domingo, 9 de febrero de 2020

El club de los perturbados (Frank Suz + Marta Hammond, Viernes 07-02-20, Sala 16 Toneladas, Valencia)

Que la Sala 16 Toneladas ha empezado este año “on fire” es algo que salta a la vista. Y sobre todo, de la única forma que me gusta, apostando por el Rock’n’Roll (como dicen los Uzzhuaïa). De esta forma, ya sé por adelantado que, aunque me cueste la ruina, voy a estar allí prácticamente todos los fines de semana mientras dure esta seguidilla. La verdad es que a nivel de salas de este tipo vivimos una época de esplendor, y más si saben cuidar a su clientela de esa forma y con ese grado de detalle. Una sala que, como dije la semana pasada, cada vez me gusta más y me hace sentir en todo mi rollo. Si el sábado pasado tuvimos un excelente concierto de la mano de 13 Millas y Capitan Booster, la semana que viene tendremos a los Corazones Eléctricos de Pau Monteagudo con su Rock’n’Roll clásico y la siguiente el festival montado por los Metal Bats, creo que, como evento realmente especial y distinguido, lo de este viernes a cargo del artista ibense Frank Suz se llevaba la palma. Y no solamente por el inmenso carisma del Sr. Suz, sino también por ser la noche de presentación de su hasta el momento primer disco en solitario, que ya ha levantado grandísimas críticas en casi todos los medios… y no sin razón, porque “Inferno” (que así se llama la criatura) es una auténtica joya se mire por donde se mire. Vale, no es apto para todos los oídos dentro del Rock en su vertiente más clásica, pero si se degusta con atención, uno puede encontrar trazos de otras bandas que han formado la historia de este estilo, convertidos y remodelados a su antojo con un baño de cierto rollo industrial por aquí y una capita de cine de serie B por allá.

¿Cómo, qué dices? ¿Que quién es Frank Suz? ¡Oh, indocto y desorientado lector! Frank Suz (también conocido como Suzuki Samurai) es ante todo, un artista con todas las letras, un creador, un showman que ya tiene el culo pelado de trajinar por los peligrosos, abruptos y vastos senderos del Rock’n’Roll, formando parte de bandas como Doctor Voltaje, Gan Bang 66 o los también injustamente extintos Babylon Rockets, siempre metido en camisa de once varas, de esos que no puede estar quieto ni un minuto. Pero en esta ocasión, ha querido remover y darle la vuelta (aunque tampoco de forma excesivamente radical) a lo que ha parido hasta ahora, y haciendo un pacto con el mismísimo diablo, ha encontrado una vía directa hacia el infierno con su última creación, como digo, la primera en esta aventura en solitario, en donde da rienda suelta, ahora más que nunca, a su faceta de showman en el sentido más literal. Su reciente y flamante “Inferno”, aunque alejándose ligeramente en cuanto a estilo a lo que suele sonar en mi morada, es una atrevida, imaginativa y descarada propuesta con alma de Rock’n’Roll, bebiendo de fuentes más alternativas como White Zombie pero igualmente de otras como The Doors. Para mí supuso una de las grandes e inesperadas sorpresas de finales del año pasado, y os aseguro que he reventado el disco hasta el límite. Un proyecto que espero que arraigue fuerte en la movida que en los últimos años tenemos en la zona. Una rara avis dentro del Rock que viene a desmantelar muchos estereotipos y a ofrecer, sobre todo, crítica y diversión en un entorno musical dantesco (y nunca mejor dicho), y por supuesto también un directo acojonante como el que pudimos disfrutar anoche en la Sala 16 Toneladas.

Aunque, como ya he dicho en más de una ocasión, odio conducir por el centro de Valencia, y con el hándicap que representaba tener que hacerme el trayecto Banyeres – Valencia : Valencia – Banyeres solo (los que no quisisteis venir allá vosotros), esta era una gran ocasión, una noche de estreno que no pensaba perderme por nada del mundo, ya que iba a ser un privilegio ver la presentación en directo de un discazo que he tenido rondando por mi cabeza durante muchas, muchas horas desde que vio la luz. Y no voy a hacer una crítica como tal de este porque ya hablaré un poquito de cada uno de los temas conforme fueron cayendo, pero quería hacer hincapié en el tremendo esfuerzo que Frank ha puesto en todos los sentidos a la hora de sacar una edición en vinilo que más que un simple disco es una obra de arte, una joya en sí mismo. Un redondo color rojo de 140gr. con una portada de infarto a cargo del artista gráfico (además de bajista y guitarrista) Joe A. Arca (a quien también tuve el gusto de conocer durante la noche) que viene con una pequeña historia inspirada en el universo de Dante, una lámina con las letras y, como guinda, unas lujosas cartas tipo Tarot (una por cada tema). Una edición de súper-lujo que se puede pillar contactando con Frank vía Facebook o a través de su Bandcamp (entre otras formas). ¡No os quedéis sin él!

