jueves, 16 de julio de 2026

Last Call for Party!! (Zurbarán Rock 2026, viernes 10-07-2026, espacio El Plantío, Burgos)

El Antro del Metal - Zurbarán Rock 2026 - Hardcore Superstar portada

Aunque llevaba ya siete años celebrándose, en 2023 tuve el placer de descubrir y disfrutar del festival Zurbarán Rock por primera vez. Aun a sabiendas de que tenía que recorrerme media geografía para cruzar sus puertas, un lujoso cartel encabezado por bandas como Freedom Call, Girish and the Chronicles, Mike Tramp o Mystic Prophecy, lo revelaron como algo sencillamente irresistible. Echando la vista atrás, parecía pura ficción que un evento tan modesto como la primera edición de 2016 hubiese alcanzado esas dimensiones y presupuesto, creciendo cada año más que el anterior. De una fiesta en ‘petit comité’ con tres bandas nacionales pequeñas, a conseguir llenar todo un parque, añadiendo un buen puñado de bandas de renombre internacional. La siguiente celebración (2024), la disfruté aún más por su condición clásica y la mayor proliferación de Hard Rock en la oferta. Por desgracia, entre movidas familiares, problemas de pasta, y un cartel un pelín menos llamativo para mi gusto, tuve que saltarme la del año pasado. Aquella sería la última que se llevaría a cabo en el Parque San Agustín. Un lugar acogedor y familiar, que tantas y tantas alegrías había dado a los fans del Rock y el Metal en Burgos, debía dejar paso a un recinto considerablemente mayor como ha sido este año el espacio El Plantío. El motivo es simple: el constante y casi exponencial crecimiento del festival, tanto en cuanto a bandas, como en cuanto a asistencia. Obviamente, la palabra ‘gratis’ también ha contribuido en gran medida a este exitazo en sus 10 años de existencia, pero también tiene su contrapartida, su lado oscuro, que es la masificación con la que tuvimos que pelear este 2026. Sí, porque a pesar del cambio, esta fue sin duda la edición más concurrida de todas, y con diferencia, hasta límites de verdadero agobio.

Antes de seguir he de reconocer que, comparado con otros años, este para mí ha sido bastante “vago”, en el sentido de que no he visto ni mucho menos tantas bandas como en los anteriores Zurbarán. Bien porque algunas no me interesaban, bien por el maldito y sofocante calor, el cansancio acumulado y las escasas horas de descanso, o bien porque me acoplé demasiado al personal, lo cierto es que pensaba descubrir algunos directos para los cuales tendré que seguir esperando, como Fury, Bullet o Bloodstain, por no hablar de la fiesta de presentación que se hizo el jueves con Rockerizos, Uli John Roth o Secret Sphere. Pero acudir un día antes ya era completamente inviable para mí.

Respecto a la compañía, decir que fue inmejorable. Convivir durante un par de días con mis colegas Boli, Inma, Pablo, Ángela y Roge, fue un placer enorme, y dejó grandes recuerdos, cantidades industriales de risas y buenos momentos. También tengo que saludar obligatoriamente desde aquí a Marisa, Cristina y Mari, las chicas valencianas con quienes compartí viaje hasta Burgos en coche, una buena comilona al volver, e igualmente no pocas risas, a pesar de que ni siquiera nos conocíamos de antes. Con un equipo así, repetiría todas las veces que hiciese falta.

A las 4:30 de la madrugada sonaba mi despertador aquel viernes, tiempo suficiente para hacer los últimos preparativos y salir hacia Valencia, donde haríamos el cambio de coche. Una vez ya en Burgos, después de más de seis horas de viaje, mis compañeras se quedaron en su hostel, y yo tuve que hacer un largo trayecto a pata bajo el implacable sol de primera tarde, perdiéndome varias veces por el camino hasta llegar a la casa empapado en sudor. Entre encontrarme con los colegas, preparar avío para la jornada, y demás, finalmente me tuve que perder las dos primeras bandas, Azrael (lo cierto es que me apetecían bastante) y Fury, siendo mi próximo objetivo los Masters of Ceremony de Sascha Paeth, más que reconocido guitarrista al que tendríamos la ocasión de ver por partida triple en este Zurbarán Rock 2026. Puesto que teníamos unos 45 minutos de pateo desde la casa en donde nos alojábamos hasta el recinto, decidimos pillar el bus que nos dejaría más o menos cerca del destino.

