miércoles, 9 de septiembre de 2026

Fangosa (Labrador Psych Fest 2026, sábado 05-09-2026, Polideportivo municipal de San Isidro, Alicante)

El Antro del Metal - Acid Mammoth portada

Hace ya algún mes, cuando me informaron de la noticia, casi llegué a tomármelo a broma. Un evento musical completamente gratuito, que reunía en un mismo cartel a algunas de las mejores bandas estatales dentro de un (más o menos) mismo espectro musical, y bastante cerca de casa. Un auténtico caramelazo al que era muy difícil negarse. Sin embargo, mi incredulidad vino sobre todo dada por la presencia en dicho cartel de uno de los mejores conjuntos que ha dado el Stoner / Doom en la última década: los griegos Acid Mammoth. Seguramente, el hecho de que esos días estuviesen embarcados en una gira por nuestro país (con fechas en Madrid y Oviedo) propició su acercamiento hasta tierras alicantinas, así como el buen hacer de los músicos de Limonero Fuzz, otra de las bandas participantes y principales responsables de este festival. Y no eran precisamente pocas las ganas que tenía de verles en acción. Desde aquel puto discazo llamado “Under Acid Hoof”, les llevo siguiendo muy de cerca, y de ningún modo podía imaginar que, llegado el momento, les acabaría viendo en un festival local de entrada libre, y casi en petit comité. A veces la vida te da estas grandes alegrías. Tan pronto como me enteré de la celebración, lo marqué en mi calendario como algo imprescindible bajo cualquier circunstancia, y debería haberlo sido para cualquier amante del Rock y el Metal que se precie de serlo, porque resultó en algo verdaderamente grande, mucho más que una serie de conciertos, una experiencia casi terapéutica en general. La compañía, por supuesto, también ayudó a ello en gran medida, contando con mi amiga Tere (gracias a quien, por cierto, me enteré de la movida) y Monti, también viejo colega con quien coincido mucho menos de lo que me gustaría en estos ámbitos.

Las buenas sensaciones se destaparon nada más salir hacia la población de San Isidro, apenas una horita de viaje que se nos hizo cortísima, llena de interesantes conversaciones y unas cuantas risas. Cuando llegamos al destino, la suerte estuvo de nuestro lado por varios motivos. Para empezar, dentro del mismo recinto (el polideportivo municipal de la localidad), vimos que había una cómoda y amplia zona de aparcamiento, por lo que no tuvimos el más mínimo problema para dejar el carro allí mismo. Eso sí, menos mal que decidimos ir a primera hora, porque luego aquello estaba totalmente abarrotado. Después, al acceder, nos dimos cuenta de que el recinto era idóneo para un evento de estas características, un espacio diáfano y con más que suficiente cabida para el público que se esperaba a lo largo de la jornada. Llegamos media hora tarde respecto a cuándo se suponía que debía empezar la primera banda… pero incluso en este caso tuvimos potra, ya que el inicio del festival iba con retraso. Y para colmo de bienes, como se suele decir, fue llegar y besar el santo, porque en cuestión de unos pocos minutos, los Stoned Wizards estaría ya tomando el escenario.

Era la primera de las siete bandas, y con la perspectiva de tantas horas de pura delicatesen sonora por delante… era imposible no frotarse las manos de gusto. Una lástima, ya por pedir, que desde una etapa aún temprana de la preparación del festival, se cayesen del cartel los Kerry Kaverga.

Stoned Wizards

Arrancábamos, como no podía ser de otra forma, con rollo psicodélico a piñón, con ese potente afrodisíaco sensorial que es la música de Stoned Wizards. El guitarrista Dave Pesquero fue el primer músico que dio la cara en el festival, incluso antes de abrir el show, para agradecer de corazón y con mucha cercanía a tod@s aquell@s que nos habíamos acercado hasta el lugar para dar nuestro soporte. Segundos después, y ya con la guitarra sobre los hombros, hizo lo propio con (We) Get the Fuzz Off, el primer tema de la tarde. Con toques bastante progresivos, mucho pedal, y Tom a la batería ya destacándose como el gran músico que es, se granjearon los primeros de muchos aplausos, empalmando a posteriori con Unspeakable Spell. El tema hizo gala de una de las grandes virtudes de la banda: esas crecidas de intensidad tan milimétricamente graduales y controladas, que empezó con punteos muy tranquilos por parte de Dave, pasando a riffs cortantes petados de wah, compases sutiles, acordes de bajo, para ir ganando poco a poco gordura conforme se acercaba el final. El concierto tuvo mucha dinámica y cohesión, gracias en parte a que raramente pararon ni un solo segundo entre tema y tema, enlazándolos sin descanso, como sucedió en la primera parte de The Pray.

