domingo, 16 de agosto de 2026

Modernos del Core 2026 (Leyendas del Rock 2026, sábado 08-08-2026, Polideportivo Municipal de Villena)

El Antro del Metal - Leyendas del Rock 2026 - Helloween portada

Encarando el último tramo del Leyendas del Rock 2026, aquel mediodía (sobre las 13:00, que abrí los ojos), tenía más ganas que fuerzas de continuar, y por otro lado, este era el día que menos me motivaba de todos por la mayor presencia de bandas modernas, a las que no pensaba ver ni en pintura. No tenía expectativas de quedarme hasta el final, y tan solo 3 bandas imprescindibles estaban marcadas en mi running order personal, algo que nunca me había sucedido en ningún otro Leyendas. Aquella tarde, me plantaba en la zona de acampada sobre las 18:00, habiendo quedado previamente con mi amiga Inma para echar unos refrigerios bajo el toldo y recuperar ánimos fuese como fuese. Las temperaturas eran absolutamente implacables bajo el sol, y posiblemente, esta fue la jornada donde más sufrimos en ese aspecto. Por suerte, si hay algo insuperable en el Leyendas (y no me canso de repetirlo todos los años), es la orientación de los escenarios, que a aquello de las 18:00 de la tarde ya han tapado por completo el sol, a diferencia de otros festivales veraniegos como el Barcelona Rock Fest o el Rock Imperium en los que tienes que padecerlo hasta el anochecer. Pronto se apuntó más peña a hacer ‘la previa’ hasta que dieron las 19:00, hora en la que fuimos levantando el culo para ver la que para mí era una de las formaciones más atractivas de la oferta, las leyendas americanas del Death Metal Deicide. La cosa empezó tarde, pero muy fuerte. Un día corto, pero también muy intenso en cuanto a sensaciones, con una buena dosis de Hard Rock de la mano de Hardline y el que para mí fue, rotundamente, el mejor concierto de todo el festival ante una de las grandes bandas de mi vida: Helloween.

Deicide:

Oscuros efluvios emanaban del escenario, engalanado con un gigantesco telón de fondo con el nombre de la banda y, poco después, con los músicos ya tomando sus posiciones. No se anduvieron con presentaciones ni gaitas, y arremetieron de la forma más salvaje posible con When Satan Rules His World, que nos dejó, por primera vez, esa más que reconocible imagen del colosal Glen Benton lanzando alaridos, aferrado a su bajo, y retorciendo sus ojos hacia arriba con semblante muy diabólico. Las primeras sesiones de blast beats comenzaron a dar forma al que, sin duda, sería el concierto más brutal que vi en todo el festival, en el sentido más amplio del adjetivo. No cesaron esos golpes rapidísimos a cargo de Steve Asheim en Bastard of Christ, figura que acabó siendo una de las más destacadas en todo el show. Los desgarradores gritos de Glen iban ganando en profundidad y maldad, llegando a uno de sus puntos culminantes en la profundamente blasfema Behead the Prophet (No Lord Shall Live), sonando ese solo de Jadran "Conan" Gonzalez (que es la última incorporación a la banda, miembro oficial desde 2025) a toda pastilla para descerrajarnos los oídos sin ningún tipo de piedad.

Tanta bestialidad no tardó en formar un enorme remolino de gente, que se batía las costillas cada vez con más fiereza, alimentando el clima de destrucción total que estábamos viviendo. Un clasicote imprescindible, como es Once Upon a Cross, con cambios rítmicos a saco, y perfectamente ejecutados, nos dejó con el impenetrable muro de guitarras infernales de Sacrificial Suicide, y precisamente, Taylor Nordberg y Jadran se liaban a meter molinillos de forma simultánea. Taylor, puño en alto, nos provocaba para que lanzásemos gritos, echándole aún más leña a un fuego que ya de por sí estaba más que encendido. Holy Deception hizo gala de un doble bombo avasallador, de los que parece que te va empujando hacia atrás, y las cosas estaban tan candentes entre el público, que incluso llegamos a ver algún crowdsurfing sobre las cabezas de los espectadores en primera fila. Y no cesaban, ni daban la más mínima tregua. Comunicación prácticamente nula, eso sí, pero no cabía esperar mucho más tratándose de una personalidad tan controvertida como la del satanista extremo Glen Benton.

