
Este año, quien compartió festival conmigo fue mi amigo Kurro, como en varias otras ocasiones, lo que aseguraba buenas sesiones de risas y desfase. El festival, con la presencia de los hard rockeros valencianos, también era otra garantía de eso y más, pero entre el plantel de bandas, hubo muchas otras que hicieron las delicias de los asistentes, como los locales Khëlleden, Dünedain ejerciendo de cabezas de cartel, los melódicos Strangers (un grupo por el que siento especial devoción), los powermetaleros Argion, Dawn of Extinction aportando el punto de tralla, y completando la oferta con Mandrágora Negra. Seis bandas de lo más diverso a favor de la variedad estilística, pero mayormente dentro de lo clásico, lo cual es alegría para mí.
Por nuestra parte, fuimos a lo que más nos apetecía, tratando de esquivar en la medida de lo posible el insoportable calor que ya se adivinaba para aquella jornada, y más tratándose del sur de Alicante. Como dije en mi anterior crónica, cada vez lo llevo peor. Así pues, nos saltamos las dos primeras actuaciones, que correspondieron a Khëlleden y Mandrágora Negra, pero a la de Strangers fue la vencida. Nada más llegar, encuentro con cannnnntidad de colegas, sobre todo de Valencia y alrededores, esa gente auténtica que no falla ni queriendo como Vicent, Diego y Juani, Vanesa, Anna, Jose, Carlos, Paula… y también Ángel y Vicky, a quienes hacía unos cuantos años que no veía. Las temperaturas mantenían a la mayor parte del todavía escaso público bajo las sombras allí disponibles, pero nosotros nos acercamos hasta primera fila para disfrutar de los madrileños.
Strangers:
A lo largo de su carrera, han sido muchos los cambios de todo tipo que el conjunto ha experimentado, pero en los últimos años, es cuando más se han aglutinado y más notorios han sido. El título de su tercer álbum, “Brand New Start” ya fue de lo más revelador, y sin embargo, unos años después, volvieron a hacer un punto y aparte para reciclar de nuevo, no solamente su formación, sino también su sonido. Las directrices del cambio no llegaron de sopetón, pues en el citado “Brand New Start” ya empezaron a verse claras, pero no fue hasta la salida de su EP “Whispers”, y sobre todo, su más reciente CD, “Boundless” (2025), cuando se consolidaron por completo. Y en este Rock Arena 2026 tuvimos la oportunidad de verlo representado en directo una vez más.
Entrábamos al recinto al trote, mientras sonaban ya los primeros compases de Worth a Shot, bajo el todavía achicharrante calor de las 7 de la tarde. Vestida bien fresquita para la ocasión, Celia se cargaba a las espaldas la tarea de empezar a entretener al personal, con sus artísticos movimientos y su gran talento vocal. Varios asistentes (igual que nosotros), se acercaban hasta las primeras filas con timidez y valentía ante la que estaba cayendo, cuando, sin dejar pasar el tiempo, sonaba My Dream, precisamente una de mis favoritas de su último disco. Bastante exigente a nivel vocal, no supuso ningún problema para la cantante, que tiró de registros bastante altos con total naturalidad, mientras no dejaba de engatusar a su aún escaso público con ademanes y miradas. Con Languaje of Love, la cosa fue tomando carrerilla. Su ligero deje setentero, representado en esos punteos iniciales de Miguel Martín a la guitarra, contrastaba con partes realmente potentes en la batería de Abel Ramos, otro de los pilares de la banda. Y de estos dos últimos, se apreciaron con bastante nitidez varios detalles más subyacentes del tema, a pesar de que el bombo sonaba excesivamente fuerte enfrente de la valla.
