jueves, 15 de agosto de 2024

Leyendas... ¿del Rock? (Leyendas del Rock 2024, jueves 08/08/2024, Polideportivo Municipal, Villena)

Recuerdo, unas semanas antes de acudir al Rock Imperium 2024, celebrado en Cartagena el pasado junio, que los 26 o 27 grados de máximas que preveían los servicios meteorológicos me parecieron aceptables… hasta que llegué allí y me asé a la parrilla ya desde el primer día. No quería ni imaginarme lo mal que lo iba a pasar en este Leyendas, cuando a las susodichas temperaturas había que añadirle 10 grados extra para la ocasión. El primer día, miércoles, fue jodidamente devastador. Y no solo me refiero al extremo calor que asoló Villena aquella jornada, sino a la maratoniana retahíla de conciertos que fui empalmando, de principio a fin. Las insoportables temperaturas tampoco ayudaron, y el cansancio que acumulé fue mucho mayor de aquel con el que habitualmente suelo terminar cada día de festival. Y eso fue algo que me dejó K.O. al final del día. Aunque claro, comparados con los más de 45 grados que nos golpearon el año pasado… casi parecía algo llevadero. Sea como sea, había que seguir peleando hasta el final, vencer o morir, y el segundo envite de este Leyendas del Rock 2024, aunque para mí no era tan suculentamente apetitoso como el del día anterior, también ofrecía un buen puñado de bandas, algunas ya vistas, otras nuevas, que no dejaron de motivarme a darlo todo… y a seguir enlazando conciertos. El día anterior se nos unieron, a mi amigo Kurro y a mí, nuestras colegas Marta y Lucía, con quienes fue un puto placer compartir varios momentos de este festival. La cosa es que aquella mañana me desperté más fresco y dispuesto de lo que pensaba, pese a la enorme paliza en todos los sentidos. Y por supuesto, también me encontraría en Villena con muchos más colegas que le pondrían ese extra de salsa a la jornada.

Aun así, decidimos salir del pueblo con la hora prevista para llegar a la segunda franja de bandas, y llegar a Villena mientras terminaban los Celtian, que escuchamos de fondo mientras nos preparábamos y avituallábamos para salir al ruedo. Un buen chorrazo de crema solar, unas birras y unos whiskitos rápidos, y ‘p’alante’, como los de Alicante.

Dio Disciples:

Dio Disciples, más que una banda, es todo un homenaje a una de las mejores voces de la historia de la humanidad, el sin par y más que legendario Ronnie James Dio. Recuerdo con tristeza que, en la única ocasión que tuve de verles (aunque fue con una formación bastante distinta) fue en Wacken 2012, y debido al mierdoso clima, lluvia e insoportables condiciones, finalmente me los tuve que perder. Por lo tanto, otra espina que iba a sacarme en este Leyendas.

Fue un plato fuerte para empezar la ‘campaña’ de aquel jueves, sobre todo por el aluvión de temas, sobradamente conocidos para cualquier metalhead, que cayeron, interpretados por buenos músicos, algunos legendarios, y otros ‘encajados’ que simplemente cumplieron bien con su labor. Son incontables los tributos a todas las etapas de Dio que he visto ya en directo: Last in Line, Raibow in the Black, Law Maker, Rising… y fijo que se me olvida alguno. La verdad es que de tener que quedarme con alguno, lo haría con Last in Line, aunque este tuvo su miga. El show fue precedido por unas imágenes y música del pequeño gran hombre en pantalla. Y cuando el primer tema en sonar es la mítica Holy Diver, a todo volumen, y con una ecualización bastante digna, uno sabe que a partir de ahí la cosa va a ser un no parar de gozar. Además, disfrutar del concierto con mi colega Pablo fue todo un aliciente. Salía Joey Belladona, sonriente y animado, y en este primer corte nos ofreció, sobre todo, una buena ración de tonos graves, que iría ampliando y calentando en la siguiente, The Mob Rules. La mayor pega con el sonido, de momento, recaía en la guitarra de Ira Black, que sonaba demasiado fuerte, aunque por fortuna, se fue normalizando. Como podéis imaginar, cada vez cantábamos más y más alto todos esos himnos, y es que es muy difícil resistirse a hacerlo cuando forman parte inseparable de tu vida.

Continuando con la era Black Sabbath / Dio, para Children of the Sea, abandonaba Belladona el escenario, dando paso a su compañero Oni Logan (ex –Lynch Mob, entre otros), que hasta mucho tiempo después, no conseguí identificar. Muy cambiado de aspecto, pero eso sí, cantando bastante bien, mejor, de hecho, que el vocalista de Anthrax, y defendiéndose sobre todo en los tonos medios y graves. Ira y Bjorn, a la guitarra y bajo respectivamente, ejecutaban esos cruces de mástiles, y constantes gestos entre ellos que denotaban buena química. El bajo, de hecho, fue uno de los instrumentos que mejor se escucharon, junto a la batería del respetado Simon Wright. Cambiaban de época, pasando a Rainbow, con dos temas entrelazados como fueron Catch the Rainbow, coronada con unas estrofas de Stargazer al final. Durante esta, también se unió Belladona al show, y pudimos comprobar, al fin, lo bien que funcionaban juntos ambos vocalistas. Ni que decir tiene que escuchar estos últimos cortes fue puro ensueño, y todo el mundo les disfrutó una burrada. Es muy difícil fallar cuando se tienen tantos y tantos temazos a escoger. Al mismo tiempo, recibíamos la sombra del escenario, que junto al vapor de agua que nos llegaba de las ‘carchers’, nos daban más vida aún para seguir saltando con otras como Long Live Rock’n’Roll, que no podía faltar bajo ningún concepto, y mi mayor alegría a nivel de setlist, Man on the Silver Mountain, enlazada nota con nota con la anterior. Eso sí, y especialmente en estos temas, me faltó ahí mucho rango y profundidad, y es que aunque ambos se esforzaron, creo que sencillamente no fueron los más apropiados para interpretar a Dio…

