lunes, 16 de febrero de 2026

Pura electricidad (Baja California + Estirga, sábado 14/02/2026, Sala Marearock, Alicante)

El Antro del Metal - Baja California Portada
Con tan solo dos discos en el mercado (más una maqueta previa), y especialmente gracias a ese último “Electricidad” que vio la luz el pasado año, Baja California han pasado de ser casi unos perfectos desconocidos a convertirse, durante todo este tiempo, en un objeto de deseo, en una de las bandas que más ganas tenía de ver en directo de todo el panorama nacional. A pesar de ello, reconozco que han sido unas cuantas las ocasiones que he dejado pasar por alto. La razón principal es que las últimas veces que se han acercado por estos lares, lo han hecho en calidad de teloneros de otras bandas, y no estaba dispuesto a pagar el elevado precio de dichos conciertos en los que, para mí, ellos eran el plato principal, y menos sabiendo que solo podría ver media hora o tres cuartos de actuación. Pero esta vez, todo salió casi rodado gracias a la iniciativa Girando por Salas, un programa que, durante los últimos 16 años, ha organizado y promovido giras de bandas nacionales de todos los estilos de música, tratando de dar tanto visibilidad a dichos grupos emergentes, como apoyo a las salas en las que se celebran sus respectivos conciertos. Sin duda, esta era justo la oportunidad que estaba esperando para verles desplegando todo su potencial en un concierto propio. Ni el peliagudo temporal de viento que azota nuestra comunidad desde hace ya semanas, ni los carnavales, ni el puto San Valentín, ni hostias en vinagre, podrían impedir que esa noche nos arrimásemos mi chica y yo hasta la capital alicantina en pos de ver cómo los asturianos arrasaban la sala Marearock (antigua Babel). Las autoridades recomendaban no realizar desplazamientos de no ser que fuesen estrictamente necesarios… pero es que, precisamente, esta noche lo era para mí.

Unas horas antes del concierto, quedamos con nuestros colegas Boli e Inma para echar unas cerves, pasando un ratito de lo más divertido en la mejor compañía, y calentando motores para el show. La llegada a las puertas de la sala no pintaba demasiado prometedora. Que hubiese tanto sitio para aparcar en la misma calle fue de lo más cómodo, pero no una buena señal en lo que a asistencia se refiere. Desgraciadamente, ya me temía algo así porque este tipo de Rock arraiga mal en esa zona, pero lo que más me jodió fue enterarme de que, la noche anterior, la sala estuvo a rebosar de gente con un tributo. Sigamos así, apoyando solamente a quienes no toca, y terminaremos aniquilando la escena de bandas de verdad, como las que tocaron el sábado. Por suerte, aunque fuimos pocos, sabíamos a lo que íbamos: a darlo todo en una noche de Rock’n’Roll desenfrenado, melodías bien curtidas, feeling y electricidad a partes iguales.

Las peores expectativas se convirtieron en un hecho nada más cruzar las puertas. A lo sumo, unas 20 o 22 personas allí presentes esperábamos el comienzo de las actuaciones, dejando un aspecto terriblemente desangelado en la Marea. Así pues, la situación a la que se enfrentaba la primera banda, Estirga, no era nada fácil

Más o menos a la hora convenida, abría la banda eldense, que a lo tonto cumple ya casi 20 años de carrera si nos remontamos a su primera maqueta. Una banda que, desde sus inicios, ha tenido como propósito buscar un sonido distinto, sin reciclajes ni ataduras. Ciertamente, esa fue la impresión que me llevé al conocerles por primera vez, hace tan solo unos pocos días. Es inevitable encontrar en la voz de Alicia, su frontwoman, matices similares a los de la cantante Amaral, o bastantes reminiscencias del Rock de los 70 y 90 en el sonido más primitivo de sus cuerdas y tempos, pasando por el pop / indie español en sus melodías vocales… pero al margen de esos detalles, que tampoco se tienen que tomar al pie de la letra, podría compararlos con muy pocas bandas nacionales que haya escuchado anteriormente. Siendo totalmente sincero, y estrictamente por gustos musicales personales (sin poner nunca en duda su talento como músicos), no les pillé el punto en un primer contacto. Las sucesivas escuchas ya me resultaron más amigables, pero realmente fue en directo donde mejor logré conectar con ellos.

