domingo, 19 de agosto de 2018

No hay verano sin Leyendas (Leyendas del Rock 2018, Viernes 10-08-18, Villena)

Cuando, a primera tarde de aquella tercera jornada, alguien preguntó medio de broma ¿y hoy, que toca? Contesté: Metal y a muerte. Y punto, no hay otra. Ese ha de ser siempre el espíritu, aunque ya dolieran todos los músculos del cuerpo, aunque las plantas de los pies echasen chispas y apenas pudiera mover el cuello ya, tal es la paliza que me pegué el día anterior a sudar y a hacer el cabra. Y precisamente en aquel día, el viernes, probablemente el más mortal de necesidad de los cuatro. El motivo era el dichoso escenario del camping. Si no meten a nadie interesante, pues se pasa y ya está. Pero si me meten a un grupazo como Jolly Joker, que son sin duda lo mejor que tenemos hoy por hoy en nuestro país en cuanto a Hard Rock y a Against myself, que al menos en disco me sonaron para chuparse los dedos… pues ahí la cosa cambia y había que ir aun a riesgo de acabar en coma por agotamiento. La noche anterior, terminamos acostándonos pasadas las 5:30 de la mañana, tras el concierto de Xtasy y el viaje. A la mañana siguiente, teníamos que estar en pie sobre las 11:00. No me cuadraban las cuentas, tan solo cinco horas para dormir ante el día más largo y movidito del festival. ¿Sobreviviríamos? La verdad, me la sudaba, el único objetivo era ir a muerte hasta caer de rodillas. Cuando llegamos al Leyendas, fuimos derechos a la furgoneta, incluso llegando antes de lo previsto, y seguidamente nos fuimos ya al escenario del camping, con el pensamiento de echarnos algo al gaznate y beber algo que nos despertara un poco. Pero sin duda, la mejor terapia, el mejor despertador, fueron los valencianos hard rockeros que, como veréis a continuación, dejaron flipando a todo el mundo con su show.

Rápido resumen. Cosas que me estaban gustando del Leyendas: el sonido, en la mayoría de grupos, excelente (salvando horrores como el de Children of Bodom), sobre todo donde más se ha notado, en el escenario pequeño, donde normalmente no se distingue ni una sílaba y hasta ahora todos estaban sonando excepcionalmente bien. La nota negativa fue cortarles el sonido a los Belphegor, según me comentó Javi de Alcoi, faltando tan solo un par de miserables minutos para terminar el tema final. No creo que nadie se hubiese muerto por esto, aunque por otra parte ya se avisó que los horarios se cumplirían a rajatabla. Las camisetas oficiales, ¡¡cada año son mejores!! Bravo por ello. Otra cosa a mejorar en futuras ediciones: Deberían poner aunque sea un par de policlean en la zona de caravanas… que mucha gente apalancamos allí el campamento y tener que rodear toda la valla para ir es una putada, al igual que tener que dar un rodeo bestial para salir al camino que lleva a los escenarios desde allí.

Comentaré más cosas según me vayan viniendo a la cabeza, pero de momento vamos al rollo, a lo que interesa, empezando por los valencianos Jolly Joker, que se salieron por todos los lados, tal como ya imaginaba. La banda lleva una imparable trayectoria ascendente desde que editaron “Sex, Booze & Tattoos” en el año 2013. Sin vacilar ni un segundo, a la hora convenida saltaron al escenario dispuestos a destrozarlo si hacía falta, con la guitarrera Sidewalks, donde ya pudimos apreciar el estilo y lo sobrado que va Yannick, una de las estrellas del concierto. Con Hey you, poco a poco se fue desfasando la cosa y la gente comenzó a entrar en calor (aunque esta expresión quizá sobra, porque las temperaturas eran de infarto) y el incomparable Lazy Lane fue cogiendo cuerda poco a poco para acabar tirándose la birra por encima de la cabeza y por todas partes del escenario (lo que hizo en más de una ocasión), genial para contribuir a la subida general de temperatura, siguiendo con temas como Nasty habits o Perfect life, pura esencia de su música, el Hard Rock con referencias angelinas de bandas como Motley Crue o L.A. Guns. Y no hay nadie, al menos en este país, que lo haga como ellos, con esa garra y ese poder de enganche, con esa personalidad y unos temas tan llenos de energía y gamberrismo. Sin embargo, hay un tema que es muy especial y que me gusta mucho, a pesar de coquetear más con el punk pop de los primeros Green Day, y ese es Full of beans, que llegó como un soplo de aire fresco con esa melodía tan refrescante y motivadora. Aunque fuesen las dos de la tarde… yo ya estaba a cien con esta panda de “grillaos”. Qué mejor para el calurón que repartir unas cuantas cervezas gratis, así que varios colegas de la banda (entre ellos mi colega Mauri jejeje) se pusieron a repartir, nevera en mano, y lanzar botes a todo el mundo. ¡¡Una iniciativa genial!! Y perfecta para la de hostias que nos venían encima, con nombre de Fuck it all, más Heavy que la vida, o Sucker, en la que la peña ya abarrotó el espacio del lugar. Espero con ansia el nuevo trabajo de esta gente, y como adelanto pudimos escuchar Believe, un tema que ya lleva unas semanas rulando por la red y creo que le da otra vuelta de tuerca más a su sonido. ¡¡Va a ser la bomba!! Hora de saltar a saco, sin complejos, con Rockin’ in stereo, donde Lane continuaba desperdigando birra por doquier mientras Yannick y Luke mostraban toda la chulería del mundo con esas pintas tan ochentenas. Me fijé bastante en este último, y la verdad es que también toca de vicio… ¿y quien no? Recordar que desde hace un tiempo tienen nuevo batería llamado Alex Ryder que, aunque en este concierto no destacó tanto, tiene unas posibilidades y un rollo enorme como batería hardrockero. El segundo tema de su primer disco, Dressed to kill, tuvo un feeling bestial, de esos que no puedes parar de mover el espinazo, puro rock’n’roll divertido y vacilón, es decir, 100% Jolly Joker. Pero aun nos tenían preparada una sorpresita, un cover fantástico del Blind in texas, y la verdad es que la voz de Lane se acopló perfectamente al tema. Con ganas de más, mucho más, nos quedamos la mayoría. Vaya concierto y vaya grupazo, que grandes son y más que van a ser.

