viernes, 30 de agosto de 2024

Ripo-Exprés (Ripollet Rock 2024, Viernes 23/08/2024, Parc dels Pinetons, Ripollet)

Finales del mes de agosto, ciudad barcelonense de Ripollet, y viernes. Con tan solo esos datos, ya es muy sencillo adivinar que estamos hablando de una de las citas anuales más importantes en lo que a festivales de Rock y Metal se refiere. Incluso más que una simple cita, podríamos referirnos al festival Ripollet Rock como un auténtico ritual cuyo nacimiento casi se pierde ya en la memoria de los tiempos, imperecedero, incombustible. Un evento que siempre cuenta con el amor y el apoyo de un público incondicional, y un esfuerzo más que patente y admirable por parte de la asociación que, año tras año, lo lleva adelante a pesar de las adversidades. Una cita ineludible por estas fechas en los Països Catalans, casi una suerte de peregrinaje a donde acuden melenudos de toda la península para disfrutar de carteles la mar de atractivos. Incluso en el 2021, en plena pandemia, y con unos cuantos recortes por aquí, y unos cambios drásticos por allá, logró llevarse a cabo contra todo pronóstico. No fue la mejor edición, desde luego, pero sí una muestra más del empeño y testarudez de la Asociación Ripollet Rock por estar siempre al pie del cañón y no fallar una sola. A tod@s ell@s, como siempre he dicho en cada una de las crónicas que he escrito sobre este festival, mi más sentido aplauso. La cosa es que el cartel de esta edición 2024 no era el que más me motivaba, pero sí más que el del pasado año (esto ya es a título personal, claro). E intentando hacer coincidir fechas de trabajo con la gran celebración, al final pudimos darnos el gustazo de asistir, aunque ya os aviso que fue un acercamiento exprés debido a dichas obligaciones laborales. Pero menos da una piedra, ¿no? Y además, como siempre, 100% gratuito.

Obviamente, nuestro principal objetivo eran los americanos Kamelot. Principal… y único posible debido a los horarios a los que nos teníamos que atener. Pero afortunadamente, la noche dio bastante más de sí de lo que esperábamos, y además, contamos con la gran compañía de nuestros colegas Josele y Ari, que un año más se apuntaron a la fiesta, e hicieron que la velada fuese todavía más especial, entre otras cosas, por las risas que nos echamos en esa caminata incierta y sombría hacia el recinto del festival. También digo que tuvimos más de lo que esperábamos porque, gracias a que el viaje fue rapidito y sin ningún traspiés, todavía llegamos a tiempo de ver el concierto prácticamente íntegro de los Neonfly, que nos visitaban directamente desde Inglaterra.

Neonfly:

Y si bien en disco su Metal moderno no me termina de convencer, tengo que reconocer sinceramente que en directo me gustaron muchísimo más de lo que pensaba, y me dejaron unas impresiones excelentes. Disfruté de cada uno de los temas que pudimos ver, y sobre todo, de una actuación muy enérgica, con mucho movimiento y mucha empatía, tanto entre banda y público, como entre los propios músicos. Comenzaban su show mientras hacíamos cola para pedir unos tragos (esas interminables colas tan típicas del festival), y el primer tema que pude reconocer, cuando apenas llevaban unos minutos tocando, fue Beating Hearts. El recinto estaba tan abarrotado como las propias barras, cosa que siempre es una alegría para un festival que tiene en ellas su principal fuente de ingresos. A pesar de ello, no fue difícil encontrar una buena posición desde donde verles bien a gusto. Willy Norton, al micrófono, fue uno de los músicos más entregados y carismáticos de cuantos desfilaron por aquel escenario en toda la noche. Presentó cada uno de los temas, y siempre tuvo en dichas palabras algún detalle hacia su público, bien chapurreando español, bien invitando a repetir gestos. La cuestión es que gracias a ello, iba logrando a pasos de gigante que la gente se sumergiese en el concierto, como sucedió en la siguiente The Future, Tonight. Respaldado por una buena base de coros, de los cuales se encargaron ambos guitarristas, y unas voces guturales de su bajista Paul Miller, a Willy no le fue nada difícil acaparar todas las atenciones, ostentando cada vez más ese amplio y cautivador espectro de registros del que hace gala. Su música contiene estructuras bastante pesadas y modernas, con riffs muy potentes, pero también muchas partes en donde reluce la melodía.

