sábado, 26 de septiembre de 2026

We Own the Night (Rock the Sun 2026, sábado 19/09/2026, Carpa del Poble Espanyol, Barcelona)

El Antro del Metal - Rock the Sun 2026 - Michael Monroe portada

En la tarde / noche de viernes anterior, todo salió como la seda. Disfrutamos una burrada de cada uno de los conciertos, y de principio a fin. No hubo una sola banda que nos dejase regusto de decepción, y en cambio, sí muchísimas alegrías, como el conciertazo que se marcaron Kilmara casi al comienzo de la tarde, la bestial energía que desprendieron los The Cruel Intentions, o aquel final de la mano de Eclipse, que si bien es cierto que pudo ser bastante mejor, tuvo los suficientes momentazos como para hacer que recorriésemos el camino de vuelta al hotel con una gran sonrisa. Sin embargo, hay que llamar a las cosas por su nombre, y para mí, este sábado era la jornada con mayúsculas, la fecha y los grupos realmente imprescindibles de un cartel con el que llevaba muchos meses soñando. Una vez más, reconocer el mérito de Madness Live! por tener los cojones de contar con bandas muy poco habituales en nuestra tierra, como los legendarios americanos Faster Pussycat o Michael Monroe, que aunque nos visitó el año pasado en el Rock Imperium, tampoco es que se prodigue en exceso por aquí. A ello, hubo que añadir un acto bastante exclusivo, como el de la gira de despedida que nos trajeron los suecos Treat, la siempre bienvenida Chez Kane, con un repertorio de lo más festivo y disfrutable, o dos de las mejores bandas de Hard Rock que existen actualmente en nuestro territorio, como son Lonely Fire y por descontado, mis idolatrados Jolly Joker, sin los cuales el cartel hubiese sido genial, pero no perfecto. Uno de esos días de festival en los que, de antemano, uno ya sabe que se lo va a pasar como un puto animal desde el mismo arranque hasta el último acorde.

Pero lo primero que me alegró el día, ya desde buena mañana, fue el bufé libre que teníamos incluido en el hotel, cosa que no supe hasta el día anterior. A pesar de haber llegado reventados a la cama, aquel sábado hicimos un esfuerzo para levantarnos temprano y bajar a desayunar. Bastante famélico, y con el fin de acumular energías, me puse como un auténtico gorrino de comida, para después echar un último descanso en la habitación. A aquello del mediodía, quedamos con mi amigo Juanmi, a quien me alegré enormemente de ver, para tomar unas birras y un aperitivo por las calles de Barcelona. Dimos un buen garbeo, pero esta vez con la hora exacta de apertura de puertas en mente, para que no pasase lo del viernes. Para redondear la mañana, justo en la entrada del recinto, me encontré con mis colegas de Jolly Joker (Manu, Yannick, Andi, Aaron y Nando) junto con Judith y Tomás de On Fire, lo que supuso un patadón de ánimos que me duró todo el día.

Muy prontos les veríamos reventar el escenario, pero antes, era el turno de los cartageneros Lonely Fire, una de las grandes promesas (o ya más bien realidades) del Hard melódico / AOR de nuestra escena. Una verdadera delicatesen de banda que, más que un aperitivo, ya era para mí uno de los grandes atractivos de la jornada, sobre todo, después de haber disfrutado de ellos hace unos años en el Rock Imperium y saber de buena tinta que cuidan sus directos hasta en el más mínimo detalle.

Lonely Fire:

Su segundo álbum, que llevará por nombre “Sin City”, es seguramente uno de los lanzamientos más esperados por los amantes del género en nuestro país. Y viendo la calidad que ostentó aquel “The Last Ride” a todos los niveles, no me extraña en absoluto que haya despertado tanta expectación. Por otra parte, y a raíz de lo escuchado en el primer tema que nos presentaron aquella tarde, deduzco dos cosas: que se trata del tema título de su nueva creación (que debe estar a puntito de salir), y que efectivamente va a formar parte de algo magnífico. Al grito de ‘Welcome to Sin City!’ arrancó el segundo día del Rock the Sun, con sonido de teclas, melodías exquisitas, guitarras muy pulidas, y esa cadencia que pronto nos atrapó de lleno. Ni el considerable calor de aquellas horas pudo distraernos de una actuación que comenzó con muy buen pie, y sobre todo, con cantidades ingentes de clase, talento y elegancia. También el sonido estuvo a la par, con guitarras que se escuchaban limpias y bases rítmicas con la justa potencia. Pero si hablamos de elegancia en lo escénico, la palma se la llevó el guitarrista Antonio “Nano” Hidalgo, una parte fundamental de la agrupación, que tuvo un feeling y un saber estar tremendo mientras desarrollaba con total precisión temas como Learn to Rock.

De Frank Roses, todos sabemos que es un excelente vocalista, con un rango realmente impresionante y mucha garra en sus actuaciones, y en este último corte ya dio una buena muestra de ello, tanto con sus movimientos como con esos tremendos agudos que se marcó. Frontline es, posiblemente, su tema más triunfal hasta la fecha en cuanto a repercusión mediática, y con él continuaron el show. Segundo single de lo que será su segundo LP, estuvo plagado de detalles en las guitarras de Carlota y Nano, destacando esas armonías bien curradas entre ambos. Una pareja de 10 que continuó cobrando protagonismo, y también aportando unos coros bien sólidos, tal como escuchamos en More Than a Miracle, otro tema de muy reciente impronta, en el que Frank animó a liarla a base de palmas y mucho desparpajo, cantando de puta madre y derrochando carisma a manos llenas. Insisto en que, si nos fiamos de estos tres temas nuevos que nos presentaron, la cosa apunta muy alto para el futuro de su carrera. Era la primera vez que veía en acción a Andrés Zapata, nuevo batería de la banda desde 2025, y la impresión que me llevé no pudo ser mejor. Sus cambios rítmicos fueron medidos, perfectos, suaves y fluidos como la seda, encajando de lujo con la esencia de la banda. Y mientras el bajista Jay Maestre nos regalaba sus mil y una poses (un terremoto imparable durante todo el concierto), Nano ejecutaba su solo adelantándose y luciéndose con gran sofisticación.

Las armonías de cuerdas se desmarcaban de nuevo como protagonistas en Casual Encounter. Carlota Ágatha a las guitarras rítmicas se lo pasaba como una niña, bailando constantemente, marcando coros y cantando los temas para sus adentros, formando un perfecto tándem con su compañero que volvía dejarnos prendados con su incontestable habilidad y soltura. Al igual que este, Andrés no hizo sino ir a más conforme transcurrían los temas, pegando duro y soltándose la melena por completo. Lo único que eché en falta fueron unos teclados presenciales (aunque sí sonaban disparados), tras la marcha de Paul Keys. Del resto, absolutamente ninguna queja. El que fuese single de “The Last Ride”, Victory, fue empleado como despedida a lo grande. Frank Roses se movía como pez en el agua, gesticulando hacia el público, inquieto y apasionado a la hora de cantar, en un recital que superó incluso el primero que le vi. Su amplitud y tono vocal son absolutamente perfectos para el género que practican, y su actitud, de las que enganchan sin remedio. Jay se posicionaba en los monitores, agitando su melena y el mástil de su bajo en esa recta final, con toda la chulería del mundo, haciendo piña con sus compañeros y ostentando una gran técnica, igual que el resto de ellos, para dejar en nosotros un grandísimo sabor de boca… aunque el concierto fuese injustamente breve.

