domingo, 3 de mayo de 2026

Bendición Fatal (Benediction + Unbounded Terror + Perpetual, viernes 01/05/2026, Zulú Klub, Aldaia)

El Antro del Metal - Benediction Portada

Un terrible dolor de cuello, esa es la primera sensación que noté la mañana siguiente al abrir los ojos. La segunda, fue una inmensa alegría y satisfacción por la brutal noche que lo provocó. Medallas de guerra que le alegran a uno la vida. Esta prolongada racha de conciertos que por suerte estoy teniendo en los últimos fines de semana (y a la que, en contra de mi voluntad, tendré que poner freno por temas económicos…), tuvo por último capítulo el evento más extremo al que he tenido el placer de asistir en este 2026, con nada menos que una banda tan legendaria como los británicos Benediction, que a lo largo de sus ya 37 añazos ininterrumpidos de carrera, han dado a luz algunos de los discos más exquisitos de la historia del Death Metal clásico. Vamos, lo suyo desde siempre. Hace tantos años que les vi por primera y única vez (como mínimo, una veintena), que apenas puedo recordar dónde y cuándo fue. Lo que sí tengo clarísimo, es que había muchas ganas de repetir frente a ellos, y tras tanto tiempo, este pasado viernes, día del trabajador, se presentó una ocasión inexcusable. Una vez más, la colaboración entre los Manguales Metal Union y la Zulú Klub de Aldaia nos dejó una noche para el recuerdo, de una intensidad aplastante. La asociación, formada a principios del 2023, ha sostenido un ritmo imparable, organizando conciertos sin descanso, dando sobre todo muchas alegrías a los fanáticos del Metal extremo, como en el caso de una gira de tal envergadura. Por otra parte, respecto a la Zulú, sala ya de absoluta referencia en Valencia y alrededores, también ha sido tremendamente activa desde sus inicios. Y este, mi tercer contacto con ella, ha sido con diferencia el mejor de todos en varios aspectos.

Una de esas noches en las que uno ya asume perspectivas de acabar completamente exhausto y con el cuerpo bien curtido. Una noche de tralla burra sin concesiones, de principio a fin, que amortizó sobradamente el precio de la entrada (que visto lo visto en otros conciertos, tampoco era desmesurado). En esta ocasión, conté con la inestimable compañía de mi colega, paisana y metalera de toda la vida Tere, que fue en verdad quien puso la tentación ante mí para acudir a la cita. Mi debilidad a la hora de decir que no a un concierto que me gusta, hizo el resto jeje. Esta fue la elección final, aunque este finde las había de todos los gustos y colores. Pero la pasta da para lo que da.

No soy especialmente asiduo a la Zulú, pero en lo que a mí respecta, creo que nunca había visto tanta gente cuando aún restaba bastante tiempo hasta el inicio del primer concierto. Y eso, siempre es una alegría, no como en aquel tristemente desangelado conciertazo de Helstar al que asistimos 30 o 40 personas a lo sumo. Si hay algo bueno que tiene esta sala (entre otras cosas), es la amplia zona de aparcamiento al estar situada en las afueras, por lo que no tuvimos ningún problema en este sentido. Nada más llegar me encontré con tres buenos colegas, tres míticos como Félix, Mauricio y Raúl, a los que no veo con tanta frecuencia como me molaría. Minutos después, andábamos de puertas para adentro con la primera banda ya sonando.

Perpetual.

Es posible que nos perdiésemos algún tema, porque los horarios, durante toda la velada, se llevaron a rajatabla, y nos encantamos demasiado con las charlas. Culpa nuestra. La sala presentaba ya una buena entrada, aunque ni de lejos estaba aún en su punto máximo. De los tres grupos presentes en el cartel, le tocaba el turno de abrir a los gallegos Perpetual, que lo pusieron absolutamente todo de su parte para que dicho inicio fuese de lo más caliente. Esta fue mi primera vez con ellos, y espero que no la última, porque me dejaron un grandísimo sabor de boca. From Suffering to the Void, primer tema al que asistimos, ya dejó bien claras sus intenciones. Volumen altísimo, blast beats a muerte, cambios bien apurados, y una gran contundencia, con la peña acercándose poco a poco hasta las primeras filas. Saludaban brevemente a través de su vocalista Héctor, quien fue el comunicador del grupo, estando muy contentos de estar por primera vez en Valencia. Y sin perder tiempo, atacaban con Exitus, mientras el mismo Héctor nos animaba a berrear y levantar las manos en alto para recibirla. A un lado y otro del escenario, Borja y Eloy se situaban, bien espatarrados, escupiendo riffs y punteos a toda velocidad, cualidad que hasta ahora había sido la seña del concierto. También trajeron una buena cantidad de merchandising, algo que nos recordaron justo antes de que Wings of Decay, que da título a su recentísimo último trabajo, entrase por la puerta grande.