Another Eden, que levantó ya unas cuantas manos en el aire, fue un buen ejemplo de esto último, con tesituras vocales que parecían incluso femeninas, y unas partes altas muy bien ejecutadas, tanto como esas secciones de cuerdas, de quienes fueron responsables Frederick Thunder (fundador de la banda junto al vocalista), y para la ocasión, Ryszard Gabrielczyk, que ya les ha acompañado en varios directos de un corto tiempo a esta parte, reemplazando en esta ocasión al habitual Mirko Fadda. Aunque no les he visto en anteriores visitas, es fácil pronosticar que esta fue una de sus más grandes y triunfales noches en nuestro país, a raíz de lo motivado que tenían al personal. Lo único negativo, por el momento, y es algo de lo que siempre peca el Ripollet Rock, era el exagerado humo que invadía el escenario, y que por momentos, limitaba muchísimo la visión del concierto. Y es una lástima, porque en cuanto a movimiento escénico, aquí hubo mucho que apreciar. Durante Final Warning, también las luces se volvían locas a parpadear, difuminando todavía más la claridad, aunque por el contrario, el sonido del que estábamos gozando era realmente bueno, y seguramente, el mejor de todo el festival. Los buenos coros (ahora limpios) del bajista Paul Miller, y la tremenda contundencia de la batería de Dec Brown, que pegaba a sus parches como si no hubiese un mañana, nos dejaron unas bases bien sólidas y protagonistas. Y tras ‘aterrizar’ de rodillas al frente del escenario, para bordar el tema, el vocalista dejó lucirse por todo lo alto al resto de músicos en la instrumental Aztec Gold.

A parte del buen hacer de todos ellos, pudimos disfrutar también de un buen espectáculo, con dos coristas que salieron a escena portando unos artilugios en llamas, e incluso ver al guitarrista Frederick lanzar un buen escupitajo de fuego. Dicho espectáculo se mantuvo hasta el final del concierto, en los dos temas que restaban. En Steal the World, Willy seguía esgrimiendo toda una variedad de registros vocales que nos encandilaban cada vez más, y tras él, en continuo movimiento, Paul, Frederick y Ryszard daban una cera bestial a sus cuerdas y al headbanging, saltando alguno de ellos, y cambiando sus posiciones una y otra vez. Los tres terminaron de rodillas al límite del escenario mientras Willy nos deleitaba cantando desde la valla del foso, recortando todavía más la distancia entre banda y fans. También la gran cercanía y buen clima entre ellos contribuía a nuestra subida adrenalínica, juntándose todos con todos, y cruzándose con todo tipo de gestos. This World is Burning fue, sin duda, mi favorita del concierto. Un auténtico temazo que, pese a sus líneas melódicas y rítmicas más modernotas, ha terminado enganchándome cosa mala, y en directo sonó de fábula, conquistando a todo el mundo. Headbanging constante desde el escenario y toneladas de ímpetu, ansias interminables de gustar y conectar, condujeron a un pequeño stand by, en donde el vocalista aprovechó para presentar su banda y hacernos cantar un poco junto a él, calentando voces para el envite final, en donde por cierto, la batería parecía un jodido trueno. De los mejores sonidos que he escuchado nunca en este Ripollet Rock. Bravo por Neonfly, que se ganaron a pulso ser uno de los grandes triunfadores de la noche.

El descanso entre banda y banda fue extremadamente divertido. Nos fuimos a dar un rulo por las tiendas, visitando también la segunda barra del festival, pasando por los wc, echando un ojo a los puestos de venta de vinilos (hay que ver cuánto se han extendido estos últimos años…) y por supuesto, disfrutando del ambientazo habitual que siempre prima en cada Ripollet Rock. Vi a muy poca gente conocida este año, y no quedé con nadie porque hasta última hora no sabía si podría acudir. Entre unas cosas y otras, terminamos partiéndonos la polla de risa y comprando ‘pokeballs’ en una de las paradas de accesorios y bisutería (¿?¿?). El tiempo pasó volando, tanto, que en cuanto nos dimos cuenta ya empezaba el show más esperado de la noche.