Fueron canciones que ya escuchaba en mi casa cuando todavía no sabía prácticamente ni andar, y eso también es algo que supone un buen riego de nostalgia. La suprema elegancia de Scott Warren quedó bien patente en ellas, con unos solos de teclado rebosantes de clase, que combinó con los del rubio Ira Black. Tan solo un compás del gran Simon Wright, y ya estábamos todos levantando nuestras voces y puños hasta el infinito, entonando la melodía de otro gigantesco clásico como es el Heaven and Hell, que también empalmaron sin descanso con la anterior. En los riffs ‘made in Iommi’, y en el solo, Ira Black tuvo aquí un marcado momento de protagonismo, pese a ser un guitarrista que no fue extraordinariamente espectacular ni brillante. Si acaso, eché de menos algo más de volumen (aunque los escuché bien) de los teclados de Scott Warren, pero como ya digo, la mezcla sonó mejor que en la gran mayoría del resto de conciertos. Se dirigía a nosotros Belladona, presentando a sus compañeros, antes de lanzarse de cabeza, junto al resto, con Rainbow in the Dark, dominando, aquí sí, los teclados de Warren. La batería de Simon se estrellaba en nuestro pecho, y ambos vocalistas combinaron sus habilidades, uno de ellos junto a Ira, el otro junto al bajista Bjorn, dejando el tema bordado para alegría y estruendo del público, que cantó sin cesar hasta la última frase. Se merecían una buena tanda de ‘oes’, y eso mismo fue lo que les ofrecimos para despedirles.

La mayor decepción del concierto, para mí, fue que la formación no contase con más músicos del universo Dio. Por ejemplo, Craig Goldy, que teóricamente sí forma parte de la banda, habría sido la rehostia, o Vivian Campbell, por pedir. También había muchísimas mejores opciones al bajo, un Jeff Pilson, o un Rudy Sarzo, sin ir más lejos. Pero bueno, esto fue lo que hubo, y en general, yo disfruté bastante de la actuación.

Coincidiendo con dos grandes sabios y veteranos de guerra como Juan y José (padre y tío respectivamente de mi amigo Aitor Navarro), mi colega Pablo y yo nos acercamos, hasta el siguiente concierto, que se celebraría en el renombrado escenario New Rock. Tras unas charlas de las que molan, y mucho cachondeo, nos situamos bastante delante, aprovechando que el escenario estaba moderadamente vacío

Unto Others: (crónica también disponible en RAFABASA.COM)

Nunca se puede estar seguro de qué banda va a dar el gran campanazo, o de cuál va a ser la mayor sorpresa de un festival, hasta que no se ve y se disfruta su directo con los propios ojos. Es precisamente lo que me sucedió con Unto Others. Les había escuchado, me gustaron mucho, les tenía ganas… pero aun así, su concierto me rompió todos los esquemas, superando con creces mis mejores expectativas. Y creo que no fui el único. Una propuesta realmente distinta y chocante, mezclando en un mismo estilo retazos de Rock/Metal gótico, con influencias que podrían ir desde The Cult o Sisters of Mercy, a To/Die/For o la época más sombría de Tiamat, con sonidos mucho más cercanos al Heavy Metal. Y todo ello con una calidad realmente soberbia en cada uno de sus temas. Sus ganas de gustar y hacer bien las cosas quedaron patentes desde el principio. No hubo excesivas introducciones, ni siquiera fase de calentamiento. Salieron a por todas, dando el 100% ya con Nightfall, de su primer álbum “Mana”, desatando toda una exhibición de vitalidad y energía sobre el escenario. Mirases donde mirases, todo era movimiento perpetuo, carreras, saltos y vueltas, como aquellas que daban continuamente Brandon Hill y Sebastian Silva, al bajo y guitarra respectivamente. Y es que, literalmente, estos dos no se concedieron un solo respiro en la siguiente Butterfly, cambiando sus posiciones, dando patadas al aire, subiendo y saltando de la tarima de la batería… un show en mayúsculas de principio a fin.

