
Es algo que ocurre con poca frecuencia, debido a la general escasez de conciertos metaleros por la zona, pero no inaudito. El pasado sábado 25, el núcleo central de Alicante se ponía sus mejores galas para dar la bienvenida a dos conciertos muy destacados de nuestro rollo, que por pura coincidencia, iban a celebrarse de forma casi simultánea en la misma noche. De una parte, en la sala The One de Sant Vicent del Raspeig, teníamos a dos leyendas ochenteras consagradas, como son Barón Rojo y Obús, un concierto no exento de cierto morbo conociendo la historia y relación de ambas bandas a lo largo de su dilatada carrera. De otra, y sobre todo atractivo para quienes apostamos más por la renovación generacional, la Marearock de Alicante daba lugar a un cartel que reunía a los más modernos Delenda Est (desde Vitoria – Gasteiz), a los más que conocidos por la zona Cain’s Dinasty, y a los incombustibles barakaldeses que fueron, sin lugar a dudas, las grandes estrellas de la noche. Vhäldemar es una de esas bandas cuyo directo necesito en mi vida cada poco tiempo. Su demoledora energía, su aplastante entrega, y su intachable autenticidad, son factores que le hacen a uno sentirse identificado y orgulloso de llevar el Heavy Metal en la sangre. En las ya catorce veces que les he visto en directo, no han dejado de demostrarlo ni una puñetera vez, ofreciendo unos shows que no solamente son imprescindibles para cualquier fan del género que se precie de serlo, sino 100% recomendables todo el mundo que ame, al mismo tiempo, la buena música y el desmadre. En unos tiempos algo confusos para el Metal, donde sub-productos blandengues y mal disfrazados copan cada vez más la escena, estas fieras continúan arrasando con sus pelotas de acero por delante.
Una oferta a la que, a pesar del pastón que me dejé en mi anterior concierto, era muy difícil decir que no. Y menos, para una vez que la sala Marearock se acuerda de su público Heavy, tan habitual hasta unos años antes de que la Babel cambiase de nombre y dirección. En cualquier caso, un placer volver por allí, y no solamente por lo dicho, sino además, porque la diversión no empezó y terminó frente al escenario. Habiendo pasado el día con mis queridos colegas Popi y Bárbara, a la llegada a Alicante nos encontramos con otr@s tant@s, como Pablo y Ángela, Vanesa, Inma y Boli, Aitor, Anna, Patri y Vicente, Óscar… al ser esta una fecha tan alejada respecto al resto de la gira, acudió peña de las regiones de Valencia, Murcia, Albacete, y por supuesto, de la misma Alicante. En fin… ¡un abrazo gigante a tod@s!
Vaya por delante que, en algunos aspectos, no fue ni de lejos el mejor concierto que les he visto dar, pero tras una noche con Vhäldemar, hay dos consecuencias ineludibles: acabar con las vértebras machacadas por semejante tralla, y la mandíbula desencajada de tanto reír. Y eso, se cumplió a rajatabla. También me gustaría aclarar que esta crónica es en exclusiva de su actuación, ya que la primera banda no me acabó de convencer en cuanto a estilo musical, y a Cain’s Dinasty finalmente tampoco les vimos. Es lo que tienen los conciertos que acaban a las 3 de la mañana, cuando aún falta el trayecto de vuelta a casa…
Aunque de hecho estaba previsto que Vhäldemar pusieran el punto y final a la noche, finalmente intercambiaron posiciones de horario con los alicantinos, en una decisión casi de última hora. Aparte del otro concierto a solo unos pocos kilómetros, ese podría ser uno de los motivos por los que la sala aún no mostraba la afluencia que acabaría teniendo.