Los coros de César Chacón, y ese último solo de guitarra, con el músico centrado en el escenario, dieron paso a Freedom, que si no me equivoco, es la primera vez que escucho en vivo. Arropada en su inicio por unas cuerdas limpias, Celia estuvo inspiradísima en cada uno de sus matices, bordando tanto las partes más suaves como aquellas más tenaces. La banda empezaba a mostrar cada vez más movimiento. Cesar agitaba su melena, Abel acompañaba con cabezazos cada golpe a su caja, y Miguel iba creciéndose con cada riff y punteo, hasta terminar plantado en los bafles exteriores del escenario para interpretar Still the One. El bombo continuaba resultando algo molesto, pero por suerte, no eclipsaba al resto de los músicos ni a la voz de Celia, que nos obsequió en ella con unas líneas muy elevadas. Otra muestra más de su poderío vocal. La frontwoman, que ya había colaborado años atrás con ellos doblando melodías y haciendo coros, es hoy por hoy uno de los principales ganchos del grupo, y en gran medida, uno de los más notorios reflejos del cambio estilístico. Se mueve por el escenario con un flow tremendo, como si llevara toda la vida ahí arriba, y sabe de sobra cómo llenarlo y animar al gentío.
Ahora era Miguel quien nos dedicaba unas palabras, solidarizándose con nosotros por nuestro ‘sufrimiento’ bajo el sol. Así comenzaba With You, el que fuera el primer single de presentación de su nueva etapa. Acompañando a César en sus paseos, Celia volvía a dejarnos atónitos con la potencia de su voz, y al mismo tiempo, proponiendo juegos de canto para levantar los ánimos, mientras bajo y batería se mantenían constantes. Un pequeño respiro tras terminar la anterior, y era el turno de Into the Night, el corte que abre “Boundless”, y del que me flipan a tope esos riffs. La vocalista y César formaban una buena piña, mientras Abel se ensañaba con los parches en algunos de los momentos más cañeros del show. Los tonos de infarto, el salto con el que Miguel regresaba al escenario tras su salida, y la bandera de Strangers que ahora ondeaba en manos de Celia, llevaron el concierto hasta una completa comunión con su público. También tiraron en esta de una base, así como de sintetizadores pregrabados para la siguiente Flames, composición más moderna y pesada, que formó parte del EP “Whispers”. Las partes más recargadas de doble bombo (con el constante headbanging de Abel, que estaba hecho una fiera), fueron de lo más contundente.
Volvían al trapo con Enemy, pero no sin antes despedirse y pedirnos un aplauso para nosotros mismos por haber aguantado ahí. Miguel, mientras daba coros, ostentaba esa sutileza / elegancia tan reconocible en su forma de tocar, haciendo fácil lo difícil. Celia daba el resto, dejando huella sobre las tablas con su carisma y gracia al andar sobre ellas, y en última instancia, levantaron todos juntos un gran estruendo para concluir a lo grande. Aparte de ciertos aspectos menores del sonido, fue un concierto sin fisuras, en el que aprovecharon su tiempo y desplegaron al máximo todo su talento. ¿Cosas que se echaron de menos? Tal vez algún temilla de anteriores etapas, o porque no decirlo, una mayor duración… porque lo pasé tan bien, que se me hicieron cortísimos. Estoy deseando volver a coincidir pronto con ellos, y me da a mí que no tardaré demasiado, porque en los últimos años, su actividad de directo y su visibilidad en destacados carteles empiezan a ser, por fin, las que siempre merecieron.
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El siguiente paso era calentar bien el cuello y prepararnos para la sacudida que nos iban a meter los valencianos Dawn of Extinction. Cinco años han llovido ya desde que pude verles por primera vez, junto a Noctem y Obscure, en el tan añorado Paberse. Unos chicos que, por aquel entonces, eran unos completos desconocidos para mí, y me dejaron unas buenas sensaciones que no hicieron sino ampliarse en San Fulgencio, a pesar de que su estilo musical, en parte, no es lo mío al 100%. Sin haber presentado una agenda demasiado concurrida, en estos últimos años han continuado fabricándose un nombre en festivales tan importantes como el Milagre Metaleiro, el Z! Live Festival, o el más reciente Kabiefest. Firmaron hace poco con la promotora On Fire (que, recordemos, es parte crucial del Rock Arena) y nos dejaron un nuevo single que, por supuesto, pudimos catar en directo.