El Antro del Metal - Rock the Sun 2026 - Lonely Fire 01El Antro del Metal - Rock the Sun 2026 - Lonely Fire 02El Antro del Metal - Rock the Sun 2026 - Lonely Fire 03
El Antro del Metal - Rock the Sun 2026 - Lonely Fire 04El Antro del Metal - Rock the Sun 2026 - Lonely Fire 05El Antro del Metal - Rock the Sun 2026 - Lonely Fire 06

Inmejorable puesta de largo para este sábado de Rock the Sun, en el que, esta vez sí, el 100% de las apuestas se centraban dentro del Hard y el Sleazy. Y si sumamos estos dos términos, y los elevamos a la máxima potencia dentro del territorio nacional, el resultado de la ecuación solo puede ser uno: Jolly Joker. Nunca he podido, ni lo he pretendido, ocultar mi absoluta devoción por esta gente, que me ha prestado algunos de los mejores momentos que he vivido frente a un escenario en toda mi vida. Les sigo desde su primer trabajo, les he visto crecer en directo durante casi toda su carrera, y no puedo evitar emocionarme especialmente cada vez que les veo subirse a un escenario de los tochos. Y con un cartel de la talla del que nos presentaba este Rock the Sun, su presencia en representación de nuestro Rock se hacía del todo imprescindible. Leer su nombre entre titanes como Faster Pussycat o Michael Monroe (bandas que, sin duda, han influenciado enormemente su estilo), es para mí, y para cualquier fan que se precie, un motivo para sacar pecho.

Jolly Joker:

Así pues, en lugar de irnos a tomar un descanso, nos pegamos como lapas a la valla, soportando el intenso calor de aquellas horas durante el cambio. Y me importaba una mierda que todavía faltase todo un festival por delante: ante la llamada de Jolly Joker, hay que dejarse la piel tal como ellos se la dejan sobre el escenario, y más sabiendo que solo dispondrían de media hora para actuar. Media hora que se les quedó, como era de esperar, terriblemente corta, pero en la que supieron concentrar una cantidad de energía abrumadora.

Con la batería posicionada, y los instrumentos ya probados, no tardaron demasiado en asaltar el escenario a lo bestia con Sky is so High, momento justo en el que comenzó el más absoluto de los desmadres. Con atuendos flipantes y una actitud macarra hasta decir basta, las carreras encima del escenario no se hicieron de esperar. La banda venía prácticamente de empalmón, habiendo tocado la noche anterior en Madrid junto a Ankhara, pero ni el cansancio ni la bajada de revoluciones eran una opción. Entre medias del barullo, aparecía Lane Lazy a paso ligero, con un desparpajo que tiraba de espaldas, dando vueltas y piruetas varias que engatusaron al público ya de primeras, al tiempo que Andi daba latigazos con su melena, o Yannick se tiraba desde la plataforma elevada sin mirar abajo. Habían venido a Barcelona para dar el puñetazo sobre la mesa y poner las cosas en su sitio, y nadie podría pararles ya. Incluso el escenario empezaba a quedárseles ya pequeño cuando sonaba ese escopetazo de su último disco llamado Shotgun. Lazy saltaba hasta los cajones del foso para vacilar frente a nuestras narices, imparable de un lado a otro, con su siempre imponente presencia y clase de otro nivel. Tras él, no paraba el fiestón ni por un segundo. Aaron Joffroy machacaba al unísono tanto sus parches como su cuello, y la explosión en ese solo de Yannick subió la temperatura hasta niveles peligrosos.

Temía que la fuesen a quitar por la brevedad del set, pero por suerte, D.A.M.A.G.E. cayó como una apisonadora, sin previo aviso ni descanso, y con Lane Lazy empuñando ahora también su guitarra para darle aún más consistencia. Un tema que me pone la sangre hirviendo, y que no fue de otra forma en el Rock the Sun, con la banda regocijándose en sus mejores posturas, provocando, alentando al descontrol, y como siempre, Yannick y Lazy revelándose como un dúo insuperable. El orgasmo final, en ese ardiente solo alargado hasta el final del tema (mientras Andi corría de un extremo al otro del escenario elevando su bajo) marcó el final de la primera parte del show. Pequeño respiro para que el cantante lanzase agradecimientos, en valenciano y castellano, y presentase el siguiente tema. Imposible no ponerse a botar con My Little Cadillac, otro aluvión de energía en donde vimos la faceta más rocanrolera de Aaron, haciendo trotar su batería y golpeando los bordes de la caja, imprimiéndole una cadencia frenética al tema que iba a la par con ese paso del pato que nos regaló Yannick al dar su solo, o esos constantes asomes de Andi hasta el público. En la duración de un solo tema, Lane Lazy se quitaba el chaleco, taconeaba el suelo, se echaba unos bailes, salía del escenario, volvía con su sombrero, zarandeaba el palo del micro… y todo ello sin dejar de cantar de 10. ¿Alguien da más?

Tan inquieto como siempre, además de cantar todas y cada una de las letras para sí mismo, Andi también ponía los más eficientes coros en Blood Velvet, y volvía a encararse con su compañero Yannick, quien acabaría lanzando patadas al aire y brillando con luz propia en la parte del foso. Tras estamparnos su solo en toda la jeta, con una chulería de movimientos desmesurada y su nervio habitual, volvía de una zancada al escenario para rematar el gran final. Lo cierto es que aprovecharon cada minuto que se les ofreció, y después de una breve presentación, llegaba otra de las grandes alegrías del setlist con I Just Wanna (Kiss You), el que fuese primer adelanto de su “Jolly Joker”. Unos riffs bien gamberrazos y refrescantes, que pusieron a todo el recinto a bailar, llegaban de la mano de Yannick, que aquel día se encontraba especialmente inspirado. Le vimos fliparse a lo grande con sus poses, arropar a Lane Lazy con armonías corales, y corretear por todo el escenario, cruzándose con Andi una y mil veces, al ritmo que Aaron marcaba con esas subidas de intensidad tan milimétricamente controladas.