Kamelot:

No por haberles visto hacía escasos dos meses dejaba de tener ganas de repetir con ellos, siendo esta la octava vez que me enfrentaba a su directo. En Rock Imperium nos ofrecieron un espectáculo más que loable, aunque víctimas de un sonido que se contó entre los peores del festival. Así pues, si los técnicos continuaban con las buenas maneras que demostraron en Neonfly, este sería otro aliciente extra para verles con tan poco tiempo de diferencia. El setlist fue exactamente calcado al de Cartagena, con sus grandes momentos de subidón y sus partes más apagadas, aunque la banda hizo todo lo posible y más para que el calor no decayese.

La apuesta por abrir con Veil of Elysium fue moderadamente arriesgada, aunque hablamos de un tema bastante cañero que rápidamente nos puso a tono en espera de que llegasen, con el tiempo, sus auténticos grandes hits. El recinto estaba ahora incluso más concurrido que en Neonfly, teniéndolo todo a su favor en ese sentido. Solo les hacía falta acertar en la diana con grandes temas y la actitud que tantas veces nos han demostrado sobre el escenario. Tommy se mostró pletórico a la hora de transmitir su encanto y la elegancia intrínseca a los temas de la banda, y mientras tanto, su compañera Melissa Bonny (colaboradora en directo desde hace un año) esperaba su turno de lucimiento en la plataforma superior dispuesta para la ocasión. El curioso efecto ‘fade’ en las teclas de Oliver Palotai nos introdujo a Rule the World, mucho más acertada. En ella, ya pudimos ver cuál sería la tónica dominante en la actitud del bajista Sean Tibbetts, un verdadero animal que devoraba cada centímetro de escenario a base de pateos, headbangin y zarandeos de su instrumento. Visitando por primera vez su más reciente álbum, “The Awakening”, ahí llegaba Opus of the Night (Ghost Requiem), con batería machacona a saco, unos buenos coros limpios de Melissa, y Oliver disfrutando a cascoporro, melena al viento sobre su teclado. No hacía falta más que escuchar y sentir esas voces que gritaban desde el público el nombre de Kamelot para saber que la cosa iba realmente bien, y estaban llegando al corazón de sus fans con tan solo unos pocos temas. Extra motivado por ello, para Insonmia, Tommy nos incitaba a saltar con él, predicando con el ejemplo, al igual que el bajista, cada vez más inquieto y envalentonado. El vocalista hizo aquí un gran trabajo, exigiéndose a tope y clavando cada nota.

Aunque lo más complicado para él aún estaba por llegar, como por ejemplo, When the Lights Are Down. Aunque a nivel de ánimos estaba muy arriba, Tommy no estuvo tan fino a nivel vocal, desentonando en varias líneas y costándole bastante el tema en general. New Babylon fue otra de las extraídas de su “The Awakening”, disco al que, por cierto, no termino de cogerle la gracia, con esas tendencias más modernotas y que para mi gusto, no encajan en la esencia de la banda. Sea como sea, nos brindaron un buen espectáculo, con dos figurantes encapuchadas saliendo al escenario bajo luces muy tenues, un foco alumbrando al teclista Oliver, y coros disparados creando ambiente (aunque sonaron demasiado fuertes y predominantes). Entre las vueltas con las que ahora se arrancaba el gran Thomas Youngblood, y la teatralidad en los gestos de Tommy, bajaba Melissa Bonny a marcarse unos guturales de lo más agresivos, antes de pasar a registros mucho más clásicos y elegantes con la esperadísima Karma, casi enlazada con la anterior. Debo puntualizar que, si bien el conjunto a nivel de ecualización no fue perfecto (faltó algo de nitidez desde mi posición), las teclas sonaron siempre en su justa medida, con la intensidad y volumen justos para ser apreciadas sin sobresalir excesivamente. Y esto es algo que siempre agradezco mucho cuando se trata de este instrumento, y al mismo tiempo, es algo bastante poco habitual en la gran mayoría de conciertos. Papelón muy destacado, por cierto, el de Alex Landenburg, con un gran control en sus cambios y cruces rítmicos, en esos ligeros toques progresivos que, desafortunadamente, han ido perdiendo con el tiempo. Caía la única representante del “Silverthorn” en aquel setlist. Sacrimony (Angel of Afterlife) fue, para mí, una continuación algo sosa, donde salvó la jugada ese dúo vocal, extremadamente bien coordinados, ensamblando bien sus timbres, y demostrando mucha química escénica.

