miércoles, 31 de agosto de 2016

¡Plagado de Leyendas! (Leyendas del Rock 2016, Día 2 (12/Agosto/2016), Villena, Alicante)

Por alguna razón que no alcanzo a recordar, no dormí todo lo que quería aquella noche, y menos mal que no me quedé en la zona de acampada aguantando la puta rave. El día se antojaba agotador y tampoco es que estuviese en las mejores condiciones. Probablemente, el terrible frío de la noche del Leyendas durante el rato que estuvimos por las tiendas machacó mis defensas y comencé a incubar el virus que todavía me tiene medio jodido. Y es que no hay que confiarse aunque por el día haga un calor infernal. Precisamente, si los dos primeros días habían estado medio nublados, en este viernes nos esperaba una tórrida temperatura durante las horas de sol. En cuanto a conciertos, era un cartel muy interesante, con alguna de las grandes bandas del festival (como Avantasia o Dark Tranquility, según mi criterio y gustos) pero en el que habría que buscar algún hueco “menos interesante” para descansar un rato y relajarse en las tiendas si quería terminar el festival con garantías… de vida. El tema de entrar al recinto, de nuevo, una gran mierda. No es de recibo, ni se puede permitir que la gente comience a entrar hacia los escenarios 5 minutos antes de que empiece la primera actuación, y peor todavía sabe cuando los encargados de abrir el día son los infalibles Grave Digger. Por fin, después de mucha tensión por no llegar tarde y el insoportable calor que se forma cuando toda la peña se aplasta casi literalmente contra la entrada, echamos a andar a marcha rápida hacia la barra para pedir el primer litrito del día y ver a los alemanes disfrutando a ser posible de las primeras sombras de la tarde. Lamentablemente, nadie quiso acompañarnos, por lo que Meri y yo tiramos con los ojos cerrados a disfrutar como ya lo hicimos semanas antes con la banda en Rock Fest.

Y tal como casi les tocó abrir el Rock Fest Barcelona 2016, en esta ocasión tenían que encargarse del acto de presentación del Leyendas. Podría decir que no es justo que una banda de este calibre toquen los primeros en un día completo de festival, pero con estos carteles tan bestiajos se podría decir lo mismo casi de cualquier otra banda que figura en ellos. En cualquier caso, estaba seguro que Grave Digger saldrían triunfadores. Cuando llegamos, ya había sonado Headbanging Man, un tema de auténtico directo (una lástima) y comenzaban los primeros guitarrazos de The round table (forever), con la peña coreando el estribillo (ese mítico forever we stand!). La gente seguía algo quieta, pero esto solo acababa de empezar y desde Chris Boltendahl hasta el teclista Marcus Kniep, vestido de la mismísima muerte (y cantando a través de su máscara jeje) ya estaban poniendo toda la carne en el asador, y apabullando al gentío con temas del calibre de Ballad of a Hangman, con la que nos hicieron gritar sus coros y luego agitar las melenas a ritmo de doble pedal, o la powermetalera Excalibur, siempre un valor seguro, que subió en varios puntos la intensidad del concierto, aquello empezaba a ser vivido como debía ser. Atacaban Stefan y Axel (toda una actitud en directo) abriendo Tattooed Rider a ritmo más hard rockero sin dormirse en los laureles ni parar quietos a pesar del calurón del que todas las bandas que tocaban de día se quejaron. Aunque es cierto que la banda se comportó acorde a unas leyendas de su estatus, lo cierto es que mantuvieron el listón un poco por debajo de su actuación de Barcelona, no se les acabó de ver motivados al 100%, no sé si porque el ambiente aun estaba algo frío y les costó en exceso levantar a la peña, aunque por supuesto dieron hasta la última gota de sudor con Highland Farewell y sobre todo, con Rebellion. Aquí si que era casi imposible dejar de escuchar las voces del público. Chris se acercaba a nosotros y nos provocaba para que gritáramos más y más, sin abandonar su labor como cantante en ningún momento, se comportó como el gran líder que es. Guitarreo a saco y subidón con Heavy Metal breakdown, sin piedad, uno de sus temas más cañeros extraído del disco homónimo. El sonido de su concierto fue bastante potable (peor que en Barcelona, eso sí), y para ser el primero ya podían darse con un canto en los dientes.

