jueves, 13 de agosto de 2026

Modernos del Core 2026 (Leyendas del Rock 2026, jueves 06-08-2026, Polideportivo Municipal de Villena)


El Antro del Metal - Leyendas del Rock 2026 - Dark Tranquillity portada

Como ya dije en la anterior entrada, el miércoles fue, con mucha diferencia, el día más ajetreado de cuantos compusieron este Leyendas del Rock 2026. Un cartel más que atractivo que no me dejó parar ni para respirar. Tras seis bandas empalmadas sin descanso, comenzando por Thundermother y terminando por Sepultura, lo más lógico sería que el jueves me hubiese levantado hecho pedazos, pero no fue así para nada. Había muchas ganas de festival, y esa ilusión es, por encima de muchos otros motivos, lo que casi siempre me mantiene en pie. A ello, hay que añadir otros factores clave, como el hecho de dormir en una cama, duchita, buen desayuno y comida, etc., y es que tener el Leyendas tan cerca de casa… hay que reconocer que es un enorme privilegio y un seguro de vida. Por último, el jueves me resultaba una jornada muchísimo menos llamativa, por lo que iba a ser mucho más corta y concentrada que la anterior. Por supuesto, hubo mandanga, y muy buena, pero en verdad solo tenía en mente a tres bandas, cuatro como mucho, y la mayor parte del resto, era completamente desechable para mi gusto. De hecho… la idea era bajar a Villena a las 20:00 para ver a Dark Tranquillity, pero al final, la cosa se adelantó un par de horas. Horas que, para estar tragándome a modernitos, preferí pasar en nuestro fortín particular, disfrutando de la compañía de mis colegas Kurro e Inma y, por descontado, unos buenos birrazos ‘pal cuerpo’. El clima, por una vez y sin que sirva de precedente, iba a estar parcialmente de nuestro lado. La sensación térmica de calurón infernal seguiría estando presente, pero al menos, las densas nubes que cubrían el cielo aliviaban el sol directo. En pleno agosto y al raso, no se puede pedir mucho más.

Al final, solamente vi UNA actuación completa el jueves. Bien por falta de interés en el cartel, bien por solapamientos o retrasos / despistes… Aún así, trataré de relataros con la extensión y detalle necesarios cada uno de los fragmentos que vi. Creeper, seguramente, me habrían gustado por su rollo y su estética, pero pasaba olímpicamente de bajar a primera hora. Lándevir tienen su punto, pero tampoco es que me vuelvan loco, y el resto de bandas hasta las 20:00, me resultaban muy poco o cero atrayentes. ¡Es lo que hay!

Dark Tranquillity:

Fueron esa única banda cuya actuación vi completa, pero eso sí, la disfruté como un animal. Los suecos fueron una de las confirmaciones que más inclinaron la balanza, dentro de mis gustos musicales, a favor de la asistencia al festival. Y sabía de antemano que no me iban a decepcionar.

Desde el mismo inicio, con The Wonders at Your Feet, el concierto tuvo flow, un ‘color’ y un dinamismo muy especial, honesto, cercano y cautivador. Cuando una banda sale al 100%, entregada, con ganas de gustar y contenta al escenario, es algo que se percibe rápidamente, y los gritos de ánimo que les lanzábamos desde el público, ya de primeras, fueron en plena consonancia. Los suecos son una delicatesen de visionado obligatorio para cualquier fan del Metal que se precie de serlo. Aparte de ser padres indiscutibles (junto a At the Gates y los primeros In Flames) del tan influyente sonido Gotemburgo, rara vez se puede hablar de trabajos flojos en su discografía, y desde luego, ni de coña lo es su último lanzamiento (“Endtime Signals”), que todavía me tiene loco. De este mismo, extrajeron Unforgivable, la más trallera, y su recibimiento fue espectacular. Con las imágenes en pantalla, y el inmenso carisma de Mikael Stanne, el show iba creciendo a pasos de gigante. Entre banda y público, hubo una comunión íntima de principio a fin, y la sonrisa del vocalista cuando paró a saludar, lo dijo todo. Sin excesiva demora, saltaron a muerte esos dobles bombos de Cathode Ray Sunshine, en plan más old school, y el movimiento sobre el escenario se hacía imparable. Martin Brändström, a las teclas, se despatarraba y agitaba la melena, y Johan Reinholdz, hacha en mano, transmitía una gran agresividad a la hora de tocar.