Mucho más apaciguado, pero cantando de fábula con esa voz tan personal, Gabriel Franco se mantenía siempre en el centro, empuñando su guitarra y encargándose también de las cuerdas limpias (que al principio, sonaban bastante desagradables, por cierto). Ante tamaño ejercicio de entrega, el público no tardó en responder con puños levantados y headbanging, tal como caían más temas. La cañera batería de Colin Vranizan nos hizo disfrutar en Why, también esas guitarras limpias, ya mejor ecualizadas, de Gabriel, que le terminan de dar el toque distintivo a su música. En conjunto, no sonaron del todo mal. Lo único, algunos instrumentos deslucidos en los primeros temas, y sobre todo, un volumen muy mal calibrado, muy incómodo, que me dejó molestias en un oído para el resto del día. Double Negative, con Colin machacando a gusto, y sobre todo, Give Me to the Night, fueron algunas de las más cantadas. El tremendo ímpetu que se vivía sobre las tablas nos iba cautivando, y a mí me flipó especialmente el comportamiento de su guitarrista Sebastian Silva. Sus pasos, gestos, saltos, ademanes, y su forma de tocar tan virtuosa, te metían el fuego en el cuerpo, sobradísimo de un talento y actitud desbordantes. Can You Hear the Rain, por ejemplo, sí bajo un poco la aceleración, con registros más góticos y oscuros. Los arpegios limpios por parte de Gabriel, y el solo final de Sebastian, acercándose a nosotros, fueron los puntos más destacados. Fue prácticamente la única concesión a la tralla en todo el setlist, que continuaba a todo gas con Time Crushes All. Sobre todo me refiero a Colin Vranizan tras los parches, una máquina de aporrear cajas y bombo que, por suerte, sonaban bastante decentes.

Ni siquiera necesitaron ser excesivamente comunicativos para agradar. No querían perder un solo minuto de actuación, y fue uno de los intervalos más exprimidos que vi en todo el festival. Seguidamente, se encararon todos hacia la batería, para volver a explotar con When Will God's Work Be Done. Impecable la labor vocal de Gabriel, con voces ultra graves (y sus gafas de sol siempre puestas), mientras Brandon y Sebastian seguían cruzándose, corriendo y luciendo melenas por detrás de él. Y por supuesto, mostrando virguerías y ostentosidades técnicas cada dos por tres, tal como lo hacía el batería en esas partes letales en Raigeki, muy pulidas. La base rítmica funcionó como la seda en Heroin, sin que ambos músicos dejasen el headbanging, y acompañados siempre por idéntica pasión, combinaban sus punteos Gabriel y Sebastian en Jackie, extraída de su primer disco, “Mana”, el mayor protagonista del repertorio. No había más que echar un vistazo alrededor para darse cuenta de que la gente estaba disfrutando una burrada, y nos tenían convencidos al 100%. Los dos últimos trallazos correspondieron a la contundente y pesada It Doesn’t Really Matter, donde ya se escuchaban mucho más integradas las guitarras limpias de Gabriel, y Dragon, Why Do You Cry?, un tema muy, muy especial para cerrar que nos hizo echarnos los últimos bailes. Porque a pesar de esta mezcolanza de estilos, en principio extraña, de la que hace gala su música, la gran mayoría son temas que entran sin ningún esfuerzo, y se disfrutan muchísimo en directo. Y esto último me quedó clarísimo en este Leyendas del Rock. De verdad, ojalá vuelvan a contar con ellos. Junto a Dio Disciples e Ignea, para mí lo mejor del jueves.

Sonata Arctica: (crónica también disponible en RAFABASA.COM)

A la carrera, tras terminar el concierto de Unto Others, me dirigí hacia el escenario Jesús de la Rosa donde ya había comenzado, hacía 10 minutos escasos, la actuación de los finlandeses Sonata Arctica. En esta ocasión, hablamos casi de unos veteranos del Leyendas del Rock, siendo esta ya la tercera vez que aterrizan en él. Cientos de personas les veían, escondiéndose de los últimos rayos de sol, en uno de los conciertos más abarrotados hasta el momento. Este fue, para mi gusto, algo irregular, combinando momentos de gran intensidad, especialmente en su último tercio, con intervalos mucho menos lustrosos. Repasaron varios de sus discos, conformando un setlist que en general me dejó un tanto frío, aunque me gustó más que en anteriores ediciones, bastante más movidito. Sea como fuere, acabé disfrutando de unos músicos muy virtuosos y un sonido bastante bueno, al menos, desde donde yo estaba. Dark Empath, de su último trabajo “Clear Cold Beyond”, fue la primera que vi (imagino que tampoco habrían tocado mucho más). Con la misma disposición en los músicos que la última vez que nos visitaron en este pasado Zurbarán Rock 2024, la batería de Tommy Portimo ocupaba la posición derecha en el escenario, mientras sobre la tarima izquierda, se erigía el teclista Henrik Klingenberg. Con bastante facilidad, empezaron a levantar coros y cánticos desde el las primeras filas hacia atrás en el siguiente tema, la ciertamente adictiva y bailable I Have the Right. Con su keytar en ristre, Henrik Klingenberg se movía con mucha soltura por el escenario mientras tocaba, acercándose a sus compañeros, aunque en otras, como las siguientes, prefirió quedarse ‘en la base’.

