Con
algún chispazo de electricidad todavía por el cuerpo, y el consiguiente dolor
de cervicales post-concierto ya tan habitual y casi obligatorio, me siento de
nuevo ante este blog rememorando los detalles y pormenores de la excelente
velada de este pasado sábado. Nueva sala (para mí) y nuevo ambiente, pero un
grupo sobradamente conocido y querido en lo personal al que le he dado muchísima
caña desde sus inicios. Además, este concierto supuso mi regreso a Murcia tras
la friolera de más de un año y medio sin acudir a ningún concierto en la
ciudad, todo sea dicho, con gran alegría, ya que la comunidad murciana y su
escena de Rock / Metal han sido unas de las más puteadas por las absurdas y
retrógradas restricciones que han tenido que sufrir las salas de conciertos
(con todo lo que ello arrastra) debido a la pandemia. Mientras otras
comunidades llevan meses haciendo conciertos con los mínimos impedimentos, aquí
han tenido que ver las salas cerradas hasta hace bien poco ante la
imposibilidad de celebrar este tipo de eventos, con el consiguiente deterioro
de la cultura musical que ello implica. Pero poco a poco vamos olvidando los
tiempos oscuros y también aquí la música en directo empieza a rodar de nuevo, deseando
que todo vuelva a la normalidad. Y por mi parte, aunque esta forma de pensar a
muchos les joda y les amargue, no voy a tener ningún problema en enseñar mi
prueba, mi certificado, o lo que cojones haga falta para recuperar mi auténtica
felicidad que es ver los conciertos de pie, como ha sido toda la vida y como
nunca debió dejar de ser. Y de hecho, así fue en la noche del sábado. Bailes,
desmelene y saltos, lo que viene a ser un concierto en toda su esencia.