En esos últimos acordes del concierto de Grave Digger, reconozco que ya me estaba emocionando en pensar en lo que con total seguridad iba a ser uno de los platos fuertes del festival para mí. Me estoy refiriendo a los grandiosos Dark Tranquility, anotados bien grandes en mi setlist personal. A pesar de ser un notable cambio de estilo respecto al anterior concierto, yo estaba preparado para todo, y hacía unos cuantos años que no les veía, siendo probablemente mi banda de Death melódico favorita. Comenzaron con un trallazo de su último disco, The Science of Noise, sonando bastante bien, aunque el sonido en general era un tanto tosco y algo falto de potencia. De nuevo el sonido del Leyendas haciendo de las suyas, aunque no fue nada catastrófico en verdad. No fue la única reciente en caer, ahí tuvimos también The silence between por ejemplo, con la que dan una muestra del potencial que siguen teniendo sus discos. Y es que hablamos de una banda que son maestros en lo suyo, pioneros en introducir esas melodías tan guapas en medio de tanta bestialidad en el sonido Death. Y siguen siendo los que mejor lo hacen sin duda. Y es que la clase, la elegancia y la perfección en sus composiciones siempre han sido marca de la casa. Vestidos de riguroso negro, con un telón de fondo sencillo con el nombre de la banda, tocaron algo de la mayoría de sus discos, temas interpretados con total perfección y la calidad que solo músicos como Anders Jivarp a la batería (excelso trabajo, coordinación máxima) o Niklas Sundin, siempre tan asalvajado y con esos pelos tan extravagantes, pueden dar de sí. Pero por encima de todo, imagen principal de la banda desde sus comienzos, está el pelirrojo Mikael Stanne a las voces, quien es el pegamento que une todos los extremos de la banda. Su voz cálida, melódica y agresiva al mismo tiempo, tan versátil y tan sólida, es tan reconocible, tan única, que es capaz de transportarte junto a las atmósferas tan íntimas de la banda en temas como The Lesser Faith, pasando por la contundencia y poder de otras composiciones como Terminus o la oscuridad aplastante de The wonders at your feet. Los teclados dan una base de sonido ambiental imprescindible: no sería lo mismo escuchar a Dark Tranquility sin ellos. No tardaría mucho en caer la maravillosa y exquisita ThereIn, el tema con el que los conocí y me enamoraron. Y es que esas partes ambientales me pusieron de punta hasta los pelos de la nuca, la profundidad en la actuación y en la voz de Mikael fue soberbia, creando un universo aparte en los 5 minutos que duró el tema. Desafortunadamente aquello indicaba que el final estaba cerca, aunque todavía quedaban trallazos varios de la talla de Final Resistance o la archiconocida Misery’s Crown. Lo que no entiendo es, por una parte porque había tan poca gente para ver a una banda de un calibre tan inmenso, y segunda, porque olvidaron completamente un disco magnífico como “The Gallery”, del que podrían haber extraído grandes temazos como Puniush My Heaven o Edenspring.