Antes de meterme en faena con la crónica, recalcar que llegué a la sala sobre las 22:15, pensando incluso que ya iba tarde para la telonera, cuando en realidad esta comenzaría a actuar sobre las 00:00. Con más de una hora y media solo por delante, tiré para el bar cercano a la sala y estando en la barra, cuál fue mi agradable sorpresa al encontrarme con Yannick y Lane Lazy de Jolly Joker, y también con el gran Frank, a quien fue un honor conocer en persona. Allí en la mesa también estaban Lluc, Charly y Jesús, tres cracks de Ibi con quienes compartí la mayor parte de la noche y a quienes mando un saludo desde aquí (¡sois cojonudos!). Ya en las puertas de la sala, a punto de comenzar el concierto, Pau Monteagudo me comentaba que lo que están preparando para la semana que viene con Corazones Eléctricos va a ser algo muy especial (también será su gran noche de estreno). Con gran pesar, no sé si podré acudir a la cita porque tengo viaje a Madrid, pero les deseo también la mayor de las suertes. Y que conste que MUERO por verles.

Vamos allá con lo que fue la noche encima del escenario. Para amenizar la entrada a la sala, teníamos a Marta Ruiz con su particular música electrónica a base de samplers y teclados (ella toca este instrumento en la banda Sex Museum) bajo el seudónimo de su nuevo proyecto en solitario, Marta Hammond. La movida que trajo era, desde luego, muy alejada de los gustos de la mayoría de los que estábamos allí esa noche. Con ambientes bastante delirantes y abstractos, con cientos de sonidos y bases distintas, la guapa Marta disfrutó mucho con su actuación, bailando, levantando las manos, usando micros de distorsión y agradeciendo al público. Por respeto a la artista, vi casi todo su concierto, aunque francamente al final se me puso la cabeza como un bombo porque no soy capaz de entender esa música (que no me mueve ni con un kilo farlopa jajaja), pero ojo, insisto, eso no quiere decir en absoluto que Marta no se entregase al 100% a su actuación y que incluso hiciera mover el culo a más de uno que se fue animando progresivamente. Al final recibió su merecido aplauso.

Tras un pequeño descanso fuera de la sala, Yannick, Álex, Nando y Frank (ahí es nada…) se preparaban en sus camerinos, engalanándose y maquillándose para la ocasión antes de dar el gran salto al escenario. La espera fue muy llevadera gracias a la música escogida, y en cuanto se apagaron los focos, me fui derechito a las primeras filas para poder disfrutar de primera mano de la actuación. Alex (Jolly Joker) ya estaba posicionado en su batería, esperando el momento, mientras Yannick, Nando y en último lugar Frank, salieron al escenario ya dispuestos y preparados para matar. La introducción del disco nos puso en antecedentes, una El descenso del tamborilero que no es ni más ni menos que un conocido villancico manipulado, cuya melodía va desafinándose, ‘pudriéndose’ y volviéndose cada vez más maligna, como si de un descenso a la locura se tratase, para dar comienzo a La noche de los muertos calientes. Los músicos, aun comedidos sobre el escenario, ofrecieron una brillante actuación, aunque desgraciadamente, algo fallaba. Cuando le tocó el turno a la voz de Frank, esta apenas se escuchaba, convertida en algo parecido a un ruido mecánico excesivamente distorsionado. El resto de instrumentos tampoco estaban asentados como debían. Tras un pequeño parón y con un Frank visiblemente molesto (y con razón), nos dijo que merecíamos un comienzo mejor, y tuvo el gran detallazo de volver a interpretar, junto a su banda, la misma canción pero usando una voz limpia que ya no cambiaría en todo el concierto. En el fondo fue un cambio casi irrelevante, y lo único que supuso es que las canciones no sonaran exactamente al 100% como en el disco aunque lo importante, la verdadera esencia de cada una de ellas, se mantuvo para satisfacción de todos nosotros. Ahora sí, mucho mejor en conjunto. Todo estaba más en su sitio. Los teclados seguían teniendo la necesaria presencia pero sin comerse tanto a la guitarra de Yannick, y la voz ahora sí se escuchaba de lujo.