Si bien el bajo era el único instrumento que quedaba un poco por debajo en la ecualización al principio, ahora se escuchaba a la par que el resto, y valga decir que me parece un músico que mejora con cada concierto que les veo dar, siendo esta ya la tercera vez que me planto ante ellos. La mejora, por descontado, se puede atribuir al conjunto en general. Con cada ‘sube y baja’ de intensidad, lograban meternos más y más en el concierto, y cada vez eran mayores las ovaciones que les dedicábamos. Después de volver a saludarnos por medio del guitarrista, The Pray II continuó por la misma senda en todos los aspectos: inicio sin distorsión para, gradualmente, ir pisando el pedal, tanto de la electricidad como de la velocidad. En su máximo momento de intensidad, generó unos cuantos headbanging entre el público, y Tom se crecía con su pegada, complicando cada vez más los ritmos. El final con el que nos dejaron fue tope ruidoso, sin miramientos, con ecos y distorsión a más no poder. La psicodelia más pura volvía a inundar el escenario de la mano de Stonedhenge. Dave cada vez se mostraba más suelto, dando alguna vuelta, arqueando el lomo con cada riff y viviendo a tope el momento, incluso se ponía de rodillas, aprovechando para realizar algunos ajustes en su pedalera.

Los pisoteos al doble bombo por parte de Tom fueron solo el inicio de un tramo en el que se lució a lo grande, marcando con sus baquetas un último sprint que fue fácilmente la parte más intensa y técnica del concierto. A destacar también esos punteos de bajo en los que Chris se quedó en solitario durante unos segundos. A pesar de la continuidad que llevaron, el tiempo no daba para más. Pero ante las peticiones de ‘¡otra, otra!’ no pudieron negarse a regalarnos un último corte, que precisamente es el que más conocemos a través de las redes, y The Seventh nos devolvió a los Stoned Wizards más progresivos. Dentro de esta, mi faceta preferida de la banda, Dave empleaba unas cuantas virguerías, alternando entre guitarras limpias y eléctricas, desprendiendo todo su carisma (que no es poco), al tiempo que Tom lanzaba también un buen puñado de ostentosidades rítmicas, cambios, contratiempos, parones… El humo que inundaba el escenario en estos últimos instantes terminó de clavar esa atmósfera confusa y difuminada que también pretenden transmitir con su música sin reglas ni barreras.

El Antro del Metal - Stoned Wizards 01El Antro del Metal - Stoned Wizards 02El Antro del Metal - Stoned Wizards 03

Puesto que, lógicamente, tocaba descanso entre grupo y grupo al haber solo un escenario, aprovechábamos para echar unos tragos y comentar la jugada, saludando también a varios colegas que nos encontramos yendo de aquí para allá. Aprovecho para mandar recuerdos desde aquí a Borja de Valencia y David de Murcia. Los precios, tanto de la bebida como del papeo, eran bastante aceptables (dos pavos por una lata de birra), y había un clásico puesto de bocadillos del que más tarde daríamos buena cuenta. De momento, tocaba prestar máxima atención a la segunda apuesta de la tarde, que para eso estábamos allí.

Tahulla

Tahulla es una banda formada por músicos de diferentes poblaciones de la zona, por lo que prácticamente jugaban en casa. Aunque de reciente fundación, no han perdido el tiempo a la hora de lanzar ya su primer álbum “Tahulla”, que data del pasado año. Precisamente, son este tipo de grupos la verdadera esencia y razón de ser de festivales como el Labrador Psych, que promueven el underground y dan merecida voz a bandas con calidad de sobra para seguir sonando y progresando por muchos años. Pero ojo, no nos confundamos, porque su juventud como formación, no implica que sus músicos no tengan ya unos cuantos kilómetros de rodaje a sus espaldas, viniendo de otros proyectos como Les Pick-Ups, Néboas, Cuneo, Una Vida, o Lodo. Y esta experiencia quedó perfectamente plasmada en el directo que ahora nos ofrecerían.

Siguiendo la dinámica de los anteriores Stoned Wizards, Tahulla gozaron de una ecualización y un volumen casi inmaculados desde el inicio, y eso, afortunadamente, fue una nota dominante durante todo el festival. Tormo fue una buena muestra de ello, bajos retumbantes, guitarras realmente consistentes y graves, y por encima de todo, una batería que sonó casi de estudio, con la dureza justa pero sin comerse el resto de instrumentos. Registros muy pantanosos, redobles a capela, riffs que enganchaban y un Pedro Meseguer a las voces que lo dio absolutamente todo desde el primer grito. Se podría pensar que estos nos llegaban demasiado lejanos, difuminados e incomprensibles, y tal vez fue así, pero también creo que esa sonoridad forma parte del estilo de la banda. O más bien, de la amalgama de ellos que lo forman. Porque aquí hay Doom, hay Stoner, hay Screamo, Sludge y Post-Rock, todo bien batido y moldeado para dar forma a su personalidad. A nivel de género, desde luego no fueron mis favoritos, pero negar que se lo curraron hasta el límite sería faltar a la verdad. Continuaban esos alaridos casi esquizofrénicos, y esa actitud incontestable en Acequia, segundo corte, pero no sin antes ofrecernos unas partes muy limpias y apagadas en las que los arpegios de Manuel ‘Látigo’ resonaron de fábula, con efectos de feedback incluidos.