Enfundados en cuero, cadena y tachas, los del norte destaparon su show como quien abre la ventana a una furiosa tormenta, apostándolo todo desde el primer paso, y tan A MUERTE como es habitual en ellos. El tema escogido, tras una introducción disparada, fue Dreambreaker, con el doble bombo de Jandro pinchando fuego, despatarramientos, carreras y latigazos de cuello por doquier. Eso no nos dejó indiferentes, y menos con las palpables ganas que había de verles de nuevo por aquí tras cuatro años de ausencia en la “capi”. Paseando (y maltratando) su palo de micro de un lado a otro, Carlos Escudero y los suyos no perdieron un segundo para casi enlazar la anterior con Devil’s Child, otro puto trallazo. Pedro J. Monge no se lo pensó dos veces antes de abrirla con un solo en toda nuestra jeta, con una precisión exacta, y combinando sus artes de virtuosismo con el teclista Jonkol Tera, pieza fundamental en el sonido de la banda desde hace ya muchos años. La cabalgante batería de Jandro nos fue engorilando más y más, y la irreverente actitud del vocalista (todavía con gafas de sol) puso el resto. Valga decir que me flipa ese estribillo, que aúna dureza con melodía adictiva 100% Vhäldemar.
Durante el breve saludo que nos dedicaron, caí en la cuenta de que no era Raúl Serrano, sino su hermano Fonso, quien estaba al mando de las cuatro cuerdas. Se parecen tanto, que al principio pensé que era Raúl afeitado, jeje. Lo que vino a continuación, con esa brutal Metalizer, hizo temblar la tierra, y arder la sala. Ante los mortíferos riffs de Pedro, Carlos saltaba del escenario, mezclándose entre la muchedumbre, cantando y compartiendo abrazos y empujones. Ahora, la batería se escuchaba mucho más integrada en la mezcla que al principio, aunque esta seguía sin ser del todo nítida. Death to the Wizard!, que abría aquel soberbio “Straight to Hell”, fue presentada con mucho cachondeo, y tuvo tanto impacto, que hasta sus punteos iniciales fueron coreados a viva voz. El ambientazo iba subiendo exponencialmente de nivel, cada vez más envalentonados, gritando esos temas que ya son himnos para muchos de nosotros. La comunión entre banda y público suele ser inmediata en su caso, algo que el frontman agradeció en todo momento.
Hasta ahora, todavía no se le había ‘ido la pinza’, y el concierto proseguía a un ritmo arrollador con uno de mis temas favoritos del “Sanctuary of Death”, como es Old King's Visions (Part VII), y para colmo, interpretada a mayor velocidad que en disco. Eso quedó patente en el solo del espectacular Pedro Monge, siempre vertiginoso, siempre impresionante se mire por donde se mire, y sin fallar una puta nota. No hace falta más que verle unos minutos en acción para saber que este tío está hecho de otra pasta. Mientras tanto Carlos, que se cantaba unas líneas junto a Jonkol, tenía sus rifirrafes con el micro. Ya bastante mosqueao, al final se solventó el problema, nuestros ‘oe oe’ le alegraron la cara, y continuó deleitándonos con ese humor tan hijoputa que le caracteriza. Con la mirada de nuevo encendida, puño en alto, y chillando aquello de ‘¡nos suda la polla todo!’, arremetía con Heavy Metal, un puñetazo lleno de principios sobre la mesa. Volvía a estar en toda su salsa, bailando, haciendo el ganso, riéndose y pasándoselo tan bien como cualquiera de nosotros. Aquí no hay nada fingido, todo es puro disfrute arriba y debajo del escenario. El tema fue coreadísimo, el solo me voló la cabeza, y el mar de headbanging se extendía por toda la sala.
En 1366 (Old King's Visions Part V), Carlos nos llevaba hasta su terreno con alaridos y vaivenes salvajes, al tiempo que el resto de músicos volvían a lucirse con una ejecución impecable, sobrada de contundencia, con nuestros ‘¡eh eh!’ sonando imparables, y, para variar, una actitud jodidamente cósmica. Y con Bastard… llevaron el concierto a otro nivel. Aquí hubo hostias para todo el mundo, y ni el ausente Raúl Serrano se libró de pillar cacho. Solamente decir que acabaron doliéndome las tripas del descojone que me pillé. Ahí veíamos a Fonso aporreando sus cuerdas con el pie sobre la plataforma de la batería, con el cabeceo a todo trapo, y para culminar, ese duelo guitarra / voz entre Pedro y Carlos, cuya química en directo es difícilmente superable. Por si fuese poco, salió a relucir la botella de Jack Daniels, que se vació en cuestión de minutos. Ya sabemos lo que ello implica, nivel de desmadre en su punto álgido. Fonso fue uno de los grandes invitados de la noche. El otro, estaba a punto de hacer su aparición, y no fue otro que el gran Aitor Navarro, además de cantante, toda una eminencia de nuestra zona en lo que a Metal se refiere.