Ni los cánticos ni las manos en alto cesaban bajo sus pies, y una vez reparado el problemilla con la batería, prosiguieron al trapo con Atoma. Arropado por nuestras palmas, Mikael Stanne tiraba de esos tonos tan graves y cálidos que también son marca de la casa, las teclas se escuchaban de lujo, y la pareja de guitarristas iba ganando en coordinación. Tandas de ‘oes’ entre tema y tema elevaban el buen rollo… siempre que hubiese tiempo para ello, porque la anterior fue literalmente enlazada con Nothing to No One, poniéndose la cosa seria con los acelerados y rompedores blast beats de Joakim Strandberg-Nilsson, y esa grandísima actitud de Peter Lyse Karmark dándolo absolutamente todo apoyado en el monitor delantero. A Terminus (Where Death Is Most Alive) la recibimos con los puños en alto, con la misma expectación que se mantuvo desde la primera nota del concierto. Tal vez lo que privó al sonido de ser perfecto fue una pequeña falta de contundencia, pero a nivel de equilibrio entre los instrumentos, no se pudo poner ningún ‘pero’. A mí me pareció una delicia, de lo mejorcito de todo el festival.

Los crujidos de las guitarras se escuchaban de maravilla, tal como brillaban los distintos registros de Stanne, o los bajos nos llegaban en su justa medida. Todo ello sobresalió, tanto en el anterior tema, como en el siguiente Not Nothing. En particular, el feeling de Mikael Stanne en esos registros más góticos, en cómo se movía y gesticulaba, fue estratosférico, y todo empastó perfectamente con las notas limpias con las que abría Johan. Incluso el batería se levantaba de su taburete, al final de la canción, para saludar y agradecer la bienvenida que les estábamos dando. Como premio (o porque les dio la real gana), llegaba uno de los grandes momentos con Punish My Heaven. O lo que es lo mismo, pura adrenalina desbocada entre la peña, Mikael dejándose las amígdalas de un lado a otro, y Peter marcándose un mano a mano con Johan, estampándonos esa muralla sónica formada por sus guitarras. Un temazo que merece estar entre los mejores de la historia del Death melódico, y que no podía faltar aquella tarde. Tarde que, por cierto, ya se iba transformando en noche cuando les llegó el turno a las alucinantes melodías de Phantom Days, que encajaron de lujo con el momento. Una vez más, la actuación de ambos guitarristas, entre idas, venidas y juntadas, fue impecable.

Cuando Mikael trató de dedicarnos unas palabras, no le dejamos apenas ni hablar entre gritos, pitidos y oes por doquier, tal era el entusiasmo con el que estábamos viviendo aquello. Y la emoción no descendió precisamente con Lost to Apathy. Con la batería y los bajos metiendo la directa, y Johan paseando (y pateando) por el escenario, el estribillo retumbó en todo el recinto con nuestra colaboración, otra inequívoca muestra de las increíbles vibraciones que se generaron en aquel concierto. Turno de Peter para abrir con el cabalgante y poderoso riff de ThereIn, donde la banda surcó todos sus registros, cambios rítmicos y facetas musicales, en otro corte que nunca, jamás debería faltar en los repertorios. La voz de Stanne no ha perdido ni un ápice de su magia con el tiempo, por lo que la interpretación fue brillante de todas, todas. La vertiente más bestia la pusieron Joakim con sus mamporrazos a los parches, y esos puñetazos que Johan propinaba a su guitarra. Por su parte, Christian Jansson al bajo se presentaba bastante inquieto, cambiando posiciones con sus compañeros en el ya último tema, que correspondió a Misery's Crown, coronado (y nunca mejor dicho), por esas elegantes armonías entre Johan y Peter.

