La
noche anterior a esta, viernes, tuvimos ya una buena sesión de Rock en plena
Barcelona, una noche de fiestaca que terminó para nosotros ya pasadas las 3:30
de la madrugada. Era el plan central por el que me desplacé aquel finde a
tierras catalanas. Sin embargo, pocos días antes, un colega nos dio un buen
soplo: como parte de la celebración de las fiestas de Sta. Tecla, en Tarragona,
iba a tener lugar un concierto realmente especial que uniría en un mismo
escenario a dos auténticas leyendas del Rock patrio, cada una en su ámbito: uno
de los grandes representantes de nuestro Heavy / Rock como siempre han sido Barón Rojo, y los locales Viuda negra, formados nada menos que en 1982 (cuando yo era un recién nacido jeje), y transformados unos años después
en una banda de sonido muy americanizado (y muy guapo, no dejéis de escuchar su
disco homónimo) llamada Desire. Desde hace poco, recuperaron su nombre
original para volver a la palestra, pero la pandemia, como les sucedió a la
inmensa mayoría de bandas, truncó sus planes. Y lo que es muchísimo peor: el
31 de agosto del 2019, la banda recibió el durísimo golpe de la muerte de José
Antonio Tomás, su bajista y amigo de toda la vida. Solo el hecho de poder ver a
Viuda negra por primera vez ya era
para mí todo un aliciente, pero además, el concierto tuvo una razón de ser
tremendamente especial: no era solamente una actuación que llevaba
posponiéndose desde el 2020 debido a la puta pandemia. Era, sobre todo, un
sentido homenaje con todo el corazón hacia su querido compañero, un concierto plenamente
dedicado a su memoria en el que, puedo dar fe, la banda brilló con luz propia en
cada uno de los temas.