sábado, 17 de agosto de 2024

Leyendas... ¿del Rock? (Leyendas del Rock 2024, sábado 10/08/2024, Polideportivo Municipal, Villena)

¡Se acabó lo que se daba! Eso es lo que estaríamos diciendo hace solo unos pocos años, en cualquier Leyendas pre-pandemia, a estas mismas alturas. Entonces, el formato del festival era de tres días, existiendo un cuarto a modo de fiesta de presentación, pero muy light, con solo un escenario, las típicas bandas populares (la mayoría nacionales) y más vistas que el tebeo, y entrada gratuita o a precio reducido en los últimos años. En este, uno de los principales cambios, en ese sentido, ha sido transformar el primer día (el día “zero”, que me gustaba llamarlo a mí), en una jornada completa más, con todo al 100%, mismo número de bandas que el resto de días, de un nivel de homogéneo al resto, y los tres escenarios funcionando a pleno rendimiento. Y por supuesto, nada de entrada gratuita ni barata, lo cual, por una parte elimina el público casual, aunque por otra, cierra las puertas a todos aquellos ‘del rollo’ que año tras año solo podían acudir a dicha fiesta de presentación, por motivos económicos, o lo que sea. El tema es que si el Leyendas siempre fue, desde sus inicios, un festival realmente duro, por el insoportable calor de las fechas, y por su nefasta zona de acampada en instalaciones en general, este año nos dejó a la gran mayoría absolutamente deshechos. Llamadme loco, pero casi preferiría que volvieran al antiguo formato, que recortasen bandas, y que lo compactaran todo un poco… Pero en fin, es lo que hay, aquí está claro que se viene a pelear, y a darlo todo, a muerte, hasta que las piernas te mantengan en pie. También es cierto que, al final, por muy hecho mierda que uno esté, el tiempo se acaba pasando demasiado rápido. Es la eterna magia de los festivales.

De momento, tocaba afrontar la última de las cuatro jornadas con ganas, exigiéndose un extra de motivación y de vivir el momento, ya que al día siguiente, todo se convertiría de nuevo en la gris realidad. A pesar de que este era, con mucha diferencia, el cartel más flojo de los cuatro días, había nombres muy interesantes y apetecibles, pero por encima de todo, estaba la que para mí era, junto a Royal Hunt, la principal razón para acudir a este Leyendas del Rock 2024, que no eran otros que mis idolatrados argentinos Rata Blanca. Afortunadamente, tocaban ya hacia el final, lo que me mantendría extra-motivado, y debo añadir que en este cuarto día volvía a encontrarme casi al 100%.

No quisimos bajar a la hora de Equilibrium por la puta locura de calor que hacía, y porque convenía ahorrar algo de energías (ya les he visto varias veces, incluyendo hace un par de años en el Rock Arena). Sin embargo, el siguiente en la lista sí despertaba un gran interés en mí. Una banda que, ocasión tras ocasión, y por unos motivos u otros, siempre se me ha terminado escapando. Hablo de los nórdicos…

Týr:

Como no podía ser de otra forma, una introducción épica, grandilocuente, sonaba a todo volumen precediendo su entrada en escena. Con un telón de lo más vistoso, pero sin ningún otro adorno escénico, los naturales de Dinamarca iniciaban su particular batalla vikinga sobre el escenario, y se preparaban situándose todos de cara al batería Tadeusz Rieckmann. Escogían para ello el tema By the Sword in My Hand, que, si bien no fue el más potente, ni el más rápido de su discografía, sí es uno de los más representativos a nivel musical, y su melodía rimbombante y estribillo ya despertaron los primeros ‘¡eh!’ ‘¡eh!’ por parte del público, algo bastante meritorio tratándose de aquellas primeras horas de la tarde. El vocalista Heri Joensen, se mostró muy comedido, casi apagado en los primeros fraseos, saliendo solo a flote su voz durante el estribillo. Luego iría animándose más durante la siguiente Dragons Never Die, más guerrillera y poderosa, con más carga de doble bombo y coros por parte del bajista Gunnar Thomsen y el guitarrista Hans Hammer, que elevaron también los nuestros desde el gentío. Cada vez más peña se acercaba a verles, amparados por la sombra que proyectaba el escenario. Tras el machacón final, Heri se arrancaba con unas breves palabras de saludo, y volvían a la carga con Ragnars Kvæði, esta vez, cantando en su idioma natal. Ambos guitarristas, Heri y Hans (con su instrumento de 7 cuerdas), estuvieron muy bien compenetrados en ella, incluso moviéndose al unísono en ciertas partes. También me encantó esa parte más compleja en la batería, bien sacada por Tadeusz.