Afortunadamente, sigue vivito y coleando (ya sabéis por qué lo digo, jeje), y no solo eso, sino que su voz no ha perdido un ápice de fuerza ni capacidad a día de hoy, lo cual, después de cerca de 40 años berreando, es muy loable. Quizá ya no sea la fiera asesina e intimidante de antaño, pero desde luego, demuestra concierto a concierto que está en una forma envidiable, erigiéndose uno de los grandes frontman de la historia del Death Metal. Continuemos con el show, que queda aún mucha mandanga fina. Serpents of the Light protagonizó (y eso ya es mucho decir), uno de los momentos más burracos del concierto, gracias a unos blast beats completamente desbocados. El guitarrista Taylor Nordberg se pasó todo el rato con la melena cubriendo su rostro, y Glen no mostró compasión con sus cuerdas a la hora de aporrearlas, impresionándome con sus rapidísimos punteos. Nuestros cuellos ya iban suplicando piedad, pero no podíamos parar, ni aunque lo intentásemos, ante la llegada de Satan Spawn, the Caco-Daemon. Aquí, más que en cualquier otro momento incluso, he de alabar el increíble currazo de Steve Asheim, clavando unas estructuras bastante complejas, ostentando una pegada demoledora, y ejecutando los cambios rítmicos de forma pulcra y sin despeinarse. Viéndole tocar por pantalla, donde se apreciaba más al detalle, parecía hacer fácil lo difícil.

Casi lo mismo se puede decir de They Are the Children of the Underworld. Sus secciones rítmicas, repartidas entre Steve y Glen, fue una de las más poderosas y al mismo tiempo, bien plasmadas en la parte técnica. Guitarras a 100 km/hora, series alternas de blast beats y muchos cambios de registro, fueron las partes más destacadas de Scars Of The Crucifix, en donde Glen volvió a desgañitarse a gusto con unos guturales de locura. Sin parar, empalmando un tema tras otro, el fin se acercaba, pero lo capearon con total intensidad, por ejemplo, la que destiló Dead by Dawn, otra tan infalible como imprescindible. Brutalidad pura y dura con esos fulgurantes compases de Steve, y en esta ocasión, Taylor haciendo también los coros. Saliéndose de madre ya, Homage for Satan, como no podía ser de otro modo, fue la culminación perfecta. El headbanging y movimiento entre el respetable era continuo, mezclándose con los destructivos moshpits que se formaban aquí y allá. Ante la mirada amenazante de Glen Benton desde delante del escenario, y sus gruñidos animales ultra-graves, dimos todo lo que nos quedaba en el cuerpo.

El Antro del Metal - Leyendas del Rock 2026 - Deicide 01El Antro del Metal - Leyendas del Rock 2026 - Deicide 02El Antro del Metal - Leyendas del Rock 2026 - Deicide 03

En este cuarto y último día de Leyendas, tenía que tener el cerebro y el oído predispuesto a cambios estilísticos muy radicales entre mis escasos intereses del cartel. Así, tras una buena paliza de Death Metal (puro, verdadero, no esa bazofia de dilataciones y mascaritas para niños que nos quieren vender como tal), quedé con mis colegas paisanos para desmontar todo el tinglado del camping con vistas a pirarnos rápidamente a casa tan pronto terminase todo lo que nos gustaba. Ahora, tocaba una buena sesión de Hard Rock, y del bueno, con una banda mítica como Hardline.