Al otro extremo del escenario, su compañero Miguel tampoco se estaba precisamente tranquilo, dando unos ademanes y movimientos muy agresivos que encajaban perfectamente con la tesitura de los temas. También hay que aclarar que, pese a haber una dirección más o menos definida en lo musical, cada envite tenía sus propias cualidades, y aquí Boria fue un paso más allá con ritmos y matices muy propios del Doom. Con varios cambios de registro en su voz y 100% sumergido en la movida, Pedro se iba adueñando del escenario, doblegando la espalda casi hasta el suelo, incluso cayéndose de rodillas para dar más emotividad e intensidad al asunto. Pancho aporreaba las cuerdas de su bajo bien despatarrado, los riffs crujían de lo lindo, y las poses no dejaban de fluir por el escenario, contagiando al público (que poco a poco iba siendo más numeroso) de esa energía tan extrema. En el tramo final, Miguel empleó un objeto (que desconozco), para meter un ruido aún más infernal con su guitarra. Siguiendo el orden del tracklist de su “Tahulla”, Vientos bajó todavía más la afinación y ritmo, sumiéndonos en una densidad fangosa gracias un bajo de lo más lúgubre (que sonó de lujo), y a una pegada tremenda en la batería.

Dicho esto, me gustaría recalcar el detalle de que, en muchas de las actuaciones que ha dado la banda en estos inicios, han empleado no una, sino dos baterías simultáneas, encargándose de la otra el también ingeniero de sonido y productor J.F. Rojo. No conozco el motivo por el que esta vez no fue así, pero desde luego, Rubén dejó el pabellón bien alto, y mientras Miguel se dejaba el cuello con sus riffs, y su compañero ‘Látigo’ rasgaba de forma cada vez más violenta sus seis cuerdas, los gritos de Pedro se iban transformando en algo cada vez más estremecedor y transmisor de oscuras emociones. Rubén añadía un plato al charles para encarar la recta final tirando de Lumbre, tema que también cierra el disco. Ahora los registros vocales pasaron a ser más limpios, en forma de susurros inquietantes. Pedro sudaba hasta la última gota, balanceándose hacia adelante, siempre dándonos el perfil, acomodando su voz en ese indescifrable barullo que armaron sus compañeros entre arpegios y punteos. Sonó incluso más ruidosa que la versión de estudio, y ese largo tramo completamente instrumental para terminar habló a las claras del talento de todos los músicos. Clavaron definitivamente el tema, y se ganaron a pulso ese adiós bien arropado con aplausos, que fue la mejor forma de despedimos de ellos.

El Antro del Metal - Tahulla 01El Antro del Metal - Tahulla 02El Antro del Metal - Tahulla 03

Lo dicho, no es mi estilo predilecto, pero se ganaron mi respeto con una actuación llena de actitud, interesantes arreglos técnicos, y mucha pasión. Entre tanto, para amenizar el parón y descansar unos minutos, mi colega Monti y yo nos fuimos a dar un garbeo por la zona de merchan y sentarnos. De momento, todo estaba saliendo como la seda. Cada vez más asistentes iban formando un ambiente muy agradable y cálido, en donde uno se sentía la mar de a gusto. Entre charlas, y casi sin darnos cuenta, se acercaba la actuación de Cadáver de Cabra.

Cadáver de Cabra

Para mí, eran uno de los grandes desconocidos del cartel, aunque de unos días a esta parte, ya le había dado un buen repaso a su primer y único disco hasta el momento, que como la banda, se titula “Cadáver de Cabra” (un nombre, por cierto, muy atractivo y sugerente). Parecía que en cualquier momento iba a estallar otra tormenta sonora, con todos los músicos ya ocupando el escenario, y sin embargo, unos problemas técnicos retrasaron su inicio, generando al mismo tiempo más retraso en los horarios. Por suerte no fue nada exagerado, y muy pronto comenzaron a acribillarnos con sus ritmos asfixiantes y decadentes, y unos magníficos riffs que se revelaron como uno de los grandes valores añadidos del grupo.

La noche iba cayendo poco a poco, y que mejor que acompañar esta transición con No Rules, Only Sludge, tema de apertura de su LP, y una declaración de intenciones acerca de la filosofía musical y compositiva de la banda. El humo iba cubriendo poco a poco el escenario, y la densidad lo acompañaba de la mano de esos bajos bien recargados de fuzz (un recurso omnipresente en este festival), unos compases atronadores, y unas voces de ultratumba ejecutadas por Aston Wirz al frente del escenario. La guapísima Kath, dando marcha a sus cuatro cuerdas, se soltaba esa increíble melena sin dar tregua mientras agitaba su instrumento, y un final tremendamente pesado (en el mejor de los sentidos), dio paso a Ketamine Zombie. Más distorsión, más humo, y en esta ocasión, más virguerías a cargo de guitarrista Daniel Roldán, que se las ingeniaba para meter un ruido del copón bendito con sus cuerdas. Sin tregua, los ritmos pesados y mortuorios nos iban haciendo caer en esa espiral de maldad y blasfemia que destilan sus temas con cada nota, ya con la mayoría del público batiéndose el cuello a saco. La noche anterior habían tocado en Oviedo, nada menos que formando parte de la gira de Acid Mammoth y acompañados de los Limonero Fuzz, un ‘pack’ que tuvimos el privilegio de disfrutar aquí también.