Pisaban el pedal y la cosa cogía otro color con The Wolves Die Young. Tal vez aquí sí noté cierta falta de fuerza en la guitarra de Elias Viljanen, pero eso sí, las voces sonaban muy transparentes (tanto la de Kakko como los coros de sus compañeros), y la batería como un cañón, algo que se hizo patente en temas como California. Con doble pedal a gatillo, sonaba el tema más rápido del último disco, destinado a tener su sitio en el setlist durante muchos años. Reconozco que hace muchos años, desde el “Reckoning Night”, que solo me han enganchado temas sueltos de su discografía, pero este reciente “Clear Cold Beyond” me ha hecho más ‘tilín’. Los fulgurantes duelos de guitarra y tecla, peleando por ver quién era el más virtuoso de los dos, nos llevaron hasta Angel Defiled, otra nueva, con cierto regustillo del salvaje oeste en su apertura a cargo de estos dos últimos músicos. La melodía es algo tontorrona… pero tiene cierto gancho y posibilidades de colaboración en vivo. De nuevo, Henrik cogía su keytar en ella, pero volvería a su puesto para abrir, con bonitas notas de piano, Tallulah, para ponernos tiernos. Aunque no es demasiado exigente, para mí fue una de las mejores interpretaciones de Tony Kakko, cantando con muchísimo feeling y con muy poco acompañamiento, más allá del piano y nuestras solemnes voces. Por cierto, me gusta mucho la melena casi blanca que luce actualmente. Solo hicieron falta dos o tres notas del siguiente arpegio de guitarra para levantar miles de manos en el aire. Replica es uno de sus temas estrella en cualquier directo que se precie, y no podía faltar aquí.

Tanto Kakko, como Elias y el bajista Pasi Kauppinen, se sentaban en plan relax durante los primeros compases, pero encenderían el fuego hacia el final, acompañados por unas teclas vertiginosas, que junto al bajo, tenían ahora un sonido destacadamente bueno. A continuación, se hizo el vacío en el escenario, permaneciendo solo el teclista, que se llenó de gloria con las primeras notas de la esperadísima FullMoon. Es otra de las que no pueden omitir en sus sets, y sin duda, la más triunfal del show, cantada a mil voces, y animada con otros tantos puños en alto, tanto, que incluso en el estribillo silenciaban sus instrumentos para escucharnos. Para mi sorpresa, Tony Kakko se defendió muy bien con las partes agudas, y desde detrás, aparecía el teclista con su keytar para tocar su solo bien cerquita. En un noble y necesario gesto, el vocalista tomaba unos minutos para recordarnos la importancia que tiene apoyar a las bandas en directo para que nuestro mundo siga vivo. Algo sobre lo que jamás hay que dejar de crear conciencia. Como regalo final, esa Don’t Say a Word puso el recinto patas arriba, enloqueciendo al personal que saltaba sin cesar, incluyendo partes frenéticas de doble bombo, buenos coros, y las voces pregrabadas del estudio. Aunque para mí, también fue el momento de la decepción, al darme cuenta que, al contrario de lo que pasó en Burgos, no iban a tocar mi tema favorito, The Cage. Para terminar con humor, se entonaron aquello de ‘we need some vodka’, en una recta final híper acelerada con la clásica melodía hebrea Hava Nagila.

Después de tres conciertos sin respiro, y aprovechando los 50 minutos que separaban los conciertos de Sonata Arctica y Ankhara, mi siguiente objetivo, me retiré hacia nuestra base de operaciones (básicamente, furgoneta y toldo jeje) a sentar el culo un rato y refrescarme el gaznate con unas birras. Sinceramente, ni me da la gana, ni me puedo permitir pagar un litro de cerveza o kalimotxo a 9 eurazos, y de hecho, no lo hice en todo el festival.

Ankhara:

A lo tonto, me encanté por el camino, charlando con este y con aquel (¡saluditos a mi colega Ana!) y todavía llegué con concierto de Ankhara empezado, aunque no podían llevar mucho tiempo tocando porque me retrasé solo 5 minutos… En cualquier caso, cuando llegué, ya tenían a todo el escenario pequeño pendiente de ellos. El sonido, para variar, distaba mucho de ser bueno, aunque era medianamente tolerable. Demasiado Tarde rebotaba ya en los cuatro confines del recinto, con la gente cantando a grito pelao, siguiendo la voces que compartían Pacho Brea y Cecilio Sánchez. Justo al otro lado, implacable, Alberto Marín se comportaba ya como la bestia de escenario que es, balanceando y sacudiendo su guitarra con furor. Pacho calentaba su voz a cada nota, y escalaron a otro nivel con Un Paso Más. El motor rítmico del grupo está formado a día de hoy por dos músicos enormemente solventes y talentosos como el bajista Daniel Criado (también en Lords of Black) y Matt de Vallejo (Dulcamara, Mónica Naranjo, Zero3iete…). La batería de este último, heavy y contundente, nos ponía de nuevo el cuello en marcha en Hasta el fin, cuyas primeras notas ya levantaron un auténtico mar de voces entre el público. Pacho, de lado a lado, no perdía un ápice de voz en sus carreras, y ese solo turnado entre Cecilio y Alberto quedó como muestra de lo bien que se coordinan ambos, acompañando también al vocalista con sus coros. Alberto, en particular, es la pasión personificada, retorciéndose y agitándose como un animal durante todo el concierto. Nunca le he visto parar quieto, y es un guitarrista al que admiro desde hace muchísimo tiempo.