Masters of Ceremony:

Con esa intro disparada empezó realmente para mí este Zurbarán Rock 2026. A pesar de ser horas bastante tempranas, la afluencia de público era enorme si lo comparamos con anteriores ediciones, y preferimos quedarnos a ver el concierto desde la distancia y sobre la marcha, mientras buscábamos al resto de peña. No les había escuchado antes, y no sabía exactamente lo que me iba a encontrar. Radar fue una buena muestra de lo que hacen. Riffs endurecidos (a veces, un tanto modernos), sutiles arreglos sinfónicos, y la voz de la gran Adrienne Cowan dominando el cotarro y atrayendo la mayor parte de las miradas, paseándose con agilidad entre los músicos, y alternando con moderación guturales entre voces limpias. Ese toque moderno se hizo más patente en My Anarchy, con ritmos cruzados y un estilo de canto que recordaba a bandas como Evanescence o Lacuna Coil. Me sorprendieron también esas virguerías bastante técnicas en los punteos a la guitarra de Sascha Paez, figura principal y fundador de esta, su propia banda. Pero a decir verdad, esperaba algo más netamente power, más dinámico y menos contemporáneo, por decirlo de algún modo.

Las melodías de los estribillos no están nada mal, interpretados con gran afinación y versatilidad, la que siempre ha mostrado Adrienne. La base rítmica está formada por André Neygenfind al bajo y Felix Bohnke a la batería, precisamente dos músicos que actualmente ejercen en Avantasia, y fue uno de los aspectos más destacados en Sick. Además, aunque los teclados de Corvin Bahn no tuvieron excesiva presencia, el conjunto sonaba bastante bien, y las tres pantallas (las de los escenarios, más una externa a en mitad del recinto) permitían perles desde cualquier punto. Aquí la vocalista nos deleitó con unos tonos muy elevados, y también voces gritonas, de las que empezaba a usar con más frecuencia. Mientras nos recordaban que tenían el merchandising disponible en la parte de fuera, y comenzando el cuarto tema, I Hear Your Voice Still, fuimos saliendo hasta llegar a un bar, donde nos sentaríamos durante el resto del bolo a tomar unos refrigerios. No quiero llamarlo decepción, pero reconozco que, sea por lo que sea (el estilo, el calor, el agobio, el tremendo cansancio que llevaba encima…) Masters of Ceremony no terminaron de engancharme, aunque tampoco se puede negar que había mucha calidad encima de ese escenario.

Después de un buen rato apalancados, me di cuenta de que tenía que levantar el culo, o me quedaría allí para el resto del festival. Me encontraba bastante aplastado, el madrugón, el viaje y el infernal calor me sentaron como un tiro, y el anterior grupo no me había motivado demasiado. Sin embargo, en cuestión de unos minutos, todo eso iba a cambiar de golpe y sopetón como por arte de… Hardcore Superstar.

Hardcore Superstar:

Los suecos fueron una de las bandas (por no decir LA BANDA) cuya confirmación convirtió a este Zurbarán en algo imperativo para mí. Me flipan a morir, sé de buena tinta cómo se las gastan en directo, tengo la mayoría de sus discos machacadísimos, y las dos últimas veces que les vi tocar (en pleno mar del Caribe) me enamoraron todavía más de lo que ya me tenían. Después de ocho años sin visitar nuestro país, sus fans teníamos unas ganas locas de ellos, y solo esperaba que tuviesen un sonido a la altura de su estatus. Eso, un buen setlist… y todo sería perfecto. Por suerte, se cumplieron mis mejores deseos.