Elegancia, pura y dura, es lo de Dark Tranquillity, ejemplo perfecto y difícilmente superable de que la tralla no tiene por qué estar reñida con la etiqueta negra, y que no hacen falta musculitos, mascaritas ni rabietas de crío, sino talento a raudales y equilibrio compositivo, para llegar a ese límite de perfección del que, en ese sentido, la banda sueca es uno de sus máximos exponentes. ¡¡Bocato di cardinale, señores!! Ojalá vuelvan pronto a visitarnos… y que no nos falten nunca.

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Injector:

Hice lo que pude, pero con los 20 minutos de solapamiento, y el pateo, no llegué a ver más que las cuatro últimas canciones de Injector. Ahora bien… ojo, porque posiblemente fueron unos de los 30 minutos más intensos del festival. Con esta gente, ya se sabe lo que toca: muerte y aniquilación a destajo. Desde que mi colega Juanma me recomendó escuchar el “Black Genesis”, han llovido un porrón de años, pero aquel primer trabajo me suscitó ya un gran respeto por ellos, y desde entonces, no he dejado de seguir sus pasos, escuchar cada discazo, y verles en directo siempre que he podido. Sin duda, una de las bandas de Thrash más grandes, potentes y perseverantes que han existido nunca en este país, y eso es mucho decir cuando en nuestra escena existen tan grandes exponentes. Sus directos se pueden definir como una avalancha de hostias sonoras que acaban dejándote para el arrastre, y desde luego, no fue para menos esta vez. Tal como entraba en la carpa, y saludaba a mis amigos Pablo, Àngela, Popi, Aitor, Guillermo, Cristina, Manu… etc., me empapaba ya de ese torbellino mortífero que desataban con Path of the Wrathgod.

Lamenté no haber llegado un pelín antes para reventarme el cuello con ese cover de Metallica, el Hit the Lights, que me comentaron que hicieron, pero desde luego, esto no tenía nada que envidiarle. Tanto peña como banda estaban en el momento cumbre de la acción y el desfase, y ahí arriba, podíamos ver al bajista Mafy hecho un verdadero descontrol, dando vueltas, saltando y agachándose. Sus compañeros, que no le iban a la zaga, se ensañaban con un constante headbanging con cada riff. El sonido me pareció relativamente bueno, pero algo saturado, incluyendo alguna especie de interferencia que percibía de fondo. Aun así, más que aprobado tratándose de la carpa. Presentaba Dani, a grito pelao, esa Warning Blast, sin salir de ese joyón de disco que es su último “Endless Scorn” con el que, al menos en mi opinión, han destrozado todos sus límites en casi todos los sentidos: producción, tralla, composición, estilo y personalidad… Una gozada ver a Danny machacar esos riffs y esos vertiginosos solos sin que se le viese la cara en todo el tema, así como presenciar los alardes de la mala bestia que actualmente tienen por batería, el indomable Juanjo Ruiz, que hizo temblar la carpa con cada mamporrazo. No faltó una mirada a su primer álbum, mi querido “Black Genesis”, para representar el tema que lo abría (Enemy of the Sun), y tampoco aquí hubo un solo gramo de piedad con nuestros maltrechos tímpanos.

La chulería de Dani, y la macarrería absoluta de Mafy, llenaban el escenario a zancadas, doblando el lomo, arrodillándose y desenvolviéndose con una naturalidad pasmosa, mientras sus cuerdas estaban al borde del incendio. El salvaje grito final del vocalista fue sucedido por una serie de gritos con el nombre del grupo por bandera, y es que aquello estaba siendo una puta locura. El cartucho final se llamó Dreadnought Race, y lo dispararon a toda hostia. El doble pedal de Juanjo atronaba que daba gusto, Danny se recorría todo el mástil de su guitarra, y el frontman se ponía a saltar antes del envite definitivo, encabronando todavía más al personal en aquella batalla a muerte. La contundencia y velocidad que alcanzó el tema fueron difícilmente explicables, y no les íbamos a dejar marchar sin vitorear su nombre alto y claro por última vez. Grandes Injector, pero de verdad. Confío en que su recentísima gira por México haya sido un exitazo rotundo, que sigan prodigándose tal como lo llevan haciendo hasta ahora por carteles y salas de todo tipo, y que nunca les falte esa brutal energía que tanto y tan bien saben transmitir.