Estirga:

Creo en ti, de su único LP hasta el momento (“Maktub”) fue el primer corte en sonar, ante una audiencia tímida, y con la banda tanteando el terreno. Un buen primer paso, que además, mostró un sonido en directo muy fiel al del disco, con la distorsión bien medida, y sin desequilibrios entre instrumentos. Alicia Tenza se situaba en el la parte delantera del escenario, atrayendo de momento casi todas las miradas con sus esotéricos bailes, con los que se iría soltando sobre la marcha. Mientras que algunos apenas les conocíamos, otros sí cantaban sus letras e iban aportando movimiento abajo del escenario, algo que poco a poco se fue generalizando gracias al buen hacer de los músicos. Con mucha caña en la batería, J. F. Murcia abría para Eterna en la Luz, uno de los temas que más me gustan del disco. La ecualización era realmente buena y todo se distinguía muy bien, a lo que hay que añadir la perfecta dicción de Alicia, que al mismo tiempo, sentía con gran pasión cada estrofa que cantaba. Sin dejar de lado sus constantes movimientos, fluía de forma vez más natural por el escenario, igual que el bajista Javier Rubio, que se iba arrancando con el headbanging.

Para romper el hielo, la cantante se dirigía a nosotros. Lejos de pretender hacer un concierto discreto, para no resaltar el gran vacío de la sala, optó por la estrategia inversa: intentar ganarnos con su simpatía, levantando gritos a voluntad, y saludando con mucho entusiasmo. A su izquierda, el padre, el corazón y el motor de la banda, Vicente Bernabé, ponía también los coros en la siguiente Nuestro Reino, otra de las que acabaron enganchando, tanto por sus geniales melodías, como por esa potencia extraordinaria que le imprimió Murcia desde la batería. Cada vez resultaba más espectacular verle tocar, con una gran pegada y mucha espontaneidad. Tampoco olvidaron su EP “Dosmildoce”, del que extrajeron la siguiente Mercurio y Sangre. Para darle cohesión con el disco, Alicia tiró de megáfono en las primeras líneas, acompañada por esos arpegios tan a lo Héroes del Silencio por parte de Vicente. Nada que deba extrañarnos, por otra parte, ya que la banda ha compaginado desde los orígenes de su carrera temas propios con discos y versiones en homenaje a una de las más grandes bandas de nuestra historia.

Con aspavientos más tajantes por parte de Alicia, y unos cambios de ritmo bastante marcados, Julius fue una de las presentaciones más cañeras y ruidosas, contrastando con la sutileza y elegancia de Vicente Bernabé. El tema fue coronado por un gran aplauso (teniendo en cuenta los pocos que éramos), muy bien recibido por la banda, que cogió fuerzas para regalarnos temas como Me Llamas Loca (con la ayuda de un piano disparado), o la bailable En el Abismo, estrenada como single en 2021. Manteniéndose dentro de su saber estar, Vicente destacó por su pulida y refinada técnica a la hora de tocar, por la gran cantidad de detalles en sus cuerdas, y por apoyar a Alicia con unas armonías que empastaban a la perfección. También Javier iba moldeando el sonido de su bajo a través de su pedalera, para meterle ese punto de fuzz tan necesario en algunos de sus temas, y soltándose la melena con sus movimientos y arqueos constantes. También del “Dosmildoce”, y entre mucho humo escénico, sonaba No estarás. Alicia, que ya nos vio más metidos en el concierto, se atrevió a pedirnos incluso una ola, y contra todo pronóstico, la cosa funcionó de maravilla. Con una voz deliciosa, mucho carisma e irradiando unas vibraciones muy positivas, cercanas y sinceras, acabó por conquistarnos a tod@s por méritos propios.

Presentando a sus compañeros en mitad del tema, incluso vimos en Vicente alguna sonrisa bromista, y tras culminar el tema, se despidieron de nosotros con una gran amabilidad. Fuego y luz, su más reciente composición, iba a ser (teóricamente) la encargada de poner punto y final a la actuación, con un rollo setentero muy guapo, mucho feeling por parte del guitarrista, y Alicia mostrándonos sus mejores bailes. El último tramo, una inesperada y potente subida de intensidad, habría sido idóneo para dar el adiós, pero ante la insistencia del público, aún descargaron un último bis, que estuvo acompañado por enérgicos coreos de tod@s l@s presentes. La parte vocal de Lejos de la Tempestad, en cuanto a afinación, fue impecable, y Murcia desató toda su potencia a las baquetas, mientras que Vicente se lució más que nunca con su solo, encorvándose al ejecutarlo. Todos ofrecieron su mejor faceta para que ese último envite nos dejase con unas muy buenas sensaciones. Y el aplauso que les dedicamos, fue el mejor ejemplo de que lo consiguieron.

No solamente salvaron la papeleta de tener que tocar y animar una sala prácticamente vacía, sino que además, consiguieron llevarse al poco público de calle con un directo estupendo y recomendable, que hay que enfocar con la mente lo más abierta posible.