Y Cecilio… qué decir de él. Siempre brillante a las seis cuerdas, rápido y preciso, puliendo cada solo y cada riff sin dejar de lado su enorme actitud (nunca olvidaré cómo me flipaba su melena cuando era un crío jeje). Continuando con el setlist, era la hora de la poderosa No Mires Atrás, que tuvo como invitado sorpresa a Tete Novoa. Ambas voces se compenetraron de lujo, haciendo gala también de sus respectivos grandes carismas. Tete hizo piña con todos los músicos, se lució todo lo que pudo, y se lo pasó en grande, como nosotros a la hora de corear y saltar con el tema. Pacho pasaba el testigo de la comunicación a Alberto, que nos hablaba sobre la celebración del 20 aniversario del “Dueño del Tiempo”, disco que iban a tocar prácticamente entero. Lo cual, por otra parte, tampoco es una gran sorpresa, ya que llevan integrándolo en el setlist desde su regreso a los escenarios, en el año 2013. Pero esto último es algo independiente del nivel al que disfrutamos. No negaré que me habría encantado escuchar más material del “Sombras del Pasado”, y me cabreó un poco que no hubiese representación de mi disco favorito (el “II”), pero bueno, tenemos muchísimos años por delante para verles mil y una veces más. Mente atormentada fue el primer tema que compuso la banda, y sigue siendo una de las grandes ganadoras en directo. Las palmas marcaron el arranque, junto a ese bajo cabalgante de Dani, que por cierto, se escuchaba bastante bien, al igual que la voz de Pacho.

Al menos, para la ocasión tuvimos el placer de escuchar un par de temas que no son tan habituales en sus conciertos, como Junto al Viento, destacando en ella la actuación de Cecilio, que demostró con creces que sigue siendo un grande de la velocidad. Pacho descansó bastante de agudos, comparado con otros conciertos que les he visto. Se mostró más comedido en temas como En Mis Manos (un tema muy personal para él), pero eso no significa que no lo diese todo, tanto a nivel vocal como escénico, encandilando cada vez más a sus seguidores, sudando la gota gorda, e incluso grabándonos con su teléfono. Matt también se empleó a fondo en ella, y en otra de las menos habituales como Nunca Mueras Por Un Sueño, donde su instrumento sonó muy pesado y vigoroso. Al mismo tiempo, Alberto y Cecilio batían sus melenas, también Dani, a quien se le vio bastante motivado e integrado. Aquí se mostró también la mejor versión de Pacho, que se lució con sus agudos en partes límite, mucho mejores incluso que los que grabó en su momento. Con ella, ponían punto y final al repertorio del “Dueño del Tiempo” (solo quedaron fuera, a no ser que las tocasen antes de que yo llegara, Aquí estoy y Frío Infierno). Lo que quedaba, era fácil de adivinar. Como siempre, Acordes Mágicos lo puso todo del revés, con todos sus fans cabeceando ese frenético ritmo marcado por Matt, y cantando a pleno pulmón el estribillo. Alberto y Dani dieron el resto, hombro con hombro, y Pacho se empeñó en seguir haciéndonos cantar hasta que no nos quedase voz, unos cánticos que pusieron un final de lo más emotivo al show. Siempre es un placer estar frente a ellos, ¡y por muchas más veces que sean!

Ignea: (crónica también disponible en RAFABASA.COM)

Su caída del cartel el pasado año me dejó un vacío que nadie pudo suplir, una decepción terrible ante una de mis actuaciones más esperadas. Las malditas guerras, como siempre, tiene daños colaterales, y esto no fue una excepción para con los músicos de la banda, que se vieron forzados a cancelar su concierto. Es por ello que desde aquí lanzo un enorme agradecimiento al Leyendas del Rock por haber contado con ellos para este 2024. Lo que no es en absoluto de agradecer fue el nefasto sonido que tuvieron (y tuvimos) que sufrir en su concierto. Como sucedió en muchos, con el avance de este, el desastre se arregló ligeramente, pero en general fue algo que deslució injustamente una actuación que, por otra parte, fue puro fuego, como indica el nombre de la banda. Ignea mezclan un Death Metal rudo y contundente con guitarras muy pesadas, voces limpias y melodías orientales que son su principal seña de identidad. Quedé absolutamente prendado de ellos en un concierto en Madrid, en 2018, y no podía esperar a repetir. Desde las primeras filas (no había demasiada gente), disfrutamos el arranque con la fantástica Dunes, en la que hacen gala de todas esas influencias folclóricas en su estilo, especialmente a través de la melodía que nos disparaba Evgeny Zhytnyuk desde sus teclas. Con la orgullosa bandera ucraniana colgando del soporte del micrófono, rápidamente la pequeña gran Helle Bogdanova imantó todas nuestras miradas, combinando con mucha soltura guturales y voces limpias. A pesar del horrible y roñoso sonido (las guitarras no se escucharon absolutamente nada en este primer corte), no desfallecieron, y arremetieron con más furia todavía con Camera Obscura. Helle es una vocalista que posee un magnetismo tremendamente especial.