Lejos de parecer cansados, iban metiendo cera con mucha entrega, pero también hubo momentos para registros más calmados y sorprendentes, como el que vino a continuación de la mano de Satan Blues. Una oda satánica que, como su nombre sugiere, nos transportaba hasta un oscuro blues. Sin renunciar a la distorsión, ni a las ecualizaciones más crudas, ni a esos punteos chillones de Daniel (que apoyaba también con coros), fue una de las partes que más me gustaron de la actuación, con recta final en donde destacó claramente la demoledora pegada de Juan Carlos tras su batería. Aprovechamos uno de los pocos momentos de silencio para concederles un gran aplauso, a lo que respondieron con la presentación del siguiente trallazo, Cadáver de Cabra. Un tema que reúne en sí mismo todas las características y especialidades sonoras del conjunto, pero sobre todo, que sobresalió por su extrema lentitud. Para meter aún más ambiente al asunto, Daniel imitaba los balidos de una cabra, en una parte que se alargó y se alargó hasta estallar en un verdadero ariete sónico, con ásperos gritos de Aston y una contundencia enorme en bajo y batería que nos hicieron crujir el cuello en aquel sacrílego ritual, siempre con el tritono del diablo como base de sus armonías.

Tras los parches, veíamos a Juan Carlos pasarlo en grande, cada vez más suelto, divertido y emocionado a la hora de castigarlos, llegando a su máximo apogeo en Cheddar Brain. El sonido no desentonó en cuanto a calidad respecto a los dos conciertos anteriores. Con un equipo tan supuestamente modesto con el que contaba el escenario, aquello estaba sonando de la hostia, mejor que otros festivales más grandes a los que he asistido en lo que va de año. Ahora, solo les quedaba rematar la jugada por todo lo alto, y tirando de un mismo riff, lo adaptaron a todos los ritmos posibles, con guitarras muy crujientes (especialmente, la de Aston), ralentizándolo al final mientras Kath volvía a deslomarse con su bajo a hombros y el solo del vocalista sonaba a puro wah. Hasta un pequeño circle pit, tal vez el primero del festival, lograron levantar, acoplando las guitarras al final para ‘deleitarnos’ con un ruido de mil demonios. La instrumental Aquelarre fue la única del disco se quedó fuera del setlist, aunque la verdad es me habría encantado a escucharla. Sea como sea, hasta el momento fueron los que más me gustaron del cartel. ¡Ojalá pueda volver a verles pronto!

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Me acerqué después hasta el coche, que estaba a un par de minutos a pie, a tomar un trago de agua y aprovecharlo como refugio y descanso unos minutos. Ya repuesto, me volví a encontrar con mi colega Monti, y volvimos derechos hasta el escenario, donde la actuación de Limonero Fuzz, uno de mis principales objetivos del festival, era ya casi inminente. Se me han escapado varias veces en los últimos años, por unas o por otras, pero en esta ocasión por fin les iba a gozar sin ningún impedimento.

Limonero Fuzz

Seis músicos, nada menos, sobre un escenario al que le iban a sacar todo el partido posible, y con un sonido que volvió a brillar con luz propia desde el primer cartucho que dispararon, Ventana al Sendero. Nos enfrentábamos a una de las partes más puramente psicodélicas del festival, ante una banda que se ha labrado un nombre muy potente y reconocido dentro de la escena en nuestra zona. Y no tardaríamos en saber el porqué. Me chocó al principio ver un segundo cantante, dedicado exclusivamente a esa labor, y a un componente (presuntamente nuevo), que se encargaba de los samples. Ambos no hicieron sino dar más cohesión todavía a un concierto pulido y perfeccionista de principio a fin. Manu, a la guitarra, aportó también coros y partes vocales, con sus fraseos sonando muy lejanos pero sin perder definición, y la impecable técnica del batería Darío me cautivó inmediatamente. La calidad de todos y cada uno de los músicos saltaba a la vista, y solo faltó esa introducción narrada por Félix Rodríguez de la Fuente para que el tema se plasmase idéntico al registrado en su EP “Espíritus del Río”.

La batería sería uno de los instrumentos que más contundencia iría ganando en algunas etapas del concierto, pero con Raíces, volveríamos a tener una experiencia casi extrasensorial a base de melodías ondulantes, notas plagadas de wah, y un feeling enorme que se hacía especialmente patente en el guitarrista Raúl. Le veíamos fluir en cada nota, como atrapado por el espíritu de los 60 que sobrevuela esta composición. Técnicamente mostraron una de sus mejores facetas en Espíritus del Río. Porque los temas de Limonero Fuzz están sembrados de detalles de todo tipo, armonías extrañas, notas entre líneas, incluso alguna disonancia intencionada, algo a lo que contribuían las bases de los samples. Los ecos alienantes, los mencionados detalles medidos con lupa y algunas voces corales, se me quedaron tremendamente cortos, pero solo por la duración del tema y no por su fuerte intensidad espiritual. Seguían con El Río, precisamente la que más ganas tenía de disfrutar, iniciada con los prístinos arpegios de Manu y la sutileza en los compases de Darío. Ahora Javier ‘Lillo’ que así se llama (o al menos, eso creo) el cantante solista, protagonizó las melodías vocales, alternando registros de lo más etéreo, con gritos ásperos que iban, si cabe, espesando aún más esa ‘niebla’ musical que nos subyugaba ya por completo y sin remedio, como si de una sustancia psicotrópica se tratase. El ensoñador wah en las guitarras de Raúl y los meticulosos cambios de tempo entraban como la seda cuando el escenario se llenaba de humo otra vez.