Lo dicho, siento no haber podido verles el show entero, ni por lo tanto poder emitir una valoración completa, ya que Dark Tranquillity era uno de mis objetivos prioritarios del festival, y con los horarios… ya se sabe… pero espero que estas insuficientes líneas hayan servido para haceros una idea a quienes no estuvisteis.

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EVO:

Veinticinco minutitos restaban hasta que empezase el siguiente de la lista, los heavymetaleros clásicos EVO, nombre que evoca muchos recuerdos, especialmente a los más talluditos del lugar, y cuya música y trayectoria nos llevan de vuelta a ese estilo predominante, y actualmente casi desaparecido, de los primeros Leyendas del Rock. De hecho, sin ir más lejos, fue en este festival donde les vi por primera y única vez, en la edición 2010, aunque muchísimas cosas hayan cambiado desde entonces. Aquello fue un bienintencionado, muy ilusionado, pero fallido intento de regresar a la palestra, incluso con disco de por medio (“Puta pasta”), pero una formación completamente alejada de la original, de la cual solo se mantenía, si no me equivoco, el vocalista Stimula y el bajista Zippy, que pronto se desvinculó. La cosa acabó cayendo en saco roto, y la prematura desbandada nos dejó a todos con la miel en los labios. A mí, sobre todo, recordando aquel gran concierto que dieron en San Javier. Hace solo unos pocos años, para sorpresa de muchos, el nombre de EVO volvió a resurgir con fuerza, pero esta vez, algo así como a la inversa, con gran parte de los músicos supervivientes de la primera etapa, pero sin Stimula.

Quien actualmente tiene el durísimo papel de sustituir a alguien que fue la imagen misma de EVO, y parte importante de su carisma, es César Serrano, un cantante que ya ha demostrado su valía en los singles Maloik y Aun así lucharé, y que esta vez tendría que corroborarla frente al público del Leyendas. Respecto a lo de llegar solamente a los tres últimos temas del concierto… la verdad es que no tengo excusa. Fui a tomar algo rápido al campamento base, y cuando me quise dar cuenta, el show ya iba por más de la mitad. Aun así hice acopio de ánimos, me acerqué a toda prisa, y llegué (creo) en los últimos compases de ¿Quién apretó el botón? Y digo creo… porque para mi desgracia, y la de todos los que estábamos allí, el sonido era horrible con malicia. Una vez más, el escenario pequeño haciendo de las suyas, y echando por los suelos una actuación que, seguramente, mereció y moló mucho más de lo que pude ver yo. Ya más que comprobada la gran capacidad de agudos y rango de César Serrano, que nos brindó un buen alarido al final, entraban a piñón con Sangre y Metal, puro sabor a Heavy Metal clásico directamente extraído de su “Duración de lo eterno”, y que fue regrabada en 2011 para su, de momento, último LP.

El mismo cantante fue el encargado de poner el punto teatral a la noche, y salía al escenario con una máscara de macho cabrío, guiño indiscutible a la correspondiente portada. Las ganas de headbanging seguían bien firmes, con Zippy agitando su melena y el mástil de su bajo al mismo tiempo, bastante activo, paseando de un lado a otro entre sus compañeros, Richard y Pol Barja, que daban buena cuenta de sus seis cuerdas. El momento que muchos esperábamos, con la gran máscara insignia del grupo haciendo acto de presencia, llegó a continuación, y precisamente fue con Animal de Ciudad con la que clausuraron el setlist. Zippy y Richard formaban piña, marcándose sus punteos, al tiempo que Ramon Solà (otro mítico nombre de la formación) no daba tregua a los parches. Los ánimos subían de golpe con la llegada del estribillo, que fue cantado a pleno pulmón y manos en alto por todos los presentes, para alegría y motivación de los músicos.