Jolly Joker solo tienen una gran carencia, y esa es la total y absoluta falta de vergüenza, que a su vez, es una de las cualidades que más les acerca a su público. En mi caso, estaba tan inmerso en el concierto, reventándome la espalda con cada tema, que ni de coña imaginaba que el final estuviese tan cerca. Pero Rockin’ in Stereo son palabras mayores, y en ella, la banda dio todo lo que les quedaba en una juerga de cojones. Arrancaba Yannick metiendo ruido con su guitarra sobre la plataforma, y los insinuantes gestos de Lane Lazy elevaban sin parar el termómetro en un tema que, además, sonó muy potente. Tanto desfase y movimiento de los músicos iba dejando tras de sí un estropicio de cables y objetos caídos… menos mal que ahí estaba Nando de la ‘Jolly Joker motherfucking crew’ para poner algo de orden. Mientras Aaron machacaba a muerte los parches, Yannick le daba caña al tapping, y Andi apuntaba al cielo con su bajo, el frontman saltaba al foso con una sonrisa maliciosa y una botella de Jack Daniels en mano. Una por una, fue repartiendo tragos entre las gargantas del público, y seguidamente, volvió al escenario para escupir ese último trago al aire y poner fin a la liada. Lo dicho. Unos auténticos sinvergüenzas… a los que cada vez quiero más.

El Antro del Metal - Rock the Sun 2026 - Jolly Joker 01El Antro del Metal - Rock the Sun 2026 - Jolly Joker 02El Antro del Metal - Rock the Sun 2026 - Jolly Joker 03
El Antro del Metal - Rock the Sun 2026 - Jolly Joker 04El Antro del Metal - Rock the Sun 2026 - Jolly Joker 05El Antro del Metal - Rock the Sun 2026 - Jolly Joker 06

Hablé con peña que les acababa de conocer allí mismo y fliparon con la actitud, el dinamismo que tuvo el concierto, y el sarao que fueron capaces de liar en solo media hora. Incluso conocí a un par de chicas belgas que vinieron desde su país adrede para verles. Cada vez me doy más cuenta de que, a pesar de que su estilo y su sonido no son siempre admirados como merecen en nuestro país, rara vez suelen dejar a nadie indiferente. Y eso se lo han ganado ellos solitos a base de esfuerzo, sacrificio y trabajo constante.

Tocaba ahora un cambio de tercio musical, en donde las melodías más ligeras y comerciales volverían a la primera plana. No hace más que un escaso mes y poco que vi a la artista británica en acción, y sin embargo, nunca está de más repetir con ella, ya que sus conciertos son sinónimo de diversión sin complejos, bailar, y cantar a pleno pulmón estribillos facilones pero de lo más pegajosos. Nada mejor que la gran Chez Kane para viajar cuatro décadas en el pasado… aunque fuese solo de una hora.

Chez Kane:

Al contrario que la mayoría de bandas presentes en el cartel, el escenario no mostraba ningún telón de fondo ni atrezo, y de momento, con el sol todavía brillando, no necesitaba luces. Sin embargo, nada de eso era necesario para vivir el concierto con toda la intensidad posible, y con una banda así, es un hecho casi garantizado de antemano.

Estábamos sentados en las gradas cuando sonaron los primeros acordes de Personal Rock N’ Roll, y saltamos como liebres para acercarnos todo lo posible. A estas alturas, el festival ya se había llenado bastante, y sin llegar ni de lejos a resultar agobiante, sí se podía intuir que hoy tendría más asistencia que el día anterior. Ya bien situados, fuimos partícipes de los primeros saltos de James Ready, de sus pataletas y derrapes, y de unos coros que, total o parcialmente, debían ser disparados. Mejor todavía respondió la peña a Too Late For Love, en donde la vocalista desplegó toda una serie de movimientos insinuantes que son santo y seña de su identidad. Muy cantada y bailada, y con un gran solo de Harry Scott Elliott, el bajista Keiran Ready se acercaba hasta primera línea de escenario, cobrando una presencia no demasiado habitual que mantendría a lo largo del concierto. Los juegos y las bromas entre James y Harry empezaban a fraguarse en forma de patadas en el aire, un recurso que repitieron infinidad de veces, tremendamente divertidos. Un cariñoso saludo por parte de Chez, y vuelta a esos sonidos ochenteros de la mano de Love Tornado, que llegaba para sumar temas de su último disco “Reckless”, y que a mí personalmente me ha gustado mucho.

Entre Keiran y el batería Jay Haines se marcaron una buena apertura, que continuó con la fiesta personal de ambos guitarristas. En particular, James llevaba ya una sudada del copón… algo totalmente comprensible viendo el ritmo que estaba cogiendo su actuación. Suele ser el alma de la fiesta, pero esta vez estaba que se salía. Desde el escenario, Kane nos hablaba de su inspiración, y de su querido padre allí presente, cuyo cumpleaños era precisamente aquel mismo día, por lo que entre todos le cantamos el Happy Birthday bien alto. Muy contenta y emocionada, Chez embistió con muchas ganas, soltura y actitud en Reckless, e incluso colgándose su guitarra, mantuvo un ritmo físico envidiable. Nuestras palmas les animaron todavía más, y sin demasiados preámbulos, seguían dándole caña al “Reckless” con el último single (y videoclip) Bad Girl. La vocalista, todavía combinando voces y guitarras, nos instaba a cantar mientras ella lo hacía de lujo, entre esos teclados de Oscar Charlton que asomaban de vez en cuando, y los coros que compartían este último y James, transmitiéndonos esas letras tan simplonas pero que tanto juego dan en directo.

De hecho, cada vez parecía haber más gente, y más apoyo a la banda. Claramente, Chez Kane y los suyos se han labrado una sólida base de fans en nuestro país, que ya han visitado unas cuantas veces en relativamente pocos años. Difícil no acordarse, mientras suenan las primeras notas, de ese explosivo y calentorro vídeo que la cantante grabó para Love Gone Wild. En este caso, los saxos que forman parte de su melodía fueron sustituidos por los punteos de Harry Scott Elliott (guitarrista también de Tyketto, por cierto). Precisamente ambos hachas tuvieron mucho peso en el tema, compartiendo micro para los coros y con la ejecución por parte de James de un kilométrico solo que aguantó hasta el mismo final del tema. Chez se curró a saco esos tonos altos, que acabó saldando con matrícula sin despeinarse. En las últimas veces que la hemos visto ha dejado a un lado (con excepciones) temas exigentes hasta el extremo, como Ball and Chain, optando por otros de tonos más relajados. Strip me Down, que empalmaron con la anterior, fue otro ejemplo.

La vocalista paseaba de lado a lado del escenario exhibiendo sus poses más sexys y su actitud más caliente, con la que se ganó unas cuantas palmas desde el gentío. James y Harry volvían a las andadas, tirando más patadas coordinadas y formando círculos al bailar, descojonándose entre ellos con total desvergüenza. Justo a todos estos aspectos me refería al principio, cuando comentaba que un concierto de Chez Kane es pura y simple diversión. Turno ahora de una de mis grandes favoritas del “Reckless”, como es Tongue of Love. Un feeling ochentero brutal, con bases de teclas dominantes, melodías que podrían haber sonado en la radio mil veces hace 4 décadas, y mucho virtuosismo en los solos que Harry nos brindaba melena al viento. Y para reforzar ese tono insinuante, Chez terminó cantando un fragmento por el suelo, mientras James y Harry se enfrentaban al dar sus armonías. En ningún momento la cantante se olvida de quienes están a su alrededor haciendo que aquello suene tan bien, y aprovechó los instantes siguientes para presentar a todos y cada uno de ellos.