Ese innegable homenaje al eterno Ennio Morricone llamado This Worm’s for Ennio sirvió como presentación a la hora y pico de pura jarana que nos esperaba por delante. Situándose Joakim "Jocke" Berg al frente del escenario, y al grito de ¡una cerveza, por favor!, nos estampaban en toda la jeta esa Guestlist, irreverente, desenfrenada, con la bestial energía que caracteriza a la banda. Las baquetas, empuñadas por Efraim Larsson como miembro ya fijo de la banda (tras el paso temporal de Johan Reiven en los últimos años), golpeaban con violencia los parches, mientras este se dejaba literalmente la melena sobre ellos. Su fichaje ha sido todo un acierto, como corroborarían los siguientes temas. Blood on Me, aun siendo temprana, puso a botar a todo el mundo, siguiendo los imparables movimientos de Jocke por todo el escenario. El bajista Martin Sandvik, junto a este último, forma el vínculo con el núcleo original. Un músico que también se fue soltando al trote, acercándose y alejándose del micro, marcando el paso, o dedicándonos unas sonrisas, mientras no dejaban de atronar cortes de la altura de No Resistance. La tralla de su inicio, la solidez de los bajos, y la locura que iba adueñándose poco a poco del guitarrista Vic Zino (¡espectacular!), nos ponían en nuestro sitio… o más bien, nos sacaban de él, porque todo el recinto se había convertido ya en una fiesta sin frenos.

A ello hay que añadir las constantes provocaciones del cantante en los mínimos descansos que hubo entre tema y tema, pero también en mitad de los mismos, como sucedió con unas de las grandes sorpresas (al menos, para mí) del setlist. Wild Boys me subió la adrenalina a tope, ya que durante mucho tiempo fue mi tema favorito de la formación. Como bien dice su letra “los chicos salvajes, salvajes serán, siempre comportándose como críos”, y precisamente así mismo actuaban ellos sobre el escenario, como unos adolescentes salvajes cargados de energía. Ver a Jocke dando saltos desde la plataforma de la batería, luciéndose con su voz, y haciéndonos corear la melodía, mientras Martin y Vic se regocijaban con sus instrumentos en esa parte central, fue todo un espectáculo. Pequeño parón, y esta vez para disculparse, pero no por nada relativo al concierto, sino por haber pasado tantos años sin pisar España. La verdad es que ya les vale… pero con un bolazo de esta talla, doy fe de que se resarcieron a lo grande. El frontman hizo todo lo que estuvo en sus manos para animar constantemente, ya fuese pidiendo palmas o coros, haciendo malabarismos sobre las tablas o incluso bajándose, durante Someone Special, al foso para coger en brazos a una niña y cantar junto a ella. Todo un gesto con el que nos llegó más todavía al corazón.

La contundencia de los bajos y la estruendosa pegada de Efraim Larsson contribuyeron a levantar más todavía las voces del público, que estaba completamente inmerso en el concierto a estas alturas, sintiendo el calor, no solo del sol, sino también del clima de desenfreno que estábamos viviendo. Con Above the Law nos acercábamos al ecuador del concierto, y si nosotros ya estábamos sudando como gorrinos, me puedo imaginar los músicos con el ritmo que llevaban. En especial, Jocke se salió con sus vueltas y sus bailes, repasándose enterito el escenario y asomándose a la peña con su siempre descarada actitud. El sonido era fenomenal, potente y claro, y de ahí lo bien que se escucharon esos detalles en las guitarras. Jocke se juntaba con su compañero Martin Sandvik, y proseguían la mandanga con Electric Rider y su aplastante inicio, uno de mis temas favoritos, en el que pudimos colaborar con palmas en la parte del solo. En realidad, nos tuvieron la mitad del concierto con las palmas y los puños en alto, y no solo porque ellos nos lo pidieran. Fue ese ambientazo tremendo el que nos incitaba a ello.

Los alardes físicos, el gamberrismo y la caña sin tregua también formaron parte de Liberation, con ese Vic Zino correteando en círculos como un crío, pasándoselo teta, y dejándose el cuello como si no hubiese mañana. Recuerdo también cómo los platos sonaron como auténticas cuchillas en este corte. Sadistic Girl fue un subidón de la hostia, como si todo estallase de repente con tan solo escuchar los primeros acordes. Tandas de palmas, estribillos a grito pelao, y muchos saltos a pesar del terrorífico calor, que por cierto, nos iba dejando poco a poco con la caída de la tarde / noche. Jocke, de quien era imposible apartar la mirada, acabó tirado por el suelo y reptando hacia el borde del escenario. Desde luego, esta gente sabe un poco de eso de ‘montar una escena’. Y si cabe, We Don’t Need a Cure fue todavía más coreada, algo lógico por otra parte. La gran sorpresa es que no fuimos nosotros solos los que la cantamos a tope, y tampoco me refiero a esos coros a tres bandas, sino a una joven fan que subió con ellos para acompañarles, corear la letra de pe a pa, y marcarse unas buenas ‘danzas’ con una soltura pasmosa. Podríamos decir que fue el inicio de la recta final… ¡y vaya recta!