Hablando del ritmo, el que tuvo el concierto fue algo irregular. Tal vez por la elección del setlist, tal vez por las propias interpretaciones escénicas, hubo momentos que causaron sensación, y otros en los que tuvieron a la gente mucho más estática. La fiesta pagana continuaba con Hammered, como casi siempre, con temáticas folclóricas por delante. En ella, Heri hizo uso de un registro mucho más incisivo, y cantó con más ganas, rasgando sus cuerdas vocales. Gunnar Thomsen, siempre con rostro amigable, se acercaba cada vez más a nosotros, asomándose desde el escenario para empatizar con sus seguidores. Entonces, cayó la que fue, sin duda, mi favorita del setlist, la rabiosamente épica By the Light of the Northern Star, que estaba deseando disfrutar en vivo. Las guitarras, que sonaron bastante bien en general, fueron las grandes protagonistas, incluyendo un solo en primera línea ejecutado por Hans, y muchos cánticos y manos alzadas por nuestra parte. Una genialidad a la que sucedió, tras otro pequeño discurso del vocalista, Hail to the Hammer. Su cadencia rompe-cuellos, más seca y carente de melodía, cautivó a algunos, y dejó algo fríos a otros, aunque entre las primeras filas, casi nadie falló con el headbanging. Pero en general, quizá fue una elección poco apropiada para el directo. Suerte que a continuación cayó la fiesta hecha canción, con Tróndur í Gøtu.

Los motivadores golpetazos de batería, y el empeño extra clavar las líneas vocales por parte del cantante, se tradujeron en coreos incesantes, y parecía que ahora sí la gente iba despertando en serio… aunque no entendiésemos un carajo de la letra jeje. Lo mismo sucedió con Regin Smiður (aunque ojo, ¡vi a más de uno cantándola!). Esta vez se cargó Heri la labor de abrir con un punteo, cargado de feeling, que pronto subió las revoluciones sobre el escenario: Gunnar aporreaba con ganas sus cuerdas, y ambos guitarristas se juntaron en un auténtico mano a mano de riffs poderosos. Hidratándose continuamente, su frontman volvía a dirigirse a nosotros, presentando la siguiente Axes, del “Battle Ballads”, que cantó con una voz más agresiva, y consiguió subir el pulso de nuevo esa batería a toda pastilla. Incluso el mismo Tadeusz se levantó de su taburete en un acto de pasión. Con la recta final me volvió a suceder: la vi algo irregular. Si bien Blood of Heroes me sonó potente, y con mucho movimiento sobre las tablas, la siguiente Sinklars Vísa, por muy épica que fuese, no la vi cuajar de igual manera. Sin embargo, tras ese salto desde la tarima por parte de Hans, tenían preparado el trallazo definitivo, Hold the Heathen Hammer High, realmente explosiva, inmejorable para clausurar el show y dejar el pabellón bien alto. Otra espinita que me quité en esta edición del Leyendas.

Me fui a dar un rulo por el merchan, para gulismear y poco más, y a pillar una birrita fría de la furgo, quedándome un rato a la sombrita. En un rato, otra de mis bandas Top del día estarían reventando la carpa, y quería estar bien fresco. Pronto me reuní con mi colega Kurro y acudimos a meterle una buena dosis de tralla a las cervicales.