¡A tope! Nuevo cambio de rollo, para dejarse caer por terrenos más de la tierra, más urbanos y protestones, es decir, a echar un vistazo a los grandes Leize. El hecho de que ya les haya visto varias veces desde su vuelta a los escenarios (incluida una de ellas hace unas semanas en Barcelona) no es freno para mi ilusión de volver a verles una y otra vez. Y en verdad, en escenario pequeño les dio pie para crear un gran ambiente, con esa mezcla de Rock y Heavy que dominan tan bien. Los guitarrazos de Sin Sitio abrieron la veda y ya de primeras, los cánticos de la peña se igualaban en fuerza con los de Félix, que cantaba como siempre súper emocionado Donde está!!, Futuro para mí o Hundiéndome en la noche. Sospechoso continuaba la retahíla de temas de reciente creación habitual en sus últimos directos, alejándose un poco del setlist de su mítico directo “Esto es lo que hay” que tanto reconocimiento les llevó a ganar, curiosamente, justo antes de su desaparición. Y es que los temas nuevos son geniales, si te ha gustado alguna vez o como en mi caso, te encanta Leize, reconocerás su esencia en ellos a las primeras de cambio. Yo desde luego no me los pierdo allá donde puedo verlos, y es que sus temas son pura poesía urbana. Si alguien piensa que son una de tantas y tantas bandas de rock urbano que salieron en la época, está muy equivocado. Son capaces de llevarnos por el lado más nostálgico con temas como A tu lado, dedicada a la propia hija del vocalista, que según dijo y si no recuerdo mal, andaba por allí. Pero es innegable que cuando un bolo de Leize alcanza su máxima intensidad, inundando de añoranza a todos los presentes, es con temas como Buscando, Mirando, en el que me encanta dejarme las cuerdas vocales gritando como el chaval que era cuando escuchaba este tema por primera vez. Normalmente es al final, salvo excepciones, cuando sacan su venazo más heavy, cuando Andoni Regueiro da todo lo que puede y más con su batería más frenética, el siempre simpático Toño salta sin parar y Patxi nos flipa con sus solos más rápido. Esos temazos con sabor ochentero, esos estribillos magníficos… siempre me hacen emocionar en sus conciertos. Gozaron de un sonido bastante bueno, sin que este rebotara demasiado en el techo del escenario, Félix y su banda estuvieron fueron muy amables y atentos con su gente, siempre con una sonrisa en la cara pero sin desperdiciar, como siempre, la oportunidad de meter el dedo en la llaga con incisivos temas de sabor callejero como Devorando las calles (imprescindible SIEMPRE) y pasado un pequeño solo a cargo del Sr. Patxi, la potentísima Muros, que atronó el Leyendas  y nos hizo corear de lo lindo su alargado solo en la parte más melódica. Uno de esos temas que te llenan el ego para finalizar uno de esos conciertos de los que es inevitable salir con la cabeza bien alta. Grandes Leize siempre, por muchos años.

Dirkschneider es el apellido de uno de los vocalistas más genuinos y grandes de todos los tiempos, quizá más por su carisma incluso que por su voz, al que la gran mayoría conocerán como UDO. Es una verdadera lástima que tocara a una hora que ya había previsto para descansar. Mi chica y yo nos arrimamos mientras sonaban temas del calibre de Starlight o Living for Tonite. UDO en el medio del escenario, con su clásica postura de agachado y escupiendo fuego y letras con su cazallera voz. Lo cierto es que a día de hoy me da bastante rabia haberme perdido esa actuación, pero es que en carteles tan enormes como este, uno a veces ha de cerrar los ojos y dedicarse un tiempo para reposar, y más cuando todavía no se ve ni un atisbo todavía del final del festival, tan solo decenas de grupos grandes que moriría antes que perderme. Fue un concierto en donde todos los temas que sonaron fueron de Accept, y el rollo era, con esto, despedirse de ellos para siempre de su repertorio en solitario. Nos quedamos un ratito solamente viendo al grupo desde lejos y luego nos fuimos hacia las temas con una banda sonora de auténtico lujo formada por London Leatherboys, Princess of the dawn, Restless and Wild… y desde allí se seguían escuchando himnazos como Metal Heart o Fast as a shark, sin olvidar Balls to the Walls. Estoy seguro de que fue un gran show, porque… ¿cuándo ha fallado el pequeño gran UDO?

Muy complicada elección también la de perderme a los Tygers of Pan Tang (por encima de Eluveitie, obviamente) y más cuando ya he probado su energía y desparpajo encima de un escenario, en aquel lejano Leyendas 2010, donde de verdad me fascinaron. Lo cierto es que hubiese cambiado otras bandas como Children of Bodom por verles a ellos, pero la idea era crear el mayor paréntesis posible antes de entrar a la gran batalla de nuevo para no volver a salir hasta la hora de la piltra. Pero bueno, a lo hecho pecho, son cosas que hay que hacer si uno quiere sobrevivir.

