
Cuánto tarda en llegar aquello que con más fuerza deseamos… y qué veloces transcurren esos momentos, escapándose de las manos como si fuesen unos pocos y efímeros segundos. Y cuanta más ilusión se acumula, más se acentúa esa sensación. Me ha sucedido con unos cuantos conciertos en lo que va de año… pero nunca en la misma medida que respecto a este Rock the Sun, rotundamente y con mucha diferencia, mi cartel favorito del 2026. Gracias tanto a este, como al Lion Rock Fest, por fin podemos enorgullecernos de tener dos señores festivales dedicados prácticamente en exclusiva al Hard Rock y al AOR, estilos que cuentan con más bien poca acogida por estos lares, y que requerían de promotoras y organizaciones con las agallas necesarias para montar algo así de una vez por todas. No cabe duda de que, hoy por hoy, los amantes acérrimos de dichos sonidos (como un servidor) estamos de enhorabuena, aunque como en nuestro caso concreto, tengamos que recorrernos media geografía para disfrutarlos. Rock the Sun 2026 contó con un cartel de ensueño que muy pocos esperaríamos haber visto algún día sin tener que salir de nuestras fronteras, dando cabida a bandas europeas, americanas, y estatales de lo más mítico y granado. Este año, de hecho, se apostó más concretamente por el Sleazy, variante del rock duro muy, pero que muy escasa en nuestro país, y que me flipa especialmente, por lo que para mí la oferta fue todavía más atractiva en esta que en la primera edición. No es extraño entonces, como dije al principio, que tuviese unas ganas locas de que llegara, por fin, una fecha tan señalada, para la que he estado ahorrando y sacrificándome (prescindiendo, incluso, del Rock Imperium) durante todo el año. Pero al final, sin duda, ha merecido la pena.
Con el fin de aprovechar más el viaje, salimos con un par de días de antelación, quedándonos en Salou con mi chica (quien tuvo su primer concierto / festival en meses), y contando con la inestimable compañía de nuestra amiga Inma. Dejamos atado todo lo pendiente, y llegado el viernes, a eso de las 11:30, nos pusimos de camino hacia L'Hospitalet de Llobregat, donde teníamos el alojamiento para la primera noche. Repetimos en el Alexandre Fira Congress, un hotelazo de cuatro estrellas pero con precios bastante razonables y buena combinación para llegar hasta el Poble Espanyol. La atención fue estupenda, y las comodidades, las necesarias para salir hacia el combate bien preparados y descansados.
Este año no nos extraviamos en el camino hacia el festival, y en seguida nos plantamos en la carpa. Pero cuál fue nuestra sorpresa que, por un error de cálculo en los horarios de apertura de puertas, el primer concierto ya había comenzado. A pesar de que el Rock the Sun se centra en bandas más melódicas y rockeras, también el Heavy Metal tubo su representación, y aquellos que abrieron el festival, nos dieron una buena muestra de ello.
Redshark:
La banda catalana tuvo los privilegios tanto de abrir el cartel como de jugar en casa, y el segundo factor, la gente que ya conocía sus temas y que probablemente les habían visto ya en vivo, compensó el primero, debido al cual todavía contaron con muy pocos asistentes. Por la hora, seguramente llegaríamos en el segundo o tercer tema, que no fue otro que Fire Raider. La particular y reconocible forma de tocar de Philip Graves (quien en los inicios de la formación, también ponía voces), nos dio la bienvenida y nos puso en seguida a menear los pelos. El sonido no fue perfecto, y esos agudos finales del vocalista Pau Correas se escucharon solo a ratos, pero en general las guitarras sonaban muy potentes, y el aluvión de puro Heavy / Speed que estaban descargando no era para tomárselo a broma. Tirando de una intro muy synth (la misma que en el disco), prosiguieron con Mars Recall, en donde vimos grandes muestras de actitud, como el mismo Philip apoyándose en los monitores al tocar, los continuos desplazamientos del bajista Chris Carrest (al igual que Philip, también parte de los Inverted Cross), y la cada vez más intensa pasión de Pau al aferrarse a su palo de micro. La peña también iba respondiendo cada vez más, y a partir de aquel momento, pisaron el acelerador a fondo hasta el final, disparando temas cada vez más rápidos y enfurecidos.