Así pues, continuamos la marcha en este descenso hacia el infierno pero a partir de aquí sin respetar el orden de los temas en el disco, lo cual dio más interés aun al bolo, por aquello del factor sorpresa. ¡Un club solo para perturbados! Gritaba Suz, vestido de punta en blanco con su sombrero de copa y sus gafas redondas, de gala para esta ocasión tan especial. Pequeño malentendido de coordinación entre Álex y Frank pero aquí no ha pasado nada: se presentó Revolución, y la cosa siguió como si nada, con la peña cada vez más inmersa. Aunque estoy un poco mosqueado en este tema, ya que un debut de este calibre merecía muchísima más asistencia de la que hubo (aunque tampoco fue nada crítico). Aun así, el rollo que se respiraba era de primera entre los que estábamos, mucha gente bailando al ritmo de los temas, entregada, y cabeceando en las primeras filas al mismo tiempo que Frank animaba a pegarse todavía más al escenario. La comunicación con la peña estuvo ahí durante todo el concierto, que dio continuación con Frank casi a capela, con el bajo de Nando apoyándolo en El nuevo diablo, uno de esos temas que en un principio me quedó algo escondido en el disco, pero que con unas pocas escuchas se convierte en una pieza vibrante, fogosa, llena de swing y un ritmo que se pega a las orejas de mala manera, despuntando en ella tanto en sonido como en técnica una guitarra de Yannick que, como cabía esperar, se salió de madre en todo momento. Y es que es un tío que cuando se le mete la movida en el cuerpo se vuelve invencible. Además, hizo un gran papel a la hora de animar al gentío, encendiendo más todavía la llama con ese buen rollo que desprende. Y cayeron temas ya con una cadencia imparable, como El Predicador, segundo single y otro gran hit destacado del álbum (no os perdáis el videoclip), en la cual Nando ya se desbocaba en plan headbanging, muy emocionado y metido en el bolo al 100%, siguiendo el pesado ritmo que marcaba el gran Álex a la bataca, o No es país para viejos (otro HITAZO del disco, de las más representativas en mi opinión), con ese sonido a medio camino entre el rock psicodélico y el industrial, y una letra a todas luces demencial que me flipa cantidad.

Llegando casi al ecuador del SHOW, aun quedaba una segunda mitad que albergaría sorpresas muy agradables. Y una de ellas, aunque conocida y muy esperada, fue La bruja, acertadísima versión de The Witch de los The Cult, que me dio un subidón de la hostia y no me dejó parar de bailar y sudar en toda su duración. Excelentemente adaptada, la voz de Frank fue muy dominante sobre todo en la primera parte, pero si algo me flipó incluso más fueron sus teclados con sabor a años 70 y a colocón psicodélico y, por encima de todo, esa parte instrumental al final, añadida y alargada durante unos cuantos minutos… fue de puta LOCURA, y nos sumergió en una de las (para mí) mejores partes de todo el concierto. Evidentemente, al grito de ¡¡Yannick!! por parte de Frank, este se vino arriba salvajemente, sobre todo en la parte del solo, levantando el mástil de su guitarra con los ojos cerrados… y es que su estilo bebe mucho de la legendaria banda de Ian Astbury. Y a los coros, infalible, diría que es una de sus mejores facetas, y participó activamente en casi todos los cortes que sonaron, incluido El hombre de plástico, tan paranoica como el disco, y eso es mucho decir. Un tema que es pura droga sonora pero que al mismo tiempo contiene un mensaje no menos relevante. Álex Rayder continuaba hecho un metrónomo, compaginando perfectamente su labor con la de Nando en esas bases tan guapas y bailables, y siempre con esa cara de intensidad que refleja la pasión que siente por su trabajo. Frank no cesaba de hacer ademanes y contonearse mientras daba caña a su Hammond, convertido en el mismísimo mensajero del diablo. Bromeando entre tema y tema, haciendo referencias e invitando incluso a subir a algún colega, estos detalles contribuyeron a engrandecer incluso más el ambiente. El rey del mundo dio lo mejor de sí misma en directo, con unos músicos ya muy calientes. Y es que era un gustazo ver como Álex machacaba sin piedad su instrumento, ya he dicho en más de una ocasión que me encanta su estilo, aunque esta vez tuviese que adaptar sus ritmos a tesituras más industriales y fuesen algo menos variados de lo habitual, pero su dominio de los platos / charles fue exquisito, como no se podía esperar menos.