Sin atreverme ni por asomo a hacer una valoración plena, lo que vi me pareció más que correcto y disfrutable, grandes himnos del ayer interpretados por músicos que sabían muy bien de qué va el rollo, entregados y talentosos… pero el insufrible sonido, algo que para mí es de crucial importancia, dio al traste con las buenas sensaciones que, de otra forma, podría haberme dejado este fragmento de concierto.

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Arch Enemy:

De nuevo a causa del solapamiento, llegué un poco tarde a verles, aunque en verdad, solo debí perderme como dos o tres temas. Arch Enemy, por merecimiento propio, se convierten en uno de los pesos pesados allá donde figure su nombre. Su directo nunca fue para tomárselo a broma, y en esta ocasión, además, nos ofrecieron uno de los montajes y escenografías más espectaculares de cuantos les he visto. Con un volumen absolutamente devastador que ya se escuchaba fortísimo desde lejos, arrancaba War Eternal, y la cosa estaba que ardía ya, con muchas manos en el aire gritando repetidamente, y columnas de fuego brotando del escenario. Aceleré el paso hasta llegar a una buena posición sin agobios, perfecta para poder batirme el cuello viendo de lujo el show, sin molestar ni ser molestado, suficiente para que me retumbaran en el pecho los mazazos del descomunal Daniel Erlandsson, y los riffs del no menos grande Michael Amott, figuras clave en la historia de la banda. La guitarra de este último sonaba con una potencia y claridad increíbles en Blood Dinasty, pero lo que más atención atrajo, sin duda, fueron los movimientos, berridos y conteneos de Lauren Hart, con quien me encontré frente a frente por primera vez. Su entrada ha supuesto el inicio de la cuarta etapa de la banda, si atendemos a l@s vocalistas que han pasado por su seno. Completamente embutida en látex, y luciendo unas curvas de infarto, de primeras me encajó a la perfección por tono y actitud.

Los fogonazos seguían caldeando el ambiente, y la frontwoman continuaba dándolo todo, incluso en las partes más sosegadas de My Apocalypse, uno de los grandes cortes de este primer tramo. Hablaba, se auto-presentaba y nos animaba, cuando unos oes de nuestra parte le devolvieron el gesto. El tema más reciente que han grabado hasta ahora, To the Last Breath metió una cera de mil demonios, dirigida por la contundencia en las baterías de Erlandsson (¡menuda esa dosis de blast beats!) y, cómo no, la estelar figura de Sharlee D'Angelo. Sus dibujos me fliparon en ciertas partes, y nos llegaban muy claros y definidos mientras se adelantaba a primera línea durante Under Black Flags We March, siempre tan apasionado e inquieto. Haciendo referencia al propio título, Lauren no dejó de ondear una bandera mientras cantaba y se retorcía, provocando al personal, y levantando mucho ruido desde abajo. Demostró dominar con soltura cuantos registros fueron necesarios en The Eagle Flies Alone, pasando de los growls más cavernosos a los alaridos más estremecedores. Con una precisión quirúrgica en cada nota, Joey Concepcion y Michael Amott se adueñaban de esa recta final del tema, durante la cual (imagino que de forma intencionada), el escenario quedó completamente a oscuras. Una sorpresa, y un privilegio, poder disfrutar de algo como Bury me an Angel, primer tema de su primer larga duración “Black Earth”, todavía con Johan Liiva al frente.