Siguiente paso, ahora sí, comer algo para no desfallecer rendidos. Con sorpresa, vimos que la amplia oferta gastronómica que el año pasado se ofrecía en el escenario del camping había quedado reducida notablemente, conservando solo paellas y algún plato preparado… por suerte, siempre nos quedarán las legendarias salchi-papas, alimento barato y lleno de basu… digo, de energía, junto a un sándwich cutre y un litro de kalimotxo. El desayuno-comida de los campeones. Entre tanto, disfrutábamos del acompañamiento musical de Against myself, otra banda que queríamos ver y que por suerte también era viernes. Sus enormes dotes como músicos y su rollo progresivo llamaron en seguida mi atención, y en cuanto acabé de comer, me fui para delante cámara en mano para ver los últimos temas (uno de ellos The hidden truth, que ya pinchamos en el programa MetalManiacs y me encanta) y poder apreciar cómo se las gastaban en directo. De principio a final, la evolución de la voz de Irene Villegas fue a mejor, engrosando el chorro de voz y cantando más segura, con ese timbre tan fuerte e ideal para este estilo. Una voz perfecta tanto para tonos melódicos como líricos. A destacar también el bajo de 6 cuerdas de Raúl Plaza, quien melena al viento, tocaba de la hostia y metía grandes melodías “por la sombra”. El resto, entre otros, lo puso Charly Carretón a la batería, con redobles, cambios de ritmo, contratiempos… ya veis, otra banda de esas que a golpe de calidad en su música van abriéndose paso en este complicado mundo. Y tuvieron incluso un extra de suerte, ya que al caer del cartel a última hora Die apokalyptischen reiter, por lo visto fueron ellos quien ocuparon su lugar. Me hubiese gustado volver a verles en mejores condiciones, ya que el sonido no fue todo lo bueno que merecían, pero claro, mi running order ya era invariable aquel día.

Paso a paso, nos fuimos acercando hacia el campamento Krusty, donde nos esperaban unas birras frescas y un buen vaso de vodka. Hablamos y decidimos entrar pasado la mitad del concierto de Turisas, pero un año más, la lluvia se interpuso en nuestro camino. No sabíamos cuánto aguantaríamos bajo el toldo, y rápidamente desmontamos y corrimos hacia el recinto, donde ya casi estaban a punto de comenzar los finlandeses Sonata Arctica. Nos refugiamos bajo la carpa de la barra, ya que llovía más de lo soportable. Una vez se quedó la cosa en cuatro gotas, nos aventuramos entre la peña, delante del escenario derecho. Ya habían caído unos cuantos temas, y la gente estaba bastante animada, con el subidón extra que da estar dándolo todo en un concierto bajo la lluvia. Pero lo cierto es que a mí… de momento no me habían transmitido ninguna emoción, y pensaba que al estar más cerca esto cambiaría, pero no fue así. El keytar de Henrik Klingenberg, siempre espectacular, recorría el escenario tomando mucha presencia en ocasiones, mientras la batería daba caña en los momentos justos y Tony demostró ser un buen frontman, supliendo así sus enormes carencias como vocalista. El problema es que la evolución de su música ha sido bastante nefasta. Desde que comenzaron practicando un power metal frío y nórdico, con mucha tecla, han ido perdiéndose en un par de ensayos progresivos, toques hardrockeros… sin encontrar ningún puerto donde parar. Por lo tanto, vimos un setlist al que le faltaba cohesión, con temas clásicos como la celebrada Fullmoon, pero demasiada presencia de su última época discográfica. Absolutamente nada del gran “Silence”, ni siquiera del “Winterheart's Guilt” ni del “Reckoning night”, que aun tenían alguna cosita buena, y tan solo el Paid in full del “Unia”, que ya no había por donde cogerlo. Siempre he dicho que el cambio es la muerte de la esencia, pero en Sonata Arctica esto es más cierto que nunca. Eso sí, las primeras filas vibraban, con el vocalista haciéndoles gritar y saltar con una perenne sonrisa, pero a mí continuaban sin decirme nada, ni Closer to an animal ni la última Life. Más frío que un carámbano… o al menos si hubiesen tocado de sus primeros discos, que transmitían esta sensación, porque ni eso. Es la cuarta oportunidad que les doy ya en directo. La última no estuvo del todo mal, pero en este Leyendas 2018, desde luego, estuvieron muy flojos, con el agravante del pésimo sonido que sufrieron y de la intensa lluvia que duró la mitad de su concierto.