Empalmaron sin respirar con Moonshine, y la cera que ello implica, con Efraim Larsson dejándose los brazos al golpear, y Martin encarado a él bien despatarrado. Los ‘eh, eh’ desde el público fueron casi constantes, y es que aquel fuego no había quien lo apagase ya. Y si todavía pudo subir más de intensidad, fue gracias a un trabucazo de la talla de Last Call for Alcohol, en donde muchos ya perdimos el norte a salto y empujón limpio. Jocke aprovechaba para brindar por uno de sus ídolos, Bobby Blitz, y seguidamente, volvía a la carga completamente desfasado, encorvándose al borde del escenario, saltando mientras cantaba (vaya resistencia y aguante…) y corriendo una auténtica maratón de punta a punta del escenario. El jolgorio que se debió ver desde allá arriba, debía ser impresionante. Agradecía, y volvía a pedir disculpas por sus 8 años de ausencia en nuestras tierras, antes de que la banda se lanzara sin contemplaciones a por uno de los mayores hits de su carrera, We Don’t Celebrate Sundays, o lo que es lo mismo, el cénit del desmadre.

Vic la afrontaba con chulería, pisando el monitor, al tiempo que el frontman iba y volvía de un lado para otro, congeniando con un público al que se había ganado de calle. Puede que le costase un poco llegar a los tonos más altos, pero aprobó con nota alta en este sentido, igual que en el resto del show. Los potentes coros por parte de Martin y Vic reforzaron aún más el impacto del tema, cuyo estribillo fue obligatoriamente coreado por cientos de voces al unísono, y culminó con un gran salto de Jocke desde el bombo. A muchos el concierto se nos pasó como si hubiese durado 5 minutos, eso sí, con una intensidad que muy pocos lograron alcanzar. Y para despedirse, fue muy curioso cómo encajaron esa You Can't Kill My Rock 'n Roll (tras una prolongada serie de ‘oes’ bien ganados). Un tema que no es precisamente cañero, pero tiene un ‘algo’ muy especial a la hora de crear atmósfera. Por alguna razón, siempre he pensado que, dentro de una discografía tan cañera, vendría a ser algo así como su particular House of Pain (Faster Pussycat) por cadencia, vocalización y vibraciones. Sea como fuere, ese delicioso groove que propuso, y unos coros prácticamente perfectos, nos dejaron unas sensaciones inmejorables, las de un concierto que muchos vivimos con unas ganas casi indescriptibles de principio a fin.

Como anécdota, sonaba a modo de outro The Best, en tributo a la recientemente fallecida Bonny Tyler, pero al ver cómo en seguida se cortaba el sonido, Jocke cantó junto a nosotros unas estrofas a capela antes de decirnos adiós. Cuando me acuerde, o alguien me pregunte sobre cómo fue el Zurbarán 2026, estoy convencido de que el primer recuerdo que me vendrá a la mente será este descomunal concierto que nos dejaron los suecos.

No voy a negar que acabé el concierto hecho polvo. Tras el subidón de hora y pico, volvió todo el cansancio, y de aquí hasta el final tocaba una buena seguidilla de conciertos enlazados. Había que sacar fuerzas de donde fuera. Por cierto, aunque los precios de la bebida en el festival fuesen bastante aceptables, no habría estado mal instalar alguna fuente de agua o similar. Entretanto, me encontré con más colegas valencianos, esos guerreros (y guerreras) que son Popi, Guillermo, Doria, Borja y toda la cuadrilla en general, también con Suni, Carlos y Jose que andaban por allí pasándolas magras de calor. ¡¡Un saludo para tod@s!!