Un corte que disfruté muchísimo, y que me hizo echar de menos esos inicios en donde las melodías y la caña burra todavía estaban más a la par. Lauren desplegó toda su ira y sus mejores dotes escénicas, y aunque para alguno no llegó a dar la talla al mismo nivel que sus predecesoras, creo que muchos quedamos encantados con sus habilidades y su actuación. De hecho, daba la impresión de llevar mucho más de un año en la banda. En cualquier caso, no se cortaba un pelo a la hora de acercarse al borde del escenario y desafiar con mucha mala leche, tal como hizo en No Gods, No Masters, que nos trajo uno de los estribillos más coreados / gritados. Mástil en alto, Joey Concepcion daba cancha a ese frenético solo, al tiempo que Lauren se marcaba unos saltos, y poco a poco, de forma medida, todos acabaron acercándose a nosotros en fila. Eran gestos como este los que eliminaban barreras entre la banda y un público ya completamente inmerso, que sudaba la gota gorda con cada nuevo envite. El próximo, Dead Bury Their Dead, entró con una violencia inusitada, con alaridos muy extremos y destilando técnica en esos vaivenes de intensidad perfectamente modulados. Sharlee D'Angelo se paseaba con muchísima seguridad y talante, regodeándose con la contundencia con la que sonaba su instrumento, y demostrando una técnica deliciosa, de las que llegan a absorber toda tu atención.

Un bajista tan polivalente, que igual que te toca Death melódico, se pasa al AOR (The Night Flight Orchestra) cuando le viene en gana. De cara al final, como cabía esperar, fueron ya con todo, empezando con esa cabreada Blood on Your Hands y la locura que armaron ambos guitarristas, y continuando con otro de sus grandes temas insignia, nada menos que We Will Rise, envuelta en las oscuras luces verdes que alumbraban el escenario. Qué decir… imposible no dejarse las cuerdas vocales y las vértebras con ella. Sobresalieron de nuevo los bajos y ese solo a mástil levantado que nos dedicó Joey en nuestras narices antes de desaparecer temporalmente del escenario. Segundos después, la figura de Michael Amott se acercaba en solitario con una sorpresa ‘bajo el brazo’, un arranque inesperado con los esos punteos rebosantes de feeling de Snow Bound. Aprovechó la ocasión para hacer un pequeño juego con los espectadores (al más puro estilo Joey DeMaio), y terminó el tema con la banda al completo ya de vuelta al ruedo. Solo quedaba una bala en la recámara, pero tratándose de la avasallante Némesis, estaba claro que no iban a dejar piedra sobre piedra. Por si fuera poco, el espectáculo llegó aquí a su punto álgido, con llamaradas y globos surcando el cielo, mientras la peña se reventaba la cara en el enorme circle pit. Los coreos masivos acompañaron la recta final tras la presentación de los músicos, que no dejaron pasar la ocasión de lucirse por última vez.

Tremendo conciertazo, y mi personal aprobación con nota para Lauren Hart, que se comportó como una auténtica fiera, en lo vocal y en lo escénico, de principio a final. Tal vez le falte ganar un poco de personalidad para destacar como lo hicieron Angela y Alissa, pero estoy seguro de que eso es algo que le otorgará el tiempo y la experiencia junto a Amott y compañía. De momento, salimos de allí con el cuello ardiendo, y eso siempre es una buena señal. Sí, a muchos nos habría gustado escuchar más mandanga del “Anthems of Rebellion” o ese “Burning Bridges” que omitieron por completo. Asimismo, eché de menos algunas de anteriores giras, como Diva Satanica, Dead Eyes See No Future o Rise of the Tyrant, pero en conjunto, me pareció un show formidable y compacto, petadísimo de actitud, agresividad, técnica y unos añadidos escénicos que pusieron la guinda al pastel.

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Echando un vistazo rápido a lo que quedaba de día… poco que ver ya. Ni Dartagnan ni Bolu2 Death son para mí, a Celtibeerian les quedaban 10 minutos, y Lèpoka no me entusiasman ni de lejos como para haber esperado una hora y media. Ya que en general los carteles de los últimos Leyendas me resultan bastante flojetes (con honrosas excepciones, claro está), por lo menos dan pie a un mayor descanso. Habrá que mirar también la parte positiva, ¿no?

El Antro del Metal - Leyendas del Rock 2026 - JaviMetal, Tere y Kurro


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