Hardline:

Para comenzar, me veo obligado a insistir en la terrible injusticia que se cometió con los italo-americanos, al hacerles tocar en el escenario pequeño. A sabiendas de que cualquier espacio se les queda pequeño con los conciertazos que se marcan, estaba claro que tendrían que hacer lo que buenamente pudieran en el limitado escenario bajo la carpa. Básicamente, el setlist que descargaron quedó repartido entre su recentísimo trabajo “Shout”, y por supuesto, cortes de la obra que les hizo grandes, el “Double Eclipse”, con tan solo una excepción.

Concretamente, la primera en caer de aquella tarde / noche fue Shout, a la que llegué ya comenzada debido a encuentros con unos colegas por el camino. Todo lo que abarcaba el recinto estaba completamente abarrotado, por lo que tuve que ir ganando posiciones poco a poco, pero sin quitar ojo a la banda que ya mostraba una energía arrolladora, completamente decididos a conquistar. El grandísimo Johnn y Gioeli, bestia imparable donde las haya sobre un escenario, y uno de los mejores y más carismáticos frontman que ha dado la historia del Hard Rock, dejaba claro desde un primer momento de qué pasta estaba hecho, corriendo maratones de lado a lado, conectando con sus compañeros, y poniendo muchísimo énfasis en cada fraseo, como sucedió en Rise Up y esos gritos iniciales de ‘do you fuckin’ hear me!!!’. Sin dejar de apoyarles con palmas, y totalmente contagiados por su tremenda elocuencia escénica, nos íbamos entregando a ellos sin remisión. La bajista Anna Portalupi, pura actitud, cabeceaba y se abría de piernas al dar sus notas, y el batería Marco Di Salvia, posiblemente el músico más salvaje que ha pasado por la formación, propinaba unos mamporrazos imponentes a sus parches. Hard Rock melódico, pero que no renuncia a la caña y la contundencia.

No es una banda especialmente difícil de ver en nuestro país (entre otras cosas, porque ahora son mucho más italianos que americanos), pero esta ocasión fue verdaderamente especial, algo así como una redención. Seis años han tenido que pasar, con dos cancelaciones de por medio, para que finalmente hayamos tenido el privilegio de verles en el Leyendas del Rock… aunque sea en el escenario pequeño. Por suerte, su sonido fue bastante decente, no perfecto, pero de lo mejor que escuché allí en todo el festival, gracias a su competente técnico. Y qué mejor celebración de este hecho, que cantar a pleno pulmón esa fantástica Dr. Love, primer gran clásico del show. El no menos destacado Luca Princiotta se encargó de que su inicio sonase, con todo lujo de detalles, igual que el del disco. Por su parte, a Anna se le veía comodísima, muy suelta, balanceándose y girando sobre sí misma cuando iba de un lado para otro. El encaramiento entre estos dos últimos durante el solo, precedió al absoluto desmelene de Johnny, que se estaba dejando la piel hasta sus últimas consecuencias. Tampoco podemos olvidar a Alessandro Del Vecchio (el hombre de las mil y una bandas), pieza fundamental en el sonido de los actuales Hardline, que trató de comunicarse con nosotros chapurreando español, y levantando el consiguiente griterío.

Johnny cogió el testigo del micro para recordar a ‘ciertos jovenzuelos poco conocidos llamados Scorpions’, jeje. Con ello, estaba claro que la siguiente sería When You Came Into My Life, un cover de los dinosaurios alemanes que supieron llevar perfectamente a su terreno en el último disco. Lentita y agradable, y con el escenario cubierto de tonos azules, fue sin duda el momento más íntimo del show, y también uno de los que mejor sonó (al menos, desde donde yo estaba). El cantante americano le ponía un feeling desde las tripas, y no solo al cantar, sino al agacharse, al gesticular, y en general, al mostrarse muy inquieto. Su potencia vocal, aunque no haga falta ni decirlo, sigue siendo pasmosa. Danger Zone fue la única representante del disco homónimo de 2012, del que por cierto, eché mucho de menos cortes como Stronger Than Me y sobre todo Fever Dreams. Las palmas volvían a formar parte del espectáculo, movidas por un J. Gioeli que no paraba de atraernos hacia él, mostrándose muy cercano en todo momento. Alessandro, además de sus melódicas bases y solos de teclado (que en este caso, destacaron mucho), ponía también los coros.