Savaged:

Savaged eran el próximo objetivo, aunque un poco improvisado. Nos quedamos a verles desde el otro escenario, casi ya guardando sitio para los titanes de la costa Este, Overkill. Los barceloneses no tuvieron demasiada suerte con los horarios, y es que figurar entre dos monstruos como Hardcore Superstar y los citados thrashers les hizo, como decía mi colega, un flaco favor. Aun así, me alegré de ver que tenían bastante público esperando su salida, que se produjo a todo trapo con Fire it Up, desgranando ya esos estribillos tan habituales del grupo, directos, pegajosos, y porque no decirlo, algo repetitivos. También esos registros exageradamente agudos de Jamie Killhead marcaron el arranque, vistiendo como siempre de lo más ochentero, con camisa, pelo cardado, y actitud de superestrella. Esos fuegos artificiales con los que contó su actuación, pusieron el resto para quien supiese disfrutar de su Heavy Metal añejo y espitoso. El batería Cristian Blade abría para Stealing the Night, levantando unos todavía tímidos ‘¡eh, eh!’ de entre el público. Entre Jamie y Joan Grimalt se marcaban también unas coreografías con los mástiles que iban dando vidilla al show. No cabe duda de que con tanto atuendo y tanto lucimiento, el grupo muestra una imagen de lo más ostentosa, pero si os digo la verdad, en lo musical nunca han terminado de calarme a fondo. Eso sí, había escuchado opiniones tan desfavorables sobre ellos, que el concierto sí me estaba gustando más de lo que pensé.

Con buenos coros y más fuegos de artificio, saltaba ahora Across the Burning Fields, una de mis favoritas, sobre todo por su lado instrumental, con solos virtuosos y tempos más variados. Desde arriba, trataban de contagiar palmas y estribillos, y aunque a la gente se le veía bastante cansada, fueron cada vez más los que respondieron a la llamada. Turno de The Conqueror, con el tándem Joan / Jamie marcándose unas buenas armonías de cuerdas, respaldadas por unos buenos golpetazos de parte de Cristian a la batería que despertaron unas buenas sesiones de headbanging tanto arriba como abajo del escenario. El solo, muy bien ejecutado, supuso una de mis partes preferidas del show, y además, contaban a su favor con un sonido que fue mejorando con cada tema, incluyendo en esta ocasión coros muy épicos que nos llegaron realmente fuertes. Lo único que me chirriaron bastante fueron algunos giros, picos y melodías vocales, y no fue algo exclusivo de este tema. Tampoco es de extrañar que su parte del recinto estuviese tan concurrida. A base de pelear y dar conciertos sin parar, la banda ha ganado bastante popularidad en su círculo, llegando incluso a dar (a finales del pasado año) toda una gira por tierras sudamericanas. A la llegada de Tons of Leather, toda una declaración de intenciones en sí misma, la banda preparaba todo su repertorio de poses, registros y velocidades, incluso alguna virguería como esa vuelta de campana que dio Jamie a su guitarra. También aprovecharon para presentar a sus miembros, tras una parte rapidísima y un solo en plan tapping que puso los cuellos del respetable a funcionar.

El bajo de Ángel quedaba en solitario mientras el vocalista nos incitaba a cantar esa melodía coral (clavadita a la del Balls to the Walls de Accept) y desde ahí reanudar el show, lanzándonos un enorme balón de playa. Mientras le dábamos manotazos, Jamie y los suyos abandonaron el escenario para volver, tras otra introducción hablada, a saco con Texas Bloody Texas. Para el caso, fueron cinco los que se plantaron encima del escenario, ya que contaron con un actor que ambientó el tema, amenazando tanto a músicos como al respetable con su motosierra. Una pequeña actuación extra que dio paso a una de las más celebradas y cantadas (por algunos) como fue Queen of my Salvation, ejecutándose de nuevo unas armonías de guitarras Heavys entre la pareja de hachas formada por Jamie (quien lucía chaqueta con brillos de lo más estrambótico) y Joan. El trote ligero marcado por Cristian nos acercaban hacia el final, empalmando con Running for your Love (tonight), el último cartucho, y además de los más movidos de la noche. Tras toda una orgía de solos, veloces riffs, y excesos varios (sobre todo, en lo que a la voz respecta), el mismo Jamie adoptó la clásica pose de Yngwie Malmsteen, despatarrándose y quemando el mástil de su guitarra con las chispas del borde del escenario.