Precisamente con los finlandeses Children of Bodom nos encontramos al volver, quienes no son precisamente santo de mi devoción desde hace muchos años (antes sí me encantaban), pero tenía ganas de volver a verles, que ya hacía un porrón de años. La actuación ya había comenzado cuando llegamos. La fiesta estaba servida, en otras palabras. Un Alexi Laiho que arrasaba sobre el escenario, con su larga melenaca y esos siempre alucinantes solos que se saca de la manga como por arte de la magia de sus dedos. Y no solo él, aunque siempre absorba protagonismo, creo que el teclista Janne Warman debería tener una gran parte de este, ya que su papel es fundamental en el grupo y su peso tan importante como el del vocalista / guitarrista. Sixponders fue una destroza oídos, una auténtica ametralladora para los oídos con ese solo tan genial, igualmente atronadora Lake Bodom (de su primer disco), que al igual que Hate Me! o Angels don’t Kill te borran la cara a hostias. Afortunadamente, como veis, no han olvidado sus viejas glorias y las siguen presentando en escena para regocijo de aquellos que les tenemos perdida la pista desde hace unos… ¿10 años? Y no es que ya no me gusten, simplemente tengo muchas bandas en preferencia con el mismo estilo. Creo que Children of Bodom tuvieron su momento álgido, pero ya no son lo que eran. Aun así, ni técnicamente ni escénicamente se les puede reprochar absolutamente nada (como mucho el chabacano lenguaje de Alexi jajaja). Todo estuvo en su sitio, desde la iluminación hasta la pasión de unos músicos que consiguieron levantar a la peña bien alto. Y aunque no fue culpa suya, en contra del concierto he de decir que, para variar, el sonido fue realmente malo. A la distancia que estábamos (ya prácticamente posicionados para Avantasia) a veces tan solo se escuchaba un mogollón eléctrico indescifrable, reconociendo tan solo los temas más emblemáticos como Needled 24/7 o Downfall. Esto agrió un poco el sabor general que me dejó el concierto. Otro de los motivos por los que podía haberles prestado más atención (algo que me ocurre en más de una ocasión) es porque a continuación se iba a desatar en el Leyendas la esencia de los sueños, de las estrellas… de la magia de…

¡¡Avantasia!! ¡¡Como no!! Y es que no puedo evitar cada vez que veo este grandioso espectáculo en directo dejarme llevar y volar bien alto, recordar gloriosos tiempos, melodías que se me llevan bien lejos… y teníamos dos horas por delante de estas maravillosas sensaciones. No esperaba menos de ellos en el Leyendas, la segunda vez que veo a Avantasia en España. Sinceramente, si alguien me hubiese dicho allá por el año 2001, cuando nacía “The Metal Opera Pt. 1”, la obra maestra suprema de toda la historia del Power Metal en mi opinión, iba a ver estos temas y muchos más representados en vivo y en mi mismo Alicante, hubiese mandado a esa persona (incluso a mí mismo xD) a hacer gárgaras. Esta y su segunda parte probablemente son los discos que más me han hecho soñar con los ojos abiertos, y por supuesto, es un auténtico e infinito placer y honor poder volver a ver esto con mis propios ojos. Desde luego, quien se perdiera este glorioso acto, es para matarlo. Ni aunque odies el power metal tendría razón de ser ese acto.