La cosa es que en aquel mismo Rock the Sun me estrenaba con ellos, dejando atrás varias ocasiones perdidas de verles, y pude comprobar in situ que su directo es tan bueno como sus discos, especialmente si hablamos de su último “Sudden Impact”, en el que basaron gran parte de su repertorio, y con el que han mejorado una barbaridad en todos los aspectos, convirtiéndose en una formación 100% exportable que, de hecho, ya ha dado un buen puñado de conciertos en el extranjero. La calidad y virtuosismo de sus componentes quedó bien plasmada en Rip Your Bones, con una batería a cargo de Alan Llano (la última incorporación al grupo) que temblaba a baquetazos y doble pedal a saco. El solo de Javi Bono, guitarra solista, también fue de lo mejorcito del show, prolongándose hasta el final, mientras Philip apuntaba al cielo con su mástil. De Beware of the Shark podríamos decir que ha pasado a ser uno de sus grandes himnos, un temazo bestial con notas a mil por hora, riffs veloces (perfectamente coordinados entre Javi y Philip) y un estribillo de esos que nos hizo tener más calor del que ya de por sí hacía. La abrasiva voz de Pau nos castigaba los tímpanos (en el buen sentido) con tonos bastante altos que encajaban de lujo con la imparable cadencia.
Si el vocalista ya nos había dedicado unas palabras en catalán, ahora era el turno de Philip para saludar, algo en lo que no invirtió más tiempo del necesario, dejando paso a otro torbellino de puro Metal llamado Stronger Than Ever. Esta hizo gala de una velocidad sin concesiones, con doble pedal a todo trapo y, de nuevo, más elevaciones de mástiles al borde del escenario, destilando todos ellos una grandísima actitud a pesar de que todavía no éramos muchos allí abajo. Pero al final, son esos detalles los que molan de un concierto / banda, el de darlo todo independientemente de otros factores. Ni de coña iban a bajar la intensidad, y menos tratándose de un cañonazo como Fight the Rules of Power. Sin embargo, aquí me volví a dar cuenta de que el sonido de la batería volvía a fallar a ratos, pasándose por alto ciertos compases. Afortunadamente, fueron problemas menores que quedaron eclipsados por el tremendo solo de Javi o las maneras con el bajo de Chris. Se merecieron cada aplauso que les dedicamos, desapareciendo tras el telón después de la pertinente foto de familia. Más potentes, mejor producidos, con temas más afilados que nunca y un directo incontestable, no hay duda de que Redshark viven actualmente el mejor momento de su carrera. ¡Y mucho que dure!
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Durante el anterior show, no solo me alegré inmensamente de encontrarme con mi colega David de Almansa, sino que también me vino de perlas para enterarme de que en esos momentos estaba en curso la ‘hora feliz’ del festival, en la que se promocionaba un 2x1 en los litros de birra. Si había que echarse un lingotazo (porque pagar 11 euros por un litro me parece un jodido atraco), aquel era el momento.
Kilmara:
Dentro del Heavy / Power / Prog made in Catalunya, existe desde hace más de 20 años una banda que, por nombre y trayectoria, es imposible obviar. La calidad compositiva de sus discos ha ido subiendo como la espuma, y hace mucho ya que se ganaron a pulso el respeto y presencia entre los amantes del estilo. La carrera de John Portillo y los suyos es intachable, peleando contra viento y marea ante diversos cambios de formación, lanzando trabajos a un ritmo envidiable, embarcándose en largas giras y llegando a tocar en algunos de los festivales más representativos de nuestro país. Puedo decir que las dos anteriores veces que les he visto, en el Rock Fest Barcelona y en el Ripollet Rock, me gustaron bastante, pero he de reconocer que esta tercera se llevó con mucho la palma, llegando a erigirse para mí como uno de los mejores conciertos de aquella jornada.
Con un vistoso telón de fondo, sonaba la introducción mientras todos los músicos salían con uniformes conjuntados. Su último disco me ha parecido un pasote, y tenía especiales ganas de escuchar cortes de este último, como precisamente Journey to the Sun, que nos regaló su fantástica melodía de primeras. Además, la banda saltó a escena con unas ganas imparables, visibles en los fluidos movimientos de Dani Ponce, y en la forma en que John se acercaba hasta nosotros pisando el monitor y sonriendo. My Haven, adentrándose en senderos un poco más progresivos (mi vertiente preferida de la banda), contó con unos cambios y contratiempos muy pulidos de la mano de los artífices de las bases rítmicas, Didac Plà al bajo, y Neil Gómez a la batería, quien a pesar de llevar tan solo un año en la banda, parecía todo un veterano en ella. Dedicando unos minutos a hablar con el público en catalán, Dani presentaba los temas y nos transmitía toda su ilusión y ganas, un vocalista muy carismático y con una voz tremendamente personal, tal como pudimos comprobar con Wildfire, también de su reciente “Journey to the Sun”. El cruce a la carrera entre este último y el bajista Didac imprimieron aún más dinamismo al conjunto, sin contar esos movimientos de mástiles bien compenetrados entre John y Carles Salse, su compañero a las seis cuerdas, al que ya he visto no pocas veces en otra banda que me flipa como Xtasy.
