
Traspasar las puertas de un festival siempre es un motivo de alegría, que garantiza diversión a raudales, buen ambiente e intensas sesiones de heabanging. Si el festival en cuestión, además, es veraniego (de esos que tanto me molan a mí) y se celebra de noche, lejos del irritante calor que estamos sufriendo en esta estación, la cosa va ganando muchos puntos. Y si para colmo de bienes, como sucedió en mi caso, es la primera vez que se acude, también hay que sumar el factor sorpresa a la ecuación. Así, con la llegada de esta presente edición del Rock’n’Pola, me decidí a dar el paso de estrenarme. Un festival de sobra conocido por la zona que este año celebraba su undécima convocatoria, aunque su fundación se remonta hasta más allá del 2016. Y la vivencia general fue positiva al máximo, algo de lo que pudimos dar fe todos cuantos nos encontrábamos allí. En lo que respecta al evento en sí, todo salió como la seda, incluso la resolución de un (bueno, en realidad dos) imprevisto de ultimísima hora. Y en cuanto a la noche, disfrutarla gozando de la compañía de dos de mis mejores amigos, es algo que no tuvo precio. Eso sí, ya aviso de que la siguiente crónica solo cubre el sábado, la segunda jornada, que fue la única a la que pude asistir, y la más interesante para mí. Y es que echando la vista atrás, me encontraba ante uno de los mejores carteles que este Rock’n’Pola ha presentado en toda su historia, incluyendo, por primera vez, una banda internacional. Otros años me he quedado con la curiosidad, pero a este era muy difícil decirle que no. El auditorio de El Palmeral acogió una vez más el evento, y me pareció perfecto para algo de estas características.
La idea era ir ya para el segundo grupo (no es nada personal, pero el estilo de Zombie Töwn no me llama demasiado). A partir de eso, organizamos la hora de salida para llegar con bastante tiempo y pasar por casa de nuestros queridos amigos Juanma y Jose, a quienes hacía demasiado tiempo que no veíamos. De este modo, mi colega Kurro y yo emprendimos el viaje sobre las 18:45, y ya en Santa Pola, tras unas cuantas birras y unos muy buenos momentos, nos acercamos al recinto de El Palmeral.
Acrónica:
Y además justo a tiempo, porque minutos después de llegar y pillar algo de priva (a precios relativamente populares), arrancaban los murcianos Acrónica. Y además, lo hicieron con mucha ilusión y empuje, creándonos una Sobredosis de Placer como primera apuesta. Las voces sonaban muy engorrinadas, como debe ser, y los instrumentos, con una definición y un volumen que permitían apreciar con claridad incluso esas partes más complejas del tema, con el que fuimos calentando motores. De momento, no muchos se animaron a ponerse entre las primeras filas, pero aquello no tardaría en concurrirse a paso lento pero firme. La banda, por su parte, dio todo lo que tenía en Nada nuevo, también extraída de su primer LP (que vio la luz el pasado año), apoyándose en un Death más clásico, deliciosamente denso, en donde la batería de Juan Santiago retumbaba a gusto y Juan Ignacio nos regalaba unos rapidísimos punteos de bajo que me fliparon. Se dirigía a nosotros César Madrona (Malévolo), saludando mientras sus compañeros pedían algunos pequeños ajustes en la ecualización, para continuar con la cera de Libelos de Sangre, uno de los singles que precedió la salida del disco. Persiguiendo su violento compás, Juan Ignacio, junto a sus compañeros guitarristas Álex y José Nogueras, se metían ‘pal cuerpo’ unas buenas dosis de headbanging que iban envalentonando los humos.
A la banda se le notaba muy fina, clavando con total precisión los cambios rítmicos (especialmente, al batería Juan Santiago), pasando de furiosos blast beats a dobles bombos arrolladores. Su parte más melódica, de aires casi atmosféricos, se convirtió en uno de mis momentos favoritos del concierto. Cargaban ahora con rabia contra la tiranía farmacéutica en Negociando Muerte, un trallazo de casi 8 minutos y gran diversidad entre sus partes. A César le vimos especialmente motivado, saltando, con un movimiento perpetuo por el escenario, y cambiando de registros a voluntad, siempre con una actitud muy agresiva. Las rachas de blast beats alternadas nos hacían doblegar el espinazo cada vez con más frecuencia, y entre unas cosas y otras, llegaba una gran sorpresa en el setlist, como fue su versión del Brainseed de Kreator. Juan Ignacio, además de hacer gala de una gran técnica a las cuatro cuerdas, cabeceaba cada vez más encorvado y abstracto en la movida, al igual que el guitarrista a su derecha. Melenas al viento, y con muchísimo aplomo, interpretaron Llantos Silenciados, que es precisamente un grito desgarrador contra esos putos sionistas genocidas.