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A pesar de que en pleno Alicante no es habitual pasarlo mal por el frío, afuera hacía un temporal de cojones, con un viento insoportable. Salimos a resguardarnos en uno de los huecos exteriores de la sala, pero no tardamos mucho en volver dentro. Echamos una birrita, calentándonos mientras la banda ponía a punto sus instrumentos, y poco después, vuelta al ruedo.

Segundo (y último) asalto de la noche, con las expectativas y la ilusión por las nubes. He de decir que, con vistas a empaparme por primera vez de su directo y preservar el factor sorpresa, no he llegado a ver ni un solo video en vivo. Pero aun así, algo me decía, basándome en su propia música, que Baja California iban a dejar el escenario en llamas.

Baja California:

Después de muchos meses intentando coincidir con ellos, al fin llegó el ansiado momento. Situándonos delante del todo, y escuchando ya la introducción (como si de vuelo a punto de despegar se tratase), uno a uno los músicos salían a escena entre una ingente cantidad de humo y luces oscurecidas. Simultáneo a la aparición de Manu Roz, el primer directo a la mandíbula correspondió a Caída Libre, acercándose este hasta el borde del escenario, y comiéndoselo a bocados. Más que hambre, aquello era gula. Un verdadero torbellino que, ahora se agachaba, ahora se ponía a correr o a saltar, a pesar de que el panorama no era demasiado propicio. Javi Hernández “Cete” nos apuntaba con el mástil de su bajo, orgulloso y sonriente, las luces estallaban cegadoras, y ya solo cabía desear un poquito más de volumen en el instrumento de Aarón Galindo, que en esta ocasión (al menos, en principio), tuvo que pelear en solitario a la guitarra. Su solo, petado de wah y pasión hasta los topes, subió aun más la temperatura en Buscando Más, que también tuvo la actitud de Javi por bandera, tocando sus cuerdas por delante y por detrás. Ambos se retaban con sus filigranas, y el buen rollo se extendía sin márgenes sobre las tablas.

Los coros de Galindo, por cierto, le dieron un cuerpo tremendo tanto a este como al siguiente tema, Blanco y Negro, continuando en la línea del “Horizontes”. Con el sonido ya mejor ecualizado (aunque sin llegar todavía al equilibrio del que gozaron Estirga), el solo entró como una erupción volcánica, y no hablemos ya de esos zambombazos que metía Gus Velasco, el batería actual de la formación. Lejos de amilanarse por la poca asistencia, Manu no se arrugaba ni cedía en su empeño, si acaso, se iba envalentonando más y más conforme avanzaban los temas. La respuesta del público, por suerte, fue a la par. Y es que tanto la actitud desafiante como el vozarrón de este tío son para caerse de espaldas, como demostró en Tiempo Suicida, que para mí, fue uno de los momentos álgidos del show. Y digo esto, cuando todavía estaba en pañales. Le siguieron Reina de Hielo, prácticamente sin detenerse ni a respirar, y El Mago, que personalmente me flipó por esa parte instrumental, tan técnica, y tan maravillosamente ejecutada en vivo. A la vista quedaba que teníamos un equipo de 10 ante nuestras narices.

Las flipadas eran constantes, Aarón pisoteando el monitor, Javi sacando pecho en primera línea, despatarramientos, intercambios de posiciones… y un Manu pletórico haciéndose el puto amo del escenario. Y para hostiazo de los gordos, esa Indomable, que caería a continuación, tocando una de las facetas que más me molan de Baja California, esas letras irreverentes, descaradas, arrogantes y llenas de mala virgen, con las que el cantante parecía identificarse a la hora de dejarse la voz y la espalda en ella. Y fijo que, de haber sido más tocho el escenario, el desmadre habría sido directamente proporcional. Tampoco podíamos obviar ese buen clima que se respiraba en el seno de la banda, los constantes gestos de compañerismo y bromas entre ellos, o los descacharrantes comentarios de Aarón, que ayudaban mogollón a distender el ambiente. Con la banda mostrándose tan cercana, a veces daba la sensación de que estábamos en una noche entre colegas, y oye, eso también tiene su punto. Siguiendo con la actuación, que aún quedaba mucho y muy bueno, llegó el momento en que el gran Manu Roz se colgaba la guitarra, y ahora sí, la potencia sonora alcanzaría su máximo apogeo. Ante la ausencia del guitarrista y fundador Javi Monge (por motivos de paternidad), Manu suplió su puesto con muchísima más solvencia de la que pude imaginar.