Un guitarrista que soportó todo un papelón en el concierto, dominando esas guitarras limpias en Power of the Mind, y partiéndose la labor a la perfección con John en Disciples, todo un himno ya del grupo. El sonido, por cierto, iba mejorando conforme pasaban los minutos, y si a Dani al principio le escuchábamos demasiado bajito, ahora su voz gozaba de la presencia que merecía. Constantes enfrentamientos entre John y Didac, solos con mucho entusiasmo, y algún ‘break’ para que cantásemos a pleno pulmón, nos llevaron hasta uno de los cortes que más me han sorprendido y descolocado, como es Liberticide. En ella, los platos de Neil sonaron de maravilla, pero también se apreció su gran trabajo en las partes más progresivas y complejas. Mientras Carles le metía al solo, John y Didac se encaraban de nuevo en todo un duelo de actitudes. A Dani nunca le faltaba un gesto con su público, bien fuese introduciendo las canciones, o bien durante su ejecución. Estuvo incombustible durante todo el concierto, pasando de un lado al otro sin parar, tirando de elegancia y buen hacer, y mejorando su voz a cada compás, llegando a uno de los puntos álgidos en Chances. A ambos lados, Carles y John pisaban los monitores, y rato después, los cuatro músicos se adelantaban en línea mientras Neil daba buena cuenta de sus parches en ese final machacón.
Creo que es justo decir que, llegado el momento de presentarse como banda, ya nos habían conquistado por completo. Para el inicio de la recta final, contaban con Take me Back, introducción incluida, lidiando con mucho aplomo con las partes más complejas del tema, y destacando las bases rítmicas y esos agudos tan aguerridos de Dani. Quizá algo más directa (y bastante cantada, por cierto), Alliance of the Free estuvo petada de feeling, muy notorio en el solo de Carles y en la inagotable energía de Dani, que con todo, fue uno de los músicos más destacados de la actuación. Para rematar como era debido, la enloquecida batería de Neil marcó un final de lo más estruendoso, deshaciéndose en todo tipo de compases y demostrando su talento en cada uno de ellos. Ya considerablemente más lleno que en la anterior actuación, todo el recinto les brindó una cálida despedida, y la satisfacción por las cosas bien hechas se reflejó claramente en el rostro de los músicos. Ahora, lo que me encantaría sería poder verles en sala, con un repertorio más largo y con mayor arrope de público, pero sea como sea, ahí quedó para el recuerdo aquel fantástico concierto del que la mayoría nos llevamos muy buenas sensaciones.
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Y poco después, siendo aquello de las 18:30 de la tarde, se acercaba el que para mí era el momento más deseado de la jornada. Solo faltaban unos minutos para que los suecos The Cruel Intentions tomaran por las bravas el escenario. Una banda a la que, curiosamente, conocí hace unos años por el hecho de que su batería Robin Nilsson pasase un tiempo por las filas de Hardcore Superstar sustituyendo al fugado Adde Moon (al que, por cierto, veríamos más tarde en Eclipse). Por supuesto, también el vocalista Lizzy DeVine se ha forjado ya una reputación tras sus años en Vains of Jenna. En cualquier caso, me daba a mí la impresión de que íbamos a ver algo tremendamente divertido, enérgico, y hasta arriba de temazos… y no andaba nada desencaminado.