Y es que solo con poder ver en el mismo escenario nombres míticos como el propio Tobias Sammet (por supuesto, aunque ahora vaya de mega-maduro con sus ideas de mente súper abierta), Michael Kiske, Amanda Somerville, Ronnie Atkins, Bob Catley, mi querido Oliver Hartmann, el ogro noruego Jorn Lande o la electrizante presencia de la súper estrella Eric Martin para gran colofón. Avantasia es la obra donde las voces de los grandes cantantes brillan con luz propia, pero no podemos olvidar a los otros miembros que forman parte de la gira actual de la banda, el maestro Sascha Paeth o el batería actual de Edguy, Felix Bohnke. Casi siempre en sorprendente primera línea, unos desconocidos para mí Herbie Langhans a cargo de los coros y André Neygenfind, que ojo, fue digno de atención con su excelente trabajo, a pesar de su discreción escénica. Hablando de escena, el montaje, que ya podía adivinar varios grupos antes porque sobresalía, era soberbio, algo digno de esta ocasión. Dos arcos grandísimos a cada lado, simulando un muro medio derruido, una plataforma bajo ellos, todo rodeado de hierro forjado y unas escaleras para bajar al escenario. Así, todos los artistas sobre el escenario podían dar rienda suelta a sus artes teatrales si así lo deseaban. La expectación era máxima, ya que probablemente estamos hablando de la actuación reina del Leyendas del Rock 2016, de los verdaderos cabezas de cartel de toda la edición, y sin duda alguna de uno de los cachés más caros que jamás habrán tenido que pagar los responsables del festival. Pero, por fin, aquí les teníamos, preparados, deseando salir a escena mientras sonaba la pieza clásica 100 veces escuchada en aperturas de Richard Strauss Also sprach Zarathustra, perfecta para crear tensión creciente. Felix fue el primero en saludar a la peña, haciendo su aparición estelar y situándose en su instrumento poco antes de que por la pasarela empezaran a desfilar las estrellas, aunque con mesura y a su tiempo. Mystery of a blood red rose no se hizo esperar, llenando de luz, melodía y alegría a toda la gente que tanto deseaba el comienzo, uno a lo grande, con curva ascendente de intensidad, y ya con todos los músicos bien situados, Sascha, Oliver, Felix… de momento tan solo Tobias se encargaba de las voces, respaldado fantásticamente por Amanda y Herbie. Poco después, contaría con la primera gran presencia vocal a cargo de Ronnie Atkins (Pretty Maids) para Invoke the Machine, una maravilla poder verle tan fresco como una rosa, con ese vozarrón de siempre casi intacto por el tiempo y su poderosa personalidad. El ritmo de doble bombo, por desgracia cada vez más extinto en Avantasia, atrajo como a la miel al cantante entre cantantes Michael Kiske, por primera vez en la noche. Ghostlights es uno de esos temas perfectos, casi hechos a medida para su voz, en donde Sammet a buen seguro le hace sudar tinta. Por supuesto, Toby también le acompañó. Estuvo, por cierto, muy graciosote durante el concierto, incluso haciendo burla de Mayhem, que tocaban a continuación. (¿?¿?¿)

Aunque en su día era algo excesivo en este sentido, echo de menos algo más de locura en el comportamiento del sr. Sammet, ya no pasarse todo el concierto lanzando pataletas, pero algo más de acción y movimiento… en el terreno vocal, es obvio que cada vez y poco a poco va perdiendo voz, aunque todavía es capaz de forzar y defender todos los temas dignamente. Al contrario de lo que pasa con Kiske, que es un auténtico fuera de serie, con unas cuerdas vocales por el momento indestructibles, algo que demostró de sobra en otros temas a lo largo de este increíble show. Avantasia ayudó en gran medida a hacer este sueño más real, comenzando con esos teclados que tantos y tan buenos recuerdos me traen, nostalgia en forma de canción con la que todos botaron y cantaron de lo lindo, ¡incluso dentro del escenario! Este tema, por ejemplo, Toby lo borda sin más, pero algo que creo que se debería mejorar para que todo tomara más vida todavía es respetar las apariciones de los invitados tal como lo hacen en los temas del disco, en el mismo orden y las mismas partes. No esperaba escuchar The Great Mystery completa, pero la conservan en el setlist. Tras las primeras frases, tan tranquilas, de Sammet, intervino ese ser mágico llamado Bob Catley con toda su esencia y su voz de corte melodramático. Sobre el escenario se muestra seguro y confiado a pesar de sus 68 añazos, y aunque su voz no es todo lo firme que fue antaño, sus gestos y movimientos siguen siendo 100% personales (aun recuerdo cuando vi un trocito de su actuación en aquel lejano Lorca Rock 2004). Y de los 10 minutos de The Great Mystery, a otros tantos con The Scarecrow, una auténtica obra maestra indiscutible de la composición, y esta vez con la impagable presencia de Jorn Lande. No pueden dejar de llevar este tema en directo. La forma de cantar de Lande me volvió loco, ¡¡que resistencia!! ¡¡vaya potencia colegas!! Para caerse de rodillas, en serio. Aunque todavía no lo he nombrado, y aunque sea en mi opinión un desperdicio que no cante como tal, Oliver Hartmann hizo una labor impresionante a los coros durante casi todos los temas del concierto, y por supuesto, una potente actuación con su guitarra. Mitad del concierto y la actuación de Avantasia ya era un triunfo aplastante, una gloria sobresaliendo muy por encima de la gran mayoría de actuaciones ya vistas. Y todavía faltaban grandísimas joyas por caer como la poderosa Promised Land, con el magnífico solo de Sascha brillando con luz propia, ¡y es que no falla una!. Dying for an Angel fue una de las que más ovaciones despertó, no obstante, es uno de los mayores éxitos que Tobias ha compuesto nunca. A mí personalmente me encantó, con el añadido de poder ver a una de mis voces favoritas de todos los tiempos, el gran Eric Martin, codo con codo con el resto de músicos, sin ir de superestrella (que lo es). Este estribillo me encanta, y me dejé la poca voz que me quedaba a conciencia.