Evil Invaders: (crónica también disponible en RAFABASA.COM)

Vientos de destrucción masiva se acercaban al escenario New Rock de la mano de los belgas Evil Invaders, que amenazaban con dejarlo todo patas arriba. Los que ya hemos gozado de sus directos sabemos que no tienen ni un ápice de piedad a la hora de desatar el más absoluto caos entre los asistentes a base de temas rápidos como una bala y afilados como una cuchilla. Éramos unos cuantos los que estábamos allí, esperándoles, dispuestos a rompernos el espinazo a base de empujones y headbanging, algo que ya estaba garantizado de antemano. Su legión de fans no ha aparecido de la nada, ni de un día para otro. Con tres LP ya en el mercado, han demostrado ser uno de los baluartes más sólidos del old school speed Metal que existen en la actualidad. Esto sí es actitud. Esto sí es Metal, con mayúsculas. Saltaban al escenario bien cargados de adrenalina y ganas de arrasar con todo, y eso lo demostraron desde el primer tema, que correspondió a Feed Me Violence, mandanga fina para ir abriendo boca. Una marabunta de gritos desgarradores a cargo de Johannes Van Audenhove al micro, carreras desenfrenadas, cruces y saltos por doquier convertían el escenario en una auténtica locura de frenesí. Joe maltrataba a gusto su guitarra, e incluso el batería Senne Jacobs, que tuvo que soportar el sol que se filtraba por el techado casi la mitad del concierto, pegaba a sus parches como si no hubiese un mañana en Mental Penitentiary. ¿El sonido? Cómo no… un maldito desastre. Los instrumentos nos llegaban completamente apelotonados y sonando a lata oxidada.

Por suerte, aquí la caña burra prevalece sobre los alardes técnicos, pero aun así, esto fue algo que me cabreó bastante, ya muy cansado de volver a revivir una y otra vez la misma historia en ese escenario… Abrían a continuación guitarras furiosas y una arrolladora batería para Hissing in Crescendo. Joe, a quien el escenario se le quedaba pequeño, saltó al foso para marcarse sus riffs en nuestras narices, algo que alborotó cosa mala al personal. No fue exclusivamente suyo ese comportamiento tan explosivo. Sobre las tablas, el guitarrista Max Mayhem interpretaba su solo agachándose, retorciéndose, y cada nota sonaba con muchísima mala hostia y electricidad. Con In Deepest Black levantaban un poco el pie del acelerador para exigirnos unas palmas, dar paso a más headbanging y más solos encabronados. Algo más relajada, sí, pero las carreras de Joeri y Joe no paraban ni un segundo ¿Todo bien, hijos de puta? Nos profería su vocalista, ante un jolgorio casi fuera de control, que terminó de reventar definitivamente en la brutalísima Sledgehammer Justice. Se acabaron las contemplaciones. Ahora absolutamente toda la carpa era un circle pit, cada vez más grande y violento, que engullía todo a su paso. Y dicha excitación del momento se reflejó también en la voz de Joe, que cantó más cabreado que nunca. El escenario también continuaba siendo un mar de headbanging en Broken Dreams in Isolation, a pesar de la ligerísima bajada de ritmo. Seguían rugiendo esas guitarras (que tan mal se escuchaban…) y la banda hacía todo lo posible por que no dejásemos quietas nuestras vértebras.