Su voz en modo gutural no posee un solo atisbo de timbre femenino, contrastando con la dulzura de sus registros limpios, y su forma de desplazarse por el escenario es absolutamente hipnótica, tanto como sus preciosos ojazos. Y cuando se pone en plan salvaje, no duda en retorcer el cuello como si no hubiese un mañana, algo que le vimos hacer constantemente en la siguiente Daleki Obriyi. Esos teclados ligeramente progresivos también son marca de la casa, junto a las partes más técnicas en la batería de Ivan Kholmohorov, que fue a por todas desde el minuto uno. Un corte más moderno en el que ninguno de los músicos dejó de intercambiar posiciones con el resto. En unos segundos de respiro, Helle Bogdanova se dirigía al público para agradecer su apoyo en los duros momentos por los que pasa su país, pidiendo que les acompañemos hasta la victoria final. El siguiente tema habla sobre un espíritu maligno que habita en las montañas, el Bosorkun. Emplearon aquí unas bases de coros pregrabadas, y seguidamente, ya pudimos escuchar con más calidad las contundentes guitarras de Dmitry, que no dio ninguna tregua a sus cervicales. Tampoco Ivan la dio a la hora de castigar sus platos, ni Helle con sus agresivos guturales. En Magura’s Last Kiss, destacaron sobre todo las voces limpias de Helle, que seguía fluyendo por el escenario, como etérea, lanzándonos continuas y enigmáticas miradas, y cantando con muchísimo sentimiento. No iban a faltar tampoco temas de su primer disco “The Sign of the Faith”, lo primero que grabaron bajo el nombre de Ignea (antes se hacían llamar Parallax, manteniendo intacta la formación desde entonces). El primero de ellos fue el potentísimo Şeytanu Akbar, que abrió con cuerdas étnicas pregrabadas, para explotarnos en la cara con guitarras de afinación gravísima, toscas y brutales, pero también llenas de detalles y punteos bien integrados.

Sobre el escenario, todo melenas y headbanging viviendo la pasión del momento. No sé si estoy en lo cierto, pero creo que Helle llevaba voces dobladas de fondo. Llegábamos al ecuador del concierto, y la cosa estaba muy caliente. Sonido chusco, con el que era muy difícil apreciar detalles, pero de momento, una actuación de sobresaliente alto, que proseguiría con un tema del segundo disco “The Realms of Fire and Death” llamado Gods of Fire. Antes de darle cera, miraban todos hacia el batería, y con el primer golpe, volvieron a desperdigarse por el escenario, con la actitud y la energía como nota dominante. Helle, más que nunca, recorría el escenario con pasos hacia atrás, bailes, saltos y vueltas, de forma fluida, improvisada, elegante, y con un carisma hechizador, haciéndonos llegar toda la magia oriental de temas como Jinnslammer y sobre todo, Alexandria, una de las mayores sorpresas y alegrías del setlist, ya que hacía 2 años que no la incluían. Era difícil decir cuál de los músicos se lo estaba pasando mejor… pero el entusiasmo de las primeras filas tampoco se podía tomar a la ligera, con todo el mundo agitando la melena al ritmo de esas lacerantes guitarras y estruendosos golpes. Querían darlo todo hasta el final, y Nomad’s Luck fue la mejor demostración, con más carreras, riffs explosivos e incluso partes de blast beat, desatando unos mosphits que se mantendrían en el siguiente y último tema, la más conocida Leviathan. Con el puño bien alto, y con muchísima gratitud, les despedimos y les deseamos la mejor de las suertes para el futuro. Espero que el deseo que Helle nos contaba al principio del show, se haga realidad. Y sobre todo, espero que puedan volver a visitarnos muy pronto.

Dimmu Borgir:

Los titanes noruegos fueron uno de los ejemplos más perfectos de cuántas bandas nos puede traer el Leyendas en calidad de cabezas de cartel, sin tener que recurrir a lo de siempre, ni tener que apostar por bandas modernillas. A pesar de practicar un estilo, digamos, poco popular por aquellos lares, los capitaneados por Shagrath y Silenoz tuvieron delante una asistencia masiva. Tanto, que a mi regreso del concierto de Ignea, que se solapaba 15 minutos, me tuve que conformar con una posición relativamente alejada del escenario. Por lógica, también llegué tarde, justo en la recta final instrumental de Stormblåst (¡maldita sea, no!), en la cual ya puse el cuello ‘a trabajar’. Porque lo cierto es que, aunque no era realmente del todo bueno, el sonido me llegaba con una contundencia a la que era difícil resistirse, y cada vez más gente a mi alrededor se contagiaba con la fiebre del headbanging. La demoledora batería en Dødsferd, siguiente en caer y también del “Stormblåst”, también incitaba a doblar la espalda cosa fina, y las erupciones de humo, la desmadrada iluminación y los cabezazos de Silenoz, a la izquierda del vocalista, ponían el resto para que el concierto fuera ‘in crescendo’ de intensidad. La misteriosa presencia de Shagrath, entre luces verdes y oscuras sombras, se erigía en primera línea de escenario, cada vez más amenazante, y se encargaba de presentar algunos de los temas. Dimmu Borgir es una banda que ha experimentado una enorme evolución, desde su estilo más crudo y primitivo, a una sonoridad mucho más sinfónica y accesible incluso para público ajeno al Black Metal.