De haber sabido (aunque debí imaginarlo) que el concierto terminaría en decepción, me habría ido a ver a Tank de carrerilla, aunque básicamente esperé por mi chica, que no había visto nunca a los finlandeses. Por suerte, aun pudimos llegar a tiempo para ver los últimos temas y sin duda valió la pena, a pesar de que no había demasiada gente. El tema es que, como comenté después con mi amigo Juanmi, actualmente hay dos Tank rodando por el mundo, uno de ellos con Algy Ward (vocalista original) como único miembro que de la primera formación, y esta que nos ocupaba, la de Mick Tucker y Cliff Evans, los dos guitarristas de los primeros discos. Algo curioso, pero que no es ni mucho menos la primera vez que sucede en el mundo del Metal. Sería difícil llegar a una conclusión sobre qué formación es más legítima, pero aquí lo que importa realmente son los temas. Y sobre todo, el hecho de que nunca había visto a esta banda de la NWOBHM en acción, así que me conformaba aunque fuese una versión mutilada. Nada que reprocharles en su directo. El vocalista David Readman, conocido por serlo también de Pink Cream 69, fue increíblemente solvente en directo, con unos agudos muy notables y numerosos, además de parecer que llevaba toda una vida con la banda. Por supuesto, el extra de clase se notaba principalmente en los guitarristas Mick Tucker y Cliff Evans, separados del resto de la banda desde 2007 y con una formación que ha sufrido muchos cambios, siendo el último bastante reciente. En cuanto a temas, pudimos escuchar algunos como Judgement day o War nations, que respectivamente abren el “War Machine” y “War nations”, discos actuales compuestos ya por estos dos guitarristas por separado. Al parecer también utilizan cosas clásicas en sus setlist, y vaya uno: Stormtrooper fue la que terminó con su concierto, un concierto bastante movidito al menos en sus últimos instantes, muy clásico en su esencia puramente Heavy. Lo dicho, lástima no haber acudido antes.

Aunque realmente, si había aquel viernes una banda interesante en el Mark Reale, esa era sin duda Praying Mantis. También comenté justo antes del concierto el modo en qué se las gastan en directo con mi colega Juanmi, quien ya les ha visto varias veces. Para mí era mi primera vez, desgraciadamente después de habérmelos perdido en Valencia en su último acercamiento. Una de esas rara avis en cuanto a Hard/Heavy, que llevan un porrón de años sobre el escenario pero siguen moviéndose por circuitos underground a pesar de su enorme talento y su fuerza escénica. Allí estuvimos para comprobarlo, poco a poco avanzando entre la gente (había bastante más de la que esperaba) mientras, a saco, con un buen sonido y un volumen superior a lo normal, comenzaron a sonar con un feeling brutal temas como Captured city o Panic in the streets, que me enamoraron a primera escucha. El movimiento empezó a trasladarse desde el escenario hasta la gente, que en seguida empatizó a saco con la banda. ¿Cómo no hacerlo? La seguridad más absoluta dominaba el escenario, los perros viejos al final se hacen de notar y Praying mantis habían salido como un ciclón, cargados de fuerza salvaje. Es curioso como algunas bandas, sin haber un movimiento espectacular, son capaces de transmitir, debe ser esa clase como muestra por ejemplo Highway rozando el AOR, ese saber estar que tan pocos poseen realmente y sobre todo un rollo guapísimo en sus temas que te obliga a no parar. Jodido crack el John Cuijpers, vocalista de altísimo nivel que puso la nota de sorpresa para muchos, con una resistencia y una potencia casi incalculables, parecía que sus capacidades no tenían límite, no se cansaba y no paraba quieto, cantando temas de todas las épocas sin despeinarse, las actuales Believable (“Legacy”, 2015, discazo por cierto) o Keep it alive (“Gravity”, 2018) a clasicotes como Dream on, del 93, que particularmente me gustó a rabiar, un medio tiempo con cantidad de matices y unas guitarras geniales a cargo de Tino Troy, Andy Burgess. Mientras Andy apoya a la perfección junto a su colega Chris Troy (otro de los fundadores), Tino ejecuta unos solos que son para quitarse el sombrero, uno de los protagonistas del concierto junto al cantante. Llena de fuerza, Fight for your honor irrumpió entre el público de una forma muy directa y levantó más aun los ánimos. Un placer ver a Andy/Tino espalda contra espalda metiendo caña. Pero una de mis favoritas tenía que llegar sí o sí, me refiero a Time slipping Away, el perfecto ejemplo de la elegancia que desprende esta banda, cantada de maravilla y con una batería clavadísima, junto a Children of the earth, con ese mensaje tan verde. Fueron muchos los puntos álgidos de este concierto, una satisfacción enorme haberles visto por fin y disfrutado a raudales. La próxima vez que pasen cerca no pienso perdérmelos por nada del mundo.