The Cruel Intentions:
Muy acertada esa introducción valiéndose de Hello There (Cheap Trick), mientras el batallón sueco preparaba su embestida. Y empleo esa palabra, porque no se anduvieron con presentaciones ni calentamientos, sino que nos lanzaron en plenas napias todo un ariete sonoro de la talla de Beating In My Chest que causó estragos. Pensaba que no demasiada gente conocería a la banda (por pertenecer a un estilo muy minoritario por estas tierras), pero afortunadamente, nada más lejos de la realidad. Los desmelenes del guitarrista Kristian Solhaug, esos coros tan prominentes, y el lanzamiento de rodillas por parte de Lizzy DeVine ya fueron una advertencia de la que se nos venía encima, y pusieron a 100 a las primeras filas, que cantaron sin reservas tanto esta como la siguiente Triple Threat. Sin duda, otra magnífica elección para subir un peldaño más las vibraciones, petada de wah en las seis cuerdas, rápida, adictiva, y con un Lizzy que cada vez se tornaba más gamberro y se asomaba más hasta el público. Tal vez uno de los pocos ‘peros’ del concierto correspondió al sonido. A parte del grueso de los coros (indiscutiblemente pregrabados), había cierta desigualdad entre algunos instrumentos, y la voz del cantante nos llegaba distorsionada en exceso. Pero no creáis que eso nos privó de seguir disfrutando de temarracos como Living Out the Line. ¿Cómo no hacerlo, cuando ves desfilar ante ti todo ese torrente de energía?
Las vueltas de Kristian, la fortísima pegada de Robin a su caja, o el paso del pato que nos regalaba el bajista Mats Wernerson nos iban encendiendo a marchas forzadas, llegando uno de los puntos álgidos del show con la tremenda Sunrise Over Sunset. Una de mis favoritas en las que me dejé el cuello a más no poder, flipando al mismo tiempo con los continuos cambios de posición de los músicos, ese solo de guitarra a mástil alzado que nos trajo Kristian hasta primera línea, y sobre todo, ese desfase final para volverse locos. Lizzy llevó su voz MUY al límite en ella, aunque el resultado fue cojonudo. Se le veía muy contento y simpático, bromeando incluso con juegos de palabras entre algún tema, y esforzándose muchísimo en cortes como Chemical Vacation (iniciada por Robin Nilsson a baquetazo limpio), o sacando su vena más sensible y melódica en la balada Salt i ditt sår que a mí, que queréis que os diga, me llegó hasta el tuétano. Más sensible, sí, pero sin perder esa actitud de puro nervio, subiéndose a la plataforma de la batería y echándose unas poses de lo más chulescas para acabar saltando con su guitarra a cuestas. Aquella era su primera visita a nuestro país, así que los allí presentes podemos sentirnos privilegiados, y por su parte, dieron absolutamente todo lo que tenían… es decir, mucha guerra.
Con temas cortos y directos aprovecharon a tope la hora de la que disponían, volviendo ahora a la carga con Go Fuck Yourself, recibida con todo un mar de manos levantadas, o la magnífica Weekend Suffering, otra de mis favoritas, en donde el vocalista hacía cada vez más amagos de bajarse al foso. Los ánimos estaban muy, pero que muy arriba, pero no es para menos. Si los escuchamos detenidamente, sus tres discos, están abarrotados de temazos y estribillos de los que te enganchan y no te sueltan. Lo que sí se echaba un poco de menos, a esas horas, eran las luces del escenario que brillaban por su ausencia, pero nos tenían ya tan ganados, que fue un mal menor. El inmenso descaro del guitarrista Kristian Solhaug fue el gran protagonista en All Hail Hypocrisy, que con una buena somanta de doble pedal, nos llevó de la mano hasta When Eden Burn, presentada a grito pelao, y con muchas carreras sobre el escenario como las del bajista Mats Wernerson. Las guitarras sí sonaban de lo más potente, intencionadamente sucias, y en esta última ocasión, tirando de efectos como feedback que nos llegaba de forma muy clara. Hasta ahora, habían sabido mantener un ritmo implacable, pero si cabe, subirían todavía más las revoluciones de aquí hasta el final. Nada mejor que otra de mis favoritas, Kerosene, para lograrlo. Un tema muy sleazy pero con melodías que me llegan a recordar al Punk californiano.
Lo habría partido aunque los músicos no hubiesen movido un dedo, pero obviamente no fue así, y ante cientos de voces coreándola y animándoles, Lizzy y los suyos se comportaron como auténticos animales. Lo mismo se puede decir durante Jawbreaker, tema con el que ganaron mucha popularidad por su aparición en uno de los capítulos de la serie Peacemaker, muy rocanrolera y estruendosa gracias, entre otras cosas, a la gran pegada de Robin Nilsson y a esos desgarrados solos de Kristian Solhaug. Ya a piñón fijo hasta el final, saltamos sin parar mientras este último se desataba por completo, apiñándose con sus compañeros, y desmarcándose con ese solo despatarrado en primera fila de Chaos in a Bombshell. Tras unas frases cantadas a pachas con Mats, en Check Your Head quedó muy a las claras el gran colegueo y cercanía que este último guarda con su compañero Kristian en sus constantes poses y acercamientos. A su puta bola, y también pateando el escenario, Lizzy rasgaba sus cuerdas a lo bestia, con su instrumento siempre colgando a la altura de las rodillas, y una tonelada y media de actitud sin filtros. Con cambios súbitos de ritmos, gritos al límite y una recta final de lo más machacona (ahí veíamos a Robin destrozando su batería), Sick Adrenaline marcó el último subidón con ese pedazo de estribillo ante el que es imposible no cantar a piñón. No os digo más, que a estas tempranas alturas de festival me habían dejado ya casi afónico.