Jonkol interpretaba con mucha sensibilidad la intro Vulcano, y tras ella, estallaba con un virtuosismo total Howling at the Moon, una de las más deseadas del setlist. Ambos vocalistas se coordinaron de un modo formidable, con mucho buen rollo y presencia. Hasta Jonkol salió con ellos durante un rato para cantar unas estrofas, y siguiendo el ritmo powermetalero marcado por ese pedazo de batería que es Jandro Tukutake, todos nos dejábamos las cervicales y la garganta a partes iguales. El tiempo, con tanto momentazo, intensidad, y cachondeo, pasaba volando, y nos acercábamos ya al último tramo, donde el ritmo de temas ya fue quizá demasiado irregular… ¡Pero ellos son así! Y les queremos tal cual. Rugían las guitarras de Pedro a todo volumen, y The Old Man (dedicada al hermano del vocalista), nos trajo otro de esos estribillos para gritar hasta escupir la tráquea. Cien voces convergieron en una sola, y sobre la marcha, como se le quedaba pequeño el escenario, Carlos volvía a bajar de él, yéndose directo hacia la barra sobre la cual cantó parte del tema con la sala teñida en luces rojas. Sus compañeros no se quedaron atrás. Las virguerías de Pedro fueron empalmándose, punteando a la velocidad de la luz, dejando colgar la guitarra sobre una cuerda, metiendo tapping a saco, y tocando el mástil con la susodicha botella de Jack Daniels. ¡¡Apoteósico!!
Tras una presentación de los músicos, en la que se extendieron demasiado (aunque el rato que nos hicieron pasar, tampoco tuvo precio), era el turno de Dusty Road. ¡¡A muerte!! Directamente desde el “Metal of the World”, y con todos ellos apoyando los coros, destacó enormemente el curro de Jandro, que machacaba como un animal, junto con esa última sacada de rabo a las seis cuerdas del guitarrista, en su línea. Breakin' All the Rules me trae unos recuerdos que te cagas, y además, es la única que conservan en su repertorio de aquel “I Made My Own Hell” con el que les conocí. Por supuesto, funciona como un tiro en directo, perfecta para mantener el subidón, con todos y cada uno de los músicos completamente desbocados, liándola a más no poder ante la descojonante expresión de Jonkol: Carlos pisoteando los monitores y mandando a la mierda su palo, Fonso dejándose el cuello, y Jandro capeando a la perfección esos cambios rítmicos. Liándola, e incitando a liarla, claro, porque aquí todo va de la mano. Y qué mejor punto y final, para no faltar a la tradición, que la gran Energy, cuyo título siempre cumple lo que promete, y cuyo transcurso nos trajo algunos de los momentos más disparatados del show (en el mejor de los sentidos), con cambios de instrumentos constantes, burbon fluyendo a raudales, virtuosismo imparable, tormenta de luces parpadeantes, y un solo hasta el infinito y más allá por parte de Pedro.
Imagino que nuestras caras de felicidad quedarían bien reflejadas en esa ‘foto finish’ que dispararon al final. Definitivamente… esta gente juega en otra liga.
La verdad es que, entre que empezaba a ser ya bastante tarde, y que los vascos estos me habían dejado hecho trizas… ya hice un primer pensamiento de ir tirando para casa. Ya no me motivaba tanto quedarme. Aun así, sí nos esperamos un rato, charlando / despidiéndonos de la peña, escuchando a Cain’s Dinasty desde fuera (insuficiente para una crónica, obviamente…), y echándonos las últimas risas de la noche hasta aquello de las 2:00. La horita de vuelta, más animada que de costumbre, se me pasó en un santiamén.
Yyyyyy ¡A muerte SIEMPRE, joder!
_|,,| JaviMetal (Is The Law) |,,|_
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