Voy a ser sincero: muy pocas ganas, cada vez menos, de ver a los Children of bodom. Esta banda pasó de ser algo grande en mí estatus personal a degradarse con el tiempo a pasos agigantados. Por alguna razón ya he perdido todo el interés en ellos y de todas las ocasiones que tengo para verles, lo hago de uvas a peras. Escuchábamos los temas de fondo, mientras hacíamos cola para comprar un perrito (muy bueno, por cierto), iban cayendo Angels don’t kill cuando llegamos, o la magnífica melodía de Hate me! con un Alexi Laiho tan maleducado como siempre pero que sigue poniendo bastante mala leche a la hora de cantar. Sus dotes como frontman están fuera de duda, pero sigo viéndoles como una banda poco madura, no se muy bien como explicarlo, muy fanboy. A parte de esto, que podría no tener apenas importancia, el sonido era de los más horrendos de todo el festival, algo inexplicable con la experiencia que tienen. Si no llega a presentar Hate crew deathroll, hubiese tardado unos cuantos segundos en reconocerla, aunque ojo, hablo de que estábamos viéndoles desde las mesas mientras merendábamos, a lo mejor por la zona de delante la cosa mejoraba, lo ignoro. Lo cierto es que todo esto fue una lástima, porque el setlist fue especialmente bueno, muchísimo clásico junto y además bastante gente viéndoles, incluso cerraron con una del “Hatebreeder”, Towards dead end si no recuerdo mal, cantidad de cañera. Como detalle, cabe destacar que, salvo el guitarra rítmica Daniel Freyberg, el resto de la formación continúa intacta desde sus inicios.

Preferimos, poco a poco y mientras terminaba el concierto del combo finlandés en el escenario Jesús de la Rosa, nos fuimos acercando al contiguo en espera de una banda, esta vez alemana, que es sinónimo de valor seguro, de un directo que engancha y un recinto completamente abarrotado, probablemente salvando Nightwish y W.A.S.P., los que más llenaron. Prácticamente podríamos considerarles los cabezas de cartel del viernes junto a Saxon. Hablamos, como ya podréis haber adivinado, de Powerwolf, banda que cuenta con muchos seguidores y detractores, pero cuya carrera asciende a un nivel vertiginoso, y a la que dará un nuevo empujón su último disco, el “The Sacrament of Sin” de este mismo año, que ha recibido críticas fabulosas que yo secundo. Al turrón. Como era de esperar, el recinto estaba petadísimo hasta los topes. La banda, según rezaba el anuncio que dieron al festival, iban a hacer un ‘show completo’ que nadie quería perderse. Con una escenografía muy chula, salieron a triunfar, y sin mediar palabra prendieron mecha con Blessed and possessed y Army of the night, dos temas ya sobradamente conocidos, y es que con esas melodías tan pegadizas y coros es difícil que no se ‘enganchen’ a la cabeza… hasta llegar al primer tema del nuevo disco de la noche, Incense and Iron, que segurísimo se convertirá en un nuevo hit del grupo. A parte de su gran e imprescindible labor como teclista, Falk Maria Schlegel salía al escenario junto al vocalista para cantar, apoyar y animar a saco cuando no tocaba su instrumento. Esto me chocó un rato, pero es evidente que aporta mucho movimiento.

Por supuesto, la peña enloquecía con cada tema nuevo que saltaba, la directa Amen & Attack, con toda la peña coreando el inicio, y otro de esos temas destinado a convertirse en fijo, de nuevo de su “The sacrament of sin”, Demons are a girl’s best friend (y de nuevo esos teclados en primera fila musical). Desde luego, los alemanes se han convertido en unos auténticos hit-makers y ya encabezan muchos festivales donde tocan, aunque también hay que decir que utilizan muchos recursos facilones, como coros repetitivos o mucho uouo. De hecho, el vocalista Attila Dorn no dejaba de animarnos a que cantáramos, a que les ayudásemos, y a que fuéramos su armada particular. Encajaban perfectamente, y parece que meticulosamente calculados, los temas Armata strigoi y Let there be night. El griterío del público, tanto en los coros como entre temas, era casi ensordecedor, señal de un éxito rotundo y solamente llevábamos medio concierto. La banda, desde el bajista Charles Greywolf hasta el batería Roel van Helden iban ataviados con ropajes antiguos y las caras pintadas de blanco y negro. Esto, junto a la estupenda iluminación y los objetos de atrezzo, daban un aura muy sombría al conjunto. En All we need is blood, se repitió la historia. Attila pidió una y otra vez nuestra colaboración. Sonó como un trueno con las miles de voces, aunque no tan potente como Fire & forgive, que ya conocía todo el mundo pese a ser reciente. Un gustazo ver tanta tralla sobre el escenario, Charles desmadrándose y cruzándose con su hermano Matthew, Falk junto al vocalista cantando... genial. De todas formas, el agotamiento empezaba a hacer mella, y es que de nuevo el viernes no tuve ni 10 minutos seguidos para descansar en todo el día. Pero tan pronto tuve esta sensación, llegó de golpe y porrazo Werewolves of Armenia y ese estribillo tan cantado, que fue como un subidón de adrenalina extra, tanta como Resurrection by erection, en la que Attila hizo burla de los días sagrados cristianos (a ver que meapilas se mosquea por esto jajaja). Los discursos pseudo-religiosos continuaban con Sanctified with dynamite, donde, ooootra vez Attila nos pidió ayuda. Al principio estaba bien, fue divertido, pero al final ya cansaba un poco. Rompía demasiado el concierto y estas partes se alargaban excesivamente. Suerte que el final fue a piñón fijo, sonando demoledoras We drink your blood y Lupus dei, sin más preámbulos. Gran concierto sin duda, con un sonido espectacular por si no lo he dicho antes y con detalles muy cuidados, pero a parte de que no veo que tiene de ‘show completo’ a parte de la duración, se me hizo un poco largo por momentos.