También nos daba un adiós anticipado antes de emprender como una flecha la recta final del concierto. Todo el mundo recibió con gritos y manos levantadas esa Rocket on the Radio, y es que si hablamos de participación, es un tema que siempre se lleva la palma (qué pasada ese final, con cientos de voces coreando el estribillo). De un salto, James bajaba a las cajas del foso, por donde se marcó unas cuantas zancadas. Mientras tanto, a Chez se la veía feliz y pletórica de voz, cantando de maravilla y dándolo todo, aunque su verdadero gran reto llegaría con Powerzone. Siendo tal vez el tema más ‘Heavy’ que podemos encontrar en cualquiera de sus discos, el virtuosismo de ese solo compartido entre los dos guitarristas nos puso a despatarrarnos y mover el cuello a tope, al tiempo que Chez lidiaba, tanto de pie como de rodillas, con esos tonos casi imposibles que de nuevo acabó bordando. La mejor muestra de lo mucho que gustaron, con un concierto compacto, muy rítmico y directo, fueron esos ‘oes’ que les gritamos desde abajo, diría que unos de los más multitudinarios de cuantos se escucharon en todo el festival.

El Antro del Metal - Rock the Sun 2026 - Chez Kane 01El Antro del Metal - Rock the Sun 2026 - Chez Kane 02El Antro del Metal - Rock the Sun 2026 - Chez Kane 03
El Antro del Metal - Rock the Sun 2026 - Chez Kane 04El Antro del Metal - Rock the Sun 2026 - Chez Kane 05El Antro del Metal - Rock the Sun 2026 - Chez Kane 06

Tocaba ir poniéndonos serios, porque lo que quedaba de aquí en adelante era gordo, pero gordo de verdad. En este último tramo era donde el festival realmente sacaba músculo en cuanto a confirmaciones lujosas, e indiscutiblemente, la de Faster Pussycat era una de ellas. Cierto que su formación actual dista muchísimo de la original (únicamente Taime Downe pertenece a ella), y que para reconstruir todas las de su trayectoria, sería necesario tomar una biodramina para no caer mareado. Cierto que su obra en general ha sido una montaña rusa de altibajos y giros musicales, con incontables separaciones (incluso duplicados) de por medio, experimentos raros, peleas y movidas chungas. Pero aquí lo verdaderamente importante es hablar de LEGADO, de inspiración para cientos de bandas posteriores, de cómo esta y otras pocas más definirían a fuego vivo lo que hoy día conocemos como puro Rock’n’Roll de corte angelino, el de tatuajes y mala vida, el de cardados, maquillajes y actitud barriobajera. Y eso, de la mano de músicos muy solventes además, fue ni más ni menos lo que tuvimos aquella noche, en uno de los mejores conciertos de todo el festival. Se añadieron al cartel en tiempo ya de descuento, y esto provocó que las actuaciones de todo el resto de grupos tuviesen que ser recortada para darles cabida… pero para mí, ese sacrificio mereció mucho la pena.

Faster Pussycat:

Seguramente había algo menos de peña que en el concierto de Chez Kane, pero igualmente se respiraba un gran ambientazo y muchas ganas de ver a una banda que solo nos ha visitado de uvas a peras en el mejor de los casos. Y estas son las cosas que precisamente valoro en un festival. Con el gentío ya silbando de impaciencia, salieron a escena como un tiro, y nos brindaron como primer tema el que es su último single (si no me equivoco) hasta el momento, Motorbike. Sin llegar ni de lejos al rollazo de sus clásicos, me parece un tema muy digno, puro Sleazy, guitarrero y pesado, bien interpretado por el inconmensurable Taime Downe a sus 61 tacos, y el dinamismo extra que con sus movimientos, ya de primeras, aportaban los dos hachas Chris Borell y Ace Von Johnson, este último de regreso temporal en la banda. De Ace voy a hablar largo y tendido en la crónica, porque lo suyo no es ni medio normal, luciendo una actitud descomunal en cada gesto, en cada movimiento, cada vez que se subía a la plataforma o se ponía de pie sobre su monitor con una chulería absolutamente desmesurada. Llegaba Don't Change That Song, y el meneo entre el público aumentaba exponencialmente.

Primera entrada de su etapa más clásica, en donde disfrutábamos de las elevaciones de mástil de Chris, de los despatarramientos de Ace, y de un Taime que poco a poco (aunque sin soltar el soporte del micro) se iba soltando y cantando mejor. Si en su inicio los bajos de Danny "Slim Tender" Nordahl fueron los protagonistas, en el de la siguiente Cathouse fueron las guitarras las que cobraron más predominio, un Rock’n’Roll desenfrenado, cafre y de bajos fondos. Los coros, como cualquier instrumento, sonaban muy bien, aunque se echaban de menos esos fogosos pianos del tema original. A pesar de que el suyo no es estilo mayoritario por estos lares, iban ganándose al público a pasos de gigante, y con Slip of the Tongue, subieron otro escalón. Más Rock’n’Roll sucio y guitarrero en vena (y empalmada con la anterior), en donde Ace, además de cambiar de modelo de guitarra a mitad del tema, no dejaba de hacer gestos de lo más obsceno entre saltos, vueltas y poses que nos encendían hasta el límite. De momento, una putísima gozada, lo mejor que he visto en mucho tiempo. Ahora se detenían unos instantes para saludar, aunque siendo gente de pocas palabras, no tardaron mucho en arremeter con Like a Ghost, otro single relativamente actual (2022) que como tema me gustó algo menos, pero en cuanto a actitud, se volvieron a salir por los cuatro costados.

Ace Von Johnson (también en L.A. Guns, por cierto) no dejaba de atraer miradas, y me flipó a lo bestia ese pedazo de solo, largo y a toda leche, con que Chris Borell culminó la jugada. Energía en estado puro también este hombre. Sin embargo, había momentos en particular que todos esperábamos como agua de mayo, y uno de ellos llegó a continuación con la maravillosa y gigantesca House of Pain. Ante los primeros acordes de Chris, estallaron mil emociones, y otras mil manos se elevaron en el aire, ondeantes, para cantarla a pleno pulmón, dando lugar a uno de esos instantes a flor de piel que quedarán clavados en mi memoria para siempre. El sonido, además, era impecable, y ese punteo compartido entre Chris y Ace, espalda contra espalda y quedando solos en el escenario, fue el colofón perfecto. ‘¡Barcelona!’ gritaba Taime al frente del escenario, para dar paso a la única cover de la noche, materializada en esa genial You're So Vain de Carly Simon (incluida en el EP “Belted, Buckled and Booted”).