Temazo de cojones con una batería especialmente dura, que Iván martilleó con saña hasta un final de lo más estruendoso. Lo cierto es que (el susodicho álbum) es lo único que he escuchado de ellos a fondo, pero me ha encantado, y por suerte, gran parte de su setlist estuvo basado en él. Sin embargo, con la siguiente saltaban hasta el anterior “Memento Mori” del 2022. Héctor quiso ir un paso más allá, pidiendo un wall of death quizá demasiado temprano, pero de divertido resultado, al fin y al cabo. El tema en cuestión fue My Death Hope, del que destacaron esos abruptos y bien llevados cambios rítmicos por parte de Iván, uno de los músicos que más me gustaron. Héctor se mostraba cada vez más unido al público, siempre agradecido, pero también muy fiero con sus poses y gritos. Con su inicio tan denso y opresivo, y entre luces oscuras, saltaba Humanity's Abyss, y no precisamente para bajar las revoluciones. A la vista quedaban esos mosh que empezaban a desmadrarse bajo el escenario, a los que se acercaban Eloy y Borja con sus respectivos instrumentos para echar más leña al fuego. Algo de lo que me he quejado en mis anteriores visitas a la sala ha sido el sonido, y por suerte, en esta ocasión la ecualización era realmente buena, casi me atrevería a decir la mejor de la noche.

Cada instrumento sonaba y se apreciaba en su lugar, con un volumen considerable, pero de igual claridad. Esto hizo que les disfrutase todavía más. Volvía a estallar ese doble pedal mortífero de Iván, a todo trapo, con Bloody Darkness. La coordinación entre sus músicos fue de elogio, sobre todo en esa parte más técnica y machacona que nos hizo doblegar el cuello a base de bien. Borja continuaba a saco con esos rapidísimos riffs, como una dinamo, dando cera en Sons of Lacerated Land, uno de los cortes más bestias del set. Ahora se mostraba más activo, más inquieto, y sin parar con el headbanging. Tampoco se quedó atrás su compañero Eloy, que nos regaló unos veloces punteos de bajo. La peña, a estas alturas, ya estaba muy animada, sudando la gota gorda en temas como The Bearer of Doom, en la que vimos a la versión más agresiva de Héctor (batiéndose el cuello, encorvándose y pisando fuerte el monitor), y posiblemente, el solo más guapo de Borja a las seis cuerdas. Entre tanta y tan buena mandanga, el concierto iba tocando a su fin, pero no sin castigar previamente nuestros oídos con Lobotomy, el único corte que incluyeron del “Maze of Chaos”. El circle pit que solicitó el cantante, ahora sí, no se hizo de rogar para acabar a lo grande, a lo que hay que unir esos ritmos guitarra/batería tan destructivos, y ese prolongado gutural de Héctor con los que nos dejaron bien a gusto.

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Unbounded Terror.

A la hora de enfrentarse a un concierto de Unbounded Terror, uno debe mostrar siempre el mayor de los respetos. En primer lugar, y principalmente, porque se trata de una de las bandas pioneras en este país dentro de su estilo. Comandados por el mítico Don Vicente Payá, figura sobradamente reconocida en los circuitos del Death Metal, y fundados muy a principios de los 90, ha sido en esta última etapa donde su carrera se ha mostrado más fructífera, tanto a nivel compositivo, como de directo. Su último trabajo, “Something Is Rotten in Humanity” (2025) fue de lo mejorcito de su añada en cuanto a Metal extremo, demostrando con creces que, lejos de amilanarse con el tiempo, han añadido más crudeza y solidez a sus temas, sin dejar nunca de portar en alto la bandera del más auténtico y clásico Death Metal. Sin embargo, esta vez aterrizaban de nuevo en Valencia para regalarnos un setlist muy, pero que muy especial, que le daría aún más valor al concierto, si cabe.