A-66 fue la primera con este formato, y cayó como un chaparrón eléctrico. Un tema que particularmente me encanta, y me recuerda mucho a la última etapa de Uzzhuaïa, melódica pero con mucha fuerza. Al tiempo, su estribillo y su universal mensaje fueron algunos de los más celebrados de la noche, encargándose el propio vocalista del solo de guitarra. Y lo mismo se puede decir de Mil Mañanas, guitarrera pero con un extra de sensibilidad perfectamente plasmado en directo, y acentuando otra de las principales señas de identidad del conjunto. Con un enorme desparpajo, Aarón apoyaba el pie sobre la plataforma de la batería, al tiempo que Gus la hacía retumbar a lo bestia, dejándonos finos para la siguiente Polvos Mágicos, del “Horizontes”. Con Javi y Aarón batiéndose en duelo, mástil contra mástil, ambos parecían venirse arriba con cada nota, y no se quedaba atrás Manu, que con su slider metálico le daba un rollazo muy particular al tema. No dejó de sorprenderme lo bien que manejaba el instrumento, también en ese final completamente desmelenado en donde hicieron temblar la sala.

Aprovechando el parón para que Aarón estrenase su nuevo ‘juguete’, Manu protagonizó uno de los momentos de más conexión entre banda y público de todo el show, y no fue a través de un nuevo tema, sino de un discurso desde la humildad, y la convicción que da creer en lo que uno hace. Lejos de lloriquear por la poca acogida del concierto, agradeció desde el corazón nuestra presencia, levantando un aluvión de aplausos casi sin proponérselo. No satisfechos con ello, aún nos brindarían seguidamente otro de los fragmentos más mágicos del show, tocándose esa ya de por sí nostálgica Años Atrás, pero en formato semi-acústico. Y os prometo que me llegó al alma escucharla en esas tesituras. El toque humorístico, para compensar, lo puso Aarón que, como en su propia casa, bajó hasta la barra para pedirse una copa, y tocó parte del tema desde allí. Asturianos tenían que ser, jejeje. ‘Vamos a continuar… ¡¡pero vamos a fuego!!’ nos gritaba Manu, afrontando ya la recta final, y fue en ella donde mostró su mejor cara: un auténtico ciclón imparable. Tirando de su último single hasta el momento, El Mejor Error, volvieron a subir las revoluciones al máximo, acompañados por otra sesión de palmas que brotaba desde el público y mostrando una excelente coordinación entre ellos.

Javi seguía desatando su chulería y aplomo habitual a las cuatro cuerdas, apoyándose constantemente en sus compañeros sin dejar de sonreír durante todo el concierto, y es que a estas alturas, la vergüenza se había desvanecido por completo. Echaban más leña al fuego, y alimentaban el espíritu festivo con la hardrockera Dueños de la Noche. La peña también estaba mucho más animada. No seríamos más de 30, pero armábamos el jaleo de 100 cada vez que Manu nos pedía acompañarle cantando, o subir esas palmas al ritmo que marcaba Gus con sus baquetas. Las descaradas poses de Aarón también dieron mucho juego, marcándose unos solos de puta madre y bien cargados de feeling. Anunciando ya su retirada, no podían hacerlo sin antes estamparnos en toda la jeta ese aplastante trallazo que es Electricidad. Uno de los retos vocales más difíciles para Manu, que brilló a un nivel sobresaliente, al igual que sus compañeros en esas partes instrumentales más complejas y virtuosas, dejándonos muy, pero que muy calientes en ese sprint final de infarto. Tanto, que insistimos en que continuasen tocando, pero desafortunadamente, el setlist no pudo dar para más.

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En esta noche, en mi tan esperado estreno con Baja California, la banda no solamente demostró que tienen un directo increíblemente enérgico y arrollador, sino que además, son capaces de venirse arriba incluso en las condiciones menos alentadoras. Y eso para mí, es motivo de puro y llano respeto incondicional. Seguidor ya era, pero a partir de este momento, podéis considerarme fan acérrimo de estos asturianos. Ahora mismo, lo que más deseo es poder repetir frente a ellos. Y que sea lo antes posible.

Cabe decir, por último, que el buen rollo y el apoyo entre ambas bandas fue más que evidente durante toda la noche, animándose mutuamente durante los conciertos, intercambiando camisetas... detalles que da gusto ver. Por nuestra parte, no demoramos en exceso la vuelta a casa. Tras despedirnos de mi colega Kike y su chica (con quienes fue un placer compartir y comentar el bolo), emprendimos el trayecto, durante el cual, tuvimos que lidiar con un viento y unos bandazos de coche terribles. Pero sin duda, esta ocasión tan especial pagó sobradamente el riesgo.

_|,,| JaviMetal (Is The Law) |,,|_

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