Puesto que ya estábamos frente al escenario “Diario de Burgos”, apenas nos movimos, si acaso, para adelantarnos unos cuantos pasos. Aquí, aparte de calentar bien el cuello para la que nos iba a caer encima, volví a encontrarme con mis amigos valencianos Popi y Guillermo que, por supuesto, también se apuntaban a la batalla. El calor iba descendiendo conforme avanzaba la noche (a aquello de las 23:00), pero entre tantísima gente, todavía daba bastante por saco.

Overkill:

El escenario se cubría de verde oscuro y humo, y sonaban campanas mortuorias, avisándonos de la lluvia de hostias sonoras que estábamos a punto de recibir. Los legendarios Overkill iban a tomar en breves minutos el escenario para reducirlo a cenizas, porque su directo es absolutamente demoledor. Con unos amenazantes redobles daba inicio Scorched, aunque por desgracia, este sería el instrumento que peor sonaría a lo largo de la hora y pico de actuación. Concretamente la caja adoleció de muy poca fuerza, muy poco punch, contrastando con la fiereza con la que nos llegaba el resto de instrumentos. Muy motivados desde la apertura, hasta el guitarrista pegó un desgarrador grito que compaginó a la perfección con los del inconmensurable Bobby Blitz. Tras saludar al grito de ¡Hola España!, la emprendieron con Rotten to the Core y… uf… qué caliente me puso esto. Punteos rápidos y afilados como navajas, chillidos ultra rabiosos, y un bajista que se partió el cuello durante toda su duración. La cosa se iba encabronando a marchas forzadas cuando escupieron, seguidamente, Bring me the Night, en todo un arranque de mala hostia. La actitud, como cabría esperar, fue por delante en todo momento.

Entre aquel maremágnum de doble pedal, niebla y cabezazos, se erigía el bueno de Bobby, y parecía más fuerte que nunca. Su carisma, sus poses apoyándose en el monitor, y esa malvada ironía que siempre le corre por las venas, salían a raudales con cada tema y cada palabra que nos dedicaba entre estos. La respuesta fue una masiva ovación con el nombre del grupo por bandera. Sin embargo, había varias cosas que descuadraban. Por una parte la ausencia del guitarrista Derek Tailer cantaba bastante, y al final afectaba un poco a la solidez del conjunto. Por otra, era Christian Olde Wolbers quien ocupaba el lugar de D. D. Verni, que se está recuperando de una cirugía en el hombro, aunque de este solo puedo hablar bondades por la gran actitud y talento que mostró. Continuando con el setlist, ya muy acalorados y con el cuello echando chispas, Hello from the Gutter (vaya acribillada de solo) y Deny the Cross, con sus riffs más densos y extendidos, crearon un fantástico choque entre la velocidad y la pesadez, entre esos dos estilos, como son el Thrash y el Groove, que la banda ha practicado a lo largo de su carrera.

Desde los tambores, y poniéndose de pie, Jeramie Kling nos cabreaba pidiendo un circle pit, que como ya se veía venir, no tardó mucho en formarse. De hecho, fueron al menos dos de ellos, ya que uno lo tuvimos bien cerca. Los alaridos de Blitz fueron los más agudos hasta el momento, y el propio Kling nos metió una caña para caerse de rodillas. Menudo puto animal está hecho. No se relajó ahí precisamente la cosa, porque sin dar tiempo ni a pestañear, la empalmaban con Electric Rattlesnake, uno de mi temas favoritos de toda su discografía (así de claro lo digo), con una potencia atronadora, una locura que no dejó títere con cabeza. Bobby, en su estilo, se esfumaba y regresaba al escenario a sus anchas, para volver a coger con fuerza el palo del micro y dejarse las amígdalas. En este caso, nos contaba que el “The Grinding Wheel” es uno de sus discos favoritos de los últimos 15 años, y de ahí precisamente extrajeron esa sobrada de nombre Mean, Green, Killing Machine. Su favoritismo se notó a favor de una enorme pasión a la hora de cantar, con sus gestos y ademanes tan teatrales, terminando con un alarido que nos heló la sangre, y sin que J. Kling dejase de triturarnos los oídos, una y otra vez, con sus redobles a toda mecha. Como digo, es una verdadera lástima la falta de ‘estallido’ que tuvo el sonido de la caja.