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En conclusión anticipada, el de The Cruel Intentions fue mi concierto favorito de la primera jornada de este Rock the Sun, y eso es mucho decir contando con el gran nivel que proliferó de principio a fin. Si queréis saber por qué no lo fue el de Eclipse (una banda por la que siento especial debilidad), tendréis que leer hasta el final. De momento, pasemos a ver qué tal lo hicieron los también suecos Crazy Lixx, país del cual tuvimos hasta cuatro bandas en el cartel, pero pocas tan importantes y fundacionales en lo que se conoce como la New Wave Of Swedish Sleaze Metal. Habiéndolos visto ya seis veces, lo cierto es que no esperaba grandes sorpresas, pero sí un concierto a la altura de la calidad que nos suelen ofrecer. Y desde luego, de ella fueron sobrados.
Crazy Lixx:
Con esa prepotencia (en el mejor sentido) que les caracteriza, los de Malmö fueron desfilando uno a uno por el escenario, sonrientes y vestidos para matar. Era una de las bandas que más expectación levantó en este primer día de Rock the Sun, y venían más que dispuestos a defender su merecido renombre con temas de toda su discografía, de donde escogieron Rise Above como una buena apuesta para empezar, y desatar de pleno carrerillas y cambios de posición que fueron alimentando el bullicio sobre el escenario. Al fin y al cabo, es gente que tiene muy claro cómo dar un show de lo más espectacular en este sentido. Pero fue realmente con las llameantes guitarras de Jens Lundgren y Chrisse Olsson en Hell Raising Women donde todo estalló de verdad, despertando cientos de voces entre el público, y conectando casi de inmediato con Danny Rexon, que tiraba de su habitual buen hacer. La fiesta había comenzado, y cuando los suecos se ponen a ello, no hay quien los pare. Y la sincera ovación que recibieron, solo hizo que envalentonarlos para estamparnos otro corte de lo más festivo y desmadrado como es Girls of the 80's.
La pasmosa soltura del bajista Jens Anderson (que de seguro encandilaba a las féminas de las primeras filas), el descaro de Jens Lundgren a pecho descubierto, y su posterior adelantamiento hasta el borde del escenario junto a su compañero Chrisse, empalmaron con su conocida cover de Bonfire, Sword and Stone. Durante los primeros compases, les acompañamos con unos enfervorecidos ‘¡eh, eh!’, mientras Lundgren apoyaba el pie sobre el monitor, y las luces emitían unos flashes continuos que, en ciertos momentos, resultaban incluso un poco molestos. Ese último estribillo se nos quedó clavado en los tímpanos, con coros solventes (aunque sospecho que pregrabados), al igual que subsiguientes como el de Wild Child, que Danny arrancó emulando con gritos al mismísimo David Coverdale. ¡Será por temazos, en sus ocho discos, sin contar el de regrabaciones! Me resulta difícil mojarme, pero desde luego, Lock Up Your Daughter es sin duda uno de mis favoritos, y se pudo resumir en guitarras cargadas de electricidad, muchas palmas animando por parte de Danny, y esa melodía tan rabiosamente ochentera que tanto nos flipa. Ante la respuesta que obtuvo, no es de extrañar que el vocalista gritase aquello de ‘¡Muy caliente, Barcelona!’.
Bastante potente sonaba también Walk the Wire, a pesar de ser un medio tiempo algo más relajado, y aquel que se encontraba tras la batería tuvo gran parte de la culpa. No era otro que Robin Nilsson, efectivamente, el mismo que empuña las baquetas en The Cruel Intentions, por lo que lo suyo en este festival fue toda una maratón. No obstante, no parecía cansado en absoluto. Los coros a tres voces acompañaron a Danny, que también hizo aquí una de sus grandes interpretaciones. Lo cierto es que se le notaba el esfuerzo por cantar cada vez mejor… pero por desgracia, el sonido que tuvo su voz fue demasiado apagado, difuso y lejano, y en ningún momento le escuchamos bien al 100%. Su torrente de carisma, sin embargo, equilibraba el conjunto, y allá que volvía a la carga con 21 'til I Die, toda una declaración de intenciones (con la que comulgo plenamente), en uno de los momentos más triunfales del show. La pista disparada (Final Fury, del Street Lethal), cortó un poco la seguidilla, pero Lundgren y Olsson no dudaron en remontarla a base de gestos y chuladas en primera fila mientras sonaba la marchosa Whiskey Tango Foxtrot, contando también con unos incombustibles movimientos de Danny, o esos melenazos que ocultaban el rostro de Chrisse Olsson en Silent Thunder, también muy celebrada.
