jueves, 15 de noviembre de 2018

Fuck it... Fuck it all!! (Jolly Joker, Sábado 10-11-18, Sala La Gramola, Orihuela, Alicante)

La ocasión perfecta para asistir a una sala como La Gramola, en Orihuela, de la que anunciamos conciertos bastante a menudo en el programa MetalManiacs Radio (podéis seguirnos en Facebook o en Ivoox) era la actuación de los valencianos Jolly Joker, que se encuentran en su gira de promoción de su inminente álbum “Never Say Forever”, aparecido este mismo mes, una banda que lleva el auténtico Hard Rock americano en sus venas, y que tienen una de las proyecciones más sólidas y brillantes dentro de este género en nuestro país, por no decir la que más. Y es que a nadie se le escapa que para hacerse de notar haciendo este estilo, que cada vez está más escondido y enterrado entre el aluvión de bandas-clones de otros ya quemados hasta la saciedad, no solo hay que saber llevar el feeling en los instrumentos, hacer buenos discos o tocar a un nivel superior. También hay que tener hambre, mucha pasión por el Hard Rock, y sobre todo y ante todo, muchísima actitud, saber comerse el escenario aunque vayan a verte 10 personas, saltar y explotar con cada tema… Pues bien amigos, Jolly Joker son esto y muchísimo más, y en los últimos años se han convertido en una de esas bandas a las que les sigo la pista con cada movimiento que dan. Actualmente, y con la honrosa presencia de otras bandas como Erotic Psycho o Stop Stop, no tienen rival en el panorama, porque saben jugársela, saben darlo absolutamente todo sobre el escenario para ir escalando puestos en este difícil mundo, algo para lo que ya han dado varios pasos desde el 2010 con la edición de aquella demo/EP que contenía sus primeros temas que ya eran toda una declaración de principios y nos avisaban de que iban a pegar fuerte.

Lo cierto es que Orihuela me pilla algo lejos, pero ante la elección de Castellón (la noche anterior) o esta, cogimos el coche y sin pensarlo dos veces, nos pusimos en camino hacia esa sala de la que tanto he escuchado hablar en los últimos tiempos pero que todavía no había podido visitar hasta este pasado sábado. Como dije antes, la ocasión la pintan calva. Después de una tranquila cena y unos cubatitas a precio módico en un bar cerca de la sala, entramos a La Gramola para descubrir un local muy pequeño, pero eso sí, muy bien ambientado, con posters, anuncios, entradas, decoración… y nos apalancamos allí tomando la última birra en espera de que los valencianos comenzaran su actuación. La música de Backyard Babies (no sé si escogida por la propia banda para ir aportando “rollo”) fue una inmejorable compañía, mientras los músicos charlaban con la peña y se preparaban para salir a matar.

Lo hicieron con aproximadamente 20 minutos de retraso, lo justo para que la sala alcanzara toda la asistencia que tenía que llegar. No esperaba, de hecho, tanta gente, pero al final fuimos alrededor de una treintena de personas. Puede parecer ridículo, pero en una sala tan pequeña, con una banda de Hard Rock relativamente desconocida por la zona y con los tristes tiempos que corren… os aseguro que no es nada despreciable. Y vamos al turrón, que tengo ya muchas ganas de contaros la que estos gamberrazos liaron. Al fondo del escenario podíamos ver una gran bandera con la portada de su reciente lanzamiento, mientras que a la parte derecha un panel iluminaba con luces el nombre de la banda, al más puro estilo ochentero americano. Solo con estos detalles, una banda ya es capaz de ganar mi confianza, pero es que además ya les conozco de varios conciertos atrás y sé de lo que son capaces. Ya con Yannick (guitarra), Luke (bajista) y Alex, el miembro más joven de la banda convenientemente dispuestos, arrancó aquella guitarrera noche con uno de los temas que forman parte del “Never say forever”, I’am Rock’n’Roll, que puso las cosas en su sitio y en la que, segundos después del primer guitarrazo, pudimos ver a Lazy Lane salir a escena como un descosido, dando cabezazos al aire con el palo del micro agarrado. El relativo desconocimiento del tema fue el único motivo por el que la sala no estalló de cabo a rabo, cosa que rápidamente se solucionó con Sidewalks… a los pocos minutos, ya estábamos todos pegados a la primera línea de batalla y gritando el estribillo. La confianza entre los músicos se hizo de notar en seguida, cuando Lane empezó a apoyarse en su compañero Luke en Hey You para adoptar las posturas más macarras mientras ni siquiera se había quitado las gafas de sol, otro tema, por cierto, que casi te obliga a gritarlo a pleno pulmón, mientras la temperatura aumentaba por momentos. Ese rollazo a lo AC/DC del principio de Perfect Life fue otro gran arranque para de nuevo liarla sobre el escenario. Lane no paraba de dar brincos, contonearse e inclinarse ante su público, mientras Luke se despatarraba a gusto con su bajo en ristre. Llegó su versión más “powerpopera” en el que sin embargo es uno de mis temas favoritos, Full of Beans, que estalla en un solo para volverse loco. Yannick lo sabe de sobra, y le aportó incluso un extra de feeling, echándose hacia atrás y levantando su guitarra. ¡Qué gustazo da ver a una banda comportarse así en el escenario! Como digo, no basta solamente con tocar de puta madre (como es su caso), sino que además tienes que creértelo y pisar con fuerza y estilo, por muchas dificultades que implique tu rollo.