Abandonaban en comandita el escenario para, después de una nueva intro, regresar hechos una furia con Necroshine. El pit que teníamos cerca se agrandaba peligrosamente, mientras las melenas al viento dominaban todo el recinto. Tanto novatos como veteranos ante Overkill, creo que todos lo estábamos pasando de nunca olvidarlo. Los ‘¡eh, eh!’ del público se iban volviendo cada vez más agresivos, y tampoco cesaron en la siguiente Horrorscope. Al margen del problemilla con la caja, daba gusto escuchar cómo retumbaba el bajo, y como herían esos riffs mortales de Dave Linsk, que se marcó todo un papelón, cargándose el tocho de las guitarras él solito durante todo el bolo. Por lo visto, nuestra selección había ganado el partido del mundial (no es que a mí me importe un maldito carajo, ya lo digo), y Bobby nos felicitó por ello antes de poner la dinamo en marcha con The Surgeon…¡a puto gatillo, colegas! Tanta mandanga se ganó un buen griterío, que Bobby acompañó con unos de sus discursos cargados de mala gaita, echando leña al fuego y desafiando. Lo hizo aquí, y al terminar la furiosísima Ironbound, que nos dejó un intervalo con sonido electro-acústico, y una posterior subida que volvió a pincharle fuego a todo.

Lo que quedaba ya fue tan predecible como intenso (una cosa no quita la otra). Y es que sería pecado mortal no incluir en el setlist barbaridades sonoras de la talla de Elimination, nada menos. Entre el humo y el verde impenetrable de las luces, se alzaba de nuevo la inmortal sombra del gran Bobby Blitz, o como él mismo se autoproclama, el jefazo, repartiendo gritos a destajo, incombustible, implacable, ya fuese pisoteando con desdén los monitores, o arrastrando tras de sí el palo del micro. Un solo de batería breve y conciso, pero cañero, nos llevó hasta lo que, más que un tema, es un jodido himno, de esos que es imposible dejar de cantar hasta quedar afónico. Me refiero, claro está, a In Union We Stand, que con constantes cabeceos del bajista Christian Olde, y la agresividad siempre implícita en Dave Linsk, fue de lo más coreado de todo el festival. Por su parte Jeramie Kling se ensañaba a lo bestia con su batería en E.vil N.ever D.ies, la última explosión adrenalínica antes de volarlo todo por los aires con la punkarra y directa a la yugular Fuck You. Con los bajos clavándose en nuestras sienes, y el pit creciendo sin parar, fue el final que uno espera para un concierto de unas leyendas como Overkill… ¡apoteósico!

Medio doblados como quedamos por tanta tralla, nos retiramos hacia las barras para pillar algo de priva, tarea que tal como se había puesto el recinto, era ya bastante complicada. En los horarios figuraban dos bandas todavía, los nacionales Hitten, e Induction, banda fundada por Tim Kanoa Hansen, hijo de Kai Hansen. No pensábamos retirarnos ya, pero sí nos tomamos con calma lo que quedaba, hasta que el cuerpo aguantase. Así pues, otra vez me encontraba frente a frente con estos imparables murcianos, dispuestos a comerse el mundo donde sea y cuando sea.

Hitten:

El setlist fue, en mayor o menor medida, el mismo que vienen ofreciendo desde que se lanzó su quinto y último LP hasta el momento, el magnífico “While Passion Lasts”, aunque esto no es, en absoluto, sinónimo de aburrimiento. Cada concierto de Hitten es toda una experiencia, aunque solo sea por la inmensa entrega de cada uno de sus componentes, y su intachable calidad como músicos. Así, tras la introducción habitual, la misma While Passion Lasts fue su primera apuesta, un tema perfecto para ir abriendo boca, con una melodía trabajada y adictiva que también va de lujo para que Alex Panza vaya calentando sus cuerdas vocales mientras nosotros hacemos lo propio con el cuello. Su voz, versátil, sólida y de rango casi infinito, sonaba ya de primeras perfecta, llegando a todo con una capacidad que da la impresión de aumentar con cada concierto. Como frontman, es alguien que tampoco tiene precio, inquieto, simpático y tirando del público para animarnos sin tregua, tal como hizo durante Mr. Know it All. Un saludo, con su desparpajo habitual, y vuelta al ruedo con una de mis favoritas, Blood from the Stone. Poco a poco, el escenario se había convertido en un torbellino, gracias también a los guitarristas Johnny Lorca y Dani Meseguer, dos hachas de un talento muy difícil de encontrar.