Esto último terminó cargándome un poco más, y es que ya era mucha la tralla que llevábamos encima. Entonces me preguntaba… ¿qué podrían ofrecerme estos Saxon para aliviar mi cansancio (o mejor aun, para potenciarlo más jeje)? Es una banda a la que habré visto, al menos, 10 o 11 veces y os aseguro que no exagero. Y después de tantas, sigo deseando que vuelvan a aparecer una y otra vez en los carteles de todos los festivales a los que voy. Y es que, señores, decir que su concierto fue monumental, acojonante, increíble y todopoderoso, es quedarme corto. Decir que Saxon es una de las mejores bandas de Heavy Metal de este puto universo tampoco es ninguna mentira. Una vez más, todo les acompañaba. Un escenario enorme (más grande que nunca, según la organización), un sonido brutalmente fuerte pero muy nítido, mucha gente apilada esperándoles… hasta que salieron a escena, desde Paul Quinn a Nibbs Carter pasando, por supuesto, por el incomparable y alucinante Biff Byford, alma y voz de la banda inglesa. Y no veáis de que forma: se echaron primero unos temas de su época reciente como Thunderbolt y la poderosa Sacrifice… y aquello sonaba… de puta gloria, de estas situaciones que tan solo escuchar la potencia de las guitarras se te erizan todos los pelos del cuerpo y te dan ganas de meterte hasta la misma valla del escenario a base de empujones. ¡Vaya pedazo de subidón! Y los clásicos, pues a saco igualmente, dándole caña a Motorcycle man (con unos agudos de Biff que se salían de madre) y muy temprana, mi favorita del grupo, Strong arm of the law. Para los que os preguntéis que tal estuvo el cantante… sobra la pregunta. Byford no es como Halford. No tiene días malos. Byford siempre va a la yugular, a esforzarse a muerte, a patear todo el escenario y a correr si hace falta o arrodillarse. Pero aquella noche en el Leyendas estuvo en absoluto estado de gracia, con una forma de cantar agresiva, sin escatimar, gritando como un poseso a sus 67 añazos… es un prodigio de tío, sencillamente, nadie le puede hacer sombra. Batering Ram sigue teniendo su momento de protagonismo, igual que sucedió en la anterior gira, y The power and the glory fue una de las más deseadas.

Me encantó la complicidad y apoyo entre Paul Quinn y Doug Scarratt, solos por aquí y riffs de fuego por allá, pareja incomparable como equipo. La presencia de Biff continuaba desatando pasiones. Su carisma, la forma en la que pisa fuerte sobre el escenario, cómo nos mira diciendo: ‘aquí estoy yo’, pero sin ego, él es uno más aunque muchos lo elevemos casi a la categoría de Dios. La que da título a su último trabajo “Thunderbolt” no fue la única en sonar aquella noche, ya que no tardó mucho en caer The secret of flight y posteriormente, They played Rock’n’Roll, dedicada a todos los miembros fallecidos de Motörhead. ¿Veis a lo que me refiero con humildad? Además, solo hay que darle una escucha al disco. 100% Saxon, 100% Heavy Metal. Como en el 77, cuando empezaron. No han cambiado ni se han vendido a otros sonidos, y su telón de fondo con la portada podría haber sido el mismo que hace 30 años. Esto ES actitud Metal, esto SON principios, y todo lo demás es mierda. Buena retahíla de clásicos a continuación, y no veáis como se empleaba el bajista Nibbs Carter, como ametrallaba y sobre todo, cómo se movía, dejándose el cuello como si fuera un chaval. Espectacular. A lo que íbamos. Never surrender, And the band played on y especialmente 747 (Strangers in the night) me encantaron, y es que a esta última cada vez le encuentro más misterio en directo, esos acordes limpios, esa candidez en la voz de Biff… qué atmósfera más guapa. Segundo ejemplo: Biff coge el chaleco de parches de un fan, se lo calza, nombra a unos cuantos grupos que hay en él, se lo firma, y se lo vuelve a lanzar. Decidme cuántos cantantes con ese nombre y ese estatus hacen eso en directo. De hecho, las bromas con el público continuaron. Crusader y Princess of the night podrían definirse como el momento álgido en cuanto a locura de la peña, y ya de por sí son un regalo (y más a ese volumen que te salta los tímpanos), pero poco después el cantante rompió el setlist en pedazos y nos dijo que nombrásemos qué tema queríamos escuchar. Se escucharon algunos tan atractivos como Ride like the wind, lástima que no cayera porque si no ya… lloro. Pero por fortuna la escogida fue una de mis favoritas, Heavy Metal thunder. Si normalmente esto ya suena para mearse encima, aquella noche con unos Saxon inspirados hasta el extremo fue algo sin igual, apoteósico, a toda hostia y a grito pelao por parte de Byford. No tardo mucho en comenzar Paul Quinn con ese PEDAZO de riff de Wheels of steel. Los pelos otra vez de punta, y headbanging a toda mecha, joder, pensaba que se me iba a caer la cabeza al suelo. Lo dicho, cada vez les disfruto más. Y no olvidemos un himnazo del Heavy Metal universal como es Denim and leather… ¡¡todos a gritar como si no hubiera mañana!! La gran ovación que se les dio fue más que merecida. Que grandes, que colosales son…