Las letras de Acrónica tienen ese fuerte componente de protesta social, que en cortes como este se hacen incluso más patentes y actuales. César se paseaba por todo el escenario lanzando sus alaridos, parándose junto al resto de músicos, y poniendo toda su alma en cada frase. Las guitarras de Jose Noguera, especialmente en algunas partes, estaban llenas de virtuosos detalles, al tiempo que este no dejaba de abrirse de piernas y venirse cada vez más arriba. Con todo, ya contaban con una buena cantidad de público, que les vino al pelo para presentar un tema nuevo, llamado Esclavos del Estímulo (Sobredosis II). El escenario se teñía de oscuridad y luces rojas, ideales para la fuerza que destilaron sus notas, y los músicos parecían alcanzar el cénit de motivación en este punto. Pidiendo gritos y tratando de armar bronca todo lo posible, llegaba el último empujón con Decadencia Canibal, y ese doble bombo aplastante que retumbaba en todo el lugar. La pareja formada por Álex Jarrai y José Noguera se compenetraba al máximo en sus siempre veloces riffs, y como colofón, nos ofrecían esa desaceleración controlada, esa descomposición rítmica del tema, que acabaría con todos y cada uno de los músicos hincando rodilla en el suelo, recibiendo la pertinente ovación que se habían ganado ya desde el inicio del show.
Este último me sirvió para corroborar lo bien que sigue funcionando la banda en directo y el rodaje que van cogiendo, tras aquella primera vez que les vi en el Rock Imperium del pasado año. Cabe destacar, además, que entraron en el cartel a última hora, ante la caída de la banda Oxygen, cubriendo el hueco como mejor se puede hacer: con un fiestón de los guapos que todos disfrutamos a lo grande.

Aprovechábamos los descansos para charlar y ponernos al día en aquella juntada extraordinaria de colegas de toda la vida, lo cual también fue un enorme aliciente para estar aquella noche en Santa Pola. Pero tampoco podíamos distraernos demasiado, ya que se acercaba el que para muchos, incluso para la historia del propio festival, era uno de los momentos cumbre de la noche. El Rock’n’Pola contaba, por primera vez desde su fundación, con una banda internacional que, al mismo tiempo, y para dar un carácter todavía más especial, era la primera vez que visitaban ya no Santa Pola, ni España, sino el continente europeo.
Las leyendas del thrash metal chileno Massakre (o Massacre, según época y fuente) aterrizaban en nuestro país con una pequeña gira, donde el resto de las fechas se situaban en Madrid y en Barcelona, por lo que fue un auténtico privilegio poder disfrutar a un conjunto de su relevancia tan cerca de casa.
Massakre:
Una banda que, sin haber armado demasiado ruido a nivel internacional, se ha mantenido mayormente activa durante más de 40 años, incluyendo su derivación de ‘Massacre Sinfónico’. En esta ocasión, dejaron de lado los teclados, y sus obras más ambientales, para ofrecernos un show corto pero tan intenso que nos reventó por completo. Uno podría pensar que es la típica banda que ha sobrevivido a duras penas, y que en concierto ya suenan desgastados y arrastrados por el paso tiempo, viviendo de rentas como tantas otras viejas glorias de estas características… pero os aseguro que nada más lejos de la realidad, y eso pudimos comprobarlo en nuestras propias carnes. Obviamente, todo ello es atribuible en esta ocasión a Yanko Tolic, único miembro original.