Como suele suceder, esto es un arma de doble filo en muchos aspectos, pero lo que no se puede negar es que dieron un show que fue un auténtico espectáculo. El batería Daray abría con saña, y cambiando constantemente de ritmo, para The Chosen Legacy, un tema que sonó mucho más actual. Su compañero Victor Brandt, que ocupa el puesto de bajista actualmente, se adelantaba para vernos de cerca alzar los puños, tocando con bastante devoción su bajo de 5 cuerdas. Las bases rítmicas, desde luego, sonaron como un puto cañonazo en los temas que seguían sonando sin descanso y con muy pocos parones, como Ætheric y sus asesinos blast beats, y sin bajarse del tren de su último disco “Eonian”, Council of Wolves and Snakes contó con la presencia de un timbal en medio del escenario acompañando a Daray en sus labores, otorgándole una contundencia extra a este último corte. Muy guapa la escenografía también: muros, arcos, y un majestuoso telón de fondo nos trasladaban a sus mundos de locura y desolación, al tiempo que llamas surgían del borde del escenario para redondear ese ambiente de pura maldad. Shagrath elevaba ahora una calavera de cabra, bajo un excelente juego de luces, y continuaba gritando como un poseso en Dimmu Borgir, único tema del set extraído de su “Abrahadabra”, que fue el último disco de la banda que escuché a fondo. Contó con samples de apoyo, unas buenas teclas que aquí lucieron especialmente bien, y esos siempre violentos cabezazos y golpes a las cuerdas de Silenoz, mientras era su compañero Galder quien se encargaba de los solos y las partes con más virguerías.

Me comentaron algunos que desde las primeras filas no se escuchaba bien, pero yo desde donde estaba sí percibía un sonido bastante potente, claro y compacto. Cristalina, desde luego, sonó Fear and Wonder, la introducción orquestal del “Puritanical Euphoric Misanthropia”, que fue un alegrón escuchar, prefacio a la descomunalmente brutal Blessings Upon the Throne of Tyranny, que volvió a ponernos calientes como perros con esa introducción a base de furiosos blastbeats y tremolos de guitarra a toda hostia. Entre tanto contraste rítmico, Shagrath se mostró más teatral que nunca, con continuos gestos, aunque sin separarse demasiado de su pie de micro. Y si hacía falta algo para terminar de reventarlo todo, esa fue Progenies of the Great Apocalypse, sin duda, la más triunfal de todo el concierto, con decenas, cientos de headbangings entre el público, al unísono. El teclista Gerlioz bordó esas partes de teclado, aunque fue una lástima que las voces limpias sonasen disparadas (era el añorado Vortex quien las cantaba en la grabación del disco). Entre esto, y las columnas de humo que emergían del escenario, la fiesta llegó a su clímax, aunque la banda ya se estaba despidiendo de nosotros, agradeciéndonos el apoyo, y regalándonos un último temazo de la talla de la imprescindible Mourning Palace. El vocalista nos llamaba a la guerra, a darlo todo, mientras Silenoz y Galder intercambiaban posiciones y el escenario se consumía en llamas y humo en los instantes finales. Es cierto que faltaron muchos temas (la ausencia más sangrante para mí fue Puritania, que hasta ahora siempre les he visto en directo), pero también es cierto que tiraron mucho de discos clásicos, y eso es algo que siempre se agradece.

Como dije al principio, este segundo día me encontraba pletórico de fuerzas, al contrario que el anterior, y tenía muchas ganas de ver, una vez más, a los infalibles Bloodhunter en directo, siempre con el temor latente de la posible catástrofe sonora al tocar en el escenario pequeño. La media horita que faltaba para su actuación la pasé apalancado bajo nuestro toldo, reuniendo ya las últimas fuerzas con un bote de birra en la mano, y esperando a mi amigo Kurro, junto a quien fue un placer disfrutar de los últimos instantes de aquella noche.

Bloodhunter:

Les tocaba clausurar el escenario pequeño, tarea nada fácil cuando ya se llevan dos días de pura tralla a las espaldas. Pero quien pensase que los gallegos (aunque actualmente residentes en Madrid) se iban a amilanar ante ese hecho… es que no les conoce ni pizca, o no les ha visto descargar su furia en directo. Desde luego, aquella noche no iban a dejar a nadie indiferente. El inicio ya fue todo un puñetazo sobre la mesa, por si alguien se estaba durmiendo en los laureles, con la salvaje A Twist of Fate to Come. La batería de Adrián Perales (una maldita bestia), retronaba en nuestros tímpanos como un bombardeo, y aunque desafortunadamente el sonido que tuvieron no fue bueno, fue de los instrumentos que mejor parados salieron. De un lado para otro, inquieta, y con su talento y agresividad escénica sin par, la imponente Diva Satánica se merendaba el escenario a golpe de headbanging, con una energía arrolladora que mantuvo en el siguiente tema, saltando ahora al “The End of Faith”, que tanto me flipó en su momento, con Let The Storm Come. Dani Arcos, como líder y fundador de la banda destacaba enormemente con sus continuos detalles en la guitarra, posicionándose junto a sus compañeros Guillermo (rítmica) y Fabián (bajo) para darse un buen homenaje de headbanging en el centro del escenario, desde donde nos veían calentarnos más y más. Con Still Standing Up, los riffs se tornaron incluso más agresivos (pese a que podrían haber sonado mucho más definidos…), y los rugidos de Diva nos llegaban hasta el mismo tuétano, empeñada en hacernos gritar y saltar a nosotros también, una frontwoman impresionante de la cabeza a los pies que nunca da menos del 100% en cada actuación.

Cambia de tesituras sin ningún esfuerzo, se mueve con la violencia de un huracán, y sabe perfectamente cómo hechizar al público en cada gesto. La peña empezó a soltarse de verdad con la demoníaca Spreading Your Disease, formando unos moshpit temibles pero muy disfrutados (aunque había algún gilipollas por ahí con muy mala sangre). Fabián, en un acto de pasión, bajaba el mástil hasta el suelo, y sus compañeros a las guitarras no se quedaban atrás en cuanto a entusiasmo. El recinto estaba bastante petado, aun coincidiendo esta actuación, en parte, con la de Hamatom. Seguían dando cancha a su último disco, “Knowledge Was the Price”, que ya vinieron a presentarnos a Alicante, hace un par de años, en su correspondiente gira. Ambos temas a continuación fueron muy bien recibidos, siempre con el Death Metal melódico por bandera, pero añadiendo alguna parte ligeramente más moderna. En Medea's Guidance vimos a Dani Arcos disfrutar muchísimo, un ensañamiento masivo de Adrián con su batería, un solo genial del que se encargó Guillermo, y por supuesto, una entrega descomunal de Diva Satánica, que quemaba energías sin ninguna mesura. Y de Nothing Beyond the Realms of Death me encantaron, sobre todo, esas partes más técnicas en la percusión, y cómo Dani y Guillermo se adelantaron a primera línea con la actitud bien crecida. Por primera vez, Diva Satánica se dirigía a su público, agradeciendo, y al mismo tiempo, pidiendo más jarana, algo secundado por la siguiente Never Let it Rest, saliéndose incluso de su registro para brindarnos esos gritos más heavys.

Entre palmas y gritos de ánimo, continuábamos a tope con ellos, apurando una noche en la cual All These Souls Shall Serve Forever fue una de las grandes estrellas. Muy, pero que muy bestia. Tanto, que el circle pit se expandía hasta límites inimaginables, siempre ante el cabeceo continuo con el que Dani, Guillermo y Fabián no daban tregua. Los tres se mostraron muy coordinados y motivados durante todo el show, algo que nos transmitieron continuamente con sus gestos y movimientos tajantes. Diva seguía calentando y provocando, cada vez con más frecuencia, aunque temas como The Eye of the Serpent o Possessed by Myself ya lo hicieran por sí solos. Pura adrenalina perfectamente encauzada por ese par de fenómenos a las bases rítmicas como son Adrián (que presentaba un absoluto dominio del doble pedal) y Fabián (elevando su mástil y pulsando a toda hostia). Más de uno acabaría molido a hostias en ese gigantesco moshpit, que continuó viento en popa en el envite final. Este correspondió a Embrace The Dark Light, en donde Adrián se volvió a salir de madre con esas raciones de blastbeats, y para cerrar, Bring Me Horror, en la que Diva nos retó a rompernos los cuellos. Los músicos se ponían a dar saltos al unísono, y al poco, Dani se bajaba del escenario, tocando la última parte del tema entre sus fans. A modo de despedida, la vocalista gritaba, muy orgullosa: ¡Somos Bloodhunter! Y desde luego, tiene muchísimas razones para estarlo, con bolazos de este calibre.

Tras esta demencial descarga entre pecho y espalda, también uno se podía ir a casa bien satisfecho, y así fue. Pasando de Leo (ya le veré cuando pueda, en mejores condiciones), recogí cuatro cosas de nuestro fortín, y con toda la ‘trupe’, salimos de Villena, sorteando algún que otro borracho por los caminos de la zona de aparcamiento, y también, por suerte, los controles de picoletos que había por segundo día consecutivo. Lo más vergonzoso de este asunto, es que no solamente les vimos en carretera, o fuera del recinto, sino también dentro, y además, cacheando a los asistentes indiscriminadamente. En fin… lamentable que esto suceda en un lugar donde la gente va a disfrutar, cada uno a su manera, a olvidarse de sus movidas, y nadie hace daño a nadie. La cosa es que por suerte llegamos ilesos a casa, y ya iba tocando un buen descanso. Nos lo habíamos ganado a pulso, y aquella noche creo que me sobé antes de tocar la cama jeje. Al día siguiente, más y mejor.

_|,,| JaviMetal (Is The Law) |,,|_


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