Unas armonías que fueron completamente reventadas, en el mejor de los sentidos, por las ansias destructoras del batería Marco Di Salvia… ¡pero qué puto animal! Siempre recordaré el siguiente discurso de Johnny. ‘Cuándo os levantéis muertos de sueño para ir a trabajar, cuando penséis que no podéis más con la vida’, acordaos y pensad en MÍ. Así de motivador y entrañable sonaba el cantante, antes de arrancar con Life’s a Bitch, otro clásico imprescindible. Luca y Anna volvían a enfrentarse en el centro del escenario, demostrando su gran compenetración y buen rollo ante esos redobles potentes de transición entre estrofa y estrofa que tanto me gustaron. No tardamos ni dos notas seguidas en reconocer esa versión de Danny Spanos, ese gran HIT que con el tiempo han hecho suyo. Hot Cherie levantó emociones inmediatas y desató el frenesí generalizado. Los cánticos fueron de extremo a extremo de la carpa fueron tan apasionados como esas carreras y zancazos que, sudando la camiseta al límite, nos regalaba el frontman. Si las teclas de Alessandro tuvieron mucho peso en el inicio, no menos importante fue ese solo de Princiotta zarandeando el mástil.

Con el punto de ebullición ya alcanzado, solo unos minutos nos separaban del final, pero nunca mejor aprovechados que con ese temaaaaazo que es Rhythm From a Red Car, y además, empalmado con el anterior. Marco no se conformaba con tocar como un auténtico martillo pilón, sino que además, ejecutaba molinos con la melena sobre la marcha. Un tema muy, muy difícil para el cantante, que sorteó con astucia las partes más altas tirando de líneas armónicas. Al tiempo que les apoyábamos con nuestras palmas, también hubo espacio para el buen humor cuando Johnny presentó a su banda, bromeando, y dando la ocasión de lucirse a cada uno de los músicos por separado. De ahí, hasta el final, todo sonó como un tiro, potente y rocanrolero a tope. La gran ovación que les dedicamos, fue la muestra más sincera de lo bien que lo habíamos pasado, tanto con los clásicos como con los nuevos temas, y por su parte, Johnny, Anna, Luca, Marco y Del Vecchio, se despidieron con su mejor sonrisa.

El Antro del Metal - Leyendas del Rock 2026 - Hardline 01El Antro del Metal - Leyendas del Rock 2026 - Hardline 02El Antro del Metal - Leyendas del Rock 2026 - Hardline 03

A estas alturas del festival, me encontraba bastante aplastado por el cansancio. Con el dolor de cuello y de pies acumulados, empezaba a dudar seriamente sobre quedarme hasta el final del horario. A continuación, me hacía falta algo extremadamente motivador, festivo y que me despertara fuertes emociones, y por fortuna, Helloween cumplían todos esos requisitos. Como he dicho antes, los alemanes son una de las GRANDES bandas de toda mi vida, una de las primeras que escuché dentro del Heavy Metal cuando era un mocoso, y desde luego, de lo más imprescindible para mí de todo el Leyendas. Les he visto ya en más de una docena de ocasiones, jamás me han decepcionado, y eso era justo lo que esperaba de este concierto, pero ni con mis mejores expectativas por delante, hubiese imaginado algo así. Helloween dieron, bajo mi punto de vista, el mejor concierto de todo el festival, y uno de los mejores que he presenciado jamás, con un montaje masivo, a la altura de los grandes titanes del género (aunque para mí, ellos siempre estuvieron entre ellos), un sonido prácticamente perfecto, y una actuación y setlist que quedarán grabados en mi memoria para siempre. Había muchísima gente esperando su salida, en el que fue probablemente uno de los conciertos más concurridos de esta edición 2026.