Siempre espectacular, por cierto, Melissa Bonny, con su traje de luces remarcando su figura. Center of the Universe fue indudablemente uno de los puntos álgidos del repertorio. Y como muestra, esas cientos de voces que emergían desde el público acompañando su melodía principal. Nos recibía como casi siempre, en primera línea, Sean y sus rastas, esgrimiendo el bajo con gran actitud e histrionismo. Los coros y armonías de Melissa fueron algunos de los mejores de todo el concierto, sin desmerecer el curro de Tommy, tocando con fuerza y seguridad esas notas más altas. Por pedir, eché en falta un poco más de brillo en la batería, cosa que me sucedió en casi toda esta recta final, unido a algún que otro petardeo que se hicieron más patentes a partir de este punto. Tras un buen griterío aclamando al grupo, y tal subidón de adrenalina previo, NightSky volvió a quedar algo fuera de lugar (insisto, para mi gusto), y tampoco ayudó el que la empalmaran con un solo de batería, aunque siempre sea un gusto ver a Alex Landenburg aporrear los tambores, quien por cierto, hace poco que fue padre de gemelos. La caña prosiguió, remontando enteros de la mano de March of Mephisto, de mi querido “The Black Halo”. Thomas estuvo muy activo en ella, y en general, más que en el bolo del Rock Imperium. Constantemente recorría su zona, se asomaba al público, y se adelantaba para subir los ánimos con palmas y gestos, además de regalarnos sus magistralmente interpretados riffs y solos. Tommy se arrodillaba ante nosotros, Sean continuaba con sus movimientos locos, e incluso Alex se quedó de pie en una de las partes del tema. También los guturales de Melissa le dieron un aire renovado al tema… aunque jamás entenderé la imperiosa necesidad actual de meterle guturales a TODO.

Se formaban unos segundos de silencio, y aparecía, iluminado, el teclista Oliver, a cuyas notas se unieron las de Mr. Youngblood para formar la melodía de Forever, momento que a muchos nos puso la carne de gallina inmediatamente. Un tema que siempre despierta incontables emociones entre el público. Y aunque fue obvio que le costó un gran esfuerzo, Tommy regaló con ella otra de sus mejores interpretaciones, incluso en ese ‘pico’ donde casi siempre se rompe su voz. Muy contento, presentó a la banda, metió un fragmento del We Will Rock You, y hasta nos hizo acompañarle con unos ‘yeah’, antes de completar la faena y salir por la puerta grande. Aunque no fue una salida definitiva, ya que pronto volverían a estar sobre las tablas, atacando con unos bises que me dejaron parcialmente frío. Por una parte, una de las que más me molan del último CD, One More Flag in the Ground, en la cual Tommy salió enarbolando una enorme bandera, y lo más sorprendente, tocó él mismo las primeras notas de teclado que arrancaron el tema. Por otra, Liar Liar (Wasteland Monarchy) llevó un ritmo imparable en todos los sentidos. Fue un deleite disfrutar de la pegada de Alex, del buen ejercicio del vocalista, y de las constantes carreras, arriba y abajo, de Melissa, que cobró muchísimo protagonismo, sobre todo, en esos ‘enfrentamientos’ vocales con Tommy. Además, fue un tema muy bien recibido, ideal para poner fin a una actuación de gran calibre, tras la cual, el vocalista definitivamente se ganó nuestro corazón con ese ‘Bona nit!!’, entre multitudinarios aplausos.