Sobra decir que mostraron una actitud 100% auténtica durante todo el concierto, dejándose la piel en cada nota y cada paso que daban, e intentando constantemente que les siguiésemos el pulso. Pulso que ahora marcaba Senne Jacobs con pisotones al doble pedal en uno de los estribillos más coreados de aquel concierto: el de Die for Me. Los gritos desgarrados de Joe se hacían cada vez más extremos y frecuentes, y la intensidad volvería a uno de sus picos con As Life Slowly Fades, arriba y debajo del escenario, con los constantes y poderosos redobles de Senne, y ese solo ardiente a mástil alzado de Max. También tuvieron su papel (aunque debido al horrendo sonido, no lucieron del todo) los coros de Max y Joeri, acompañando a la gritona y rabiosa voz principal en temas como Pulses of Pleasure. Hicieron un pequeño parón a mitad de esta… pero solo para echar más leña al fuego. ¡¡Vamos a quemar este sitio!! Gritaba Joe, antes de ese fulgurante solo compartido entre él y Max, mientras Senne reventaba su batería con incontenible pasión. Solo podían terminar el concierto con algo que fuese pura dinamita, y la elección de Raising Hell, incluida en su EP “In for the Kill”, no pudo ser más acertada. Un gran circle pit volvía a invadir todo el recinto, y la banda vio en él el resultado de sus provocaciones, mientras lo daban absolutamente todo, especialmente Joe, que se salió de madre. Carreras, saltos, y finalmente, un descenso al foso para blandir melena junto a nosotros, con un grito final que nos puso los pelos de punta. ¡¡Casi nada!! Un concierto demasiado corto, pero que difícilmente pudo ser más intenso.

Nada más salir del techado, corrí hacia los escenarios principales para ver lo que quedase de Stratovarius, que debería ser algo más de la mitad de su concierto. Sin embargo, de camino, me encontré con toda una marabunta de colegas (Anna, David, José, Carlos, Rafa Basa, el gran Avul, y un largo etc.) con quienes me entretuve, muy a gusto, eso sí, más tiempo del previsto. En cuanto escuché las teclas del que es uno de mis temas favoritos, acudí raudo, pero no al escenario Azuzena, donde actuaban, sino a las primeras filas del contiguo para empezar ya a guardar sitio para mis adorados Rata Blanca, clímax para mí de esta edición 2024. Y desde allí, disfruté de los de Kotipelto y los suyos.

Stratovarius:

Lógicamente, a estas alturas ya tenían al público comiendo de su mano, y con esta Legion a la que me refería antes, todavía con más razón. El fulgurante solo de teclado de Jens Johansson, la tormenta de batería de Rolf Pilve, ese estribillo profundamente adictivo… todo ello me devuelve siempre a mí más tierna adolescencia, y solo por eso ya me merece la pena siempre verles en directo. Aunque por supuesto, no es la única razón. La formación, aun sin ningún miembro original de sus inicios, no solamente funciona a las mil maravillas, sino que además, tras aquella decepción de disco que sacaron llamada “Stratovarius”, y la salida del problemático Timo Tolkki de su seno, iniciaron un ascenso meteórico en cuanto a la calidad de sus trabajos, reinventándose a sí mismos, pero sin perder en ningún momento su esencia, algo realmente al alcance de muy pocos. Como muestra, Frozen in Time, de su último larga duración “Survive”, encajó a la perfección, también con esas notas gélidas de Jens a las teclas. Sonaban muy claros y contundentes desde la posición en la que me encontraba, con una ecualización, en este caso sí, muy pulida, bien calibrada y potente. Por su parte, Kotipelto hizo un trabajo vocal de los mejores que le he visto en muchos, muchos años. Tanto desde lejos, como ahora de cerca, se le escuchó afinar de auténtico lujo, y defenderse a las mil maravillas con las partes más altas, como hizo especialmente en la celebradísima Black Diamond, del “Visions”