Helloween:

Un enorme telón cubría el escenario con la imagen de nuestra querida calabaza, y sonaba como intro (curiosa elección) Let Me Entertain You de Robbie Williams. La gente se impacientaba. Las ganas eran ya incontenibles. Entonces, cayó el telón, y la gigantesca pantalla que cubría toda la parte trasera del escenario nos fue conduciendo por un árido páramo en donde iban cayendo las portadas de los discos de toda su carrera. Al mismo tiempo, ya se iba formando la melodía del primer tema mientras un ‘tic tac’ descontaba los segundos. Ese primer tema fue, nada menos que March of Time. Y, ¿sabéis cuando una canción que amas con locura, pero con la que no contabas en ese momento, suena de repente y te salta todos los fusibles? Pues eso fue justo lo que me pasó a mí. No solo fue esa implosión interna de nostalgia que sentí, ni el hecho de que su melodía se filtrara por cada poro de mi piel. También fue ese puto momentazo en el que los siete músicos se desplegaban por toda la enormidad del escenario, la perfecta alternancia de voces entre Michael Kiske y Andi Deris, el primer solo de la noche, del que se encargó el PADRE Kai Hansen… De repente, como por arte de magia, ya no había cansancio, solo un brote incontrolable de alegría y pasión que casi me vuelve loco en esos primeros minutos, y que se mantuvo intacto hasta la última nota del concierto.

Se me ponen los pelos de punta solo de recordarlo. Tras unos instantes de oscuridad y silencio, el mismísimo Guardián de las Siete llaves aparecía por pantalla para guiarnos por este extraño y divertido camino que teníamos por delante. Lo siguiente, fue una señal de que íbamos a encontrarnos muchas sorpresas en el setlist, junto a los temas más habituales. Si no recuerdo mal, desde la gira de aquel mejorable “Keeper of the Seven Keys - The Legacy” no veía The King for a 1000 Years. Y no es que sea mi tema favorito, pero lo inesperado de su aparición fue otra subida de ánimos inmediata. 14 minutos ininterrumpidos de estribillos jubilosos, mucha colaboración del público, cambios de posiciones y espectáculo con mayúsculas. Kai Hansen, Markus Grosskopf, y Sascha Gerstner con ese estilazo inconfundible, ocupaban la parte baja del escenario (que contaba con dos alturas), sonrientes, e incitándonos a dejarnos las cuerdas vocales. Con poca luz, quedaban solos esos dos grandes amigos que siempre fueron Kai Hansen y Michael Kiske, nos ponían a saltar con las primeras notas del célebre clásico In the Hall of the Mountain King de Edvard Grieg, y arrancaban de forma inesperadamente temprana con Future World. Así, sin vaselina, y lanzando miles de serpentinas de colores por el cielo. Entre las siempre agradecidas figuras de bajo de Markus, y las entusiasmadas palmas de Hansen nos dedicaba, Kiske afrontó, y superó con nota, su primer gran reto de la noche.

Su voz se encontraba fuerte y a la altura del que siempre fue considerado como uno de los mejores cantantes del mundo. Durante el trozo en el que Dani Löble, a lomos de su batería con cuatro (sí, cuatro) bombos cogía el protagonismo, repetimos a capela una y otra vez el estribillo, que nos conduciría hasta This is Tokyo. Siendo sinceros, hasta el momento el ritmo no había sido del todo perfecto debido a algún paroncete de más, algún exceso a la hora de hacernos repetir estribillos, las partes cinemáticas (que a mí me fliparon, ojo) y este último tema que, siendo bueno, no me parece lo más representativo de un discazo como su último “Giants & Monsters”. Sin embargo, me gustó mucho más en directo gracias a las armonías vocales, que tan cristalinas nos llegaban, el montaje escénico, y el extra de energía que aportamos desde abajo. Ahora bien… nada comparado con lo que vino a continuación, para mí, el mejor tramo del show en cuanto a cambios en el repertorio. Salté, me dejé el cuello, y canté hasta ahogarme con We Burn, que llegó como una sorpresa descomunal, y con una potencia y volumen atronadores. Un subidón indescriptible, alimentado por esos fogonazos coordinados con el estribillo, y ese solaco a pachas entre Michael Weikath y Sascha Gerstner. ¿Cómo demonios podría superarse esto? Pues, ni más ni menos, que tocando un tema que recuperaron en vivo el año pasado tras (agüita…) 38 años sin tocarla. Y además, enlazada con la anterior.