Apurábamos unos sorbos de kalimotxo, cuando la introducción pregrabada, que no fue otra que el tema de la película The Omen (La profecía), indicaba el comienzo de la masacre sonora. No dijeron nada, no se presentaron ni anunciaron el primer tema, y fueron a puro degüello con G.A.P. Y ante ella, todos los hipotéticos estereotipos anteriormente mencionados cayeron por su propio peso. Los componentes del grupo salieron hechos unos auténticos lobos hambrientos al escenario, abriendo con una tralla sin concesiones en la que pudimos apreciar la desbordante energía, tanto del mítico Yanko Tolic (ÉL es Massacre), como del batería Quique Canet, que cubría el puesto en exclusiva para esta ocasión. Un músico de la misma Santa Pola que nos dejó a todos con un palmo de narices por su entrega y su inmensa fogosidad a la hora de aporrear los parches. No se detenían más que para anunciar la siguiente canción, Red September, y continuar con una caña burra que en seguida nos puso los cuellos a rodar. El humo invadía el escenario, las chispas saltaban una y otra vez desde el borde, y de un lado para otro, Yanko se quedaba a gusto con ese solo de tapping a zapatilla viva. El bombo formaba una muralla sónica impenetrable, y los ‘¡eh eh!’ de entre el público emergieron con toda naturalidad, acompañando a una banda que parecía enfurecerse a cada paso.
Ahora sí, una breve presentación de los músicos, y a seguir con la matraca con Until You Die de su “Crematorium” (2005), disco que fue el gran predominante del setlist. Quique continuaba destilando una energía asombrosa, cabalgando sobre el taburete y metiendo unos mamporrazos tremendos con sus baquetas a 1000 por hora. Tampoco el bajista le iba a la zaga, que aunque mucho más comedido en cuanto a movimiento, dejaba unas bases de lo más sólidas y bien empastadas con las de su compañero rítmico. Las luces parpadeantes también se habían contagiado de esa locura thrasher a toda hostia, que no se detuvo precisamente en Dementia. Todo lo escogido para el setlist fue en inglés, y lo único que escuchamos en nuestro idioma fueron las palabras del vocalista, guitarrista y líder del conjunto Yanko Tolic. Sea como fuere, los ensayos a pocos días de la actuación dieron sus frutos, y todo salió a pedir de boca. El propio Yanko parecía a veces un jovenzuelo, retorciéndose, clamando al público, metiendo cabezazos como si se acabara el mundo y viviendo a saco cada momento. Y si esto no es pasión por el Metal, a sus 61 tacos, que alguien venga y me lo explique. Sus solos y riffs sonaron de lujo, rápidos, mortíferos y bien ejecutados, y sin dejar nunca de lado su intensa actitud.
Por mucho que he indagado, finalmente no he podido identificar al bajista que acompañó a la banda en esta fecha (fue presentado algo así como… ¿Rolas?) pero desde luego, no era Lolo Carmona (Evil Act, Orphans of Piety, etc) como anunciaron la mayoría de medios que hicieron referencia al festival. En cualquier caso, también me gustó la sonoridad de su instrumento, áspera, tosca y cruda, perfecta para un Thrash Metal de esa misma índole. Él mismo abría para la siguiente, que no fue otra que Crematorium. Un tema en gran parte instrumental que vino de perlas para el lucimiento de los tres músicos, y que fue creciendo en contundencia y velocidad hasta dejarnos momentos de lo más frenético, como esos solos en los que Yanko se recorría todo el mástil, o los tremendos baquetazos con los que Quique volvía a revelarse como un batería de caché. Cuando ya estábamos en todo el subidón, mucha peña ya entre las primeras filas, y el ambiente más acalorado que nunca, Yanko se despedía de nosotros después de tan solo media hora de concierto… Y en este mismo hecho creo que recayó el único punto negativo, que en parte nos dejó con la miel en los labios. Aun así, personalmente quedé muy contento con la actuación, que no nos dio un segundo de tregua, rabiosa y cabreada de principio a fin, con el (escaso) tiempo bien aprovechado, y unos músicos que se dejaron la espalda en cada tema.
Bravísimo por la organización del Rock’n’Pola por hacer un ejercicio de innovación y exclusividad al contar con ellos, en lugar de ir a lo seguro e incluir en el cartel a cualquier banda de las que ya hemos visto decenas de veces. Por cosas así, que cada vez valoro más, son tan necesarios este tipo de festivales. Y si Massacre fueron todo un incentivo para estar allí, seguidamente llegaría otro de los más grandes, al menos, para el menda.