No fue precisamente un torbellino escénico, pero sí tuvo detalles como acercarse constantemente al público, lanzarle gestos, y mostrarse bastante implicado con cada canción, sonriendo constantemente en otras como Unbreakable. Ni que decir tiene que también las teclas gozaban del sonido que merecían, y hasta los bajos del carismático Lauri Porra sonaron en su punto justo, bien moderados y definidos. El vocalista nos dedicaba ya unas últimas palabras para presentar el último tema, que como todos pudimos adivinar antes de nada, se trató de Hunting High and Low. De nuevo, a base de gestos y buen hacer, la sacó de perlas, contando con la gran entrega de su batería Rolf Pilve y las exquisitas cuerdas de un fuera de serie como es Matias Kupiainen, que también se lució a gusto en el show. Me gustó el detalle del pequeño solo de Lauri Porra a mitad del tema, y ya para terminar, Kotipelto nos retaba a cantar más fuerte que el público de los otros países en donde han tocado recientemente. Algo típico, aunque afortunadamente ha dejado atrás ya aquel mantra de hacernos contar en su idioma jeje. Desde luego, lo que pude ver del concierto, fue impecable, sin absolutamente ninguna mancha. Ojalá tengamos Stratovarius para muchos años, siendo por otra parte, una de las bandas extranjeras que más veces ha visitado el Leyendas del Rock.

Tras dar el adiós los de Finlandia, por suerte, apenas tuvimos que esperar escasos 5 minutos para que arrancase la actuación de los titanes argentinos Rata Blanca, algo que agradecí enormemente, ya que una excesiva espera habría repercutido negativamente en el cansancio acumulado. Y ya os lo adelanto: para mí, fue el mejor concierto de todo el Leyendas del Rock 2024, pura magia que me hizo volar hasta alturas inimaginables, allí casi en primera fila, donde viví cada mínimo detalle con una pasión irrefrenable.

Rata Blanca:

Inmediatamente se puso en marcha la introducción. Las emociones se respiraban a flor de piel entre las primeras filas, donde mucha gente se agolpaba para verles. Como curiosidad, aunque lógica, mucho fan latino esperaba el momento con gran deseo. Diario de una Sombra nos proporcionó la primera dosis de aquello que vinimos a buscar: Heavy / Rock clásico, eléctrico, y con mucho gancho. Un tema ya de primeras complicado para Adrián Barilari, que en seguida pasó a lucir palmito entre las primeras filas junto al inconmensurable, gigantesco y legendario Walter Giardino, que no dejó de fliparnos, una y otra, y otra vez con sus increíbles solos, y su infinita clase y chulería, en este caso, con unas guitarras marcadas por el efecto wah. Empezaban a caer muy pronto los clásicos, y no solamente me refiero a los antiguos. Porque también hay muchos temas de discos más recientes que ya se han convertido en imprescindibles. Solo Para Amarte, por ejemplo, fue el único representante de su primer álbum “Rata Blanca”, en la que Barilari seguía hechizándonos con sus poses, sus gafas de sol siempre puestas y su descomunal vozarrón, por el que parece no pasar el tiempo de una forma casi ilógica. Y Volviendo a Casa, de “El camino del fuego”, se elevó, como también lo hicieron nuestras voces, como la gran triunfadora hasta el momento. No fue el concierto más concurrido del festival precisamente, pero el nivel de entrega, tanto por parte de los fans como por la banda, estuvo por las nubes.

Por supuesto, la faceta más AOR y moñas (que me putoflipa) de la banda también tuvo buena tirada en este concierto. Tras anunciar, para algarabía de sus seguidores, que harán una gira por nuestro país de nada menos que ocho fechas en 2025, Talisman nos hizo cerrar los ojos de puro placer. Entre las espléndidas teclas de Danilo Moschen y la infalible guitarra de Giardino, el feeling del momento fue impresionante, haciéndonos Adrián corear de forma incansable, y sin dejar de sonreír. La gran pega, que en cierto modo llegó a lastrar parte del concierto, fue el sonido. Demasiada bola de bajos se comía parte de la energía de la guitarra de Giardino, dejaba las teclas en un segundo plano, y la voz de Adrián muy eclipsada, hasta el punto que era difícil reconocer las letras de cada tema. Por supuesto, hablo de desde donde yo estaba, si desde detrás sonó mejor, lo desconozco. La pantalla, por algún motivo, llevaba un rato apagada, pero volvió a lucir mostrando la bandera Argentina, haciendo honores a uno de los temazos más bestiales de toda la noche. El Círculo del Fuego nos presentó a un Adrián Barilari casi inhumano, a nivel de tonos altos, y sobre todo, a nivel de resistencia. Verdaderamente impresionante. Y respecto al solo, uno de los mejores que han grabado en toda su carrera… personalmente no puedo decir sino que se me cayeron los cojones al suelo de ver la interpretación de Giardino, sin fallar una sola nota, tempo perfecto, técnica perfecta, virtuosismo exacerbado, y un frenesí infinito que me embargó por completo.