Los voceos desde el público a mitad de tema reflejaban el estado de los ánimos, y seguramente para muchos Hunt for Danger sería un pequeño bajón… pero no para mí. Una auténtica delicia de tema, de corte más AORero y ambiental, que me atrapó por completo en su cadencia. Unas teclitas, y habría sido perfecta. Cambio de atuendo rápido para el vocalista, que no solo se despojaba de su chaleco, sino que añadía al conjunto una máscara de Jason y un micrófono con un machete incrustado para la ‘terrorífica’ XIII, que nunca suele faltar en sus repertorios. Y al igual que nosotros… qué bien se lo pasaban, y qué gustazo ver a una banda con ese dominio escénico: Jens Anderson paseándose con una chulería desmedida, Chrisse Olsson flipándose en la parte delantera, Jens Lundgren apuntándonos con su guitarra… Pero si al principio dije que no esperaba sorpresas, me equivocaba, y nos regalaron para la ocasión un tema que, según ellos, pocas veces habían interpretado. Se trataba de Never Die (Forever Wild), tema que cierra su séptimo disco de estudio, y a la que dimos la bienvenida a cántico limpio. El desmadre fue total, con todos los músicos metiendo headbanging, y las luces del escenario volviéndose locas. Incluso más allá de su final, seguíamos participando con nuestros coros, que Danny nos agradeció sinceramente.
Como cabía esperar (y por suerte, ya que se trata de mi favoritísima de toda su carrera), no podía faltar la tremebunda Blame It on Love, en la que Olsson se adelantaba a gozar junto a una peña muy, pero que muy motivada. Un flow impresionante, y un clima de lo más ardiente fueron el caldo de cultivo perfecto para su última apuesta de la noche, Who Said Rock ’n’ Roll Is Dead. De sus coros se encargó el rubio Jens Lundgren con mucho ahínco (o simuló hacerlo, vaya), y tuvimos también otra de las mejores ejecuciones, tanto en lo escénico como en lo vocal, del gran Danny Rexon, que sudó la camiseta hasta la última gota. Disparando su ya clásica outro (una divertida variante del Crazy Nights de KISS), y con semblantes muy satisfactorios, los músicos se hicieron una foto con nosotros y nos dijeron que hasta la próxima. Y fijo que será más pronto que tarde, ya que es una de las bandas del estilo que más se prodiga en este país.
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Debió ser el ajetreo de los dos días anteriores, o vaya usted a saber, pero la verdad es que, para lo relativamente corto que era este primer día de Rock the Sun 2026, me sentía un pelín más cansado de lo habitual. También es cierto que cuando se trata de este tipo de bandas, llevo al extremo mi forma de disfrutarlas, y en este caso, cada concierto brilló por su intensidad. Sea como fuere, nada que no se pudiera remediar con unos minutos de relax en las gradas, una de tantas cosas que me encantan de la carpa del Poble Espanyol, entre otras como su tamaño, su disposición, gradas y mesas para reposar, su bonita iluminación, el suelo acolchado, puestos de comida, una enorme barra (aunque con precios abusivos, todo ello), zonas con sombra, un acceso fácil… y este año, como añadido, WCs prefabricados y fuera los Toy Toy esos de mierda. Aparte de lo dicho, la promesa de esa fulgurante energía que siempre desprenden los conciertos de Eclipse, era un gran aliciente para mantenerse bien despierto, y en esta ocasión, disponían de tiempo para ejecutar un setlist completo
Eclipse:
Las luces de la carpa ya llevaban un rato encendidas, aportando un poco más de magia, si cabe, a aquella templada noche barcelonesa llena de buena gente y excelente música. Eclipse es otra de esas bandas que nos visitan cada dos por tres, incluso varias veces al año si contamos su presencia en los grandes festivales, por lo que son enormemente queridos en España… y ellos lo saben. Con el tiempo, han ido dando a luz una ingente cantidad de clásicos que ya forman parte de la historia del Rock contemporáneo, y todos esperábamos con mucha ilusión bailarlos, saltarlos y cantarlos esa noche. Nunca se olvidan de aquellas bandas que fueron pura inspiración para ellos, y por eso, su introducción está llena de fragmentos de sus canciones, desde Metallica y Helloween a Ozzy Osbourne.
