El
Ripollet Rock, en el pasado 2021, fue uno de los poquísimos festivales que, a
base de echarle agallas y constancia, llegó a celebrarse en plenos tiempos de
pandemia. En un año en que veíamos cómo los grandes festivales echaban para
atrás sus ediciones, recordándonos la impotencia y frustración que todos los
amantes de la música en directo hemos tenido que sufrir por las consabidas
circunstancias, la asociación del Ripollet Rock hacía un esfuerzo titánico para
no dejarnos sin festival. Tuvieron que adaptarse a la turbulenta situación,
hubo recortes, la organización y las medidas no fueron todo lo acertadas que la
mayoría hubiésemos deseado y el cartel constó solamente de bandas nacionales…
pero ahí estuvo, al contrario que los demás. Un festival relativamente humilde
pero siempre con espíritu de lucha y de llevarse a cabo a pesar de las grandes
adversidades. Grupazos como Tierra Santa, Ankhara, Angelus Apatrida o Zenobia
nos trajeron de vuelta esas incomparables sensaciones de volver a estar en un
festival de verano, a pesar de las limitaciones (sillas, mascarillas, zonas
delimitadas…). Este año ya podemos hablar claramente de una vuelta a la
normalidad, a pesar de que el virus sigue pululando a sus anchas, y por inmensa
suerte, el viernes tuvimos el primer Ripollet Rock en el formato habitual, con
un cartel espectacular que pedía a gritos asistir, con bandas nacionales como Evnen, Kilmara, los míticos Easy
Rider y no uno, sino dos cabezas de cartel internacionales como fueron Eclipse y el gran caramelazo, sin duda
alguna, de esta edición, los longevos alemanes Victory, que para mí fueron el cebo definitivo para asistir a esta
(ojo) vigésimo novena edición del festival, que como es habitual en los últimos
años, se celebraba en el Parc dels pinetons de Ripollet, y como siempre, con
entrada totalmente gratuita.