La idea de que fuesen a interpretar, de cabo a rabo, aquella joya llamada “Nest of Affliction”, era sencillamente irresistible, un aliciente enorme tanto para los más devotos fans de sus inicios como para admiradores más recientes. Y aunque, a decir verdad, eché de menos algo de sus últimos discos, lo disfruté a muerte… sí, a pesar de que (otra vez) llegamos tarde al inicio tras pararnos a saludar a unos colegas.

Con los últimos berridos / acordes de Fear (segundo corte del Nest of Affliction), y la sala respetablemente llena, nos abrimos camino hacia el centro de la sala para vivir in situ aquellos primeros instantes de un show que nadie quiso perderse. Una batería de lo más poderosa, un Andrew Spinosa que se adelantaba con su bajo hasta el límite del escenario, y por supuesto, Vicente Payá siempre con esa expresión de buen rollo, nos ayudaron a sumergirnos de pleno en la oscuridad de Dead (by Deceit). También es Spinosa quien se hace íntegramente cargo de las voces, y de hecho, actualmente carga muchísimo peso de la banda sobre sus espaldas, valga decir que con muchísima solvencia. El sonido se antojaba bastante bueno, quizá no tan compacto y definido como el que tuvieron Perpetual, pero muy propicio para que no se nos escapase ningún detalle. Immortal Violence, por supuesto, hizo honor a su título: puro desmadre sonoro desde el primer segundo, con la insistente batería de Engelbert Rodas rebotando en nuestros tímpanos y la guitarra de Vicente, que también aportó algunos coros, pidiendo clemencia.

Desde el mismo inicio, se le vio tan cómodo y feliz de estar allí encima como es habitual, saludando entre temas, pidiendo que armáramos bronca para presumir de fans, o comentando de vez en cuando, aunque la comunicación del grupo casi siempre estuviese a cargo del bajista. Tras el anuncio sorpresa de que se iban a tocar el “Nest of Affliction” al completo, el concierto continuó con ese tono añejo y cavernoso, acentuado por temas como Slaves of Sufferage, que nosotros mismos acompañamos con palmas en sus primeros compases. Vicente nos deleitaba con un gran solo recorriendo todo el mástil, sin olvidar esos riffs tan clásicos ni quitarnos ojo de encima, mientras su compañero, muy inquieto, se asomaba entre la peña, y ejecutaba sus propios punteos de bajo. Un bajista que me conquistó por su virtuosismo y rapidez, ideal para la banda por su actitud y registro. Hasta el momento, concierto impecable que había logrado mantener el filón, pero todavía quedaba lo mejor para la recta final. Las cuerdas sacaban humo en Mankind Mind, solos de tapping, bajos retorcidos, y una batería demoledora, aunque hay que apuntar también a algún que otro desliz rítmico (nada grave). Tal como se iba encabronando el tema, también lo hacía la peña, totalmente desatada a estas alturas, y casi empalmado caóticos moshpits.

Parecía incluso que el sonido había mejorado levemente, aunque como digo, fue bastante bueno en todo momento (al menos, desde donde yo estaba). De hecho, pudimos escuchar con todo lujo de detalles cómo crujía el bajo de Andrew en ese momento en solitario, durante E.N.D. (Enjoyment Near Your Death), quien al mismo tiempo, ostentó una gran resistencia vocal con fraseos largos y guturales. Un tema que fue un auténtico tiro entre las cejas, a toda hostia, perfecto para crear el ambiente propicio para el gran final. Agradeciendo a todo el personal de la sala, técnicos, currantes y demás (incluso pidió que nos dedicásemos un aplauso), el gran Vicente Payá disparaba el último cartucho con la más habitual, pero no por ello peor recibida, Sarcastic Souls. Su melodía amenazante, mientras guitarrista y bajista formaban piña en medio del escenario, desembocó en un auténtico palizón de blast beats y cambios ritmos bien calculados por Engelbert que nos dejaron con las cervicales ardiendo. Lejos de limitarse a cumplir, se implicaron al máximo y nos dejaron un show de lo más intenso, marcado especialmente por un setlist tan especial, con temas que debía hacer muchísimo tiempo que no tocaban en vivo.