Adrenalina pura que brotaba a chorros entre aquellas primeras filas ante tal desparrame de clase y calidad, y que continuaría en la línea pasando a un clásico como Guerrero del Arco Iris, sin dejar esa avanzadilla más Heavy en el setlist. Decir que la base rítmica de la banda ha sido recentísimamente renovada, ocupando la batería Alan Fritzler, y haciéndose cargo de los bajos John Paul ‘Chotas’, ambos procedentes de la banda de Hard Rock Watchmen. El bombo de Alan, precisamente, sonó de lo más contundente en este último corte, mientras en la parte delantera, Adrián y Walter, dueños y señores del escenario, se cruzaban en sus carreras. Levantaron sin esfuerzo un mar de gritos entre el respetable, haciéndonos cantar de principio a fin ese estribillo del que no nos cansábamos. El frontman tomaba unos minutos para agradecer, y seguir conquistándonos con su sonrisa perpetua y gran simpatía. Continuaban con Mujer Amante, cuyas solas primeras notas me pusieron ya la carne de gallina. Las poses estrictamente medidas y vacilonas de Giardino le dieron todavía más feeling al asunto, pero otro de los grandes protagonistas fue Danilo Moschen y sus imprescindibles bases de teclas. La peña, como hipnotizada por la ensoñadora cadencia, cantaba de una forma casi ensordecedora, eclipsando incluso a Barilari, que por supuesto, hizo un trabajo glorioso, con sentimiento a borbotones. La pantalla mostraba ahora coches compitiendo a toda velocidad, indicio de que la próxima parte iba a ser de lo más cañera.

Y para mayor alegría, nos presentarían un tema completamente nuevo que formará parte de su próximo álbum (que nos tienen ya impacientes…). Efectivamente, con Rock in Rock, que así se llama, volvieron a pisar el acelerador a fondo, con Giardino chuleándose, ostentando por toda la primera línea de escenario ese atuendo tan guapo, tan sureño, y tan de rockstar, que es justamente lo que el guitarrista es de la cabeza a los pies. Riffs envalentonados y baterías poderosas que nos calentaron la sangre hasta el límite. Lo mismo pasó con Rock and Roll Hotel, incluso más rockera si cabe, viendo ahí a Barilari y John Paul dando saltos compenetrados, y con un batería pegando con mucho aplomo. Al final del tema, Giardino restregaba su guitarra contra una parte del escenario con cierta mala leche, montando un buen estruendo con sus cuerdas. Parecía increíble que estuviésemos llegando ya al final del concierto. Los minutos se me habían pasado como segundos, los temas, pese a haberlos vivido con total intensidad, parecieron mucho más cortos de lo que son… en ningún otro concierto de este Leyendas, ni de lejos, me pasó esto de una forma tan exagerada. El final fue magia en estado puro, con la elección de Aún Estás en mis Sueños. Un momento que nunca, nunca olvidaré. La melodía, la sutileza y la elegancia se hicieron las dueñas absolutas, con unas bases de Hammond de auténtico ensueño, un feeling estratosférico, y Adrián que no falló una sola nota, transmitiendo a mares como solo él sabe.