Dawn of Extinction:
Parecía que, por mucho que caía la tarde, las temperaturas no amainaban, pero eso al combo de Sagunto le dio igual. Le pincharon fuego a la traca sin contemplaciones, provocando que más peña se fuese acercando hasta ellos a golpe de headbanging, tanto fans y curiosos, como aquellos a quienes sorprendió su potente sonido. Con la cháchara, no llegué a enterarme de cuál fue el primer tema, pero estaba claro que iban a por todas, y que además, sonaban bastante bien, con los instrumentos perfilados y al volumen que tocaba. Lo que sí se me quedó en la cabeza fue esa segunda Rise From Oblivion, porque algún fragmento melódico me recordó al Down to the Devil de Edguy, aun haciendo un rollo muy distinto, una mezcla bien llevada entre Melodeath y registros más modernos como el Metalcore. Un corte de ritmos muy variados que precedió a la siguiente Behind the Mirror. Las voces alternadas de Cristian Juárez (cantante y guitarrista) y Marcos Morales (al bajo), iban haciendo crecer la bola, tanto guturales como limpias, que también tienen mucho peso en el estilo del grupo. Uno de esos riffs que prácticamente te obliga a doblegar el cuello, y el solo compartido entre Cristian y Daniel, nos acercaron, elevando más aún la temperatura, hasta el single que comentaba antes, Dragons in the Night.
En este, sobresalió la batería de Alexis Gálvez, un músico que me encantó por sus tablas a la hora de hacer cambios y apisonar el doble pedal. Melodías despiertas, partes contundentes y voces limpias bastante elevadas, se entrecruzaron en lo que me pareció sencillamente un temazo, con el que apuntan buenas maneras para un hipotético próximo LP. Con Motherfucker (claro y conciso), tenían la batalla ganada de antemano. Aparte de las virguerías de Daniel, tirando a saco de tapping en el solo, la peña colaboró cantando con todas sus fuerzas ese estribillo tan rudo. La banda no hacía más que acelerar y encabronarse con cada compás, con cada minuto que pasaba, y eso también quedó muy patente en la peña.
Los primeros empujoncitos, acabaron convirtiéndose en un mogollón de saltos, codazos y bailes descontrolados a los pies del escenario, llegando a su punto álgido en From Tears To Vengeance. No fue para menos, ya que esas partes de furiosos blast beats, y esa actitud que mostraban los músicos (como Marcos, que se despatarraba bien a gusto), lo pedían a gritos. ¡Sois de puta madre!, apuntaba ahora Cristian, antes de quemar el último cartucho, y no fue otro que Apocalypse, uno de los trallazos que formaron parte de su primera demo. El moshpit se iba agrandando, no muy poblado, pero con la peña sudando al máximo la camiseta, mientras los blast beats de Alexis, o los lacerantes solos de Cristian y Daniel calentaban el panorama sin parar. Ahora sí, con un ‘gracias’ de corazón, nos decían adiós… o más bien, hasta pronto. Es posible que me haya pasado por alto algún tema, o confundido algún otro, y si es así pido disculpas. Pero todos los que estuvimos allí, eso es seguro, dimos fe de lo que es capaz este cuarteto, y de lo bien merecido que tuvieron girar con los mismísimos Blind Guardian hace solo tres años. De mi parte, la mejor de las suertes para ellos.