Comenzaban las carreras, comenzaban las virguerías y las locuras a las seis cuerdas, solos imposibles, tapping a lo bestia, lanzamientos de instrumento por los aires… son tremendos, y solo por verles tocar como les sale de los cojones, ya merece la pena ver a Hitten. Por nuestra parte, mientras comíamos y echábamos un trago, les disfrutábamos desde la parte de atrás del recinto. Mucho más pesada, y con estructuras más machaconas, aterrizaba la también habitual Meant to be Mean, que despertó numerosos gritos desde el público a petición de Alex. Johnny no podría permanecer 5 segundos en la misma posición ni aunque lo intentase, y sus despampanantes movimientos y ostentosidades iban flipando al personal. Nada mal el sonido tampoco, con excelente pegada desde la batería de Willy Medina y unos bajos muy gordos interpretados por Mr. C. Alex volvía a salirse de madre con Hard Intentions (Secret Dancer), con una interpretación soberbia, calcada al disco, y llena de matices y tecnicismos. Las chispas que brotaban del escenario daban juego, y los vertiginosos punteos de Johnny (aunque lo de Dani también fue un show), nos tenían embobados. Pese a que Alex bromeaba con que a partir de ciertas horas no se pueden tocar baladas en un festival, creo que Something to Hide fue una gran elección para crear ese momento tan íntimo y relajado que siempre propone.

El vocalista se desenvolvió perfectamente con sus silbidos y posteriores excentricidades físicas, pero lo que más me moló, sin duda, fue el desbordante feeling en los punteos de Lorca, que puede dejarte prendado en cualquier registro. Subidón, sin vaselina y de 0 a 100, con Twist of Fate, para que nadie se durmiese en los laureles. Duelos de guitarras, armonías, más chispas, y una batería avasalladora fueron sus principales highlights. Un concierto en el que cada tema era un paso adelante en cuanto a energía y entusiasmo, y eso también se reflejaba en el público que ya bailaba y parafraseaba los estribillos sin dejarse vencer por el agotamiento. Ahora era Johnny quien saludaba desde su micro, aprovechando para presentar la melódica Eyes Never Lie, que un acalorado solo de Willy Medina separó del siguiente corte. Hold Up the Night se apoyaba en tesituras algo más heavys, y Alex Panza seguía ostentando un empuje y una potencia vocal de otro planeta, conquistando al público, lo mismo que Mr C. con su elegante atuendo, o ambos guitarristas con su propio show. Ambos lo llevaron a otro nivel cuando en la pieza instrumental que prosiguió bajaron entre el público a lucirse a lo grande, dando unos solos de infarto con una facilidad que parece cosa de magia negra.

Mientras los dos astros la liaban parda, decidimos que era el momento de hacer una silenciosa retirada hacia casa, pero aún se nos escapó por el camino algún que otro estribillo del In the Heat of the Night. Tan caliente estaba el público todavía, que incluso desde fuera se les podía escuchar cantarla a pleno pulmón. Supongo que este sería el punto y final al concierto, como también lo fue para nosotros de esta primera y tórrida jornada.

La cosa es que para volver a casa no había opción de autobús, por lo que nos tocó resignarnos y empezar a darle al zapato. Suerte que, con gente tan divertida, el largo camino se hizo muy llevadero. Apenas encontramos gente, lo cual choca cuando ves Burgos en plena ebullición (sobre todo en estas fechas) durante el día. En verdad, pese a que mi cama era bastante mierdosa, pude descansar relativamente bien, y amanecer al día siguiente con las pilas mucho más recargadas que el viernes.

P.D. Muchas gracias a Rubén y a tod@s los que me pasaron fotos. Mi móvil se quedó sin batería ya desde primera hora, y por lo tanto, adiós cámara.

_|,,| JaviMetal (Is The Law) |,,|_

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