Ace cogió un vuelo en ella para flipar, agachándose, dando vueltas con muchísimo aplomo y azuzándonos su guitarra, pero tampoco su compañero se quedaba atrás, clavando ese solo con el mástil en alto y una pasión e ilusión muy visibles en su rostro. Igual que el sonido, el ritmo hasta ahora había sido intachable, y con la recta final que nos quedaba por delante, aquello ya era apostar a caballo ganador. Porque Where There's a Whip There's a Way es un golpe sobre la mesa de los que suenan, y la reacción del público, entre bailes, puños en alto, y ensordecedores gritos, no se hizo de esperar. Guitarrera a muerte, y con gran dominio de los platos por parte de Chad Stewart, pudimos más que nunca apreciar en ella esos rugidos tan particulares de Taime Downe, que también se marcaba unos bailes cuando atronaba ese doble pedal en la parte final. El mismo Chad se encargó de abrir, sin excesivos preámbulos (sin vaselina) la brutal Bathroom Wall. Y como no se esperaba de otro modo, todo el recinto se vino muy, pero que MUY arriba, envalentonados por esos legendarios riffs y por las poses 100% chulescas de Ace, que en un momento dado, saltaba hasta el foso sin contemplaciones para poner muy caliente al personal.

Personalmente, la grité hasta casi escupir las amígdalas, y salté hasta que me dolieron las rodillas. Y es que de nuevo, momentos como este pueden ser una vez en la vida y hay que disfrutarlos a muerte. Por supuesto, la ovación que les dedicamos fue abrumadora… pero para escándalo… el que montaron con el último corte del set, nada menos que Babylon del 87. Empalmaba el batería Chad Stewart metiendo unos porrazos demoledores, y poco a poco, más gente se iba apuntando a la fiesta. Cuál fue mi asombro al ver aparecer sobre el escenario a la mismísima Lorraine Lewis (Femme Fatale, ex-Vixen) y al no menos espectacular Tony West (vocalista) de Blacklist Union, bandas con las que Faster Pussycat compartieron escenario en su recentísima gira por nuestras tierras. Saltos y desfases, cabriolas y correteos, gritos y locura, y ese insuperable olor a sudor y a birra que casi podíamos percibir desde el abajo del escenario, formando parte de uno de los finales más intensos y descacharrantes que pudimos vivir en cualquiera de los conciertos. Por si no habíamos tenido bastante, el reprís con Ace of Spades, a toda hostia, nos dejó doblegados de cansancio… pero también de pura felicidad. ‘¡Vaya una puta gozada, joder!’ fueron las primeras palabras que le dije a mi chica tras terminar aquello.

El Antro del Metal - Rock the Sun 2026 - Faster Pussycat 01El Antro del Metal - Rock the Sun 2026 - Faster Pussycat 02El Antro del Metal - Rock the Sun 2026 - Faster Pussycat 03
El Antro del Metal - Rock the Sun 2026 - Faster Pussycat 04El Antro del Metal - Rock the Sun 2026 - Faster Pussycat 05El Antro del Metal - Rock the Sun 2026 - Faster Pussycat 06

Tras reponerme un poco de la sudada, seguíamos con el ritmo non-stop a por la penúltima actuación de la noche, que sin duda era una de las más deseadas para aquellos con el más refinado gusto por el Hard Rock melódico de cuna ochentera. Cuando comenté que este cartel era uno de los más impresionantes a los que había tenido la ocasión de asistir en España, no lo decía por decir. Tenía mis preferencias, claro, pero en general, cualquier grupo, del primero al último, era obligatorio para mí. Y eso, por descontado, también iba por Treat. Porque no por haberles visto ya un buen puñado de veces, me resultaban menos deseables.

Treat:

El humo, los leds en la parte trasera del escenario, y la intro al primer tema, crearon de inmediato una ambientación única y profunda ante un recinto que fue, posiblemente, el más concurrido del día. Y ni por esas se llegaba a sentir agobio de masificación. El clima de expectación era una delicia, los ánimos estaban muy crecidos, y la temperatura, perfecta. Nada podía fallar si la banda no patinaba, y eso con los suecos, sería la primera vez.

Para empezar a mover melenas, optaron por One Minute to Breath, curiosamente, el tema que cierra su nuevo LP, “The Wild Card”, quinto ya bajo el amparo de Frontiers. Con él, dábamos la bienvenida al siempre carismático Robert Ernlund, que ataviado con sombrero western y vestimentas tope rockeras, desplegaba a los cuatro vientos su elegancia. Y aunque al principio no se le escuchaba, aquello solo duró unos segundos. El potentísimo sonido de la batería, con efecto eco, las patadas al aire del guitarrista Anders Wikström, y el nervio del bajista Nalley Påhlsson, se ganaron unas buenas dosis de palmas, y aquel comienzo fue un escalón ideal para empalmarlo con Papertiger, que fue la que realmente levantó los ánimos. Acompañándoles a ratos con nuestras palmas, la clase de Robert cobró un brillo especial, moviéndose ya por todas las tablas e inclinándose para crear cercanía. A ratos mandaban esos teclados de Patrick Appelgren, y otros, las cuerdas de Anders, pero en general todo sonaba en su justo punto y lugar, perfecto para disfrutarles en toda su plenitud. Un primer saludo y, también del “The Wild Card”, nos brindaban ahora toda una oda a la nostalgia de los viejos tiempos, una mirada hacia 1985 (que así se llama el tema), con una melodía que nos cautivó, y un solo de guitarra de lo más inspirado.

Los siguientes coros sonaron disparados a modo de intro para Skies of Mongolia, resaltando ya en el meollo del tema las teclas de Patrick, mientras Robert cogía mucha carrerilla en cuanto a sus movimientos y ademanes. La simpatía de este último fue nota dominante en todo el show, y lo ha sido en cada uno de los que les he visto dar, gracias a la cual se gana inmediatamente el favor y cariño del público. El estribillo, coreado por todo el recinto, fue uno de los más triunfales, pero no más que el de Rev it Up, que nos transportaba por primera vez a su época más clásica. Aunque puede que no sea una opinión popular, para mí Treat es una de las bandas del rollo que mejor ha sabido reinventarse, y el hecho de alternar temas clásicos con las maravillosas melodías de su segunda etapa, le dan un colorido fascinante a sus conciertos. Con ambos mástiles elevados hacia el batería en su parte final, el jolgorio de la peña hablaba por sí solo de cuánto había gustado aquel corte.

Pero la cosa no se detenía ahí, y con tan solo unas pocas notas, tenían a todo el mundo coreando esos ‘uoohoho’ de la melodía de Home of the Brave. Sabor a americanada total, y unos teclados que la acolcharon de puta madre, nos puso a todos una enorme sonrisa en la cara. Para más inri, los continuos gestos y buen rollo de Robert, nos infundían todavía mejores vibraciones conforme se acercaba la que, para mí, vendría a ser una de las etapas que más me molaron del concierto. Porque he de reconocer que Freudian Slip me flipa cantidad. De potente pegada gracias al gran empeño de Jamie Borger, Anders y Nalley ayudaron con los coros a un Robert que no llegó al 100% de las partes más difíciles, pero que en cualquier caso cumplió muy bien afinando con el resto. Ahora sí, We Own the Night llegaba al fin, y nos mecía a todos al ritmo de su mágica cadencia, revistiendo la noche de satén, neón y terciopelo. Con las luces atenuadas, y cocinada a fuego lento, sin duda fue el tema que más nos hizo cantar hasta el momento.