Twilight of the Gods, una de mis canciones favoritas de toda la historia de Helloween, sonaba ante mi rotunda incredulidad y un fondo lleno de máquinas arcade, en un perfecto guiño a los 80. Ahí brilló con luz propia mi idolatrado Markus Grosskopf con sus dibujos en forma de punteos, y su siempre divertida actitud, sacando a ese niño que siempre lleva dentro cuando se sube al escenario. Armonías a tres guitarras, Kiske y Hansen haciendo turnos, un doble pedal fulminante… Aquello fue pura y simple felicidad. Pero preparaos, que no acabaron aquí las sorpresas. El Guardián volvía a manifestarse para darnos la bienvenida a la segunda parte del concierto. Y reanudarlo con Ride the Sky… fue una putísima barbaridad. A toda mecha, con la batería de Dani golpeándonos en el pecho, y Kai Hansen como único vocalista, fue un torbellino que nos arrastró a todos. Con una espectacular iluminación, y unas jocosas animaciones en pantalla, Kai y Weikath se marcaban un mano a mano en el solo. Por cierto, me encanta la expresión de este último, mala leche y buen humor al 50 / 50. Into the Sun, al contrario de lo dicho hasta ahora, quedó un tanto fuera de lugar. No es que sea mal tema en absoluto, y de hecho, las escenas del eclipse en pantalla tenían todo el sentido del mundo, pero Helloween tienen baladas muchísimo mejores, como Forever and One (Neverland), que sí eché un montón de menos.

Eso es algo que, teniendo en cuenta la impresionante discografía de la banda, siempre va a suceder, pero al final, es preferible valorar más lo inesperado que las ausencias. Y eso fue 100% aplicable a Hey Lord!, que para mí fue pura nostalgia y emoción. De repente, su triste melodía me agarró de la mano y se me llevó muy lejos, tanto en el tiempo como en el espacio, y fue una de esas que nadie salvo Andi Deris podría haber cantado, con unas formas y una voz que rozaron la perfección más absoluta. Con el tiempo se le ha valorado como cantante, eso es innegable, pero creo que nunca en su justa medida. Su habilidad vocal, su actitud, su elegancia y su saber estar en el escenario, para mí valen millones. La parte central fue ligeramente alargada, con Sascha y Weikath tocando mano a mano, mientras en la parte superior Markus y Kai balanceaban sus instrumentos. Simplemente… hechizadora. Volvía la caña, el doble bombo a piñón fijo, y los alardes vocales, esta vez de la mano de Kiske. Indiscutiblemente triunfal, Universe (Gravity for Hearts) fue la mejor elección de su “Giants & Monsters”, y la peña disfrutó encantadísima con ella. Dani Löble atacaba muy duro a sus parches, y para subir aún más la intensidad y teatralidad, Kiske acababa de rodillas dando hasta su último aliento.