Fue un momento muy mágico en el festival, y no el único de este concierto. Porque Nueve Sentidos es sin duda una de mis favoritas de cuantas han grabado, y otra de las que me sumergió hasta tocar fondo. Me flipa su melodía vocal, tan alejada e irreal (interpretada esta vez entre Manu y Lillo), su rollo casi oriental, y ese desmelene final de batería en uno de los tramos más rápidos (y de los poquísimos de este tipo) que íbamos a disfrutar en todo el festival. Continuábamos montados en este particular viaje cósmico a lomos de El Jaguar, que enlazaron casi nota con nota. Había bastante peña ya, y lo mejor de todo, bastante activa al ritmo que marcaban los graves de Dani (muy destacados en este corte), y bajo el efecto de los paranoicos sonidos que emitía Raúl desde su guitarra con un cilindro metálico. Cuando anunciaron que el setlist no daba para más, me quedé a cuadros. Les estaba disfrutando de tal forma que aquello se había pasado demasiado rápido, pero por suerte, hicieron caso a las súplicas que desde el público pedían una más. La escogida fue El Fuego, que volvió a poner los ánimos muy arriba con esos compases progresivos, los furiosos rasgados de Raúl (muy emocionado, y dándolo todo siempre), y los cañeros baquetazos de Darío ‘Butterkid’. Aun con esto, siguieron quedándoseme cortos, pero ahora sí, me veía forzado a despedirles. Bravísimo por ellos, y ojalá sigan en el ajo por muchos años.

El Antro del Metal - Limonero Fuzz 01El Antro del Metal - Limonero Fuzz 02El Antro del Metal - Limonero Fuzz 03

Normalmente no tengo costumbre de cenar en los festivales. No me importa hacerlo en casa, aunque sea a las 2 o las 3 de la madrugada, con tal de no pagar los criminales precios que suelen prodigarse en eventos tochos. Por una parte, sin embargo, en esta ocasión las cifras eran muy razonables, con una oferta de bocatas típicos, de los de toda la vida, de los que apetecen en cualquier momento, a solo cinco pavos. Por otra parte, la noche anterior me agarré una cogorza de la hostia y no había desayunado, así que mi estómago estaba pidiendo clemencia. Cuando terminaron los Limonero Fuzz, nos pusimos tras la larga cola del puesto, armados de paciencia (y hambre), y cuál fue mi alegría al encontrarme con mis dos colegas Marian y Mel. Una agradable sorpresa, y la excusa perfecta para juntarnos a cenar en una de las mesas y ponernos al día. Una abraçada, xiques!!!

La parte negativa fue que la cola avanzaba lentísima, y por ello nos perdimos casi toda la actuación de AldeaquemadA, una de las formaciones más particulares del cartel. Particulares, sobre todo, porque tan solo dos miembros la componen, la batería Pilar Ruiz, y el guitarrista Miguel Ortega, ambos también encargados de ir alternando voces. Pero aunque desde lejos, fue una escucha de lo más interesante. Solamente puedo contaros pocos detalles por encima, porque al fin y al cabo, no conozco más que las tres canciones que han publicado hasta el momento. Una de ellas fue Negra era la Noche, que sonó entre las primeras. Su rollo garagero, y con unos riffs que no le hacían ascos al Rock’n’Roll más primitivo, combinaban perfectamente con la actitud enérgica de ambos músicos, que armaban el follón de cinco juntos. Sin embargo, su variedad musical no empieza y termina en estos dos géneros. Las ataduras no van para nada con ellos, y también escuchamos partes más étnicas, una enorme variedad de ritmos (cada tema, prácticamente, es un mundo), otras mucho más punk y batalleras, mucho noise, y algo que se acercaba a la música folclórica, pero casi todo ello con batería desmelenada y líneas vocales que fueron desde lo más melódico y delicado, a lo más visceralmente salvaje.

Entre tema y tema, casi siempre se dirigían al público, bien para animar el cotarro, bien para pedir un sonoro aplauso para los organizadores de este maravilloso tinglado, o bien para gritar bien alto y sin tapujos sus ideas, otro aspecto que me acercó todavía más a ellos. Con ‘¡Salud y República!’ o en este caso concreto, ‘¡la revolución será feminista, o no será!’, arrancaba La Tierra se Agita, pasado el ecuador del concierto, tema que más me cautivó profundamente desde que lo escuché. Una balada, si se puede llamar así, con una sensibilidad que no se esperaría de una banda que practica un sonido tan rudo y directo en general, una letra de lo más poético, y tan solo sutiles toques instrumentales aquí y allá. Fue muy bien recibida, igual que la mayoría de temas. Otro detalle que me flipa es el título de lo que será su disco completo, “Aquí termina el orgullo y empieza la igualdad”, una frase hermosa y muy acertada cuando la contextualizamos en las puertas de un cementerio, de donde fue tomada. Verá la luz el próximo 1 de octubre, así que estaremos al loro. En el último tema, desataron los dos extremos casi a partes iguales, esa furia y agresividad en voces, riffs y baterías, y esa sutileza en otros fragmentos que conseguían hacerte volar. Y creo que, a tenor de lo calurosa que sonó su despedida, gustaron mucho a la peña.