Con un subidón tremendo en el cuerpo, nos dirigimos sin perder un instante, casi a la carrera, hacia el escenario Mark Reale. Hace tres años ya nos visitaron estos alemanes, que con el tiempo se han convertido en maestros en lo suyo. Freedom Call de nuevo dispuestos a hacer una gran fiesta de Power Metal a la que, este año pensábamos acudir pasara lo que pasara, a pesar del dolor de cuerpo que teníamos ya. El problema es (y ya lo dije yo mucho antes de que llegara el Leyendas) es que a una banda de este renombre no la puedes meter ahí. Llegamos y la situación era límite. El recinto completamente abarrotado, no cabía ni una puta sardina, costaba hasta respirar. Durante la espera, para colmo, me tocó quedarme en el pasillo lateral, y toda la peña empujando. La visibilidad era muy mala y por desgracia el sonido no fue el mejor. Pero no pensaba moverme de allí hasta que terminaran. Sonó alto y claro el teclado disparado, y a partir de ahí, rugieron las guitarras de Chris Bay y Lars para entonar en un tono muy festivo Tears of Babylon, y allá que iba todo el mundo gritando ¡on and on! Me jodió muchísimo perdérmelos en su primera venida al Leyendas (aunque ya les vi hace bastantes años en La Gineta) pero esta vez iba a dejarme el cuello saltando y gritando con ellos. Temas para ello no faltaron, de hecho, el setlist fue como una gran fiesta, divertida y a la velocidad del trueno con United alliance o Kings rise & fall, del “Master of Light”, última entrega discográfica del grupo hasta la fecha. Y hay que decir que los temas suenan de puta madre, es decir, a Freedom Call. Después de algún disco más rarito, parece que hace tiempo que volvieron a la senda correcta, al camino del Power Metal.

El clima que se vivía era excepcional, Chris Bay bromeando continuamente, hablando incluso algunas frases en castellano, con sus compañeros siguiéndole el rollo y siempre sonrientes. Pero cuando se decía de dar caña, ellos tienen claro cual es su estilo y cual es su religión. Con toda pasión, Union of the strong gustó mucho, más doble bombo a toda caña (y mucho más) a cargo de Dario Trennert, un fichaje de aúpa, muy reciente pero que va a aportar mucho al grupo a tenor de su forma de tocar. No es que Chris necesite demasiado apoyo. Su música es relativamente sencilla comparada con otras bandas del género, aunque seguro que le va bien descansar un poco y concentrarse más en cantar. Respecto a esto, en ocasiones los agudos se le quedaban bastante cortos, especialmente se notaba en temas antiguos, como la grandiosa Freedom Call… pero ¡vaya bombazo! Ala, puños de cuero en alto… y a dejarse la nuca con el headbanging hasta que el cuello se quede como un espárrago hervido. No hay otra. La verdad es que pese a la distancia, lo estábamos pasando de maravilla. Desde el escenario se percibía mucho ánimo y empeño, siempre mucha empatía hacia el público. Otro corte reciente fue Hammer of the gods, un tema calentito y bastante especial, más alejado del resto aunque sin perder el estilo de la banda. Chris insistía en que el Heavy Metal es un sentimiento de hermandad, de unidad, incluso hicieron alguna versión con el Hallelujah, letra modificada para hablar de nuestra música. Metal is for Everyone también les vino al pelo, mucha alegría y energía a raudales ante un público que siempre queríamos más y más. Habrá quien deteste este sonido más Light e incluso algo pasteloso a veces, como en Power & Glory, pero siempre les he seguido, me gusta su espíritu happy y optimista y sobre todo su gran compromiso con el Metal, tocando a toda hostia con muchos coros, como en Warrior, todo el mundo al unísono, y culminando aquel gran festazo con Land of Light, pura fantasía auditiva con esos teclados. Cierto es que eché de menos más material antiguo, un The eternal flame o un We are one habrían arrasado, pero lo importante es que siguen sonando a ellos sin duda.