De repente, con todo el mundo ya impaciente, aparecía dando una voltereta sobre el escenario el batería Adde Moon, que marcó el gran inicio de fiesta con Roses on your Grave. Minutos antes, le comentaba a mi chica que tal vez no la fuesen a tocar (debido a la constante renovación de parte de sus setlists), así que mi alegría fue mayúscula al escuchar sus primeras notas, poniéndome a botar como un loco llegado el estribillo. Aunque su voz todavía estaba algo fría en los tonos altos, en los ojos del grandísimo Erik Mårtensson se apreciaban claramente la ilusión y las ganas de gustar, asomándose sin parar hasta nosotros. Ya con la guitarra a cuestas, arrancaba el mismo Erik All I Want, paseándose por su último trabajo hasta el momento, “Megalomanium II”, apoyado por los coros de Victor Crusner (que de momento guardaba las formas) y Magnus Henriksson, que tuvo una de las mejores actuaciones que le he visto en mucho tiempo. Para nuestra sorpresa, a mitad de tema, los pipas prepararon una caja en la parte delantera del escenario, que Adde Moon salió a tocar antes de la culminación del tema, con las voces del público sonando más y más elevadas.
El concierto prometía ser todo un show, y además, el escenario estaba totalmente abarrotado de luces led que se coordinaban con algunos temas e iluminaban el telón en los descansos. También Dying Breed nos vino de sorpresa, un tema nada frecuente en sus directos. Magnus Henriksson la disfrutaba especialmente, adelantándose en el escenario para lucir sus poses y chulerías, dejando a un lado la sobriedad para cobrar mucha presencia. El primer discurso fue dedicado a saludar, a agradecer y de paso, a hacernos lanzar unos cuantos gritos. No hubo problema en ello, ya que de momento el concierto llevaba un buen ritmo, incluso subiría las revoluciones de la mano de Wake Me Up. Victor Crusner seguía en su línea, volviéndose cada vez más irreverente en sus movimientos, y el solo de Magnus nos llegó con gran claridad, gracias a que tuvieron el mejor sonido de aquella jornada (y con diferencia). La peña parecía encantada, y los músicos comenzaban a cambiar de modelo de instrumento para Twilight, que suele aparecer en la recta final de sus conciertos. Los coreos desde el público salieron desde el corazón, divirtiéndonos a tope como estábamos. Erik se contagiaba de esa alegría saltando y dando vueltas en el centro del escenario, y hasta Magnus terminaba dando su solo de rodillas y volteando su guitarra con la correa por el cuello.
Después de esta erupción de vibras tan positivas, Erik volvía a dedicarnos unas palabras antes de coger su guitarra acústica para darle un color extra a Downfall of Eden, una de sus favoritas (¡y de las mías!). El escenario se teñía de color rojo ‘Eclipse’, y pudimos apreciar la contundencia en esos bajos hacia el final. Sin embargo, otro ‘interludio’ instrumental, llevado entre Victor y Magnus empezó a incomodar la cadencia de la actuación. Evidentemente, son muy buenos músicos, y debemos saber apreciar su habilidad, pero creo que se puede hacer de otras formas. Corrimos un tupido velo, y continuamos saltando, coreando y levantando palmas para estribillos pegajosos y con mucho gancho como el de Blood Enemies. Erik correteaba muy suelto por las tablas, y se veía a las claras el buen rollo que reina en el seno del grupo, a raíz de los varios guiños y bromas entre ellos. Entonces, cuando volvía a subir el calor…. otro parón. Humo y luces apagadas. A pesar de ello, sonaban nuestros ‘oes’, pero los cortes sin ofrecer nada a cambio empezaban a ser demasiado molestos. Entiendo que no son máquinas y necesitan tomar un respiro, pero al menos a mí, me estaba pareciendo excesivo respecto a los muchos otros conciertos que les he visto (que con este, ya van doce), sobre todo, porque impedían la formación de un clímax.