Ya habiendo terminado de cenar, mi atención estaba dividida entre mis colegas y el escenario. No quería perderme ni una sola línea de lo que vendría a continuación, porque si hablamos de Rock alternativo, sonido noventero, distorsión al 11 y muchísima tralla, y lo encuadramos en el territorio alicantino, muy pocas bandas han emergido con la fuerza, actitud y ganas de comerse el mundo que poseen Rosy Finch. La formación comandada por la grandísima Mireia Porto ha sabido sobrevivir a más de un infortunio, evolucionar su sonido sin perder su esencia primitiva, y hacerse invencibles por el camino. Han visitado prestigiosos festivales internacionales, han sabido ignorar modas y tendencias, y con todo ello, labrarse una reputación intachable en su rollo. Y ahora, les llegaba el turno de no dejar piedra sobre piedra en San Isidro.

Rosy Finch

No se anduvieron con chiquitas a la hora de abrir con Oxblood, y tanto guitarras como baterías, estallaron al máximo nivel. Caña burra y desmadrada, que nos hizo acercarnos hasta las primeras filas para contemplar y sentir toda esa contundencia bien de cerca. Toda esa energía que les había imaginado en directo se desparramaba a lo bestia ya desde el primer tema. De igual forma, y sin mediar palabra, la emprendían con la siguiente Vermilion. La electricidad y la contundencia nos golpeaban en el pecho a un volumen atronador y Mireia, tanto al cantar como al tocar, se revelaba como un auténtico animal sediento de sangre, implacable, dando bandazos y maltratando su instrumento, acompañada por los coros del bajista Jvan, y alternando voces limpias con otras mucho más descarnadas. Muchos flipábamos con aquel que se encontraba tras los parches. Eddy, que así se llama el muchacho, es la más reciente incorporación, sustituyendo a Juanjo Ufarte, que llevaba ya siete años en la banda. Aquella noche, además, lo veíamos de estreno, y no veáis cómo aporreaba. Impresionante de todas, todas. Mireia detenía el tren por unos segundos para saludar y dedicarnos su mejor sonrisa, que volvió a transformarse en pura mala hostia al ejecutar Amaranto.

La ecualización sonaba realmente visceral, y aunque a la voz de Mireia le faltaba algo de claridad, en términos generales era un cañonazo en toda la jeta. Bajos ásperos, baterías muy garageras, y una auténtica sobredosis de fuzz de las que te tiraban para atrás. La vocalista no daba tregua, no se amedrentaba, rugiendo como una leona las primeras letras en español que escuchábamos. De todo menos delicadeza hubo en Lava, una de mis favoritas. Smashing heads!!, como dice una de sus frases, eso era justo lo que estaban haciendo. Pedazo de estribillo, desde el cual la voz de Mireia crepitaba en nuestros tímpanos sin ningún tipo de piedad, como también lo hacían los zambombazos de Eddy. Lejos de cansarse, este último parecía cada vez más envalentonado, soltando unas hostias como panes, y añadiendo muchísima potencia y agresividad a los temas. Mireia respiraba y se dirigía a nosotros con palabras de agradecimiento, las justas y necesarias para no cortar el ritmo imparable del que estaba haciendo gala el concierto hasta el momento. Dos buenas sorpresas a continuación. Una de ellas, se trató de un excelente cover del Endless, Nameless de Nirvana, que muchos reconocimos en seguida.

Aún recuerdo con cariño esa etapa de mi vida, cuando el boom del mal llamado ‘grunge’, en la que escuchaba sin parar bandas de este palo. Para mí aquello ya pasó, pero se podría decir sin dudarlo que Rosy Finch son una de esas bandas que encarnan el espíritu de antaño con su música. Y desde luego, hay que reconocer la calidad cuando la tienes delante, aunque no sea este mi estilo predilecto. Los contrastes en dicho tema nos cortocircuitaron el cerebro. Mireia, rápida y mortal con su guitarra, se encargaba de darle toda la fiereza posible, mientras Jvan se venía arriba elevando su bajo, y Eddy armaba un verdadero sindiós de ruido para culminar por todo lo alto. La segunda sorpresa, mejor incluso, fue caer en la cuenta de que no solo Eddy era la gran novedad en este concierto, también nos iban a presentar en exclusiva todo un tema nuevo llamado Gladis que, esperemos se encuentre en su próximo trabajo. Si las cosas funcionan, ¿para qué cambiarlas? Gladis también fue distorsión a destajo, maneras rudas, y Rock’n’Roll engorrinado al máximo, contando además con un currazo demencial por parte de Eddy en toda su duración. ¡Bárbaro, joder! Y ya puestos a pisar el pedal, momento perfecto para Alizarina.