A sus 64 putos añazos, su voz es un auténtico prodigio de la naturaleza, y es algo que quedó patente, y con más contundencia todavía que hasta ahora, en La Leyenda del Hada y el Mago, la última dosis de Heavy Metal que nos brindaron, de la cual, cantamos la primera parte entera casi a capela. Ni os podéis imaginar el ambiente que se respiraba. El regustillo neoclásico en las guitarras de Giardino fueron caviar para nuestro paladar auditivo, y su ejecución, sencillamente impecable. Pero como digo, fue Barilari el que me dejó trastornado, con unos agudos, unos picos vocales de auténtica locura. Incluso bajando su micro a la altura de su ombligo, sus gritos se escuchaban estremecedores. Para más inri, para redondear todavía más aquel concierto maravilloso, justo en este momento una púa me aterrizó prácticamente en las narices. Con el mástil de Giardino apuntando hacia el cielo, y ante miles de calurosos aplausos y gritos de ‘Rata Blanca’, nos dijeron un adiós que, al menos para mí, será un ‘hasta mayo de 2025’, donde intentare verles, al menos, en dos de los conciertos de su gira, aunque tenga que vender mi alma al mismísimo Satán. Soy un enamorado de Rata Blanca, qué le voy a hacer…

Iba a ser mi último concierto, básicamente porque salvo la actuación del mítico Brian Downey, no me apetecía nada más del resto del festival. Pero por motivos ‘colaborativos’, me tuvo que tocar aguantar a quienes eran los cuartos cabezas de cartel del Leyendas 2024, los Alestorm (una jugada que jamás podré entender). Recuerdo que les vi en algún Rock Fest, en algún Wacken, y en el Leyendas del 2017, pero una cosa es abrir el festival, como sucedió en aquella ocasión, y otra tocar casi al final del cuarto día de un festival. En fin, hagamos de tripas corazón, tal como hicimos entonces.

Alestorm: (crónica también disponible en RAFABASA.COM)

Al igual que dije en mi crónica de Lèpoka, ante estas horas tardías, donde el cansancio ya puede llegar a ser un hándicap importante tras cuatro jornadas non-stop de festival, montar una gran fiesta llena de bailes y cachondeo puede ser una de las soluciones que mejor nos ayuden a sobrellevarlo. Alestorm venían a posicionarse como uno de los cuatro cabezas de cartel del festival, y a cumplir con estos requisitos. Humo a borbotones, y tres enormes patos hinchables capitaneaban el escenario, y música que nada tiene que ver con el Metal sonaba por altavoces. A la vez, un montón de artilugios de goma, pistolas de agua, y vestimentas estrafalarias, se podían atisbar entre el público. Ante tal viñeta, los ingleses abrieron fuego con Keelhauled, empuñando Christopher Bowes su keytar, e inmediatamente, los coreos llegaron desde el público, incluso antes de que este último pronunciase una sola frase. Contundente demostración de las ganas de fiesta, y no sería la única. Proseguían con Back Through Time, subiendo poco a poco el nivel, con muchos bailoteos entre los músicos, y el bajista Gareth Murdock, con su instrumento colgando por debajo de las rodillas, paseándose y provocando al personal. Tomaba Christopher un trago y nos saludaba con mucho desenfado, algo intrínseco al espíritu de la banda. No tardaba en caer la movidita Mexico, con una base electrónica amparando el principio del tema, que puso a botar a casi todo el recinto.