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Tan punto terminó la movida, ya sudando a mares como estábamos, comencé a frotarme las manos. Me las he frotado decenas de veces, y lo seguiré haciendo todas y cada una de las veces que vuelva a encontrarme con una de las bandas que más huella ha dejado en mi vida. Y eso es, precisamente, porque ya sé lo que me espera de antemano (sin quitar lugar a la sorpresa): diversión desenfrenada, actitud canalla a raudales, y unos temas que me vuelven loco. Para mí, con diferencia, el plato fuerte de este Rock Arena 2026 eran los…
Jolly Joker:
Tuvimos que esperar menos de lo pensado para que la más alta clase y elegancia empezasen a desfilar por el escenario, entre ovaciones y gritos, encarnadas en el guitarrista Yannick y el bajista Andi. Con la aparición de Lane Lazy, vociferando y lanzando patadas como un poseso, la presencia del gran Aaron Joffroy tras el bombo, y esa tremenda Sky is so High sonando alta y clara, se cerraba el círculo, y al mismo tiempo, comenzaba una de las fiestas más salvajes y desmelenadas que he podido vivir en lo que va de año. Quienes les seguimos desde hace mucho tiempo, estamos acostumbrados a que así sea por norma general, pero lo de aquella noche, simplemente, se salió de moldes. Un perfecto punto de partida, de intensidad creciente, y músicos que no fueron soltándose poco a poco, porque ya salieron al 100%. Corría como un relámpago Andi de lado a lado del escenario, parando únicamente para dar inicio a Shotgun y seguir a lo suyo, cargadísimo de tanta energía como simpatía. Asimismo, se adelantaba Lane Lazy para sentarse en uno de los monitores, posición que ocuparía después Yannick, dándonos una lección de cómo hacer un solo sobrado de chulería. Con los mástiles en alto, en Perfect Life, la banda recibía a manos llenas esos ‘¡eh eh!’ de un público enfervorizado y totalmente volcado con ellos. Y solamente iban tres temas…
Sujetándose el sombrero y recubierto de terciopelo, existen muy pocos frontman en nuestro país capaces de mostrar tanto desparpajo y carisma encima de un escenario como Lane Lazy, que se marcó una interpretación increíble. Y más que llegarían. Esta ocasión fue mi primera de verles con Aaron Joffroy, quien no necesita más presentación si digo que es el mismísimo batería de Stallion. No solo clavó cada golpe, sino que además, lo hizo con la rotundidad que esperaba de él. Y nada mejor que World Collapse, segundo tema en caer del “Jolly Joker”, para observarle en toda su salsa estrellando las baquetas a saco. Me flipa que hayan incluido este tema en el setlist, porque creo que es de lo mejorcito que han hecho nunca. Y además poder disfrutar ahí, en el centro del escenario, a Yannick, Andi y Lazy juntando hombros, me produjo un subidón indescriptible. Fue, por cierto, la mejor interpretación del tema que le he visto al cantante, cogiendo aire, modulando perfectamente la voz, y llegando a cada nota sin problemas con la guitarra a cuestas. Pero esperad, porque aquello no había hecho más que arrancar. Con su humor habitual tan cabronazo, Yannick provocaba al personal y minutos después, nos volaba la cabeza haciendo estallar esos solos de D.A.M.A.G.E., dando vueltas, contoneándose y chuleando a más no poder, cruzándose con su compañero Andi y también haciendo coros.
Quedó bien claro que nos querían reventar vivos cuando, atronando ya la batería a manos de Aaron, Lazy ‘desenfundaba’ el dedo en algo gritando aquello de Fuck it All!!. Tirándose de rodillas, y gritando como un descosido, tras él volvían a sucederse los cruces entre Andi y Yannick, formando un verdadero huracán que ya era imparable. La liaron tremenda, y las primeras filas ardían de puños en alto, headbanging y saltos celebrando aquel momento de demencia. Para que no nos diera el infarto, Lane pedía un aplauso para todos aquellos involucrados en el festival y a las bandas, y a ritmo de rocanrol, proseguían con My Little Cadillac, otro corte en el que vimos lucirse a Aaron, echándose unas cuantas virguerías con sus palos. De verdad, nunca pensé que encajaría tan bien, pero al final ahí es donde se nota la experiencia, talento y recorrido en un músico. No se quedaba atrás Andi, que constantemente se asomaba al público, pellizcando con ganas sus cuerdas, y lanzando melenazos por doquier. Llegaba otro de mis momentos favoritos de la noche con Motor, uno de esos que hacen que un concierto se eleve a la categoría de todo un show.