Los excesos bebiendo se acaban pagando, y tuve que salir con carácter urgente hacia los baños en el mismo comienzo de Twisted Mind, pero volví pasada la mitad para disfrutar de esa contundencia de sus riffs con aires egipcios. Pareció resultar especialmente difícil de cantar para Sammet. El momento que vino a continuación, si a alguien no le puso los pelos de punta, no se que cojones hacía allí. Farewell, con esa maravillosa cadencia, y el estribillo que enganchó a todo el mundo, Amanda arrasando con todo en la parte que canta Sharon en disco, solo de guitarra a máxima pasión… y sobre todo, el recuerdo y lo increíble que resultó Michael Kiske, con una actitud superior y súper emocionado cantando aquello de “No farewell could be the last one…” en unos tonos absolutamente desquiciantes… increíble, magistral, emocionante hasta la médula, pero no creáis, casi tanto como The store ain’t over. El brillo y espíritu que aporta Bob catley a este tema es único e insustituible, la calidez de su voz inunda cada estrofa y acaban siendo unos minutos inolvidables, con ese estribillo mágico. ¡Mirar al cielo escuchando esta canción en directo es algo que se debe probar a la fuerza! Y para seguir con el sueño… ¿qué tal la que es para mí una de las 3 mejores canciones de power metal que se han compuesto jamás? Ya sabéis, tal como dijo allí mismo Tobias “la primera vez que volví a escuchar a Michael Kiske cantando Heavy metal”… ¡¡Reach out for the Light!!, con un impresionante duelo entre Sammet y Kiske que fue lo mejor, un ritmo trepidante (que por otra parte, le resta un pelín de flow al tema) y unos instrumentistas que tiene en ella su mejor ocasión de despuntar como lo hicieron, porque sin ir más lejos el solo fue… uf, acojonante. Tristemente se acercaba el final, pero antes de los bises lanzaron, por sorpresa, Let the Storm Descend Upon You, que al principio no la vi del todo bien encajada pero luego me enganchó a lo grande con su melodía tan teatral y ostentosa, pura magia Avantasia, al fin y al cabo. La verdad es que casi ni la recordaba, me gustó en su día pero hoy la veo algo desangelada, demasiado sencillota, aunque tampoco le diría que no nunca a verla en directo, especialmente si es Kiske quien se ocupa de ella. Me refiero a Lost in Space, una de las mayores bizarradas que se han compuesto para esta opera Metal. Siempre que les he visto me pasa lo mismo. Me da un poco de rabia que corten un temazo como Sign of the Cross justo por la parte que más me gusta, pero después viene un atracón de inmensa felicidad cuando comienza a sonar ese estribillo, en plan despedida, de The Seven Angels… pffff, incontables las memorias que vienen a mi cabeza con esta música. Si algún día la viese tocada entera, podría morir tranquilo. Y encima, durante estos últimos minutos, como si de abordar un barco se tratara, absolutamente todos los componentes que Avantasia lleva en directo esta gira salieron al escenario a darlo todo y pudimos ver de todo, desde saltos, carreras, besos entre Ronnie y Eric Martin (jejeje), complicidad entre Amanda y Kiske… No pude salir más satisfecho y al mismo tiempo sobrecogido por esta maravillosa experiencia que, no importa cuantas veces se repita, no dejará de cautivarme.