El batería, ahora solo en el escenario, nos dio un auténtico repaso de su increíble habilidad y fiereza en un solo en el que también tuvimos voz, no demasiado largo, pero espectacular a todas luces, con figuras de baquetas, cambios abruptos e incluso gritos por su parte. Una auténtica bestia parda. I Want Out fue apuesta a caballo ganador, y nos la soltaron sin previo aviso. El Leyendas entero, todos y cada uno de los que estábamos allí, combustionamos de forma inmediata, formándose un auténtico festival de saltos y manos en alto. La felicidad y la euforia se respiraban en el ambiente. No introdujeron partes extra ni experimentos, simplemente fueron a gatillo de principio a fin, con voces compartidas entre Kai, Andi y Kiske, dejando esa parte central a cargo de Markus Grosskopf (de nuevo, brillante), y mientras Hansen se adelantaba a primea línea pidiendo palmas, miles de papelitos colorearon el cielo de Villena. Habían pasado ya tres cuartos de concierto, y para mí fueron solo cinco minutos, tan extasiado como me encontraba. Bajaban ahora el ritmo, pero nunca la intensidad emocional, con un fragmento acústico memorable. Sentados en sendos taburetes, Andi y Kiske se fueron pasando una guitarra, y mientras Kiske tocaba, Andi cantaba la preciosa In the Middle of a Heartbeat (¡de mi amado “Master of the Rings”!). Ahora a la inversa, tocando Andi y Kiske al micro, se marcaban el inicio de A Tale That Wasn’t Right, que culminó en formato eléctrico y con todos los músicos de vuelta en escena.

El ‘pelado’, por cierto, estuvo descomunal, y de hecho, en términos generales, pocas veces le he visto cantar como en este concierto, a sus 58 tacos. Tras unos juegos vocales entre Kai y sus fans, saltaban un poco más hacia atrás, hasta el “Walls of Jericho” del 1985, para ir a puto piñón con Heavy Metal (Is The Law), aderezadas con unas armonías de cuerdas geniales entre el PADRE y Weikath. El Heavy Metal es la ley, y siempre lo será por mucho moderneo barato que nos intenten inculcar. El Guardián de las Siete Llaves se dirigía a nosotros por última vez, y cuando ya casi nadie la esperaba, Halloween cayó como un auténtico bombazo nuclear. Pero, ¿qué puta locura de concierto es esta?, pensé para mis adentros. Miles y miles de voces al unísono, cantando puño en alto aquello de ‘masquerade! masquerade! grab your mask and don't be late!’… ¡¡increíble!! Los pelos de punta otra vez, y ya van unas cuantas. Sus trece minutos fueron todo un desparrame de ostentosidades escénicas y musicales, solos compartidos, unas voces de muchísimo nivel, correteos, imágenes flipantes en pantalla, y unas partes de bajo que fueron pura adrenalina. Al mismo tiempo, fue una prueba irrevocable de lo milimétricamente bien que funciona la banda, con una coordinación alucinante entre ellos, y un buen clima que se respira en el aire. Casi se habían cumplido ya las dos horas de concierto, y aún faltaban los bises, que si fuese por mí, hubiesen ocupado otra hora más como mínimo.

No podía faltar, por supuesto, Eagle Fly Free, una de las pruebas de fuego para Kiske. Y no solo se limitó al ‘aprobado raspado’, sino que nos dio una lección magistral de canto casi insuperable, con notas sostenidas, agudos sin problema, solidez y resistencia. A Markus Grosskopf se le vio disfrutar especialmente en ella, tirando de ese virtuosismo, soltura y técnica que siempre hicieron de él mi bajista favorito de todos los tiempos. No me creía ya capaz de segregar más serotonina, cuando Power me confirmó que estaba equivocado. Todo se disparó en ella de nuevo. Acojonante esa imagen de los tres guitarristas, Sascha, Weikath y Kai Hansen (este último con un gorrito de paja) formando fila, moviendo los mástiles, y tocando las armonías del tema, o la suprema elegancia y talento de Andi al hacerse cargo de las voces. El último empujón llegó con la siempre bienvenida Dr. Stein, y todo el mundo ahí, a cantar esa melodía tan alegre e infantiloide que nos encanta sin ningún tipo de complejos, acompañando a los dos cantantes que bailoteaban mientras grandes globos iban rebotando en nuestras cabezas. En verdad, no fue la última, y no se me ocurre mejor forma de ponerle lazo al regalo de concierto que nos habían brindado, que ese último estribillo de Keeper of the Seven Keys.