Robert veía la emoción plasmada en nuestros rostros, y por su parte, el guitarrista se lucía a lo grande, con dos solos espectaculares al borde del escenario, mientras creaba figuras con su mástil. La suavidad del momento contrastó mucho con la dureza de Roar, con bajos y cuerdas muy potentes, retumbantes y casi stoner que nos hicieron doblegar el cuello a base de bien. Los coros pregrabados se notaron en ella especialmente, pero ese final, con los tres músicos en línea y apuntándonos, nos hizo olvidar cualquier artificio. Vaya que se estaban ganando a la peña, con un concierto muy metódico y pulido de esos a los que tan acostumbrados nos tienen. Y más que lo harían, con un último sprint que fue 80s en estado puro. Con las teclas abriendo para Get You on the Run, Robert nos pedía que cantásemos toda la letra, y no solo el estribillo, aunque obviamente, insistieron en este último para escuchar altas y claras nuestras voces. Entre la maraña de humo que brotaba del escenario, Anders y Nalley, siempre tan activos, cambiaban posiciones, y después de que repitiésemos una y otra vez a capela, el vocalista daba el carpetazo al tema con el palo de micro en alto, todo un guiño a esa esencia añeja de la que ya de por sí estuvo inundada el tema.

Con su ritmo cañero por bandera, Conspiracy llegaba ya con la temperatura muy elevada, y nos dejó una de las interpretaciones más espectaculares del seis cuerdas, con un solo llenito de tapping y muchos acercamientos al público mientras se dejaba el pescuezo con cada uno de los rudos golpes que resonaban desde la batería de Jamie. Y dispuestos a dejarnos exhaustos y sin una gota de sudor (predicando ellos con el ejemplo), desataron la fiesta final con algo idóneo como World of Promises. Las primeras filas, imitando a los músicos que saltaban al unísono, se transformaron en un bloque unificado de brincos, cánticos y manos en el aire, envalentonando por última vez a Anders para que bajase a las cajas del foso a entonarse su solo. Y aquel jolgorio imparable continuó y continuó hasta la última nota, dejándonos con un buen rollo que no podíamos ocultar… pero también con cierta sensación de tristeza ante el hecho de que, muy posiblemente, esta iba a ser la última vez que les veríamos en nuestro país.

El Antro del Metal - Rock the Sun 2026 - Treat 01El Antro del Metal - Rock the Sun 2026 - Treat 02El Antro del Metal - Rock the Sun 2026 - Treat 03
El Antro del Metal - Rock the Sun 2026 - Treat 04El Antro del Metal - Rock the Sun 2026 - Treat 05El Antro del Metal - Rock the Sun 2026 - Treat 06

Muchos pensarán que, tras haberles disfrutado ya cinco veces en directo, debería darme por satisfecho… pero lo cierto es que no es así, entre otras cosas, porque Treat me parece una banda en un estado de forma realmente excelente, de sobra capacitada para seguir repartiendo cera durante muchos más años. El ritmo que imprimen a sus setlist, y la combinación bien compensada de temas de sus dos etapas, sigue conformando unos shows más que dignos de su calidad y trayectoria. Solo espero que esta gira final se alargue lo máximo posible, y durante el transcurso (no sería la primera vez que esto ocurre), se les ‘olvide’ la palabra despedida.

Haciendo valoración general de lo vivido hasta ahora, los amantes de los sonidos más rockeros habíamos gozado de dos días de ensueño, sin apelotonamientos, sin ningún tipo de altercado, un sonido que, sin ser perfecto, había rozado el notable en todas las actuaciones, y un clima de buen rollo y compañerismo. A esto hay que añadir que la escasez de festivales que dan voz a estos estilos, le confirió un carácter muy único y especial, un caramelo al que no pudimos decir que no. En este sentido, y dentro de nuestras fronteras, Rock the Sun no ha tenido rival en 2026. Pero no nos olvidemos de que todavía restaba, más que un concierto, un auténtico SHOW en mayúsculas, un huracán de destrucción masiva que arrasó todo cuanto quedaba en pie en la carpa del Poble Espanyol. Porque no cabe duda de que hubo grandes nombres en el cartel, pero si hablamos de LEYENDAS, lo de Michael Monroe (y esto es una verdad no sujeta a debate), juega en otra liga. El nacimiento de Hanoi Rocks, a finales de los 70, supuso un antes y un después en la forma de entender el Hard Rock / Sleazy, con una influencia masiva en incontables bandas incluso al otro lado del atlántico. Tomando, a su vez, esa vena punk de formaciones como New York Dolls o la actitud glam de T-Rex, y batiéndolo todo para dar como resultado un cóctel explosivo, fue sin duda una de las bandas europeas más importantes en su estilo junto a precursores como los citados T-Rex, Slade o Sweet.

Hay estrellas que con el tiempo, desgraciadamente se apagan. Cantantes a los que la edad, el abuso de drogas, o cualquier otro motivo, pasan factura, y terminan por arruinar su físico y/o capacidad vocal. Otros se rinden tras tener unos cuantos fracasos al intentar desmarcarse de las formaciones que les dieron la fama. Lo hemos visto infinidad de veces a lo largo de la existencia del Rock. Pero Matti Antero Kristian Fagerholm, mucho más conocido por el pseudónimo artístico de Michael Monroe, siempre estuvo hecho de otra pasta, hasta límites casi inexplicables. Más allá de los legendarios Hanoi Rocks (a quienes tuve el enorme privilegio de ver en aquel Lorca Rock 2007), perseveró como un soñador incansable, un verdadero luchador por y para su música, manteniendo intacta su mastodóntica actitud y llegando a hacer de su propia imagen todo un icono del Rock’n’Roll más sucio e irreverente.

En el momento de escribir estas líneas, ha pasado ya casi una semana desde el momento en el que presencié su concierto… y os aseguro que, por mucho que me esfuerzo, todavía no encuentro las palabras precisas para describir lo que vimos aquella noche, completamente sobrepasado por las emociones que todavía me encienden al recordarlo.

Michael Monroe:

Lo de Michael Monroe fue algo sencillamente astronómico, superior, intocable para el resto de los mortales. La primera vez que le vi en solitario, en el pasado Rock Imperium 2025, en seguida tuve claro que aquello había sido uno de los mejores conciertos de mi vida, y que nunca, nadie podría superar aquello… salvo el propio Michael Monroe. Y aquí, en Barcelona, volví a tener la misma sensación… o incluso mejor.