Al final, parece que no, pero la sudada con estos Freedom Call fue guapa… entre la de peña que había y la de temas rápidos… jodo. Hasta nos hizo bien salir de la carpa para tomar un poco el fresco, camino a los escenarios para el gran remate brutal: Vhäldemar. Lo de Júpiter, en principio, iba a ser un grupo para descansar un poco. No digo que no me hiciese ilusión escuchar esos temas tan míticos y tan ochenteros, pero las piernas empezaban a no dar para más. Pero al final… parece que no me conozca jeje. Nos sentamos unos minutos mi chica y yo en un banco por la zona de los árboles, y cada tema me acercaba más hacia el escenario. Suspenso en amor, Juégatela, Prisionero de la noche… joder, ¡¡cuanto tiempo sin escucharles!! Creo que ya se me había olvidado el cansancio, y en seguida (muy a pesar de alguna, jeje) salimos hacia allá, a disfrutar de los temas que seguían cayendo. Desde lejos se adivinaba un sonido bastante bueno, con un volumen moderado en el que se podían distinguir bastante bien todos los instrumentos y nada sonaba por encima del resto, algo que para mí es fundamental. Y la voz de Narciso, bien oye, muy bien, mucho mejor de lo que me esperaba. Diría incluso que algunos temas sonaron en la tonalidad original, o minimamente bajados. Tan solo algún gallito puntual, pero en general sostenía los agudos y los alargaba bastante. Muy cordial, simpático y agradecido durante todo el show, nos iba presentando cada tema, como Pagarás mi amor.

Que privilegio poder escuchar esto en directo… y encima con la formación original, salvo evidentemente Javier Ponce, fallecido en 2003; en su lugar tuvimos a un eficaz Javier Mira, un crack que resolvió los temas con mucha clase y con buena presencia. Incluso, sorpresa, ¡¡hubo dos baterías por partes en el concierto!! (recordemos que cada disco de Júpiter fue grabado por un batería distinto, Juanje y Carlos). Entre las primeras filas no todo eran personas que disfrutaron de Júpiter en su día, también había fans jóvenes que cantaban a pleno pulmón Esta es tu noche o la bailable Siempre junto a mí, muy arriesgada para Narciso pero que sacó con mucha soltura. Quizá por los nervios no se movió más, pero en general lo hizo de fábula. Además, como él mismo nos dijo, en un par de días cumplía los 60. 30 años sin subir juntos a un escenario no pasan en balde… ¡¡pero desde luego lo disimularon muy bien!! Hay letras que, vueltas a escuchar, se me antojaron algo “carcas”, como Amante del Rock, pero otras, como la de Deudas, siguen siendo tan cachondas como siempre, divertidas y canallas a partes iguales. Esta última fue sin duda mi favorita, no podía dejar quieto el pie ni un momento jeje. Otros grandes momentos, también en la recta final, fueron Voy a por ti y Chica de fuego, también bastante picantonas (sobre todo para la época). Muy bien los coros, aunque necesitaban un poco más de presencia para que los temas sonaran idénticos a como suenan en esos “Júpiter” y “Radio Rock’n’Roll”, que por cierto, fueron remasterizados no hace mucho. Por fin, le dieron a todo el mundo lo que quería escuchar, con la cañera Radio Rock’n’Roll y sobre todo, muy alargada, con fragmentos entre medias de Highway to hell, Smoke on the water, Long live rock’n’roll… ¡¡¡Rock’n’Roll!!! Que me puso frenético para despedirles, mientras presentaban a los miembros de la banda. Y es que vaya panzada de recuerdos con estos Júpiter, y porque no decirlo, con el Leyendas recuperando esa voluntad de reunir a viejas glorias de nuestro Rock en exclusiva.

Ahora sí, dispuestos a morir por el Metal. En mi cabeza escuchaba gritos de ¡¡¡A MUERTEEE!!! ¡¡¡A MUERTEEE!!! Y no, no es esquizofrenia. Era mi aturdido cerebro recordándome que en unos pocos minutos tendríamos delante a los encargados de cerrar el penúltimo día del Leyendas. Y es que en cuanto a Heavy Metal clásico, en este país, no tienen rival. Vienen desde Barakaldo y son los grandísimos ¡¡Vhäldemar!! Antes de llegar este momento sabía dos cosas. No pensaba perdérmelos ni muerto, y la iban a liar, sobre todo por ser su primera vez en el escenario grande y por tocar los últimos. Un rato antes de empezar ya estábamos allí al pie del cañón, bastante cerca porque no todo el mundo se quedó a verles, calentando el cuello y las piernas. Atronadora, sonó por primera vez la guitarra de Pedro J. Monge para dar el escopetazo de inicio con Metalizer, pura dinamita, en la que Carlos ya salió hecho un descosido a cantar, poniendo toda el alma en ella. Un punto más de velocidad y ya teníamos esa furia de canción que es 1366 (Old king’s visions Pt. V). La batería de Jandro sonaba atronadora, un doble bombo a 100 por hora mientras Raúl Serrano, quien se incorporó a la banda el pasado año, maltrataba su bajo y metía headbanging tanto o más que nosotros. El sonido era bueno, pero podría haber sido mucho mejor en el comienzo. Faltaba un toque de volumen, y algo más de presencia en los instrumentos, especialmente en el de Pedro, contando que es un jodido guitar hero, sus solos no se escuchaban todo lo bien que deberían. La gritona voz de Carlos volvió a restallar con Against all kings, para mí, de lo mejorcito de ese discazo titulado como el tema, un lanzamiento a años luz del 90% de discos que salieron el año pasado de bandas nacionales. Muy pocos son capaces si quiera de alcanzar la fuerza, la actitud y las ganas que tienen Vhäldemar hoy por hoy, tras casi 20 añazos de carrera., y más con temas como esta última o I will stand forever, otro ejemplo de tema que en directo gana incluso más que en disco. Carlos Escudero estaba que se salía, cantando al límite y rebotando de una parte a la otra del escenario, provocando a la gente de un lado y de otro, y soltándolas a cada canción, barbaridades de las suyas con las que no puedo evitar descojonarme vivo. Es completamente normal que estén tan orgullosos de su último disco, porque es una verdadera maravilla, hasta ahora el quinto y para mí, obra cumbre de su carrera. “Against all kings”, de hecho, ocupó casi la primera parte del show para regocijo de los que no podemos dejar de escucharlo entero una y otra vez.