Se podría decir que el sonido era bastante bueno, el volumen no resultaba doloroso, y más o menos se distinguía bien cada instrumento. Las luces azules se apoderaban del escenario ante la llegada de Magnetic North, y entre los asistentes, se preparaba el primer wall of death –de tantos que hubo- para dar la bienvenida a Alestorm, que endureció el sonido con sus ritmos machacones y esas voces más aguerridas por parte de Christopher y el teclista Elliot Vernon. La buena relación entre músicos también se hacía de notar, con constantes paseos del guitarra Máté Bodor entre unos y otros. Por primera, pero no por última vez, invitaron al escenario a la exótica Barbara Blackthorne (vocalista de Empress) para que se cantara con ellos Voyage of the Dead Marauder. Barbara tuvo gancho, y una voz que, sin destacar entre otras vocalistas de su estilo, sonó bastante bien. Luces parpadeantes y el foco sobre el guitarrista al ejecutar su solo, nos llevaron hasta Under Blackened Banners. Una desternillante fiesta con buenas coreografías entre Gareth y Máté, una parte cantada por el teclista, y un arrollador doble pedal que se comía en ocasiones al resto de instrumentos. La polvareda que levantó el público con los moshpits me obligó a retrasarme unos cuantos metros, pero seguí disfrutando de temas como Hangover, donde subió al escenario alguien llamado Mc Shark, con una cabeza de tiburón encasquetada.

Como siempre, Alestorm enarbolando la bandera del cachondeo y el desfase. Uzbekistan hizo que lo pasásemos tan bien como el batería Peter Alcorn, cuya cara de satisfacción hablaba por sí sola, y en Zombies Ate My Pirate Ship, volvieron a contar con la voz y gran presencia de Barbara, a quien todos los músicos recibieron tirados por el suelo. Los flotadores y demás parafernalia seguían surcando sobre los asistentes, y Christopher requirió una cabeza de unicornio. Entonces, llegó uno de los temas más rápidos de todo el concierto, como fue Big Ship Little Ship, seguido de uno de los momentos más especiales, con Nancy the Tavern Wench. Christopher abría con unas teclas de lo más marineras, y segundos después, tenía a prácticamente todo el recinto (hablo de cientos y cientos de personas) sentadas y remando al ritmo de la canción. Es algo que se ha convertido en un verdadero clásico de sus directos. Pero todavía tenían mucho material para seguir armándola. Durante Tortuga, volvimos a ver al enigmático Mc Shark, ante el despelote de la peña, rapeando y pateándose todo el escenario, y 1741 (The Battle of Cartagena) fue muy bien recibida. La gente estaba tan entusiasmada como los propios músicos, hubo ahí mucha comunión entre ambas partes, y el cansancio parecía haberse evaporado para muchos.

Los guturales de Gareth y Elliot aportaron dureza extra al tema y, por cierto, nunca había caído en la cuenta de lo bueno que es Máté Bodor a la hora de ejecutar los solos, con una técnica muy pulcra. Las notas aceleradas de P.A.R.T.Y. hablaron por sí solas sobre cómo se estaba viviendo el asunto, y Shit Boat (No Fans) nos llevó directo a los bises. Tras una breve y humorística presentación de la banda, el respiro les sirvió para volver a piñón fijo con Drink (qué bien rugieron las guitarras en ella), y la etílica Rum, con las que no dieron tregua. Como no podía ser de otra forma, Fucked With an Anchor puso el punto y final por todo lo alto, con el guitarrista tocando acostado, y un enorme FUCK YOU hinchándose ante nuestras narices en el borde del escenario. Barbará también colaboró con ellos, y el vocalista, por si no había quedado claro, se despidió de todos nosotros con un sonoro Fuck You Spain! Lo cierto es que el último tercio del concierto se me hizo algo cansino, pero ni yo, ni nadie, les podemos quitar el mérito de haber sabido mantener un pulso muy constante, y haber elevado la moral de su público hasta límites insospechados.

Ahora sí que sí, mi principal objetivo era… pirarme a casa jeje. Habría sido tontería ir a ver los 5 minutos que quedaban del concierto de Brian Downey, así que fui derecho a nuestro pequeño fortín, ya para desmontar todo el tinglao y empacarlo hasta el año siguiente... o no, ya veremos. Salud a tod@s.

Si todavía no estás hasta los huevos de leer, échale un vistazo AQUÍ a mi última entrada sobre este Leyendas, mi opinión personal sobre unos cuantos factores y aspectos.

_|,,| JaviMetal (Is The Law) |,,|_


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