Después de sonar la intro, y con los nervios a flor de piel (al menos en mi caso), Michael y sus compañeros saltaban al escenario. Sin preámbulos, arropados por ese glamur de indiscutibles estrellas del rock, pero mostrándose en todo momento muy cercanos, el frontman nos esputaba aquello de ¡¡Qué coño pasa, Barcelona!! segundos antes de hacer explosión el primer tema de la noche, y nunca mejor dicho, tratándose de Dead, Jail or Rock 'n' Roll. Tras unos segundos completamente boquiabierto por el desparrame de energía que invadía las tablas (Michael sacando puro fuego de su harmónica, patadas en el aire sin parar, músicos usando el mismo micro para los coros, las pintas, las maneras… la ACTITUD), no pude evitar volverme completamente loco. Notaba el cansancio acumulado, el dolor en los huesos y articulaciones, estaba completamente afónico… y sin embargo, no podía parar de saltar, de gritar y retorcerme. Una fuerza incontrolable tiraba de mí, arrastrándome más allá de las limitaciones físicas, al contemplar el puro nervio del vocalista, los frenéticos ritmos (con el batería Frank Ferrer doblando las cajas), al guitarrista Rich Jones flipándose en la parte delantera durante Old King’s Road, o a Michael lanzando el palo de micro al suelo con toda la mala hostia posible. Se repetía aquel delirio celestial que viví el año pasado, pero en plena noche y con las luces a tope. Volvía a sumergirme en ese momento que tanto había deseado, y no quería que terminase jamás.

Como era de esperar, no tardaron en sonar los primeros temas de Hanoi Rocks, comenzando por Motorvain’s. El mítico Sami Yaffa (compañero inseparable de Michael durante casi toda su carrera), apoyaba con coros, inclinándose hacia el micro, bailando y torciendo las piernas. Era el tercer tema, y el escenario ya se les quedaba pequeño, a tenor de lo visto en Steve Conte, que descendía de este para tocar el solo cerca del foso. Aquella vorágine solo podía ir a más, y Last Train to Tokyo fue otra de las que me hizo perder los papeles por completo, sin remisión. ¡¡Es que no podía parar!! Los redobles enloquecidos de Frank, las mil voces que la cantaban, la perfecta coordinación entre Sami y Rick… y en medio de todo ello, entre patada y patada, vueltas y brincos, el soporte del micro volvía a golpear el duro suelo. Sudando como un cerdo, me detuve unos instantes para escuchar el primer saludo de Michael, y volver a las andadas con Rockin’ Horse, extraída de “Outerstellar”, el nuevo disco con el que la formación ha vuelto a abrazar la exquisitez. Sami se agitaba como un salvaje empuñando el bajo (otro por el que parece que no pasan los años), y Michael le puso mucho énfasis al asunto, partes de armónica incluidas, siempre haciéndonos sentir partícipes de cada momento del tema. Lo normal, e incluso lógico, es que en cualquier concierto haya altibajos de intensidad, bien en el repertorio, o bien en el comportamiento de los músicos.

Pero los de Michael Monroe siguen otros esquemas: todo al 11 y a muerte, y cuando hay un alto entre temas o para comunicarse, lo recuperan con creces en la siguiente arremetida. Estos tíos, desde luego… no son como los demás. Así, siguieron implacables combinando temas de nueva impronta (como Black Cadillac) y temas propios, o en el caso de I Can’t Get it, de Hanoi Rocks, pero jamás levantando el pie del acelerador, entre poses high class, rabiosas armónicas, o despatarramientos y gestos de lo más indecoroso por parte de Michael, quien además mantenía un nivel vocal asombroso. Un hombre para quien la edad de su DNI es solo un número, y lo que manda es la más pura pasión. Y a los hechos me remito. Instantes después, observábamos atónitos cómo, ni corto ni perezoso, se desprendía del chaleco, se calzaba la gorra, y se encaramaba de un bote a la estructura del escenario, subiendo hasta arriba, y terminando el tema allí. Ojos como platos, y explosión de locura generalizada, la cosa no se pudo describir de otra forma. Todavía como una rosa, continuaba recorriéndose el escenario, codeándose con sus compañeros (que también se entregaban hasta el límite) y pidiendo palmas durante la más punkarra Shinola. Pero sobre todo, veíamos a alguien que disfruta como un animal con lo que hace, cada vuelta que daba, cada vez que se agachaba, cada asomada hacia el público, parecía que le daba la vida. Y muy atentos, porque llegaba uno de los puntos culminantes del concierto.

Sacando de la recámara aquel proyecto llamado Demolition 23, atacaron muy duro con Nothin’s All Right, y con una actitud cruda y desbocada. Frank Ferrer, el batería que sustituye a Karl Rosqvist en sus giras española y francesa (por compromisos de este último con Danzig), abría el tema a toda leche, y de nuevo, un chute de punk deslenguado y barriobajero se nos clavaba en las venas. Las guitarras sonaban sucias y estridentes, en su perfecto punto, y mientras Rich Jones daba coros y sudaba la camiseta, a Michael no se le ocurría otra cosa que subir y pasearse por encima de la carpa lateral, agitando sus pelos cardados y mirándonos desde las alturas. ¿Podía aquello cobrar aún más envergadura? Pues sí, con la brutalísima Hammersmith Palais, punk británico de pura cepa, con la que me estalló la cabeza, hasta el punto de que casi me caigo encima de la persona que tenía delante. ¡Pero qué puta locura! Pocas veces en mi vida un concierto me ha hecho saltar así. Mientras tanto, ahí veíamos a Sami y Rich pegarse su fiesta particular, pasándolo de destripe. Michael cogía ahora su abanico para proseguir dándose aire con Rode to Ruin, muy bien arropada por los coros de Steve y Rich, y con un Frank Ferrer hecho una bestia con las baquetas.

En un empalme constante de temas que nos estaba machacando, para Boulevard of Broken Dreams el frontman aparecía ahora con gafas de sol y otro modelo de gorra, chuleándose con un comportamiento digno de un chiquillo de 20 años, cogiendo una bandera desde el público y colgándola en el bombo, y todo ello mientras Steve y Yaffa cruzaban y zarandeaban sus mástiles, formando todo un microcosmos de movimiento perpetuo encima del escenario. Se cansaba uno solo de mirarles… pero por otra parte, el brutal tsunami de energía y vibraciones que nos transmitían, nos mantenía activos hasta la extenuación. Traspasando todos los límites de velocidad, One Man Gang sonó atronadora, con un Frank que dio el callo como si le fuese la vida en ello, subiendo las pulsaciones hasta el borde del infarto en un show que parecía no tocar techo. Por pedir la luna… me habría encantado escuchar también Soul Surrender o Beer and a Cigarette en esos registros. Otro cambio de gorra para Michael (con su nombre desfilando en leds), y el mismo aprovechaba para presentar a su banda, poco antes de embelesarnos a todos con ese puto baladón que es Don't You Ever Leave Me, interpretada además de 10, con las guitarras limpias tomando el control a ratos, y una sección instrumental pulida como un diamante. Con las manos ondeando en el aire celebramos tan magnífica entrada, pero la calma solo duraría hasta que Back to Mystery City la rompiese en pedazos. Sobre todo, la aceleración final marcó otro de los momentos más psicóticos del show, contagiándose en las carreras de todos los músicos, que formaban un auténtico caos desperdigándose y cruzándose entre ellos por todo el escenario.