Jonkol Tera, teclista de la banda desde hace ya un tiempo, abrió para el siguiente tema con esa melodía que ya forma parte casi de la historia del Heavy nacional, precediendo a Howling at the moon, probablemente uno de los temas que más animó a la peña, y es que una vez más, Jandro reventó su batería a hostias mientras Carlos se ponía en primera línea de escenario con mirada desafiante. La parte cantada en el disco Rubén Miranda estuvo muy bien sacada, aunque sin llegar del todo a las partes agudas. Últimamente tienen un poco olvidado en directo ese gran disco que fue “Shadows of Combat”, y aunque no tuvimos ni Rock City ni Black Thunder, una carismática The old man cubrió perfectamente ese hueco. Momento de desfase absoluto, hilarante y casi surrealista, cuando el rudo vocalista comenzó a enumerar las cosas y las personas que le tocan los cojones, un despiporre total, mientras gritaba ¡¡BASTARDS!! Os juro que casi me meo patas p’abajo. Naturalmente, esto nos enrabietó a todos un poco más, y nos dejamos la garganta acompañándole en Bastards. Genio y figura, continuó con sus ‘sutiles reproches’ mostrando todo el orgullo, y gritando ¡los que no se han quedado para vernos no queremos que vengan más! o ¡algunos dirán que hablo mucho, pero yo hago lo que me sale de los huevos! Y cosas similares. Pero qué grande es, me cago en la puta. Eso es actitud con dos cojones de acero y lo demás son tonterías. Eso es saber como pincharle fuego a un concierto y reavivar las ganas de los espectadores. También aprovechó para presentar a la banda e introducir el siguiente tema Breakin’ all the rules, también el único en sonar de su “I made my own hell”, el disco con el que les descubrí. El duelo entre Pedro y Jonkol a los teclados… uf, flipante, vaya par de fieras, que gustazo. El guitarrista, por su parte, continuó demostrando el porqué es uno de los guitarristas más brutales que han pisado nunca el Leyendas y el solo de Metal of the world fue sencillamente perfecto, chirriante, tirando de palanca y con toda la pasión del mundo. También los cinco que allí sobrevivimos estábamos viviendo a saco el concierto. Flipado se quedó más de uno cuando el vocalista, de un bote, se bajó entre el público mientras sonaba River of Blood. Algunos miraban al escenario y otros le seguían. Y es que este tío no tiene complejos, y si hace falta darse un paseo entre la peña micro en mano, pues se da y punto. Muy agradecidos y sin perder la actitud, se despidieron casi con Dusty road y por supuesto, con la eterna protagonista del final, Energy, y otra vez Pedro bordando el solo y dejándonos a todos con los huevos en el suelo, más Heavy que nunca, con ese finalazo tocando de espaldas ¡¡y hasta con los dientes!! Que razón tiene Carlos cuando dijo: no me cuentes historias, no has visto tocar a nadie como a este tío en tu puta vida. Energía es precisamente lo que nos inyectaron en vena, cuando piensas que ya no puedes dar un paso más, vienen estos tíos y te hacen romperte el espinazo otra vez. Vhäldemar tienen que volver, siempre, y tienen que hacerlo al escenario grande, porque ese es su sitio. Porque son LEY.

Volvimos ya casi cojeando, recorriendo el trecho que nos separaba del coche para volver al pueblo, a descansar como toca. Otro día que se había salido de madre, con más conciertos incluso de los que pensaba ver, a tope, sin descanso desde las 14:00 hasta las 4 de la mañana. Y siempre a muerte. ¡¡Esto ya no se podía parar!! Aun quedaba un último día, a priori el más flojo, aunque quién lo diría con la de grandes nombres que mostraba el cartel... Y es que, le pese a quien le pese, esta edición ha tenido uno de los mejores de su historia.

_|,,| JaviMetal (Is The Law) |,,|_

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