El humor suele ser una nota dominante en Eclipse, y el bueno de Erik anunciaba su retiro como cantante para ceder su lugar al bajista que, tan vacilón como siempre, se encargó de cantar íntegramente High Road, ¡y además, lo hizo de maravilla! con una voz que se adaptó como un guante a la tesitura del tema. La dureza en la batería de Adde en la anterior se relajó considerablemente en Hurt, una de sus baladas por excelencia, un temazo muy bonito que nos puso a ondear las manos mientras Erik volvía a coger el micro, ya con su voz al 100%, para bordarla. Realmente potente ese arranque de Bite the Bullet, extraída de ese “Wired” que, en mi opinión, es uno de los tres mejores discos de toda su carrera. El cantante nos presentaba ahora un fabuloso (y enorme) modelo de guitarra estilo 50s, con el que repitió más adelante. Toda la sección instrumental fue tan buena como de costumbre, pero ciertas partes fueron excesivamente alargadas. Incluso el vocalista reconoció que tal vez no estuvieron del todo bien encajadas, anunciando a continuación temas rápidos y cañeros para compensar esta primera parte tan irregular.
Y vaya si cumplió… de momento. Porque con Saturday Night (Hallelujah), absolutamente todo se vino arriba, los saltos de Erik, la pasión del respetable, y como colofón, ese solo, espalda contra espalda, entre el vocalista y Magnus Henriksson. Pero Battlegrounds, por mucho que me transmita, rompió demasiado esa aceleración. Sí, fue muy emotiva, interpretada solo por los dos guitarristas y cientos de voces acompañándoles, pero las partes que nos hicieron repetir a capela se prolongaron más de lo necesario. A partir de aquí, las cosas como son, todo fue un huracán de pura adrenalina hasta el final. Black Rain, una de las canciones más pesadas (en el buen significado) que ha compuesto la banda, sonó verdaderamente aplastante, ante todo esas guitarras de Magnus y Erik (de nuevo, con su flamante modelo blanco), y con la brutal pegada de Adde haciendo retumbar el recinto. Al tiempo, el bajista Victor pateaba el escenario a cada paso, pellizcando sus cuerdas con mala leche y agitando la melena, y no se entretuvieron para continuar con otra que estaba esperando en candeleta, The Hardest Part Is Losing. Con los tres mástiles elevados, y unas buenas coreografías, sería Magnus quien ahora acabaría tirado en el suelo, justo antes de culminar el tema de una forma muy elegante y emotiva. Un himnazo como Runaways no debería desaparecer nunca del setlist, porque es con temas como este cuando se llevan a la peña de calle, haciéndonos gritar como posesos.
Sin instrumento, y mientras su compañero Magnus ponía los coros, Erik Mårtensson se dejaba la piel recorriendo de lado a lado las tablas junto con su inseparable soporte rojo. Aunque para himno, ahí estaba precisamente Anthem, una llamada a la hermandad y al buen rollo. Solo Erik y su acústica cargaron su peso al principio, pero pronto volvieron el resto de músicos para rematarla, entregados al inevitable júbilo que irradia su melodía, y la emoción de ver ante ellos a mil voces cantándola al unísono. Con su desparpajo y garbo habituales, Victor presentaba el que sería el último cartucho de la velada, bromeando con el título. Como no podía ser de otro modo, Viva la Victoria fue un fiestón de la hostia santa, poniendo a absolutamente todo el recinto a botar. Sobre todo las primeras filas, al mismo ritmo que lo hacía el cantante, saltaban como si no hubiese un mañana, y después de una rápida presentación de la banda, culminaban aquel despelote con un reprís en donde el guitarrista endilgó su instrumento a uno de los pipas para corear y desmelenarse como si fuese uno más de entre nosotros.
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Resumiendo en pocas palabras, a pesar del excelente sonido del que gozaron, del nada desdeñable setlist, y de un final que fue dinamita pura, el concierto me dejó, por decirlo así, al 75%, quedándose el resto en una sensación un tanto agridulce por el hecho de que no supiesen equilibrar y consolidar del todo las rachas de subida de intensidad. Aun con todo, todas esas maravillosas melodías se quedaron dando vueltas en mi cabeza durante el resto de la noche. Y es que mis queridos Eclipse… siempre estuvieron hechos de otra pasta.
Tocaba ahora regresar al hotel, donde caeríamos completamente exhaustos después de elaborar un pequeño planning para el día siguiente. Primera jornada de Rock the Sun 2026 aprobada con todo un sobresaliente… y todavía quedaba (para mí) lo mejor.
_|,,| JaviMetal (Is The Law) |,,|_





























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