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Salimos a tomar el fresco y a rehidratarnos un poco (aunque por suerte no hacía demasiado calor), y esta vez sí, a coger un buen sitio antes de que empezara el gran sarao final, ante una Zulú Klub en su máximo apogeo. Algunos se agolpaban en la barra para pillar algo con tiempo. Otros, expectantes, ya copaban las primeras filas sin dejar mucho espacio. Y vaya por delante que, pese a las muchas dudas que suscitó cierto inconveniente sobrevenido, lo de Benediction fue una putísima barbaridad de concierto, rebasando con mucho mis mejores expectativas. No os digo más, que quizá sea uno de los tres mejores que he visto en lo que va de año…

Benediction.

Extremadamente puntuales, disparaban su introducción étnica tirando del tema Echolalia (Dead Can Dance), que los propios músicos cortaron en seco con un gran estruendo ya sobre el escenario. El vocalista, último en salir, levantaba los ánimos pidiendo cuernos en alto ante un gran barullo… hasta que todo se vino arriba con Engines of War. La reacción de banda y público, llegó inmediatamente después. Molinillos, empujones en las primeras filas, riffs pesados, baterías ultra contundentes, y un volumen al límite para un sonido claro y bien ecualizado. Tras remarcar que esta era la primera vez en su historia que pisaban la terreta, continuaron a zapatilla viva, sin compasión, con ese puto cañonazo del 93 llamado Unfound Mortality, mucho más agresivo incluso, más lacerante e implacable, en donde la batería de Giovanni Durst cobró un especial protagonismo gracias tanto a su pegada como a lo increíblemente contundente que sonaba, haciendo retumbar las paredes de la sala con muchísima mala baba, más rápida que en el disco, y con un último reprís tras esas palabras exprés del cantante. El follón que armaba la peña entre los temas hablaba por sí solo.

La cosa estaba que ardía con tan solo unos minutos de show. Con ese improvisado ‘¡eh, eh!’ que todo el mundo gritaba puño en alto, arrancó The Crooked Man, y Darren Brookes se situaba en primera fila, a quien se unía el siempre infalible Peter Rew para marcarse una buena batida de headbanging. La rabia con la que fue ejecutado el tema fue demencial (como la gran mayoría del setlist), enalteciendo al personal de mala manera, que se apiñaba bajo el escenario en una auténtica vorágine de moshpits. Las revoluciones, en este tramo, no dejaban de ir a más y más, llegando a uno de los momentos culminantes con A Carrion Harvest, esta vez desde su más reciente trabajo “Ravage of Empires” que a mí, personalmente, me encantó. Giovanni, al que veíamos asomar tras su instrumento, machacaba sin perdón, como enajenado, con unos golpetazos de miedo, y al mismo tiempo, parecía que el Sr. Brookes lo estaba pasando en grande, asomándose a la peña y sonriendo con malicia ante tal desorden. Y claro, eso al final se nota. El vocalista tuvo la amabilidad y agradecido detalle de presentar todos y cada uno de los temas, siendo el portavoz principal del grupo.

Y no, no hablamos de Dave Ingram, que por motivos de salud tuvo que abandonar la gira súbitamente. Su reemplazo en este tramo de la gira, y el motivo por el que el concierto pudo levantar dudas previas, fue el gallego Óscar Rilo, frontman actual de Dark Embrace. Y si queréis saber mi sincera opinión, creo que dejó el listón a una altura sencillamente increíble. Los nervios no le traicionaron en ningún momento, cantando las letras de pe a pa, con registros bien adaptados, mucha seguridad, y ante todo, una actitud mastodóntica que en seguida se ganó el beneplácito del respetable. No solo les salvó la papeleta, sino que se integró a la perfección en este segundo bolo en nuestro país, como si llevase toda la vida con ellos. Como digo, la sala estaba bastante abarrotada, con un ambientazo muy digno para recibir por primera vez a estas leyendas. También Óscar fue a más, en todos los sentidos, conforme avanzaba el concierto. Más agresividad, más movimiento, más feeling y comunicación con la peña, y cantando cada vez mejor, tal como apreciamos en la mítica Subconcious Terror. Uno a cada lado, y al borde de las tablas, Peter Rew y Darren Brookes se dejaban la piel junto al bajista Steve Hill, algo más discreto en lo escénico, pero haciendo siempre un trabajo impecable.