Nethertale:
Hace ya casi ocho años (joder, cómo pasa el tiempo), en la antigua sala Babel de Alicante, me encontré frente a una banda que desconocía por completo. Pero aquella noche dieron tal conciertazo, y me gustó tanto su propuesta de Technical Death Metal, que automáticamente pasaron a ser una de mis bandas favoritas de la zona en su estilo. Su adición al cartel, sustituyendo a los caídos Orphans of Piety, fue por lo tanto una enorme alegría para el que suscribe.
Con Lords of the Nether, el cantante Alberto "Manthor" Díaz salió con unas ganas tremendas de comerse el escenario a bocados, pisoteando las tablas, y demostrando una notable técnica vocal. Precisamente ‘técnica’ es la cualidad que mejor define a sus músicos, de una altura estratosférica, que hicieron de todo menos decepcionar. Los cruces rítmicos, los tempos complejos, y unas estructuras de lo más impensable, definieron este primer asalto, con el que ya empecé a frotarme las manos por todo lo que aquel concierto iba a hacerme disfrutar. Además de este, extraído de su segunda demo (“Lords of the Nether”, 2018), la banda nos tenía deparadas un buen número de sorpresas, desde temas ya conocidos del LP “Abyssal Throne”, hasta otros completamente nuevos y todavía no registrados. Una gran muestra fue The Stillborn Age, en donde el frenético parpadeo de las luces parecía acompañar a la descomunal velocidad y habilidad de todos los músicos. Luis Varó se apoyaba en su monitor, pellizcando su bajo de cinco cuerdas, adelantándose hasta la línea del público cada dos por tres, mientras sus compañeros a las guitarras iban soltándose también sobre el terreno, dando forma a dibujos y detalles alucinantes.
Este fue uno de esos conciertos en el que ni con 6 ojos podría uno apreciar todo lo que dieron de sí sus excentricidades instrumentales. La novedad no fueron únicamente algunos cortes. También la formación de la banda ha cambiado radicalmente si tomo como referencia la primera vez que les vi, y solo Antonio Alonso a la guitarra, y Dani Molina a la batería quedan desde entonces. Al que más eché de menos fue a Pere Girón al bajo, que sin menospreciar en absoluto la gran labor de Luis Varó, me dejó en su día con los ojos en blanco. Pero aquí, en cualquier caso, hablamos de músicos de altos vuelos, y todos ellos siguieron demostrándolo con Unearth. Perfecta coordinación entre Antonio y Álex (que también se hizo cargo de los coros), para hilvanar otro corte de nueva impronta, mientras las baquetas de Dani marcaban el ritmo a una velocidad infernal. Los cambios tajantes y rupturas volvieron a erigirse como grandes protagonistas, volándonos la cabeza a quienes nos flipa este rollo tan marcadamente técnico. Vuelta al “Abyssal Throne” con The Kraken. Imposible dejar de fijarse en la guitarra de Álex Ramírez, con toda esa cantidad de detalles a toda mecha. Llegado a este punto, el músico se crecía a paso ligero, como también lo hacía Dani tras el bombo, sudando la camiseta y sin perder un solo compás, demostrando un nivel de perfección, potencia y talento de etiqueta negra.
El incansable Alberto Díaz hacía su particular maratón por el escenario. No solo se quedaba a gusto con sus múltiples registros, sino que parecía incluso ir ganando en fuerza y aguante en sus fraseos, paseándose entre ambos guitarristas que, al mismo tiempo, ejecutaban sus armonías y solos. Los aplausos desde el público se tornaban cada vez más sonoros, y no era para menos: estaban metiendo una cera brutal. Volvía a la carga Alberto, cebándose con su cuello durante Izanami, con un pie sobre el monitor y con miradas desafiantes hacia la peña, que respondía con más barullo. Personalmente prefiero centrarme antes que desfasar, porque de verdad que me flipa cómo toca esta gente. Álex y Luis se marcaban un cara a cara, luciéndose a lo grande, antes de dar paso a Ad Infernos, en donde Dani no se anduvo con chiquitas a la hora de dominar esos blast beats y doble pedal tan avasalladores. Esa resistencia en su vocalista de la que hablaba, volvió a sobresalir especialmente en este corte, con cantidad de estrofas enlazadas, pasando de tonos más guturales a otros más lacerantes, y sin dejar de hacer el animal entre sus compañeros. Las luces verde oscuro dominaban el escenario para recibir Apophis Unleashed, que seguramente formará parte de su próximo disco “Shaded Symphonies” (si es que ese sigue siendo el título), que estoy deseando que salga para escucharlo.