Ya bien pasadas las 2 de la madrugada, íbamos con el tiempo bastante apretado. Pero lo cierto es que lo estábamos pasando de puta madre, así que decidimos quedarnos un rato a ver a los eldenses Lándevir y su Heavy Metal melódico de connotaciones folklóricas y medievales. No era lo que más me apetecía a aquellas horas, francamente, aunque bien es sabido que este tipo de bandas son muy apropiadas para levantar la fiesta a horas intempestivas. Sin embargo, les costó mucho más de lo deseado conseguirlo, y los largos minutos de retraso que acarrearon, tampoco fueron plato de buen gusto.

Lándevir:

Muchos (por no decir más de la mitad) de los asistentes cogieron carretera y manta tras la actuación de Kamelot, quedando un público más bien escaso y visiblemente cansado que no pareció conectar demasiado con la banda, al menos, en los primeros temas que vimos. El concierto arrancó con Creencias Del Ayer, saltando al escenario la banda, y mostrando su mejor cara con el fin de animar al personal a base de buenas melodías y ritmos muy pegadizos y bailables. José María Jerez y Francisco Gonzálvez, el dúo de hachas, se situaban en los respectivos laterales del escenario, mientras que Jose Mancheño ocupaba el centro, luciendo melena sin parar. Iván Martínez, con su inseparable sombrero de copa, era uno de los músicos que más movimiento mostró desde el inicio, aunque ni sus mejores maneras fueron suficientes para hacer despegar a un público algo desubicado. El sonido fue, a parte del cansancio acumulado, el peor hándicap de su actuación. No es que sonase especialmente mal, o que los instrumentos se comiesen unos a otros. No había desequilibrios importantes, y sin embargo, había una flagrante falta de potencia en el conjunto, sobre todo, en las guitarras, que sonaban bastante muteadas y faltas de lucidez. Con teclados disparados, arrancaba Nunca Dejes de Soñar, en donde también saltó a la palestra el flautista Pablo Guerra, tocando y echándose unos bailes en la tarima posterior.

Eran notables esos coros con los que el guitarrista José María acompañaba las labores de Jose Mancheño, que cada vez iba calentando más su voz y sus ademanes. De momento, todavía les costaba mucho hacer levantar el vuelo. Llegaban presentando, orgullosos, su quinto disco, con el evocador título de “Un Viaje en el tiempo”, aunque por otra parte, tampoco estuvo demasiado inspirado el vocalista en su oratoria entre tema y tema. De hecho, los cortes de dicho trabajo fueron protagonistas absolutos de este primer tramo, y a decir verdad, me gustaron bastante sus melodías, como la siguiente y última que vimos, Tu voz. Lamento que tuviesen un sonido tan indigno y una posición tan desdichada en el horario, algo que sin duda influyó en la pobre respuesta del público. Aun así, y lo digo porque les he visto en otras ocasiones mucho más agraciadas, no me cabe duda de que pusieron toda la ilusión y entusiasmo sobre el escenario, y espero que conforme avanzase el concierto, la gente disfrutara de su show como se merecen.

Y hasta aquí puedo contar. Los que me conocen saben que odio quedarme a medias con un festival, y especialmente con uno al que le tengo tanto cariño como es el Ripollet Rock. Pero esta vez, por causas de fuerza mayor, no hubo más cojones. También por llegar tarde, me dolió especialmente perderme a los brutales Bloodhunter, con quienes tenía muchísimas ganas de repetir tras la tormenta que nos sacudieron en este último Leyendas del Rock. Aún así, me llevo un gran recuerdo, especialmente de los conciertos de Neonfly y Kamelot y de los buenos ratos que pasamos los cuatro amigos que nos reunimos allí. Espero poder volver el año que viene con condiciones más flexibles (y por pedir, que nos traigan algún caramelazo poco habitual como hicieron, por ejemplo, con Royal Hunt, Jaded Heart o Victory en pasadas ediciones). ¡Hasta pronto, Ripollet!

_|,,| JaviMetal (Is The Law) |,,|_


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Si te ha gustado la crónica, estuviste allí o quieres sugerir alguna corrección, ¡comenta!

2