Cualquier cosa que viniese a continuación lo tenía muy difícil para hacerme sentir la mitad de la mitad que Avantasia. Pero ojo, que ni de coña la intensidad iba a bajar de nivel. Que los TRUE Mayhem estaban acechando tras el telón. De las melodías más rimbombantes a la tralla más mortífera y desalmada. De la alegría y jolgorio que se vivió con Avantasia a la maldad y oscuridad. Esto que vino a continuación fue digno de vivirse también en toda su plenitud y, como en aquella ocasión, bajo el poderoso influjo de la gélida luna; curioso pero estimulante cambio radical. Ya sabíamos lo que se nos venía encima. La legendaria banda noruega, que contaba entre sus filas, entre otros grandes músicos, con Attila, vocalista que grabó el disco que iban a interpretar al completo, Necrobutcher al bajo (uno de los miembros fundadores), Teloch, quien sustituye a Blasphemer a las guitarras, y como no, el alma de la banda, el mítico Hellhammer.  El disco en cuestión, para regocijo de todos los que lo tenemos por una obra maestra, era ni más ni menos que “De Mysteriis Dom Sathanas” del 94, piedra angular del Black Metal, una de las mayores influencias para cientos de bandas venideras y sin duda, el mejor y más exitoso álbum de la banda. Una verdadera sucesión de temas que no dejan de inspirar oscuridad, maldad y sensaciones muy negativas. Prácticamente a oscuras, los músicos empezaron a llegar al escenario, encontrando una recepción que no estaba a la altura de las expectativas. En serio… ¿quién cojones puede perderse un concierto así? Con esos músicos, con esos temas… ¡si esto iba a ser gloria bendita! Con Funeral Fog, su tema de apertura, comenzó la sangrienta batalla, con un sonido atrozmente malo en el que apenas se distinguía el tema (y yo empezaba a temer que el bolo terminara como lo hizo en aquel Atarfe Vega Rock 2008 jeje). Attila gritó con todas sus tripas aquello de “When it’s cold… and it’s dark… the freezing moon can obsess you!!” mi querida Freezing Moon empezaría a sonar segundos después, y os aseguro que casi me vuelvo loco con ella. El principio, tan aterrador como siempre (y un poco más audible ya) dio paso a una maligna sarta de hostias sonoras de una contundencia casi insuperable, no apta para oídos blandengues.

Y es que la oscuridad y el terror se pueden sentir en el ambiente cuando este tema suena. Cuando pensaba que se me iba a desenroscar la cabeza, casi empalmaron con Cursed in Eternity. Pagan Fears, Life Eternal… estaba claro que el propósito de la banda era destripar al completo su “De Mysteriis Dom Sathanas” en orden y sin ningún tipo de condescendencia hacia el público: ni un saludo, ni una broma… nada. Oscuridad y nada más. Y tralla, muchísima tralla. Pese a que la falta casi total de luz me impedía ver gran parte del escenario, destacar que al fondo había un altar con velas y calaveras, en donde Attila se refugiaba de vez en cuando mientras seguía escupiendo odio por su garganta. Las guitarras y el bajo de Necrobutcher sacaban humo de tanta velocidad, pero si había algo que era realmente BRUTAL era la batería de Hellhammer. Cuando piensas que no puede tocar más rápido, aun vienen temas con los que se supera a si mismo y roza los límites de la más absoluta demencia, parecía que iba a explotar la batería y el mismo músico... Pese a que la peña estaba muy parada, yo seguía dejándome el espinazo en cada temazo que caía, como From the Dark Past o la genial Buried by time and dust (una de las que más me gustaron). Como colofón, y aunque el factor sorpresa era nulo, llegó la opera magna del disco, De Mysteriis Dom Sathanas. Aquel ritual de muerte tocaba a su fin, pero aun quedaban los deliciosos 6 minutos y pico de destrucción del tema, hiper acelerado, con un Hellhammer completamente desbocado (pero sin perder la coordinación, ojo) y un Attila más rabioso que nunca de principio a fin. En el momento en que terminó el tema, sin mirar siquiera al público, ni saludar, ni despedirse, ni dedicar unas miserables palabras… absolutamente nada, sencillamente se largaron. Me encanta. De todas las veces que les he visto en directo, esta ha sido de lejos la mejor, y además debo añadir que es uno de los conciertos más brutales, en el sentido estricto de la palabra, que he visto en mi puta vida, lleno de rabia, odio y tristeza a partes iguales. ¡Genial!