Eché de menos algunas en el repertorio, como Omega Shades o Psalms of the Vile, pero por supuesto, las novedades fueron bien recibidas. The Grey Hell tuvo, incluso, unos primeros compases progresivos, desatando todo tipo de virguerías y ostentosidades técnicas en cuanto a ritmos, riffs y punteos, con partes muy complejas y ‘mareantes’ (en el mejor sentido de la palabra), y con un brillo especial en las guitarras de Antonio y Álex, que además, rugían como un jodido trueno. Junto a sus compañeros, emprendían una sesión de headbanging bien acompasado que nos llevaría ya hasta la recta final. Tras agradecer a público y organización, anunciar el merchan de turno, y despedirse, se lanzaron al trapo con una que no podía faltar de ninguna manera, esa aplastante Bake Kujira que casi nos rompe el cuello con sus pesadísimos riffs, encarándose y cruzándose varias veces los dos guitarristas al mismo tiempo que Alberto, con energía y agresividad por un tubo, trataba de mantener los niveles de adrenalina bien elevados hasta el final.
Por segunda vez, mi más sincera enhorabuena personal a esta gente. Si algún día llegan a convertirse en un nombre grande de la escena, será más que merecido. De momento, ahí están, demostrando que de Benidorm no solo es tierra de guiris playeros, turismo alcohólico y fiestas de pachangueo para pijos repelentes, sino también hogar de bandas y musicazos de la talla de Nethertale.

Solamente quedaba ya una banda para concluir la noche, y esa banda era para muchos de los presentes sinónimo de fiesta y desparrame. Vaya por delante que no soy el tipo más abierto de mente para la música. Es algo que no me cuesta reconocer ni me hace sentir mal en absoluto. De hecho, si no hubiese sido por mis colegas, creo que en este punto habría dado ya media vuelta hacia casa. Y sin embargo, al final acabé alegrándome de no hacerlo, porque lejos de agobiarme con Hasswut, lo pasé mucho mejor de lo que esperaba.
Hasswut:
Su propuesta 100% industrial no es para todos los oídos (sobre todo, en un país como el nuestro), pero al mismo tiempo, creo que no dejó a nadie indiferente, y eso ya es todo un logro. Tampoco se podía esperar menos de músicos tan experimentados en su mundillo como los que forman el conjunto. Dani a las voces, Javi a las seis cuerdas (ambos militantes en los más que conocidos Mind Driller), y Zufo encargándose de los samplers y coros, tuvieron claro desde el principio que querían hacer vibrar lo que quedaba de noche hasta sus últimas consecuencias. Y con temas como Deine Falsche Welt y Der Radioaktive Mann comenzaba aquel desmadre, con mucha más electrónica que Rock, y los primeros bailes del gentío. Javi dando vueltas con su guitarra a hombros y Dani, dominando a tope el escenario, iban caldeando el ambiente a marchas forzadas. Este último se quitaba las cintas de la cara (el atrezo es parte muy importante en sus directos) para ponerse inmediatamente a saltar con la movidita Vorsicht Zerbrechlich, con constantes ademanes a sus fans que ya se encontraban ocupando las primeras filas. De hecho, con su actuación, el público se transformó bastante, bajó considerablemente la edad media, e incluso vimos delante a gente que, a priori, era ajena al sonido en el que se centró gran parte del festival.
