábado en Sant Vicent del
Raspeig fue esa, la del apoyo incondicional que las alrededor de 100 personas
dimos al concierto organizado por la asociación Mediterranean Metal Maniacs y sus
hermanos del Hellions HMFC. Un concierto que, concretamente a última hora,
estuvo marcado por la inseguridad, debido al hecho de que la sala en la que
inicialmente iba a tener lugar, la Nave Iguana, canceló súbitamente todos sus
compromisos, por motivos que escapan a mi conocimiento, poco antes de llegar
tan señalada fecha. Así pues, los miembros de las organizaciones tuvieron que
buscar deprisa y corriendo otro local para solventar la papeleta, y gracias a
su constancia y nunca bien aplaudida labor (y con la suerte también de su
parte), consiguieron mover todo el ‘tinglao’ a la Nueva Revuelta, una sala que
además, me trajo grandísimos recuerdos, ya que desde la primera vez que estuve
allí deben haber pasado, como poco, 15 años.
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