Siempre
hay una primera vez para todo, y este sábado sucedió, al fin, lo que llevaba ya
muchos años deseando: asistir a una edición del Metalmería Fest. En esta
ocasión, en lo personal, no fue solamente cuestión de ganas y voluntad (como es
habitual), también de un conjunto de diversos factores sin los cuales,
definitivamente no podría haber asistido de ninguna manera. Al mismo tiempo,
esos factores fueron una parte muy especial de lo que vino a ser la experiencia
del festival como conjunto, en sí misma. Evidentemente, la primera y principal
baza para acudir era el pedazo de cartelón impresionante que, con el gran
esfuerzo de siempre, logró componer la asociación de Heavy Metal almeriense. Un
cartel variadísimo, y no solamente a nivel de estilos musicales (Speed, Thrash,
Death, Heavy clásico…), sino en cuanto a las propias bandas, desde los jóvenes
pero más que aguerridos Nagasaki Sunrise,
bandas que cuentan ya con sus añitos de rodaje sobre los escenarios, como Frenzy, varios más en el caso de Nigromante, o directamente, verdaderas
leyendas de nuestro Metal patrio (Legion)
y tal vez el plato más especial de la carta, los míticos Cancer, desde Reino Unido, con 6 LP en su haber. Puestos a verlo
así, un menú de cinco tenedores para prácticamente cualquier gusto, que
estábamos ansiosos por devorar de principio a fin. La cita se llevaría a cabo
en otra sala distinta respecto a la que acogió la anterior edición. El Berlín
Social Club, situado muy cerca del puerto de Almería, sería prácticamente
nuestra casa desde las 6 de la tarde hasta pasadas las 00:30, y mayormente
estuvo abarrotada de público (con la inmensa alegría que da comprobar esto)
durante toda la celebración. Pero el día fue mucho más largo que eso, y nuestro
gran viaje comenzó más de doce horas antes que todo terminase.