Parecía mentira pero casi llegaba el ocaso de un concierto que, dejando a un lado los problemas técnicos que azotaron al principio, fue algo muy medido y coordinado, y es que Frank no es un artista de dejar detalles al azar. El mismo anuncia En Babilonia, pero antes de comenzar, da una tregua al disco y hace un guiño al guitarrista para que este le de caña a otra buenísima versión, la de God of Thunder de los KISS, que Yannick (que en esta parte final se hizo el puto amo del escenario) bordó a las cuerdas y cantó íntegramente, dejando que Frank se pudiese dedicar en cuerpo y alma a su teclado a dos manos con gran soltura. Tan solo un minúsculo desliz en la batería rapidísimamente solventado; ahí es donde se nota la profesionalidad. Además fue tocada en un buen momento, y sirvió de puntal para que la gente no perdiese intensidad, y ahí estuvimos la gran mayoría coreando el estribillo mientras Frank nos miraba con una sonrisa maligna y provocadora. Y es que, como quiso confirmar Yannick dirigiéndose a nosotros, lo estábamos pasando de puto destripe. Ahora sí, la cachonda y desenfadada En babilonia hizo su aparición con notables teclados de Suz, quien manipulaba el palo del micro violentamente casi en cada frase. Tres minutos y pico de Rock’n’Roll muy clásico, a lo que hay que añadir el Groove tan guapo que aportaron las teclas. Nando se acercaba al guitarrista para hacer piña.

Fue el tema anterior a la despedida inicial… aunque el que se moviese un solo centímetro del sitio ignoraba que aun quedaba, por decirlo de alguna forma, el tema maestro del disco. Y es que Inferno es un jodido TE-MA-ZO que hizo arder la 16 Toneladas (y lo hará en cualquier lugar donde suene) hasta sus cimientos, de lo mejor que he escuchado en mucho tiempo y principal representante sonoro del disco. A la velocidad, contundencia y mala leche con la que Álex arremetía en los primeros compases, se unió una más que destacada guitarra por parte de Yannick… y el brutal impacto sonoro que crea la entrada de los teclados ya convirtió aquello en una puta fiesta infernal, desenfrenada e hirviente donde no hubo lugar posible para la calma. Salvando la voz limpia de Suz (y la ausencia de Lane Lazy sobre el escenario, quien disfrutaba del bolo a saco en primera fila) todo fue exactamente como ver el videoclip: la imagen, los gestos, el enloquecido ritmo… joder, qué guapo. Por mí la podría haber tocado en bucle durante una hora más. Pero como el líder de la banda anunció… esto llegaba a su fin, porque solo había un disco. Entre aplausos y gritos ya en clave de despedida, se acercó Yannick al micro y con desparpajo nos gritó: ¿una más no? A lo que todos evidentemente respondimos en positivo. Y se sacaron de la manga una versión del Soul Kitchen de The Doors cojonuda, que adaptaron en todo un arranque de genialidad y además le vino como anillo al dedo al sonido que nos hacían llegar, sin desentonar ni un milímetro con el rollo del concierto. Incluso diría que sonó mucho más ‘llena’ y cañera que la original… y esta vez, aprovechando la inesperada y sorprendente colaboración de Marta Ruiz cubriendo las teclas, Frank soltó su micro (y su melena) y entró al trapo en medio del escenario, cantando al lado de sus compañeros, y abalanzándose junto a Yannick a primera línea de escenario con esa actitud tan guapa y provocativa que demostraron ambos.

Creo que como noche de estreno para un bombazo como es “Inferno”… poco más se puede pedir. Los temas sonaron en gran medida fieles al disco, y del elenco de músicos que acompañaron a Frank en el escenario… solo puedo decir que me quito el sombrero, aunque era algo que se veía venir de todas todas, mientras que este puso toda su alma y corazón sobre las tablas de la misma forma que lo puso a la hora de grabar, producir y presentar el disco. Siento decir que los que os perdisteis esa noche cometisteis un error, pero aun podéis enmendarlo y condenar vuestras almas acudiendo a sus próximos conciertos, que os abrirán las puertas a un club solo para auténticos perturbados. Viendo cómo suena esto, no hay excusa que valga ¡¡Avisados quedáis!!

Por último, quisiera dedicar esta crónica a toda la gente con la que coincidí allí, conocidos y nuevos colegas, pero sobre todo a mi gran amigo Juanma Heteróclito, a quien me consta que Inferno le flipa a lo bestia y finalmente no pudo acudir a la cita.

_|,,| JaviMetal (Is The Law) |,,|_

Frank Suz (Viernes 07-02-20, Sala 16 Toneladas, Valencia)

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