A parte de en el terreno musical, me encantó la actuación de Mireia en particular, modosita en algunos de sus movimientos, provocativa, insinuante, para de repente volver a ser esa mala bestia implacable que patea el escenario y agita la melena como si no hubiese mañana. Ruby no se pudo definir de otro modo que ruido puro y duro, 100% electrificado, y a mala leche, desde ese inicio insufrible con los acoples (probablemente, intencionados) hasta ese final que nos quedó marcado a fuego, con punteos reventando de fuzz, y viendo cómo Mireia se arrojaba de rodillas al suelo sin contemplaciones. Para terminar como debía ser, cambiaron de tercio, acercándose hasta su primer álbum “Witchboro” para regalarnos Miss Howls a todo trapo, de la que por cierto, me encanta el videoclip. Hacía rato que los mosh se encendían entre el público, y esta no hizo más que encabronarlos. También sobre el escenario fluían (o más bien, atronaban) toneladas de agresividad, la de Mireia zarandeando su guitarra, o la de Eddy que no se iba a ir contento sin destrozar su batería a porrazo limpio. Un último tema que nos dejó muy, pero que muy calientes en la ya de por sí tórrida noche de San Isidro. Damas y caballeros, ¡Rosy Finch! Menuda espina me he quitado viéndoles.

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Muy contentos y extasiados con el pedazo de actuación que se marcaron los alicantinos, nos alejamos unos minutos del escenario para descansar los huesos antes del que iba a ser el momento estelar de la noche. El retraso del horario, por suerte, se mantenía en una hora y poco, y todo hacía pensar que no pasaría de ahí. En verdad, pese a llevar todo el día de trajín, y la sombra de la resaca de la noche anterior, no me encontraba para nada cansado. Todas las bandas, incluso aquellas cuyo estilo no es lo mío, me habían motivado cantidad, y por supuesto, no podían decaer los ánimos ante el conjunto que realmente me arrastró hasta allí desde su misma confirmación. Supongo que por las horas, ya entradas en la madrugada, mucha gente abandonó el recinto, pero todavía éramos un buen batallón dispuesto a armarla ante los griegos Acid Mammoth, únicos representantes foráneos de todo el cartel. Y las tinieblas se cernían, de nuevo y por última vez, sobre San Isidro

Acid Mammoth

Mientras los primeros acoples comenzaban a ponernos a tono, el vocalista Chris Babalis Jr. se adelantaba con firmeza hasta la parte delantera del escenario para presentar banda, tema… e inmediatamente, todo se volvió un auténtico maremágnum de melenas al viento, efectos oscilantes de guitarra, y alguna racha de doble pedal en su justa medida. Los griegos se estrenaban muy fuerte en la terreta, y a pesar de que era White Hag la que figuraba al inicio del setlist, fue nada menos que la brutal Supersonic Megafauna Collision la primera en hacer temblar todo el polideportivo. Y eso ya supuso un tremendo subidón de adrenalina, porque su último disco, titulado del mismo modo, me ha flipado a lo bestia. Siete minutos que supieron a gloria, y tras confesarnos que se sentían muy felices de estar tocando allí, arremetían con Tree of Woe, inspirada en el universo de la película Conan el Bárbaro, lo que despertó un griterío repentino desde el público. Los riffs perpetrados entre Chris Babalis Sr. y Jr. (padre e hijo en la misma banda, maravilloso), caían de forma aplastante, y las melenas de este último y el bajista Dimosthenis Varikos volvían a coger vuelo mediante un headbanging constante y extremadamente contagioso.

Diría que a estas alturas tan tempranas ya nos tenían completamente atrapados, a raíz de esos gritos de ánimo que brotaban desde el gentío. El humo invadía el escenario por momentos, favoreciendo esa atmósfera sombría, y la deliciosamente lenta Tusk of Doom llegaba a continuación. Como en muchos de los temas, fue Chris Babalis padre quien se encargó de abrirla con sus cuerdas a reventar de distorsión, dando pie a que Panagiotis Panagiotopoulos se enzarzase a porrazos con sus parches, en esa batería que sonaba de lo más pantanosa. Tal vez el único ‘pero’ en el sonido (que como en el resto de conciertos, fue de sobresaliente) recayó en la voz de Chris Babalis Jr., demasiado muteada y distante, aunque sigo pensando que esa mezcla suele ser intencionada en este tipo de bandas. Cada vez que el cantante levantaba los cuernos al aire, o gritaba aquello de ‘oh yeah!’ todos le correspondíamos, y aunque no fue el frontman más comunicativo del mundo, nos cautivó con su gran carisma y sus movimientos perpetuos.

También los bajos de Dimosthenis contribuían en gran medida a crear esa muralla sónica que nos iba encarcelando irremediablemente en su densidad y oscuridad, y Atomic Shaman fue uno de los máximos exponentes en este sentido. A diferencia de la versión de estudio, el batería Panagiotis pisaba sin cesar el pedal para reforzar la rítmica del inicio y hacerla más contundente. El mismo, tiró de registros y compases más variados en esta ocasión, mostrándose muy animado, mientras ambos guitarristas formaban un cara a cara. Sin decirnos su nombre (y sin figurar en el setlist original), nos regalaron todo un temazo nuevo, que presuntamente figurará en su próximo álbum, hasta arriba de riffs muy graves, y en donde la guitarra de Chris Babalis Sr., que al principio sonaba un pelín alta en el conjunto, ahora estaba mucho mejor integrada. Sus punteos nos deleitaban los oídos en cada inicio y en cada solo, y aunque no iba a la par en cuanto a movimiento respecto a sus compañeros, le ponía cantidad de feeling al asunto. Una de mis favoritas, Beserker, estaba al caer, con muchas vibras setenteras y ruidos de lo más surrealistas. Un tema de los que, gracias a su estribillo y a su progresión melódica, se quedan dando vueltas por tu cerebro durante mucho tiempo, de ritmo viscoso y aires muy decadentes, santo y seña del sonido de la banda.