Dicho esto, y os aseguro que no exagero lo más mínimo, no fue apenas comparable con la recta final. Porque en el momento en que Steve Conte se sentaba en el borde, y Michael Monroe pronunciaba las primeras frases de Ballad of the Lower East Side, otra subida descontrolada de adrenalina se apoderaba tanto de nosotros como de los músicos, desembocando en un sindiós de empujones, botes y voces a todo trapo, despatarramientos, headbanging y volteretas. Me dolían tanto las rodillas de todo el día, que parecía que se me iban a partir, pero aun así, me era imposible parar. ¡Imposible! Y menos todavía cuando Michael se adelantaba, presentando a su amigo (el saxo), y arremetían como salvajes con Malibu Beach Nightmare. Más que cantar, el vocalista berreaba con toda su alma, ofreciéndonos partes de saxo de lo más ardientes, saltando, despeinándose, y ostentando una actitud de manual, simplemente insuperable. ¡Es que no se cansa nunca, el muy hijoputa! Todo el mundo seguía el frenético ritmo con palmas y bailes desmadrados, y así siguió el percal con Up Around the Bend, versión del tema de Creedence Clearwater Revival que los Hanoi Rocks hicieron suyo allá por el 84. Un bombazo atómico, un desmelene masivo en donde Michael (de momento) le daba un último repaso a su armónica, compartía micro con Rich para los coros, y lanzaba patadas a lo bestia en nuestros morros.

El clamor general era de escándalo, y la retirada de los músicos, 20 minutos antes de cumplirse el horario, fue un bajón… aunque por poco tiempo. Porque los músicos volvían a la palestra segundos después, y dedicando el tema a Cheetah Chrome de los Dead Boys (que nos dejó hace menos de dos semanas), arrancaron con mucha rabia el cover Ain't Nothin' to Do. Rabia especialmente patente en Michael, gran admirador del músico, que hizo de aquello todo un homenaje, aunque tampoco se quedaba atrás Rich Jones, que agitando su guitarra sin parar, enloquecía pateándose el escenario. Tiraron de más material de Hanoi Rocks con la agresiva y ‘macarrónica’ Taxi Driver, que sonó mucho a wah gracias a las guitarras de Conte, y en la que Michael terminó rebozándose por el suelo sin ningún tipo de complejo. ¿Cansancio? Ni de coña, vista la tremenda energía que desprendió esa última versión, a toda castaña, de Johnny Thunders & The Heartbreakers llamada I Wanna Be Loved. Disfrutamos especialmente, además de la rotunda pegada de Frank, del prolongado solo de armónica con el que nos deleitó Monroe, cantando también con un micro muy distorsionado y luciendo gorra con brilli-brilli. Una vez más, acabó revolcándose por el suelo con la cara más dura que os podáis imaginar, pataleando y reptando, e incendiando el escenario con unas últimas poses e idas de pelota.

El Antro del Metal - Rock the Sun 2026 - Michael Monroe 01El Antro del Metal - Rock the Sun 2026 - Michael Monroe 02El Antro del Metal - Rock the Sun 2026 - Michael Monroe 03
El Antro del Metal - Rock the Sun 2026 - Michael Monroe 04El Antro del Metal - Rock the Sun 2026 - Michael Monroe 05El Antro del Metal - Rock the Sun 2026 - Michael Monroe 06
El Antro del Metal - Rock the Sun 2026 - Michael Monroe 07El Antro del Metal - Rock the Sun 2026 - Michael Monroe 08El Antro del Metal - Rock the Sun 2026 - Michael Monroe 09

Las expresiones predominantes entre el público, ante tan colosal demostración de furor y golfería callejera, estaban entre la emoción y la incredulidad, y estoy convencido de que a más de uno no nos habría importado que tocasen otra hora más… o tres. Pero por desgracia, aquella barbaridad de show había llegado a su fin, y con él, el Rock the Sun 2026, que siempre recordaré como uno de los mejores festivales de cuantos he estado. Y concretamente en este caso, teniendo en cuenta que habré presenciado como unos… ¿2000, 2500 conciertos?, este fue, sin duda, uno de los mejores de mi puta vida. Porque la ACTITUD (y vuelvo a ponerlo en mayúsculas) es uno de los aspectos que más valoro en una banda, incluso casi al mismo nivel que la propia música. Y lo de esta gente… es de otro jodido universo. Igual hubiese quedado aún más compacto si en lugar de meter las tres covers al final, las hubiesen tocado antes de los últimos temas previos al descanso, pero en mi opinión, fue una decisión que no deslució el conjunto en absoluto.

Me quedé con tal subidón, con las pulsaciones tan desbocadas, que me habría tirado de juerga el resto de la noche, y lo último que me apetecía era irme a dormir. Para colmo, cuando ya estábamos cerca de la salida, vimos a Michael, Sami, Steve, Rich y Frank desfilar por debajo de la pasarela en la que nos encontrábamos, y asomándonos, nos quedamos un buen rato gritándoles y agradeciéndoles la experiencia tan increíble que nos habían hecho pasar. Desgraciadamente no había más cojones que emprender la retirada, ya que por lo pronto nos tocaba hacernos una hora de vuelta en coche hasta Salou. Pero ¡aaaaah no!, no me pienso quedar así. Yo necesito repetir esto, así que el día 29 de octubre pienso ir al concierto de Madrid me cueste lo que me cueste, aunque tenga que cancelar el resto de conciertos en lo que queda de año.

______________________________


Poco más me queda por añadir a lo ya dicho, solo insistir dando un millón de gracias a Madness Live! por montar en este país un festival tan alucinante, y esperar que siga adelante trayéndonos el mejor Hard / Sleazy por muchos años. Porque por cartel y gustos personales, ya no me cabe duda de que el Rock the Sun ha sido, para mí, el mejor festival del año, incluso faltando tres meses y pico para terminarlo. Las mejoras respecto a la primera edición han sido pocas pero necesarias, el personal de las barras siempre nos atendió de maravilla (y en catalán), los WC ahora dan gusto (aunque las colas a veces eran insufribles, y un meadero estuvo roto durante todo el festival), y la oferta de bebida y comida está bien para quien pueda pagar esos precios. En relación a esto, otro 10 para la organización por permitir que se entre agua y comida al recinto, no como los ladrones de otro festival paisano que no quiero ni nombrar. Por supuesto, siempre habrá cosas mejorables, pero tal cual está ahora mismo, ya roza el notable alto.

También me gustaría mandar un abrazo desde aquí a toda esa peña con la que pude compartir algún rato, primeramente a Inma por formar parte de esta aventura, y también a Patri y Vicente, a David y a su chica (¡buen viaje!), a toda la peña de alrededores de Valencia (Jose, Suni, Carlos, Sonia), a Joan, a las chicas belgas, a esa peña tan cachonda de rumanos y a tod@s aquell@s cuyo nombre lamento no recordar.

Hasta el año que viene, peña, y gracias por leerme.
¡Larga vida al Rock’n'Roll, y larga vida al Rock the Sun!


_|,,| JaviMetal (Is The Law) |,,|_

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Si te ha gustado la crónica, estuviste allí o quieres sugerir alguna corrección, ¡comenta!

2