A tenor de lo visto, y sobre todo, a paertir de su gloriosa reunión en 2017... espero que se cuiden entre ellos, que mantengan ese feeling de cercanía y buen rollo que desprenden sobre el escenario, y que sean conscientes de la inmensa alegría que esta formación, y estos increíbles conciertos, logran transmitirnos a los fans de toda la vida. Gracias… MIL GRACIAS por esto, Helloween.

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Y a ti, lector/a, mil gracias también si has aguantado el tochazo … pero ante un concierto tan abrumadoramente especial, no quería omitir detalle, ni técnico, ni escénico, ni emocional, a la hora de narrar el que fue uno de los tres mejores conciertos que he disfrutado en lo que va de año.

Con esto, el pescado estaba prácticamente vendido. Fue algo tan inmenso, tan superior e inalcanzable… que cualquier cosa a continuación hubiese sabido a muy poco. De momento, me arrastré hasta nuestro querido sofá en la zona de acampada, a echar una última cerveza con mis colegas Kurro, Tere, Ramón, Dani, y también Guaita y Censi, vecinos de acampada, e inestimable compañía en los descansos del festival. Tras un buen rato de cháchara, yo ya no podía con mis huesos, y di definitivamente por terminado este Leyendas del Rock 2026.

Una edición a la que acudí de rebote, y que batió el record por ser la que menos conciertos he visto, y no por desgana, ni siquiera por cansancio, sino por bajo interés que me suscitaba más de la mitad del cartel. Al final, haciendo recuento, para mí han sido 18 bandas en total, la mayoría completas, y otras solo fragmentos, cuando lo habitual en mí sería que, en un festival de cuatro días la cifra rondase las 30.

El jueves, segundo día, tuvimos ya el primer adelanto del cartel para el 2027. Poco o nada nuevo bajo el sol, y no lo digo por las confirmaciones en sí, sino porque ya queda más que clara la tendencia del festival hacia estilos modernos y marcianadas. Al principio el Leyendas del Rock fue un festival al que acudí de forma irregular. Fui al primero, me perdí el segundo, fui al tercero y me perdí el cuarto, pero a partir del quinto, fui a todos sin excepción, todos los días… hasta la edición 2025, cuando voluntariamente pasé olímpicamente de ir (ni siquiera gratis). No puedo soportar las nuevas tendencias, ni el metalcore, ni el deathcore, ni nada remotamente parecido. Respeto a quienes lo escuchan y les guste, pero no pienso permitir que nadie, ni ninguna moda, me inculque lo que tengo o no tengo que escuchar bajo consignas de mierda como ‘tío, es que hay que renovarse o morir’, o gilipolleces como que ‘el Heavy Metal clásico ya no funciona’. Tampoco puedo entender el porqué las bandas ya atraen a la gente más por su estética y disfracitos que por su música. Y desde luego, no voy a apoyar eso.

Así pues, mientras quede algo clásico en el Leyendas, me plantearé el asistir o no, pero ya no es amor incondicional como lo fue en sus buenos días, que para mí estuvieron entre el 2008 y el 2019. Y la verdad, que este cambio tan forzado e intencionado se haya dado precisamente en el Leyendas me da bastante pena, porque tener un festival a 20 minutos de casa, el más asequible y descansado para mí de cuantos se celebran en este país, es algo del todo impagable. Del susodicho adelanto, solo me interesan Mercyful Fate (buen tanto se han apuntado ahí), Therion, Halestorm, Tierra Santa, Twilight Force, como mucho Celtian, y seguramente alguna banda de rollo clásico que todavía no conozca. De momento, ya tengo la entrada, pero conforme vaya avanzando la cosa, veré qué hago con ella.

Para finalizar, muchas gracias de nuevo a tod@s por leerme, y nos volvemos a ver en el Leyendas del Rock 2027… ¡o no!

_|,,| JaviMetal (Is The Law) |,,|_

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