A continuación, se pasarían por su primer disco, “Acid Mammoth”, para interpretar el único tema de este que figuró en el set, la potente White Hag. La peña estaba súper receptiva, acompañándoles sin tregua con el headbanging, y entre las primeras filas, mucho fan cantando las letras y levantando los puños en alto. La batería iba cogiendo un ritmo incombustible en esta última, sumiéndonos en un ensueño casi hipnótico, y casi lo mismo se puede decir de Them!, la apertura de ese discazo tremendo que es el “Under Acid Hoof” (con el que les conocí). Distorsión a raudales, y unas líneas de voz más elevadas, fueron los principales puntos a destacar, pero también el imparable headbanging que se marcaban Chris Babalis Jr. y su compañero Dimosthenis al bajo (joder, que puta envidia de melenas…). A este último, de hecho, apenas le vimos la cara en todo el concierto. Lo que viene siendo actitud pura y dura. De nuevo, un agradecimiento por parte del cantante antes de meter cera de la buena con Jack the Riffer, una de las más esperadas y por lo tanto, celebradas. Los tambores de Panagiotis (novísima incorporación a la banda, a todo esto) sonaban devastadores, a puro infierno, con esos ecos y esa contundencia machacando nuestros oídos, así como el doble pedal se iba adueñando del tema.

Chris ‘hijo’ demostraba mucho feeling al cantar, cerrando los ojos y concentrándose… siempre que no estuviese agitando la melena como un salvaje. Por desgracia, el concierto tocaba a su fin (qué rápido se acaba lo bueno…), pero no les permitiríamos irse tan fácilmente, arropándoles entre gritos de ‘¡otra, otra!’. Menos mal que, por si las moscas, tenían una última bala en la recámara, que no fue otra que Caravan, del tercer LP. En ella pusieron definitivamente toda la carne en el asador, igual que nosotros, dejándose la piel a muerte, con Panagiotis martilleando sin piedad, Dimosthenis pateando el suelo con fuerza al compás que marcaba el anterior, y Chris Babalis junior currándoselo a tope en las partes vocales más elevadas de todo el concierto. La recta final, con un sonido y compás avasallador, deliciosamente repetitivo e insistente, resultó ser una verdadera ceremonia fúnebre antes de darnos el último adiós. Qué jodida maravilla, por Dio.

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Y ya de vuelta de ese viaje sensorial hasta la mismísima era Cenozoica, dábamos por concluido este increíble Labrador Psych Fest 2026, tercera edición, pero primera para nosotros. Un festival para el que, después de haberlo vivido con plena intensidad, solo tengo palabras de alabanza en cualquiera de los aspectos. Un ambientazo digno de repetirse mil y una veces, con unos cuantas caras conocidas por el camino, comida y bebida a precios realistas, bandas, tanto emergentes como consolidadas, de primerísimo nivel, un recinto que es una puta maravilla, tanto para aparcar como para disfrutar de los conciertos, y por encima de todo, tengo que volver a hacer hincapié obligatorio en la fabulosa calidad del sonido que relució en todas y cada una de las actuaciones. No sé si atribuirle el mérito a los técnicos de sonido, al equipo, o a las propias bandas, pero desde luego, con unas instalaciones y P.A. a priori modestas, se comieron con patatas a muchos macro festivales con toneladas de bafles que luego suenan a puta mierda.

En eventos 100% underground como este, el hecho de pasarlo en grande con las bandas, con su música honesta y su creatividad sin presiones ni artificios, representa solamente una parte del disfrute. La otra, y si cabe tan importante como la anterior, es la satisfacción de sentir que estás apoyando una movida que realmente te necesita ahí dando el callo, aunque en este caso no fuese mediante aportación económica, sino a través de la presencia, escucha y valoración. A casa me llevé unas sensaciones sencillamente insuperables, porque además de haber gozado de la gran compañía de mis amigos Monti y Tere, me ha valido para descubrir bandas de las que ni siquiera había oído hablar hasta el anuncio del cartel (tal es el caso de Cadáver de Cabra, AldeaquemadA o Tahulla), y ver otras tantas con las que tenía una cuenta pendiente desde hacía tiempo (como Rosy Finch, Limonero Fuzz, o Acid Mammoth). En definitiva, y para concluir, no puedo dejar de recomendarlo a todo el mundo para futuras ediciones. Yo, si puedo, estaré allí sin falta.

P.D. Perdón por la mierda de fotos, he seleccionado las menores de entre más de 100, pero con los medios de los que dispongo, ¡es lo que hay!

_|,,| JaviMetal (Is The Law) |,,|_

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