Y de hecho, pensé que entre Avantasia y Mayhem, dos de los mejores conciertos sin duda de todo el festival, aquella noche ya había tocado techo y era hora de comer algo (joder, que ya eran las 2 y media de la mañana y el estómago ya rugía desesperado después de 12 horas sin comer) y con la cabeza bien alta retirarse a las tiendas. Sin embargo, fue algo curioso. Mientras estábamos en una de las interminables colas que se formaban para pillar papeo, los Barón Rojo salieron al escenario, saludaron y dijeron, literalmente: “Nos dijeron que si queríamos tocar en el Leyendas teníamos que tocar el Volumen Brutal entero, y eso es lo que vamos a hacer, tocarlo entero, en el mismo orden, y sin parones”. Ante tal sequedad de introducción, pero a la vez tan prometedora, decidimos quedarnos viendo el concierto mientras nos zampábamos los kebabs. Creo recordar que no es el único concierto en el que hacen eso. Y aunque me hubiese gustado escuchar esas joyitas que casi nunca tocan en vivo, reconozco que este anuncio fue el detonante para quedarnos a ver el bolo. Cuando decidimos incorporarnos a la marea de gente, ya había caído la mayor parte del disco, que disfrutamos a modo de banda sonora (siempre con la calidad inherente a la banda). Incomunicación, la siempre bienvenida Los Rockeros van al infierno, Dame la oportunidad, Son como hormigas, Las flores del mal, la veloz y estimulante Resistiré, Satánico plan, Concierto para ellos… y como no, El barón vuela sobre Inglaterra, en la que los hermanos De Castro se marcaron unos bailoteos típicos mientras interpretaban el tema a la perfección. Así, ordenaditas, una forma distinta de escuchar el disco. Aquella noche no vi nada fino a Carlos, aunque nunca deja de dar esos gritos tan característicos. De hecho, creo que a pesar de eso cantó casi todos los temas él... ¿por qué? A veces se comporta, pero otras consigue destrozar clásicos. Pero lo que vi del concierto entre la peña, sobresalió un Armando que siempre brilla con luz propia cuando hace hablar a su guitarra. El concierto no terminó ahí, ya que posteriormente nos regalaron algún temazo como Con botas sucias, Tierra de vándalos (mira, esta me gustó muchísimo, no me la esperaba) y por supuesto Cuerdas de Acero. Hagan lo que hagan con sus setlist, nunca deberían quitar esta oda al rock’n’roll que siempre me pone frenético. Para terminar, Barón Rojo fue el tema que más en evidencia puso las aptitudes vocales actuales de Carlos, aunque por supuesto siempre es un inmenso placer volver a cantar una y otra vez esta gran pieza. Vocalmente un concierto más agrio que dulce, pero instrumentalmente como siempre de puta madre, además contando con el talento y la clase de Ángel Arias al bajo y Rafa Díaz a la batera.

Ahora sí, satisfechos y con la tripa llena, a golpe de himnos como solamente Barón Rojo posee, fuimos a trompicones hacia las tiendas, de nuevo charlar un ratillo con los colegas, recoger las cosas básicas e irnos a dormir a casa. A la vuelta, tuve una surrealista trifulca con un estúpido madero, pero a parte de eso todo estuvo dentro de la normalidad. A pesar del hecho de dormir en casa, un Leyendas sigue siendo agotador, ya que tuvimos las horas justas de sueño durante todo el festival (obviamente tampoco es lo mismo que dormir 4 o 5 horas dentro de la tienda…). Esta segunda jornada fue seguramente la más agotadora, a pesar de que fue la que más descanso hice (curioso), pero también la más memorable en cuanto a conciertos. Aquella noche lo de Avantasia en particular fue un sueño que se mantuvo en mi mente hasta llegar a casa… y continúa estándolo.

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