El vocalista nos preguntó si queríamos algo nuevo, y ante la respuesta afirmativa de los que estábamos allí abajo (pocos, pero bastante entregados, ojo), comenzaron a caer temas nuevos con más asiduidad, empezando por la viciosa Nasty Habits (aun sin conocerlas totalmente, me volvieron loco todas ellas), a la que seguirían otras muchas, no sin repasar antes uno de los clásicos que han puesto a la banda en el lugar que merecen, una bala de plata llamada Fuck it all que va directa a la aorta, con una batería descomunal por parte de Alex, quien no dudaba en apalear su instrumento mientras metía headbanging sin parar, con una actitud enorme y mucha soltura. ¡¡Sangre hirviendo, señores!!. Mientras Yannick se “calzaba” su sombrero y Lane cogía su aro de sonajas, nos sorprendieron con God’s Kiddin’, que apenas han tocado en directo en sus 10 años de carrera, según palabras casi textuales. Lo de la temperatura en la sala se volvió algo estrictamente literal, ya que hacía muchísimo calor, pero la banda no daba tregua, con Set my soul on fire, otra de las que más se han escuchado ya de su “Never say forever” (tengo que hacerme con este puto disco…), pasando por la cachonda, descarada y divertida Sucker, con Alex de nuevo destacando con la fluidez de su actuación. Y es que a pesar de su juventud, se nota que tiene el rollo fluyendo por sus venas y da hasta la última gota de energía en los directos. Sin duda, un grandísimo fichaje para el grupo. Unos cuantos temas más recientes nos llevaban ya casi a la recta final del show. Yo ya había encontrado mi lugar en primerísima fila y no pensaba moverme de ahí aun a riesgo de deshidratarme, porque estos cabrones me estaban haciendo sudar de lo lindo. Aunque no es especialmente rápida ni cañera (como la mayoría de temas en las que se basó su setlist) Believe tiene un feeling descomunal, unos punteos iniciales que te hacen doblegarte y un arranque de Lane súper potente, a lo que hay que añadir un bajo contundente que se queda solo en ciertos momentos.

Hablando del sonido en general, la verdad es que pudo ser mejor, aunque también peor (intentaremos ver el vaso medio lleno). El altavoz de la izquierda sonaba un poco estridente, pero con centrarse un poco bastaba. La batería sonaba un poco “garajera” y en ocasiones la guitarra poco nítida, aunque nada que empañara el resultado final del concierto, ni mucho menos, porque aquí lo que primaba era una puesta en escena de lo más macarra y una energía que no parecía tener límites, independientemente de la cantidad de público, el rubio vocalista no dejó de zarandearse, de gritar y de ir recorriéndose el escenario a base de saltos, ya se giraba hacia nosotros para cantar, ya se encaraba hacia Alex, pero sin parar ni un puto segundo. La presentación de su nuevo disco culminó con I wanna go, para tirar ya de los temas más sonados y conocidos, como la desparpajada Rockin’ in Stereo, que nos puso a todos frenéticos a saltar y a alzar el puño cara a la banda. Uno de esos cortes en los que importa una mierda que conozcas o no a fondo a la banda, te ponen inmediatamente a parir, puro Rock’n’Roll, y con más razón si el guitarrista se vuelve a clavar una actuación de auténtico 10. Imagen, técnica y dotes escénicas elevadas a la máxima expresión que nos regalan un viaje completo a aquel Sunset Boulevard de los Motley Crue y los Ratt. Pero aun tenían que dar el último campanazo con Dressed to Kill. Sus notas iniciales ya me sacaron de mis casillas… que puto ROLLAZO que tiene este tema, de los que te hace sacar adrenalina de donde no hay. La coordinación y complicidad entre los músicos fue total, un sonriente Lane nos animaba a dejarnos los cojones saltando y ese riff… joder… ¡¡¡es que me la pone dura!!!

Ya se iban despidiendo muy agradecidos pero sin perder esa compostura macarra y vacilona, pero obviamente nosotros se lo pusimos difícil. Si por mí fuera, de hecho, el concierto hubiese durado hasta el amanecer. Pero desde luego, su carta de despedida no pudo ser mejor, comenzando por una inesperada Youth gone wild (Skid Row) que solamente se diferenció de la original mínimamente por la voz de Lane, cuyas cuerdas vocales se notaban algo cansadas (aunque la sacó de puta madre) pero el solo… absolutamente bestial, con toda la esencia del original hasta el más mínimo detalle. Alguien desde el público gritaba: ¡no os vayáis! Y es que era lo último que nos apetecía. Como si de un regalo se tratase, nos ofrecieron un último tema, que no fue otro que un cover del Minus Celsius de Backyard Babies, recordando que a finales del año pasado tocaron junto a ellos en la Repvblicca (donde yo también estuve). Ni que decir tiene que también les quedó bordada. Con ella nos dijeron adiós, aunque nos dejaron con un sabor de boca exquisito. Su talento y entrega en todos los aspectos quedó plasmado al 100% sobre la tarima y los chorros de sudor que caían por mi frente indicaban que había valido la pena asistir a un concierto en el que me pegué más tiempo conduciendo que viendo la actuación, pero ¿sabéis qué? Me suda los huevos, porque de eso se trata, de apoyar lo que te mola, de darles voz a esas bandas de calidad y de darles soporte por todos los medios posibles. Estos Jolly Joker sí van a ser profetas en su tierra, porque si no, algo funciona mal, muy mal en este complicado mundo.

P.D. Lo sé, las fotos apestan, pero no había buena iluminación ni medios para que salieran mejores xD

_|,,| JaviMetal (Is The Law) |,,|_

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