Otro amanecer en la tierra de Leyendas, otras tantas promesas en forma de conciertazos y ambiente inmejorable… pero esta vez realmente bien acompañado. A eso de las 9 largas de la mañana nos levantamos medio dando tumbos, pensando en el planazo que nos esperaba, y ojo, no estoy hablando de el del propio festival, que eso va aparte, sino a la maravillosa mañana de relax que nos íbamos a meter en el cuerpo. Y es que la ocasión era inmejorable. Meri y yo salimos hacia Banyeres, asqueados de tanto calor en la tienda (aunque eso sí, morralla comparado con otros años) y decididos a sufrir lo mínimo para disolver todo el cansancio acumulado a través de tres conceptos bien sencillos: piscina, cubata y comilona. De esta forma uno se asegura terminar el festival hasta que el cuerpo aguante. A parte de todo esto, que ya es una forma fantástica de empezar el día (por cosas como estas, ha sido el mejor Leyendas de la historia para mí), el cartel del viernes era en mi opinión el más potente, variado y afín a mis gustos. Quizá la mayoría eran bandas más o menos típicas que ya he visto cantidad de veces en directo, como Doro, Edguy o Saratoga. No lo digo con intención de que fuese repetitivo ni mucho menos, pero sí es cierto que mi mayor ilusión eran esas bandas que no se dejan ver demasiado por aquí (y menos por Leyendas) como los divertidísimos The Darkness o Reckless Love. Repito mi petición de todos los años: ¡¡¡EL LEYENDAS NECESITA MÁS HARD ROCK!!! Aunque al menos con esto ya tenía para saciar mis ansias. Después, punto de especial interés, esa gira de ensueño llamada Rock Icons, algo que probablemente suceda una vez en la vida.