Ese rugido en solitario de su bajo, y los redobles de la mala bestia Giovanni, dejaron un tema redondo, al que sucedió In the Dread of the Night. Con cambios de iluminación a tonos más claros, Óscar se recorría de punta a punta el escenario, congeniando con sus compañeros, y encarándose a nosotros para lanzar sus potentes y cabreados guturales. Me fliparon esos “asomes” del doble pedal, que sonaron mortales de necesidad. Entre tanto, gritos y más gritos de provocación emergían de entre el público. La atmósfera era tan densa que se podía cortar con tijeras, y diría que Foetus Noose fue una de las grandes sorpresas del repertorio, llevándonos de la mano, con toda su visceralidad, a aquel EP del año 1992, ese hito en su carrera llamado “Dark Is the Season”. Si bien faltó un poco de volumen en el solo de Peter, los gritos salvajes de Óscar, y el pedal de Giovanni nos trepanaban los oídos sin ningún miramiento. Sin olvidar nunca el agradecimiento, y haciendo referencia a ese logo tan old school que siguen llevando de fondo (signo indiscutible de autenticidad), presentaban a continuación Psychosister. Y es que, a pesar de que el setlist fue bastante variado, “Ravage of Empires” se llevó la mayor parte.

Darren Brookes se adelantaba de nuevo, regodeándose en la barbarie que se volvía a formar bajo sus pies: golpes, saltos, alaridos, y en general, una ganas de fiesta incontenibles, pero siempre con mucha camaradería. En mitad del discurso posterior, el mismo guitarrista le ‘robaba’ el micrófono a Óscar, lanzando una pregunta: ‘¿podemos tocar aquí todas las noches?’ Sirva eso como ejemplo de lo que estábamos viviendo allí. Simplemente acojonante. Tan envalentonada como el propio cantante, la muchedumbre formó un circle pit de destrucción masiva ante los primeros envites de Stormcrow, que la lió guapa. Peter nos apuntaba con su mástil, formando piña con el bajista, y escupiendo riffs a la velocidad del trueno, para después pasar a darse un garbeo por la parte de detrás cuando atronaba The Grotesque. Abierta con unos frenéticos redobles y mamporrazos por parte de Giovanni, su trabajo aquí fue uno de los más destacados y brutales del show, sudando tinta y dejando patente su enorme calidad como batería. De forma silenciosa, y mientras su compañero brindaba birra en mano, Darren iba insinuando ya el tiempo de descuento en una recta final donde saltaron chispas, comenzando por la emponzoñada Crawling over Corpses.

Tampoco en ella dio tregua la gente, infatigable en unas primeras filas que ya se habían transformado en una pista de patinaje de sudor y birra. No fueron pocos los que besaron el suelo, pero eso no intimidó a nadie, y menos con temazos de esa talla, o la de Progenitors of a New Paradigm. Lo que formaban aquí ambas guitarras era una muralla sónica debido al volumen y gran sonido del que estábamos disfrutando, inquebrantable, avasalladora, sucia y con ese regusto rematadamente clásico que muchas bandas del estilo han perdido. La última bala en la recámara, fue poca broma. Con insistentes gritos de ‘¡otra, otra!’ estallaba la homónima de su primera demo (allá por el 89) The Dreams You Dread, tocando la fibra de muchos aún siendo habitual en sus repertorios. Un gustazo ver cómo mejora sonando en vivo y disfrutar de ese alarido, agudo y desgarrador, con el que Óscar le dio carpetazo. El broche inmejorable para una velada tan rebosante de emociones fuertes como esta.

El Antro del Metal - Benediction 01El Antro del Metal - Benediction 02El Antro del Metal - Benediction 03

Como digo, la puntualidad con la que se manejaron los horarios fue tal, que antes de las 23:00 ya había terminado todo, para desgracia de más de uno que no sabía dónde meterse luego, pero por suerte para nosotros que teníamos una hora y media de regreso a casa. Qué gusto, joder, ojalá siempre fuese así. En buena compañía, el trayecto se pasó en un santiamén, y al día siguiente, nada más despertar… os emplazo al inicio de esta crónica, jeje. ¡Nos vemos!

_|,,| JaviMetal (Is The Law) |,,|_

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