También Zufo lo gozaba enormemente tras su mesa de samplers, aportando algunas voces (que luego cogerían más peso) y moviéndose totalmente entregado a la música. Daban una pequeña concesión para dar las gracias a todos los que nos habíamos quedado, que no fuimos pocos, y prosiguieron con el puro hardcore de Haters, que llegó a levantar algún que otro moshpit entre el público, representando uno de los momentos más cañeros del show. Y es que decir que este o aquel tema es bailable… es caer en la redundancia, porque todo en Hasswut es puro frenesí discotequero. Es más, no puedo negar que ese sonido tan noventero que tienen a veces, me trajo grandes recuerdos de mi pre-adolescencia. Dani se mostraba cada vez más descontrolado y enérgico, chocando manos con la peña, agachándose por el escenario y dando botes, transmitiendo a lo grande incluso a quienes no estamos acostumbrados a esta onda. Las cosas, como son. Rette Mich, introducción incluida, tuvo unos samplers de lo más potentes, y no sé si es mi ya machacado oído, pero lo cierto es que la guitarra quedó en un plano muy secundario.
Lo que está claro es que estaban triunfando, y eso les hacía crecerse durante envites como Vorwärts (que arrancaba a paso militar por parte de Javi y Dani) o Les Morts, con el cantante liándola parda en las primeras filas, castigándose el cuello, y correteando de lado a lado. Esos fogonazos de chispas a cada extremo del escenario, aunque no siempre estuvieron a la par con los momentos clave, aportaban el puntito extra de espectáculo, que ya de por sí es una de las principales bazas del grupo. También las paranoicas animaciones que ofrecía la pantalla iban en consonancia con el show. En aquel momento, alguien de entre el público lloriqueaba alguna queja, y Dani respondía firmemente (¡váyase a casa, señora!) antes de dar rienda suelta a una de las canciones más provocadoras, tanto por letra como por movimientos, como fue F.F.F., cuyo estribillo no se le escapó a nadie. Koloss contó con los acompañamientos vocales de Zufo, y la gran actitud de un motivadísimo Javi, que rasgaba sin piedad su guitarra. Posteriormente, este tomaba el micro para lanzar su personal agradecimiento. Continuando con bailes generalizados, era el turno de Sauerstoff, que da título al último álbum de la banda, y para rematar ya la jugada con Mund Zu!, Zufo abandonaba su mesa, micro en mano, para transformarse en segundo cantante y en primera línea de escenario. Este último corte, con su imparable cadencia, fue el colofón idóneo para que no decayese el ambientazo hasta el final.
Contra todo pronóstico, no se me hizo nada pesado, y fue todo un acierto por parte de la organización colocarles para cerrar el festival, y hasta para atraer a más tipo de público. Nunca había tenido la ocasión de verles, y aunque reitero que no es para nada mi estilo, hay que reconocer que la pasión que desbordan es tope contagiosa, y que en su estilo, seguramente estemos hablando de una de las bandas más exportables del país.

La experiencia con este, mi primer Rock’n’Pola, es de las que me dicen: tienes que volver. Para empezar, el recinto abierto me pareció fabuloso, lleno de sillas donde poder descansar y con el tamaño apropiado para tenerlo todo ‘a mano’. El personal de barras fue súper amable en todo momento, informando con buen humor y sirviendo rápido, y los precios, sin ser escandalosamente baratos, eran asequibles para todo el mundo (no como los de la semana pasada en Rock Arena, que ya empiezan a ser abusivos). Nada de Toi Toi cochineros, aquí había WCs de verdad, y bastante cuidados, por cierto. El sonido fue más que aceptable durante toda la noche, y el ambiente fenomenal, apto tanto para quienes iban a dejarse la vida en las primeras filas, como para quienes deseaban pasar un fin de semana tranquilito de música y familia. Aparcar (guiados por mi amigo Juanma) fue facilísimo, teniendo a disposición dos enormes zonas, y además gratuitas, casi pegadas al recinto de El Palmeral. Y hablando de precios, el Rock’n’Pola es igualmente gratuito, y para rematar, se empieza a celebrar a unas horas en las que pilla casi todo el festival de noche. En la parte negativa, la verdad… no sabría qué poner, porque no recuerdo nada grave. ¿Tal vez que no sirvan vasos grandes de kalimotxo?
Si quienes me leéis pensasteis ir en alguna ocasión pero, como yo hasta ahora, no habéis terminado de arrancaros, no lo dudéis a la próxima.

_|,,| JaviMetal (Is The Law) |,,|_
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Si te ha gustado la crónica, estuviste allí o quieres sugerir alguna corrección, ¡comenta!