Ante más ovaciones del público, Lane Lazy nos ponía calentorros a tope, tirándose un vaso entero en la cabeza, desafiando sin parar, y en última instancia, restregándose por el suelo encima de los bafles delanteros. También Yannick, muy venido arriba con su particular fiesta, se nos acercaba para marcarse ese solo en nuestras narices. El guitarrista, formando ahora dúo de cuerdas con el cantante, sería uno de los protagonistas en Blood Velvet. Y es que hacía tiempo que no le veía TAN eufórico, tan entregado y enérgico a la hora de tocar y moverse al mismo tiempo. Cada dos por tres, se unían ambos, desparramando por todo el recinto esa inigualable química que poseen, al tiempo que Andi gritaba unos coros de lujo. La adrenalina (la mía, la de la banda, y la de todos los allí presentes), se volvió a disparar con I Just Wanna (Kiss You). Y es que este tema… joder, fue amor a primera escucha desde el momento en que lo presentaron como primer adelanto del “Jolly Joker”. De hecho, diría que ese sonido en particular representa la faceta que más me mola del grupo, con esas melodías tan glammy y descaradas, esos riffs juguetones, y ese ritmo tan jodidamente irresistible, a lo que, por supuesto, hay que añadir el inmenso desparpajo que desprendió todo el conjunto al tocarla.
Lo dicho, un fiestón de mil demonios, de esos que uno no quiere que terminen nunca. Armado de nuevo con su guitarra, Lane Lazy, junto a Yannick, la hacía rugir para enlazar sin descanso I Don’t Care, que fue creciendo de nivel, primero con Andi y Yannick adelantándose hasta el borde, para rematar este último tirándose por los suelos y convulsionándose, dando coros, y pavoneándose hasta el final del tema. Grande no, lo siguiente. Por desgracia, otro sentido agradecimiento del frontman indicaba ya la recta final del bolo, eso sí, para echarse las manos a la cabeza. Con el subidón de Hey You, el mismo Lazy vaciaba otro vaso entero sobre su melena, dando puntapiés al aire y rodando sobre sí mismo, quemando una energía que parecía inagotable, sobre todo, teniendo en cuenta el esfuerzo extra que implica este tema para él. Todo el resto, fue para Rockin’ in Stereo, una puta locura. Carreras por el escenario, cruces con melena al viento entre Andi y Yannick, cuya coordinación fue exquisita de principio a fin, y mientras tanto, Lazy desenroscando esa botella de burbon, que entre salto y salto, entre estribillo y estribillo, acabó repartiendo entre los gaznates de las primeras filas, saludando y descojonándose él mismo de la que habían conseguido desatar en una hora y poco de concierto.
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Una y otra vez me vuelvo a preguntar cómo, después de tantos años, consiguen mantener ese fuelle, esa frescura y esa pasión por lo suyo, y sobre todo, esa capacidad de saber contagiar su desmadre a los de abajo. No quiero pecar de putifan, pero os puedo asegurar con toda sinceridad que muy pocas bandas me han hecho sentir en directo algo parecido, y menos después de haberles casi 30 veces. ¡Y qué larga se me va a hacer la espera hasta el Rock the Sun!
Como se veía venir, me pasó lo mismo que en 2022, en su primera visita al Rock Arena. Me castigué de tal forma el cuerpo, saltando y agarrado a la valla todo el concierto, que en cuanto terminaron Jolly Joker, el bajón me dejó hecho polvo. No voy a decir que Dünedain y Argion no me molan, porque sería mentir. Pero en ese momento, no me apetecían lo suficiente como para esperarme hasta el final. Sea como fuere, lo mejor para mi gusto había pasado ya, así que charlamos y nos despedimos de algunos colegas, y nos acercamos hasta el coche. Después de pegar un bocado y echar unos filtros, acordamos que era el momento de la vuelta a casa.
P.D. Como tantas otras veces, gracias a Anna por permitirme usar sus fotos, algunas de las cuales forman parte de esta crónica.
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